domingo, 28 de enero de 2024

Auto-reflexión y Naturaleza. Fotografía conceptual de Ender Rodríguez │ Ender Rodríguez: Nature and Self-reflection from Conceptual Photography






En palabras de su autor...

Este libro fotográfico resulta ser una pequeñísima síntesis visual y reflexiva que utilizo como “modo estético subjetivo” para relatar lo que vivo, lo que he vivido y lo que me inquieta a futuro en la vida. Es decir -y para que no suene tan abstracto-, me refiero a una manera de mostrar que quien nace en medio de quebradas –todavía- limpias, y quien jugaba libremente a mis 10 años pescando pececillos de colores en 1982 en la quebrada “La Potrera o La Arenosa”, hoy las ve -desde hace décadas- y las nota en su mayoría contaminadas. 


Desde muy pequeño siempre fue mi Barrio Sucre y Bajumbal de San Cristóbal, Venezuela frontera con Colombia, mi gran hogar. Cuando había violencia en casa, los riachuelos y los senderos boscosos eran un refugio sagrado para mí. De los 18 a 20 años me fui de casa, y convivo en la amazonía venezolana 4 años gracias a una ONG (con José María Korta) y junto a los indígenas piaroa desde proyectos de fortalecimiento de las culturas amazónicas. Pasamos de defender causas justas y arriesgar la vida ante poderes económicos extractivistas a convertir esas premisas valiosísimas, en otras premisas estéticas igualmente cargadas de un valor intrínseco y semántico ecléctico.


Esto me permite asumir visiones del futuro para nuestra tierra Gaia desde lo artístico también. Al adentrarse en el libro, la muerte y la destrucción te golpea directo a la cara, día a día. De hecho, unas fotos nos hablan de las almas de nuestros hermanos árboles muertos y desencajados en el karma universal. Yo como autor, juego a incluir símbolos, signos, colores, manejos compositivos y demás. Trabajo el auto-retrato diferente, hacia “el otro verse”. Elementos lúdicos y juguetones aparecen en el libro, a pesar de que varios mensajes son fuertes o dramáticos. 


Mamá Natura no deja de ser parte con su abrazo y su resquemor, su quejido. He aquí un pequeño intento de arte y reflexión hacia adentro y hacia afuera. Por otro lado, he desarrollado una manera estructurada de hacer arte pintando con la naturaleza, y mi lema es “salvar bosques para tener casa y para vivir; y sembrar jardines para tener pintura y al expresarnos, ser libres”.


Ender Rodríguez, Enero de 2024

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viernes, 26 de enero de 2024

El esplendor del neoclásico en la Catedral de San Cristóbal: La escultura en madera y la técnica del pulimento en la obra del imaginero sacro Don Antonio Ignacio Dávila (Capacho Nuevo, 1876) │ Neoclassical Splendor in San Cristóbal Cathedral: Sacred Wood Sculpture and Polishing Techniques by Antonio Ignacio Dávila (1876)






Histórica talla en madera policromada y acabado en pulimento de San Sebastián mártir, santo patrono de la ciudad de San Cristóbal. La imagen nos muestra un San Sebastián neoclásico del siglo XIX, tallado en la noble madera de cedro americano. Su martirio doloroso fue plasmado desde ese enfoque neoclásico con el cual fue hecho, como una visión espiritual de serenidad e idealización, lograda mediante un estudio anatómico preciso y, sobre todo, un acabado a pulimento magistral en su piel, que le confiere una calidad táctil y visual de alabastro o porcelana, elevándolo a un símbolo de perfección espiritual y resistencia heroica, coronado como un imitador de Cristo. Por igual, el rico retablo neoclásico de mármoles de colores sirve de marco contrastante para la pureza de la forma de la escultura, y elevan el patrimonio cultural de la Iglesia Catedral de San Cristóbal a unos niveles de riqueza patrimonial e histórica superiores. Fotos: Santiago X. Sánchez (Enero, 2025)


La Iglesia Catedral de San Cristóbal, en el Estado Táchira, custodia en su seno un conjunto escultórico de excepcional valor que nos remite a la maestría de los talleres europeos, con esculturas ya estudiadas (El Señor de Limoncito y San Miguel Arcángel o Santa Leocadia de Toledo, en Lobatera) y locales del siglo XVII (El Santo Cristo de La Grita). y de finales del siglo XIX. 


En 1876, por encargo eclesiástico, luego del terremoto del 18 de mayo de 1875 que destruyó el templo,  se ejecutaron dos tallas, gemelas en su origen, destinadas a coexistir en un mismo conjunto arquitectónico: las imágenes de San Sebastián mártir y San Cristóbal mártir de Licia.


Ambas piezas comparten no solo su origen cronológico y autorial, sino también su ubicación en altares de idéntica factura, labrados en nobles mármoles de la Toscana. No obstante, para efectos de este análisis, centraremos nuestra atención en la efigie de San Sebastián; por cuanto las consideraciones técnicas, estéticas y materiales que aquí se exponen son plenamente aplicables a su par iconográfico, San Cristóbal, mártir de Licia, situado en la nave de la Epístola (sur).


Marco arquitectónico y análisis iconográfico e iconológico

La imagen de San Sebastián preside actualmente la nave del Evangelio (norte), enmarcada en un altar donde la sobriedad del neoclasicismo dialoga con la policromía pétrea de los mármoles italianos. El conjunto exhibe una refinada combinación de blancos de Carrara, rojos de Monsummano y verdes oscuros de Prato, complementados con columnas y casetones de tipo cipollini (mármol de Caristo). Este altar y su idéntico con la imagen de San Cristóbal mártir de Licia, fueron traidos de Italia a fines de la década de los años veinte del pasado siglo, por el ilustre levita Mons. Dr- José Primitivo Galaviz Cárdenas (Capacho, 1870 - San Cristóbal, 1948) para darle prestancia y relevancia a las recién remodeladas capillas de la vieja Catedral. 


La escultura, una talla en madera de cedro americano (Cedrela odorata), según las investigaciones del Cronista emérito de la ciudad de San Cristóbal, el Dr. J.J. Villamizar Molina, es obra del artesano merideño Don Antonio Ignacio Dávila Paredes (Pueblo Llano, 1844 - Capacho Nuevo, 1918), realizada en su taller de carpintería y ebasitería en la población de Capacho Nuevo.


Dávila presenta al mártir en un contrapposto estático: el peso descansa sobre la pierna derecha mientras la izquierda se flexiona levemente, otorgando un naturalismo contenido a la figura. Sus brazos, dispuestos en la posición canónica de su primer martirio, permanecen ocultos a la vista frontal, reforzando la verticalidad de la pieza. 


Se observan pequeñas grietas horizontales en en algunas secciones y en la base de la estatua que indican un probable movimiento natural de la madera por higroscopía. La policromía se mantiene íntegra en las zonas de carnación, lo que sugiere una imprimación de alta calidad, típica de talleres académicos de finales del siglo XIX o de maestros imagineros experimentados. 


Al tratarse de una talla de 1876, se enmarca en un período de historicismo y realismo académico, donde se busca una anatomía precisa combinada con una expresión devocional intensa. Por ello, el rostro está inclinado hacia arriba en actitud de "éxtasis" o resignación divina, alejándose del realismo del dolor para centrarse en la esperanza espiritual. La anatomía musculada y bien definida de esta talla no es solo un estudio físico por parte del escultor; en el arte sacro decimonónico representa la belleza moral. Así, según el pensamiento neoplatónico que persistió en la imaginería religiosa, un cuerpo armonioso, por ser imagen y semejanza de Dios desde la creación,  era asociado con el reflejo de una espiritualidad elevada, de un alma pura y santa.


En cuanto al craquelado que se observa en la policromía y el estilo del drapeado del paño, permiten diferenciar esta obra decimonónica de una barroca original por cuanto en el siglo XIX se tiende a una sobriedad más contenida y una "limpieza" en las líneas anatómicas.


Maestría técnica: El acabado a pulimento

Lo que más distingue a esta obra, y a la de San Cristóbal mártir de Licia, es la ejecución de la carnación a pulimento, el culmen de la policromía tradicional. Esta técnica buscaba trascender la naturaleza orgánica de la madera para emular la suavidad de la dermis humana o la frialdad satinada del mármol pulido.

El proceso, de una rigurosidad metódica, se divide en tres fases fundamentales:

1. El estucado o aparejo: Sobre el cedro tallado se aplican sucesivas capas de "yeso de bol" (yeso mate y cola), creando una superficie vítrea, carente de porosidad.


2. La policromía: Se aplican pigmentos finamente molidos mediante temple u óleo, construyendo las veladuras que dan vida a la piel.


El bruñido: Una vez seca, la superficie se somete a un frotado intenso con piedras de ágata o dientes de animales pulidos.


Este tratamiento elimina cualquier rastro de la herramienta o la pincelada, resultando en una "piel de porcelana" que, en el contexto teológico, simboliza el cuerpo glorioso: una santidad que ni las saetas ni el martirio logran corromper. 


Esta destreza técnica demuestra que los talleres tachirenses del XIX no solo estaban vigentes, sino que competían en calidad con la estatuaria importada de Europa. Las saetas, según fotografías antiguas de la imagen, eran de latón (semejando al color bronce) y de formas muy bien detalladas o elaboradas, para encajar en las oquedades de la cual salen imperceptibles hilos de sangre, ya oxidados, al igual que el barniz protector, por el tiempo, lo que le otorga esa inconfundible pátina de antigüedad. Como se observa en la fotografía, las flechas ya desaparecieron y no fueron remplazadas, acorde con el olvido o relego en el que estuvo por años.


Del olvido a la restauración científica

Tras décadas de ostracismo en los depósitos catedralicios, la efigie fue restituida al culto público en enero de 2024, gracias a la gestión del Pbro. Lucio León Duque. A pesar de su notable estado, la pieza presenta patologías menores que demandan una intervención bajo criterios de restauración científica.


Este enfoque emula la praxis ejecutada en la Catedral en 1970 por el escultor español Juan Martínez Cerrillo (1910-1989), traído a la ciudad de San Cristóbal por el erudito obispo Mons. Alejandro Fernández Feo, quien buscaba un técnico de primer nivel para evaluar las piezas antiguas de la Catedral. Martínez Cerillo identificó la antigüedad de piezas como el Señor del Limoncito (por un análisis morfológico y técnico que realizó, lo dato como perteneciente al gótico florido). 


También este enfoque se apoya en el precedente más reciente del Santo Cristo de La Grita (2017). El propósito fundamental no es la renovación estética o la búsqueda de una apariencia "novedosa", sino salvaguardar la integridad material y la legibilidad histórica del bien. Mediante análisis físico-químicos, se debe buscar frenar la degradación y recuperar la impronta original proyectada por el autor, Don Antonio Dávila, en 1876.



Contra el repinte: La ética y normativa eclesiástica de la conservación

Como ya lo hemos expuesto, al igual que en  trabajos anteriores como el del Santo Cristo de La Grita, San Miguel Arcángel o el Señor del Limoncito, debemos ser enfáticos: el repinte es un error técnico severo. La práctica recurrente de superponer estratos cromáticos contemporáneos, como ha sucedido en otros templos de la región (ej. Lobatera, 2006), sepulta de forma irreversible la pátina y las veladuras originales, en este caso, de Don Antonio Dávila.



Toda efigie religiosa debe ser comprendida como un documento histórico. Bajo la teología de la imagen tridentina y post-tridentina (luego del Concilio Vaticano II), estas piezas no son ornamentos, ni muebles, sino instrumentos de mediación divina. Su eficacia reside en su verdad material; alterar su acabado es anular su valor documental y su decoro sagrado. La conservación del San Sebastián mártir de la Catedral de San Cristóbal, de aquí en adelante, debe, por tanto, garantizar la reversibilidad y el respeto absoluto a la impronta de 1876.



Por ello, la legislación eclesiástica, en su función de salvaguarda del patrimonio histórico y artístico de la Iglesia Universal, establece una rigurosa normativa para cualquier intervención en bienes de naturaleza sacra. Con el fin de evitar alteraciones arbitrarias que desvirtúen la integridad de las imágenes antiguas, la Carta circular con la instrucción "Opera Artis", de 1971, emitida por la Santa Sede, es el primer documento oficial luego del Concilio Vaticano II, dedicada específicamente a la protección y conservación de los bienes culturales eclesiásticos. Assí se estableció la necesidad crítica de realizar inventarios y catálogos como instrumentos fundamentales para la salvaguardia del patrimonio artístico, prohibiendo explícitamente que los ministros sagrados realicen cambios en el patrimonio artístico sin la debida formación y autorización. Esta instrucción sirvió de precedente para normas posteriores en el Derecho Canónico.


Así, en 1983, en el nuevo Código de Derecho Canónico, el Canon 1189 prescribe taxativamente la necesidad de una asesoría técnica y especializada previa a cualquier proceso de restauración:

"Si han de ser reparadas imágenes que están expuestas a la veneración de los fieles en iglesias u oratorios, y destacan por su antigüedad, valor artístico o culto, nunca deben restaurarse sin licencia del Ordinario concedida por escrito; y este, antes de darla, debe consultar a personas peritas".


De allí que existan Comisiones Diocesanas de Patrimonio en la mayoría de las diócesis, como una delegación del Discasterio para la Cultura y Educación, en su área de Patrimonio Cultural de la Iglesia. La función de esta comisión o comisiones es fiscalizar que cualquier intervención al patrimonio cumpla con los criterios científicos de restauración (reversibilidad, mínima intervención y respeto al original).


Resumen

La imagen estudiada nos muestra un San Sebastián neoclásico del siglo XIX, tallado en la noble madera de cedro americano. Su martirio doloroso fue plasmado desde una visión espiritual de serenidad e idealización, lograda mediante un estudio anatómico preciso y, sobre todo, un acabado a pulimento magistral en su piel, que le confiere una calidad táctil y visual de alabastro o porcelana, elevándolo a un símbolo de perfección espiritual y resistencia heroica, coronado como un imitador de Cristo. El rico retablo neoclásico de mármoles de colores sirve de marco contrastante para la pureza de la forma de la escultura, y elevan el patrimonio cultural de la Iglesia Catedral de San Cristóbal a unos niveles de riqueza patrimonial e histórica superiores.





San Cristóbal mártir de Licia, santo titular de la Iglesia Catedral de San Cristóbal. Foto: Santiago X. Sánchez (Enero, 2025)




miércoles, 24 de enero de 2024

De Rerum Memoria. Dos documentos de 1818 para la historia del Táchira: Ratificación de San Sebastián como santo patrono de la Villa de San Cristóbal y de San Cristóbal mártir de Licia como santo titular de su iglesia matriz │Two Documents for the Táchira State History. A voyage through time




Mons. Rafael Lasso de la Vega (Santiago de Veragua, Panamá, 1764 - Quito, 1831), Obispo de Mérida de Maracaibo para 1818 (Foto: Samuel Hurtado, 2007. Óleo sobre lienzo que se conserva en el Palacio Arzobispal de la ciudad de Quito, Ecuador. Reproducción con fines didácticos).


Un estudio histórico-arquitectónico sobre la Catedral de San Cristóbal (Estado Táchira), se puede consultar en el siguiente enlace: "La Catedral de San Cristóbal, una obra hecha con el corazón" (2025).



Primer documento: Requerimiento episcopal


El Obispo de Mérida de Maracaibo, Mons. Rafael Lasso de la Vega envía una carta pastoral a todas las parroquias de su Diócesis solicitando información sobre los patronos de los pueblos y titulares de las iglesias parroquiales que lo hayan sido desde 1630. Esta comunicación llegó a San Cristóbal y el texto de la misma es el siguiente (se mantiene la ortografía del documento original):


“Rafael pr. la Gracia de Dios y de la Sta. Sede Apostólica. Obispo de Mérida de Maracaibo del Consejo de S. Magtd / Siendo uno de los beneficios que el pueblo Christiano debe reconocer dando por ello culto especial á Dios, tener y venerar algun Santo, Misterio ó advocación pr. Patrono del lugar ó Titular de su Iglesia: y estando mandado que cuando son canónicamente elegidos, tenga rezo y Misa respectivamente, abstinencia de obras serviles: deseando tambien en esta parte llenar los deberes de ntro. Ministerio, ordenamos á los Vs. Vicarios, que cada uno en su partido haga manifiesta esta ntra. notificación en todos los curatos; y que cada Cura exponga á su continuación cual sea el Patrono, ó el Titular en la inteliga. de que, si es Patrono, ha debido ser tenido como tal en quieta posesion desde antes del año de 1630; y si es titular propuesto como tal al Prelado, y concedido así al tiempo de edificarse la Iga. la primera vez. Si hubiere duda se expondrá también. Y si existieren documentos que acrediten algo de lo dicho se acompañarán en términos que hagan fé. Con ello podremos disponer en los calendarios de que Santos Misterios ó Advocaciones debe rezarse como tales Patronos ó titulares: y cuales exijan ulterior inquision ó diligencias. El cura que primero la reciba la pasará al segundo; [y así los demás) baxo de responsabilidad, y precepto que le imponemos. /Dada en N. Palacio Episcopal de la M. N. y L. ciudad de Marac°á 22 de abril de 1818./ RAFAEL./ Obispo de Merida de Marac° / Por mandato de S. S. I. el Obpo. Mi Señor / José Dion°. De Arriaga / Notro. Eccl. [Documento en: SILVA, Antonio Ramón, Mons., Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, Imprenta Diocesana, tomo IV, Mérida, 1922, pp. 103-104: Documento XXXIX].


Segundo documento: Decreto episcopal sobre los titulares y santos patronos de la Villa de San Cristóbal y su jurisdicción capitular eclesiástica


Una vez recibida las respuestas de cada una de las parroquias de la Diócesis, en el caso de la Vicaría capitular de la Villa de San Cristóbal, el Obispo de Mérida de Maracaibo, Mons. Rafael Lasso de la Vega decidió que:


“[f. 8.] Maracaibo, noviembre 20 de 1818. Por lo acordado con el Cabildo Eclesiástico declárase la quieta y pacífica posesión de San Sebastián en su Patronato de la Villa de San Cristóbal, observándose el mismo rito y solemnidad que en esta ciudad de Maracaibo y por titular al mismo San Cristóbal mártir de Licia, éste con sola solemnidad de Misa por el día en que cae, y habiendo primera Misa de Santiago, Patrono universal 
[nota: esta aclaratoria de precedencia de celebraciones la hizo el Obispo Lasso por cuanto las festividades de Santiago apóstol y San Cristóbal mártir de Licia coincidían en un mismo día, el 25 de julio,. Para estos casos, sobre el culto de dulía, las rúbricas tridentinas especificaban que en el calendario litúrgico romano las fiestas de los apóstoles tenían primacía sobre la de los santos mártires. Así, la primera misa del día 25 se celebraba en honor a Santiago apóstol y la siguiente en honor a San Cristóbal mártir de Licia]. Y San Sebastián celébrese con el voto de primera clase, octava y credo y fiesta de ambos preceptos [f. 8v.]. Por titular en Táriba Ntra. Sra. de Consolación, en el día 15 de agosto; en Lobatera Ntra. Sra. del Rosario de Chiquinquirá en su propio día que es la domínica primera de octubre; en Capacho el glorioso Apóstol San Pedro y en Guásimos, San Agatón papa y mártir en el 20 de enero. Todos los dichos titulares con el rito de primera clase, octava y credo, pero sin obligación aun de oír misa, si por otro motivo no fuere ya de precepto. Así se tendría presente para la formación de los calendarios, comunicándose al venerable Vicario de San Cristóbal para que en la parte que corresponda, circule su noticia a todos los curas. (sigue una línea tachada) El Obispo (existe una rúbrica). Ante Mí. José Dionisio de Arriaga, Secretario (existe una rúbrica). Se pasó oficio al Vicario con inserción del anterior Decreto”. [Archivo Arquidiocesano de Mérida, Curatos, 10.208, ff. 7-8v. SILVA, Antonio Ramón, Mons. Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, Imprenta Diocesana, tomo IV, Mérida, 1922, pp. 105-106: Documento XLI]


En cuanto a la Vicaría capitular de la ciudad de La Grita, decidió:


«Por lo acordado con el M. V. Cabildo Eclesiástico, declárese titular de la la S. I. parroquial de la ciudad de La Grita el Espíritu Santo cuya fiesta teniendo ya por la Iglesia Universal todo el rito correspondiente también á tal titular obsérvese sin innovación. Y sólo como Patrono menor la de la Transfiguración del Señor en la advocación del Santo Cristo de la dicha ciudad» [SILVA, Antonio Ramón, Mons. Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, tomo IV, Mérida, 1922, p. 104].

Es por todo lo anterior que, cumpliendo la tradición de la liturgia romana, en solemne ceremonia religiosa realizada miércoles el 5 de abril de 1961, el Obispo diocesano Mons. Alejandro Fernández-Feo Tinoco al consagrar el nuevo altar mayor de la recién remodelada Iglesia Catedral en la ciudad de San Cristóbal colocaba en las lipsanotecas de dicho nuevo altar, las reliquias de los mártires patronos San Sebastián y San Cristóbal, las cuales quedaban dignificadas por estar bajo la Mensa Domine o Mesa del Señor donde se rememoraba el sacrificio de Cristo y por el cual ellos fueron testigos y dieron su vida, confesando la misma la fe de los apóstoles, fueron mártires ["Grandiosa consagración de la Santa Iglesia Catedral, Traslado de las reliquias". Diario Católico, jueves 6 de abril de 1961, año XXXVII, No. 10790, portada, San Cristóbal].

Otra transcrición de estos documentos es la siguiente:

Solicitud de noticias sobre el patrono y titular de las parroquias tachirenses pertenecientes a la antigua provincia de Mérida de Maracaibo en el lapso comprendido entre 1630 (terminus ante quem) y 1818.

 

Se pide noticias de los Patrones ó Titulares. Abril, 22 de 1818

 

“Rafael pr. la Gracia de Dios y de la Sta. Sede Apostólica. Obispo de Mérida de Maracaibo del Consejo de S. Magtd / Siendo uno de los beneficios que el pueblo Christiano debe reconocer (dando por ello culto especial á Dios). tener y venerar algun Santo, Misterio ó advocación pr. Patrono del lugar ó Titular de su Iglesia: y estando mandado que cuando son canónicamente elegidos, tenga rezo y Misa respectivamente, abstinencia de obras serviles: deseando tambien en esta parte llenar los deberes de ntro. Ministerio, ordenamos á los Vs. Vicarios, que cada uno en su partido haga manifiesta esta ntra. notificación  en todos los curatos; y que cada Cura exponga á su continuación cual sea el Patrono, ó el Titular en la inteliga. de que si es Patrono, ha debido ser tenido como tal en quieta posesion desde antes del año de 1630; y si es titular propuesto como tal al Prelado, y concedido así al tiempo de edificarse la Iga. La primera vez. Si hubiere duda se expondrá tambien. Y si existieren documentos que acrediten algo de lo dicho se acompañarán en términos que hagan fé. Con ello podremos disponer en los calendarios de que Santos Misterios ó Advocaciones debe rezarse como tales Patronos ó titulares: y cuales exijan ulterior inquision ó diligencias. El cura que primero la reciba la pasará al segundo; [y asi los demas) baxo de responsabilidad, y precepto que le imponemos. /Dada en N. Palacio Episcopal de la M. N. y L. ciudad de Marac° á 22 de Abril de 1818./ RAFAEL./ Obispo de Merida de Marac° / Por mandato de S. S. I. el Opo. Mi Señor / José Dion°. De Arriaga / Noro. Mor. (SILVA, Antonio Ramón, Mons., Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, Imprenta Diocesana, tomo IV, Mérida, 1922, pp 103-104: Documento XXXIX)  

 

 

Patronos y titulares de la Vicaría de la Villa de San Cristóbal, Noviembre 20, de 1818

 

“[f. 8.] Maracaibo, noviembre 20 de 1818. Por lo acordado con el cabildo eclesiástico declárase la quieta y pacífica posesión de San Sebastián en su Patronato de la Villa de San Cristóbal, observándose el mismo rito y solemnidad que en esta ciudad de Maracaibo[1], y traslación de San Juan Crisóstomo del día octavo, y por titular al mismo San Cristóbal; éste con sola solemnidad de Misa por el día en que cae, y habiendo primera Misa de Santiago, Patrono universal. Y San Sebastián con el voto de primera clase, octava y credo y fiesta de ambos preceptos y por [f. 8v.] solo titular en Táriba Ntra. Sra. de Consolación, en el día 15 de agosto desde 1600[2]; en Lobatera Ntra. Sra. del Rosario de Chiquinquirá en su propio día que es la domínica primera de octubre; en Capacho el glorioso Apóstol San Pedro y en Guásimos San Agatón papa y mártir en el 20 de enero. Todos los dichos titulares con el rito de primera clase, octava y credo, pero sin obligación aun de oír misa, si por otro motivo no fuere ya de precepto. Así se tendría presente para la formación de los calendarios, comunicándose al venerable Vicario de San Cristóbal para que en la parte que corresponda, circule su noticia a todos los curas. (sigue una línea tachada) El Obispo (existe una rúbrica). Ante Mí. José Dionisio de Arriaga, Secretario (existe una rúbrica). Se pasó oficio al Vicario con inserción del anterior Decreto”. (Archivo Arquidiocesano de Mérida, Curatos, 10.208, ff. 7-8v. Publicado por CAMPO DEL POZO, Fernando de, OSA, La Virgen de la Consolación de Táriba, Universidad Católica del Táchira, 2001, pp.78-79).

 

 

Patronos y Titulares de la Vicaría de La Grita, 20 de noviembre de 1818

 

“Maracaibo 20 de Nove. de 1818./ Por lo acordado con el M. V. Cabdo. Ecco, declárase Titular de la ciudad de La Grita el Espíritu Santo cuya fiesta teniendo ya por la Iglesia uiversal todo el rito correspondiente tambien á tal Titular observese sin innovación. Y solo como patrono menor la de la Transfiguración en la advocación de Santo Cristo de dicha ciudad; y por lo que hace á la Parroquia de Bayladores, declárase igualte. como Titular y no como Patrono la Purificación de Ntra. Sora. con rito de primera clase, y su octava, si cupiese antes de cuaresma trasladándose San Franco. de Sales quando sea impedido con el día octavo, al primer día vaco. en el Calendario gral. que es el diez y ocho de Febrero, y como en dia fixo: para el pueblo de Bayladores la advocación de Nuestra Señora de Regla con el rito de prima. clase en el dia de su Natividad ocho de Setiembre; resérvase tomar providencia sobre los Patronos menores, y Titulares de Pregonero y Guaraque; de Pregonero S. Antonio y deb Guaraque Sta. Barbara. Todos los titulares con el rito de 1era clase, octava y credo; pero sin obligación ni aun de Misa, si pr. otro motivo no fueren yá de precepto; los Patronos menores con solo el rito de dobles mayores, así se tendrá presente pa. la formación de los calendarios comunicandose al Ve. Vicario de La Grita pa. qe en la parte qe. corresponda circúlese su noticia á todos los curas. El Obispo. Ante mí Dr. Carlos Rubio. Srio.” (SILVA, Antonio Ramón, Mons., Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, Imprenta Diocesana, tomo IV, Mérida, 1922, pp 104-105: Documento XL)

 Calendario Eclesiástico de los patronos y titulares de las parroquias tachirenses pertenecientes al antiguo Obispado de Mérida de Maracaibo, dispuesto y ordenado por Mons. Dr. D. Rafael Lazo de la Vega (Abril-noviembre de 1818)

 

 

Ciudad/Villa/Parroquia

Patrono del lugar y jurisdicción

Solemnidad o fiesta con doble precepto (fecha)

Titular de la Iglesia Mayor (o advocación a quien fue consagrado el templo)

Solemnidad o fiesta sin precepto (fecha)

Ciudad del Espíritu Santo de La Grita

La Transfiguración del Señor en la advocación del Santo Cristo de La Grita

6 de agosto

El Espíritu Santo

Día de Pentecostés

Villa de San Cristóbal

San Sebastián

20 de enero

San Cristóbal Mártir de Licia

25 de julio (con primacía de la Solemnidad del Apóstol Santiago, Patrono Universal de las Españas, en la primera misa del día)

Villa de Lobatera

-

-

Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá

En la solemnidad del Rosario, primer domingo de octubre

Parroquia de Táriba

-

-

Nuestra Señora de la Consolación de Táriba

15 de agosto

Parroquia de Capacho

-

-

San Pedro Apóstol

29 de junio

Parroquia de Guásimos

-

-

San Agatón Papa y mártir

20 de enero

Parroquia de Pregonero

 

 

San Antonio de Padua

13 de junio



[1] “Patrones y Titulares de la Vicaría de Maracaybo. Diciembre 19 de 1818/Por lo acordado con el M. V. Sr. Dean y Cabildo Ecco., declarase Patrono de esta ciudad y su jurisdicción al Glorioso Mártir S. Sebastian con su rito de primera clase y octava y festividad del día, con los preceptos de oir Misa y no trabajar; y pr. titulares á los Apóstoles S. Pedro y S. Pablo […]” en SILVA, Antonio Ramón, Mons., Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, Imprenta Diocesana, tomo IV, Mérida, 1922, pp 105-106: Documento XLI.

[2] Texto añadido entre líneas y con letra posterior



© Proyecto Experiencia Arte│Experience Art Project 2012-2024. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de las fotografías pertenecen a cada fotógrafo, grupo o institución mencionada.


sábado, 20 de enero de 2024

«Ni cobro andino, ni pago caraqueño» y «Gocho» desde una interesante clase | Decoding the cultural logic of "Ni cobro andino, ni pago caraqueño" and 'gocho'






Durante una de mis disertaciones sobre identidad latinoamericana en la Cátedra UNESCO de la Universidad de Deusto, surgió una anécdota interesante que quiero compartir. Una estudiante venezolana, oriunda de Valencia, reaccionó con una mezcla de asombro y curiosidad cuando me presenté como «ciudadano de la República del Táchira».


Aquel encuentro devino en un diálogo profundo sobre la autopercepción y los códigos del reconocimiento regional. Con notable perspicacia, la joven me interrogó sobre dos de nuestros elementos icónicos: el origen de la palabra «gocho» y la sentencia histórica: «Ni cobro andino ni pago caraqueño».


En mi condición de estudioso de la filología, le confesé que, tras años de investigación buscnado el origen y prueba plena de esa palabra, me hallo en una suerte de parálisis investigativa: un punto donde las fuentes documentales parecen agotarse en callejones sin salida al apuntar, los indicios, en direcciones diferentes. Por ello, frente a la especulación, mi método de investigación siempre se aferra a la evidencia fáctica o prueba de indicios. Siempre sigo el consejo de mi referente Sherlock Holmes quien afirmaba que es un error capital teorizar antes de tener datos que apunten en un único sentido. Insensiblemente, uno empieza a deformar los hechos para que se ajusten a las teorías (en el caso que nos ocupa serían las fábulas, cuentos de camino, anécdotas y relatos construidos sin sustento), en lugar de ajustar las teorías a los hechos. 


Por igual, esto nos nos lo recuerda el juez británico Lord Pollock (s. XIX), que la prueba de indicios no es una "cadena" (donde si un eslabón se rompe, la cadena falla), sino más bien una cuerda de hilos entrelazados: "Uno puede ser débil, pero la unión de muchos hilos puede formar una cuerda de una fuerza tal que sea suficiente para sostener el peso de la convicción". Verdadera explicación, ante la ausencia de pruebas directas o plenas, de la fuerza probatoria de los indicios ante toda duda razonable.


De allí que en el caso que estudiamos nos preguntemos prieramente: ¿Qué dicen realmente los documentos?


Para el tachirense, esta palabra no es unívoca; es un laberinto semántico que transita entre la geografía, la etimología y la anécdota. Estos son los tres hitos fundamentales que, hasta ahora, he logrado sistematizar:


1. El rastro en la narrativa petrolera del Zulia

La primera aparición del vocablo como gentilicio neutro se localiza en la novela "Mene" (1936), de Ramón Díaz Sánchez. El autor sitúa la expresión en el contexto de las riberas del Lago de Maracaibo, específicamente en Cabimas, donde la migración andina hacia la industria petrolera era incesante. Allí, un personaje se refiere a un pulpero andino como «paisa» y «gocho», sin una carga peyorativa evidente. No obstante, para 1966, el historiador zuliano Rodolfo Luzardo, en su libro «Lenguaje zuliano: castellano, modismos y barbarismos» ya la clasificaba como una expresión zuliana despectiva nacida de las asperezas políticas del período gomecista.


2. La especificidad de Lobatera

Hacia el interior del Táchira, la génesis documental toma un rumbo distinto. En la obra «Ventisca» (1938), de Luis Felipe Prato, el término identifica exclusivamente a los naturales de Lobatera.

3. Incidente auricular

Desde una perspectiva técnica-etimológica, autores de la talla de Tulio Chiossone y Emilio Constantino Guerrero sostienen que, originalmente, en el Táchira, «gocho» describía una condición física: la falta de una oreja (por accidente, anotia o microtia). Esta acepción guarda una estrecha relación filológica con el vocablo «gacho» (animal de oreja caída). En este estrato histórico, la palabra carecía de vinculación con el gentilicio o el insulto; era, estrictamente, una descripción anatómica.


Del silencio documental a la generalización del gentilicio

Resulta paradigmático que los grandes cronistas de entresiglos, como el General Francisco Alvarado o José Rafael Pocaterra, ignoraran el término en su vasta obra, prefiriendo denominaciones como andino, tachirense, capachero o chácharo o chácaro.



La palabra no ingresa al canon de los boletines lingüísticos oficiales sino hasta 1948. Según Nemecio Parada (1969), fue en el centro de Venezuela donde el uso se extendió para englobar a todo el colectivo tachirense, oscilando pendularmente entre la sorna y el afecto.


La sentencia de Castro y Pocaterra

Para concluir nuestro diálogo, el cual siguió toda la clase con interés, abordamos el aforismo: «Ni cobro andino ni pago caraqueño». Le aclaré que dicha frase sólo aparece documentada en las memorias de su coterráneo, José Rafael Pocaterra. Aunque este se la atribuye al General Cipriano Castro, no existe prueba documental de que él la pronunciara. No obstante, es una construcción ben trovato (bien hilada) que describe con precisión la agudeza salomónica de Castro antes de que el poder y las camarillas cortesanas de la capital obnubilaran su sindéresis.


Para cerrar, le resumimos que ser «gocho», para un tachirense, es hoy el resultado de un complejo tejido histórico. Una palabra que, probablemente, surgió como mote en las riberas del Lago, se nutrió de la tradición oral de Lobatera y acabó convertida en un símbolo de identidad. Una identidad que, si bien analizo con distancia académica -y no comparto- respeto profundamente en quienes la asumen como bandera.


Imagen de acompañamiento elaborada por Bernardo Zinguer mediante IA como apoyo visual del contenido.


jueves, 18 de enero de 2024

La palabra “Gocho”. Una voz tachirense que se mueve entre la sorna y el halago│The word 'Gocho': A Tachiran-specific term that's both playfully teasing and genuinely complimentary









Samir A. Sánchez, 2017 [Separata del trabajo titulado "EL SER TACHIRENSE: por una reconstrucción de su identidad cultural a partir de sus gentilicios. Samir A. Sánchez, Proyecto Experiencia Arte, Nº 4, 2020]




La palabra «Gocho». Una voz tachirense que se mueve entre la sorna y el halago


El presente estudio aborda la palabra tachirense «gocho» desde una perspectiva etimológica y filológica, excluyendo cualquier sesgo de confirmación. Concebido como una investigación diacrónica, tiene como objetivo desentrañar los orígenes, significados y connotaciones, documentadas, más remotas de la misma. Para lograrlo, se ha llevado a cabo una exhaustiva búsqueda y exégesis de fuentes documentales históricas que hacen referencia a este término, constituyendo la base fundamental para la reconstrucción de su trayectoria lingüística y semántica, resultando en un intenso recorrido desde sus orígenes preindoeuropeos en las montañas vascas penínsulares de Euskal Herria hasta finalizar como adjetivo castellano calificativo de universalidad andina tachirense, o venezolana, en los tiempos presentes.


The word "Gocho": a Táchira term oscillating between derision and compliment

The present study addresses the Tachiran term 'gocho' from an etymological and philological perspective, excluding any confirmation bias. Conceived as a diachronic investigation, its objective is to unravel the documented, most remote origins, meanings, and connotations of the word. To achieve this, an exhaustive search and exegesis of historical documentary sources referring to this term has been conducted, forming the fundamental basis for reconstructing its linguistic and semantic trajectory. This has resulted in a rigorous journey from its pre-Indo-European origins in the Peninsular Basque mountains of Euskal Herria, culminating in its current status as a universalising Castilian adjective qualifying the Andean identity of Táchira, or indeed Venezuela, in the present day.


Para descargar el anterior trabajo o separata sobre el origen y uso de la palabra "Gocho" en el Estado Táchira y Venezuela, en formato PDF, haga click aquí:


To download the aforementioned work, or offprint, regarding the origin and usage of the word 'Gocho' in Táchira State and Venezuela, in PDF format, kindly click here:








 

miércoles, 17 de enero de 2024

ADN Ancestral del Táchira: Relación genética entre poblaciones antiguas y actuales│Ancient Tachiran DNA, Genetics & Genealogy. Unlocking the Past




Foto: Portada de la Revista Táchira Histórica. Nº 15, octubre-diciembre 2023. San Cristóbal, Estado Táchira. Diseño de José Antonio Pulido Zambrano (2023). Reproducción autorizada y con fines educativos.





Tras las antiguas huellas genómicas: El ADN mitocondrial tachirense


PROYECTO EXPERIENCIA ARTE tiene el honor de difundir el exhaustivo estudio del Dr. Bernardo Zinguer (2023) quien, al frente de un equipo interdisciplinario, ha logrado un hito científico: el primer análisis del perfil genético de nativos adultos contemporáneos en el Estado Táchira, seleccionados bajo un criterio de rigurosa raigambre ancestral.


Un linaje documentado: Del archivo sacramental al genoma

La singularidad de esta investigación radica en su metodología de selección. Los sujetos de estudio poseen una ascendencia rastreable documentalmente como habitantes del Táchira desde el siglo XVIII, verificada a través de los libros sacramentales de las parroquias eclesiásticas más antiguas de la región. Destaca, entre los perfiles analizados, el ADN del hombre que ostentó el récord de longevidad mundial durante el estudio, oriundo de la aldea Mesa de Pernía, cerca de El Cobre (n. 1909). Este rigor documental permite revelar, con precisión científica, los patrones de la compleja y valiosa estructura poblacional tachirense.


Genética de poblaciones: El mapa de nuestra identidad

Bajo la premisa de la genética de poblaciones, el estudio utiliza el ácido desoxirribonucleico (ADN) como un cronista molecular. Dado que cada región geográfica posee una huella genómica distintiva, forjada tras milenios de aislamiento y adaptación prehistórica, este trabajo constituye el primer mapa genético del Táchira.

Como señala Anthony Wilder Wohns (Science, 2022), se trata de "comprender la historia humana escrita en nuestros genes". En el contexto regional, esto ofrece una perspectiva inédita sobre el impacto de los movimientos migratorios antiguos en la configuración de la sociedad actual.

Metodología: La lectura de la memoria biológica

¿Cómo se interpreta el código genético tachirense? El estudio empleó el método de agrupación de coincidencias de material genético, contrastando las muestras locales con paneles de referencia de poblaciones antiguas y modernas almacenadas en bases de datos globales.

Este proceso de triangulación permite identificar segmentos de ADN que convergen en antepasados comunes. Al compartir un origen geográfico y cultural específico, estos segmentos permiten establecer modelos genético-étnicos que distinguen a las poblaciones nativas. Cualquier desplazamiento migratorio, por remoto que sea, deja una señal rastreable hasta su lugar de origen.

Resultados: Un viaje del Pleistoceno al mestizaje

Los resultados se presentan como un fascinante periplo temporal. Los porcentajes de ascendencia revelados vinculan al pueblo tachirense con:

Las corrientes paleoamericanas originales (procedentes de Asia hace más de 23.000 años).


Oleadas migratorias posteriores de hace 13.000 años.


El intenso intercambio genético derivado del contacto con Europa a partir del siglo XV.

Es, en esencia, un recorrido inseparable entre la crónica histórica y las biomoléculas del genoma humano.


Conclusión: E pluribus unum

Mediante una intrincada triangulación entre el ADN mitocondrial (linaje materno), el ADN nuclear (herencia bilateral) y el haplotipo del cromosoma Y (linaje paterno uniparental), la investigación sintetiza la diversidad y las dinámicas migratorias que se hicieron homogéneas en el territorio.

Bajo el crisol de la imponente geografía andina tachirense se ha forjado, como dirían los latinos clásicos, un verdadero Ex pluribus gentibus una («De muchas estirpes, una»). Este genoma mestizo es la base biológica sobre la cual se asienta nuestro carácter, nuestra cultura y nuestra tachirensidad: una identidad única que nos define como parte integrante de la humanidad.


Samir A. Sánchez, Deusto-Bilbao (España), enero de 2024.


● Artículo de investigación publicado originalmente en la Revista Táchira Histórica, Nº 15, octubre-diciembre 2023. Forma parte de otros tres artículos relacionados que contextualizan el primer estudio sobre el ADN tachirense. Reproducido por Proyecto Experiencia-Arte con autorización y para fines educativos.

● La versión completa del trabajo, en archivo PDF, se puede descargar aquí: ADN ancestral tachirense.





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