viernes, 22 de marzo de 2024

La sierra de la Maravilla en la ciudad de San Cristóbal. Parque Nacional y reserva de la biosfera tachirense | Natural History in the 'Sierra de la Maravilla' ('La Maravilla' Mountains). An untouched natural Andean scenery in San Cristóbal City (Natural Park - Táchira State - Venezuela)






Texto de Samir A. Sánchez (2024)
Foto de Inés Fernández (2012) 
Foto de José Manuel Vera C.(2024)


"Porque la mano derecha del propio valle como en él entraron, que es hacia la parte este, dio la tierra demostración de muy ásperas y montuosas sierras que amenazando desde lejos con la altura y empinamiento de que la naturaleza les había dotado, con las grandes y espesas montañas de que estaban cubiertas, se hacían y figuraban muy dificultosas a los ojos de los que las miraban".

 (Descripción de la sierra de la Maravilla, para 1558, Fray Pedro de Aguado OFM).




Definición y delimitación

La Sierra de la Maravilla representa para los habitantes del Estado Táchira y de su capital, San Cristóbal, un hito geográfico e identitario análogo al impacto del cerro El Ávila —o Warairarrepano, en la nomenclatura aborigen que denota «Montaña o sierra grande»— para los pobladores de la ciudad de Caracas y del litoral central venezolano.

Geológicamente, esta formación comprende un sistema de filas, estribaciones y colinas orientadas al este del valle de Santiago. Se trata de una estructura de origen geológico reciente cuya estratigrafía abarca desde el período Jurásico (hace más de 200 millones de años) hasta el Cuaternario. Su morfología actual es el resultado de procesos de erosión glaciar, caracterizados por intensas precipitaciones y heladas que redujeron su altitud original. Debido a su condición de terrenos jóvenes, emergidos y carentes de una consolidación por altas presiones, los materiales sedimentarios sufrieron un arrastre progresivo hacia el fondo del valle, dando origen a las actuales terrazas fluviales.

Una porción sustancial de su superficie conforma el área bajo régimen de administración especial (ABRAE) denominada Parque Nacional Chorro del Indio. Este espacio fue instituido mediante decreto del Ejecutivo Nacional en 1989, bajo la magistratura del presidente Carlos Andrés Pérez, con el propósito de conferir un marco jurídico de gestión y salvaguarda a este pulmón vegetal del área metropolitana de San Cristóbal.

Por consiguiente, la Sierra de la Maravilla se erige como un espacio de preeminente valor ecológico y paisajístico, constituido como un oasis de biodiversidad andina rico en recursos hídricos, formaciones forestales y cascadas. La creación del parque nacional supuso una visión prospectiva de la intelectualidad y dirigencia tachirense de la época, liderada por el Ejecutivo, orientada a mitigar la degradación de los bosques tropicales andinos y a proteger las especies amenazadas por la expansión urbana anárquica de la capital estadal.

Características fisiográficas y Red hidrográfica

Fisiográficamente, la sierra consiste en una sucesión continua de formaciones montañosas que albergan bosques premontanos, selvas nubladas y ecosistemas de páramo en un estado de conservación prácticamente prístino. El sistema orográfico se inicia al noreste de San Cristóbal, específicamente en el abra del Callejón Colorado —adyacente al páramo homónimo, a una altitud de 3350 m s. n. m.—, en las estribaciones de la aldea Mesa de Aura. Desde este punto, se extiende en sentido suroeste a modo de barrera natural, culminando en las colinas que circundan la población de San Josecito. De este modo, la vertiente occidental delimita el crecimiento urbano oriental de la capital tachirense.

Asimismo, en este flanco montañoso occidental se localizan las cabeceras y zonas de carga de las principales corrientes fluviales que surcan el valle de Santiago en sentido este-oeste, disectando las terrazas de sedimentos cuaternarios. Entre estos cursos hídricos destacan las quebradas La Bermeja, La Potrera, La Parada, La Vichuta y La Machirí.

Origen toponímico y fuentes históricas

La historiografía local registra diversas hipótesis respecto al origen del topónimo actual. La tradición oral, conservada por los habitantes de la antigua aldea de Pueblo Nuevo y el caserío Barebare, atribuye el nombre a la abundancia histórica de una especie vegetal tuberosa de hojas opuestas y vistosas flores campanuláceas de color amarillo intenso. Dicha especie, identificada como Mirabilis jalapa (conocida vulgarmente como «flor de la maravilla» o Marvel of Perú en la literatura anglosajona), resultaba conspicua para los arrieros y transeúntes del siglo XIX que recorrían el camino real entre San Cristóbal y Táriba, particularmente durante el crepúsculo, cuando la incidencia de la luz solar resaltaba los tonos amarillos sobre el follaje de la vertiente. Con anterioridad al siglo XIX, el conjunto montañoso recibía únicamente la denominación genérica de «La Serranía».

El epicentro de esta vegetación se localizaba en el páramo El Pino (2395 m s. n. m.), en el actual cerro de la Maravilla. A partir de este hito, la cadena montañosa encadena cumbres notables como los páramos Colorado, Guarín, El Oso, Moraleño y Peña Bermeja; en este último se encuentran las fuentes de la quebrada Chorro del Indio. Una hipótesis alternativa vincula el topónimo a una metonimia surgida a finales del siglo XIX, a partir de la extensión del nombre de una hacienda cafetalera que dicen se llamaba «La Maravilla», situada en las faldas de la elevación principal.

Desde la perspectiva cronística, la descripción más remota de este sistema montañoso se debe al fraile franciscano y cronista de Indias Pedro de Aguado, quien en 1569 redactó la primera crónica sobre la villa de San Cristóbal (fundada en 1561). Aguado documentó cómo el capitán Juan Rodríguez Suárez, en su expedición de 1558 procedente de Pamplona de Indias (Nueva Granada) —cuyo objetivo inicial era el descubrimiento de yacimientos auríferos, y que culminaría en la fundación de Mérida—, evaluó las características topográficas del valle de Santiago al iniciar su marcha el 25 de julio de aquel año. La crónica ilustra la percepción de los expedicionarios respecto a la sierra:


«Había Juan Rodríguez mirando y considerando toda la serranía que cerca el valle de Santiago y ninguna le había contentado para arrojarse por ella, porque la mano derecha del propio valle como en él entraron, que es hacia la parte este, dio la tierra demostración de muy ásperas y montuosas sierras que amenazando desde lejos con la altura y empinamiento de que la naturaleza les había dotado, con las grandes y espesas montañas de que estaban cubiertas, se hacían y figuraban muy dificultosas a los ojos de los que las miraban, para por ellas pasar a la parte oriental. Tenían certidumbre que detrás de ellas estaban los llanos de Venezuela, de donde no esperaban haber ningún buen fruto, además de que asimismo las sierras que por aquella parte veían, también eran muy arcabucosas. La tierra que a la parte norte se mostraba era pelada y más apacible que otra ninguna de la que por allí se vía, y así se determinó Juan Rodríguez, y aun le fue forzoso, pues la incomodidad de la tierra no le daba lugar a más, seguir aquella vía del norte» (Aguado, 1963, t. II, p. 329).




Al sortear los límites del valle y siguiendo los senderos prehispánicos subyacentes a la intuición militar narrada, la hueste conquistadora arribó al valle de San Bartolomé (hoy El Cobre) el 24 de agosto, al valle de La Grita el 14 de septiembre, y posteriormente al denominado valle del Alarde —bautizado así por las señales de resistencia que proferían las comunidades originarias desde las cumbres—, situado entre las localidades contemporáneas de Sabana Larga y Pueblo Hondo.

Consideraciones finales: hacia una conciencia ecológica regional

En conclusión, el conocimiento científico y la puesta en valor de los ecosistemas y paisajes de la geografía tachirense constituyen el requisito epistémico fundamental para la conservación de sus componentes ecológicos. La mitigación de la deforestación antrópica intensiva representa el desafío prioritario para la región así como la ausencia de autoridad y gobierno en la evaluación de la permisería, o no, de construcciones urbanas que van adentrándose en la montaña; omitir estas responsabilidades ambientales conllevaría a la degradación irreversible de los suelos y a la consecuente desertificación de las áreas de altitud del Táchira y consecuente pérdida de las fuentes de agua potable.

Foto: Panorámica central de la sierra de La Maravilla y ciudad de San Cristóbal, en el valle de Santiago [Inés Fernandez, viajera, 8 de febrero de 2012. https://misviajesporahi.es/.../san-cristobal-venezuela.html. Reproducción con fines educativos].



La sierra de la Maravilla es un lugar de escenarios naturales sorprendentes, a pocos minutos de la ciudad de San Cristóbal. Un ejemplo de estos es la recta de Loma de Pío, aldea y lugar geográfico donde se comienza a divisar la ciudad y el valle de Santiago desde la sierra, en la carretera que lleva al salto de agua conocido como "Chorro del Indio" que da nombre al parque nacional (Foto: Abogado, licenciado y excursionista, José Manuel Vera C. 2024).





La sierra de la Maravilla en el arte pictórico. Pintura panorámica de la ciudad de San Cristóbal, las montañas de la sierra y la amplitud de valle de Santiago. Obra del artista plástico tachirense Gerardo Duque, acrílico sobre lienzo, 50 x 152 cm (Foto cortesía del Prof. Jack de la Parra, 2024).


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