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miércoles, 24 de enero de 2024

De Rerum Memoria. Dos documentos de 1818 para la historia del Táchira: Ratificación de San Sebastián como santo patrono de la Villa de San Cristóbal y de San Cristóbal mártir de Licia como santo titular de su iglesia matriz │Two Documents for the Táchira State History. A voyage through time




Mons. Rafael Lasso de la Vega (Santiago de Veragua, Panamá, 1764 - Quito, 1831), Obispo de Mérida de Maracaibo para 1818 (Foto: Samuel Hurtado, 2007. Óleo sobre lienzo que se conserva en el Palacio Arzobispal de la ciudad de Quito, Ecuador. Reproducción con fines didácticos).


Un estudio histórico-arquitectónico sobre la Catedral de San Cristóbal (Estado Táchira), se puede consultar en el siguiente enlace: "La Catedral de San Cristóbal, una obra hecha con el corazón" (2025).



Primer documento: Requerimiento episcopal


El Obispo de Mérida de Maracaibo, Mons. Rafael Lasso de la Vega envía una carta pastoral a todas las parroquias de su Diócesis solicitando información sobre los patronos de los pueblos y titulares de las iglesias parroquiales que lo hayan sido desde 1630. Esta comunicación llegó a San Cristóbal y el texto de la misma es el siguiente (se mantiene la ortografía del documento original):


“Rafael pr. la Gracia de Dios y de la Sta. Sede Apostólica. Obispo de Mérida de Maracaibo del Consejo de S. Magtd / Siendo uno de los beneficios que el pueblo Christiano debe reconocer dando por ello culto especial á Dios, tener y venerar algun Santo, Misterio ó advocación pr. Patrono del lugar ó Titular de su Iglesia: y estando mandado que cuando son canónicamente elegidos, tenga rezo y Misa respectivamente, abstinencia de obras serviles: deseando tambien en esta parte llenar los deberes de ntro. Ministerio, ordenamos á los Vs. Vicarios, que cada uno en su partido haga manifiesta esta ntra. notificación en todos los curatos; y que cada Cura exponga á su continuación cual sea el Patrono, ó el Titular en la inteliga. de que, si es Patrono, ha debido ser tenido como tal en quieta posesion desde antes del año de 1630; y si es titular propuesto como tal al Prelado, y concedido así al tiempo de edificarse la Iga. la primera vez. Si hubiere duda se expondrá también. Y si existieren documentos que acrediten algo de lo dicho se acompañarán en términos que hagan fé. Con ello podremos disponer en los calendarios de que Santos Misterios ó Advocaciones debe rezarse como tales Patronos ó titulares: y cuales exijan ulterior inquision ó diligencias. El cura que primero la reciba la pasará al segundo; [y así los demás) baxo de responsabilidad, y precepto que le imponemos. /Dada en N. Palacio Episcopal de la M. N. y L. ciudad de Marac°á 22 de abril de 1818./ RAFAEL./ Obispo de Merida de Marac° / Por mandato de S. S. I. el Obpo. Mi Señor / José Dion°. De Arriaga / Notro. Eccl. [Documento en: SILVA, Antonio Ramón, Mons., Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, Imprenta Diocesana, tomo IV, Mérida, 1922, pp. 103-104: Documento XXXIX].


Segundo documento: Decreto episcopal sobre los titulares y santos patronos de la Villa de San Cristóbal y su jurisdicción capitular eclesiástica


Una vez recibida las respuestas de cada una de las parroquias de la Diócesis, en el caso de la Vicaría capitular de la Villa de San Cristóbal, el Obispo de Mérida de Maracaibo, Mons. Rafael Lasso de la Vega decidió que:


“[f. 8.] Maracaibo, noviembre 20 de 1818. Por lo acordado con el Cabildo Eclesiástico declárase la quieta y pacífica posesión de San Sebastián en su Patronato de la Villa de San Cristóbal, observándose el mismo rito y solemnidad que en esta ciudad de Maracaibo y por titular al mismo San Cristóbal mártir de Licia, éste con sola solemnidad de Misa por el día en que cae, y habiendo primera Misa de Santiago, Patrono universal 
[nota: esta aclaratoria de precedencia de celebraciones la hizo el Obispo Lasso por cuanto las festividades de Santiago apóstol y San Cristóbal mártir de Licia coincidían en un mismo día, el 25 de julio,. Para estos casos, sobre el culto de dulía, las rúbricas tridentinas especificaban que en el calendario litúrgico romano las fiestas de los apóstoles tenían primacía sobre la de los santos mártires. Así, la primera misa del día 25 se celebraba en honor a Santiago apóstol y la siguiente en honor a San Cristóbal mártir de Licia]. Y San Sebastián celébrese con el voto de primera clase, octava y credo y fiesta de ambos preceptos [f. 8v.]. Por titular en Táriba Ntra. Sra. de Consolación, en el día 15 de agosto; en Lobatera Ntra. Sra. del Rosario de Chiquinquirá en su propio día que es la domínica primera de octubre; en Capacho el glorioso Apóstol San Pedro y en Guásimos, San Agatón papa y mártir en el 20 de enero. Todos los dichos titulares con el rito de primera clase, octava y credo, pero sin obligación aun de oír misa, si por otro motivo no fuere ya de precepto. Así se tendría presente para la formación de los calendarios, comunicándose al venerable Vicario de San Cristóbal para que en la parte que corresponda, circule su noticia a todos los curas. (sigue una línea tachada) El Obispo (existe una rúbrica). Ante Mí. José Dionisio de Arriaga, Secretario (existe una rúbrica). Se pasó oficio al Vicario con inserción del anterior Decreto”. [Archivo Arquidiocesano de Mérida, Curatos, 10.208, ff. 7-8v. SILVA, Antonio Ramón, Mons. Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, Imprenta Diocesana, tomo IV, Mérida, 1922, pp. 105-106: Documento XLI]


En cuanto a la Vicaría capitular de la ciudad de La Grita, decidió:


«Por lo acordado con el M. V. Cabildo Eclesiástico, declárese titular de la la S. I. parroquial de la ciudad de La Grita el Espíritu Santo cuya fiesta teniendo ya por la Iglesia Universal todo el rito correspondiente también á tal titular obsérvese sin innovación. Y sólo como Patrono menor la de la Transfiguración del Señor en la advocación del Santo Cristo de la dicha ciudad» [SILVA, Antonio Ramón, Mons. Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, tomo IV, Mérida, 1922, p. 104].

Es por todo lo anterior que, cumpliendo la tradición de la liturgia romana, en solemne ceremonia religiosa realizada miércoles el 5 de abril de 1961, el Obispo diocesano Mons. Alejandro Fernández-Feo Tinoco al consagrar el nuevo altar mayor de la recién remodelada Iglesia Catedral en la ciudad de San Cristóbal colocaba en las lipsanotecas de dicho nuevo altar, las reliquias de los mártires patronos San Sebastián y San Cristóbal, las cuales quedaban dignificadas por estar bajo la Mensa Domine o Mesa del Señor donde se rememoraba el sacrificio de Cristo y por el cual ellos fueron testigos y dieron su vida, confesando la misma la fe de los apóstoles, fueron mártires ["Grandiosa consagración de la Santa Iglesia Catedral, Traslado de las reliquias". Diario Católico, jueves 6 de abril de 1961, año XXXVII, No. 10790, portada, San Cristóbal].

Otra transcrición de estos documentos es la siguiente:

Solicitud de noticias sobre el patrono y titular de las parroquias tachirenses pertenecientes a la antigua provincia de Mérida de Maracaibo en el lapso comprendido entre 1630 (terminus ante quem) y 1818.

 

Se pide noticias de los Patrones ó Titulares. Abril, 22 de 1818

 

“Rafael pr. la Gracia de Dios y de la Sta. Sede Apostólica. Obispo de Mérida de Maracaibo del Consejo de S. Magtd / Siendo uno de los beneficios que el pueblo Christiano debe reconocer (dando por ello culto especial á Dios). tener y venerar algun Santo, Misterio ó advocación pr. Patrono del lugar ó Titular de su Iglesia: y estando mandado que cuando son canónicamente elegidos, tenga rezo y Misa respectivamente, abstinencia de obras serviles: deseando tambien en esta parte llenar los deberes de ntro. Ministerio, ordenamos á los Vs. Vicarios, que cada uno en su partido haga manifiesta esta ntra. notificación  en todos los curatos; y que cada Cura exponga á su continuación cual sea el Patrono, ó el Titular en la inteliga. de que si es Patrono, ha debido ser tenido como tal en quieta posesion desde antes del año de 1630; y si es titular propuesto como tal al Prelado, y concedido así al tiempo de edificarse la Iga. La primera vez. Si hubiere duda se expondrá tambien. Y si existieren documentos que acrediten algo de lo dicho se acompañarán en términos que hagan fé. Con ello podremos disponer en los calendarios de que Santos Misterios ó Advocaciones debe rezarse como tales Patronos ó titulares: y cuales exijan ulterior inquision ó diligencias. El cura que primero la reciba la pasará al segundo; [y asi los demas) baxo de responsabilidad, y precepto que le imponemos. /Dada en N. Palacio Episcopal de la M. N. y L. ciudad de Marac° á 22 de Abril de 1818./ RAFAEL./ Obispo de Merida de Marac° / Por mandato de S. S. I. el Opo. Mi Señor / José Dion°. De Arriaga / Noro. Mor. (SILVA, Antonio Ramón, Mons., Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, Imprenta Diocesana, tomo IV, Mérida, 1922, pp 103-104: Documento XXXIX)  

 

 

Patronos y titulares de la Vicaría de la Villa de San Cristóbal, Noviembre 20, de 1818

 

“[f. 8.] Maracaibo, noviembre 20 de 1818. Por lo acordado con el cabildo eclesiástico declárase la quieta y pacífica posesión de San Sebastián en su Patronato de la Villa de San Cristóbal, observándose el mismo rito y solemnidad que en esta ciudad de Maracaibo[1], y traslación de San Juan Crisóstomo del día octavo, y por titular al mismo San Cristóbal; éste con sola solemnidad de Misa por el día en que cae, y habiendo primera Misa de Santiago, Patrono universal. Y San Sebastián con el voto de primera clase, octava y credo y fiesta de ambos preceptos y por [f. 8v.] solo titular en Táriba Ntra. Sra. de Consolación, en el día 15 de agosto desde 1600[2]; en Lobatera Ntra. Sra. del Rosario de Chiquinquirá en su propio día que es la domínica primera de octubre; en Capacho el glorioso Apóstol San Pedro y en Guásimos San Agatón papa y mártir en el 20 de enero. Todos los dichos titulares con el rito de primera clase, octava y credo, pero sin obligación aun de oír misa, si por otro motivo no fuere ya de precepto. Así se tendría presente para la formación de los calendarios, comunicándose al venerable Vicario de San Cristóbal para que en la parte que corresponda, circule su noticia a todos los curas. (sigue una línea tachada) El Obispo (existe una rúbrica). Ante Mí. José Dionisio de Arriaga, Secretario (existe una rúbrica). Se pasó oficio al Vicario con inserción del anterior Decreto”. (Archivo Arquidiocesano de Mérida, Curatos, 10.208, ff. 7-8v. Publicado por CAMPO DEL POZO, Fernando de, OSA, La Virgen de la Consolación de Táriba, Universidad Católica del Táchira, 2001, pp.78-79).

 

 

Patronos y Titulares de la Vicaría de La Grita, 20 de noviembre de 1818

 

“Maracaibo 20 de Nove. de 1818./ Por lo acordado con el M. V. Cabdo. Ecco, declárase Titular de la ciudad de La Grita el Espíritu Santo cuya fiesta teniendo ya por la Iglesia uiversal todo el rito correspondiente tambien á tal Titular observese sin innovación. Y solo como patrono menor la de la Transfiguración en la advocación de Santo Cristo de dicha ciudad; y por lo que hace á la Parroquia de Bayladores, declárase igualte. como Titular y no como Patrono la Purificación de Ntra. Sora. con rito de primera clase, y su octava, si cupiese antes de cuaresma trasladándose San Franco. de Sales quando sea impedido con el día octavo, al primer día vaco. en el Calendario gral. que es el diez y ocho de Febrero, y como en dia fixo: para el pueblo de Bayladores la advocación de Nuestra Señora de Regla con el rito de prima. clase en el dia de su Natividad ocho de Setiembre; resérvase tomar providencia sobre los Patronos menores, y Titulares de Pregonero y Guaraque; de Pregonero S. Antonio y deb Guaraque Sta. Barbara. Todos los titulares con el rito de 1era clase, octava y credo; pero sin obligación ni aun de Misa, si pr. otro motivo no fueren yá de precepto; los Patronos menores con solo el rito de dobles mayores, así se tendrá presente pa. la formación de los calendarios comunicandose al Ve. Vicario de La Grita pa. qe en la parte qe. corresponda circúlese su noticia á todos los curas. El Obispo. Ante mí Dr. Carlos Rubio. Srio.” (SILVA, Antonio Ramón, Mons., Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, Imprenta Diocesana, tomo IV, Mérida, 1922, pp 104-105: Documento XL)

 Calendario Eclesiástico de los patronos y titulares de las parroquias tachirenses pertenecientes al antiguo Obispado de Mérida de Maracaibo, dispuesto y ordenado por Mons. Dr. D. Rafael Lazo de la Vega (Abril-noviembre de 1818)

 

 

Ciudad/Villa/Parroquia

Patrono del lugar y jurisdicción

Solemnidad o fiesta con doble precepto (fecha)

Titular de la Iglesia Mayor (o advocación a quien fue consagrado el templo)

Solemnidad o fiesta sin precepto (fecha)

Ciudad del Espíritu Santo de La Grita

La Transfiguración del Señor en la advocación del Santo Cristo de La Grita

6 de agosto

El Espíritu Santo

Día de Pentecostés

Villa de San Cristóbal

San Sebastián

20 de enero

San Cristóbal Mártir de Licia

25 de julio (con primacía de la Solemnidad del Apóstol Santiago, Patrono Universal de las Españas, en la primera misa del día)

Villa de Lobatera

-

-

Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá

En la solemnidad del Rosario, primer domingo de octubre

Parroquia de Táriba

-

-

Nuestra Señora de la Consolación de Táriba

15 de agosto

Parroquia de Capacho

-

-

San Pedro Apóstol

29 de junio

Parroquia de Guásimos

-

-

San Agatón Papa y mártir

20 de enero

Parroquia de Pregonero

 

 

San Antonio de Padua

13 de junio



[1] “Patrones y Titulares de la Vicaría de Maracaybo. Diciembre 19 de 1818/Por lo acordado con el M. V. Sr. Dean y Cabildo Ecco., declarase Patrono de esta ciudad y su jurisdicción al Glorioso Mártir S. Sebastian con su rito de primera clase y octava y festividad del día, con los preceptos de oir Misa y no trabajar; y pr. titulares á los Apóstoles S. Pedro y S. Pablo […]” en SILVA, Antonio Ramón, Mons., Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, Imprenta Diocesana, tomo IV, Mérida, 1922, pp 105-106: Documento XLI.

[2] Texto añadido entre líneas y con letra posterior



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domingo, 3 de septiembre de 2023

Simón Bolívar en San Cristóbal y Lobatera: Rescate de una joya hemerográfica de 1913 | Simón Bolívar in San Cristóbal and Lobatera: Uncovering a 1913 Hemerographic Gem




Estatua pedestre de El Libertador en la Plaza Bolívar de Lobatera. Obra del artista ítalo-estadounidense Giovanni Turini en 1893 y pedestal obra del eximio arquitecto tachirense Fruto Vivas en 1956 (Foto: Darío Hurtado, 2015).



Nos complace compartir en nuestro espacio de divulgación y reflexión en Proyecto Experiencia Arte un documento de incuestionable valor para la memoria histórica y el patrimonio documental tachirense.


Presentamos la transcripción e imágenes originales del artículo dedicado a la memorable visita de El Libertador Simón Bolívar a la población de San Cristóbal y Lobatera durante la Campaña Admirable de 1813. Este valioso trabajo fue escrito por la pluma del destacado intelectual Dr. Samuel Eugenio Niño y publicado en marzo de 1913 —con motivo del centenario de la gesta emancipadora— en las páginas del recordado diario Horizontes de la ciudad de San Cristóbal.


A través de este texto, el Dr. Niño nos ofrece una mirada cercana y documentada, a partir de la memoria de los ancianos de la época, sobre el paso de Bolívar por tierras tachirenses, un hito crucial que marcó el aliento patriota en los Andes venezolanos durante el heroico periplo de 1813.


Reconocimiento y agradecimiento especial:

Proyecto Experienca Arte expresa su más profundo y respetuoso agradecimiento al Dr. Luis Hernández Contreras, insigne cronista de la ciudad de San Cristóbal e investigador, quien en su incansable labor de rescate histórico halló este tesoro hemerográfico y tuvo la noble deferencia de facilitarnos cortésmente tanto las imágenes del artículo original como su rigurosa transcripción para hacer posible esta publicación como medio de divulgación del conocimiento histórico.


Los invitamos a adentrarse en la lectura de este documento que conecta el heroísmo de 1813, la mirada analítica del centenario en 1913 y nuestro compromiso contemporáneo con la historia tachirense de ayer, de hoy y de siempre.







EL DR. SAMUEL EUGENIO NIÑO EXPONE DATOS HISTÓRICOS INÉDITOS Y CORRIGE ALGUNAS IMPRECISIONES (Tomado de “Horizontes”, 15 de abril de 1913)


SOBRE HISTORIA


Caracas: 29 de marzo de 1913

Señor D. Luis Eladio Contreras

San Cristóbal.


He visto en “Horizontes” las “Rectificaciones” que usted hace sobre algunos puntos de nuestra historia regional de independencia, y como se trata de fechas cuyo centenario en estos momentos están celebrando algunos de estos pueblos, permítome significarle que la acción de armas sucedida en la Angostura de La Grita no fue una batalla sino un combate, con resultados bien es cierto de batalla, pues a ese triunfo de los patriotas se debió la total destrucción de Correa, quien con su todavía formidable ejército se acampaba en La Grita. Dicho combate, que desgraciadamente mucho envaneció al coronel Castillo, se verificó precisamente el martes 13 de abril y no el 10, como erradamente lo hace comprender el documento que inserta O'Leary en la página 191 y vuelta, del tomo XIII. Aparece allí el parte del coronel Castillo con fecha 11, cuando debe ser con fecha 14, día exacto en que aquel jefe granadino dio cuenta, tanto al Congreso de Tunja como al brigadier Bolívar, de su triunfo de la tarde anterior. Pero todo se reduce a un simple error de imprenta, esto es, al cambio de un 4 por un 1, cosa muy común en tipografía, y, sobre todo, bastante frecuente en las páginas de la extensa obra de O'Leary.

La compaginación de los documentos que tenemos a la vista, y la confrontación de los hechos, comprueban que efectivamente fue el 13 y no otro día. Además, así lo dicen José Domingo Díaz, Torrente, Restrepo, Baralt y Díaz, Montenegro Colón, José Austria, Larrazábal, Azpúrua etc; y, sobre todo, el mismo O'Leary en sus “Narraciones”, en cuyo tomo I, a la página 121, dice: “Marchó al fin (Castillo) y encontró al enemigo situado en ventajosa posición, aunque en número inferior, y lo batió el 13 de abril”.

Bolívar hizo su primera entrada en la entonces villa de San Cristóbal el viernes 16 de abril a las 4 1/2 de la tarde en punto, y a las 5 estaba dictando el oficio en que comunicó al señor Presidente Camilo Torres la acción de la Angostura, insertando el referido parte de Castillo. Según viejas tradiciones, la casa adonde llegó Bolívar en esta primera ocasión fue la que hoy pertenece al doctor Lucio Oquendo, en las históricas “Cuatro Esquinas”, casa que entonces era de dos pisos. La entrada la hizo por la subida del “Filisco”, como que era el único acceso que por el norte tenía la citada villa. Bolívar, quien salió ese mismo día a las 5 de la mañana, llevaba 300 hombres, los cuales llegaron con él, habiendo estos salido de la misma población en la tarde del día anterior.

San Cristóbal, a pesar de los desagradables sucesos que acababa de dar lugar el coronel Antonio Nicolás Briceño, le hizo a Bolívar un entusiasta recibimiento, y todo el pueblo acudió a conocer y a admirar al caraqueño, como familiarmente le llamaban en esos días. La vista de aquel glorioso ejército de héroes, triunfadores desde Cartagena hasta San Antonio del Táchira, llenó de júbilo a nuestros moradores paisanos, quienes, con Bolívar y sus soldados, se entregaron a las alegrías ocasionadas por la noticia de la derrota de la Angostura. Bolívar durmió aquella noche en San Cristóbal.

Como el señor coronel Castillo decía en su parte que sabía que el brigadier Correa se encontraba muy fortificado en la ciudad de La Grita y que de allí sería bien difícil desalojarlo, Bolívar se apresuró a continuar la marcha en las primeras horas de la mañana del día sábado 17, pero al llegar a Las Vegas de Táriba recibió la noticia de que Correa, sin esperar a los republicanos, vergonzosamente había huido de La Grita. Entonces Bolívar, sospechando que aquella retirada fuera una estrategia de Correa para volver por Seboruco o los Llanos de San Juan, u otra vía, sobre los valles de Cúcuta, que tal vez los creía desamparados – y, en efecto, lo estaban, lo que con razón preocupaba a Bolívar-, sesgó hacia la izquierda su dirección, trepó el cerro de “Los Letreros” y bajó a la villa de Lobatera, adonde llegó a eso de las 5 de la tarde. Al presentarse Bolívar en Lobatera tan inesperadamente, los vecinos se apresuraron a hacerle una recepción digna de sus méritos. Entre los que ocurrieron se recuerda al cura del lugar, presbítero doctor Pedro José Casanova, uno de los más caracterizados de los pocos patriotas que había en aquella parroquia.

En la casa de este buen sacerdote fue alojado el ilustre huésped, junto con algunos oficiales de su séquito, y allí se vieron todos colmados de solícitas atenciones. Muchos supervivientes hasta el año 75 y aún hasta el 80, contaban haber conocido a Bolívar el año 13 en Lobatera. Don Custodio Niño, de entre ellos, hasta los últimos años de su larga vida, refería con orgullo patriótico que él había estrechado la mano de su Libertador Bolívar en el atrio del templo, en el momento en que el héroe entraba en Lobatera. Allí pasó éste la noche, y muy temprano del siguiente día salió hacia La Grita, trepando la empinada y extensa cuchilla de “Los Hornos”, que domina a derecha e izquierda todo un vasto panorama.

De manera que Bolívar hizo su entrada en Lobatera el sábado 17 de abril, a las 5 de la tarde, y el domingo siguió su ruta.

Sabido en el tránsito que Correa había huido hacia Bailadores, vía Mérida, aceleró entonces su marcha directamente sobre La Grita, adonde llegó el lunes 19 en la tarde, ya cuando Castillo se había ido para Cúcuta con parte de las tropas. Esto explica por qué Bolívar y Castillo no se encontraron en el camino.

A su regreso de La Grita, Bolívar volvió a pernoctar en San Cristóbal el sábado 24, y el domingo siguió a Cúcuta, adonde llegó el mismo día en la tarde y donde lo esperaban importantes asuntos que ventilar.

En un opúsculo que preparo, referente a la Campaña Admirable, desarrollo más ampliamente estos sucesos, en su mayor parte callados por los historiadores, pero que a nosotros toca sacarlos a la luz.

En otra carta referiré los demás hechos de armas sucedidos en ese Estado Táchira el mismo año 13, después que Bolívar se vino para el Centro.

En mi anhelo de que usted y yo concordemos en estos y otros puntos relacionados con la historia, aún inédita, de esa nuestra querida región natal, me permito dirigirle la presente, que espero merezca su benevolencia, si de ella la cree digna.

Aplaudo su labor y en ella trato de secundarlo.

Su amigo affmo.

Samuel E. Niño


viernes, 31 de marzo de 2023

De la expedición de 1547 a la fundación de San Cristóbal: La geografía, etnografía e historia primigenia del Táchira según Fray Pedro de Aguado │ Fray Pedro de Aguado: The Rediscovery of Táchira’s First Historian and the 16th-Century Tachiran Andes Frontier

 



Fray Pedro de Aguado, OFM en su estudio del convento de los franciscanos de Santa Fe de Bogotá, en 1569, cuando escribe la historia de la fundación de la Villa de San Cristóbal (Foto: Imagen generada con IA-Gemini 3, promt de Santiago X. Sánchez, 2026).



A Fray Pedro de Aguado, OFM (Teólogo, matemático, historiador y cuarto padre provincial de la Orden de los Franciscanos en el Nuevo Reino de Granada. Valdemoros, Madrid, 1538 - Santa Fe de Bogotá, fines del s. XVII o inicios del s. XVII), el olvidado primer historiador, etnógrafo y geógrafo del país de los tachirenses, le debemos la crónica fundacional de una región que empezaba a dibujarse en los mapas del Viejo Mundo.


En sus Noticias Historiales, en el capítulo escrito en 1569, Aguado no solo registra con precisión el primer contacto europeo con tierras tachirenses en 1547, sino que rescata del olvido los nombres y los rumbos de aquellos hombres que cruzaron los Andes. Su pluma es la primera en dotar de rigor geográfico y de presencia humana originaria a un territorio que, hasta entonces, solo existía en la oralidad indígena y en los confusos reportes de las primeras incursiones.


La obra cobra una relevancia vital al detallar la fundación de San Cristóbal en 1561, a la cual denomina "lugar de alegre cielo y apacible temnple", transformando un acto administrativo en un relato vivo de supervivencia, territorialidad, jurisdicción y estrategia. A través de sus páginas, seguimos de cerca las actuaciones del capitán fundador entre 1561 y 1563, cuya ambición y curiosidad le llevaron a internarse hasta las montañas que dominan los remotos valles de la meseta de Pregonero y los caudales majestuosos del Uribante, ensanchando, como El Cid Campeador, delante de su caballo, las fronteras tachirenses.


Para analizar estos hitos, es necesario aplicar un rigor crítico y separar la hipérbole de la crónica del dato geográfico puro, permitiéndonos reconstruir la cartografía humana, emocional y física de los albores del Táchira, durante ese cruento choque de culturas del siglo XVI sobre territorio tachirense.


Por ello, este registro no es solo una enumeración de fechas; es el primer mapa metodológico del ser tachirense. Aguado actúa como un observador que conecta la accidentada geografía andina con la nueva voluntad humana europea del siglo XVI de establecer ciudades y la vieja americana de defender hasta lo último su territorio y su mundo conocido.


Al revisitar sus textos, no solo leemos historia, sino que asistimos al nacimiento de una identidad regional surgida de ese choque frontal de culturas y documentada por un cronista que, a pesar de su inmensa labor documental, aguardaba en la sombra el reconocimiento de su papel esencial como el gran descriptor del Táchira primitivo.



Transcripción:
"Es este valle de Santiago casi triangulado, que lo haze ser ansi la quebrada
y aguas que baxan de las lomas del viento y de otras cimbres y sierras que
por alli ay, que casi caminan derecho a donde esta la villa poblada: pero no
entran ni se juntan [en aquel mesmo paraje y dereçera en el rrio prinçipal,
que pasa por delante la villa, porque ynpidiendoles el paso vna baxa y llana
loma que por allí se le opone, la haze baxa casi media legua mas abaxo; pero
la villa o pueblo esta situada y poblada casi en medio del valle, donde la cogen
en medio los naturales que en ella ay. Es de alegre çielo y apacible temple,
avnque mas calido que frio. No es todo tierra rasa ni el arcabuco o montaña
que en el ay es todo crezido, sino partes es montaña y partes chaparrales y
otros pequeños o baxos montes que con façilidad los rroçan los yndios cada
vez que quieren o tienen neçesidad, para hazer en el sus rroças y sementeras.
Es tierra muy fertil y acomodada a darse en ella todos generos de frutas, asi
naturales como extranjeras; pero de las cosas neçesarias, que son del prinçipal
sustento de los yndios, como son mayz, yuca, batata, avyama, pescados y
otros muchos generos de comidas y legumbres, excede y sobre puja en esto a
toda la mas de la tierra de Pamplona, y en los algodonales, que los ay muchos
y muy fructiferos y de muy buen algodon de que se hazen mantas y otrogenero de
lino, avnque no de la naturaleza de los despaña, pero despues de
pue]sto en çerros tiene gran similitud con el, de que se haze muy buen hilo
y muy delgado. De todas las quales cosas se aprobechan muy bien los vezinos
de aquel pueblo, pero con todo esto y la diligençia que se pone en granjear,
jamas los he visto medrar, sino cada dia venir a menos, por defeto de no then-
er minas de oro ni plata, que son las que suelen dar y dan lustre a los pueblos
y poner animo a los hombres".


Imagen y transcripción del mismo (en cursiva) de un folio de los manuscritos originales de Aguado, de los cuales sólo  que sólo se conservan los recabados por el historiador Juan Bautista Muñoz y Ferrandis (s. XVIII), que conforman los volúmenes 68 y 69 de la colección que lleva su nombre, en los archivos de la Real Academia de la Historia, en Madrid. En este folio se describe la geografía del valle de Santiago y se refiere a la Villa de San Cristóbal como: "Lugar de alegre cielo y apacible temple" (Foto: Revista Shell, Caracas, 1961. Homenaje al Cuatricentanerio de la ciudad de San Cristóbal).  




¿Cómo sobrevivieron estos manuscritos hasta su primera publicación en librosm en 1906 (Bogotá), 1913 (Caracas) y 1919 (Madrid)?

[Respuesta resumen generada con IA (Gemini 3)]

El resguardo y la supervivencia de los manuscritos originales de la Recopilación Historial a lo largo de más de tres siglos es una auténtica odisea archivística, marcada por la burocracia colonial, el coleccionismo cortesano y la incautación de bienes eclesiásticos.

Aplicando un riguroso orden cronológico y documental, el rastro de estos folios se puede seguir a través de las siguientes etapas fundamentales:

1. El entorno de la Corte y el Consejo de Indias (Siglos XVI - XVII)

Tras regresar de América en 1575, Fray Pedro de Aguado redactó y pulió su obra en España con el fin de obtener la licencia real para su impresión. El manuscrito original tuvo que pasar por el riguroso filtro de los censores del Consejo de Indias, quienes lo sometieron a severas mutilaciones y tachaduras debido a sus duras críticas hacia los métodos empleados por algunos conquistadores.

Aunque el rey le otorgó la licencia en 1583, el fraile jamás encontró un mecenas que financiara la costosa impresión tipográfica. Tras la muerte de Aguado, el documento quedó en un limbo legal y administrativo dentro de los archivos de la Corte, sirviendo no obstante como fuente de consulta en manuscrito para otros cronistas posteriores —como Fray Pedro Simón o el Inca Garcilaso de la Vega—, quienes sacaron copias manuscritas totales o parciales que circularon discretamente en ámbitos eclesiásticos.

2. El Colegio Imperial y los Jesuitas de San Isidro (Siglo XVIII)

Con el paso de las décadas, los manuscritos principales —en particular el códice autógrafo o más cercano al original que contenía la Historia de Venezuela— fueron a parar a la selecta biblioteca del Colegio Imperial de Madrid, regentado por la Compañía de Jesús (orden que destacaba por recopilar y preservar con enorme celo los saberes geográficos e históricos del Nuevo Mundo).

Tras la expulsión de los jesuitas de España en 1767 por orden de Carlos III, este centro pasó a denominarse los Reales Estudios de San Isidro. La valiosa biblioteca se convirtió en un fondo público bajo supervisión de la Corona, lo que garantizó que los dos tomos de Aguado no se dispersaran ni se destruyeran durante las convulsiones políticas de la época.

3. La Biblioteca de las Cortes y la desamortización (Siglo XIX)


A principios del siglo XIX, parte de los fondos documentales de San Isidro fueron trasladados a la Biblioteca de las Cortes. Sin embargo, el punto de inflexión definitivo para la salvaguarda y posterior estudio científico de la obra ocurrió a mediados de esa centuria.

En 1851, el gobierno español dispuso que un selecto lote de libros antiguos y manuscritos históricos de indudable valor científico —procedentes tanto de la Biblioteca de las Cortes como de los conventos y monasterios suprimidos por las leyes de desamortización eclesiástica— fuera asignado formalmente a una institución idónea para su custodia permanente.


4. Su sede definitiva: La Real Academia de la Historia

Esa entidad calificada fue la Real Academia de la Historia de España, en Madrid. Los volúmenes de Fray Pedro de Aguado ingresaron en su Biblioteca y se integraron en lo que hoy se conoce como la Colección de Manuscritos sobre América (resguardados actualmente en modernos armarios ignífugos de alta seguridad). 



Los dos tomos manuscritos fueron clasificados por la Real Academia como 68 y 69 de la Colección Juan Bautista Muñoz, siendo el 68 de 508 folios, de 32 centímetros por 21, y el segundo tomo, el 69, de 820 folios de igual tamaño. El nombre de la colecciçon donde se encuentran provino de la colección formada con los manuscritos que el historiador y académico Juan Bautista Muñoz compiló y utilizó en su momento para escribir su historia del nuevo mundo.



Fue precisamente en los anaqueles de esta prestigiosa Academia donde los intelectuales americanos de principios del siglo XX —comisionados por los gobiernos de Colombia y Venezuela— y el propio académico español Jerónimo Bécker pudieron finalmente localizar, paleografiar y cotejar el texto completo para mandarlo, tras más de trescientos años de paciente espera en la sombra, directamente a las prensas.


Proyecto Experiencia Arte comparte para su consulta en PDF, entre otras ediciones, sus Relaciones Historiales (en el capítulo referente al actual Estado Táchira), edición publicada por la Colección Bicentenario Carabobo (2021):






domingo, 8 de agosto de 2021

El Ilustre Concejo Municipal de Lobatera en 1822: Documentos y Memoria del Táchira │ The Municipal Council of Lobatera (1822): Documents and Historical Memory of Táchira






Nocturno (panorámica del centro urbano histórico de Lobatera), Jerson Trejo (1993).



La reconstrucción de la memoria histórica del Táchira no se fundamenta únicamente en los grandes relatos épicos, sino también en el registro cotidiano preserved en los folios de sus instituciones primigenias. El análisis de los documentos emitidos por Ilustre Concejo Municipal del Partido Capitular de Lobatera, correspondientes al año 1822 y conservados en el Archivo Histórico del Concejo Municipal de San Cristóbal, facilitados por la generosa gestión académica de José Antonio Pulido Zambrano, constituye una ventana excepcional para comprender la dinámica social y política del noroeste tachirense en un período de transición crítica para la naciente República de Colombia.


Para valorar el alcance de estas fuentes en su justa dimensión, es imprescindible contextualizar la trayectoria institucional del Partido Capitular o Municipalidad de Lobatera. Creado el 31 de julio de 1811 al amparo de la Constitución Provincial de Mérida de Venezuela, este acto jurídico elevó a la población de Lobatera al rango de villa, otorgándole la capitalidad de un vasto territorio de más de 840 kilómetros cuadrados. Esta extensión abarcaba los espacios de las actuales jurisdicciones de los municipios Lobatera, Michelena y Ayacucho, así como la franja suroccidental de García de Hevia.

Sin embargo, el devenir de esta entidad territorial estuvo fuertemente signado por el impacto directo de la contienda emancipadora:


Invasión y disolución (1812): La entrada de las tropas realistas al mando del comandante Correa el 5 de junio de 1812 trajo consigo la disolución del cuerpo capitular y la interrupción del proyecto municipal republicano.


Restauración republicana (1813): La institucionalidad fue restituida al año siguiente gracias al avance militar de la Campaña Admirable liderada por El Libertador Simón Bolívar, a su paso por Lobatera el 17 de abril de 1813, cuando marchaba a La Grita a contrarrestar la insubordinación de Castillo y Santander.


Transición a parroquia y autonomía (1824-1835): A pesar de su resiliencia, la promulgación de la Ley de División Político Territorial de la República de Colombia redujo a Lobatera a la condición de parroquia dependiente del Cantón de San Cristóbal, estatus que mantuvo hasta el 20 de abril de 1835, cuando recobró de forma definitiva su autonomía municipal.


En este marco histórico, el año de 1822 adquiere un matiz sumamente particular. Aunque la Batalla de Carabobo en 1821 había asegurado el control de la zona central de Venezuela, el noroeste tachirense aún respiraba el ambiente enrarecido de un estado de guerra latente con las fuerzas realistas de la Monarquía Española con dominio marítimno aún sobre Maracaibo, su provincia y el lago.


Los documentos de este período no solo registran la labor administrativa del Cabildo, sino que capturan la vivencia de una comunidad en vilo: el esfuerzo por organizar el gobierno local, noticias de espías, la exigencia tributaria y logística para sostener las campañas militares en curso, y las dinámicas cotidianas de un pueblo empeñado en construir civilidad en medio de la inestabilidad.


Acercarse a estos testimonios documentales originales no es un mero ejercicio de erudición o nostalgia bibliográfica. Es, fundamentalmente, una mirada atenta a la trama socio-histórica que modeló la identidad regional; un testimonio directo de las vicisitudes vividas por sus pobladores y un aporte indispensable para comprender las raíces profundas del Táchira eterno.


Puede consultar y descargar los documentos en formatob PDF aquí:





lunes, 1 de agosto de 2016

El Archivo Histórico de La Grita (1622): Pedro de Torres Vera, albacea e hijo del fundador de Lobatera | The 1622 La Grita Document: Pedro de Torres Vera as Executor and Son of Lobatera’s Founder

 



Foto: Última parte del testamento y firmas de Benito Ruiz de Migolla, Francisco Ortiz de Parada, Francisco Chacón y Pedro de Torres Vera (Registro Público Principal del Estado Táchira, San Cristóbal)



En nuestras investigaciones documentales, cuando elaborabamos el libro: "Lobatera. Tiempos históricos de una tierra de pioneros" (Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, Nº 108, Caracas, 1993) y reeconstruíamos el árbol genealógico de la familia fundadora de los Chacón de Torres, en su mayorazgo en Lobatera desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII, nos hallamos ante los presentes documentos, conservados en el Archivo Histórico de La Grita (ubicado en el Registro Público Principal del Estado Táchira, San Cristóbal, Venezuela) bajo la signatura Tomo XXVIII (año 1786), Legajo 5 (folios 8 al 197, y documentos sueltos o dispersos del siglo XVII), los cuales constituyen una pieza documental de inestimable valor para la historia del período colonial español tachirense, cuando estuvo bajo la jurisdicción del Nuevo Reino de Granada y de la Gobernación del Espíritu Santo de La Grita de Mérida (nombre oficial, pues su territorio respondía a la agregación de jurisdicciones de la gobernación y capitanía general de La Grita (1576) y de la ciudad de Mérida (1622). Al agregarse la provincia de Maracaibo (1678) a fines del siglo XVII, se denoninó de forma oficial: Provincia del Espíritu Santo de La Grita de Mérida de Maracaibo. La ciudad capital iba cambiando en la medida que se agregaban nuevas jurisdicciones, siendo la última Maracaibo). 


El documento en referencia fue redactado en la ciudad del Espíritu Santo de La Grita por el Escribano Público y de Cabildo Don Esteban Ramírez, el expediente cerró sus trámites de registro el 5 de enero de 1622.


Aun cuando el primer folio del manuscrito no se conserva, lo que impide leer la fórmula introductoria donde se asentaba el nombre de pila del otorgante, la lectura paleográfica de sus cláusulas revela que perteneció a un rico e influyente encomendero y terrateniente de la élite gritense.


El testador estaba estrechamente vinculado a las redes de poder andinas: era tío directo de don Francisco de Escalante (destacado encomendero e hijo uno de los fundadores de La Grita, el Capitán Francisco de Escalante), así como de doña María de Avellaneda [emparentada con Andrés del Basto Avellaneda, de Pamplona y con Ana Pérez del Basto, de La Grita, hija de uno de los fundadores de La Grita, el capitán Adrián Pérez y eesposa del fundador de Lobatera, Pedro de Torres Vera].


Su posición social se ve revalidada por el perfil de sus albaceas y testigos testamentarios, todos ellos encomenderos de San Cristóbal y La Grita. Dichos personajes figuran y firman en el siguiente orden: Benito Ruiz de Migolla, Francisco Ortiz de Parada*, Francisco Chacón y Pedro de Torres Vera. Estos dos últimos, vinculados por parentesco de afinidad al ser cuñados, eran yerno e hijo menor, respectivamente, de Don Pedro de Torres Vera (fundador de Lobatera, fallecido en 1610 y casado con doña Ana Pérez del Basto, difunta en 1621); en el caso de Chacón, este se hallaba desposado con Felipa de Torres Vera, la hija mayor del fundador.


Por otro documento conservado en el mismo expediente se conoce que para este momento Pedro de Torres Vera h. en la práctica era mayor de edad pero legalmente permanecía bajo la tutela de su cuñado, Francisco Chacón. Se le reconocería la mayoría de edad y la entrega plena de los bienes heredados de sus padres por sentencia del alcalde de La Grita Pedro Álvarez de Castrellón, especificando en la solicitud el referido Francisco Chacón que: "se justifica que desde hace un tiempo el dicho Pedro de Torres Vera administra de forma independiente sus bienes y hacienda, habiendo trabajado por su cuenta y rendido debidamente la cuenta de la tutela y demás asuntos señalados en la solicitud". La petición fue presentada ante el Alcalde el día 12 de noviembre de 1622. Al reverso de la misma consta la providencia o auto emitido por el alcalde don Pedro Álvarez de Castrellón, mediante el cual decreta y declara emancipado a Pedro de Torres Vera, ordenando que se le haga entrega formal de sus bienes para que los administre como mejor le convenga, otorgándole plena capacidad legal para comparecer en juicio y realizar los actos jurídicos contenidos en el expediente.  


A lo largo del cuerpo del testamento estudiado, escrito en una letra procesal encadenada del castellano del siglo XVII, caracterizada por ligaduras abigarradas y abundantes abreviaturas, el testador detalla un vasto patrimonio agrario, ganadero y servil (esclavos). Entre sus mandas dispone legados religiosos (misas y capellanías entre otras), el pago de deudas y cuotas a  hermandades, así como una importante renta destinada a un futuro mantenimiento de un hospital y de la iglesia parroquial de La Grita, para la atención de enfermos. 



Asimismo, declara la posesión de encomiendas de indios y estancias de ganado mayor y menor repartidas por valles e ingenios estratégicos de La Grita, San Cristóbal y Pamplona, sumando millares de cabezas de ganado vacuno y lanar, casas de residencia y molinos de trigo. En el ámbito de la mano de obra, el manuscrito lista nombre por nombre a numerosas piezas de esclavos y sirvientes domésticos (como Francisco, Antonio, Diego, Victoria, Mateo, María, Juan Morcillo, Félix, Tomás, Ana y Pascuala), a algunos de los cuales concede la libertad e indemnizaciones en pago a sus servicios.



El escatocolo o cierre notarial del expediente, ejecutado por el escribano público y de Cabildo Don Esteban Ramírez, certifica la intervención de las autoridades judiciales y contables, con firmas autógrafas de los testigos y albaceas, dando fe pública del auto de notificación, consolidando así la validez legal de este testamento fundamental para el estudio de la prosopografía y la estructura socioeconómica tachirense en la época colonial española, a comienzos del siglo XVII.


* Francisco Ortiz de Parada era hijo de Manuel Fernández y de Francisca Ortiz de Parada, y hermano de Francisca Ortiz de Parada h. quien se había casado con Jerónimo de Colmenares, yéndose a residir en la Villa de San Cristóbal. Jerónimo de Colmenares, siendo niño (c. 1589) fue testigo presencial de la renovación portentosa del retablo de Nuestra Señora de la Consolación de Táriba, en la choza de despensa de la casa de sus padres, el encomendero Alonso Álvarez de Zamora y Leonor de Colmenares.



Don Pedro de Torres Vera (mediados del siglo XVI - 1610), fundador de Lobatera en 1593 (Lienzo con óleo y acrílico por el artista tachirense José Gregorio León Duque (2015).



Documento de emancipación legal de Pedro de Torres Vera h.

En este expediente, fechado el 12 de noviembre de 1622 y presentado por Pedro de Torres Vera h. quien manifiesta ser menor de 25 años (nacido en 1597) e hijo de Pedro de Torres Vera, solicita su emancipación legal ante el Juez receptor Don Gonzalo Palencia de Andrade quien se encontraba en La Grita haciendo la residencia a las autoridades de la ciudad.



Foto: Última parte del  expediente de emancipación con la certificación del escribano Esteban Ramírez y el ejecútese del Juez visitador  (Registro Público Principal del Estado Táchira, San Cristóba).




Signo notarial de Esteban Ramírez, Escribano Público y de Cabildo de la ciudad del Espíritu Santo de La Grita, para 1622.


Nos ha parecido de interés, analizar el dibujo presente en el documento de 1622, el cual corresponde al signo notarial de Esteban Ramírez, quien se desempeñaba como escribano público y de cabildo en la ciudad del Espíritu Santo de La Grita (para la época, bajo la jurisdicción de la Real Audiencia de Santafé en el Nuevo Reino de Granada). En la tradición jurídica de la Monarquía Hispánica durante el siglo XVII, este elemento no cumplía una función meramente ornamental, sino que constituía la "huella dactilar" gráfica y la máxima garantía de fe pública del funcionario.



Desde el punto de vista iconográfico y diplomático, la figura se articula sobre una estructura cruciforme central, rasgo indispensable en la época que simbolizaba el juramento en nombre de Dios y la autoridad del rey otorgada al escribano. 



Sobre esta base en cruz se despliega un diseño simétrico de roseta o estrella lobulada de ocho puntas, característico de la transición entre la tradición hispano-mudéjar y el estilo barroco temprano hispano colonial. Como elemento clave de seguridad, el trazo incluye puntos centrales intercalados en los espacios de los lóbulos; esta técnica buscaba complejizar la geometría del signo para dificultar cualquier intento de falsificación o alteración por mano alzada. Asimismo, los remates del eje vertical se estilizan en puntas afiladas, evocando la autoridad civil y judicial del Cabildo local.



En la práctica notarial del siglo XVII, este signo estaba registrado de forma única e inalterable en el título oficial de Esteban Ramírez y debía reproducirse fielmente, trazado a pluma de ave, en cada escrito que validaba. Dado que el escribano se titulaba y firmaba sobriamente bajo la fórmula "En testimonio de verdad, Esteban Ramírez, escribano público y del cabildo [...] Lo certifico", el signo cobraba un valor identificativo todavía mayor. Acompañado de los trazos ágiles de su rúbrica (visibles a un costado de la figura), este sello personal era el requisito indispensable que otorgaba validez jurídica e inalienable a los protocolos y actas de La Grita, permitiendo cotejar la autenticidad de cualquier traslado o copia emitida en todos los territorios de la Monarquía Hispánica, en los cinco continentes.