Hoy, al contemplar la imponente bendición de la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia en Barcelona, ese prodigio donde la piedra desafía la gravedad para tocar las alturas, mi mente y mi recuerdo viajaron instantáneamente de vuelta a casa, a la tierra tachirense. Recordé que en el corazón de San Cristóbal se alza un gigante neogótico que comparte esa misma audacia constructiva y ese mismo espíritu de elevación, pero que espera ser plenamente redescubierto por sus ciudadanos: la Iglesia de San José.
Nuestra hermosa joya tachirense no tiene nada que envidiarle en aspiración a los grandes referentes europeos. Diseñada por el gran maestro Don Jesús Manrique, nuestro "alarife mayor", quien materializó la idea que le plantearon los frailes agustinos recoletos, a quienes sr debe la imponente obra, calculada estructuralmente por el ingeniero italiano Giacomo Moro, la Iglesia de San José es el triunfo de la lógica estructural sobre el espacio. Lo que no pudo superar en longitud debido al reducido terreno del centro, ¡lo alcanzó en altura!
Un paralelismo de genialidad: Gaudí y Manrique
Mientras Antoni Gaudí revolucionaba Barcelona reinterpretando el gótico, Don Jesús Manrique llevó ese mismo lenguaje de monumentalidad y misticismo al contexto andino tachirenses, y sólo enumeramos tres de esos paralelismos.
Una aguja hacia el infinito: Con su impresionante fachada simétrica y sus torres escalonadas que trepan en una ordenada sucesión de pináculos, la aguja principal de San José alcanza los 76 metros de altura. Para que se hagan una idea: ¡el equivalente a un edificio de 25 pisos dominando nuestro paisaje urbano!
Misticismo de luz desde el cielo tachirense: Al igual que en el templo catalân, el gran rosetón occidental y los vitrales policromados del ábside (traídos de Medellín) tamizan la luz del sol, inundando las tres naves longitudinales de un místico juego de azules y verdes que invitan al recogimiento del espíritu.
Un retablo único, en su interior, resguarda un altar-retablo de alabastro dorado y policromado, esculpido en Burgos (España) por Andrés Martínez Abelenda, que es una verdadera filigrana teológica.
El gran referente urbano que merecemos
Esta edificación fue consagrada y dedicada solemnemente al Patriarca San José, según las rúbricas del Ritual Romano, por el obispo Monseñor Alejandro Fernández Feo el 19 de marzo de 1953. Su relevancia es tal que, en la década de los 80, los renombrados arquitectos Fruto Vivas y Rafael Rojas la proyectaron como el eje esencial del "Parque del Gentilicio Tachirense", un hermoso bulevar peatonal que buscaba abrir el casco central para destacar su arquitectura como el gran ícono de la ciudad. Aunque ese proyecto quedó en planos, la pretensión de perennidad del templo sigue intacta.
Hoy, la Iglesia de San José, declarada en 2005 Bien de Interés Cultural de la Nación por el Estado venezolano y designada como Santuario Eucarístico Diocesano de Adoración y Reparación por la Diócesis de San Cristóbal, según lo dispone el canon 2030 del Código de Derecho Canónico, merece dejar de ser ese paisaje cotidiano que la prisa nos impide mirar.
Debe conocerse, valorarse y convertirse en el gran referente identitario de San Cristóbal; nuestra propia "Sagrada Familia", el faro arquitectónico y cultural que anuncie al país el orgullo de nuestro genio creador.
Como decía el poeta Pedro Pablo Paredes, hay que aprender a detenerse en la distancia justa para dejarse cautivar por su hechizo. La próxima vez que pases por la plaza Bolívar, levanta la mirada. La Iglesia de San José sigue allí, desafiando los cielos y esperándonos.
Que no se pierda su nombre
Respecto a la nueva denominación que está recibiendo la iglesia de San José en la prensa y las redes sociales, es nuestra consideración que se trata únicamente de un título o designación que no altera su nombre original, el cual le fue otorgado en su consagración por un acto jurídico y religioso en 1953.
De acuerdo con la legislación eclesiástica, un templo se consagra una sola vez, de manera análoga al sacramento del bautismo. Dicha consagración solo se pierde en casos específicos de destrucción, profanación o cuando el edificio se destina permanentemente a usos profanos (no religiosos); escenarios que, en absoluto, se corresponden con la realidad de nuestra tradicional iglesia de San José, la cual, según la lógica explicada, se titula: Iglesia de San José Santuario Diocesano de Adoración y Reparación.
Un testimonio fehaciente de esta praxis histórica y canónica lo constituye la Santa Capilla de Caracas. Si bien este célebre templo es universalmente reconocido como un santuario dedicado a la adoración perpetua del Santísimo Sacramento, jurídicamente continúa siendo la primigenia Iglesia de San Mauricio, consagrada en el siglo XVII; una preeminencia original que aún hoy testifica de forma imperecedera la imagen del santo que preside su fachada.
Fotografías: (1) Prof. Jack de la Parra; (2) Arq. Jonny Rojas y (3) Santiago X. Sánchez


