miércoles, 4 de octubre de 2023

La estética del tránsito: Lectura mística del Salmo 141 y la sensibilidad en la escultura de San Francisco de Asís en Lobatera │ Aesthetics of the Passage: Mystical Reading of Psalm 141 and Sensibility in the Sculptural Image of Saint Francis of Assisi in Lobatera




Antigua imagen de San Francisco de Asis de la Parroquial de Lobatera (Estado Táchira) de probable origen colonial. Tenía en la mano un crucifijo que desapareció. Esta talla, junto a la de San Rafael Arcángel (a su izquierda) fueron repintadas erróneamente en 2006, borrándoles su pátina y originalidad (Foto: Samir Sánchez, 1997).


Descripción iconográfica y significación patrimonial para Lobatera

La talla en madera policromada de San Francisco de Asís, de la Parroquial de Lobatera (Estado Táchira) representa al santo de pie sobre una peña o base rocosa de trazado irregular. Vestido con el hábito franciscano de tonos castaños oscuros, con pliegues verticales caídos de sobria verticalidad, y ceñido a la cintura por el tradicional cordón franciscano de tres nudos, la imagen exhibe los estigmas en el dorso de sus manos y pies descalzos.


En su actitud compositiva, sostiene con ambas manos un pequeño libro de oraciones o breviario sobre el que descansa un cráneo humano (calavera), objeto de su serena e introspectiva mirada. La cabeza, con tonsura clerical y barba corta bien definida, presenta rasgos serenos y adustos, característicos de la plástica del siglo XVIII de impronta barroca. Flanqueada en el contexto eclesial de Lobatera por otras imágenes devocionales antiguas (como el San Rafael Arcángel con el pez a su derecha y la Virgen del Perpetuo Socorro a su izquierda), esta pieza constituye un valioso testimonio de la imaginería religiosa antigua en el estado Táchira.


Más allá de su valor estético y formal, la escultura encarna un pilar de la memoria espiritual e histórica de la comunidad de Lobatera, sirviendo como vínculo tangible con las tradiciones de fe, la contemplación mística y el patrimonio cultural heredado por las generaciones locales.


El Salmo 141 como clave de lectura exegética e iconológica


El libro expresa el uso del salmo 141, según la Vulgata (Voce mea ad Dominum clamavi) durante los momentos finales de San Francisco de Asís y representa una clave de lectura fundamental para la interpretación iconográfica y espiritual de este tipo de representaciones esculturales.


En la tarde del 3 de octubre de 1226, postrado sobre la tierra desnuda de la Porciúncula y desgastado por la enfermedad y el rigor ascético, el Poverello convirtió la recitación responsorial de este salmo bíblico en el broche definitivo de su experiencia mística. Lejos de constituir un acto devocional azaroso, la elección de este texto veterotestamentario manifiesta una deliberada articulación teológica que condensa tres ejes conceptuales de singular relevancia para la plástica sacra: la muerte como liberación de la cárcel terrenal, la imitatio Christi llevada hasta la agonía y la esperanzada transición hacia la patria celestial.



En primer lugar, el salmo 141 encuentra su clímax funcional en la petición formal del versículo final: «Educ de custodia animam meam ad confitendum nomini tuo» («Saca mi alma de la prisión para alabar tu nombre»). En la vivencia franciscana, la existencia terrena y la corporalidad sufriente, marcada en Francisco por la ceguera y los estigmas, eran comprendidas como una morada de tránsito o un cautiverio temporal. Al acoger a la «Hermana Muerte Corporal», el santo no implora la salvación del dolor físico, sino la emancipación del espíritu para el ejercicio de la alabanza infinita. Esta tensión entre la pesadez de la materia sufriente y la liberación del alma resulta central en la escultura devocional, donde la presencia del cráneo y la mirada pensativa sobre la brevedad de la vida terrena traslucen la inminencia del vuelo espiritual.



En segundo lugar, la recitación del salmo plasma la asimilación definitiva de Francisco a la Pasión de Cristo. El tono de desolación inicial del texto, donde el salmista declara la perturbación de su espíritu y la ausencia de amparo humano, entronca directamente con el sentimiento de abandono expresado por Jesús en el Calvario a través del salmo 22. Siguiendo el ideal del Nudus nudum Christum sequi, Francisco asume la agonía no desde el desamparo trágico, sino como una oblación compartida con el Redentor. La tradición recogida por sus primeros biógrafos, como Tomás de Celano y San Buenaventura, subraya que esta actitud transformó la muerte en un acto litúrgico. 



Para la plástica barroca, que representa a Francisco en profunda contemplación del crucifijo o sosteniendo una calavera como memento mori, el salmo 141 fundamenta esa atmósfera de recogimiento místico donde la mortificación de la carne se transfigura en conformación con la imagen del Crucificado.



Finalmente, el salmo concluye con una afirmación de confianza que sella el sentido de la recompensa divina: «me exspectant iusti, donec retribuas mihi» («los justos me están esperando, hasta que me des la recompensa»). La historiografía hagiográfica señala que el último aliento del santo coincidió con la pronunciación de estos versos finales.



El pasaje evoca la asamblea celestial que aguarda al justo, transformando el tránsito en un motivo de gozo triunfal para la orden minorita. Al integrar esta dimensión bíblica al análisis de esta escultura histórica de Lobatera, se revela que la compostura del santo, en la quietud de su meditación y en la sobriedad de su porte, no busca plasmar la simple agonía biográfica, sino la consumación de una teología de la gracia donde el sufrimiento presente queda absorbido por la victoria del gozo eterno.


Reflexiones finales

La pervivencia de este legado teológico y visual en Lobatera depende críticamente de la relación que la comunidad y los custodios mantengan con la materialidad física de la obra. Frente al paso del tiempo y el inevitable deterioro de la capa pictórica o de la talla, la restauración científica exige un compromiso deontológico irrenunciable: restaurar no equivale a repintar ni rehacer. Aplicar intervenciones secundarias o repintes indocumentados destruye la pátina histórica, anula la pincelada original del imaginero y enmascara la expresividad estética concebida por el autor del siglo XIX.


Conservar implica frenar el deterioro y consolidar la materia viva de la obra; restaurar exige respetar la intencionalidad espirituyal y la idea creativa del artista original, interviniendo de manera reversible, mínima y discernible. Suplantar la policromía original o alterar la talla con añadidos ajenos supone una falsificación histórica que despoja a la imagen de su valor documental y de su auténtica carga devocional. Salvaguardar la imagen de San Francisco de Asís en Lobatera en su estricta autenticidad es la única vía para garantizar que las futuras generaciones sigan contemplando, sin distorsiones ni artificios, el mismo testimonio plástico y espiritual que inspiró a sus antepasados.