martes, 9 de agosto de 2016

El Señor de Limoncito «Guardián de la ciudad» de San Cristóbal. El Cristo de la Villa: serenidad atemporal en una talla escultórica devocional, entre el arte del Gótico tardío y el Barroco │ ‘El Señor de Limoncito’/The Christ of Little Lemon Tree, a Rayonnant Gothic and Baroque Wood Polychromed Sculpture in San Cristóbal City











Este estudio, elaborado por Samir A. Sánchez dentro del Proyecto Experiencia Arte Nº20, documenta y analiza con rigor histórico, artístico y patrimonial la talla del Señor de Limoncito, imagen sacra venerada en la Catedral de San Cristóbal (Estado Táchira, Venezuela). La obra ofrece un recorrido por su origen en los pueblos de misión de los franciscanos capuchinos de Navarra y Cantabria, a lo largo del río Zulia y planicies aluviales del sur del Lago de Maracaibo, en el siglo XVIII; por su simbología religiosa, características artísticas, evolución devocional y estado de conservación, subrayando su importancia como pieza del arte colonial tachirense y como patrimonio cultural de la nación venezolana. A través de una aproximación interdisciplinaria que conjuga historia, arte sacro y antropología, el autor reivindica el valor espiritual y estético de esta imagen, proponiendo su urgente restauración y resaltando su rol como ícono de identidad local (Dr. Bernardo Zinguer, Academia, 2025).

El trabajo completo sobre la histórica imagen del Señor de Limoncito, en formato PDF, puede ser descargado aquí: 





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lunes, 1 de agosto de 2016

El Archivo Histórico de La Grita (1622): Pedro de Torres Vera, albacea e hijo del fundador de Lobatera | The 1622 La Grita Document: Pedro de Torres Vera as Executor and Son of Lobatera’s Founder

 



Foto: Última parte del testamento y firmas de Benito Ruiz de Migolla, Francisco Ortiz de Parada, Francisco Chacón y Pedro de Torres Vera (Registro Público Principal del Estado Táchira, San Cristóbal)



En nuestras investigaciones documentales, cuando elaborabamos el libro: "Lobatera. Tiempos históricos de una tierra de pioneros" (Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, Nº 108, Caracas, 1993) y reeconstruíamos el árbol genealógico de la familia fundadora de los Chacón de Torres, en su mayorazgo en Lobatera desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII, nos hallamos ante los presentes documentos, conservados en el Archivo Histórico de La Grita (ubicado en el Registro Público Principal del Estado Táchira, San Cristóbal, Venezuela) bajo la signatura Tomo XXVIII (año 1786), Legajo 5 (folios 8 al 197, y documentos sueltos o dispersos del siglo XVII), los cuales constituyen una pieza documental de inestimable valor para la historia del período colonial español tachirense, cuando estuvo bajo la jurisdicción del Nuevo Reino de Granada y de la Gobernación del Espíritu Santo de La Grita de Mérida (nombre oficial, pues su territorio respondía a la agregación de jurisdicciones de la gobernación y capitanía general de La Grita (1576) y de la ciudad de Mérida (1622). Al agregarse la provincia de Maracaibo (1678) a fines del siglo XVII, se denoninó de forma oficial: Provincia del Espíritu Santo de La Grita de Mérida de Maracaibo. La ciudad capital iba cambiando en la medida que se agregaban nuevas jurisdicciones, siendo la última Maracaibo). 


El documento en referencia fue redactado en la ciudad del Espíritu Santo de La Grita por el Escribano Público y de Cabildo Don Esteban Ramírez, el expediente cerró sus trámites de registro el 5 de enero de 1622.


Aun cuando el primer folio del manuscrito no se conserva, lo que impide leer la fórmula introductoria donde se asentaba el nombre de pila del otorgante, la lectura paleográfica de sus cláusulas revela que perteneció a un rico e influyente encomendero y terrateniente de la élite gritense.


El testador estaba estrechamente vinculado a las redes de poder andinas: era tío directo de don Francisco de Escalante (destacado encomendero e hijo uno de los fundadores de La Grita, el Capitán Francisco de Escalante), así como de doña María de Avellaneda [emparentada con Andrés del Basto Avellaneda, de Pamplona y con Ana Pérez del Basto, de La Grita, hija de uno de los fundadores de La Grita, el capitán Adrián Pérez y eesposa del fundador de Lobatera, Pedro de Torres Vera].


Su posición social se ve revalidada por el perfil de sus albaceas y testigos testamentarios, todos ellos encomenderos de San Cristóbal y La Grita. Dichos personajes figuran y firman en el siguiente orden: Benito Ruiz de Migolla, Francisco Ortiz de Parada*, Francisco Chacón y Pedro de Torres Vera. Estos dos últimos, vinculados por parentesco de afinidad al ser cuñados, eran yerno e hijo menor, respectivamente, de Don Pedro de Torres Vera (fundador de Lobatera, fallecido en 1610 y casado con doña Ana Pérez del Basto, difunta en 1621); en el caso de Chacón, este se hallaba desposado con Felipa de Torres Vera, la hija mayor del fundador.


Por otro documento conservado en el mismo expediente se conoce que para este momento Pedro de Torres Vera h. en la práctica era mayor de edad pero legalmente permanecía bajo la tutela de su cuñado, Francisco Chacón. Se le reconocería la mayoría de edad y la entrega plena de los bienes heredados de sus padres por sentencia del alcalde de La Grita Pedro Álvarez de Castrellón, especificando en la solicitud el referido Francisco Chacón que: "se justifica que desde hace un tiempo el dicho Pedro de Torres Vera administra de forma independiente sus bienes y hacienda, habiendo trabajado por su cuenta y rendido debidamente la cuenta de la tutela y demás asuntos señalados en la solicitud". La petición fue presentada ante el Alcalde el día 12 de noviembre de 1622. Al reverso de la misma consta la providencia o auto emitido por el alcalde don Pedro Álvarez de Castrellón, mediante el cual decreta y declara emancipado a Pedro de Torres Vera, ordenando que se le haga entrega formal de sus bienes para que los administre como mejor le convenga, otorgándole plena capacidad legal para comparecer en juicio y realizar los actos jurídicos contenidos en el expediente.  


A lo largo del cuerpo del testamento estudiado, escrito en una letra procesal encadenada del castellano del siglo XVII, caracterizada por ligaduras abigarradas y abundantes abreviaturas, el testador detalla un vasto patrimonio agrario, ganadero y servil (esclavos). Entre sus mandas dispone legados religiosos (misas y capellanías entre otras), el pago de deudas y cuotas a  hermandades, así como una importante renta destinada a un futuro mantenimiento de un hospital y de la iglesia parroquial de La Grita, para la atención de enfermos. 



Asimismo, declara la posesión de encomiendas de indios y estancias de ganado mayor y menor repartidas por valles e ingenios estratégicos de La Grita, San Cristóbal y Pamplona, sumando millares de cabezas de ganado vacuno y lanar, casas de residencia y molinos de trigo. En el ámbito de la mano de obra, el manuscrito lista nombre por nombre a numerosas piezas de esclavos y sirvientes domésticos (como Francisco, Antonio, Diego, Victoria, Mateo, María, Juan Morcillo, Félix, Tomás, Ana y Pascuala), a algunos de los cuales concede la libertad e indemnizaciones en pago a sus servicios.



El escatocolo o cierre notarial del expediente, ejecutado por el escribano público y de Cabildo Don Esteban Ramírez, certifica la intervención de las autoridades judiciales y contables, con firmas autógrafas de los testigos y albaceas, dando fe pública del auto de notificación, consolidando así la validez legal de este testamento fundamental para el estudio de la prosopografía y la estructura socioeconómica tachirense en la época colonial española, a comienzos del siglo XVII.


* Francisco Ortiz de Parada era hijo de Manuel Fernández y de Francisca Ortiz de Parada, y hermano de Francisca Ortiz de Parada h. quien se había casado con Jerónimo de Colmenares, yéndose a residir en la Villa de San Cristóbal. Jerónimo de Colmenares, siendo niño (c. 1589) fue testigo presencial de la renovación portentosa del retablo de Nuestra Señora de la Consolación de Táriba, en la choza de despensa de la casa de sus padres, el encomendero Alonso Álvarez de Zamora y Leonor de Colmenares.



Don Pedro de Torres Vera (mediados del siglo XVI - 1610), fundador de Lobatera en 1593 (Lienzo con óleo y acrílico por el artista tachirense José Gregorio León Duque (2015).



Documento de emancipación legal de Pedro de Torres Vera h.

En este expediente, fechado el 12 de noviembre de 1622 y presentado por Pedro de Torres Vera h. quien manifiesta ser menor de 25 años (nacido en 1597) e hijo de Pedro de Torres Vera, solicita su emancipación legal ante el Juez receptor Don Gonzalo Palencia de Andrade quien se encontraba en La Grita haciendo la residencia a las autoridades de la ciudad.



Foto: Última parte del  expediente de emancipación con la certificación del escribano Esteban Ramírez y el ejecútese del Juez visitador  (Registro Público Principal del Estado Táchira, San Cristóba).




Signo notarial de Esteban Ramírez, Escribano Público y de Cabildo de la ciudad del Espíritu Santo de La Grita, para 1622.


Nos ha parecido de interés, analizar el dibujo presente en el documento de 1622, el cual corresponde al signo notarial de Esteban Ramírez, quien se desempeñaba como escribano público y de cabildo en la ciudad del Espíritu Santo de La Grita (para la época, bajo la jurisdicción de la Real Audiencia de Santafé en el Nuevo Reino de Granada). En la tradición jurídica de la Monarquía Hispánica durante el siglo XVII, este elemento no cumplía una función meramente ornamental, sino que constituía la "huella dactilar" gráfica y la máxima garantía de fe pública del funcionario.



Desde el punto de vista iconográfico y diplomático, la figura se articula sobre una estructura cruciforme central, rasgo indispensable en la época que simbolizaba el juramento en nombre de Dios y la autoridad del rey otorgada al escribano. 



Sobre esta base en cruz se despliega un diseño simétrico de roseta o estrella lobulada de ocho puntas, característico de la transición entre la tradición hispano-mudéjar y el estilo barroco temprano hispano colonial. Como elemento clave de seguridad, el trazo incluye puntos centrales intercalados en los espacios de los lóbulos; esta técnica buscaba complejizar la geometría del signo para dificultar cualquier intento de falsificación o alteración por mano alzada. Asimismo, los remates del eje vertical se estilizan en puntas afiladas, evocando la autoridad civil y judicial del Cabildo local.



En la práctica notarial del siglo XVII, este signo estaba registrado de forma única e inalterable en el título oficial de Esteban Ramírez y debía reproducirse fielmente, trazado a pluma de ave, en cada escrito que validaba. Dado que el escribano se titulaba y firmaba sobriamente bajo la fórmula "En testimonio de verdad, Esteban Ramírez, escribano público y del cabildo [...] Lo certifico", el signo cobraba un valor identificativo todavía mayor. Acompañado de los trazos ágiles de su rúbrica (visibles a un costado de la figura), este sello personal era el requisito indispensable que otorgaba validez jurídica e inalienable a los protocolos y actas de La Grita, permitiendo cotejar la autenticidad de cualquier traslado o copia emitida en todos los territorios de la Monarquía Hispánica, en los cinco continentes.