domingo, 28 de enero de 2024

Auto-reflexión y Naturaleza. Fotografía conceptual de Ender Rodríguez │ Ender Rodríguez: Nature and Self-reflection from Conceptual Photography






En palabras de su autor...

Este libro fotográfico resulta ser una pequeñísima síntesis visual y reflexiva que utilizo como “modo estético subjetivo” para relatar lo que vivo, lo que he vivido y lo que me inquieta a futuro en la vida. Es decir -y para que no suene tan abstracto-, me refiero a una manera de mostrar que quien nace en medio de quebradas –todavía- limpias, y quien jugaba libremente a mis 10 años pescando pececillos de colores en 1982 en la quebrada “La Potrera o La Arenosa”, hoy las ve -desde hace décadas- y las nota en su mayoría contaminadas. 


Desde muy pequeño siempre fue mi Barrio Sucre y Bajumbal de San Cristóbal, Venezuela frontera con Colombia, mi gran hogar. Cuando había violencia en casa, los riachuelos y los senderos boscosos eran un refugio sagrado para mí. De los 18 a 20 años me fui de casa, y convivo en la amazonía venezolana 4 años gracias a una ONG (con José María Korta) y junto a los indígenas piaroa desde proyectos de fortalecimiento de las culturas amazónicas. Pasamos de defender causas justas y arriesgar la vida ante poderes económicos extractivistas a convertir esas premisas valiosísimas, en otras premisas estéticas igualmente cargadas de un valor intrínseco y semántico ecléctico.


Esto me permite asumir visiones del futuro para nuestra tierra Gaia desde lo artístico también. Al adentrarse en el libro, la muerte y la destrucción te golpea directo a la cara, día a día. De hecho, unas fotos nos hablan de las almas de nuestros hermanos árboles muertos y desencajados en el karma universal. Yo como autor, juego a incluir símbolos, signos, colores, manejos compositivos y demás. Trabajo el auto-retrato diferente, hacia “el otro verse”. Elementos lúdicos y juguetones aparecen en el libro, a pesar de que varios mensajes son fuertes o dramáticos. 


Mamá Natura no deja de ser parte con su abrazo y su resquemor, su quejido. He aquí un pequeño intento de arte y reflexión hacia adentro y hacia afuera. Por otro lado, he desarrollado una manera estructurada de hacer arte pintando con la naturaleza, y mi lema es “salvar bosques para tener casa y para vivir; y sembrar jardines para tener pintura y al expresarnos, ser libres”.


Ender Rodríguez, Enero de 2024

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viernes, 26 de enero de 2024

El esplendor del neoclásico en la Catedral de San Cristóbal: La escultura en madera y la técnica del pulimento en la obra del imaginero sacro Don Antonio Ignacio Dávila (Capacho Nuevo, 1876) │ Neoclassical Splendor in San Cristóbal Cathedral: Sacred Wood Sculpture and Polishing Techniques by Antonio Ignacio Dávila (1876)






Histórica talla en madera policromada y acabado en pulimento de San Sebastián mártir, santo patrono de la ciudad de San Cristóbal. La imagen nos muestra un San Sebastián neoclásico del siglo XIX, tallado en la noble madera de cedro americano. Su martirio doloroso fue plasmado desde ese enfoque neoclásico con el cual fue hecho, como una visión espiritual de serenidad e idealización, lograda mediante un estudio anatómico preciso y, sobre todo, un acabado a pulimento magistral en su piel, que le confiere una calidad táctil y visual de alabastro o porcelana, elevándolo a un símbolo de perfección espiritual y resistencia heroica, coronado como un imitador de Cristo. Por igual, el rico retablo neoclásico de mármoles de colores sirve de marco contrastante para la pureza de la forma de la escultura, y elevan el patrimonio cultural de la Iglesia Catedral de San Cristóbal a unos niveles de riqueza patrimonial e histórica superiores. Fotos: Santiago X. Sánchez (Enero, 2025)


La Iglesia Catedral de San Cristóbal, en el Estado Táchira, custodia en su seno un conjunto escultórico de excepcional valor que nos remite a la maestría de los talleres europeos, con esculturas ya estudiadas (El Señor de Limoncito y San Miguel Arcángel o Santa Leocadia de Toledo, en Lobatera) y locales del siglo XVII (El Santo Cristo de La Grita). y de finales del siglo XIX. 


En 1876, por encargo eclesiástico, luego del terremoto del 18 de mayo de 1875 que destruyó el templo,  se ejecutaron dos tallas, gemelas en su origen, destinadas a coexistir en un mismo conjunto arquitectónico: las imágenes de San Sebastián mártir y San Cristóbal mártir de Licia.


Ambas piezas comparten no solo su origen cronológico y autorial, sino también su ubicación en altares de idéntica factura, labrados en nobles mármoles de la Toscana. No obstante, para efectos de este análisis, centraremos nuestra atención en la efigie de San Sebastián; por cuanto las consideraciones técnicas, estéticas y materiales que aquí se exponen son plenamente aplicables a su par iconográfico, San Cristóbal, mártir de Licia, situado en la nave de la Epístola (sur).


Marco arquitectónico y análisis iconográfico e iconológico

La imagen de San Sebastián preside actualmente la nave del Evangelio (norte), enmarcada en un altar donde la sobriedad del neoclasicismo dialoga con la policromía pétrea de los mármoles italianos. El conjunto exhibe una refinada combinación de blancos de Carrara, rojos de Monsummano y verdes oscuros de Prato, complementados con columnas y casetones de tipo cipollini (mármol de Caristo). Este altar y su idéntico con la imagen de San Cristóbal mártir de Licia, fueron traidos de Italia a fines de la década de los años veinte del pasado siglo, por el ilustre levita Mons. Dr- José Primitivo Galaviz Cárdenas (Capacho, 1870 - San Cristóbal, 1948) para darle prestancia y relevancia a las recién remodeladas capillas de la vieja Catedral. 


La escultura, una talla en madera de cedro americano (Cedrela odorata), según las investigaciones del Cronista emérito de la ciudad de San Cristóbal, el Dr. J.J. Villamizar Molina, es obra del artesano merideño Don Antonio Ignacio Dávila Paredes (Pueblo Llano, 1844 - Capacho Nuevo, 1918), realizada en su taller de carpintería y ebasitería en la población de Capacho Nuevo.


Dávila presenta al mártir en un contrapposto estático: el peso descansa sobre la pierna derecha mientras la izquierda se flexiona levemente, otorgando un naturalismo contenido a la figura. Sus brazos, dispuestos en la posición canónica de su primer martirio, permanecen ocultos a la vista frontal, reforzando la verticalidad de la pieza. 


Se observan pequeñas grietas horizontales en en algunas secciones y en la base de la estatua que indican un probable movimiento natural de la madera por higroscopía. La policromía se mantiene íntegra en las zonas de carnación, lo que sugiere una imprimación de alta calidad, típica de talleres académicos de finales del siglo XIX o de maestros imagineros experimentados. 


Al tratarse de una talla de 1876, se enmarca en un período de historicismo y realismo académico, donde se busca una anatomía precisa combinada con una expresión devocional intensa. Por ello, el rostro está inclinado hacia arriba en actitud de "éxtasis" o resignación divina, alejándose del realismo del dolor para centrarse en la esperanza espiritual. La anatomía musculada y bien definida de esta talla no es solo un estudio físico por parte del escultor; en el arte sacro decimonónico representa la belleza moral. Así, según el pensamiento neoplatónico que persistió en la imaginería religiosa, un cuerpo armonioso, por ser imagen y semejanza de Dios desde la creación,  era asociado con el reflejo de una espiritualidad elevada, de un alma pura y santa.


En cuanto al craquelado que se observa en la policromía y el estilo del drapeado del paño, permiten diferenciar esta obra decimonónica de una barroca original por cuanto en el siglo XIX se tiende a una sobriedad más contenida y una "limpieza" en las líneas anatómicas.


Maestría técnica: El acabado a pulimento

Lo que más distingue a esta obra, y a la de San Cristóbal mártir de Licia, es la ejecución de la carnación a pulimento, el culmen de la policromía tradicional. Esta técnica buscaba trascender la naturaleza orgánica de la madera para emular la suavidad de la dermis humana o la frialdad satinada del mármol pulido.

El proceso, de una rigurosidad metódica, se divide en tres fases fundamentales:

1. El estucado o aparejo: Sobre el cedro tallado se aplican sucesivas capas de "yeso de bol" (yeso mate y cola), creando una superficie vítrea, carente de porosidad.


2. La policromía: Se aplican pigmentos finamente molidos mediante temple u óleo, construyendo las veladuras que dan vida a la piel.


El bruñido: Una vez seca, la superficie se somete a un frotado intenso con piedras de ágata o dientes de animales pulidos.


Este tratamiento elimina cualquier rastro de la herramienta o la pincelada, resultando en una "piel de porcelana" que, en el contexto teológico, simboliza el cuerpo glorioso: una santidad que ni las saetas ni el martirio logran corromper. 


Esta destreza técnica demuestra que los talleres tachirenses del XIX no solo estaban vigentes, sino que competían en calidad con la estatuaria importada de Europa. Las saetas, según fotografías antiguas de la imagen, eran de latón (semejando al color bronce) y de formas muy bien detalladas o elaboradas, para encajar en las oquedades de la cual salen imperceptibles hilos de sangre, ya oxidados, al igual que el barniz protector, por el tiempo, lo que le otorga esa inconfundible pátina de antigüedad. Como se observa en la fotografía, las flechas ya desaparecieron y no fueron remplazadas, acorde con el olvido o relego en el que estuvo por años.


Del olvido a la restauración científica

Tras décadas de ostracismo en los depósitos catedralicios, la efigie fue restituida al culto público en enero de 2024, gracias a la gestión del Pbro. Lucio León Duque. A pesar de su notable estado, la pieza presenta patologías menores que demandan una intervención bajo criterios de restauración científica.


Este enfoque emula la praxis ejecutada en la Catedral en 1970 por el escultor español Juan Martínez Cerrillo (1910-1989), traído a la ciudad de San Cristóbal por el erudito obispo Mons. Alejandro Fernández Feo, quien buscaba un técnico de primer nivel para evaluar las piezas antiguas de la Catedral. Martínez Cerillo identificó la antigüedad de piezas como el Señor del Limoncito (por un análisis morfológico y técnico que realizó, lo dato como perteneciente al gótico florido). 


También este enfoque se apoya en el precedente más reciente del Santo Cristo de La Grita (2017). El propósito fundamental no es la renovación estética o la búsqueda de una apariencia "novedosa", sino salvaguardar la integridad material y la legibilidad histórica del bien. Mediante análisis físico-químicos, se debe buscar frenar la degradación y recuperar la impronta original proyectada por el autor, Don Antonio Dávila, en 1876.



Estado de la antigua talla de San Sebastián, luego de ser rescatada de los depósitos de la Sacristía de la Catedral , desempolvada y devuelta a su altar para la veneración pública (Enero de 2025).


Contra el repinte: La ética y normativa eclesiástica de la conservación

Como ya lo hemos expuesto, al igual que en  trabajos anteriores como el del Santo Cristo de La Grita, San Miguel Arcángel o el Señor del Limoncito, debemos ser enfáticos: el repinte es un error técnico severo. La práctica recurrente de superponer estratos cromáticos contemporáneos, como ha sucedido en otros templos de la región (ej. Lobatera, 2006), sepulta de forma irreversible la pátina y las veladuras originales, en este caso, de Don Antonio Dávila.



Toda efigie religiosa debe ser comprendida como un documento histórico. Bajo la teología de la imagen tridentina y post-tridentina (luego del Concilio Vaticano II), estas piezas no son ornamentos, ni muebles, sino instrumentos de mediación divina. Su eficacia reside en su verdad material; alterar su acabado es anular su valor documental y su decoro sagrado. La conservación del San Sebastián mártir de la Catedral de San Cristóbal, de aquí en adelante, debe, por tanto, garantizar la reversibilidad y el respeto absoluto a la impronta de 1876.



Por ello, la legislación eclesiástica, en su función de salvaguarda del patrimonio histórico y artístico de la Iglesia Universal, establece una rigurosa normativa para cualquier intervención en bienes de naturaleza sacra. Con el fin de evitar alteraciones arbitrarias que desvirtúen la integridad de las imágenes antiguas, la Carta circular con la instrucción "Opera Artis", de 1971, emitida por la Santa Sede, es el primer documento oficial luego del Concilio Vaticano II, dedicada específicamente a la protección y conservación de los bienes culturales eclesiásticos. Assí se estableció la necesidad crítica de realizar inventarios y catálogos como instrumentos fundamentales para la salvaguardia del patrimonio artístico, prohibiendo explícitamente que los ministros sagrados realicen cambios en el patrimonio artístico sin la debida formación y autorización. Esta instrucción sirvió de precedente para normas posteriores en el Derecho Canónico.


Así, en 1983, en el nuevo Código de Derecho Canónico, el Canon 1189 prescribe taxativamente la necesidad de una asesoría técnica y especializada previa a cualquier proceso de restauración:

"Si han de ser reparadas imágenes que están expuestas a la veneración de los fieles en iglesias u oratorios, y destacan por su antigüedad, valor artístico o culto, nunca deben restaurarse sin licencia del Ordinario concedida por escrito; y este, antes de darla, debe consultar a personas peritas".


De allí que existan Comisiones Diocesanas de Patrimonio en la mayoría de las diócesis, como una delegación del Discasterio para la Cultura y Educación, en su área de Patrimonio Cultural de la Iglesia. La función de esta comisión o comisiones es fiscalizar que cualquier intervención al patrimonio cumpla con los criterios científicos de restauración (reversibilidad, mínima intervención y respeto al original).


Resumen

La imagen estudiada nos muestra un San Sebastián neoclásico del siglo XIX, tallado en la noble madera de cedro americano. Su martirio doloroso fue plasmado desde una visión espiritual de serenidad e idealización, lograda mediante un estudio anatómico preciso y, sobre todo, un acabado a pulimento magistral en su piel, que le confiere una calidad táctil y visual de alabastro o porcelana, elevándolo a un símbolo de perfección espiritual y resistencia heroica, coronado como un imitador de Cristo. El rico retablo neoclásico de mármoles de colores sirve de marco contrastante para la pureza de la forma de la escultura, y elevan el patrimonio cultural de la Iglesia Catedral de San Cristóbal a unos niveles de riqueza patrimonial e histórica superiores.





Imagen más antigua (hasta la fecha) de una fiesta litúrgica y procesión con la imagen de San Sebastián (la escultura de Don Antonio Dávila de 1876, y con paño de terciopelo como perizoma), San Cristóbal, 20 de enero de 1899. Se observan por igual a los antiguos "horqueteros", hombres quienes portaban una vara larga, por lo general de caña, arreglada en uno de sus extremos con una hendidura que generaba dos puntas o la "horqueta" (horquilla) y servían para levantar los cables del telégrafo o eléctricos en las calles, permitiendo de esta forma el paso de las imágenes procesionales sin peligro de enganche o enredo. En el uso doméstico, las horquillas, varas o cañas se empleaban para bajar naranjas y otras frutas en los patios o jardines internos y solares. Biblioteca (sección de Fototeca) de la Academia de Historia del Táchira (2020). Reproducción con fines didácticos.






San Cristóbal mártir de Licia, santo titular de la Iglesia Catedral de San Cristóbal. Foto: Santiago X. Sánchez (Enero, 2025)




miércoles, 24 de enero de 2024

De Rerum Memoria. Dos documentos de 1818 para la historia del Táchira: Ratificación de San Sebastián como santo patrono de la Villa de San Cristóbal y de San Cristóbal mártir de Licia como santo titular de su iglesia matriz │Two Documents for the Táchira State History. A voyage through time




Mons. Rafael Lasso de la Vega (Santiago de Veragua, Panamá, 1764 - Quito, 1831), Obispo de Mérida de Maracaibo para 1818 (Foto: Samuel Hurtado, 2007. Óleo sobre lienzo que se conserva en el Palacio Arzobispal de la ciudad de Quito, Ecuador. Reproducción con fines didácticos).


Un estudio histórico-arquitectónico sobre la Catedral de San Cristóbal (Estado Táchira), se puede consultar en el siguiente enlace: "La Catedral de San Cristóbal, una obra hecha con el corazón" (2025).



Primer documento: Requerimiento episcopal


El Obispo de Mérida de Maracaibo, Mons. Rafael Lasso de la Vega envía una carta pastoral a todas las parroquias de su Diócesis solicitando información sobre los patronos de los pueblos y titulares de las iglesias parroquiales que lo hayan sido desde 1630. Esta comunicación llegó a San Cristóbal y el texto de la misma es el siguiente (se mantiene la ortografía del documento original):


“Rafael pr. la Gracia de Dios y de la Sta. Sede Apostólica. Obispo de Mérida de Maracaibo del Consejo de S. Magtd / Siendo uno de los beneficios que el pueblo Christiano debe reconocer dando por ello culto especial á Dios, tener y venerar algun Santo, Misterio ó advocación pr. Patrono del lugar ó Titular de su Iglesia: y estando mandado que cuando son canónicamente elegidos, tenga rezo y Misa respectivamente, abstinencia de obras serviles: deseando tambien en esta parte llenar los deberes de ntro. Ministerio, ordenamos á los Vs. Vicarios, que cada uno en su partido haga manifiesta esta ntra. notificación en todos los curatos; y que cada Cura exponga á su continuación cual sea el Patrono, ó el Titular en la inteliga. de que, si es Patrono, ha debido ser tenido como tal en quieta posesion desde antes del año de 1630; y si es titular propuesto como tal al Prelado, y concedido así al tiempo de edificarse la Iga. la primera vez. Si hubiere duda se expondrá también. Y si existieren documentos que acrediten algo de lo dicho se acompañarán en términos que hagan fé. Con ello podremos disponer en los calendarios de que Santos Misterios ó Advocaciones debe rezarse como tales Patronos ó titulares: y cuales exijan ulterior inquision ó diligencias. El cura que primero la reciba la pasará al segundo; [y así los demás) baxo de responsabilidad, y precepto que le imponemos. /Dada en N. Palacio Episcopal de la M. N. y L. ciudad de Marac°á 22 de abril de 1818./ RAFAEL./ Obispo de Merida de Marac° / Por mandato de S. S. I. el Obpo. Mi Señor / José Dion°. De Arriaga / Notro. Eccl. [Documento en: SILVA, Antonio Ramón, Mons., Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, Imprenta Diocesana, tomo IV, Mérida, 1922, pp. 103-104: Documento XXXIX].


Segundo documento: Decreto episcopal sobre los titulares y santos patronos de la Villa de San Cristóbal y su jurisdicción capitular eclesiástica


Una vez recibida las respuestas de cada una de las parroquias de la Diócesis, en el caso de la Vicaría capitular de la Villa de San Cristóbal, el Obispo de Mérida de Maracaibo, Mons. Rafael Lasso de la Vega decidió que:


“[f. 8.] Maracaibo, noviembre 20 de 1818. Por lo acordado con el Cabildo Eclesiástico declárase la quieta y pacífica posesión de San Sebastián en su Patronato de la Villa de San Cristóbal, observándose el mismo rito y solemnidad que en esta ciudad de Maracaibo y por titular al mismo San Cristóbal mártir de Licia, éste con sola solemnidad de Misa por el día en que cae, y habiendo primera Misa de Santiago, Patrono universal 
[nota: esta aclaratoria de precedencia de celebraciones la hizo el Obispo Lasso por cuanto las festividades de Santiago apóstol y San Cristóbal mártir de Licia coincidían en un mismo día, el 25 de julio,. Para estos casos, sobre el culto de dulía, las rúbricas tridentinas especificaban que en el calendario litúrgico romano las fiestas de los apóstoles tenían primacía sobre la de los santos mártires. Así, la primera misa del día 25 se celebraba en honor a Santiago apóstol y la siguiente en honor a San Cristóbal mártir de Licia]. Y San Sebastián celébrese con el voto de primera clase, octava y credo y fiesta de ambos preceptos [f. 8v.]. Por titular en Táriba Ntra. Sra. de Consolación, en el día 15 de agosto; en Lobatera Ntra. Sra. del Rosario de Chiquinquirá en su propio día que es la domínica primera de octubre; en Capacho el glorioso Apóstol San Pedro y en Guásimos, San Agatón papa y mártir en el 20 de enero. Todos los dichos titulares con el rito de primera clase, octava y credo, pero sin obligación aun de oír misa, si por otro motivo no fuere ya de precepto. Así se tendría presente para la formación de los calendarios, comunicándose al venerable Vicario de San Cristóbal para que en la parte que corresponda, circule su noticia a todos los curas. (sigue una línea tachada) El Obispo (existe una rúbrica). Ante Mí. José Dionisio de Arriaga, Secretario (existe una rúbrica). Se pasó oficio al Vicario con inserción del anterior Decreto”. [Archivo Arquidiocesano de Mérida, Curatos, 10.208, ff. 7-8v. SILVA, Antonio Ramón, Mons. Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, Imprenta Diocesana, tomo IV, Mérida, 1922, pp. 105-106: Documento XLI]


En cuanto a la Vicaría capitular de la ciudad de La Grita, decidió:


«Por lo acordado con el M. V. Cabildo Eclesiástico, declárese titular de la la S. I. parroquial de la ciudad de La Grita el Espíritu Santo cuya fiesta teniendo ya por la Iglesia Universal todo el rito correspondiente también á tal titular obsérvese sin innovación. Y sólo como Patrono menor la de la Transfiguración del Señor en la advocación del Santo Cristo de la dicha ciudad» [SILVA, Antonio Ramón, Mons. Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, tomo IV, Mérida, 1922, p. 104].

Es por todo lo anterior que, cumpliendo la tradición de la liturgia romana, en solemne ceremonia religiosa realizada miércoles el 5 de abril de 1961, el Obispo diocesano Mons. Alejandro Fernández-Feo Tinoco al consagrar el nuevo altar mayor de la recién remodelada Iglesia Catedral en la ciudad de San Cristóbal colocaba en las lipsanotecas de dicho nuevo altar, las reliquias de los mártires patronos San Sebastián y San Cristóbal, las cuales quedaban dignificadas por estar bajo la Mensa Domine o Mesa del Señor donde se rememoraba el sacrificio de Cristo y por el cual ellos fueron testigos y dieron su vida, confesando la misma la fe de los apóstoles, fueron mártires ["Grandiosa consagración de la Santa Iglesia Catedral, Traslado de las reliquias". Diario Católico, jueves 6 de abril de 1961, año XXXVII, No. 10790, portada, San Cristóbal].

Otra transcrición de estos documentos es la siguiente:

Solicitud de noticias sobre el patrono y titular de las parroquias tachirenses pertenecientes a la antigua provincia de Mérida de Maracaibo en el lapso comprendido entre 1630 (terminus ante quem) y 1818.

 

Se pide noticias de los Patrones ó Titulares. Abril, 22 de 1818

 

“Rafael pr. la Gracia de Dios y de la Sta. Sede Apostólica. Obispo de Mérida de Maracaibo del Consejo de S. Magtd / Siendo uno de los beneficios que el pueblo Christiano debe reconocer (dando por ello culto especial á Dios). tener y venerar algun Santo, Misterio ó advocación pr. Patrono del lugar ó Titular de su Iglesia: y estando mandado que cuando son canónicamente elegidos, tenga rezo y Misa respectivamente, abstinencia de obras serviles: deseando tambien en esta parte llenar los deberes de ntro. Ministerio, ordenamos á los Vs. Vicarios, que cada uno en su partido haga manifiesta esta ntra. notificación  en todos los curatos; y que cada Cura exponga á su continuación cual sea el Patrono, ó el Titular en la inteliga. de que si es Patrono, ha debido ser tenido como tal en quieta posesion desde antes del año de 1630; y si es titular propuesto como tal al Prelado, y concedido así al tiempo de edificarse la Iga. La primera vez. Si hubiere duda se expondrá tambien. Y si existieren documentos que acrediten algo de lo dicho se acompañarán en términos que hagan fé. Con ello podremos disponer en los calendarios de que Santos Misterios ó Advocaciones debe rezarse como tales Patronos ó titulares: y cuales exijan ulterior inquision ó diligencias. El cura que primero la reciba la pasará al segundo; [y asi los demas) baxo de responsabilidad, y precepto que le imponemos. /Dada en N. Palacio Episcopal de la M. N. y L. ciudad de Marac° á 22 de Abril de 1818./ RAFAEL./ Obispo de Merida de Marac° / Por mandato de S. S. I. el Opo. Mi Señor / José Dion°. De Arriaga / Noro. Mor. (SILVA, Antonio Ramón, Mons., Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, Imprenta Diocesana, tomo IV, Mérida, 1922, pp 103-104: Documento XXXIX)  

 

 

Patronos y titulares de la Vicaría de la Villa de San Cristóbal, Noviembre 20, de 1818

 

“[f. 8.] Maracaibo, noviembre 20 de 1818. Por lo acordado con el cabildo eclesiástico declárase la quieta y pacífica posesión de San Sebastián en su Patronato de la Villa de San Cristóbal, observándose el mismo rito y solemnidad que en esta ciudad de Maracaibo[1], y traslación de San Juan Crisóstomo del día octavo, y por titular al mismo San Cristóbal; éste con sola solemnidad de Misa por el día en que cae, y habiendo primera Misa de Santiago, Patrono universal. Y San Sebastián con el voto de primera clase, octava y credo y fiesta de ambos preceptos y por [f. 8v.] solo titular en Táriba Ntra. Sra. de Consolación, en el día 15 de agosto desde 1600[2]; en Lobatera Ntra. Sra. del Rosario de Chiquinquirá en su propio día que es la domínica primera de octubre; en Capacho el glorioso Apóstol San Pedro y en Guásimos San Agatón papa y mártir en el 20 de enero. Todos los dichos titulares con el rito de primera clase, octava y credo, pero sin obligación aun de oír misa, si por otro motivo no fuere ya de precepto. Así se tendría presente para la formación de los calendarios, comunicándose al venerable Vicario de San Cristóbal para que en la parte que corresponda, circule su noticia a todos los curas. (sigue una línea tachada) El Obispo (existe una rúbrica). Ante Mí. José Dionisio de Arriaga, Secretario (existe una rúbrica). Se pasó oficio al Vicario con inserción del anterior Decreto”. (Archivo Arquidiocesano de Mérida, Curatos, 10.208, ff. 7-8v. Publicado por CAMPO DEL POZO, Fernando de, OSA, La Virgen de la Consolación de Táriba, Universidad Católica del Táchira, 2001, pp.78-79).

 

 

Patronos y Titulares de la Vicaría de La Grita, 20 de noviembre de 1818

 

“Maracaibo 20 de Nove. de 1818./ Por lo acordado con el M. V. Cabdo. Ecco, declárase Titular de la ciudad de La Grita el Espíritu Santo cuya fiesta teniendo ya por la Iglesia uiversal todo el rito correspondiente tambien á tal Titular observese sin innovación. Y solo como patrono menor la de la Transfiguración en la advocación de Santo Cristo de dicha ciudad; y por lo que hace á la Parroquia de Bayladores, declárase igualte. como Titular y no como Patrono la Purificación de Ntra. Sora. con rito de primera clase, y su octava, si cupiese antes de cuaresma trasladándose San Franco. de Sales quando sea impedido con el día octavo, al primer día vaco. en el Calendario gral. que es el diez y ocho de Febrero, y como en dia fixo: para el pueblo de Bayladores la advocación de Nuestra Señora de Regla con el rito de prima. clase en el dia de su Natividad ocho de Setiembre; resérvase tomar providencia sobre los Patronos menores, y Titulares de Pregonero y Guaraque; de Pregonero S. Antonio y deb Guaraque Sta. Barbara. Todos los titulares con el rito de 1era clase, octava y credo; pero sin obligación ni aun de Misa, si pr. otro motivo no fueren yá de precepto; los Patronos menores con solo el rito de dobles mayores, así se tendrá presente pa. la formación de los calendarios comunicandose al Ve. Vicario de La Grita pa. qe en la parte qe. corresponda circúlese su noticia á todos los curas. El Obispo. Ante mí Dr. Carlos Rubio. Srio.” (SILVA, Antonio Ramón, Mons., Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, Imprenta Diocesana, tomo IV, Mérida, 1922, pp 104-105: Documento XL)

 Calendario Eclesiástico de los patronos y titulares de las parroquias tachirenses pertenecientes al antiguo Obispado de Mérida de Maracaibo, dispuesto y ordenado por Mons. Dr. D. Rafael Lazo de la Vega (Abril-noviembre de 1818)

 

 

Ciudad/Villa/Parroquia

Patrono del lugar y jurisdicción

Solemnidad o fiesta con doble precepto (fecha)

Titular de la Iglesia Mayor (o advocación a quien fue consagrado el templo)

Solemnidad o fiesta sin precepto (fecha)

Ciudad del Espíritu Santo de La Grita

La Transfiguración del Señor en la advocación del Santo Cristo de La Grita

6 de agosto

El Espíritu Santo

Día de Pentecostés

Villa de San Cristóbal

San Sebastián

20 de enero

San Cristóbal Mártir de Licia

25 de julio (con primacía de la Solemnidad del Apóstol Santiago, Patrono Universal de las Españas, en la primera misa del día)

Villa de Lobatera

-

-

Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá

En la solemnidad del Rosario, primer domingo de octubre

Parroquia de Táriba

-

-

Nuestra Señora de la Consolación de Táriba

15 de agosto

Parroquia de Capacho

-

-

San Pedro Apóstol

29 de junio

Parroquia de Guásimos

-

-

San Agatón Papa y mártir

20 de enero

Parroquia de Pregonero

 

 

San Antonio de Padua

13 de junio



[1] “Patrones y Titulares de la Vicaría de Maracaybo. Diciembre 19 de 1818/Por lo acordado con el M. V. Sr. Dean y Cabildo Ecco., declarase Patrono de esta ciudad y su jurisdicción al Glorioso Mártir S. Sebastian con su rito de primera clase y octava y festividad del día, con los preceptos de oir Misa y no trabajar; y pr. titulares á los Apóstoles S. Pedro y S. Pablo […]” en SILVA, Antonio Ramón, Mons., Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, Imprenta Diocesana, tomo IV, Mérida, 1922, pp 105-106: Documento XLI.

[2] Texto añadido entre líneas y con letra posterior



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domingo, 21 de enero de 2024

Escalante: del enclave calizo cantábrico al linaje fundacional tachirense: historia del apellido en tierras del Táchira │ Escalante: From the Cantabrian Limestone Enclave to a Founding Táchira Lineage: The History of the Surname in the Táchira Region


Folio inicial de los autos probatorios en el juicio que entablan Francisco de Escalante y su esposa Susana Ordóñez, vecinos, contra el Escribano Público y de Cabildo de la Villa de San Cristóbal, Hernando Lorenzo Salomón, en su condición de albacea de la herencia dejada por el vecino difunto Jorge Hernández (AGN, Bogotá. Sección Colonia, Testamentarias de Santander, 1573, f. 547. Reproducción solicitada con fines didácticos).




Al finalizar se puede observar la firma del Escribano Salomón, uno de los primeros pobladores de la Villa de San Cristóbal y quien, por la singularidad de su apellido, pudo ser un judío sefardí converso, el primero que llegó a tierras tachirenses (AGN, Bogotá. Sección Colonia, Testamentarias de Santander, 1573, f. 548. Reproducción solicitada con fines didácticos).




Al inicio del expediente, concretamente en el auto de interrogatorio al testigo Francisco Duarte, destaca la denominación institucional que recibía la actual ciudad de San Cristóbal (capital del Estado Táchira):

"En la Villa de San Cristóbal del Nuevo Reino de Granada de las Indias, a veintiún días del mes de julio del año del Señor de mil y quinientos y setenta y dos […], ante el Muy Magnífico Señor Pedro de Anguieta Alcalde ordinario por Su Majestad en la dicha villa y sus términos […]".

Conviene subrayar que, en dicho período histórico, la jurisdicción de la villa, fundada el 31 de marzo de 1561, abarcaba la totalidad del actual territorio tachirense, la franja meridional del hoy Estado Zulia (desde el río Catatumbo hacia el sur) y parte de los valles de Cúcuta hasta el curso del río Pamplonita. En este contexto, Pedro de Anguieta y su hermano Gabriel, junto con Francisco de Escalante, partieron de la Villa de San Cristóbal en 1576 bajo el mando del capitán Francisco de Cáceres para participar en la fundación de la ciudad del Espíritu Santo de La Grita. Mientras que Gabriel y Francisco fijaron allí su residencia definitiva, Pedro retornó al poco tiempo a San Cristóbal (AGN, Bogotá, Sección Colonia, Testamentarias de Santander, 1573, f. 549).




Villa de Escalante (Cantabria, España), único origen toponímico del apellido castellano Escalante. Probable lugar donde nació Francisco de Escalante, conquistador, de los fundadores de la ciudad del Espíritu Santo de La Grita (en 1576) y quien dio nombre al caudaloso río Escalante, límite fluvial entre los estados Táchira y Mérida, y al apellido Escalante que se extendió por la geografía del norte tachirense, en especial en los municipios Jáuregui, Vargas y Seboruco. La panorámica de la Villa de Escalante está tomada desde el Alto del Portillo (83 m) y en el plano de fondo se observan las marismas de Roniego y ría de Escalante, y la acampanada y oscura forma del la colina de Montehano (187 m de altura). Foto: Wikipedia, 2023.






Escudo de Armas de la Villa de Escalante y su municipalidad (Comarca de Trasmiera, Cantabria, España). Blasón: Medio punto, de gules, el león rampante de oro y, en punta, ondas de plata y azur. Corona: corona real cerrada (Foto: Wikipedia, 2022).



Gratiarum actio

Dejo constancia de mi especial reconocimiento a la Dirección y a todo el personal del Archivo General de la Nación, en Bogotá (Colombia) por las atenciones dispensadas, la permanente cortesía y el invaluable respaldo prestado durante las jornadas de consulta que hicieron posible este estudio. Samir A, Sánchez (Bilbao, 2026).




Presentación


Indagar en el origen de nuestros apellidos no resulta en un simple ejercicio de curiosidad genealógica; es el rescate consciente de una cartografía humana que desafió océanos y siglos antes de fijarse en la memoria. En el Táchira, donde la geografía impone su propio ritmo de aislamiento y permanencia, los nombres de familia no llegaron como meras etiquetas burocráticas, sino como semillas que echaron raíces profundas en los pliegues de sus valles y páramos, y se fusionaron con la milenaria herencia aborigen que veneró estas tierras.


Conocer de dónde venimos y cómo aquellas voces arcaicas del Viejo Mundo terminaron dando identidad a nuestras cumbres, pueblos y ríos, es reconciliarnos con el hilo invisible que sostiene la idiosincrasia montañesa: esa convicción de que cada estirpe tachirense es, en última instancia, el testimonio vivo de un territorio habitado con tenacidad.


Escalante en el viejo mundo

El origen toponímico del apellido Escalante es de carácter unívoco e inequívoco, toda vez que procede de una única entidad de población en España: la villa y municipio de Escalante, situada en la comarca de Trasmiera (Cantabria). A diferencia de otros patronímicos o toponímicos genéricos, carece de ambigüedad geográfica en su raíz. Por tanto, todo linaje original de este apellido remite, de forma directa y sin lugar a dudas, a esta única cuna geográfica.


Las investigaciones más sólidas sobre la onomástica del norte peninsular sitúan el origen del apellido Escalante en un término toponímico prerrománico y preindoeuropeo: el protovasco. Se trata de la lengua vernácula previa a la romanización, designada indistintamente como euskera arcaico o vascónico, una de las matrices aglutinantes más antiguas de Europa occidental.


En estas lenguas arcaicas, al igual que en muchos pueblos originarios de América, los topónimos tenían una marcada función descriptiva: plasmaban la condición física más relevante del terreno. Por su remota antigüedad, no solían aludir a elementos humanos o mudables, sino a accidentes geográficos fijos e intrínsecos al paisaje natural, lo que evidencia la huella de los primeros pobladores de aquellas tierras.


Desde una perspectiva filológica y etimológica, Escalante remite con alta probabilidad a una estructura fonética que designaba un paraje de peñas calcáreas en las estribaciones orientales de Cantabria. Dicha voz original encuentra una explicación semántica y transparente en las raíces euskéricas: Aizkaloande. Esta composición reúne las raíces aiz (‘peña, piedra’), kalo (‘caliza’) y el sufijo de ubicación ande (‘lugar de’), articulando el significado de "junto a las peñas calizas" o "el lugar de las peñas calizas" [Mateo Sanz, 2019, p. 92]. La toponimia vasca contemporánea aún preserva estas arcaicas raíces líticas, como se aprecia en Aizkorri (‘peña roja o pelada’).


Al irse diluyendo o desapareciendo el protohistórico sustrato vascónico o proteuskérico con el paso de los siglos, y desde el punto de vista de la fonética histórica y la evolución de las lenguas en el territorio, se ha sugerido una transformación en el étimo Aizkaloande, el cual habría mutado a través de síncopas y adaptaciones vocálicas orales altomedievales romances hasta estructurarse en el topónimo castellano Escalante, de donde derivó en apellido.


En lo geográfico, el pareje del topónimo se corresponde con la actual villa y municipio de Escalante, asentada en las inmediaciones del macizo calizo de Montehano (o Montejanu), en la histórica Merindad de Trasmiera (Cantabria, España). Asimismo, como testimonio del sustrato toponímico protoeuskérico en el área, la elevación más inmediata al núcleo urbano de Escalante se denomina Losorrio-La Pica (198 m).


Desde una perspectiva morfológica y semántica, el orónimo Losorrio articula una base arcaica con una desinencia característica: su elemento inicial remitiría a la raíz paleovasca lots- / loz- (‘frío’, ‘sombrío’ o ‘expuesto a la intemperie’), sugiriendo el significado de "monte o cima fría"; mientras que su terminación -orrio reproduce un patrón fonético propio del ámbito vasco occidental o vizcaíno. Dicha pauta morfológica se constata en fitónimos como Elorrio, formado sobre elorri (‘espino’) con sufijo nominal -o, o en orónimos como Totorrio / Totorriaga, microtopónimo y caserío del entorno de Markina y Lea-Artibai vinculado a la voz totorr- / tontor (‘cima’, ‘cresta’ o ‘elevación del terreno’.


Esos sustratos toponímicos antiguos se originaron durante los movimientos expansivos de los siglos VI y VII, cuando contingentes procedentes de la Llanada alavesa alcanzaron el occidente vizcaíno y el oriente cántabro, nombrando en su propia lengua a la cantera situada junto a las marismas de la bahía de Santoña. Tras la repoblación de Trasmiera en el siglo VIII y la erección, anterior al año 863, del monasterio benedictino de Santa María de Puerto (en Santoña, a unos 6 ó 7 km de la Villa de Escalante, bordeando la marisma y bahía) por disposición y mandato de los duques de Cantabria, toda la comarca devino en una tierra de frontera disputada política y territorialmente entre Asturias, Castilla, Álava y Navarra.


Bajo la órbita de Pamplona y Navarra entre los siglos VIII y X, y plenamente integrada en la Corona de Castilla hacia mediados del siglo XI, la población ya figuraba lexicalizada en los manuscritos medievales. En un latín temprano con notorios rasgos romances, las fuentes consignan la Villa de Scalante junto a la iglesia de Santa Cruz de Scalante, reconocida con término concejil propio y jurisdicción sobre su entorno [Abad Barrasús, 1985, pp. 37-67].


Esta explicación orográfica resulta mucho más coherente que aquellas hipótesis que atribuyen el apellido, por simple homofonía, al participio activo antiguo del verbo escalar ("el que escala"), conjetura débil que ignora la génesis toponímica del asentamiento (villa que, además, nunca contó con murallas defensivas que justificasen tal alusión militar o de asedio).


Gracias a la riqueza de su piedra caliza, la jurisdicción de Escalante formó a renombrados maestros de cantería cuyos talleres intervinieron en obras monumentales como el Real Monasterio de El Escorial o la Catedral de Santiago de Compostela. Asimismo, sus sillares fueron transportados a centros urbanos como Burgos y Bilbao.


El registro documental más antiguo del topónimo convertido en apellido data del 3 de abril de 1086, en una causa judicial donde el merino de Trasmiera, Martín Citiz, suscribe como "Martín Citiz de Escalante".



Con el correr de los siglos, muchos naturales de la villa emprendieron camino hacia las Indias, adoptando el nombre de su solar nativo como apellido distintivo para preservar la memoria de su cuna trasmerana. Así lo atestigua, por ejemplo, el cantero Francisco de Castañedo, hijo de Antón de Castañedo y María Sarmiento, registrado en el catálogo de Pasajeros a Indias en septiembre de 1593 con destino a San Juan de Puerto Rico, en el séquito del gobernador Pedro Suárez Coronel. En el ámbito de la exploración continental destaca asimismo fray Silvestre Vélez de Escalante, misionero franciscano que en el siglo XVIII recorrió y cartografió los territorios de Utah, Colorado, Nuevo México y Arizona, legando dicho topónimo a la geografía norteamericana.


Escalante en la América tachirense


En los Andes tachirenses, el pionero del linaje fue el conquistador Francisco de Escalante, originario muy probablemente de esta villa cántabra. Trasladado a América en la segunda mitad del siglo XVI, formó parte de la hueste expedicionaria del capitán general y gobernador Francisco de Cáceres que fundó la ciudad del Espíritu Santo de La Grita en abril de 1576.



Un expediente judicial que reposa en el Archivo General de la Nación en Bogotá (Colombia) permite constatar que este Francisco de Escalante era ya hacia 1573 un vecino connotado de la Villa de San Cristóbal (fundada el 31 de marzo de 1561), población cuyo título para la época y según el encabezado de los autos del expediente era: Villa de San Cristóbal del Nuevo Reino de Granada de las Indias [con el siguiente agregado en algunos: del Mar Océano]. Francisco de Escalante se hallaba casado con Susana Ordóñez, viuda de Jorge Hernández, y con quien ésta había procreado un hijo legítimo llamado Domingo.



Ambos cónyuges incoaron un pleito civil reclamando la mitad de los derechos hereditarios del menor sobre los bienes de la mortuoria paterna, alegando ser parte de la dote que dio Susana para el matrimonio, y que era retenidos por el albacea y depositario de bienes, el escribano público y de cabildo Hernando Lorenzo Salomón. A partir de estas actuaciones se colige que Francisco de Escalante integró el contingente de vecinos de San Cristóbal que, como recogen las crónicas coetáneas, secundó a Cáceres en la jornada fundadora de La Grita en abril de 1576 para asentarse definitivamente en ella con su familia.



En el catálogo documental del Archivo General de la Nación, dicho expediente figura bajo la siguiente sumaria:


"Autos sobre el pleito seguido en Santafé por Juan de Escalante casado en segundas nupcias con Susana Ordóñez, vecinos de San Cristóbal, Venezuela, con Hernando Lorenzo Salomón, de la misma villa, albacea y depositario de bienes de Jorge Hernández, primer marido de la viuda, reclamando derechos hereditarios que a ésta y a un hijo menor les pertenecen en la mortuoria. Año de 1573" (AGN, Sección Colonia, Testamentarias de Santander, 1573, ff. 517-585).


No obstante, del cotejo paleográfico directo, que hicimos del manuscrito, se evidencia un yerro en la catalogación archivística. En nuestro criterio sobre la caligrafía procesal de la época, la grafía del nombre no corresponde al nombre abreviado de "Juan", sino a la abreviatura de "Francisco", por la siguiente razón: tenemos una letra mayúscula F + la letra r + las letras unidas an, rematadas estas últimas por la abreviatura de co muy estilizada, una forma característica que se repite a lo largo del expediente para referirse a la c + o. Por lo tanto, el litigante en cuestión es Francisco de Escalante. Pudiéndose observar en la palabra que une la descripción de las partes litigantes y que está aislada: con.


Asimismo, otro expediente judicial de este mismo año de 1573 nos ratifica la presencia de Francisco de Escalante como vecino de la Villa de San Cristóbal. Se trataba de un testimonio compulsado por el escribano de la villa, Alonso Vélez de Cepeda, tras una solicitud presentada ante el alcalde Alonso Álvarez de Zamora. En aquella ocasión, el alcalde dispuso la citación de los vecinos Pedro de Anguieta y Gabriel Román en calidad de apoderados de Dionisio Velasco, quien se hallaba ausente, para que presenciaran la extracción y cotejo de dicho testimonio. Sin embargo, Anguieta manifestó no poseer tal poder y Román se rehusó a ejercitarlo; debido a esto, el escribano terminó expidiéndolo ante la presencia de Cristóbal Manzano y del propio Francisco de Escalante, cuya nombre y vecindad en la Villa para ese año de 1573 quedan así confirmados [Castillo Lara, 1987, p. 400].


La descendencia y su arraigo en las altas montañas de la noble tierra tachirense


Este primer Francisco de Escalante ejerció el cargo de regidor en La Grita para 1587 y fue encomendero de los pueblos aborígenes del sitio y comarcas de Bailadores, de los Yegüines (actual San Simón, Municipio Simón Rodríguez) y de los Iriguacas (en las montañas del actual páramo de Viriguaca, Municipio Jáuregui y Uribante); hacia 1595 ya había fallecido. Le sucedió su hijo homónimo (el segundo), quien administró las encomiendas familiares y casó con Nicolasa Sánchez de Castañeda (hija del capitán Luis Sánchez, tronco del apellido homónimo en el Táchira).



A través de una probanza de méritos para mantener la posesión de las encomiendas familiares, presentada el 5 de mayo de 1657 por su descendiente, Francisco de Escalante (el IV), ante el visitador de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá, Don Juan Modesto de Meller, y luego de la muerte de su padre, Francisco de Escalante (el III), eran ratificadas las gestiones y méritos del mayorazgo o dinastía familiar.


En dicho expediente se constata que Francisco de Escalante (el I) fue un conquistador y explorador que participó en el descubrimiento y poblamiento temprano de ciudades como Santiago de León de Caracas y Nuestra Señora de Pedraza. Su trayectoria de exploración y milicia culminó al sumarse a la expedición de Francisco de Cáceres para la fundación de La Grita en 1576, urbe donde se estableció definitivamente como uno de sus primeros pobladores, obteniendo tierras y solar urbano en su traza. Participó activamente en su defensa ante los incesantes ataques de los aborígenes así como proveyendo a la ciudad de carnes y productos agrícolas para su sustento. Asimismo, el documento precisa que estuvo casado con Susana Ordóñez y que su fallecimiento ocurrió antes de 1595 [Ramírez Méndez, 2022, p. 353].


Sobre Francisco de Escalante (el II) se conoce que mantuvo las encomiendas familiares en el sitio y valle de los Bailadores, en los términos y jurisdicción de la ciudad, gobernación y provincia del Espíritu Santo de La Grita (en la actualidad la población de Bailadores, Municipio Rivas Dávila, Estado Mérida), heredadas de su padre y reconocidas el 3 de noviembre de 1595 [Parra-Picón, tomo III, p. 503]. Fue el primero de los encomenderos principales fundadores del pueblo de indios, el cual recibió el nombre de "pueblo de la Vera cruz del valle de los Bailadores" establecido el 12 de septiembre de 1601 [Sánchez, 2003, p. 587], por órdenes del juez y visitador real Pedro de Sande. Tras el deceso de Francisco de Escalante (el II) hacia 1621, el patrimonio familiar recayó en su primogénito, Francisco de Escalante (el III), desposado con Mariana de las Angustias Zambrano, y quien falleció el 10 de octubre de 1655 [Parra-Picón, tomo III, p. 538 y 572].



La línea sucesoria continuó en un cuarto Francisco de Escalante, casado con María Zambrano (fallecida en La Grita el 8 de enero de 1722), titular de las encomiendas familiares de los iriguacas de Las Lagunillas en La Grita y de los barbudos en Bailadores. Tras su muerte el 2 de noviembre de 1723, el apellido continuó en su hijo homónimo, Francisco de Escalante (el V), quien contrajo nupcias con Juana María de Ontiveros, consolidando formalmente el tronco de la estirpe Escalante en tierras tachirenses.


Es importante destacar como este apellido quedó unido a la tierra y a la toponimia tachirense. Aquel primer Francisco de Escalante recibió en 1576 mercedes de tierras en los páramos de Pueblo Hondo y San Telmo, descritas en el Libro Becerro de de la ciudad de La Grita bajo el topónimo de "El Montecillo de Escalante" [Sánchez, 2018, p. 161]. En dicho relieve orográfico nacen las cabeceras del curso fluvial que, con el tiempo, fue bautizado por los pobladores como "río de Escalante". De este modo, la memoria de un enclave calizo de la Trasmiera cántabra trascendió el Atlántico para quedar fijada no solo en la toponimia andina y lacustre, sino en el tejido fundacional de La Grita y sus comarcas históricas de Seboruco, El Cobre y Pregonero.


Fuentes y bibliografía

Abad Barrasús, J. (1985). El Monasterio de Santa María de Puerto (Santoña) 863-1210. Santander: Instituto Cultural de Cantabria, Centro de Estudios Montañeses, Diputación de Cantabria.

Archivo General de la Nación (Colombia). Sección Colonia, Testamentarias de Santander, 1573, ff. 517–585.

Castillo Lara, L. G. (1987). Elementos historiales del San Cristóbal colonial: el proceso formativo. Caracas: Academia Nacional de la Historia.

González, C. (1997). Vieja gente del Táchira: crónica genealógica de los apellidos González, Cárdenas, Ramírez, Araque y de otras familias fundadoras. Caracas: Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, n.º 134.

González Echegaray, M. C. (1969). Escudos de Cantabria; Trasmiera, tomo I. Ediciones Fournier.

Lugo Marmignon, Y. (1997). El Libro Becerro de La Grita. Caracas: Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, n.º 135.

Mateo Sanz, G. (2019). Topónimos y apellidos españoles de origen ibérico o pre-latino. Monografías de Toponimia Ibérica, n.º 1. Jaca.

Parra-Picón, R. (1988). Fundadores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida (1558-1810) (Tomos II y III). Caracas: Academia Nacional de la Historia.

Ramírez Méndez, L. A. (2022). "La estirpe de los Escalante", en La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo (Tomo VI, pp. 353-359). Maracaibo: Academia de Historia del Estado Zulia.

Sánchez, S. (2003). San Cristóbal Urbs quadrata: el hecho histórico urbano de una villa venezolana en el período hispano. San Cristóbal: Universidad Católica del Táchira. 

Sánchez, S. A. (2018). Diccionario de Topónimos Históricos del Estado Táchira. San Cristóbal: Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. 

Registros sacramentales parroquiales del Táchira (siglos XVII–XX), consultados a través de FamilySearch (Sociedad Genealógica de Utah).

Estudio genético personal (ADN) genealógico complementario (MyHeritage, 2023).