martes, 31 de octubre de 2023

Más allá de Halloween: La memoria del miedo y lo sagrado en el Táchira de nuestros nonos | Beyond Halloween: The Ghosts of our ancestral Táchira land

 







Cada 31 de octubre, pantallas y comercios se inundan de la estética del Halloween anglosajón o de la colorida iconografía del Día de Muertos mexicano. Aunque son expresiones respetables y de gran calado cultural en sus países de origen, la fascinación por lo foráneo y el peso mediático de la globalización suelen opacar, hasta la desaparición, el acervo inmaterial que moldeó la psique y la cotidianidad de nuestra tierra, de nuestros propios antepasados.


En los pueblos y aldeas del Táchira de nuestros nonos, el miedo, la muerte y el misterio no se consumían como un espectáculo de temporada, sino que formaban parte de una compleja cosmovisión rural que nos hablaba del respeto a lo sagrado, el procesamiento del duelo y el orden moral de las comunidades.


Gracias al exhaustivo trabajo de campo publicado en 1963 por el insigne folclorista y músico Luis Felipe Ramón y Rivera, hoy es posible traer del silencio del libro los testimonios grabados de ancianos como don Cornelio Zambrano, don Eladio Omaña, la señorita Digna Benedetti y tantos otros tachirenses que dieron fe de un mundo que la urbanización y la luz eléctrica terminaron por extinguir.


¿Cómo dialogaba el Táchira de antaño con lo invisible? Estas fueron, entre muchas, las respuestas que encontramos:


El "Desande": La última pisada del alma

Era, quizá, la más arraigada en la creencia de nuestros antepasados, y así la recuerdo de los cuentos de la nona, en amenas conversaciones de mayores, en el corredor de la casa grande de Lobatera. Lejos del susto efectista, el campesino tachirense entendía el desande como la manifestación tangible de la agonía o la antesala de la muerte. Se creía que, antes de partir, el espíritu del agonizante desandaba los caminos y estancias recorridos en vida. Los pasos resonando en el corredor, ruidos en una pieza, el abrir y cerrar de cajones, el rechinar de una puerta o el crujido en la pared no evocaban un terror vano, sino la certeza de que un ser querido se despedía o retornaba para pedir perdón.


Criaturas de la penumbra tachirense

Nuestra geografía montañosa y el trazado urbano de sus poblados históricos albergaban manifestaciones anímicas de profundo contenido simbólico y ético:


El Jinete del Diablo: En la Noche de Ánimas, este espectro de negra apariencia irrumpía en la Calle Real de Lobatera, desde la puerta del cementerio hasta el Humilladero; el chasquido atronador de los casquillos sobre el empedrado y el piafar demoníaco del caballo rompían la quietud de la noche como un recordatorio del límite entre lo humano y lo maligno.


El Silbaperros o Chiflaperros: Espíritu errante y en pena de quien en vida se salió en el momento sagrado de la consagración y elevación en la misa para irse tras una cacería; condenado a responder, como quien llama a su perro de caza, a quien silbara a solas en la montaña a medianoche.


La Madre de la Noche: Gigantesca aparición blanca en la soledad y oscuridad de las encrucijadas de los caminos reales cuyo movimiento producía un crujido similar al de las hojas de zinc o papeles al viento.


La Copita y las Botijas: Luces místicas que brincaban en la oscuridad revelando tesoros enterrados (botijas). En Queniquea o San Pedro del Río, La Copita no sólo señalaba entierros, sino que actuaba como una presencia tutelar que custodiaba al caminante de buen corazón.

La Dientona y Las Diablas: Apariciones de damas elegantes en los caminos a Rubio y Ureña que desorientaban a los hombres de vida licenciosa, dejándolos "espinados y arrepentidos".


Luz moderna y penumbra olvidada

La llegada de CADAFE y la expansión de la escuela rural no solo vencieron a la oscuridad física, apagaron también el escenario donde habitaba la tradición oral, esos cuentos de camino que avivaban la imaginación y el miedo. Sin embargo, antes de apresurarnos a adoptar tradiciones ajenas motivadas por el mercado, conviene preguntarnos qué espacio le estamos dejando en la memoria colectiva a la voz de nuestros nonos.


Conocer y reivindicar la herencia inmaterial del Táchira no debe ser un ejercicio de simple nostalgia, es un acto de dignidad historiográfica. Valorar lo propio es comprender que, en los silencios y en las sombras de nuestros campos, también se escribió la historia de nuestra identidad.


Fotografía: Recreación en IA del espanto "El Jinete del Diablo" en la calle real de Lobatera (Prompt por Santiago X. Sánchez, 2026).


miércoles, 25 de octubre de 2023

124 Años del Triunfo tachirense en Caracas │ 124 Years Since Táchira's Triunph in Caracas

 





Texto: Samir A. Sánchez (2023)
Fotos y propiedad del sable de gala: Wilmer Antonio Rey Lozada,  (2020)

Un día como hoy, 22 de octubre de 1899, la historia de Venezuela dio un giro definitorio. La Revolución Liberal Restauradora culminaba su gloriosa campaña de cinco meses con la entrada triunfal del General Cipriano Castro a Caracas.


Fue la victoria de los "Sesenta" y de la poderosa fuerza de los batallones tachirenses, un evento que marcó el ascenso de una nueva élite: la Hegemonía Andina, que gobernaría el país por décadas. ¡El Táchira llevó su destino a la capital!


Como testimonio de esta victoria y del orgullo regional, recordamos al Estado Mayor del Batallón "23 de Mayo", uno de los pilares de la Restauración:


En la imagen, capturada en Caracas poco después del triunfo (noviembre/diciembre de 1899), vemos a líderes esenciales de nuestro estado: General Luis Varela (de Santa Ana del Táchira), sentado a la izquierda. General Maximiano Casanova Bustamante (de Lobatera), de pie en el centro. Junto a él, su hermano, el Coronel (luego General) Julián Casanova Bustamante.


El detalle que enaltece esta epopeya: todos portan o sostienen el sable de gala, obsequio del General Castro a la oficialidad vencedora. Su diseño, inspirado en el sable de Estado Mayor del Imperio Austro Húngaro de la época, simboliza el inicio de una nueva era militar y política, forjada desde el Táchira.

¡Honramos la memoria de los hombres que hicieron del Táchira el Anno Domini de la historia venezolana!



















jueves, 12 de octubre de 2023

De las plazas de mercado a la memoria del paladar: saberes y sabores del Táchira de antaño | From Marketplaces to Taste Memories: Culinary Heritage and Flavors of Old Táchira




 

Mucho antes que el paisaje urbano se transformara con la llegada de los supermercados y las grandes tiendas de abasto, el Táchira poseía una dinámica comercial propia, nacida de la libre y legítima voluntad de sus gentes.


Eran tiempos en que el intercambio no se reducía a una simple transacción económica, sino a un verdadero acontecimiento social y comunitario que tenía por escenario las anchas y abiertas plazas de mercado.


En aquellos espacios abiertos, verdaderos hervideros de identidad y expresiones del folclore regional, confluían los caminos de arrieros y labriegos para ofrecer lo más auténtico de nuestra geografía gastronómica bajo el radiante sol de las mañanas alegres de los domingos, después de misa.


El fuego de los fogones populares: Los humeantes peroles donde doraban los pasteles de masa fina, las morcillas sazonadas con hojas de huerto, en especial la quemadera, y el inconfundible aroma del masato y la chicha, fermentadas con el punto exacto de maíz.


El dulzor de la tradición: Mesas de madera rebosantes de dulces abrillantados, conservas, panelas y bocadillos, dispuestos junto a piezas de cestería, loza de barro y arte popular modelado por manos campesinas.


La abundancia de la tierra: Rústicos trípodes de madera que sostenían en vilo los pesos y romanas por encima de montículos de papas, batatas, yucas, ocumos y racimos de plátano recién bajados de las vegas y laderas montañosas.


Curiosidad lingüística y memoria colectiva: Pocos recuerdan hoy que expresiones tan arraigadas en nuestro hablar tachirense cotidiano como tomarse “un palo” o “un medio palito” provienen directamente de aquellas balanzas y cajones de granos. El palo, el palito y el medio palito eran medidas ordinarias de capacidad para expender caraotas, arvejas y maíz. Con el tiempo, la picardía tachirense trasladó la antigua medida agraria a la copa de miche callejonero, cachimbo o cordillerano, un trago generoso o uno corto para espantar la neblina.


Comprender la vieja plaza de mercado es entender la raíz de nuestra convivencia. Esos saberes agrícolas, culinarios y orales no pertenecen al pasado estático: constituyen un patrimonio inmaterial vivo que aún da sustento, sabor y carácter a la identidad de todos los tachirenses.


Foto: Puesto de venta de pasteles, chicha y masato de Teresa Cárdenas la negra. Plaza Bolívar de Lobatera. Cortesía de Darío Hurtado (2023).

martes, 10 de octubre de 2023

Bread and Hearth: The Sacred Hospitality of the Táchira Andes










Bread and Hearth: The Sacred Hospitality of the Táchira Andes


📌The 1912 visual chronicles of British traveler Leonard V. Dalton emerge as a poignant tribute to a vanished way of life. Dalton’s lens captured a Táchira defined by its rugged beauty and, above all, the warmth of its hospitality. It was a world of wood-fired hearths and mountain gales, where the legendary Posada de la Raya (present day Mesa de Aura) between San Cristóbal and La Grita—a majestic caravanserai at 1,754 meters—stood as a sanctuary for weary travelers. Between its thick earthen walls, stories were shared as the sun set over the Camino Real, weaving a tapestry of folklore that defined the very soul of the Andes.


📌Nothing, however, embodies this heritage more than the ancestral alchemy of Táchira’s bread. As ethnologist Luis Felipe Ramón y Rivera documented, the preparation of flour was a ritual of devotion: the “flour flower” was reserved for the delicate quesadillas, while the rich semolina gave life to the acemas. This was a time of “pan de hogaza,” warm and resonant, fresh from the oven, filling the mist-covered hills with an aroma that promised home. It is this sensory memory—the scent of freshly brewed coffee and the crunch of traditional crust—that remains the cornerstone of our identity.


📌Dalton was so moved by this region that he wrote: “Were I asked which of all the regions of Venezuela I thought the most attractive and interesting... I should have little hesitation in replying, ‘The Andes’.” At Táchira Heritage, we preserve these images and stories to ensure that the legacy of our hospitality and the craftsmanship of our ovens are never lost to time. We honor the history that lies behind us, inviting the memory of our ancestors to return and dwell among us once more. 





AI-enhanced photographs by Proyecto Experiencia Arte.
Image credits: Bernardo Zinguer, Retazos Históricos del Táchira (2025).

domingo, 8 de octubre de 2023

El último guardacantón de San Cristóbal: Patrimonio tachirense desplazado de la memoria│The Last Guard Stone of San Cristóbal: Tachiran Heritage Displaced from Memory






Imagen 1 y 2

Una difusión de una imagen por el Dr. Bernardo Zinguer en Retazos Históricos del Táchira, nos traslada a un momento hito en la crónica urbana de San Cristóbal: la inauguración del pavimento de concreto en la ciudad, en diciembre de 1932. La panorámica, que capta un segmento de la antigua carrera de Araure (actual carrera 9, entre calles 5 y 6), reveló una verdad arquitectónica que el tiempo había velado: la autenticidad primigenia y el diseño recurrente de un elemento funcional y ornamental crucial en el centro de la ciudad cordial.


Nos referimos a los guardacantones o piedras de guarda, estructuras esenciales cuya presencia discreta se integró al paisaje urbano sancristobalense desde la época virreinal neogranadina hasta los albores del siglo XX. Estas piezas, robustos artefactos labrados en piedra, mampostería, metal o madera, se erigían estratégicamente en las esquinas, accesos y cruces viales. Su función era la de un custodio silente: salvaguardar los ángulos de los muros y edificaciones de las inevitables fricciones y colisiones inherentes al tránsito incipiente.


Originalmente concebidos como simples rocas utilitarias, los guardacantones evolucionaron morfológicamente hasta constituirse en singulares elementos del mobiliario urbano, adoptando frecuentemente la apariencia de sobrios pilares o columnas. Su proliferación fue notable en las ciudades y poblaciones del Estado Táchira a finales del siglo XIX y principios del XX, marcando el pulso de una era. Por ello, la identificación de los guardacantones como componentes distintivos del acervo urbano y arquitectónico del Táchira tardío requiere una caracterización técnica rigurosa que trascienda su mera función de protección. Su presencia sistemática en las esquinas de ángulo recto de la San Cristóbal pre-terremoto de 1875 y la de la post-reconstrucción tardía los establece como marcadores cronológicos y estilísticos.





Imagen 3 y 5



El propósito esencial de los guardacantones residía en la ingeniería de la protección pasiva. En una época dominada por el tránsito de vehículos de tracción animal, con amplios radios de giro y potenciales impactos laterales significativos, la función primordial era disipar la energía cinética de un choque antes de que comprometiera la integridad estructural del muro.


Como defensa angular, su colocación evitaba el desprendimiento del friso y de la mampostería, y el quebrantamiento de los cantos vivos de los muros de tapia o ladrillo cocido, que son estructuralmente vulnerables al impacto tangencial. La imagen de 1932 corrobora su instalación conforme a un patrón urbano homogéneo, que perseguía la uniformidad funcional y estética en las intersecciones centrales, manifestando una planificación de índole, si bien, consuetudinaria.


Por lo anterior, la imagen publicada se convierte en un llamamiento al reconocimiento. Aquí radica el dilema del patrimonio: "Lo que se ignora no se valora, y lo que no se valora está condenado al olvido o a la destrucción". Esta máxima explica la acuciante ausencia de estos testigos pétreos en la actualidad.


Numerosas piedras de guarda sucumbieron a las reformas urbanas modernizadoras o, de forma más dramática, a las transformaciones impuestas tras el devastador terremoto de 1875. La consecuente introducción de las esquinas biseladas u ochavadas en las edificaciones, concebidas como medida de mitigación del riesgo sísmico, condujo a la obsolescencia funcional de los guardacantones, cuya primacía se hallaba en los ángulos rectos.


Pese a esta erosión de la memoria histórica, el Táchira aún atesora valiosos vestigios, aunque permanezcan invisibles para el transeúnte que los desconoce:

San Cristóbal (núcleo fundacional): En la esquina nororiental formada por la calle 4 y la carrera 3, diagonal a la Plaza Mayor (actualmente Plaza Capitán Juan Maldonado), pervive el último guardacantón conocido. Es una pequeña columna de fuste liso y remate cónico, cuya morfología es idéntica a la observada en la imagen de 1932 (Imagen 1 y 2. Samir Sánchez, 2015). Este ejemplar es un faro de la historia local.


Reutilización industrial: En el Cementerio Municipal de San Cristóbal, se encuentra una esquinera metálica singular, compuesta por dos rieles de fondo plano de origen alemán, mudos narradores de la épica del Gran Ferrocarril del Táchira (1895-1955). Son rieles de acero, que siguen los estandares de la Unión Internacional de Ferrocarriles (UIC) de la época, y fabricados según normas alemanas de alta calidad.

(Imagen 3. Samir Sánchez, 2015).


Integración arquitectónica: El guardaesquinas en forma de pilar empotrado (o embebido) se ubica frente al antiguo Palacio de Gobierno, datado en 1929. (Imagen 4. Dr. Luis Hernández Contreras, 2020. Reproducción con fines didácticos).


Variantes regionales: Otros ejemplares persisten en la geografía tachirense, como el guardacantón de estilo columna romano-toscana en la ciudad de La Grita (Imagen 5, Ing. Juan Alberto Sánchez García, 2024. Reproducción con fines didácticos) o las protecciones de Lobatera elaboradas en piedra de las quebradas cercanas, talladas (Imagen 6. Ing. Kevin Vásquez, 2008. Reproducción con fines didácticos. Es probable que esta casa y el guardacantón ya hayan desaparecido).


En síntesis, estos guardacantones son mucho más que simples remanentes de cantería; son los testigos pétreos de la arquitectura vernácula y la memoria silente de la vida cotidiana de nuestros ancestros. Preservarlos constituye un imperativo cultural para honrar la identidad, otorgar voz a lo inanimado y asegurar que el valioso patrimonio cultural y arquitectónico tachirense continúe narrando su historia a las generaciones venideras.




Imagen 5 y 6


© Proyecto Experiencia Arte / Experience Art Project 2012-2023. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de las fotografías y trabajos gráficos pertenecen a cada fotógrafo, grupo o institución mencionada.





miércoles, 4 de octubre de 2023

La estética del tránsito: Lectura mística del Salmo 141 y la sensibilidad en la escultura de San Francisco de Asís en Lobatera │ Aesthetics of the Passage: Mystical Reading of Psalm 141 and Sensibility in the Sculptural Image of Saint Francis of Assisi in Lobatera




Antigua imagen de San Francisco de Asis de la Parroquial de Lobatera (Estado Táchira) de probable origen colonial. Tenía en la mano un crucifijo que desapareció. Esta talla, junto a la de San Rafael Arcángel (a su izquierda) fueron repintadas erróneamente en 2006, borrándoles su pátina y originalidad (Foto: Samir Sánchez, 1997).


Descripción iconográfica y significación patrimonial para Lobatera

La talla en madera policromada de San Francisco de Asís, de la Parroquial de Lobatera (Estado Táchira) representa al santo de pie sobre una peña o base rocosa de trazado irregular. Vestido con el hábito franciscano de tonos castaños oscuros, con pliegues verticales caídos de sobria verticalidad, y ceñido a la cintura por el tradicional cordón franciscano de tres nudos, la imagen exhibe los estigmas en el dorso de sus manos y pies descalzos.


En su actitud compositiva, sostiene en su mano izquierda (derecha del observador) un pequeño libro de oraciones o breviario sobre el que descansa un cráneo humano (calavera), objeto de su serena e introspectiva mirada. La cabeza, con tonsura clerical y barba corta bien definida, presenta rasgos serenos y adustos, característicos de la plástica del siglo XVIII de impronta barroca. Flanqueada en el contexto eclesial de Lobatera por otras imágenes devocionales antiguas (como el San Rafael Arcángel con el pez a su derecha y la Virgen del Perpetuo Socorro a su izquierda), esta pieza constituye un valioso testimonio de la imaginería religiosa antigua en el estado Táchira.


Más allá de su valor estético y formal, la escultura encarna un pilar de la memoria espiritual e histórica de la comunidad de Lobatera, sirviendo como vínculo tangible con las tradiciones de fe, la contemplación mística y el patrimonio cultural heredado por las generaciones locales.


El Salmo 141 como clave de lectura exegética e iconológica


El libro expresa el uso del salmo 141, según la Vulgata (Voce mea ad Dominum clamavi) durante los momentos finales de San Francisco de Asís y representa una clave de lectura fundamental para la interpretación iconográfica y espiritual de este tipo de representaciones esculturales.


En la tarde del 3 de octubre de 1226, postrado sobre la tierra desnuda de la Porciúncula y desgastado por la enfermedad y el rigor ascético, el Poverello convirtió la recitación responsorial de este salmo bíblico en el broche definitivo de su experiencia mística. Lejos de constituir un acto devocional azaroso, la elección de este texto veterotestamentario manifiesta una deliberada articulación teológica que condensa tres ejes conceptuales de singular relevancia para la plástica sacra: la muerte como liberación de la cárcel terrenal, la imitatio Christi llevada hasta la agonía y la esperanzada transición hacia la patria celestial.



En primer lugar, el salmo 141 encuentra su clímax funcional en la petición formal del versículo final: "Educ de custodia animam meam ad confitendum nomini tuo" ("Saca mi alma de la prisión para alabar tu nombre"). En la vivencia franciscana, la existencia terrena y la corporalidad sufriente, marcada en Francisco por la ceguera y los estigmas, eran comprendidas como una morada de tránsito o un cautiverio temporal. Al acoger a la "Hermana muerte corporal", el santo no implora la salvación del dolor físico, sino la emancipación del espíritu para el ejercicio de la alabanza infinita. Esta tensión entre la pesadez de la materia sufriente y la liberación del alma resulta central en la escultura devocional, donde la presencia del cráneo y la mirada pensativa sobre la brevedad de la vida terrena traslucen la inminencia del vuelo espiritual.



En segundo lugar, la recitación del salmo plasma la asimilación definitiva de Francisco a la Pasión de Cristo. El tono de desolación inicial del texto, donde el salmista declara la perturbación de su espíritu y la ausencia de amparo humano, entronca directamente con el sentimiento de abandono expresado por Jesús en el Calvario a través del salmo 22. Siguiendo el ideal del Nudus nudum Christum sequi, Francisco asume la agonía no desde el desamparo trágico, sino como una oblación compartida con el Redentor. La tradición recogida por sus primeros biógrafos, como Tomás de Celano y San Buenaventura, subraya que esta actitud transformó la muerte en un acto litúrgico. 



Para la plástica barroca, que representa a Francisco en profunda contemplación del crucifijo (que la imagen de Lobatera tenía en su mano derecha, izquierda del observador) o sosteniendo una calavera como memento mori, el salmo 141 fundamenta esa atmósfera de recogimiento místico donde la mortificación de la carne se transfigura en conformación con la imagen del Crucificado.



Finalmente, el salmo concluye con una afirmación de confianza que sella el sentido de la recompensa divina: "me exspectant iusti, donec retribuas mihi" ("los justos me están esperando, hasta que me des la recompensa..."). La historiografía hagiográfica señala que el último aliento del santo coincidió con la pronunciación de estos versos finales.



El pasaje evoca la asamblea celestial que aguarda al justo, transformando el tránsito en un motivo de gozo triunfal para la orden minorita. Al integrar esta dimensión bíblica al análisis de esta escultura histórica de Lobatera, se revela que la compostura del santo, en la quietud de su meditación y en la sobriedad de su porte, no busca plasmar la simple agonía biográfica, sino la consumación de una teología de la gracia donde el sufrimiento presente queda absorbido por la victoria del gozo eterno.


Reflexiones finales

La pervivencia de este legado teológico y visual en Lobatera depende críticamente de la relación que la comunidad y los custodios mantengan con la materialidad física de la obra. Frente al paso del tiempo y el inevitable deterioro de la capa pictórica o de la talla, cualquiera, antigua, del patrimonio eclesiástico tachirense, que no haya sido devorada por el esnobismo de repintar, la restauración científica exige un compromiso deontológico irrenunciable: restaurar no equivale a repintar ni rehacer.


Aplicar intervenciones secundarias o repintes indocumentados destruye la pátina histórica, anula la pincelada original del imaginero y enmascara la expresividad estética concebida por los autores de siglos pasados. Ojalá y en tiempos futuros, de más cultura patrimonial y menos analfabetismo funcional, se le devuelva al San Francisco de Asís de Lobatera sus colores originales.


Conservar implica frenar el deterioro y consolidar la materia viva de la obra; restaurar exige respetar la intencionalidad espirituyal y la idea creativa del artista original, interviniendo de manera reversible, mínima y discernible. Suplantar la policromía original o alterar la talla con añadidos ajenos supone una falsificación histórica que despoja a la imagen de su valor documental y de su auténtica carga devocional. Salvaguardar la imagen de San Francisco de Asís en Lobatera en su estricta autenticidad es la única vía para garantizar que las futuras generaciones sigan contemplando, sin distorsiones ni artificios, el mismo testimonio plástico y espiritual que inspiró a sus antepasados.


martes, 3 de octubre de 2023

El Arte que nos Identifica: Gratitud a Sigrid Márquez Poleo Presentación del Proyecto | The Art That Defines Us: Gratitude to Sigrid Márquez Poleo – Project Presentation





La identidad visual de Proyecto Experiencia Arte nació de una mirada que sabe interpretar la historia y la estética. Hoy quiero dedicar este espacio a los primeros cabezotes que revistieron nuestro blog, piezas creadas por la diseñadora gráfica Sigrid Márquez Poleo.


Estas imágenes no son sólo adornos; representan un diálogo entre el arte universal y el propósito de este proyecto. Sigrid ha logrado integrar piezas icónicas de nuestra historia cultural universal con el logotipo que ella misma diseñó, elevando la imagen de este espacio, y de Táchira Heritage desde 2024, a una categoría de apreciación estética por sí misma.


Más allá de su evidente talento técnico, estas colecciones-creaciones son el reflejo de una colaboración incondicional. Este rincón, especie de recorrido visual por las artes, es un testimonio de gratitud: gracias, Sigrid, por dotar, desde 2012, cuando iniciamos este proyecto, de rostro, marca y elegancia a este sueño, y por recordarnos que el diseño es, en esencia, la forma que toma el pensamiento.




































_______________________________