viernes, 8 de diciembre de 2023

Guía del Arte Sacro en el Táchira: documentando el patrimonio escultórico perdido │ The Lost Sacred Statues of Táchira State: Documenting Heritage





Foto: Darío Hurtado (2023)


Texto: Samir Sánchez (2023)


Nos encontramos ante una de las obras cumbres e irrepetibles del arte sacro español del siglo XIX en tierras tachirenses: la talla en madera policromada de la Inmaculada Concepción, venerada en la Iglesia Parroquial de Lobatera.


Esta magnífica pieza -que sigue en tamaño natural el patrón iconográfico para las Inmaculadas, creado por el célebre pintor español Francisco Esteban Murillo en 1665- es obra del renombrado escultor catalán Francisco Vila y Roqué. Fue adquirida en Plaza de Santa Ana, 7 y 26, Barcelona, España, en 1917 por el insigne Padre Pedro María Morales, y representa uno de los mejores ejemplos del arte sacro escultórico realizado en madera policromada, siguiendo los rigurosos patrones académicos de la imaginería sacra de la época.

El taller de escultura y pintura religiosa de Francisco Vila y Roqué fue fundado en Barcelona en 1886 y al fallecer este, se mantuvo bajo la dirección de su esposa, y así era identificado en los catálogos comerciales de la época [Cfr. Revista Ibérica, volúmenes 25 y 26, 1926, p. 320 (esta revista científica de la Compañía de Jesús estuvo activa entre 1914 y 2004)].  


Su valor es incalculable, pues esta obra no solo atestigua una forma de manufactura ya extinta y puramente artesanal, sino que es un patrimonio tachirense de obligada preservación dado que es irrepetible.


El acabado perdido

Un aspecto crucial de su manufactura original (al igual que en otras tallas que se presentan en una especie de catálogo visual al finalizar el artículo) radica en las encarnaciones cromáticas. Inicialmente, estas estaban realizadas con el antiguo y refinado acabado a pulimento (o "a espejo"). Esta técnica era una de las formas más antiguas y refinadas de realizar las encarnaciones (la representación del color de la piel) en la talla o escultura de madera policromada. Se caracterizaba por lograr una superficie de aspecto claro, liso y muy brillante, casi vítreo o esmaltado, de ahí su nombre "a espejo".


La encarnación a pulimento estuvo muy en boga durante el siglo XVI y principios del XVII, retornando a finales del siglo XIX. A menudo se la criticaba por ser menos naturalista que la técnica en mate, ya que su brillo recordaba más a la porcelana o el esmalte. Sin embargo, su dureza y su acabado lujoso eran muy apreciados por la sensación de nobleza y divinidad que conferían a las figuras religiosas. 


No obstante, este acabado desapareció durante las restauraciones subsiguientes debido al desconocimiento de esta técnica antigua por parte de los restauradores modernos que intervineron la imagen, resultando en la pérdida total de la sutil calidad sacra superficial que la pieza presentaba al salir del taller de Vila, tanto en las encarnaciones como en las vestiduras.


Resiliencia y restauración

Cabe destacar su resiliencia. La imagen fue tallada en madera de nogal, material que le permitió resistir los graves destrozos iconoclastas perpetrados en agosto de 2006. Gracias a ello, pudo ser restaurada a su forma original, si bien perdió algunas de sus partes simbólicas como lo es la cabeza de la serpiente con la manzana, elemento clásico de su iconografía.


Algo de historia

La Parroquial de Lobatera fue erigida canónicamente el 1 de junio de 1773 por el Arzobispo de Santa Fe de Bogotá. Su primer cura párroco llegó al pueblo el 20 de marzo de 1774, el día 22 creaba la cofradía de la patrona y tuitular Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. El día 3 de abril, su párroco, el Pbro. Dr. Manuel Antonio de Nava crea la Cofradía de Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción y se registra la firma del primer alcalde de Lobatera, Don Antonio Tomás Rosales


La artística talla en madera policromada que se conserva a la fecha en la Iglesia de Lobatera fue bendecida solemnemente, según los antiguos rituales y rúbricas, en la misa de Tercia (9:00 am), la mañana del 22 de septiembre de 1917 en Visita Pastoral que hiciera el Obispo de Mérida Mons. Dr. Antonio Ramón Silva.



¿Cómo era este antiguo rito?


La bendición de imágenes sacras para las iglesias, en el antiguo Rito Tridentino (vigente hasta las reformas del Concilio Vaticano II), se realizaba con un acto solemne y específico, enfocado en invocar la gracia divina para que la imagen, una vez bendecida, sirviera como medio para la veneración y la elevación espiritual de los fieles.


Si bien, la fórmula exacta podía variar ligeramente según el objeto (Cristo, la Santísima Virgen, o un Santo), el esquema general del rito de la misa de bendición solía incluir:


Ritos iniciales: con el sacerdote revestido con los ornamentos prescritos (generalmente con el color apropiado al personaje de la imagen o blanco), se iniciaba con las oraciones introductorias habituales, como el Adjutorium (Nuestro auxilio está en el nombre del Señor) y el Señor, ten piedad, Cristo, ten piedad, entre otros.


Lecturas y salmos: se recitaban o cantaban salmos e himnos pertinentes al día litúrgico y a la imagen que se iba a bendecir.


Oración propia de bendición (La fórmula central): esta era la parte esencial. El sacerdote extendía las manos sobre la imagen y recitaba la oración de bendición propiamente dicha. Esta oración pedía a Dios que santificara la imagen para que al mirarla, los fieles recordaran e imitaran las virtudes del representado, y que por sus méritos e intercesión, obtuvieran la gracia y la gloria eterna.


Aspersión con agua bendita: El ministro procedía a rociar la imagen con agua bendita (a menudo bendecida previamente en el mismo rito o antes, con una fórmula solemne que incluía sal exorcizada).


Inciensación: En las bendiciones más solemnes, la imagen se incensaba mientras el coro entonaba un cántico de alabanza.


Ritos conclusivos: Terminaba con una oración final y la bendición al pueblo.

El propósito principal del ritual era consagrar el objeto al culto divino, distinguiéndolo de un mero objeto artístico, para que sirviera como signo visible y ayuda a la piedad.


Las rúbricas y las oraciones (fórmulas) para la bendición solemne de imágenes de iglesias se encontraban en el Rituale Romanum o Ritual Romano


Este era un libro litúrgico promulgado por el Papa Pablo V en 1614 (y revisado a lo largo del tiempo, pero manteniendo su esencia tridentina) que contenía todos los ritos y bendiciones no reservadas al obispo (la cuales estaban en el Pontificale Romanum). Dentro del Rituale Romanum, se dedicaba un título o capítulo específico a la bendición de imágenes que se exponían a la pública veneración de los fieles en los lugares sagrados.


Memoria agradecida 

Es deber de gratitud evocar la memoria de una de sus antiguas priostas, la distinguida Srta. Delfina Sandoval Zambrano, quien con notable dedicación organizó las celebraciones de la solemnidad de la Inmaculada Concepción desde el año 1929 hasta 1984.


La función primordial de estos priostes y priostas radicaba en la preparación y el adorno de la imagen para la celebración litúrgica, la contratación de los músicos y adquisición de la pólvora que darían realce a las vísperas y a la misa y a la procesión, la adquisición de las flores destinadas a la imagen y al altar, así como la búsqueda del orador sagrado de la festividad, cargo que, por muchos años, recayó en Mons. Dr. Carlos Sánchez Espejo.


Todo lo anterior era sufragado mediante las limosnas generosas y voluntarias que ella recogía de los habitantes del pueblo y de las trece aldeas que constituían la parroquia eclesiástica de Lobatera, a saber: La Molina, El Molino, La Montaña, Las Minas, Llano Grande, Potrero de las Casas, Volador, Los Trapiches, La Parada, El Oso, La Victoria, La Trampa y La Cabrera.


Otras imágenes sacras talladas por Francisco Vila, que se encuentran en la Parroquial de Lobatera



Santa Leocadia. Talla adquirida en 1916 por el Dr. Ezequiel Vivas Sánchez para presidir la capilla votiva que él construyó a esta santa en la Iglesia parroquial de Lobatera. Estado de la imagen luego de la restauración de 2006 (Foto: Samir Sánchez, 2015).





Santa Leocadia. Estado de la imagen luego del vandalismo iconoclasta que sufrió en agostoi de 2006 y antes de su restauración. Se puede apreciar la pintura original y el acabado a pulimento en las encarnaciones de la imagen así como la dureza de la madera, que resistió al golpe de la caída desde la peana donde se encontraba (Foto: Samir Sánchez, 2006).







Catálogo de la Casa Vila, fábrica de imaginería religiosa de Fracisco Vila, para 1920 (Foto: Historia de Barcelona en la web, 2015).









Santo Niño de la Eucaristía. Talla de la Casa Vila, adquirida en 1920 por el Padre Pedro María Morales para la  Iglesia parroquial de Lobatera. No sufrió daños vandálicos en 2006 pero fue repintada luego, perdiendo su policromía original (Foto: Samit Sánchez, 2015).






La Sagrada Familia. Talla de la Casa Vila, del grupo escultórico de la Casa Vila, adquirida en 1916 por el Dr. Ezequiel Vivas Sánchez para uno de los laterales de la capilla votiva que él construyó a Santa Leocadia en la Iglesia parroquial de Lobatera. Estado de la imagen luego del primer repinte de 1991. Las hojas de la palma eran las originales de 1916, sólo que fueron erróneamente colocadas de forma invertida (Foto: Samir Sánchez, 1997).




La Sagrada Familia. Talla de la Casa Vila, del grupo escultórico de la Casa Vila, adquirida en 1916 por el Dr. Ezequiel Vivas Sánchez para uno de los laterales de la capilla votiva que él construyó a Santa Leocadia en la Iglesia parroquial de Lobatera. Estado de la imagen luego de la restauración y repinte de 2006. Las hojas originales de la palma fueron reemplazadas (Foto: Samir Sánchez, 2015).




El Patriarca San José. Talla de la Casa Vila adquirida en 1922 por el Padre Pedro María Morales para la  Iglesia parroquial de Lobatera. Sufrió daños en el acto vandálico de 2006 y fue restaurada, si bien perdió su policromía original (Foto: Samit Sánchez, 2015).






Sagrado Corazón de Jesús. Talla de la Casa Vila adquirida en 1922 por el Padre Pedro María Morales para la  Iglesia parroquial de Lobatera. Presenta el primer repinte de 1991 que afectó la policromía original y borró el acabado a pulimento de las encarnaciones y el detalle de los ornamentos y miniaturas originales de los símbolos de la pasión, que fueron borrados y sustituidos por hojarascas en hojilla de oro común, al no poder reproducirlos o testar capacitados en procesos de restauración  (Foto: Darío Hurtado, 2020).




Sagrado Corazón de Jesús. Talla de la Casa Vila adquirida en 1922 por el Padre Pedro María Morales para la  Iglesia parroquial de Lobatera. Sufrió daños en el acto vandálico de 2006 y fue restaurada, si bien perdió su policromía original (Foto: Darío Hurtado, 2020).




Nuestra Señora del Carmen. Talla de la Casa Vila adquirida en 1917 por el Padre Pedro María Morales para la  Iglesia parroquial de Lobatera. Sufrió daños en el acto vandálico de 2006 y fue restaurada, si bien perdió su policromía original (Foto: Darío Hurtado, 2020).


Otras antiguas y artísticas imágenes de autor desconocido



San Rafael Arcángel. Es la imagen más antigua, por documentos, que se conserva en la Iglesia de Lobatera. Adquirida por el Padre Pedro María Morales, fue bendecida solemnemente por Mons. Antonio Ramón Silva en Visita pastoral que hiciera el 26 de febrero de 1908. Luego de la remodelación del templo y a partir de 1967 permaneció en los depósitos de sacristía hasta 2006 cuando es manda a repintar, sin necesitarlo, perdiendo el acabado, los detalles y los colores originales, así como su valor histórico. El ángel que está al lado, de fines del siglo XIX, pertenecía al grupo escultórico de San Isidro Labrador; era quien llevaba los bueyes. Ese grupo desapareció. El ángel y los bueyes fueron desechados y la imagen de San Isidro repintada con otros colores. Por igual le fue sustituida la cabeza por otra con proprciones no acordes al cuerpo de la imagen original (Foto: Samir Sánchez, 1997).   






San Francisco de Asis. Por el inventario de la Iglesia de Lobatera, de 1926, se conoce que poseía altar y nicho propio en el muro norte. Luego de la remodelación del templo y a partir de 1967 permaneció en los depósitos de sacristía hasta 2006 cuando es mandada a repintar, sin necesitarlo, perdiendo el acabado, los detalles y los colores originales, así como su valor histórico. (Foto: Samir Sánchez, 1997)-




San Miguel Arcángel. Esta imagen fue un presente a la nueva iglesia de Lobatera, finalizada y consagrada en 1967, de Mons. José Teodosio Sandoval Mora (Lobatera, 1897 - La Grita, 1985) quien para el momento era cura párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles de La Grita. Luego de los actos vandálicos de 2006, la imatgen fue reconstruida pero perdió la orientación de la cabeza del arcángel y los colores originales (Foto: Cristian Sánchez, 1990).








El Cristo del Calvario de Lobatera, obra escultórica cuya datación probable se remonta a finales del siglo XIX, fue un eco materializado de la estética cristiana tradicional. Trabajado en escayola o yeso y concebido a tamaño natural, representaba el Christus dolens —el Cristo sufriente o exánime— con un naturalismo que rompía el velo de lo meramente simbólico.

Su iconografía se nutría de una profunda expresión del dolor: la anatomía realista, la postura arqueada o de contorsión del cuerpo, testimonio mudo de una larga agonía, y la paleta cromática de la piel —cetrina, surcada por hematomas amarillo verdoso—, evocaban la revolucionaria sensibilidad de los crucifijos de Cimabue. Aquel pintor florentino del siglo XIII, precursor que abandonó el hieratismo bizantino, inauguró los trazos de los incipientes movimientos del período gótico, confiriendo a la figura divina una humanidad desgarradora.

Esta efigie adornó el altar de la Iglesia parroquial de Lobatera (San Cristóbal - Estado Táchira - Venezuela) desde 1922, el año de su bendición, hasta 2006. Su existencia se truncó el 17 de agosto de 2006 en el infausto evento de un ataque vandálico e iconoclasta que arremetió contra las antiguas imágenes religiosas del templo. El Christus dolens resultó totalmente irreparable, su cuerpo de escayola condenado a la aniquilación, sin opción de resurrección por la mano del restaurador.

La imagen original fue sustituida en 2007 por una de molde de producción industrial: una figura repetitiva de Cristo crucificado, desprovista de arte singular y marcada por acabados y proporciones ajenas a la pieza desaparecida.

De aquel hecho sólo pudo conservarse la sólida cruz de madera, guardiana del recuerdo. Su diseño es singular: ostenta roleos, formas vegetales y remates en forma de flor de loto —símbolo iconográfico de la plenitud espiritual y del paso de la oscuridad a la luz— en los extremos de cada madero. Estas ornamentaciones se repiten en los aletones o aletas decorativas que abrazan los ángulos rectos formados por el stipes (madero vertical) y el patibulum (madero horizontal).

La escultura original, encargada a Estados Unidos por el P. Pedro María Morales en 1921 junto con una imagen de San Juan Evangelista, fue bendecida según el ritual romano el 27 de diciembre de 1922 por Monseñor Acacio de la Trinidad Chacón Guerra, Provisor y Vicario General de la recién creada Diócesis de San Cristóbal. Se le destinó una capilla propia, corazón de la devoción del P. Morales, quien fue sepultado en ella tras su fallecimiento en 1925.

En la misma ocasión, se bendijeron los medallones en altorrelieve que representan las catorce estaciones del Vía Crucis, también encargados a Estados Unidos, y la imagen de San Juan Evangelista, igualmente de escayola o yeso. Mientras la totalidad del cuerpo de San Juan pudo ser restaurada tras el ataque de 2006, su cabeza y rostro se perdieron, siendo reemplazados por una pieza de diferente calidad y proporciones.

Hoy, los medallones del Vía Crucis, restaurados de los destrozos parciales, se encuentran en las enjutas superiores o de los arcos formeros de la nave central de la Iglesia, emulando la tradición ornamental de las basílicas romanas renacentistas. (Foto: Cristian Sánchez, 1993).