jueves, 31 de diciembre de 2020

Puente colgante Libertador (San Cristóbal-Táriba): un puente al pasado monumental tachirense │Magnificent 'Libertador' Suspension Iron Bridge (Táchira State): History, Art and Life

 









“Trabajar con el acero no como elemento para construir un paisaje, sino como material de construcción en términos de masa, peso, contrapeso, capacidad de carga, carga concentrada, compresión, fricción y estática, ha estado siempre separado de la historia de la escultura. Sin embargo, ha tenido una aplicación directa en la historia de la arquitectura, la tecnología y la construcción industrial. Es la lógica de las torres, presas, silos, puentes, rascacielos, túneles...”


Una combinación perfecta de arte e ingeniería... Sobre el río Torbes, entre San Cristóbal y Táriba (Estado Táchira) y siguiendo un trazado longitudinal con orientación noroeste-sureste, se levanta una obra maestra de la ingeniería estructural que le dio al simple hierro y al acero la altivez y sobriedad de una obra de arte, funcional y majestuosa en el entorno del país tachirense. 

El impacto visual de su escala resulta en una síntesis de eficiencia y de magnificencia que respondía a los principios establecidos por la ingeniería francesa de fines del siglo XIX, quien fijaban para cada estructura una hardiesse (audacia), légèrete (ligereza), elegance (elegancia) y parfaite utilisation de la matèrie (una perfecta utilización de los materiales). 

Por todo ello, su perspectiva arquitectónica, en cuanto a puentes se refiere, no ha sido superada en nuestros tiempos, haciendo de él un hito urbano atemporal y un símbolo de identidad, como testimonio referente de una época de grandes realizaciones. Ya las generaciones que nos precedieron lo expresaban con orgullo: "No hay puente más elegante en el mundo que el Puente Libertador".

 


Sobre su colapso y destrucción en 1943, consúltese el siguiente enlace de Proyecto Experiencia Arte: Vaguada de 1943 y el Puente Libertador (San Cristóbal-Táriba, Estado Táchira): anatomía de una socavación fluvial. 

 

Para descargar El puente colgante Libertador, accione, en la siguiente pantalla, el pequeño recuadro con flecha de salida [Pop out content] que se encuentra en el extremo superior derecho:






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martes, 29 de diciembre de 2020

La riqueza del castellano que se habla en el Táchira │Tachiran Spanish (or Castilian) accent of Táchira State. Richness of a Languaje

 




Imagen: Agricultor tachirense (1953). Tomada del texto "Folklore tachirense" (Tomo II) de Ramón y Rivera L. F. / Aretz Isabel (1961) Digitalizada y retocada por Bernardo Zinguer para Retazos Históricos del Táchira. Reproducción con fines didácticos.



¿Quién trujo al niño?
La riqueza del castellano que se habla en el Táchira


Ante la pregunta ¿qué idioma se habla en el Táchira?, la respuesta resulta directa: el español o castellano. Pero, si se profundiza un poco en la misma, nos encontramos con una verdadera riqueza lingüística: el castellano tachirense es una señal indeleble de identidad, es un dialecto regional diferenciado del resto del castellano hablado en Venezuela, que caracteriza a sus hablantes por expresarse correctamente, con propiedad y sin vicios fonéticos, a través de su singular y cadencioso acento montañés.



Así, el habla tachirense se caracteriza por ser un lenguaje sosegado, pausado y sin estridencias tonales. Los especialistas en lingüística y fonología venezolana lo clasifican dentro del dialecto de las tierras altas —o castellano castizo— por el predominio de fonemas alófonos alveolares. Entre sus rasgos distintivos destacan la /-s/ conservada (no aspirada) al mantener la articulación sibilante completa [s], la aspiración gutural en la secuencia de /j/ con vocal y la /-n/ resonante, claras reminiscencias del castellano americano del siglo XVII. Esta modalidad contrasta con el dialecto de las tierras bajas (radical o distendido), donde predominan los fonemas alófonos velares y son frecuentes las aspiraciones, elisiones o transposiciones de grafemas. Como bien señala la filóloga María-Dolores Albiac Blanco, el habla tachirense es "el castellano más castizo, mejor pronunciado y empleado con más exactitud y chispa".


Como ejemplos de voces antiguas conservadas en algunos campos y aldeas más remota de la montaña tachirense, se ha constatado que perviven aún -en el lenguaje diario-términos del castellano del siglo XVI en expresiones como: "deje el retozo" (Francisca Sánchez, 82 años, aldea Angostura, Municipio Vargas, 1990); "ayer me topé con el corregidor de la aldea" (Florentino Pernía, aldea Saisayal, Municipio Uribante, 78 años, 1995) y "¿Quién trujo al niño?" (Rufino Sandoval Zambrano, aldea La Molina, Municipio Lobatera, 81 años, 1980).




Lamentablemente, la vibrante riqueza identitaria y cultural del castellano tachirense formada a través de siglos de historia, se encuentra en franco declive. La globalización, vehiculizada por medios de comunicación social de gran alcance y mayor influencia económica, insidiosamente impone el dialecto central-caraqueño-caribeño (dialecto de las tierras bajas) como modelo lingüístico único en el territorio tachirense y en los demás territorios del país.




Esta misma fuerza homogeneizadora, al igual que ocurre con la música llanera, presenta ese dialecto y música como el único representante de la identidad venezolana en el interior y exterior del país, relegando y silenciando nuestros propios giros, acentos de la montaña y géneros musicales, opacándolos u ocultándolos, haciéndolos parecer -en muchos casos- inferiores o indignos de ser escuchados, llegando hasta la mofa y el escarnio.




Es crucial comprender que nuestra lengua, nuestra manera de hablar, la que aprendimos por educación familiar de nuestros mayores y en la vieja escuela, es un pilar fundamental de nuestra identidad como tachirenses, un legado invaluable que corremos el riesgo de perder irremediablemente. Solo una educación familiar y escolar consciente y comprometida con la valorización de nuestros rasgos lingüísticos tachirenses, propios, puede detener esta erosión de nuestros valores identitarios y evitar que nos diluyamos en una masa cultural sin raíces ni voz propia. Por ello, siéntete orgulloso de tu lenguaje y siempre #hablatachirense




Para conocer antiguas expresiones y dichos tachirenses puede consultarlos en el siguiente enlace: "Los dichos de los nonos".


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viernes, 6 de noviembre de 2020

El Cuartel Nacional de San Cristóbal o Cuartel 'Bolívar': reseña de una arquitectura defensiva │Tachiran Military Buildings: Cuartel Nacional de San Cristóbal or Cuartel 'Bolívar' ('Bolívar' Army Barracks-Fortress)

 



 

Samir A. Sánchez (2019)

 

Ubicado estratégicamente en la ciudad de San Cristóbal, el Cuartel «Bolívar» (construido entre 1934 y 1941) se presenta como un hito arquitectónico dentro de la trama urbana. Su escala, que tiende a la monumentalidad, y diseño en cuadrilátero caracterizado por formas clásicas y dimensiones ciclópeas, lo consolidan como una de las representaciones más relevantes de la arquitectura militar de sistemas abaluartados del período gomecista* en el Estado Táchira y, por que no, una proyección permanente, en el imaginario urbano, de la primera construcción que tuvo la ciudad de San Cristóbal, luego de su fundación en el siglo XVI: el Fuerte de tapias.

Por todo ello, y cumpliendo aún los principios vitruvianos de la tríada arquitectónica Firmitas (solidez), Utilitas (utilidad) y Venustas (belleza), el Cuartel «Bolívar» permanece como relictus, huella, ejemplo y memoria tangible -si bien ya desdibujada en parte por los adosado y las modificaciones hechas a la estructura original- de una impronta funcional, constructiva y estética, que parecía marcaría la identidad arquitectónica de la ciudad cordial, a principios del siglo XX, pero que se diluyó en el tiempo cuando desaparecieron las nociones de autoridad en planificación, de unidad estética y de un urbanismo ordenado, más humano y humanizante.





Cuartel Nacional de San Cristóbal para 1936 (actual Cuartel «Bolívar»). Estado de la construcción y obras. Perspectiva del imponente bastión angular sureste y torreones de la fachada principal (sobre la carrera 16), desde la esquina de la carrera 16 con calle 9. Asimismo se observa como los muros de cierre laterales (norte y sur) y torres esquineras y flanqueantes  ganaron altura en la medida que va aumentaba la pendiente del terreno. Foto: Memoria y Cuenta del Ministerio de Guerra y Marina, año 1937, p. 143. Biblioteca Nacional (Caracas), reproducción con fines didácticos.





Cuartel Nacional de San Cristóbal para 1936 (actual Cuartel «Bolívar»). Perspectiva del patio de armas o interior, aún en obras, desde la altura del torreón que da hacia la garita de centinela en la esquina en la carrera 15 con calle 9. Foto: Memoria y Cuenta del Ministerio de Obras Públicas, año 1937, p. 111. Biblioteca Nacional (Caracas), reproducción con fines didácticos.





Cuartel Nacional de San Cristóbal para 1936 (actual Cuartel «Bolívar»). Perspectiva de una sección o lienzo de la fachada principal con torres flanqueantes y esquineras, que da a la carrera 16. Foto: Memoria y Cuenta del Ministerio de Obras Públicas, año 1937, p. 147. Biblioteca Nacional (Caracas), reproducción con fines didácticos.


Arquitectura y arte...


Esta obra emblemática se levantó sobre el talud o terreno desigual y escarpado de una de las terrazas aluvionales, escalonadas, del valle de Santiago, lugar de emplazamiento geográfico de la ciudad de San Cristóbal, motivo por el cual la fachada oeste [carrera 15], a diferencia de la fachada este o principal [carrera 16], se imponía -y aún se impone- desde el Barrio San Carlos, en una posición privilegiada y céntrica, sobre toda la visual y amplitud de la urbe de la época.


Desde una perspectiva artística propia del romanticismo arquitectónico y con una traza e idea estructural española de táctica visual de defensa urbana este-oeste, como plaza cerrada defensiva o como arquitectura defensiva. Esto es limitada a su propio perímetro,  y una capacidad para contener a la primera y más importante guarnición del Estado Táchira, la nueva obra reemplazaría a la antigua casa-cuartel, cuya ubicación y edificación databa de fines del siglo XIX, específicamente en la calle 4, entre las carreras 2 y 3, frente a la Plaza Mayor en diagonal con la Catedral, el nuevo cuartel sería la primera de una serie de construcciones militares estadales que se realizaron como cordón defensivo -pensado para la época- en el espacio que separaba la frontera andina tachirense y la ciudad capital venezolana, en la primera mitad del siglo XX. 


Desde una proporcionalidad geométrica euclidiana, posee una severa horizontalidad en planta rectangular herreriana** -salvando el principal desafío constructivo, la pendiente del terreno- la cual distribuye su altura en tres niveles [fachada con orientación oeste] y dos [fachada este] en torno a un patio principal central, rectangular, y cuatro de servicio, cuadrangulares, formados estos por la confluencia o cruzamiento de una doble crujía, homogéneas, y pasillos conectores -en sus extremos norte y sur- con entradas o accesos, de arcos de medio punto y columnas dóricas, por el patio de armas. Su asentamento sobre un terreno inclinado en parte obligó a una amplia tarea de excavación y aterrazamiento, aprovechando el arquitecto esa pendiente para sacar una planta más hacia el oeste y espacios para los sótanos, un todo salvado por escaleras. 



Cuartel Nacional o Bolívar de la ciudad de San Cristóbal, para 1947 (Foto: Álbum conmemorativo del IV Centenario del Descubrimiento del Táchira 1547-1947, publicación del Gobierno del Estado Táchira, Imprenta del Estado, 1947). Se pueden detallar los aspectos formales de la estructura en especial la torre esquinera del baluarte noreste (carrera 16 con calle 10). Esta torre queda definida por un elevado cubo macizo, sobre un basamento prismático, con transición de perfil rebotante o talud forma sinuosa), y está rematada por un cuerpo cilíndrico con aspilleras y contrafuertes. 




Cuartel Nacional o Bolívar de la ciudad de San Cristóbal, c. 1947 (Foto: Investigaciones del Dr. Bernardo Zinguer, Retazos Históricos del Táchira, 2025). Se pueden detallar los aspectos formales de la estructura en especial la sólida torre esquinera del baluarte sureste (carrera 16 con calle 9). 



De las lecturas de las partes del cuartel-fortaleza de San Cristóbal, se observa que en el diseño de la edificación aún cuando se presenta con un marcado contraste entre monumentalidad y sencillez, se tuvo una total atención a los fuertes y rígidos volúmenes prismáticos y orden axial, bien sea ornamentales o estructurales, y a otros aspecto los cuales, desglosándolos, serían:


• Cuidada definición de cada uno de los elementos de construcción como puede ser los cuatro ángulos de la edificación abaluartados o trazados en forma de amplios baluartes; contorno exterior del edificio con torres en la fachada oeste y laterales norte y sur, y torreones en la fachada este o principal [ocho torreones].

• Retranque de las crujías de cierre del edificio que dan forma a un patio de armas o central, con porticado interno en su extremo este conformado por arcos adintelados sobre pilastras cuadrangulares de estilizado capitel dórico.

• Cornisamento adintelado y voladizo en los cuerpos y muros.

•
Paramentos con aparejos regulares semejando a piedras isódomas de sillería y sobrios ventanales tríforos, externos, y adintelados, sobre lineales y alargadas aspilleras, en el primer nivel y ventanales termales o romanos en el segundo, invirtiéndose esta distribución en los cuatro ángulos bastionados.


• Acroterio o remate almenado con adarve (camino o pasadizo de ronda) y un zócalo en saliente.

• Torres esquineras en salientes cuyo diseño derivaba de la antigua función que cumplían: punto de fuego de cobertura para los cañones que protegían los lienzos, cortinas (muros externos) en retranque de la edificación, garitas exteriores de centinela y casamatas en los ángulos externos.

• Torres flanqueantes en los muros o lienzos norte y sur.

• Muros recubiertos con un friso o revoque que simula un aparejo almohadillado, con un mayor remarque sobre los arcos de los vanos o ventanales.

• Techos con cubierta plana, de losas y vigas de hierro.

• Reducida contraescarpa en hiladas de ladrillo macizo que separa la edificación de la carrera 15 y de las calles 9 y 10.

• Poternas en el muro de cierre oeste.


• Base cajeada sobre el techo de la entrada principal para marcar el arranque del mástil de insignia donde se coloca la bandera nacional.

• Fachada principal con proyección o cuerpo en saliente a dos niveles, con la única puerta grande de entrada,  enmarcada en un  vano de arco de punto, flanqueada por dos sólidos torreones con garitas para centinela y rematadas ambas por lienzos cilíndricos con aspilleras.

• Como cubierta de la entrada principal, un techo en voladizo horizontal soportado por una viga o vigas tipo cantilever, sobre la puerta principal, de canto moldurado y de un único apoyo en muro, marcado por dos sinuosos modillones ornamentales y de perfil escalonado, en la sección activa del voladizo, que proyecta, como se dijo, una amplia y elegante cubierta a la referida puerta principal, la cual se encuentra a nivel entre la calle de acceso [carrera 16] y el patio de armas, unidos ambos por un  pasillo que finaliza en un pórtico cerrado.

• El pórtico cerrado contiene las escaleras principales y rellanos de ascenso a la segunda planta. Este espacio, si bien en la primera planta semeja una prolongación -como un apéndice o contraparte simétrica del voladizo de entrada- es en sí un prisma rectangular recto que se adentra, como único elemento estructural funcional, en el patio de armas. Su altura finaliza como portal de salida al techo y almenas. Cuenta con cinco alargados vanos rectangulares en su muro de cierre, en forma de amplias aspilleras, los cuales permiten la iluminación natural del interior.

• Garitas esquineras de vigía en forma de luneta, almenadas y aisladas. Poseen estrechas aspilleras horizontales que cumplen la función de mirilla.

Un todo que da solemnidad y monumentalidad a la obra, y define su ornamentación.


De todas las partes descritas, aquella que marca el efecto monumental y militar de dicha obra como fortificación son las torres angulares o esquineras, en especial las de la fachada oeste [carrera 15], donde la proporción se somete al arte. En ellas, el arquitecto acertó con una composición sencilla o primaria, pero imponente, al crear una visión de estructura y armónico contacto con el suelo por medio de gruesos volúmenes que se elevan en el espacio. Efecto logrado a través de la transición que hace del cubo de la base o cimiento al cuboide rectangular del cuerpo y remate de la torre, con una solución ornamental a través del empleo de una elongada y estilizado apófigo angular o rebotadero.




Baluarte angular noroeste y torres esquineras y flanqueantes, con perfil de rebote o talud en la base y destacadas secciones cuboides, del Cuartel «Bolívar», desde el cruce de la carrera 15 con calle 10 y parte del perfil norte de la edificación sobre el terreno con topografía en pendiente o escarpado (Foto: Geraldin Barrera, Google Maps/Google Earth 2020, reproducción con fines didácticos).
     

El autor

Sin pertenecer al mundo castrense, la anterior obra descrita, monumental y casi hierática, fue ideada por el arquitecto Carlos Guinand Sandoz (1889-1963) quien, formado en Europa y como  funcionario del Ministerio de Obras Públicas, fue uno de los más sobresalientes arquitectos de su época y destacó como pionero por el usos de formas modernas, neocoloniales o del art déco en sus diseños de obras para el Estado venezolano.

Es de destacar que el arquitecto Guinand Sandoz se casó en 1924 con la tachirense María Delfina Baldó Soulés, nacida el 12 de abril de 1901 en San Cristóbal, hija del abogado Lucio Baldó y de la señora Delfina Soulés. Era hermana de ilustre médico neumonólogo y catedrático tachirense, el Dr. José Ignacio Soulés Baldó (1898-1972). La Sra. Soulés de Guinand murió el 5 de noviembre de 1974 en Los Dos Caminos, Caracas.


Su historia constructiva...


Este recinto fortificado defensivo, por cuanto según las viejas normas militares españolas: «estaba dispuesto el lugar con tal arte, que pocos soldados dentro de la fortificación, puedan defenderse de muchos que los ataquen», debía reunir en un solo lugar a la artillería, calabozo, almacenes, talleres, enfermería, cocina, dos sótanos para almacén de pólvora y depósitos a partir de los muros de contención, alojamiento de infantería o barracones, de oficiales y los despachos del alto mando militar del Estado Táchira, en acantonamiento en tiempos de paz.


La génesis de la obra quedó registrada en la Memoria y Cuenta del Ministerio de Guerra y Marina para los años 1933-1934, entregada por el Ministro de dicho despacho, General de Brigada Eleazar López Contreras, siendo Presidente de los Estados Unidos de Venezuela el General en Jefe Juan Vicente Gómez. En ella se especifica que la estructura fue proyectada en planos y aprobada en junio de 1934, como nuevo cuartel para la comandancia de armas y guarnición de la ciudad de San Cristóbal.


Así, en 1935, se informaba: «En diciembre de 1934 se iniciaron los trabajos para la construcción del Cuartel Nacional [...] y a la fecha continúa la construcción del Cuartel de San Cristóbal, obra que será de notables proporciones» (Memoria del Ministerio de Obras Públicas, Caracas, 1935, p. 351). De esta manera, la nueva y sólida edificación, con un perfil de fortaleza antigua, comenzaba a quedar inserta en la prolongación este de la cuadrícula o trazado en damero colonial de la ciudad capital tachirense que sólo llegaba hasta la actual carrera 20 e intentaba ensancharse con las primeras casas y calles del actual sector de Barrio Obrero [la carrera 17 divide el barrio San Carlos de Barrio Obrero]. Quedando la obra del cuartel, en consecuencia, emplazada, en el barrio San Carlos, en la cuadra o manzana limitada por las carreras 15 (de la Independencia) y 16 (de los Andes), y la calle 9 (de Torres) y 10 (de Ricaurte), en los ejidos municipales del sitio de la loma de Piedra Gorda.


Por material fotográfico de 1938 se conoce que la estructura ya estaba totalmente levantada, en obra limpia, y en su último Mensaje Presidencial a la Nación, de 1941, el ya Presidente y General en Jefe Eleazar López Contreras, anunciaba con satisfacción: «Se han terminado los trabajos del Cuartel "Bolívar" de San Cristóbal, obra moderna, de vastas proporciones».


En un ejercicio de racionalidad, el aspecto técnico y estético de la obra en cuanto a diseño y formas agrupadas en sólida y cerrada estructura -alrededor de un espacio central abierto- fue resumido por Guinand Sandoz en cuatro cuerpos o crujías principales para pabellones y despachos, entorno al patio central que actúa como eje de la estructura, convertido tanto en patio de armas, por cuanto permite el entrenamiento y formación de la tropa, como en foco de distribución de la luz, al permitir la adecuada iluminación natural de todas las edificaciones que lo rodean.



Panorámica aérea de la fortificada edificación del Cuartel Bolívar y del urbanismo de su entorno, para el año 2022. Toma con vista inmediata del Barrio San Carlos y de fondo La Concordia y extremo sur de la ciudad de San Cristóbal, capital del Estado Táchira (Foto: Drones Táchira, 2022. Reproducción con fines didácticos).


Seguía, así, como patrón de diseño militar, las disposiciones constructivas de nueva planta que ordenara el rey de España Felipe V a través de dos reglamentos elaborados por el Ingeniero general del ejército el Mariscal Jorge Próspero Verboom, el 8 y 20 de abril de 1718, respectivamente. Estas reales órdenes daban origen a los cuarteles y se imponía un nuevo diseño en caso de construir o adaptaciones al concepto de cuartel, en el caso de las viejas estructuras militares.


De allí que el estilo empleado por el arquitecto Guinand Sandoz para el Cuartel Nacional de San Cristóbal se defina como de tipo historicista, cuya inspiración o esbozo probablemente partió de lo que queda de la estructura del castillo militar español de San Felipe o Libertador (del siglo XVIII), en Puerto Cabello, Estado Carabobo. El mismo que el insigne poeta Andrés Eloy Blanco llamara: "el gran barco de piedra", en su poema "La mar", escrito en las mazmorras de dicho castillo, en prisión, el 18 de noviembre de 1929. O, del imponente castillo de San Juan de Ulúa, en el puerto de Veracruz (México) construido en el siglo XVI y cuya monumentalidad, distribución de planta, baluartes y murallas evoca cierta similitud con la edificación del cuartel-fortaleza de San Cristóbal. 


Amenaza de destrucción...

La única ocasión, registrada a la fecha, por la que ha atravesado la edificación del Cuartel Nacional de San Cristóbal o Bolívar, de ser sometida a un ataque masivo y destructivo y de encontrarse sus ocupantes en situación y posición de defensa, ocurrió el 20 de abril de 1960 con la sublevación del general de brigada capachense Jesús María Castro León (1908-1965).


El General Castro León había sido ministro de la Defensa en el período de la Junta de Gobierno constituida a la caída del gobierno del General de División Marcos Pérez Jiménez (en 1958), lidera una rebelión militar y se alza en armas desde el Cuartel «Bolívar» con la guarnición de San Cristóbal, contra el gobierno de Caracas, donde había llegado en la madrugada del día 20, accediendo al recinto por complicidad de la oficialidad y tomando desprevenidos a la mayoría de suboficiales y soldados de la guarnición. Desde allí coordina el intento de ocupación del resto de las sedes militares de la ciudad. Fracasa la sublevación y es reducido y rendido, luego de no encontrar apoyo en la población ni en otras guarniciones, tras cortos enfrentamientos y ante la amenaza inminente de un bombardeo aéreo del cuartel.


Para cerrar, compartirmos las palabras del arquitecto del Cuartel Nacional de San Cristóbal o Cuartel Bolívar, Carlos Guinand  Sandoz, cuando se le preguntó, en una entrevista para la Revista Élite, en 1955, si con el derrumbamiento de viejos edificios (una acción muy propia de ese momento histórico) se va en contra de la tradición del país. A lo que respndió: 
«Todo lo que tiene un valor espiritual se debe cuidar; y Arquitectura buena –que no vieja- es tan valiosa como todo el folklore por lo cual tanto nos preocupamos hoy». En muchos casos, no fue oído.





Distribución real de planta del Cuartel Nacional de San Cristóbal o Cuartel Bolívar. Se observa el diseño herreriano de distribución de la construcción en torno a un patio de armas central, patios laterales y enmarcada en ángulos exteriores por bastiones, dado por el autor a esta histórica y patrimonial fortaleza-cuartel. Las formas romboidales del patio de armas, que semejan un enmallado, no se corresponden con el solado original -que era en cemento limpio- y son de reciente creación. El actual enmallado está conformado por losetas o baldosas cuadrangulares de ladrillo (Foto: Imagen satelital en 3D captada desde una altura de 1,35 km, y ampliada para efectos de detalle. Google Earth, 2020. Reproducción con fines didácticos).

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* Denominación histórica que identifica el gobierno y régimen político del General Juan Vicente Gómez (La Mulera, Estado Táchira, 1857 - Maracay, Estado Aragua, 1935), bien como presidente o bien comandante en jefe del ejército de los Estados Unidos de Venezuela, entre 1908 y 1935.

** Estilo de planta de ordenada rigidez geométrica, que repite el diseño de parrilla, paradigma de la simetría arquitectónica, empleado por el arquitecto español Juan de Herrera para el Palacio del Escorial (San Lorenzo del Escorial, Madrid, España), en el siglo XVI.




Referencias bibliográficas


Colmenares R. J. L. Carlos Guinad Sandoz, Colección Documentos para la historia de la arquitectura venezolana contemporánea. Claderca Ediciones, Caracas, 1989. Ministerio de Obras Públicas de los Estados Unidos de Venezuela, Memoria y Cuenta de 1912, tomo I, Caracas, s/n; Memoria y Cuenta de 1937, tomo I, Caracas, Impreso en Cooperativa de Artes Gráficas; Ministerio de Guerra y Marina de los Estados Unidos de Venezuela; Memoria y Cuenta de 1937, tomo I, Caracas, Litografía y Tipografía de Especialidades. Revista Élite, Caracas, 24 de septiembre de 1955, Nº 1564, pp. 14-15.

Nota: La edificación del Cuartel Bolívar, es Bien de Interés Cultural de la Nación, por resolución No. 003-05 de fecha 20 de febrero de 2006 del Instituto del Patrimonio Cultural e incorporada al Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2007, TA-23, Municipio San Cristóbal, Estado Táchira, p. 58. Su administrador/custodio o responsable sigue siendo el mismo departamento de gobierno para el cual fue creado en 1934.


© Proyecto Experiencia Arte / Experience Art Project 2012-2020. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de texto y fotografías pertenecen a cada investigador, fotógrafo, grupo o institución mencionada.

jueves, 29 de octubre de 2020

Las lavanderas de Los Clavellinos de Lobatera │ The Old Laundress of Lobatera (Táchira State - Venezuela)

 




Imagen de mujer y niña de regreso de lavar en el río (Foto: imagen referencial tomada de Internet, reproducción con fines didácticos, 2020).











Antiguo paisaje campestre del camino de los Clavellinos junto a la quebrada. Paisajes de  tradiciones de lavanderas, paseos, moliendas de caña y leyendas, en la actualidad desaparecido. Aldea La Parada, en las proximidades de Lobatera, Estado Táchira (Foto: Cristian Sánchez, 1974).




Un digno oficio que quedó en la memoria del Táchira


"A todas las mujeres que silenciosamente han construido la historia"



Samir A. Sánchez (2020)

En la primera semana de febrero de 1978 se iniciaron los trabajos de la autopista San Cristóbal-La Fría en el tramo Lobatera-San Pedro del Río. El costo ecológico de esta obra –por cuanto nunca se pensó en él- sobrepasó todas las predicciones y cualquier utilidad material que pudiera dar esa vía.


En poco tiempo, la maquinaria pesada aniquiló la capa vegetal de antiguas plantaciones de árboles frutales, extensos cañaverales, secó fuentes de agua potable y aniquiló las reservas de la biosfera de las aldeas La Parada y La Cabrera, reduciendo esta última a casi su extinción, convirtiendo todo en un extenso desierto. Asimismo, desapareció el boscoso sendero que, desde Lobatera, llevaba al vetusto cementerio municipal.


Entre aquellos parajes desaparecidos y secas ya sus fuentes, existía uno merecedor de ser llevado a una pintura por Monet, Renoir o por el pincel de Gauguin. Ubicado en la tramontana (detrás de los montes) occidental de Lobatera, el lugar era conocido, desde la época colonial española, como “Los clavellinos” o “Las lavanderas de los Clavellinos”, en el sitio de los Juaguines (nombre derivado, con probabilidad, de la palabra coloquial “juagar”, aféresis de ‘enjuagar’, que significa aclarar o limpiar con agua los que se ha enjabonado previamente), en la aldea La Parada, nombre que deriva del primer conquistador en asentar allí su hato y los primeros cañaverales y trapiches, en 1634. Rodrigo Sánchez de Parada, regidor de la Villa de San Cristóbal.


El bucólico lugar se ubicaba en un recodo a la margen derecha (aguas abajo) de la quebrada La Parada (conocida en ese tramo, por los lugareños, con los nombres de ‘La Pocera’ o ‘La Posera’, derivado del antiguo nombre que tuvo la quebrada, en la época colonial: ‘quebrada de los Pozos’, próximo a la desembocadura de la quebrada Momaría en la quebrada La Pocera o La Parada, aguas abajo.


Bajo un cielo que proclamaba la excelencia del sol y de la luz de aquella tierra, a una vera del camino real, se presentaba como un paisaje cubierto por una cadena interminable de frondosos clavellinos que daban sombra. Próximos a la quebrada, eran dignos exponentes, para quienes vivían en sus alrededores, de una vida libre y en contacto directo con la naturaleza.


Allí, recordaban antiguos moradores como Don Roso Ramón Hernández Labrador y María Olga Guerrero Porras de Hernández, en las madrugadas de molienda de caña bajo las tejas de viejos trapiches cuyas mazas de piedra eran movidas en lentas vueltas por la fuerza de rumiantes bueyes, cuando se terminaba la faena, agotados, al salir y mirar al cielo, las estrellas parecían soles. Tal vez como los remolinos intensos de luz que pintó Van Gogh.


El agua que utilizaban las lavanderas, provenía de unas fuentes o nacientes que, en vertiginoso dinamismo, corrían hasta la quebrada y a su paso dejaban pozos de aguas cristalinas. Sobre las lajas de piedra, planas y rodeadas de esa agua, las señoras se sentaban a lavar y restregaban con mucho ahínco la ropa sobre otras piedras o amplias lajas que tenían frente a ellas. Al amparo de un sol inclemente, bajo la sombra de los clavellinos, el sudor de sus frentes era secado por la suave brisa que se encajonaba en la quebrada, la cual bajaba de las alturas de las montañas del Cazadero y el Botadero.


En este lugar se les veía laborar los días entre semana con su indumentaria peculiar, atávica. Los domingos, a primera hora de la mañana, luego de la misa de 9:00 am, recogían de las casas de Lobatera las ropas, la envolvían en una sábana grande de color blanco y se llevaban ese inmenso fardo a la cabeza, en la cual quedaba fijado sobre un chique, portándolo desde el pueblo y en bajada hasta los Clavellinos, en los Juaguines, entre serrijones, por caminos inclinados, abiertos o fragosos, con un único e impresionante equilibrio.


El característico chique era un rodete hecho de paños o trapos retorcidos y colocado en forma circular sobre la cabeza, para llevar y soportar el peso de una tinaja, un bulto o un haz de leña cuando se transporta. Este el origen de un antiguo dicho tachirense: “el que primero raja, enchica”. Era una expresión del habla común o coloquial, basada en la acción de usar el chique.


La palabra “raja”, hacía referencia a rajar o cortar la leña. Queriendo decir, la primera persona del grupo que terminara de cortar la leña se la podía llevar a la cabeza y ser, a su vez, la primera en irse a casa.


En cuanto al trabajo de las lavanderas, este no menoscababa a la naturaleza. Para lavar la ropa, entre las risas pícaras de las más jóvenes y los cantos de colada de las mayores, hacían uso del tradicional jabón de tierra y para blanquearla la pasaban por coladas de lejía caliente. Esta lejía era un líquido hecho por ellas mismas, al igual que el jabón, a partir de cocinar ceniza de leña en agua hasta que ésta se disolviera. Al finalizar el trabajo del lavado de cada porción de ropa, la misma era extendida para que secara al sol, sobre los ramajes que, en forma de sombrilla, quitasoles o paraguas, tenían los frondosos clavellinos.


De los nombres de aquellas lavanderas que se han podido rescatar de la muerte del olvido, están los de la señora Lucrecia Casanova de Delgado, una muchacha de nombre Cristina que vivía con la señora Lucrecia y quien, a pesar de una discapacidad, la acompañaba con alegría en sus labores, y las señoras Marta de Pernía y Eva Rosa Ramírez de Sánchez. Ellas y su trabajo no han desaparecido, perdurarán y vivirán en nuestra memoria.


La ubicación y descripción del sitio de los Juaguines y de las lavanderas de los Clavellinos, se pudo reconstruir gracias a los datos aportados por la Profesora Olmanda Hernández-Guerrero (Boston, Estados Unidos), quien conoció ese lugar, por pasar su infancia allí.




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sábado, 17 de octubre de 2020

El «San Juan Bautista» de la ciudad de Colón: Una historia de hierro, gratitud y arquitectura en el Táchira │ The 'San Juan Bautista' of the City of Colón: A Story of Iron, Gratitude, and Architecture in Táchira State






Texto: Samir A. Sánchez (2020)
Fotografías: Yoser Linares (2020)


Hoy destacamos un tesoro del patrimonio cultural del Estado Táchira: la primera estatua en hierro fundido que arribó a la región, ubicada en la ciudad de Colón (Municipio Panamericano): la escultura de San Juan Bautista.





La Escultura: Perfección académica en hierro

Esta magnífica pieza, donada en 1913, es una escultura de notable perfección académica y naturalista, presumiblemente fabricada en alguna fábrica de fundición francesa, a fines del siglo XIX. Representa a San Juan Bautista y, por su material y antigüedad en el estado, es un hito de la estatuaria tachirense.




 La generosidad del General Gómez

La estatua, que reproduce en tamaño natural, los modelos escultóricos religiosos del siglo XIX en pasta-madera de la Escuela de Olot, "El Arte Cristiano" (Cataluña - España), llegó a Colón por donación del entonces Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, el General Juan Vicente Gómez, como parte de un conjunto de obsequios a la ciudad que incluían la edificación del nuevo templo parroquial y un reloj mecánico con campana (Memoria y Cuenta del Ministerio de Obras Públicas, Caracas, 1913, p. XXXIX. Exposión y documentos anexos 716, 717 y XXXVII).




Un templo de autor: Rafael Seijas Cook

El templo que acompaña a esta historia es, en sí mismo, otra joya arquitectónica: el proyecto fue una obra del reconocido arquitecto venezolano Rafael Seijas Cook, figura destacada de la arquitectura nacional de la época.



La raíz de la gratitud: La Batalla de Colón

¿Por qué Colón gozó de la especial gratitud del General Gómez? La razón se remonta a la batalla que se libró en la antigua entrada de la ciudad de Colón, por el camino viejo que venía de San Cristóbal y Michelena, en el sitio de El Topón el 29 de marzo de 1892.

En este decisivo enfrentamiento, donde el General Cipriano Castro derrotó a las tropas trujillanas de Eliseo y Pedro Araujo, Juan Vicente Gómez participó con tal valor e intensidad que, al finalizar el combate, fue ascendido a su primer grado, de Coronel, por el comandante del Batallón de línea, General José M. González.

Colón no solo fue testigo de una batalla, sino de un momento crucial en la carrera militar del hombre que, años después, se convertiría en Presidente y le devolvería a la ciudad un legado de arte y arquitectura.








sábado, 19 de septiembre de 2020

'Opus Aarchitectonicum' o lecturas didácticas para recordar el viejo y nuevo arte religioso arquitectónico tachirense. La imagen de San Cristóbal en la Catedral de San Cristóbal │ Sacred and Legendary Art in the San Cristóbal's Cathedral (Táchira - Venezuela)








Enmarcada en un altar neorrenacentista de mármoles de la Toscana (Italia), conformado por blancos de Carrara, rojos de Monsummano y verdes oscuros de Prato, con columnas policromadas y casetones del tipo cipollini, también denominado mármol de Caristo, se puede apreciar la imagen de San Cristóbal mártir de Licia. Es una talla en madera de cedro amargo o cedro americano (cedrela odorata), de fines del siglo XIX, que se conserva en la capilla de San Cristóbal, inmediata al altar mayor y preside la nave de la Epístola o nave sur de la Catedral de la ciudad de San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela. Según el Cronista emérito Dr. J. J. Villamizar Molina, fue realizada, junto con la de San Sebastián, por el artesano Don Antonio Ignacio Dávila Paredes (Pueblo Llano, Mérida, 1844 - Capacho Nuevo, 1918. Casado con Inés Pico Pernía) en la población de Capacho Nuevo/Independencia (Foto: Base de datos con inventario de imágenes de la Catedral de San Cristóbal).



Un estudio histórico-arquitectónico sobre la Catedral de San Cristóbal (Estado Táchira), se puede consultar en el siguiente enlace: "La Catedral de San Cristóbal, una obra hecha con el corazón" (2025).



El San Cristóbal de la Catedral de San Cristóbal

Enmarcada entre dos columnas de capitel corintio sobre las que gravita un entablamento finalizado en frontón triangular, y sobre un altar tridentino (de retablo con tabernáculo y mesa de altar adosada a la pared oriental del templo), en estilo toscano y esquema geométrico modular neorrenacentista, mármoles italianos blancos y policromados (del tipo cipollini, también denominado mármol de Caristo, adquirido y traído de Pietrasanta, Toscana, Italia), se puede apreciar la imagen de San Cristóbal mártir de Licia.

Es una talla en madera de cedro amargo o cedro americano (cedrela odorata) y policromada, de fines del siglo XIX, que se conserva en la capilla de San Cristóbal, inmediata al altar mayor y preside la nave de la Epístola o nave sur de la Catedral de la ciudad de San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela.

Las crónicas de la ciudad documentan la imagen de San Cristóbal mártir de Licia (santo titular de la iglesia matriz de la ciudad) como realizada, junto con la de San Sebastián mártir (santo patrono de la ciudad) por el artesano Don Antonio Ignacio Dávila Paredes (Pueblo Llano, Mérida, 1844 - Capacho Nuevo, 1918. Casado con Inés Pico Pernía) en su taller de carpintería de la población de Capacho Nuevo/Independencia.

Sustituyó a otra anterior de San Cristóbal, y de gran tamaño, del siglo XVII destruida en el terremoto de 1875 que hizo venir abajo la estructura del templo parroquial (Foto: Santiago Xavier Sánchez, 2022).


Nombres históricos [según la denominación dada en las actas de los libros sacramentales] de la parroquia eclesiástica de la Iglesia matriz de San Cristóbal (Catedral desde 1922):

31 de marzo de 1561-1 de agosto de 1860, Parroquia de San Cristóbal mártir de Licia.

2 de agosto de 1860-20 de enero de 1965, Parroquia de San Sebastián mártir.

21 de enero de 1965 al presente, Parroquia de El Sagrario Catedral.

En 1964, Mons. Alejandro Fernández Feo, Obispo de la Diócesis de San Cristóbal, recibía las letras de la Constitución Apostólica "SANCTI CHRISTOPHORI IN VENEZUELA. Canonicorum collegium cathedralis templi S. Christophori in Venezuela constituitur" [de fecha 30 de octubre de 1964) que creaba y constituía el primer cabildo catedralicio tachirense que funcionó hasta 1987.

Con la creación de esta nueva institución eclesiástica en la Catedral, a la parroquia matriz de San Sebastián el Obispo Fernández Feo, luego de la solemne profesión de fe e instalación del Cabldo el 19 de enero de 1965, le da el nuevo nombre de parroquia eclesiástica de El Sagrario Catedral, y así se comenzó a registrar en los libros sacramentales. 

En marzo de 1965 emitía otro decreto en el cual se definían las obligaciones y derechos del párroco del Sagrario Catedral y del Cabildo catedralicio. Con ello diferenciaba las funciones propias del cabildo catedralicio (antiguo cuerpo colegiado que ayudaba al Obispo en sus funciones de gobierno y velaba por el cumplimiento de las rúbricas liturgicas y decoro en las funciones religiosas y solemnes de la Catedral y aquellos oficios que el Obispo le encomiende) de las funciones propias del cura párroco rector (atención a las funciones sacramentales y de cura de almas de la feligresía de la parroquia eclesiásica con rango de sede catedralicia), fijando como sede parroquial la capilla del Sagrario (de allí el nombre) y del Señor de Limoncito, de la Catedral de San Cristóbal.



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