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lunes, 27 de mayo de 2024

Geodiversidad y Geología del Táchira: Recurso didáctico sobre su historia pétrea │ Rock of Ages: How Granite made Táchira (A Research for Didactic Classroom Studies)





Panorámica recreada con IA de la orografía del pico "El Púlpito" y el "El techo del Táchira" (Foto: Yoser Linares, 20026).  



Geología tachirense





Leyendo la piel del Táchira
472± millones de años se han requerido para que el Táchira definiera su actual topografía... Una geodiversidad que ha condicionado nuestro carácter, historia, cultura y nuestros paisajes. Una visión desde nuestro mundo y nuestro momento; una visión tanto para la sociedad tachirense actual que desconoce su pasado geológico y lo considera como una cosa ajena, oculta, misteriosa y muy difícil de conocer o sólo reservado para especialistas y aprendices (nuestro caso), como para las nuevas generaciones quienes quieren superar el marasmo cognitivo de años y llegar a ser una sociedad del conocimiento.

El trabajo puede ser descargardo en formato PDF, aquí:

 

 

 

 








En el techo del Táchira... Panorámica de la serranía del páramo de Batallón (las tierras más altas del Táchira) y el valle de La Grita, asiento de la ciudad del Espíritu Santo de La Grita, fundada por el Capitán General y Gobernador Francisco de Cáceres en 1576. Fue capital de la provincia y gobernación del Espíritu Santo de La Grita desde 1576 hasta 1607 cuando pasa a ser capital del Corregimiento de La Grita hasta 1611 que se traslada la capital a  Mérida. En la actualidad, La Grita es la capital del Municipio Jáuregui del Estado Táchira (Foto: Ing. Juan Alberto Sánchez García, 2020).




© Proyecto Experiencia Arte / Experience Art Project 2012-2020. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de las fotografías pertenecen a cada fotógrafo, grupo o institución mencionada.


viernes, 22 de marzo de 2024

La sierra de la Maravilla en la ciudad de San Cristóbal. Parque Nacional y reserva de la biosfera tachirense | Natural History in the 'Sierra de la Maravilla' ('La Maravilla' Mountains). An untouched natural Andean scenery in San Cristóbal City (Natural Park - Táchira State - Venezuela)






Texto de Samir A. Sánchez (2024)
Foto de Inés Fernández (2012) 
Foto de José Manuel Vera C.(2024)


"Porque la mano derecha del propio valle como en él entraron, que es hacia la parte este, dio la tierra demostración de muy ásperas y montuosas sierras que amenazando desde lejos con la altura y empinamiento de que la naturaleza les había dotado, con las grandes y espesas montañas de que estaban cubiertas, se hacían y figuraban muy dificultosas a los ojos de los que las miraban".

 (Descripción de la sierra de la Maravilla, para 1558, Fray Pedro de Aguado OFM).




Definición y delimitación

La Sierra de la Maravilla representa para los habitantes del Estado Táchira y de su capital, San Cristóbal, un hito geográfico e identitario análogo al impacto del cerro El Ávila —o Warairarrepano, en la nomenclatura aborigen que denota «Montaña o sierra grande»— para los pobladores de la ciudad de Caracas y del litoral central venezolano.

Geológicamente, esta formación comprende un sistema de filas, estribaciones y colinas orientadas al este del valle de Santiago. Se trata de una estructura de origen geológico reciente cuya estratigrafía abarca desde el período Jurásico (hace más de 200 millones de años) hasta el Cuaternario. Su morfología actual es el resultado de procesos de erosión glaciar, caracterizados por intensas precipitaciones y heladas que redujeron su altitud original. Debido a su condición de terrenos jóvenes, emergidos y carentes de una consolidación por altas presiones, los materiales sedimentarios sufrieron un arrastre progresivo hacia el fondo del valle, dando origen a las actuales terrazas fluviales.

Una porción sustancial de su superficie conforma el área bajo régimen de administración especial (ABRAE) denominada Parque Nacional Chorro del Indio. Este espacio fue instituido mediante decreto del Ejecutivo Nacional en 1989, bajo la magistratura del presidente Carlos Andrés Pérez, con el propósito de conferir un marco jurídico de gestión y salvaguarda a este pulmón vegetal del área metropolitana de San Cristóbal.

Por consiguiente, la Sierra de la Maravilla se erige como un espacio de preeminente valor ecológico y paisajístico, constituido como un oasis de biodiversidad andina rico en recursos hídricos, formaciones forestales y cascadas. La creación del parque nacional supuso una visión prospectiva de la intelectualidad y dirigencia tachirense de la época, liderada por el Ejecutivo, orientada a mitigar la degradación de los bosques tropicales andinos y a proteger las especies amenazadas por la expansión urbana anárquica de la capital estadal.

Características fisiográficas y Red hidrográfica

Fisiográficamente, la sierra consiste en una sucesión continua de formaciones montañosas que albergan bosques premontanos, selvas nubladas y ecosistemas de páramo en un estado de conservación prácticamente prístino. El sistema orográfico se inicia al noreste de San Cristóbal, específicamente en el abra del Callejón Colorado —adyacente al páramo homónimo, a una altitud de 3350 m s. n. m.—, en las estribaciones de la aldea Mesa de Aura. Desde este punto, se extiende en sentido suroeste a modo de barrera natural, culminando en las colinas que circundan la población de San Josecito. De este modo, la vertiente occidental delimita el crecimiento urbano oriental de la capital tachirense.

Asimismo, en este flanco montañoso occidental se localizan las cabeceras y zonas de carga de las principales corrientes fluviales que surcan el valle de Santiago en sentido este-oeste, disectando las terrazas de sedimentos cuaternarios. Entre estos cursos hídricos destacan las quebradas La Bermeja, La Potrera, La Parada, La Vichuta y La Machirí.

Origen toponímico y fuentes históricas

La historiografía local registra diversas hipótesis respecto al origen del topónimo actual. La tradición oral, conservada por los habitantes de la antigua aldea de Pueblo Nuevo y el caserío Barebare, atribuye el nombre a la abundancia histórica de una especie vegetal tuberosa de hojas opuestas y vistosas flores campanuláceas de color amarillo intenso. Dicha especie, identificada como Mirabilis jalapa (conocida vulgarmente como «flor de la maravilla» o Marvel of Perú en la literatura anglosajona), resultaba conspicua para los arrieros y transeúntes del siglo XIX que recorrían el camino real entre San Cristóbal y Táriba, particularmente durante el crepúsculo, cuando la incidencia de la luz solar resaltaba los tonos amarillos sobre el follaje de la vertiente. Con anterioridad al siglo XIX, el conjunto montañoso recibía únicamente la denominación genérica de «La Serranía».

El epicentro de esta vegetación se localizaba en el páramo El Pino (2395 m s. n. m.), en el actual cerro de la Maravilla. A partir de este hito, la cadena montañosa encadena cumbres notables como los páramos Colorado, Guarín, El Oso, Moraleño y Peña Bermeja; en este último se encuentran las fuentes de la quebrada Chorro del Indio. Una hipótesis alternativa vincula el topónimo a una metonimia surgida a finales del siglo XIX, a partir de la extensión del nombre de una hacienda cafetalera que dicen se llamaba «La Maravilla», situada en las faldas de la elevación principal.

Desde la perspectiva cronística, la descripción más remota de este sistema montañoso se debe al fraile franciscano y cronista de Indias Pedro de Aguado, quien en 1569 redactó la primera crónica sobre la villa de San Cristóbal (fundada en 1561). Aguado documentó cómo el capitán Juan Rodríguez Suárez, en su expedición de 1558 procedente de Pamplona de Indias (Nueva Granada) —cuyo objetivo inicial era el descubrimiento de yacimientos auríferos, y que culminaría en la fundación de Mérida—, evaluó las características topográficas del valle de Santiago al iniciar su marcha el 25 de julio de aquel año. La crónica ilustra la percepción de los expedicionarios respecto a la sierra:


«Había Juan Rodríguez mirando y considerando toda la serranía que cerca el valle de Santiago y ninguna le había contentado para arrojarse por ella, porque la mano derecha del propio valle como en él entraron, que es hacia la parte este, dio la tierra demostración de muy ásperas y montuosas sierras que amenazando desde lejos con la altura y empinamiento de que la naturaleza les había dotado, con las grandes y espesas montañas de que estaban cubiertas, se hacían y figuraban muy dificultosas a los ojos de los que las miraban, para por ellas pasar a la parte oriental. Tenían certidumbre que detrás de ellas estaban los llanos de Venezuela, de donde no esperaban haber ningún buen fruto, además de que asimismo las sierras que por aquella parte veían, también eran muy arcabucosas. La tierra que a la parte norte se mostraba era pelada y más apacible que otra ninguna de la que por allí se vía, y así se determinó Juan Rodríguez, y aun le fue forzoso, pues la incomodidad de la tierra no le daba lugar a más, seguir aquella vía del norte» (Aguado, 1963, t. II, p. 329).




Al sortear los límites del valle y siguiendo los senderos prehispánicos subyacentes a la intuición militar narrada, la hueste conquistadora arribó al valle de San Bartolomé (hoy El Cobre) el 24 de agosto, al valle de La Grita el 14 de septiembre, y posteriormente al denominado valle del Alarde —bautizado así por las señales de resistencia que proferían las comunidades originarias desde las cumbres—, situado entre las localidades contemporáneas de Sabana Larga y Pueblo Hondo.

Consideraciones finales: hacia una conciencia ecológica regional

En conclusión, el conocimiento científico y la puesta en valor de los ecosistemas y paisajes de la geografía tachirense constituyen el requisito epistémico fundamental para la conservación de sus componentes ecológicos. La mitigación de la deforestación antrópica intensiva representa el desafío prioritario para la región así como la ausencia de autoridad y gobierno en la evaluación de la permisería, o no, de construcciones urbanas que van adentrándose en la montaña; omitir estas responsabilidades ambientales conllevaría a la degradación irreversible de los suelos y a la consecuente desertificación de las áreas de altitud del Táchira y consecuente pérdida de las fuentes de agua potable.

Foto: Panorámica central de la sierra de La Maravilla y ciudad de San Cristóbal, en el valle de Santiago [Inés Fernandez, viajera, 8 de febrero de 2012. https://misviajesporahi.es/.../san-cristobal-venezuela.html. Reproducción con fines educativos].



La sierra de la Maravilla es un lugar de escenarios naturales sorprendentes, a pocos minutos de la ciudad de San Cristóbal. Un ejemplo de estos es la recta de Loma de Pío, aldea y lugar geográfico donde se comienza a divisar la ciudad y el valle de Santiago desde la sierra, en la carretera que lleva al salto de agua conocido como "Chorro del Indio" que da nombre al parque nacional (Foto: Abogado, licenciado y excursionista, José Manuel Vera C. 2024).





La sierra de la Maravilla en el arte pictórico. Pintura panorámica de la ciudad de San Cristóbal, las montañas de la sierra y la amplitud de valle de Santiago. Obra del artista plástico tachirense Gerardo Duque, acrílico sobre lienzo, 50 x 152 cm (Foto cortesía del Prof. Jack de la Parra, 2024).


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jueves, 5 de octubre de 2017

Piedad para los árboles... Destrucción del árbol de Moral, el más antiguo de Lobatera. Pérdida de un espacio con historia y con vida │The Old Moral Tree [Black mulberry]: Lobateran history hacked down. The story so far.

 








El Moral de Lobatera [Nombre científico, Morus nigra L., Nombre común: Moral, Mora negra, Moral negro, Morera negra]. Foto: Samir A. Sánchez (26/10/2010).



El Moral de Lobatera: Memoria viva frente a la Dictadura del cemento

No resulta trivial afirmar que la historia de un pueblo puede morir cuando se seca su raíz más profunda.


Este frondoso y vetusto árbol, prodigio de ingeniería biológica, almacén de carbono y generoso suplidor de oxígeno, no era solo una planta: era el habitante más antiguo de Lobatera. Se levantó durante siglos en la intersección de la carretera Panamericana con la Av. Pbro. Pedro María Morales, frente a la Cruz de la Misión, desafiando el avance del asfalto.


Se erguía junto a un camino que llevaba a la quebrada Lobatera y el grosor de su tronco estimaba una edad de entre 150 y 200 años. A pesar de una herida en su base, una oquedad donde cabía una persona entera, para agosto de 2010 permanecía como el patriarca de la avenida: el más anciano, alto y robusto. No era un objeto inanimado en el paisaje; era un hito fundacional. Fue él quien bautizó al lugar y luego al sector urbano que lo rodeaba: El Moral.


Su fisonomía y el relato de los ancianos del lugar, lo definían como un probable Moral negro. Debido a su ubicación estratégica, la investigación histórica sugiere que se trataba de un retoño de 120 a 150 años o del mismo árbol citado en un documento de compra-venta de 1794, preservado en el Registro Público de Lobatera. En aquel siglo, el árbol ya servía de guía para los agrimensores:



"[...] se vende a Jesús Medina un pedazo de tierra... desde la quebrada Lobatera por dicho camino a un tronco de Moral y de este bajando a dar a una asequia..."


Es una ironía trágica: aquello que sirvió de lindero y brújula para nuestros antepasados, sucumbió ante la modernidad ciega. Hacia el año 2016, dicen que el árbol se secó y se arrasó su entorno inmediato. Con su caída, triunfó la dictadura del cemento sobre la fragilidad de lo animado. Lo inerte, el concreto que no respira ni recuerda, reclamó el espacio de lo vivo, dejando al pueblo huérfano de sombra y, lo que es peor, huérfano de memoria.


La vida no puede ser reemplazada de forma arbitraria por infraestructuras. Cuando permitimos que la desidia seque a nuestros gigantes, aceptamos una forma de muerte colectiva. El Moral no solo producía oxígeno físico; producía el oxígeno espiritual de nuestra identidad.


Para una reflexión

La lista de bajas de árboles patrimoniales en el Táchira, por el olvido, es extensa y dolorosa: el pimiento de El Cobre; el moral y el cañafístolo del Humilladero en Lobatera; o "El hijo de la noche" junto al actual Terminal de Pasajeros, aquel frondoso samán de la vieja San Cristóbal que era el último vestigio vivo del camino real hacia los Llanos y la selva de San Camilo.


Hoy, ante los pocos que quedan, no solo pedimos conciencia; exigimos piedad. Porque un pueblo que elige el cemento sobre sus árboles está condenado a vivir en un desierto de su propia creación.



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viernes, 17 de junio de 2016

Los Pozos Azules en los Andes suroccidentales venezolanos, paisajes geológicos e historia de los orígenes de la Tierra | The Lower Pozos Azules Ravines in Southwest Venezuelan Andean: The Geological History of Early Earth







⚠️ Nota editorial: Fragilidad, ciencia y responsabilidad

El presente artículo, publicado en este edublog de Proyecto Experiencia Arte (2016), tiene como objetivo principal divulgar la riqueza geológica y el origen natural de los Pozos Azules (o Piletas) de Lobatera. Sin embargo, antes de sumergirnos en su descripción científica, es imperativo establecer una advertencia ética sobre el estado actual de este enclave, para 2026.

Un ecosistema en el límite

Los Pozos Azules no son solo un espectáculo visual; son el resultado de procesos geológicos milenarios en un desierto de altura, un ecosistema cuya estabilidad es sumamente precaria. Actualmente, este equilibrio se encuentra bajo una amenaza crítica debido a:

Turismo masivo e irresponsable: La afluencia descontrolada, muchas veces incentivada por intereses económicos foráneos particulares sin formación ambiental o cultural sobre la región, está superando la capacidad de carga del lugar.


Contaminación directa: La acumulación de desechos sólidos y la alteración de la química del agua están destruyendo la pureza que define a estas piletas.


Vacío de protección: Ante la ausencia de una autoridad regulatoria presente que sancione las malas prácticas, la supervivencia del lugar depende exclusivamente de la conciencia del visitante.


Advertencia al lector: La información aquí expuesta busca fomentar el aprecio científico y estético, no la explotación del recurso. Invitamos a quien lea estas líneas a reflexionar sobre el impacto de su presencia. Visitar un ecosistema frágil sin cultura ambiental no es turismo, es extractivismo cultural y destrucción ecológica.

La naturaleza de Lobatera nos ofrece una ventana al pasado geológico de la Tierra; no permitamos que la negligencia del presente la cierre para siempre.





Texto, gráficos e imágenes: Dr. Beat Meier (2016)




Sobre el autor: Beat Peter Meier Senn, es doctor en Geología por la Universidad de Basilea-Universität Basel (1983), con la tesis doctoral titulada «Lithostratigraphie und Blocktektonik im nördlichen Teil der Táchira-Senke (W. Venezuela)»-«Litoestratigrafía y tectónica de bloques en la parte septentrional de la depresión del Táchira (Venezuela Occidental)», bajo la dirección de los profesores titulares Dr. Hans Peter Laubscher y Dr. Daniel Bernoulli. Residente en Olten (Suiza), es Director ejecutivo de Proseis A.G (Zürich). Trabajó en el Estado Táchira, levantando los mapas geológicos y sismológicos de la región.





Geología, geografía e historia en los Andes venezolanos

Una revisión de literatura especializada en estudios locales como es el caso de «Crónicas de los acontecimientos más resaltantes de la historia de la ciudad de Lobatera y de su Municipio», me ha permitido continuar participando y compartiendo la historia de la región tachirense; conociendo la gente que allí habita, su presente, su pasado y sobre todo la huella firme de sus antepasados. 


Ese trabajo de documentación del quehacer humano y su acción en el tiempo y sobre el espacio,  permitió extender mis conocimientos del subsuelo de la depresión tachirense, con los acontecimientos que han formado y caracterizado la región y la gente en la superficie. Resultando, por demás interesante, conocer algo sobre el origen toponímico de aldeas, caseríos y montañas que me han acompañado por más de treinta años atrás –y que todavía me acompañan-.


Por igual, luego de una detenida lectura sobre la historia y la geografía de los Pozos Azules, en Lobatera, Estado Táchira, si bien alcancé a recorrer esa área durante mis trabajos de campo en esa zona, y dado que no tenía un motivo preciso para descender desde la altura de la antigua Carretera Central del Táchira, al curso bajo de la quebrada Pozos Azules, por cuanto la tectónica de la zona de Las Minas y Cazadero, responden a un monoclinal con suficientes afloramientos a lo largo de la carretera que permitieron cartografiar las formaciones geológicas, el ensayo sobre los Pozos Azules, resultó en una buena oportunidad para enriquecer mis conocimientos con los detalles de su historia y de su geografía –a través de las imágenes fotográficas del mismo-.


Así, y en un intento por interpretar el complejo mosaico estructural del subsuelo del Municipio Lobatera y del área local de la quebrada de los Pozos Azules, les expongo la siguiente síntesis didáctica [en texto-figuras-bosquejos e imágenes] sobre la morfología de la región, desde su basamento hasta los estratos sedimentarios más superficiales, como un estudio-complemento de su ingente pasado histórico y de una rica y variada geografía.



Geología del Municipio Lobatera

El Municipio Lobatera (Estado Táchira – Venezuela) cubre una considerable parte del área que estudiamos y cartografiamos, en lo geológico, entre 1979 y 1981 (sección en rayado rojo diagonal presente en la Figura 1). Está integrada en la denominada Depresión del Táchira, considerada como una cuenca tectónica de enlace y transición entre los Andes de Mérida y la Cordillera Oriental de Colombia (que iniciaría en el área del macizo del Tamá), y cuya orogénesis se produjo en el Plio-Pleistoceno, en sensu stricto




Bloques –con sus diferentes elevaciones- y sub-bloques que integran la Depresión, además de su segmentación, presentan por igual una fuerte deformación y una multiplicidad de fracturas internas (Figuras 1 y 2).



  

Dada esta complejidad de relieves, no resulta sorprendente que los límites político-territoriales del Municipio Lobatera no hayan seguido los límites naturales de los referidos bloques.


En el espacio estudiado, encontramos tres direcciones principales de desplazamientos de las estructuras tectónicas (Figura 2). La primera, las zonas de deformación con rumbo noreste (zona identificada en color rojo), la segunda, zonas de deformación en sentido noroeste (verde), las cuales tienen un carácter transcurrente e indican movimientos dextrolaterales y sinistrolaterales respectivamente.


Una tercera dirección de fallamiento, las estructuras norte-sur  (en azul), están desarrolladas como fallas inversas y como pliegues asimétricos, con una vergencia  que se aproxima principalmente hacia el oeste (Figuras 3 y 4).



Geología del sector de los Pozos Azules

La micro-zona de los Pozos Azules, se encuentra en el bloque geológico denominado ‘La Cuja’ s.s. (Figura 2).  La sección geológica y mapa de localización N° 1 (en Figura 3) presenta la geometría relativamente sencilla del monoclinal de Las Minas (La Cuja) en comparación con la zona, inmediata al oeste, de El Rayo, que presenta un fallamiento inverso muy pronunciado.







La sección geológica y mapa de localización N° 2 (Figura 4) indica la ubicación del sitio de los Pozos Azules (proyectada al norte) e ilustra la complejidad tectónica producida en la secuencia de las formaciones terciarias que, por encima de la formación Mito Juan/Colón (Mj/Co), forman parte de la zona de fallamiento Lobatera a todo lo largo del límite oriental del bloque La Cuja – y del río Lobaterita. 







En la sección N° 2 (Figura 4) vale destacar el progresivo y rápido incremento de los espesores de las formaciones La Quinta (Lq) y Río Negro (Rn) hacia el este, hacia el surco de levantamiento conocido como Surco de Uribante, durante la sedimentación de los clásticos.






En cuanto a los Pozos Azules, estos se han formado en la parte inferior o curso bajo de la quebrada Pozo Azul (Figuras 5 y 6). Hacia el norte, los mismos están condicionados o limitados por una elevación topográfica o relieve conocido como Filo Uviera (elemento toponímico identificado en el mapa 1:25 000 del Ministerio de Minas e Hidrocarburos, Dirección de Minas, República de Venezuela, Abril 1972). 





Del mapa geológico-estructural de los entornos más extensos de los Pozos Azules (Figura 7), se puede deducir que las cerros y cuestas más resaltantes, es decir el Cerro Cabeza de Vaca, el Cerro Los Corrales y el Cerro La Cuja están conformados por capas estratigráficas propias de la formación Mirador, la cual consiste de una secuencia maciza de areniscas fluviales. Y Carbonera, en la sección más baja de la quebrada, próxima a su desembocadura en la quebrada La Parada.


La presencia de esta formación geológica se puede observar y detallar a lo largo de la quebrada Pozo Azul hasta el sitio de los pozos, descritos como «reliquias de la naturaleza» (Figura 7). 




Así, se tendría que los Pozos Azules deben su formación y preservación posiblemente al tipo de roca arenisca endurecida y a la inclinación suave, casi hasta la horizontal de las capas sedimentarias, acumuladas allí a través de las eras geológicas. 






La imagen por satélite de la Figura 8 presenta con mayor detalle los principales sitios de los Pozos Azules (tomadas del edublog ‘Proyecto Experiencia Arte’) junto con el mapa geológico correspondiente (Figura 9), el cual sugiere la presencia de un anticlinal con una falla inversa en su parte occidental. El ya descrito Filo Uviera, es interpretado como expresión topográfica de ese anticlinal con su falla inversa (véase la imagen correspondiente en Figura 10). 




En la Figura 10 también se pueden apreciar por igual: (a) el Viejo Puente (construido para la Gran Carretera Central del Táchira en 1912); (b) la vista desde el puente -quebrada aguas abajo- hacia Fila Los Letreros en la región de Borotá; (c) las llanuras monoclinales de Las Minas y (d) el Cerro La Cuja.











En resumen y en cuanto a la geología se refiere, la sección oriental del Municipio Lobatera y el sitio de los Pozos Azules, resultan en una interesante visual de paisaje para quien esté interesado en conocer y repasar el siempre sorprendente libro pétreo de la historia de la formación de la superficie de nuestro planeta Tierra.



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© Proyecto Experiencia Arte / Experience Art Project 2012-2016. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor texto y fotografías pertenecen a cada investigador, fotógrafo, grupo o institución mencionada.



lunes, 5 de octubre de 2015

«Pozos Azules», reliquia de la naturaleza y del origen geológico tachirense | ‘Pozos Azules’, Nature and Tachiran Geological story briefly told




⚠️ Nota editorial: Fragilidad, ciencia y responsabilidad

El presente artículo, publicado en este edublog de Proyecto Experiencia Arte (2015), tiene como objetivo principal divulgar la riqueza geológica y el origen natural de los Pozos Azules (o Piletas) de Lobatera. Sin embargo, antes de sumergirnos en su descripción científica, es imperativo establecer una advertencia ética sobre el estado actual de este enclave, para 2026.

Un ecosistema en el límite

Los Pozos Azules no son solo un espectáculo visual; son el resultado de procesos geológicos milenarios en un desierto de altura, un ecosistema cuya estabilidad es sumamente precaria. Actualmente, este equilibrio se encuentra bajo una amenaza crítica debido a:

Turismo masivo e irresponsable: La afluencia descontrolada, muchas veces incentivada por intereses económicos foráneos particulares sin formación ambiental o cultural sobre la región, está superando la capacidad de carga del lugar.


Contaminación directa: La acumulación de desechos sólidos y la alteración de la química del agua están destruyendo la pureza que define a estas piletas.


Vacío de protección: Ante la ausencia de una autoridad regulatoria presente que sancione las malas prácticas, la supervivencia del lugar depende exclusivamente de la conciencia del visitante.


Advertencia al lector: La información aquí expuesta busca fomentar el aprecio científico y estético, no la explotación del recurso. Invitamos a quien lea estas líneas a reflexionar sobre el impacto de su presencia. Visitar un ecosistema frágil sin cultura ambiental no es turismo, es extractivismo cultural y destrucción ecológica.

La naturaleza de Lobatera nos ofrece una ventana al pasado geológico de la Tierra; no permitamos que la negligencia del presente la cierre para siempre.





Texto y fotografías, Samir A. Sánchez (2015)


Al caer de la tarde


El habitante de las ciudades turbulentas -quien trajina su vida entre una amalgama de gente presurosa y ruidos sin sentido, siempre inmersa en cuestiones inmediatas- ya olvidó el valor del silencio o del percibir el cadente ulular de la brisa cuando, bifurcada, se prolonga en agudas tonalidades al roce con las hojas de los árboles. 



«El pozo de la Pedriza»



Un delgado hilo, cual camino de recuas, separa estos dos mundos. Aislarse por momentos de uno y alcanzar al otro, resulta en un descubrir y admirar la belleza milenaria de la naturaleza –o el divino pincel del Creador, para el creyente-. Todo un acto que sólo se revela al andar con fascinación por lo ignoto y espíritu de aventura.
   



«La muralla de la Hechicera», ya afectada por la ausencia de una cultura de respeto y conservación de los espacios y monumentos naturales. Al encontrarnos frente a esta lamentable situación, vinieron a nuestra mente los versos del dístico latino, encontrado en las ruinas de Pompeya, de burla a la grafomanía mural, que en un castizo castellano, como el del siglo de oro, fue traducido así: 'Admiración causarías,/Oh pared, al más pintado:/de ver que no te caías/con tamañas tonterías/¡de tanto desocupado!' (Admiror, paries, te non cecidisse ruinis que tot scriptorum taedra sustineas).





«Al andar se hace camino» escribió el poeta y al volver la vista atrás, dejamos la senda del color del Ande doblegado, abriéndose paso entre serrijones e incógnitos declives y laderas, donde el agua brota y tala su camino en busca de la mar con la ancestral paciencia del golpe seco y tenaz sobre la roca. 



¿Y donde nos encontramos?

En lo geológico, en una cuesta no disectada (undissected cuesta), esto es una formación geomorfológica asimétrica en su estado más joven y conservado, originada cuando una secuencia de estratos sedimentarios ligeramente inclinados, compuesta por una capa superior dura y resistente sobre capas inferiores más blandas, quedó expuesta a la erosión. Existe un lado abismal y vertical, denominado escarpe o frente que da hacia el occidente, hacia El Tablón. Se generó porque las fuerzas tectónicas de chique de placas generaron fallas, prov0cando elevaciones y hundimientos. Así, las capas rocosas expuestas casi en vertical en su lado occidental están en contraste con su lado opuesto, conocido como dorso o pendiente de buzamiento (dip slope) que presenta un descenso suave y uniforme que acompaña de forma continua la inclinación natural de la capa rocosa dura. A esta formación se le califica como no disectada porque la escorrentía del agua, al no ser fuerte, aún no ha tallado valles, cañones ni grietas profundas a lo largo de su superficie, manteniendo una superficie plana en descenso, rectilínea y continua antes de sufrir el desgaste hídrico severo que la fragmentará con el tiempo.



«La garganta del Diablo». Nombre que recibe la torrentera que ha erosionado el estrato rocoso  y derivado a su vez de la forma de una pezuña y de especie de zarpazos, que se observan en su superficie, dejadas por el diablo en su andar errante por el mundo luego de la resurrección de Cristo, según los mitos locales. En geología se denominan "Pilancones". Para los interesado en esta materia, canal y pilancones (conocidas localmente como piletas), representa un tipo de socavación o corte casi lineal (a tajo) por erosión del agua sobre un terreno con material y consistencia homogénea (en este caso arenisca o psamita por ser un registro de deposición en un ambiente marino poco profundo y cálido, de fines del Cretácico), y con cierta pendiente, por donde discurre permanentemente una corriente de agua.

Una de las teorías geológicas sobre el origen de las características "piletas de Lobatera" o cavidades, explica que se forman cuando el agua de la quebrada arrastra piedras pequeñas que quedan atrapadas en un hueco de la roca madre sobre la que discrurre. La corriente las hace girar constantemente, lijando la roca hasta crear pozos circulares profundos y perfectos.

Es una reproducción, a escala menor, muy similar a las condiciones que crearon el Gran Cañón del río Colorado, en los Estados Unidos. Asimismo. Por ello, el delgado corte de la corriente de agua sobre el estrato rocoso sedimentario, indica que las condiciones climáticas de esta región del Municipio Lobatera, en uno de los bolsones semiáridos occidentales de la Depresión del Táchira, han permanecido casi invariables en millones de años. 


 


Por momentos, la total ausencia de cualquier signo de presencia del hombre, nos sugirió que aquí gobernaban los elementos y la eternidad, el agua y el cielo, la roca y el viento. 






Paisaje geográfico del bolsón semiárido de los desiertos de altura de la Depresión del Táchira, visto desde la 'Garganta del Diablo' en los Pozos Azules. El cerro central, del primer plano, se corresponde con el cerro de la Laguna del Buitrón (1.320 m), frente a la población de Lobatera (968 m), lugar desde el cual, en el siglo XVII la avanzada de vigías y soldados españoles enviados por el Cabildo de la Villa de San Cristóbal, divisaron y documentaron por primera vez el paisaje de los Pozos Azules. La serranía del plano de fondo, se corresponde con la vertiente norte y sotavento de la fila montañosa de Los Letreros, conformada por los montes de Gallineros a 1.983 m (derecha del observador) y Los Letreros a 2.020 m (izquierda del observador), en la tramontana (o detrás de los montes, o en su  misma en su vertiente sur (barlovento), se encuentra el valle de Santiago, emplazamiento de la ciudad de San Cristóbal (829 m), capital del Estado Táchira. 



Así nos resultó Pozos Azules, en la tramontana (detaás de los montes) occidental de Lobatera (Estado Táchira - Venezuela) -a escasos kilómetros del pueblo, en la aldea La Parada, cerca de la autopista San Cristóbal-La Fría, un remanso de paz sobre un desierto de altura (una depresión central andina, muy seca -con un promedio de precipitación anual de 682 mm, producto del efecto Foehn/Föhn-), moldeado por la naturaleza y la erosión, entre las sendas andinas.





Al despedirnos, el baquiano de callosas manos nos dijo: «siempre habrá un ir y venir, sólo el paisaje -que es más antiguo que la humanidad- queda. Pero no es solo verlo de paso o vivirlo, ¡hay que sentirlo!».
   


«Pileta grande»





Magnificente desolación...


El 20 de julio de 1969, el astronauta Buzz Aldrin, al salir de la cápsula "Águila" en la cual alunizaron los primeros hombres que viajaron a la Luna, exclamó: "Magnificent desolation!" al describir, con impresión, el paisaje lunar que veía. Nosotros no podemos exclamar menos al llegar a estos parajes al pie de las cumbres encapotadas del cerro de La Cuja, cuyo nombre deriva de su similitud –a la distancia- con el anillo o parte de la silla de montar donde se insertaba la lanza o bandera, cuando marchaba la caballería, y ubicado a 1.780 metros de altura entre los riscos de la serranía occidental de Botadero y los Corrales, tiene sus nacientes la quebrada de los Pozos Azules. 



«Los novios de piedra»

 
Su curso abarca en sentido oeste-este, desde esta altura hasta su encuentro con la quebrada La Parada, a 900 metros sobre el nivel del mar, una amplia garganta y hendidura sobre la superficie de la roca, donde los rápidos de sus aguas –por la casi verticalidad de su caída- esculpieron paisajes con caprichosas formas de singular, única y misteriosa belleza.

 

«La garganta del Diablo»


Parajes como la Garganta del Diablo, rodeado de misterios y leyendas en las proximidades de la cumbre de la montaña, el Laberinto del Minotauro donde, al adentrarnos entre las fragmentadas y desordenadas rocas y cavernas, se puede entrar y luego no encontrar una salida; el pozo de Los Novios de piedra, donde dos erguidas e inseparables formas pétreas vigilan sus aguas o La muralla de la Hechicera, sólida pared de mole rocosa, agrietada y abierta en dos para abrir un paso –según la tradiciones locales- por el conjuro de una poderosa hechicera aborigen, hacen de este lugar un verdadero patrimonio natural que nos enlazan con las primeras formaciones de la tierra y con la historia de culturas precolombinas.

 

«El puente del cachorro»


Sus orígenes


La fisiografía de la quebrada Pozos Azules está conformada a partir de un lecho escalonado, formado por la lenta y continua acción del horadar del agua, sobre extensas y voluminosas capas de sedimento continental, formados en lo profundo del antiguo océano del Jurásico que cubría todo ese territorio, entre 135 y 60 millones de años, y que se consolidaron en el período Paleógeno de la era Cenozoica.





Dos capas sedimentarias aluvionales, convertidas en dura roca de arenisca, resultan visibles a lo largo del paisaje de la quebrada Pozos Azules: la roca Carbonera, con grano arenisco de estructura degradada y áspera, producto de la sedimentación en el fondo de una llanura deltaica que desembocaba en el antiguo océano prehistórico y la roca Mirador, de grano arenisco homogéneo, fino y compacto, formado por un proceso de sedimentación en el lecho de un gran río de grandes caudales y meandros, por donde discurrían las aguas fluviales continentales, hasta el océano prehistórico.





Entre estas dos sólidas formaciones, quedaron atrapados sedimentos no petrificados y abundantes en estratos de lutitas y mineral carbón, propios de depósitos pantanosos rodeados por bosques gigantescos que desaparecieron hacia el Terciario Inferior, cuando las fuerzas incontenibles producto del choque entre placas continentales plegaron estas formaciones sedimentarias, elevando el actual lecho de la quebrada en un monumental sinclinal que, en sentido decreciente o descendente oeste-este, domina todo el paisaje geológico, poblado por las actuales aldeas de Boca de Monte, Cazadero, las Minas Carbón de Lobatera y La Montaña, del Municipio Lobatera, en un relieve geográfico propio del bolsón semiárido de los desiertos de altura de la Depresión del Táchira.






La primera referencia documental que el hombre escribió sobre la quebrada y sus parajes, data de mediados del siglo XVII. En la Villa de San Cristóbal se había recibido la noticia sobre un posible ataque de los indios chinatos, recién reducidos a encomienda, entre las riberas de los ríos Guaramito y Lobaterita, en el norte tachirense. Los alcaldes ordenaron el envío de un contingente de soldados a Lobatera, para que cumplieran la función de vigías. 




Una parte de ellos, comandados por el Capitán Antonio de los Ríos Ximeno, subió a la montaña frente a Lobatera y allí refiere:


«topé el rastro de tres o cuatro personas el cual seguí, y antes de bajar, dejamos las cabalgaduras y bajamos a pie hasta la quebrada, en donde hallamos el día antes haber comido, y en las señales que dejaron de las comidas y otras hallamos ser de indios de las encomiendas de la Villa, y que eran cimarrones por coger quebrada arriba a unos desiertos inhabitables y tan fuera de camino []» (Archivo General de la Nación, Bogotá, sección Empleados Públicos, tomo VII, fs. 261 vto y 262. Año 1659).  







El paisaje


Cielo despejado, suave brisa, sol brillante y nubes blancas o grisáceas en las cimas de sus montañas, sirven de marco a las aguas de la quebrada Pozos Azules, donde una escasa vegetación es dominada por el cardón, la tuna de Castilla (higos chumbos), fiques, manglares del desierto, tampacos y algarrobos.


«El laberinto del Minotauro»



Desde los tiempos prehistóricos, estas aguas dieron forma a grandes pozos conocidos como Pozos Azules, en su trayecto alto; Las Piletas, en su trayecto medio y Pozo Bravo, en su trayecto bajo. 

 

«El peñasco de Darío», Pared vertical de depósitos de aluvión acumulados en estratos por torrenteras aluvionales. Los mismos permanecen como testigos silenciosos de lo que una vez sirvió de fondo a un antiguo mar prehistórico.



Pozo Bravo (Foto: Andes Venezuela, 2015. Reproducción con fines didácticos).


Imponentes formaciones verticales de arenisca, de ocres colores y calizas, forman sus escarpadas laderas.





Las aguas de estas formaciones naturales adquieren un profundo color azul y de allí su nombre. No es un reflejo del cielo, ni el color de la roca o del fondo de los mismos. Es un color producto del sedimento de sales de cobre o hierro muy diluidas que son arrastradas por las aguas, desde finas vetas en estratos, que se encuentra en las cabeceras de la quebrada.

 

En un primer plano, y atravesando «El puente del cachorro», el Sr. Miguel Antonio Ruiz Romero (Antonio), baquiano, minero, conservacionista y hombre de profunda fe. En el plano del fondo, Darío Hurtado Coordinador de Medios de Comunicación de la Alcaldía y Natalia Chacón, Alcaldesa de Lobatera.




«El pozo del Jade»



El futuro de los Pozos Azules


Los parajes naturales, a todo lo largo del curso de la quebrada Pozos Azules, deben ser declarados patrimonio natural y lugares protegidos como una forma de asegurar la preservar y recuperar este ecosistema tachirense. 




Una regulación y ordenación de la actividad turística y minera, permitirá que viajeros y visitantes contribuyan al mejoramiento de la economía local, en beneficio de una mejor calidad de vida de sus habitantes. 





Al concebirse como un espacio natural del Municipio Lobatera, con fines educativos, culturales, científicos y recreativos, como parque natural o parque geológico (Global Geoparks UNESCO) donde 135 millones de años le den la bienvenida al visitante, se convertirá en una reserva de la biósfera, aplicando los lineamientos internacionales de conservación de la UNESCO (Convención sobre Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural, París 1972)  sobre el hombre y la biósfera, y en uno de los mayores atractivos turísticos del Estado Táchira.  Así, se detendría la vandalización de esta naturaleza, reflejada en las considerables cantidades de desechos (botellas, cauchos o neumáticos, leña quemada, bolsas plásticas y grafitis sobre las rocas, entre otras) esparcidos por el cauce de la quebrada, abandonados por personas desaprensivas que -en fines de semana especialmente- visitan este parque natural sin ninguna conciencia conservacionista ni de mínimo respeto por la vida natural que allí existe.




«La mina de la Morocota». Esta abandonada y derruida galería -en las inmediaciones de la quebrada- debe su nombre a un minero quien, descansando de su trabajo, encontró cerca de ella una botija con morocotas (monedas de oro de la época colonial española o republicana del siglo XIX). Cuenta los lugareños que el hombre se perdió con su hallazgo y otros refieren que quedó sepultado bajo la mina, por su osadía. Dicen -por igual- que su alma en pena aún ronda esta tapiada entrada, en noches de luna llena.










El sábado, 3 de octubre de 2015, por iniciativa de la Alcaldesa y el Pbro. Oscar Fuenmayor, párroco de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera, se realizó un trabajo de campo en la zona de la quebrada de Pozos Azules, con el fin de estudiar la viabilidad de un proyecto de rehabilitación de este antiguo espacio natural. El equipo estuvo conformado por la Alcaldesa Natalia Chacón, el Señor Carlos Alviárez Sarmiento, el antropólogo Anderson Jaimes, el Coordinador de Medios de la Alcaldía Darío Hurtado Cárdenas y quien esto escribe. El equipo fue guiado por el Señor Antonio Ruiz, a quien agradecemos su orientación y la transmisión de la sabiduría popular del lugar. Por su esfuerzo y contando con el apoyo del párroco para la fecha, Mons. Erasmo de la Cruz Chacón, construyó en 2010 el primer oratorio subterráneo tachirense, a 47 metros en una mina de carbón -activa- el cual fue dedicado a  Santa Rita de Casia. Desde allí, cada Semana Santa, parte el camino del Vía Crucis hasta la Iglesia de Lobatera.  



De regreso, y admirando desde lejos la imponente serranía –de agreste paisaje y apacible temple- vinieron por símil, a la memoria, los versos del poeta.


Costas de Venezuela, de Rafael Alberti (1902-1999)

Desde el vapor «Colombie», 1939.


Se ve que estas montañas son los hombros de América.
Aquí sucede algo, nace o se ha muerto algo.
Estas carnes sangrientas, peladas, agrietadas,
estos huesos veloces, hincándose en las olas,
estos precipitados espinazos a los que el viento asesta un golpe
seco y verde a la cintura.
Puede que aquí suceda el silencioso nacimiento o la agonía
de las nubes,
sombríamente espiadas desde lejos por mil picos furiosos de
pájaros piratas,
cayendo de improviso lo mismo que cerrados balazos ya difuntos
sobre el horror velado de los peces que huyen.
Aquí se perdió alguien,
algo que estas costillas,
que estos huesos saben callar o ignoran.
Pero aquí existe un nombre,
una fecha,
un origen.
Se ve que estas montañas son los hombros de América.


En «Antología poética», Editorial Losada s. a., Buenos Aires, 1942.





Garganta o cañón de Pozos Azules, en el curso alto de la quebrada, a su paso bajo el viejo puente (de armadura simple Warren Truss) de la Carretera Central del Táchira, construido en 1912. Esta primera carretera tachirense, se inauguró en 1914. A la izquierda del observador, el inicio de la cima del cerro de La Cuja y a la derecha, el inicio de la cima del cerro de los Corrales. Foto: Darío Hurtado, 2010.





Parque Natural de Pozos Azules e identificación de sus parajes más emblemáticos (Lobatera, Estado Táchira, Venezuela). Foto: Imagen satelital en ortofotografia. Altura de captura de imagen: 1.300 m sobre el relieve, por Google Earth para la Educación, 2015).





PROTECCIÓN: Como patrimonio natural, es Bien de Interés Cultural de la Nación incorporado al Catálogo del Patrimonio Cultural de Venezuela 2004-2010/TA 17-18/p. 41, según Resolución N° 003-2005, del Instituto del Patrimonio Cultural, publicado en la Gaceta Oficial N° 38.234 de fecha 20 de febrero de 2005.

Sánchez, Samir. Diccionario de Topónimos Históricos del Estado Táchira. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, Nº 207, San Cristóbal, 2018. [Consulta en línea]



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