martes, 19 de noviembre de 2019

“El nono i la nona tienen la oultima palabra…” Una palabra con sabor a hogar tachirense │'Nono' and 'Nona': A typically Tachiran Homelike Words and their Meaning

 







Regreso de la boda. Óleo y acrílico, 39 x 44 cm. Manuel Osorio Velasco (1983). Pintor costumbrista tachirense. Colección privada de la familia Hurtado Rubio, San Cristóbal, Estado Táchira (Fotografía, cortesía de la Lcda. Bibiana Rubio Maldonado de Hurtado, 2019).




Presencia y etimología de los vocablos nono y nona en el ámbito familiar del Táchira


Por Samir A. Sánchez (2019)

[El presente texto se ha organizado a partir de la actualización y los extractos de una conferencia impartida en el Colegio de Ingenieros del Estado Táchira, en el marco de las Jornadas de Identidad Tachirense: El poder y la tachirensidad, organizadas por estudiantes de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Católica del Táchira, en marzo de 2007].



Presentación

Si bien toda lengua se compone de un vasto inventario léxico, existen términos que adquieren una preeminencia particular, especialmente aquellos circunscritos al ámbito de los afectos y los vínculos familiares. Al indagar en el glosario de la identidad cultural tachirense, y en búsqueda de los vocablos con mayor arraigo (mainstream), los términos nono y nona se sitúan, indudablemente, entre los prioritarios.

Aunque constituyeron voces vernáculas empleadas por los habitantes del Táchira desde tiempos inmemoriales, han experimentado o están sufriendo un proceso de declive en la memoria colectiva y, consecuentemente, en el léxico particular del hogar tachirense. Este fenómeno se atribuye a los efectos de la globalización y al desarrollo exponencial de las plataformas de comunicación social, las cuales, como ya señalaba Ortega y Gasset en el distante 1926, tienden a disolver las particularidades en un tiempo caracterizado por la masificación y una homogeneidad inquietante.

Al hacer referencia a la designación utilizada por las generaciones precedentes para nombrar a los abuelos —nono (abuelo) y nona (abuela)—, o a sus diminutivos nonito o nonita, se advierte un vocablo de sonoridad agradable, aunque de origen incierto en el contexto regional tachirense. Su estudio se ve dificultado precisamente porque su uso ha estado restringido al ámbito familiar, sin haber quedado registrado en documentos del siglo XIX ni en épocas anteriores. Su pervivencia hasta el presente se debe únicamente a la transmisión oral inmediata, recibida de padres y abuelos.


Aproximación etimológica

Ante la incertidumbre planteada, se hace necesario recurrir a la etimología para obtener una mayor claridad sobre el origen de la palabra y su empleo en el territorio tachirense. Resulta notable que el término proviene de una raíz latina que pudo haber llegado al Táchira por dos vías lingüísticas distintas, ambas lenguas romances o derivadas del latín: en primer lugar, el ladino o judeoespañol (sefardí) y, en segundo lugar, el italiano. No obstante, hasta la fecha, no es posible precisar por cuál de ellas los vocablos nono y nona se integraron de manera tan profunda a la cultura local, equiparables a elementos identitarios como el río Uribante, el pan aliñado, la ciudad de Rubio o el café.

Considerando este origen y sus vías de propagación, se puede afirmar que cada vez que se emplea la palabra nono o nona, se establece una conexión, a menudo imperceptible, con el legado histórico y los valores de las generaciones familiares predecesoras. La preservación de estos términos contribuye a la continuidad de la identidad tachirense, actuando como una marca de origen y un signo distintivo ineludible en un entorno globalizado.

La profundización en las dos vertientes lingüísticas que señalan el posible origen del vocablo arroja los siguientes hallazgos:


La vía del ladino o judeoespañol (sefardí)

Por esta ruta, nono y nona se clasificarían como palabras relictas, es decir, aquellas que perduran en el tiempo, pero cuyo origen radica en un sustrato lingüístico ya extinguido en el entorno. Este primer sustrato pudo ser el ladino, una variedad dialectal del castellano (considerada, por ende, lengua romance) hablada por los descendientes de los judíos expulsados de la Península Ibérica en el siglo XV, y que llegó a América y al Táchira en el siglo XVI con los conversos o criptojudíos. Se trata de grupos humanos, expulsados de España y Portugal, que continuaron practicando sus costumbres culturales semíticas y su tradición judía milenaria, mientras exteriorizan, por motivos de supervivencia en la diáspora, la adopción de costumbres occidentales y creencias cristianas. Estos grupos se afianzaron con admirable tenacidad en sociedades hispanoamericanas que a menudo les eran hostiles, ya fuera por ignorancia o fanatismo.

En este contexto de la lengua ladina o sefardí, y para quienes deseen ahondar en el conocimiento de este legado cultural en el Táchira —más allá de las voces nono y nona—, se sugiere la lectura de la obra pionera: Moreshet, el legado de los judíos en el Táchira (San Cristóbal, 2019), del abogado y académico Bernardo Zinguer.

La obra citada recuerda, entre otros aspectos, la presencia de un judío sefardí converso, Hernando Lorenzo Salomón, en los antiguos folios de los archivos históricos coloniales de la antigua Santa Fe de Bogotá, sede civil y eclesiástica metropolitana del Nuevo Reino y, posteriormente, Virreinato de la Nueva Granada. Salomón fue funcionario electo por los cabildantes y confirmado por el presidente de la Real Audiencia de Santa Fe como Escribano Público, de Cabildo y Regimiento de la Villa de San Cristóbal en 1577. Su esposa, Isabel de Borrero, fue identificada como experta en medicina y curaciones.

Como ejemplo de esta lengua ladina o sefardí, todavía hablada por reducidas comunidades judías sefardíes en Israel y Turquía, y con el uso de los vocablos nono y nona, se transcribe el siguiente verso:

"Salonique se troko de kouando se tsamoucko. Respectar el padre i la madre quedo. El nono i la nona tienen la oultima palabra, I el ermano grande se entremete a la desizion. Bevamos a la saloud de Julia Sion" [1].

Un dato de interés, que asocia circunstancialmente el empleo de la palabra nono con una primitiva comunidad judía tachirense, se halla en la novela Ventisca (1938, reeditada en 1953 y traducida al inglés en 1961), del escritor y militar tachirense Luis Felipe Prato (San Cristóbal, 22 de julio de 1909).

En la novela, Prato evoca experiencias de su juventud y de su familia en el Táchira a finales del siglo XIX y principios del siglo XX:


«El abuelo de mi nono era un judío más hereje que todos los lagartijos [liberales]... ¿Eres godo [conservador], Toñín? ¡Y a mucha honra niña ama! Soy azul de los de pinta en la raíz del pelo [...]» [2].

Es pertinente destacar que en esta novela se registra por primera vez, y hasta la fecha, la palabra "Gocho" circunscrita al ámbito tachirense, aunque solo con el valor de gentilicio despectivo, aplicado a los habitantes de Lobatera y su jurisdicción a finales del siglo XIX [por su afiliación política conservadora, según el contexto de la novela].


La vía de la lengua italiana

En su obra clásica La Democracia en América, Alexis de Tocqueville sentenció: “Los felices y los poderosos no se exilian”. En este sentido, durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX, el Táchira recibió importantes oleadas de inmigrantes italianos que huían de la miseria, el conflicto, la falta de expectativas y las desigualdades sociales de su Italia natal. Precedidos por su reputación de eficientes trabajadores y artesanos, contribuyeron significativamente al desarrollo del comercio y las instituciones de la entonces joven provincia, y luego Estado Táchira [desde 1856], desempeñándose como escultores, ebanistas, carpinteros o comerciantes.

A pesar de ser una comunidad demográficamente reducida, se establecieron en toda la geografía regional. Era común escuchar en su lenguaje familiar el empleo de las voces nonno y nonna para referirse al abuelo y la abuela. Numerosos estudiosos de la etimología italiana sugieren que el término deriva del latín tardío medieval nonno (monje) y nonna (monja), utilizados originalmente para identificar al monje y/o monja de mayor edad en un monasterio. Posteriormente, su uso se extendió al lenguaje coloquial italiano para designar a las personas mayores o ancianas en un hogar y, finalmente, a los abuelos y abuelas [3].

La transferencia lingüística al vocabulario familiar tachirense

Aún se desconoce el mecanismo preciso por el cual los vocablos nono y nona transitaron de estas lenguas romances al vocabulario familiar tachirense. Solo es posible especular con ejemplos que podrían ofrecer indicios sobre cómo pudo haber ocurrido este proceso de migración lingüística.

Don José del Rosario Guerrero Briceño (1927-2005), primer cronista de Lobatera, relató que, a principios del siglo XX, en Lobatera, residía la familia Segnini Casanova. El padre, Pietro Segnini Paolini (o Pavolini), originario de la Toscana (Italia), se dedicaba a la carpintería y ebanistería. Su hijo mayor se llamaba Pedro Francisco Segnini Casanova (1891-1921). Cuando el padre lo requería para alguna tarea en su taller, y dado que el niño se encontraba jugando con sus amigos en la plaza, lo llamaba a viva voz por su nombre en italiano, Francesco, alargando la pronunciación de la penúltima sílaba. Debido a esto, sus compañeros de juego y contemporáneos comenzaron a apodarlo "Checo", sobrenombre que perduró.


A modo de cierre

Es nuestro deseo que la palabra nono y nona no desaparezca del vocabulario familiar. En el complejo contexto del mundo contemporáneo, la identidad cultural de los pueblos constituye uno de los eslabones más vulnerables. Su ruptura y consecuente desaparición conlleva la pérdida del legado cultural —una valiosa amalgama de tradiciones y saberes— y el "ser tachirense" dejaría de ser un sujeto histórico-cultural, cesando en su capacidad de reconocerse como parte de una geografía y una historia distintivas.

De esta manera, una vez silenciado, perderíamos identidad tachirense y orgullo por nuestra tierra y lo nuestro, y dejaríamos de expresar, como el dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht (1898-1956): "Dem gleich ich, der den Backstein mit sich trug Der Welt zu zeigen, wie Haus aussah" [4] (Me parezco a aquel que llevaba el ladrillo consigo para mostrar al mundo cómo era su casa).

Referencias

[1] Levine Melammed, Renée. "An Ode a Salonika, The Ladino verses of Bouena Sarfatty" (poetisa sefardí, 1916-1997), verso 178, Indiana University Press, 2013, p. 88.

[2] PRATO, Luis Felipe. Ventisca. San Cristóbal, 1938. (Fragmento adaptado).

[3] Bonomi, Francesco. "Vocabolario Etimologico della Lingua Italiana", 2008.

[4] BRECHT, Gillet, R. y Weiss-Sussex, G. "Verwisch die Spuren!": Bertolt Brecht’s Work and Legacy: A Reassessmen. Nueva York, 2008.




Imágenes: Nonos tachirenses

Don Teodoro de Jesús Roa, natural de Pregonero (Municipio Uribante)

Doña Rafaela de Ochoa, de San Antonio de Caparo (Municipio Libertador)

Año 1959

En: Luis Felipe Ramón y Rivera e Isabel Aretz, Folklore tachirense, Tomo II vol 3., Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses,1963. Digitalizadas y cortesía del Dr. Bernardo Zinguer (Retazos Históricos del Táchira, 2025). 






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sábado, 19 de octubre de 2019

Memoria de Lobatera. Las historias dentro de la historia │ A Memoir of Lobatera: An Account of Historical Events of Lobatera (Táchira State – Venezuela)









Reconstruyendo el legado... ¿Qué es Memoria de Lobatera? Es un libro de hechos y de historias, pero didáctico. Es la bitácora de uno de los pueblos más antiguos del Estado Táchira y símbolo de la tachirensidad. Es escuela de vida para conocer la configuración del Táchira actual, por lo cual se convierte en una herramienta referencial imprescindible para consultar y conocer los retos, los logros y los fracasos de las generaciones que nos precedieron, útil en estos tiempos presentes de incertidumbre que obnubilan el futuro para las nuevas.
O, trayendo al presente las palabras del pintor Juan Lovera al momento de donar sus pinturas sobre los tumultos y sucesos del 19 de abril de 1810 y el 5 de julio de 1811, al Cabildo de Caracas: El tiempo devora a los más notables acontecimientos, así es preciso consignarlos a la posteridad del modo más indeleble posible. A ella le toca mejorar y perfeccionar (1838).
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Partiendo del principio que la Historia se corrige a sí misma en función de la evidencia, los aquí datos contenidos se corrigen o actualizan, en este sitio, con frecuencia, en la medida que avanza el proceso, constante, investigativo. Para descargar el libro Memoria de Lobatera, accione, en la siguiente pantalla, el pequeño recuadro con flecha de salida que se encuentra en el extremo superior derecho:






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martes, 24 de septiembre de 2019

Nuestra Señora del Espejo: una singular representación sobre cristal del arte colonial de los Andes venezolanos │Our Lady of El Espejo: Venezuelan Andes little picture on glass from the Spanish Colonial Days

 





Imagen de la Virgen del Espejo. Iglesia de Nuestra Señora de El Espejo en Mérida, Estado Mérida Foto: https://iglesianuestrasenoradeelespejo.wordpress.com/historia/).





Una representación mariana sobre vidrio


Nuestra Señora del Espejo (en Mérida, Estado Mérida) es una imagen mariana realizada en pintura sobre una cara de -probable- cristal de roca traslúcido (cristal natural en roca de cuarzo pulida) y de allí su designación común de «Virgen del Espejo». La lámina de cristal es euédrica o de superficie plana y está documentada desde el año 1803. Por su reducido tamaño debió ser encargada para devoción y culto particular o doméstico. Reproduce, con ciertas libertades tomadas por el autor anónimo, a las formas encontradas en la imagen de la Inmaculada Concepción de María, conocida también como la Purísima Concepción, según el estilo iniciado por el pintor Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682), a quien se debe esta iconografía específica.



Antecedentes iconográficos

Murillo, en su cuadro de «La Inmaculada Concepción de los Venerables» (lienzo del año 1665, aproximadamente, pintado para el Hospital de los Venerables Sacerdotes de Sevilla), unificó en una única imagen las advocaciones de la Inmaculada Concepción y de la Asunción de Nuestra Señora. Como nota singular, una vez finalizado el cuadro por Murillo, en el marco de madera hecho especialmente para este lienzo, se tallaron las figuras simbólicas de la Torre de David, la palmera, el árbol de Ciprés y una fuente sellada que permitía suplir la ausencia en la pintura de estos atributos que, desde el siglo XVI y hasta la realización del cuadro de Murillo, se consideraban elementos inmaculistas lauretanos o artísticamente inseparables de la figura de María.

La iconografía del siglo XVI, y que se puede observar en la Capilla de la Inmaculada Concepción, en Segovia (España), de 1527 y finalizada en su totalidad en 1621, presenta una imagen -muy similar a la que estudiamos aquí- la cual seguía el modelo de la época en la Corte establecido por la talla encargada por la Archiduquesa Margarita de Austria (1567-1633) para el Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid. Allí, siguiendo el modelo, también se concretó en una escultura de la Inmaculada lo escrito en el libro del Génesis: “Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas”. (Gn.12.1). En los espacios abovedados de la capilla, aparecen pintados símbolos relacionados con las virtudes marianas descritas en el Cantar de los Cantares y las letanías lauretanas como lo son la media luna, el sol, Jerusalén Celeste, el cedro del Líbano, el pozo, entre otros.


Así, en la Virgen del Espejo, el programa iconográfico reproduce este tema, íntegro, el cual fue comúnmente conocido entre los pintores de la época como la representación de la Tota pulchra (Toda pura). Frase tomada del Cantar de los Cantares cuando expresa: «Tota pulchra es amica mea et macula originalis non est in te» (Toda pura eres, amada mía y no hay mancha alguna en ti).


Con estos orígenes iconográficos, la pintura en cristal estudiada parece estar inspirada en la fusión de dos imágenes o trabajos en lienzo anteriores: «Inmmaculata Virgo Maria Regina in Caelum Assumpta» de Juan de Juanes (de 1568), que se conserva en la Iglesia de la Compañía de Jesús en la ciudad de Valencia (España) y la pintura de la Inmaculada, de Esteban Murillo, conocida como «La colosal» por sus proporciones (pintada hacia 1650 y se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla). Convirtiéndose, en este caso, la pintura estudiada, una especie de Arma Virginis por las figuras simbólicas que rodean a la Virgen, tomadas de las letanías lauretanas; recordando que las imágenes conocidas como Arma Christi, son la representación de la santa Cruz con los instrumentos de la Pasión que, en algunos pueblos de los Andes venezolanos, presiden las procesiones del santo sepulcro o santo entierro, en la Semana Santa.


Técnica empleada

Por observación directa simple resulta difícil precisar si el cristal con la imagen de la Virgen del Espejo tuvo una imprimación o base para lograr una mayor adherencia de la pintura, o si los pigmentos empleados se prepararon con base en esmalte o agua. Tendemos a conjeturar que no tiene imprimación o, de tener, es muy débil, dado el alto porcentaje de pérdida de la capa pictórica azul y verde. En cuanto a los pigmentos, se considera que su elaboración pudo ser con base en agua y aplicados en una capa muy fina, por cuanto la luz pasa sin ningún problema a través del cristal.


Asimismo, por la técnica empleada en la pincelada, de trazo fino y cuidado, se induce que el autor, a pesar de ser un probable artista local ingenuo, tenía un notable dominio de la pintura naturalista en miniatura. Esta técnica se refleja en la reproducción de las facciones y encarnaciones del rostro, hechas con satisfactoria precisión, dado que dichos trazos siguen un delineado preciso, aunque los volúmenes que contienen están carentes de un movimiento expresivo y el fondo neutro aísla o individualiza las diversas figuras imaginadas por el pintor. No obstante, esto no fue óbice para que, con paciencia y concentración, lograra un adecuado y agradable efecto visual de contraste de luces y sombras.


Composición

La composición o programa iconográfico se presenta sin simetría o equilibrio y con una aparente perspectiva oblicua. En cuanto al juego cromático empleado, este resulta básico o sencillo. Sobre la iluminación, sólo la escalera permite concluir que hay un intento por imaginar la fuente o luz que se irradia sobre el cuadro como pensada desde el lado derecho (izquierdo del observador). Sin segundo plano o planos de fondo y profundidad, las figuras resultan independientes y la capa pictórica de las mismas está dominada principalmente por matices áureos, azules, blancos y verdes. Esto permite inferir que su autor debió ser un devoto artesano que tenía sólo algunos conocimientos de los principios elementales de la pintura académica.


Por igual, la imagen, siguiendo una característica propia de la religiosidad barroca hispanoamericana del siglo XVIII, tiene un nimbo de doce estrellas y está coronada. El estilo de la áurea corona, formada por un aro denominado coronel o del reino antiguo y dos arcos imperiales que se cruzan, es la denominada corona real filipina o de los Austrias que se comenzó a utilizar desde la época de Felipe II y fue común su uso en el arte, y en especial en las monedas españolas, hasta mediados del siglo XVIII. Esto podría darnos un indicio para intentar ubicar el origen o año de creación de la pintura de la Virgen del Espejo.


Formando una especie de marco en mandorla, en derredor de la erguida y estática figura de la Inmaculada Concepción, la cual está desprovista de movimiento ascensional y solo se percibe cierto movimiento de golpe de viento en el manto azul, se ubicaron diversos elementos exentos que representan los atributos que la tradición cristiana ha usado para describir la pureza de María. Todos tomados del Cantar de los Cantares, la patrística y las letanías lauretanas. Estos son (de izquierda a derecha):


«Palmera de Engadí» (Eclesiástico, 24, 14): los árboles, por su elevación y verdor se asociaban con la esperanza en la Resurrección y alegoría de la justicia, a partir de la figura del árbol del bien y del mal, que estaba en el jardín del Edén. Por ello, la Virgen era asociada con una palmera porque ella representaba, desde los orígenes del hombre y la mujer, el triunfo justiciero de Dios sobre el mal que, al igual que el fruto de la palmera, puede tardar, pero llega. Por igual, al simbolizar la palma el martirio de los primeros cristianos, este símbolo representaba la exclamación Regina Martyrum (Reina de los mártires) de las letanías lauretanas.

 

«Torre de David» (Cantar de los Cantares, 4, 4): Las letanías lauretanas alaban las glorias de María como a la espléndida torre que construyó David en Jerusalén o Turris davidica, tomada como símbolo mariano de la belleza espiritual, la firmeza en la fe y de su dignidad como Madre del Mesías.


«Sol y Luna»: Estos símbolos de María están tomados del libro del Apocalipsis cuando San Juan escribe: “¿Quién es ésta que surge cual aurora, bella como la luna, refulgente como el sol, imponente como batallones?” (Apocalipsis 12,1).


«Escalera de Jacob» (Génesis, 28, 12): Es la representación de la bíblica Escalera de Jacob, Escala de Jacob o Scala Dei, cuando el patriarca tuvo un sueño donde vio una escalera apoyada en tierra, y cuya cima tocaba los cielos, y he aquí que los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Los padres de la Iglesia siempre consideraron que María era la escalera o escala del cielo que permitía elevar a la humanidad hasta Dios.


«Ciprés»: Desde muy antiguo, al ciprés se le conocía como el "árbol de la vida" y símbolo de las virtudes espirituales. Su agradable aroma era una representación de la santidad. Desde la visión juedocristiana que interpreta del símbolo de este árbol, el ciprés (o el álamo) son representación del Árbol de Jesé frondoso y fecundo, descrito por el profeta Isaías: “Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará” y los padres de la Iglesia explicaban que la vara o árbol Jesé era la Madre del Señor, sencilla, sin mácula y sincera. En las letanías lauretanas se correspondía con el símbolo de la exclamación Mater intemerata (Madre purísima).

Estado de conservación


En lo relacionado con el estado de conservación de la imagen de la Virgen del Espejo, este es bueno, en términos generales. No obstante se aprecia que el pigmento azul cobalto del manto se ha desprendido en gran parte del cristal, al igual que algunos verdes y permanecen firmemente adheridos los blancos de la túnica, los encarnados del rostro, los castaños del cabello, el oro de la corona y los matices de la escala, la luna, el sol y la torre.


Estos desprendimientos, a manera de conjetura por cuanto este estudio sólo se basa en una observación superficial simple, pudieron ser ocasionados al exponerse la imagen de forma invertida, quedando la capa de pintura en el lado frontal del cristal y no en el posterior, como debería estar. Esto podría dar una explicación sobre el por qué la Virgen del Espejo tiene inclinada la cabeza de derecha a izquierda (de izquierda hacia derecha del observador) y no en sentido contrario como se hacía en la tradición pictórica mariana. Caso que se aprecia, por igual, con el orden del sol y la luna. La tradición iconográfica mariana seguía el orden de mención que da el libro del Apocalipsis, primero la luna y luego el sol.



Es de resaltar que en la técnica empleada, pintura sobre cristal o vidrio, se pintaba al revés, de forma directa (como lo iba imaginando el autor) o por superposición de una imagen y calco de un boceto o modelo previo. Esto es, se hacía el dibujo o trazo en negro sobre una cara del cristal, luego, se volteaba y se pintaban los espacios entre los trazos. Al estar seca la pintura, se volvía a voltear el cristal y la imagen se veía en la posición deseada y con sus respectivos colores. Los contornos de la imagen base se realizaban con tinta negra, como se aprecia en la Virgen del Espejo, y luego el artesano iba cubriendo los fondos con pigmentos que se preparaban con una mezcla de óxidos metálicos y tierras. Todo se hacía de forma lenta por cuanto el artista debía esperar que secaran los líquidos de las capas cromáticas que iba agregando para aplicar otros y lograr los contrastes y detalles ideados.

Un ejemplo de pintura sobre espejo, como obra maestra del arte barroco español, se puede apreciar en los espejos pintados con figuras que representan a las mujeres fuertes de la biblia. Se encuentran en la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, en el Monasterio de las Descalzas Reales, en Madrid (España), y datan del año 1653.


Conclusión

Nos encontramos ante una de las escasas obras que se conservan del arte religioso mariano, en pintura sobre cristal, de fines del período colonial español en los Andes venezolanos. La misma se presenta como resumen de las características pictóricas de la época de su realización: una imitación con adaptación iconográfica de las pinturas devocionales españolas, sin profundizar, a los usos y costumbres sencillos y austeros de las altas tierras andinas.


Imágenes similares en la región andina

Es de destacar que en el caserío de Toituna, fundado en 1602 como pueblo de doctrina o misión por el Oidor Don Antonio Beltrán de Guevara (Municipio Guásimos, Estado Táchira), se venera desde el siglo XIX una pequeña imagen en tabla pintada en arte popular ingenuo, de la Inmaculada Concepción con características iconográficas semejantes a las de Nuestra Señora del Espejo, en Mérida. Esta imagen recibe el nombre de "La Inmaculada Concepción de la Montaña" o más comúnmente: "La Virgen de la Montaña".



"Inmaculada Concepción de la Montaña", o "Virgen de la Montaña", o "La Virgen de Toituna". Óleo sobre madera de fines del s. XIX e inicios del XX, en arte popular o arte ingenuo (sin formalismos académicos). Toituna, Estado Táchira. Foto de: Pastoral de comunicación y prensa de la Parroquia eclesiástica de San Agatón de Guásimos, capilla de Toituna (2018).






"Inmaculada Concepción" con los atributos lauretanos. Pintura al óleo sobre pergamino en el Libro de Ejecutorias de la Real Cancillería de Granada, año de 1622. Foto: Astarloa, Bilbao, 2023).



Profesor de Historia del arte
Universidad Católica del Táchira (UCAT)





Proyecto Experiencia Arte / Experience Art Project 2012-2019. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de las fotografías pertenecen a cada fotógrafo, grupo o institución mencionada.


martes, 17 de septiembre de 2019

Un piloto británico de la Primera Guerra Mundial sepultado en Lobatera (Estado Táchira) │ A Single World War One British Pilot is Buried in Lobatera (Táchira State)




                                                       
                                           Trinidadians who served in World War One (2014).


Todos, o una mayoría, puede que pasemos por alto la importancia y el valor de las últimas voluntades, si bien las mismas permiten manifestar los deseos más personales, y más humanos, con respecto a ciertos actos después de la muerte. Un ejemplo de lo anterior, se tuvo en Lobatera en 1961.


Fue el caso del Primer Teniente (aviación) Eugene Stanislaus O’Connor Sellier, súbdito británico quien participó como piloto en la Primera Guerra Mundial.


Fallecido en Londres (Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte) donde residía, el 17 de enero de 1961, había manifestado como expreso deseo y última voluntad de ser enterrado en el Cementerio Municipal de Lobatera, en tierras tachirenses.


La familia cumplió y el 7 de abril de 1961 su cuerpo, embalsamado y con uniforme de gala azul grisáceo y azul pálido de la Real Fuerza Aérea, llegaba a Lobatera, siendo velado en la capilla del Humilladero y luego conducido al cementerio, conforme lo prescribía una centenaria tradición lobaterense: con la Banda Municipal Sucre presidiendo el cortejo fúnebre.


O'Connor fue enterrado en el panteón de la familia Gómez Mora, junto a sus suegros, cuñadas y tía política, Doña Adela Gómez de Vivas, esposa del Dr. Ezequiel Vivas Sánchez, quien fuera Secretario de la Presidencia en el gobierno del General Juan Vicente Gómez.

Por los datos que aporta el acta de defunción que se conserva en el archivo del Registro Civil de Lobatera, se conoce que Eugene Stanislao O'Connor Sellier había nacido en Puerto España, en la Isla de Trinidad cuando era colonia británica, el 11 de junio de 1898. Estaba casado con la lobaterense Esther Gómez Mora (1898-1983) con quien procreó tres hijos. 

Eugene O'Connor era hijo de Arthur O’Connor y Margott Sellier. Muy joven se inició como cadete en la recién creada Real Fuerza Aérea británica (formada el 1 de abril de 1918 al fusionarse el Real Cuerpo Aéreo y el Real Servicio Aéreo Naval).




                                                                                          Foto: Darío Hurtado (2020).



En pleno conflicto bélico de la Primera Guerra Mundial, embarcó a Europa en un contingente de colonos trinitarios, en el barco Ex. SS “Spheroid”, el 17 octubre de 1917, en el undécimo contingente de tropas que organizaba la colonia. Volando un Sopwith Camel F1 con motor de ametralladoras, participó con su escuadrón en la tercera batalla de Ypres o batalla de Passchendaele, entre otras misiones de reconocimiento e intercepción de aviones enemigos.


Firmado el armisticio el 11 de noviembre de 1918, con la rendición del II Imperio alemán y el Tratado de Versalles del 28 de junio de 1919, Eugene S. O'Connor regresó a su hogar en Trinidad a finales de 1919 con el rango de First Lieutenant (Primer Teniente de Aviación).


Su vinculación afectiva y espiritual con Lobatera se inició a partir de las frecuentes visitas que hacía a los familiares de su esposa, en especial a su tío-abuelo el Padre Gabriel Gómez Porras. Doña Esther Gómez Mora de O'Connor era hija de José Wenceslao Gómez, sobrino del Padre Gómez.


Este sacerdote, el decano del presbiterio tachirense para la época, falleció en la casa de su sobrina-nieta en Puerto España, Trinidad, en 1922 y se encuentra enterrado en la Capilla del Humilladero, antiguo cementerio que fue clausurado luego del terremoto de 1849. Esta capilla, ubicada a la entrada del pueblo, había sido reedificada y ampliada por el P. Gómez, luego del terremoto de mayo de 1875.




Foto: What the Colony of Trinidad and Tobago has done in the Great War in the Way of Money (1919).


Por igual, O'Connor creó un vínculo especial con el hato Cazadero, propiedad familiar heredada del P. Gabriel Gómez, cuyo nombre permanece en la actual aldea Cazadero, de la parroquia Constitución del Municipio Lobatera. De todas sus largas estancias en estos lugares se fue formando el lazo espiritual que unió a este militar británico con el abierto y amplio valle lobaterense, en encrucijada de afectos. Siempre se consideró como parte de él y allí quiso descansar por la Eternidad.


El panteón de la familia Gómez Mora se ubica a escasos metros de la entrada del cementerio de Lobatera, a la izquierda, en un túmulo rectangular de ladrillo en obra limpia. El matrimonio O’Connor Gómez tuvo tres hijos: Mary Eillen, Joseph Patrick y Margaret Mary O’Connor Gómez.



                                                                                                                      Foto: Darío Hurtado (2020).

En su momento, el otrora Ilustre Concejo Municipal del Distrito Lobatera de la época, emitió el siguiente acuerdo:

El Concejo Municipal del Distrito Lobatera

CONSIDERANDO.
Que el día 16 de enero del corriente año, falleció en la ciudad de Londres, Inglaterra, el honorable ciudadano Eugene O’Connor.

CONSIDERANDO.
Que el extinto Eugene O’Connor, estaba casado con la la distinguida dama Esther Gómez Mora, hija e esta ciudad.

CONSIDERANDO.
Que fue voluntad expresa del extinto que sus despojos tuvieran como última morada el recinto del sacrosanto cementerio de esta ciudad.

CONSIDERANDO.
Que el día miércoles 8 del mes corriente, será traído a esta ciudad el cadáver del honorable Eugene O’Connor.

ACUERDA:
Artículo 1.-
Presentar las expresiones de sentida condolencia a su distinguida esposa e hijos y demás familiares.

Artículo 2.-
La Cámara Municipal concurrirá a los actos de recepción y funerales del honorable señor Eugene O’Connor.

Artículo 3.-
Una corona de flores naturales será ofrendas por una comisión designada por la municipalidad.

Artículo 4.-
El presente acuerdo será entregado a la honorable señora Esther Gómez Mora de O’Connor y demás familiares.

Dado firmado, sellado y refrendado en el salón donde celebran sus sesiones el Concejo Municipal del Distrito Lobatera en el Estado Táchira a los siete días del mes de marzo de mil novecientos setenta y uno.

El Presidente
Asdrúbal Padrón.

Primer vicepresidente
Luis Pacífico Contreras.

Segundo vicepresidente
Arístides Medina.

Síndico Procurador Municipal
Delfina Sandoval.

Vocales
Carlos R. Alviárez.
Antonio Casanova B.
Antonio Porras Guerrero.

Refrendado
El Secretario
Juan B. Contreras.

[Texto del acurdo transcrito por el concejal Darío Hurtado de los libros de actas y acuerdos. Archivo General e Histórico del Concejo Municipal del Municipio Lobatera, 2024)

Texto del trabajo tomado: Sánchez, Samir A. Memoria de Lobatera (2019), p. 1076.

Referencias (páginas web)

Historial militar y fotos en:

Trinidadians who served in World War One, 2014 [http://caribbeanhistoryarchives.blogspot.com/2014/04/trinidadians-who-served-in-world-war-i.html].

What the colony of Trinidad and Tobago has done in the Great War in the Way of Money, 1919 [https://westindiacommittee.org/historyheritageculture/wp-content/uploads/2019/06/Trinidad-1919-Year-Book-extract.pdf].

Documento

Acta de defunción Nº 17, Eugene O'Connor Sellier, de fecha 7 de abril de 1961. Registro Civil del Municipio Lobatera [Dato aportado por Darío Hurtado Cárdenas, concejal y presidente del Concejo Municipal del Municipio Lobatera, Estado Táchira, Venezuela, 2023].



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El Arte Sacro del Táchira │The Cultural Heritage of the Church in Contemporary Tachiran Culture












Ex Corde 

A los nuevos mecenas del arte tachirense de todos los tiempos, cuyo espíritu intuyó la urgencia del retorno a la meditación profunda del espíritu. Su sabiduría reconoció que la experiencia humana y la situación cultural contemporánea yacen a la deriva, sumidas en el torbellino del consumismo, el pragmatismo estéril y el utilitarismo, propiciados por el uso negativo y superficial de las nuevas tecnologías y los medios de comunicación de masas.

A la luz de este entendimiento, se alzan el Pbro. Abog. Luis Gilberto Santander Ramírez y el Ing. Luis Fernando Moreno Arias, pilares de esta gesta. Ellos, con su constante empeño cognoscitivo, lograron, respectivamente, motivar e iluminar el patrocinio de esta primera edición. Es a través de su entrega que se restituye a los tachirenses de hoy y de siempre, el conocimiento de una porción significativa de su ingente patrimonio histórico-artístico, revelando su incidencia en los bienes culturales de la Iglesia y su trascendente legado como herencia de la humanidad.

Y por igual, al Ing. Gerardo Suárez Escalante, custodio silente que, con su trabajo de seguimiento y cuidado meticuloso, dotó a esta edición de su forma final, nuestra gratitud perenne.

 

Finalmente, al Lcdo. José Ernesto Becerra Golindano y a Sigrid Márquez Poleo, por su invaluable apoyo incondicional, manifestado en la perfecta convergencia de tiempo y espacio, extendemos nuestro reconocimiento más sincero.


Para descargar el libro El Arte Sacro del Táchira, accione, en la siguiente pantalla, el pequeño recuadro con flecha de salida que se encuentra en el extremo superior derecho:






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domingo, 25 de agosto de 2019

Valores Humanos de Lobatera, Volumen 2. Publicaciones del Cronista Oficial de Lobatera (2019)





 



Contra-prólogo 


Los valores, son un conjunto de cualidades que todo ser humano debe tener para ser apreciado en esta sociedad y determinan el comportamiento e interacción con otros individuos. Al hablar de VALORES HUMANOS y llevarlos al ámbito local lobaterense, podríamos decir que es simplemente toda persona que hace el bien, en Lobatera esto es una virtud de casi todos. 

Ser de Lobatera, vivir acá es un privilegio que pocos gozamos y disfrutamos a diario, de ahí la frase célebre del periodista Carlos Alviarez Sarmiento de “La Capital del Mundo” porque de verdad así nos sentimos, ser de Lobatera es excepcional además vivimos acá seria lo máximo e ideal y el anhelo de aquellos que, por diferentes circunstancias están fuera de sus tierra chica. 

El libro “Valores humanos de Lobatera” es una compilación de biografías, anécdotas, vivencias, de los hechos más resaltantes que el lobatero hace en su extensa trayectoria o hizo en su paso por este mundo de Dios. Existe la complicidad de familiares y amigos más allegados quienes aportan los datos o cuentan su vida para dejársela a futuras generaciones, se documentan con fotografías y lo necesario para así resaltar aún más su paso terrenal. Hace poco tiempo surgió en un conversatorio la pregunta; ¿qué significa ser lobaterense? todos y cada uno de nosotros deberíamos de responder esa pregunta, hilar un concepto, manifestarlo, decirlo “soy orgulloso(a) de ser lobaterense”, solo así aprenderemos a amar aún más nuestro pedazo de tierra enclavado en la falda de un cerro de los andes Venezolanos.

En tiempos convulsionados como los que estamos viviendo hoy en día es supremamente importante por no decir vital el sembramiento de “Valores” pero que sean de verdad valores para la vida, no simple letra muerta. Con estas compilaciones se contribuye en buena parte, colocando personalidades que marcan o marcaron una época, son ejemplo para las generaciones futuras que, en tiempos perentorios deben estar a cargo del destino de nuestro pedazo de tierra, al que llamamos Lobatera.

Vaya el agradecimiento al Cronista Richard Medina Zambrano por el honor de escribir estas líneas que salen del sentimiento, nacen del corazón, que nació, creció y que en su momento se sembrará en el Torreón, ¡en tierras lobaterenses.!


Cosme Darío Hurtado Cárdenas

Agosto del 2019".






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jueves, 25 de julio de 2019

«La locha» y la memoria monetaria del Táchira | Remembering "La Locha": The Currency and Heritage of Táchira








El rescate de la memoria colectiva tachirense exige un ejercicio constante de arqueología cotidiana, pues a menudo son los objetos más insignificantes en apariencia los que mejor custodian la esencia de una época. Entre las reliquias monetarias que las nuevas generaciones no alcanzaron a conocer, pocas poseen el peso simbólico de «la locha», una pieza fundamental para comprender la vida social y económica del Táchira y de la Venezuela de mediados del siglo XX.



Con un valor equivalente a doce centavos y medio (12 1/2 céntimos de bolívar), esta pequeña moneda dejó una impronta indeleble en la dinámica comercial de bodegas, mercados, pueblos y ciudades a lo largo del Estado Táchira. Lejos de ser un simple medio de cambio, la locha constituía el verdadero sostén del consumo cotidiano: era la medida exacta para adquirir, entre otras cosas, las tradicionales acemitas (acemas pequeñas) que acompañaban el aguapanela, los caramelos al salir de la escuela o los pequeños encargos del día a día.



Para dimensionar la solidez económica que representaba, basta situarnos en 1954. Con una tasa fijada en 3,35 bolívares por dólar estadounidense, una sola locha equivalía aproximadamente a 3,7 centavos de dólar ($0,037 USD$). Este dato trasciende lo mero numérico; es el reflejo fidedigno de un poder adquisitivo que tuvo la moneda venezolana y que permitía que una fracción mínima de la divisa nacional garantizara el sustento diario.



Preservar el recuerdo de este patrimonio monetario no es una simple añoranza del pasado, sino un acto de fidelidad hacia las raíces que moldearon el tejido social tachirense. En sus contornos de metal quedó grabado el pulso de una sociedad laboriosa, donde la economía se medía a la escala humana del encuentro y el comercio de cercanía.





Créditos de imágenes:

1️⃣ Imagen de referencia generada mediante inteligencia artificial. Nota: No existió estampilla ni sello oficial emitido para la denominación de 12 1/2 céntimos. Prompt de Santiago X. Sánchez (2026).

2️⃣ Moneda de locha / Registro fotográfico de Don Rufino Sandoval (Lobatera, 1981).