domingo, 9 de abril de 2023

Semblanza y legado de la maestra Blanca Graciela Arias de Caballero en la construcción de un nuevo país │ Blanca Graciela Arias de Caballero: A Legacy of Transformation for a New Country






Maestra Blanca Graciela Arias de Caballero (Rubio, 1921 - Caracas, 1992). Créditos de la imagen: Tomada de la página web del Colegio Blanca Graciela Arias de Caballero (Rubio, 2026)



Releyendo un artículo publicado en el importante sitio web de Retazos Históricos del Táchira, por el Profesor Doménico Andrade en 2021, comparto una vez más la importancia de la vida y obra de Blanca Graciela Arias de Caballero, de quien fui discípulo sin ella saberlo. La misma la desglosaré en sus componentes esenciales para reconstruir, con nitidez, el vasto legado pedagógico y literario que nos dejó.

Más allá del rigor de las efemérides, es preciso detenerse en los «pequeños detalles», el aroma del café o la vivacidad de su gesticulación literaria, que revelan la verdadera esencia de la autora.

Nacida en Rubio, Municipio Junín, Estado Táchira, el 9 de mayo de 1921 (según su partida de nacimiento), su identidad estuvo signada por una orfandad temprana. Esta circunstancia la impulsó a refugiar su espíritu en la narrativa y en la espiritualidad heredada de su madre. Su formación como docente en la Escuela Normal constituyó la base metodológica donde la educación y la expresión artística se fundieron de manera indisoluble.

Su producción escrita, consolidada hacia 1961, es un fiel reflejo de su infancia andina tachirense. Según los estudiosos, su lírica es una extensión de su pedagogía temprana, caracterizada por: La nostalgia geográfica, la cual, pese a residir en Caracas, le hizo transformar su hogar en una embajada de su tierra natal, cultivando café y hortalizas para preservar el vínculo con aquellas raíces que seguían nutriéndose del noble suelo tachirense. El simbolismo natural, en el uso de mirlos, cocuyos, bruma y cafetales en flor para edificar un universo poético destinado a la infancia.


Pedagogía del asombro, desde el recuerdo

De una desbordante creatividad, Blanca Graciela Arias de Caballero no se limitaba a la lectura de cuentos; los recreaba y les daba vida mediante la palabra y el gesto. Su enfoque pedagógico se sustentaba en tres pilares: La interpretación activa, y el empleo de imágenes, clave para establecer una conexión emocional con el oyente; La co-creación, desde la firme convicción de que los niños debían ser partícipes en la gestación de las historias; La identidad regional y nacional, desde el uso de leyendas y tradiciones locales como herramientas fundamentales para el proceso histórico-cultural de la nación.

Aunque su ciclo vital finalizó en 1992, su impacto permanece vigente a través del reconocimiento institucional y una obra que no es un archivo estático, sino un organismo vivo que nutre la literatura tachirense y venezolana.


Memoria

En lo personal, guardo una memoria agradecida que viaja desde tierras lejanas hasta los pupitres de mi escuela primaria en el Táchira, la vieja Escuela Federal Graduada “Mons. Antonio Ramón Silva”, en la carrera 16 con calle 12 del Barrio San Carlos, en la ciudad de San Cristóbal. Sus libros ilustrados marcaron mis primeros encuentros con la literaria, la cual era enriquecida y reforzada con aquellos paseos escolares que nos daban los maestros por los alrededores de la escuela (incluyendo la Residencia Oficial de Gobernadores del Estado Tçachira, donde se nos dejaba entrar a sus jardines) para luego, en el aula, escribir ensayos sobre lo que habíamos observado y nos había impresionado.

Así, aquellas imágenes ilustrativas y aquella narrativa sencilla, pero de hondo impacto en los libros de la maestra Arias de Caballero, poseyeron la virtud de cautivar. Para ella, escribir no era un oficio, sino una necesidad vital de comunicación; logró transmutar la melancolía de la distancia en una herramienta educativa poderosa, aspecto este que hoy valora aún más.


Nuevos tiempos

Esta labor cobra una relevancia urgente en el presente, donde la educación continua llevada a una condición residual. Actualmente, pretendemos erigir rascacielos de acero (economía) a partir de espejos borrosos (política), sobre un precario terreno de arena (una educación postergada y nunca valorada en su justa dimensión).

Ignoramos, con temeridad que, sin una base sólida, cualquier estructura construida sobre tan débiles bases colapsará, una y otra vez, ante los embates de cualquier crisis. Por ello, la "arena" del presente, en la construcción de un nuevo país republicano, desde un pacto federativo como lo proyectaron los padres fundadores de la nacionalidad venezolana en 1811, solo podrá compactarse si recuperamos la solidez de maestros quienes, como la tachirense Blanca Graciela Arias de Caballero, entendían que la educación es la piedra angular de cualquier edificio social, a partir de la actuación de ciudadanos cívicos, moral y éticamente formados.