martes, 27 de febrero de 2018

Arte en yeso en un busto de «Bolívar Libertador y Padre de la Patria» │ Bolívar The Liberator or A Sculptural Portrait Head From Classical Antiquity




Texto: Samir A. Sánchez (2018)
Fotografías: Santiago Xavier Sánchez (2018)





Busto neoclásico, sin pedestal, de «Bolívar Libertador y Padre de la Patria» (Foto: Santiago X. Sánchez, 2018).




En esa continua y dilatada búsqueda de la identidad urbana de San Cristóbal, partiendo de las palabras del escritor David García quien recordaba: «cada ciudad tiene su imagen canónica, esa que aparece en la mayoría de personas cuando se pronuncia el nombre de la ciudad» (2015), Proyecto Experiencia Arte sigue la senda de la ciudad de los objetos -arquitectónicos o esculturales- desapercibidos para el común pero aferrados a la singladura de su historia. 


En ese andar y desandar, tropezamos visualmente con una escultura en material temporario (en yeso blanco fino o escayola) que, escudriñando el paso del tiempo, subyace en un viejo imaginario urbano. Elaborada siguiendo el estilo sobrio y solemne del neoclasicismo, a partir de la técnica de molde perdido, y ya con las huellas de un dilatado manejo inadecuado, su figura histórica tiene, tras de sí, un relato que contarnos.


La formulación facial del rostro representado en la obra, se caracteriza por un perfil delineado, labios gruesos, pómulos destacados, cejas en alto, arrugas en la frente, cabello con disposición de golpe al viento, profundidad de las cuencas de los ojos. Un todo que denota ya la compostura dramática de los últimos años de vida de El Libertador.


Lograr captar, con tal naturalismo, al personaje representado, la hacen una pieza de extraordinaria calidad, sumado al dominio del autor en la expresión tridimensional, por el buen cuidado en los detalles (ej. el drapeado de la clámide [cuya fíbula perdió el amplio chatón ornamental circular, el cual debe ser reconstruido en un proceso de restauración del bustocon movimiento o formas berninianas y recogida sobre el pecho, agudiza el carácter cerrado de la composición; pasamanería vertical de la casaca y pechera; cuello alto; corbata y el perfil del héroe) así como por captar en los rasgos fisionómicos -de un rostro vuelto a la derecha- una gran dignidad teñida con tristeza, al representar a El Libertador Simón Bolívar en sus últimos años de existencia. El busto, sin pedestal, fue elaborado en una marmolería de la vía del Babuino, en Roma (Italia), por encargo del Dr. Fernando Torre Olivares (1930-2016), Ex Juez Rector del Estado Táchira.



Foto: Santiago X. Sánchez (2018)


Los maestros artesanos romanos, siguiendo las instrucciones expresas del Dr. Torre Olivares -quien era versado en historia y arte-, realizaron un busto de El Libertador (60 cm de altura x 55 cm de base x 44 cm de profundidad), de singulares características, a partir de la combinación en uno sólo, de los dos modelos elaborados según los cánones clásicos de la escultura en mármol por Pietro Tenerani en 1831 (busto con uniforme militar o de General en Jefe, como Libertador) y 1836 (busto recubierto sólo con clámide o capa griega, como Padre de la Patria) motivo por el cual, el busto que se encuentra en San Cristóbal, recibe la identificación -en arte- de «Bolívar Libertador y Padre de la Patria».


La obra siguió los trazos del perfil de El Libertador dibujado por François Désiré Roulin, en Bogotá, en 1828 [grabado original sobre papel florete español, 0,12 x 0,10 cm con la identificación "Gal. Bolívar, dessiné d'après nature à Bogotá. 15 février 1828. Roulin"] y el rostro, de los dibujos a lápiz y pinturas que José María Espinosa le hizo entre 1829 y 1830. El busto data de principios de la década de los años setenta del pasado siglo, cuando el Dr. Fernando Torre Olivares, quien ejercía para el momento el cargo de Presidente del Colegio de Abogados del Estado Táchira, lograba exitosamente la construcción de la nueva y actual sede del colegio, en el sector La Concordia de la ciudad de San Cristóbal, contando con el apoyo -en proyectos- de su señora madre Doña Josefina Olivares de Torre Betancourt (1905-1993) quien trajo a un experimentado artesano del Norte de Santander (Colombia), de apellido Villamediana, para que realizara las esculturas de animales en tamaño natural que actualmente  adornan los parques del colegio.
 


Al proyectar los espacios abiertos del colegio, el Dr. Torre Olivares transmitió al especialista Profesor Fernando Matterani M., destacado emigrante italiano y diseñador de las edificaciones, espacios abiertos y áreas verdes del colegio (además del Obelisco de los Italianos en la intersección de la avenida 19 de abril con el Pasaje Acueducto y entrada principal al barrio Libertador), la idea una rotonda como emplazamiento para una Plaza Bolívar donde, luego de su vaciado en un material más definitivo o duradero (bronce), se colocaría el busto de «Bolívar Libertador y Padre de la Patria». 


Esta plaza no se alcanzó a construir, pero sí el vaciado del busto en bronce (hasta la fecha se desconoce donde fue realizado ese trabajo de fundición), encontrándose actualmente el bronce en el auditorio del Colegio de Abogados del Estado Táchira, en la Sala de Banderas. 


Así, de todas estas realizaciones, sólo quedaron el modelo reproducido a escala, en una maqueta de arcilla, en un olvidado taller de Roma, el bronce del audotorio y el presente busto, como modelo original en yeso. 



Foto: UCAT, febrero 2018.

Foto: Sr. Orlando Molina, UCAT, abril 2018



En la actualidad esta obra del arte escultórico italiano, preside todos los actos solemnes de la Universidad Católica del Táchira, de la cual el Dr. Fernando Torre Olivares fue profesor-fundador en 1962. 




Foto: Santiago X. Sánchez (2018).



Post scriptum


En cuanto al arte se refiere, es importante ubicar o contextualizar el modelo del busto estudiado en el intervalo de producciones iniciado -en un primer momento- con los pintores y dibujates para quienes posó  o conocieron del natural el rostro del héroe (1802-1830), y que se prolonga -en un segundo momento- hasta los tiempos presentes (1831- actualidad). Sin embargo, no se trata de obviar el principio antrópico el cual plantea que cada quien tiene la propia imagen de un personaje según sea su conocimiento de él.





Detalle del rostro de El Libertador Simón Bolívar, autenticado por él. Está tomado del óleo sobre lienzo (2,10 x 1,30 m) pintado por el artista peruano José Gil de Castro (1785-1841) en Lima, en 1825, en un estilo propio que se puede clasificar como de transición entre el realismo y la estilización pictórica. Se corresponde con el único cuadro –de toda la amplia iconografía sobre Bolívar (desde 1802 hasta 1830)- que tiene el carácter de representación auténtica de El Libertador, entendiéndose este término en cuanto fue la única obra que tuvo –y aún conserva- la autenticidad que emanó de la autoridad de la persona que fue retratada, certificada igualmente por su familia. De esta forma, en una copia del lienzo original que El Libertador le enviara a su amigo Sir Robert Wilson -por medio del general Miller-, en Londres, en carta fechada en Potosí el 29 de octubre de 1825, le especificaba: «Me tomo la libertad de dirigir a Ud. un retrato mío hecho Lima con la más grande exactitud y semejanza». 

En cuanto al testimonio de la familia, en unos apuntes de Sir Robert Ker Porter, con fecha 21 de noviembre de 1826, luego que se le permitiera hacer una copia a lápiz del original de Gil de Castro que se conservaba en la amplia sala de la casona paterna de los Bolívar Palacios y Blanco, en San Jacinto (Caracas), especificaba que Doña María Antonia Bolívar Palacios y Blanco de Clemente, quien le había pedido un retrato a su hermano en carta fechada en Caracas, el 30 de octubre de 1825, por no tener uno, recibió de parte de El Libertador el cuadro original como regalo fraterno, según carta que le escribiera desde Lma, el 10 de agosto de 1826. Por igual, especificaba Ker Porter que ella consideraba este retrato sumamente parecido con El Libertador Simón Bolívar. 

Al fallecer Doña María Antonia Bolívar, el cuadro pasó a sus herederos y finalizó como propiedad del presidente y general Antonio Guzmán Blanco (hijo de Doña Carlota Blanco Jerez de Aristiguieta de Guzmán, prima segunda de El Libertador). Guzmán Blanco lo donó -en 1877- a la pinacoteca del Palacio Federal Legislativo de Caracas que acababa de ser edificado como sede del Congreso Nacional de los Estados Unidos de Venezuela. El cuadro original de José Gil de Castro, actualmente preside el Salón Elíptico del Capitolio Nacional de Venezuela, sede del Poder Legislativo, en Caracas (Foto close-up: Santiago X. Sánchez, 2018).
  

Como se especificó, Pietro Tenerani (discípulo del gran maestro del arte neoclásico, Antonio Canova) trabajó en 1831, en un busto de Bolívar para y por encargo del General Tomás Cipriano de Mosquera (1798-1878) quien fuera Edecán de El Libertador. Su afecto y admiración sin límite hacia la magna figura del héroe, le llevó a encargar al artista italiano la realización de dos bustos (uno 1831 y otro 1842 -este último copia del elaborado en 1836). En todos, representó al héroe con rostro vuelto hacia la derecha. El revestimiento del busto de 1831, lo hizo con uniforme de General en Jefe y portando el medallón de Washington.



Foto:_Santiago X. Sánchez (2018).



En el modelo realizado en 1836, y por expreso deseo de Don Fernando Bolívar, sobrino de El Libertador y quien residía en Europa para la fecha, la figura fue revestida sólo con una plegada clámide, sujeta por una fíbula circular. La clámide, -Χλαμύς-, era una prenda griega antigua que, por dar más libertad de movimiento a quien la portaba, tanto a jinetes o militares, fue asumida como una alegoría de la Libertad y de las virtudes cívicas. Posteriormente, uniforme militar y capa magna los combinará Tenerani en la producción de las estatuas vaciadas en bronce, que hará de El Libertador, a partir de 1843.


Las tres esculturas, por sus tamaños, proporción, materia y detalladas realizaciones escultóricas y fisonómicas, certificadas ante el autor por personas que conocieron y fueron cercanas a El Libertador (como el General Daniel Florencio O'Leary), son considerados por los críticos de arte como la mejor obra póstuma que se haya hecho del Padre de la Patria.


Sobre el destino de los mismos -primer trabajo de carácter escultórico que se hizo de El Libertador luego de su deceso en 1830- se tiene que el primero -con uniforme de General en Jefe y medallón de Washington- se encuentra en el Panteón de los Próceres (Universidad del Cauca, Popayán, Colombia).


El segundo, de 1836, encargado por Don Fernando Bolívar, se encuentra en el Salón de Banderas, de la Casa Amarilla, sede de la Cancillería, en Caracas.




Foto: Santiago X. Sánchez (2018)



El tercero -elaborado en 1842 y copia idéntica del realizado en 1836- quedó en posesión de los herederos del General Mosquera. En 1932, fue adquirida por el Estado colombiano a través de una suscripción pública, cuando era propiedad del Señor José Bolívar Mosquera Arboleda (1878-1937) -hijo del General Cipriano de Mosquera- y se le tenía por destino el ser colocado en el Palacio de San Carlos, sede de la presidencia. Este busto lleva la siguiente inscripción de autenticidad: "Isto curante/Bolivarum sculpsit/Petrus Tenerani/qui/ne ri cederet memoria/utriusque nomem/novo opere sacravit", que en castellano significa 'Por petición del solicitante (el General Mosquera), Pedro Tenerani esculpió a Bolívar, y para el recuerdo de este hecho, que no se borre nunca, inmortalizó el nombre de ambos en esta nueva obra'. 


Actualmente la escultura anteriormente descrita, se encuentra en la antesala del Salón Amarillo del Palacio de Nariño, en Bogotá. Resultó anecdótico que, al momento de la mudanza de la sede presidencial del Palacio de San Carlos al Palacio de Nariño (abril de 1980), se necesitara de ocho personas para transportar el busto dado su peso, por estar realizado en mármol de alta consistencia. 





El Dr. Fernando Torres Olivares (izquierda del observador) con el Presidente de la República de Venezuela, Dr. Rafael Caldera, en el acto solemne de inauguración de las nueva sede del Colegio de Abogados del Estado Táchira, en la ciudad de San Cristóbal, el 19 de enero de 1973 (Foto: Dr. Luis Hernández Contreras, 2016). 





Foto: Santiago X. Sánchez, 2018