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jueves, 27 de junio de 2024

«Mais où est la République du Táchira ?» / "¿Dónde queda la República del Táchira?" | 'Where is the Republic of Táchira?' Memory unlocked






En los inicios de la década de los años noventa del pasado siglo, en enriquecedoras tertulias que sostuve con el Dr. Ramón J. Velásquez -siendo él Senador ante el Congreso Nacional de la República de Venezuela, por el Estado Táchira- a lo largo de la revisión y edición, por parte de la Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses (BATT, Nº 108), de mi primer libro sobre la historia de la tierra de mis antepasados, Lobatera, me relató la siguiente anécdota:

"En 1930 una casa comercial francesa, la Maison d'Armagnac, exportadora de coñac (brandy), ante una viva curiosidad por el incremento considerable de solicitudes del referido licor que, en los meses de diciembre y enero, le llegaban desde un lugar el cual no ubicaban en la América del Sur, escribió a otra casa comercial –alemana– preguntando: «Mais où est la République du Táchira ?/¿dónde queda la República del Táchira»".

Concluimos, ambos, que el anterior hecho –testimonio de ese tiempo tachirense y de una región consolidada- vino a ser la proyección de una sociedad marcada por un desarrollo económico autosuficiente –primer productor nacional de café, llegando a posicionar en los mercados internacionales la variedad arábica «Táchira» como sello y marca de calidad [The best of the country, owing to their large bean, solid color, and good quality, lo definían las guías comerciales internacionales del café]-; por un auge comercial en sus relaciones con las demás regiones venezolanas y una intensificación de la vida cultural y social, que crecía en importancia y reconocimiento. Época donde el valor del trabajo alcanzó a descollar como sol para la imaginación en una tierra fértil para la creatividad.

La referida anécdota la vendría a publicar en 1997, en el prólogo a la edición en facsímil del "Álbum del Táchira 1930", editado por el Gobierno del Estado Táchira, presidido por el Dr. Ricardo Méndez Moreno.

Al hacer evocación de la misma, consideramos que le corresponderá a las nuevas generaciones de tachirenses, tanto de la diáspora como de quienes permanecen en nuestra tierra, retomar esos proyectos emprendedores y que esos altos valores retornen y descollen como luz creadora sobre el lar nativo. Sólo el tiempo lo llegará a ver.


Fotos: Plano de cartografía de la Provincia del Táchira, 1856. Diseño y elaboración digitalizada, T.S.U. Sigrid Márquez Poleo, 2012. A partir del mapa de la región elaborado por el Coronel Agustín Codazzi en 1841. Dr. Ramón J. Velázquez (1916-2014). Diario El Nacional, Caracas, 2014.






© Proyecto Experiencia Arte | Experience Art Project 2012-2024. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de las fotografías pertenecen a cada fotógrafo, grupo o institución mencionada.


sábado, 25 de mayo de 2024

Cuando la Inteligencia Artificial generativa (IA-ChatGPT) responde a la pregunta: ¿Qué es el País tachirense? │ What is the Tachiran Country? and the AI-ChatGPT answered that question




Al entender la Inteligencia Artificial (IA) generativa como un sistemas de software (y probablemente también de hardware), algo diseñado por humanos que, ante un objetivo educativo complejo, actúan en la dimensión física o digital, me propuse retar a la misma, obtener su criterio, a través de ChatGPT (no pago).


La pregunta era muy sencilla, pero sobre la cual no debería tener información a disposición ni algoritmo estructurado para ese efecto, y menos en inglés (si bien creo que se alimentó de la respuesta en castellano previa, partiendo del tiempo que le tomó o demoró, o "pensó" en hacerla), pues no se encuentra referenciada en libros específicos y es poco citada en las redes sociales y es abierta a cualquier sesgo por falta de información para contrastar.


La pregunta es sobre una expresión referida por Christian Anton Goerin (1836-1905), en su obra “Von Tropische tieflande zum ewigen schenee” (Desde las bajas tierras templadas hasta la nieves perpetuas) publicada en 1892, al comparar los paisajes, la cultura y la religiosidad del país (entendido como región con una marcada personalidad propia) tachirense con la de su natal país de Sajonia (en la actual Alemania). Regiones que, coincidencialmente, comparten un mismo perfil geográfico de planicies o llanuras, montañas altas y región de colinas o bajas montañas.

Similar impresión y expresión (Der Táchira, ein liebliches Land), fue utilizada por el viajero Wilhelm Sievers, en las memorias de su recorrido de 1888, en el capítulo 6 (Die inneren Thäler der Cordillere), de su libro, "Venezuela". (p. 85)  


Así, esta pregunta se fundamentó en dos conceptos a concatenar, un sustantivo y un adjetivo que complementa su significado: ¿Qué es el País tachirense? Por resultado, y contra lo esperado (superficial e incorrecta o ambigua, o con suposiciones deficientes), me dio un razonamiento, como dije anteriormente, sencillo, pero con un conocimiento certero,  validable y bien estructurado.


Todo esto nos lleva, al pensar en IA y su vertiginoso desarrollo, a decir como en el Cantar de Mío Cid, y en el castellano del siglo XI: "Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras".


Spanish Text:




English Text






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viernes, 1 de marzo de 2024

sábado, 12 de agosto de 2023

Lauda sepulcral en el cerro de Somorrostro o la muerte de la memoria: morir para quedar muerto | 'Verba volant, scripta manent' or Stairway to the Afterlife. Sepulchral Tombstone of Somorrostro Hill or a Frontal Encounter with Death





Por Samir A. Sánchez (2023)
Fotografías de Santiago X. Sánchez (2023)



En un día de recorrido, con mi hijo, mostrándole la ciudad vieja de Santander (Cantabria-España), topamos con las huellas de la muerte pasada y presente, literalmente [ese día, al retorno a nuestra casa, en la Terminal de autobuses vimos morir, por infarto fulminante, a alguien cuando salía de unos de los buses que llegaban a la estación].  


Al ascender para alcanzar el alto de lo que queda del asentamiento romano del cerro de Somorrostro, donde se levanta la entrada a la cripta o iglesia baja (Parroquial de Cristo) de la Catedral de la Asunción de Nuestra Señora, del siglo XII, atisbé formas de letras grabadas en uno de los escalones que están a la intemperie, y que llamaron mi atención. Luego de limpiar parte del polvo acumulado que las cubría, pude leer, en un pulcro grabado con tallado lineal preciso en tipografía latina, conocida como "Capitalis elegans o quadrata" de ángulos definidos, lo siguiente: "MARIA ASUNCIO [fractura de la loseta] / BARBACHANO, DE / VILLA. Murió el día 25 de [fractura de la loseta]". 


No había otra data allí más que aquella que ofrecía la misma loseta: un recortado fragmento reutilizado como solado de escalón, evidencia indirecta de una antigua lauda o lápida sepulcral tallada en piedra sedimentaria por un diestro maestro del cincel. Con una superficie pulida en su centro y abujardada en su contornos o bordes, su color gris provenía de calizas sedimentarias oscuras y las vetas blancas que se distinguen en la caliza de fósiles de rudista. Eso nos dice que esta piedra tuvo su origen en las profundidades de un arrecife de coral, tropical, hace unos 110 millones de años, sólo eso.


Varias preguntas afronté en ese momento para dilucidar algo de la historia arqueológica de esa piedra, que se presentaba sola, única entre las restantes gradas. ¿Por qué terminó destruida y en ese lugar? Como escalón para ser pisado, para subir y bajar. ¿Quién sería María Asunción Barbachano, de Villa? ¿Qué aspecto tendría? ¿Dónde estarán sus restos óseos? Es algo que no llegaremos a saber. 


Sólo nos quedó una reflexión sistemática y final, tímida y concienzuda, con este inesperado encuentro que trajo a mi mente en ese preciso instante dos pensamientos de Sartre: "El tiempo me separa de mi mismo" y "El hombre es una pasión inútil, es absurdo que hayamos nacido y es absurdo que muramos". 


Vista del medieval pórtico de bóvedas de crucería o nervadas, soportadas por pilastrones bajos y arcadas de piedra sillar (s. XII), que sirve de acceso cubierto la entrada principal de la Parroquial de Cristo o iglesia baja (cripta), Catedral de Santander (en Santander, Cantabria, España).



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domingo, 30 de abril de 2023

La Piedra del Corazón: Leyenda del Táchira que la modernidad no pudo borrar | Myths & Tales of Tachiran traditions: Old Tales of the 'Piedra del Corazón'

 


Como un coloso de piedra que el tiempo esculpió con paciencia de siglo, la Piedra del Corazón se erguía en un cruce de caminos, como el epicentro místico entre Lobatera y La Molina, a una orilla del camino real que llevaba a La Grita. Un lugar donde la realidad y el mito se fundían. A 1.130 metros de altura sobre el nivel del mar, aquella roca imponente no era solo un hito geográfico, sino un cofre de leyendas vivas, un umbral donde los susurros del viento transportaban historias de fantasmas errantes y aparecidos que desafiaban la penumbra de la noche andina. Hoy, desvanecida en el eco sordo de la dinamita que fragmentó su cuerpo físico, su ausencia pesa más que su antigua mole, dejando un vacío silente en el paisaje y un olvido involuntario entre las nuevas generaciones, quienes pasan o caminan sobre las huellas invisibles de un gigante que una vez custodió los secretos mágicos de su tierra. Piedra del Corazón, para 1945. La Molina, Lobatera, Estado Táchira (Foto: Carlos Alviárez Sarmiento, 1945/Darío Hurtado, 2026. Restaurada con IA)



La Piedra del Corazón: Leyenda del Táchira que la modernidad no pudo borrar

Las leyendas y cuentos de miedo llenaron el imaginario rural y urbano tachirense desde la época colonial española hasta mediados del siglo XX, cuando CADAFE comenzó "a iluminar la noche oscura" de casas, calles, caminos y senderos.

Con el paso de los años, poco a poco fueron desapareciendo los espantos, las brujas y las lloronas a la par que desaparecían los "cuentos para no dormir" de los nonos. Aquellos relatos que se recitaban en las reuniones de la familia en un patio de tierra o de ladrillo tablita, al abrigo de blancas y frías noches de plenilunio y ventiscas. Murieron los nonos y con ellos murió esa tradición oral; sólo quedó lo escrito.

Por eso, y como lección didáctica de la memoria, traemos al presente una de esas leyendas conservadas en la memoria de los ancianos.

Esta historia, reconstruida en 2003, tiene por base las versiones orales recogidas en 1981 en un corredor de tejas de la aldea Volador, directo de los recuerdos de una amena conversación entre Don Luis Florentino Zambrano, Doña Maximiana Sandoval de Sánchez, Don Roso Sandoval y Doña Vicenta Rosales de Sandoval. El relato gira en torno a la Piedra del Corazón (llamada así por su fisonomía), un mítico hito del camino real entre Lobatera y La Grita (actual vía a Casa del Padre). Lamentablemente, en 1983 la piedra fue dinamitada para hacer del camino una carretera, y con ella se fue parte de ese fascinante mundo del pasado... pero su leyenda sigue viva.

¿Qué esconde esta leyenda?

Antes de presentarla, y para entenderla, debemos analizar con lupa este relato. Descubrimos que es mucho más que un cuento de espantos; es una radiografía de nuestra ancestral identidad tachirense:

El trauma histórico: La mención al "año trece" nos traslada a 1813, la época de la cruenta Guerra a Muerte de la Independencia. La aparición del ánima de Hilario es el reflejo del trauma colectivo: los caídos en combate que, al morir a traición en los caminos y ser devorados por los animales, quedaron atrapados en un misterioso limbo por no recibir cristiana sepultura.

Geografía sagrada y psicológica: El viaje de Cesáreo no es solo caminar; es un tránsito místico. Al cruzar el puente resbaladizo de la quebrada y ascender la colina en la madrugada del Jueves de Corpus (una antigua fecha de altísima carga religiosa), el personaje cruza la frontera entre el mundo terrenal y lo sobrenatural.

El poder de la forma: La roca fue bautizada por los lugareños por su parecido a un corazón humano. El mito se aferró a la geografía: el corazón asustado y vivo de Cesáreo late con fuerza justo al lado del "corazón" de piedra inerte que guarda la memoria del crimen.

La regla del tabú: En el folklore andino tachirense, ante el espanto no se huye. Retroceder significaba condenar el alma. La única salida era la audacia, la confrontación y la fe (el grito a la Virgen María).

Ahora, con toda esa información previa, nos disponemos a leer la leyenda:

LEYENDA DE LA PIEDRA DEL CORAZÓN

"En las primeras horas de la madrugada, Cesáreo abandona su casa en La Molina y apresuradamente se dirige a Lobatera. Era el día jueves de Corpus y como todos los años, desde que era un niño, quiere estar presente en la misa del alba que se celebra a las cinco de la mañana. Mira hacia el cielo y ve que la noche era más oscura que de costumbre. Continúa, pero frías ráfagas de vientos borrascosos provenientes de los páramos de Potrero de las Casas y Llano Grande casi lo sacan del camino. Parece ser un presagio, nada bueno pasaría.

En el camino todo es silencio y soledad. Baja hacia la quebrada La Molina, pasa frente al trapiche de mano* Candelario y mana Catalina donde un perro echado late a su paso. Sigue bajando hasta alcanzar el puente de vigas tendidas entre orilla y orilla. Allí, el bramar del fuerte torrente de la quebrada y los resbalosos líquenes que cubren la húmeda madera hacen lento su paso.

Al ganar la orilla opuesta, comienza el fatigoso ascenso de la escarpada y pedregosa colina que lo llevaría hasta la cima a encontrar el cruce del camino real de Lobatera a La Grita. Al acercarse a la encrucijada, puede divisar desde lejos cuatro luces que aparecían y desaparecían con las vueltas del camino y oye por igual un lejano murmullo de oraciones y plegarias que se confunden con el fuerte zumbido del viento que golpeaba sus espaldas.

Próximo a la mítica piedra del Corazón, se encuentra frente a una fantasmagórica visión: un ataúd rodeado por cuatro cirios y varias figuras de largo traje talar negro, de rostros ocultos por inmensas capuchas y cuyos pies no tocaban la tierra. El corazón de Cesáreo comienza a palpitar aceleradamente y recuerda los cuentos que relataban las viejas junto al fogón. Era la aparición del ánima en pena de alguien quien se llamó Hilario, muerto a traición en esa vuelta del camino y junto a la piedra, allá por el año trece en la guerra de Independencia. Su cuerpo abandonado y devorado por los animales del monte, nunca recibió cristiana sepultura.

Próximo a enfrentarse con esos espectros, Cesáreo recordó por igual lo que le habían contado: que si retrocedía o se regresaba, en tres días su alma se sumaría a aquellas que estaban junto a la urna y quedaría en pena para toda la Eternidad.

Afincándose su sombrero, lanza el grito de ¡Virgen Santísima, protégeme! y santiguándose repetidas veces atravesó corriendo con sus ojos cerrados la difusa visión mientras sentía cómo un frío de ultratumba penetraba hasta sus huesos y parecía desgarrar sus carnes. Sin dejar de santiguarse y después de recorrer un trecho el camino abajo, regresó su mirada al escalofriante sitio y sorprendido, sólo vio la inmensa piedra del Corazón rodeada por el sosiego de la noche interrumpido de vez en cuando por los cantos de los grillos y de las ranas ocultas en el monte.

Los resplandores de una luna llena que se abría paso entre los nubarrones, comenzó a iluminar la piedra y los musgosos cimientos le marcaron con su sombra la vieja senda del llano de los Apóstoles que llevaba hasta el pueblo. Cesáreo se afianzó más en su ruana azul y roja -la de llevar en los días festivos- y meditabundo siguió su camino hasta divisar las primeras casas de Lobatera, y oir el lejano repicar de campanas que llamaban a misa. En sus pensamientos no dejaba de repetir: "Que Dios lo saque de penas y lo lleve a descansar"."

* Un dato curioso de nuestra habla: mano/mana. Expresión de confianza y respeto usada antiguamente en los campos tachirenses. Su origen se encuentra en la aféresis de la palabra "hermano".

Fuentes: Gratitud y respeto por las siguientes personas quienes aportaron los datos y recuerdos para la reconstrucción de la leyenda, y quienes ya alcanzaron la Eternidad: Don Roso Sandoval Mora, aldea La Molina, 80 años, fallecido en 1985, Municipio Lobatera; Don Florentino Zambrano, aldea Volador, 88 años, fallecido en 1997; Doña Maximiana Sandoval vda. de Sánchez, 96 años, fallecida en 2004; Doña Vicenta Rosales de Sandoval, 92 años, fallecida en 2006.

Lectura de la leyenda (audio) por el locutor Orlando Ruiz Díaz (2024):









Caminos tachirenses de yermos agrestes, de páramos y ventiscas, de historias y leyendas, otrora desolados... Cruce de caminos donde se ubicaba la Piedra del Corazón, dinamitada en 1983. El antiguo camino real de Lobatera a La Grita es ahora la serpenteante carretera pavimentada que conduce a Llano Basto y allí se bifurca hacia Boca de Monte y El Zumbador, y hacia Volador, Potrero de las Casas y Casa del Padre. El antiguo camino a La Molina es ahora la carretera de tierra que desciende hasta la quebrada (Foto: Google Earth ©,  2023). 


viernes, 3 de abril de 2020

Tristeza y esperanza atrapadas en una imagen: un entierro tachirenses a principios del siglo XX │A Daguerreotype with History: Traditional Tachirense Burial from the beginning of the 20th century.

 



"Una fotografía es la pausa de un instante que nunca volverá".
Henri Cartier-Bresson (1908-2004)




Foto: Exequias de la niña María Sánchez Vivas y primera posa [parada del cortejo para el canto de un réquiem] en la ruta al cementerio municipal, acompañadas por la Banda Sucre dirigida por Don Marcos Ovalles, y al toque de plegaria de difuntos, los dobles, por las campanas en la torre de la iglesia. Lobatera, 17 de noviembre de 1913. Daguerrotipo del álbum familiar de Cristian Sánchez, Lobatera 2006. Colorizada por Bernardo Zinguer, Grupo de Retazos Históricos del Táchira, 2020).



Viaje en el tiempo a través de un daguerrotipo de 1913


Tributo agradecido a la memoria del Pbro. Br. Pedro María Morales Gómez en el centenario de su fallecimiento, el 8 de noviembre de 1925. Cura párroco, educador, promotor cultural, médico, solícito con su feligresía en lo espiritual y material, y constructor de las torres y fachada de la iglesia parroquial de Lobatera en 1908.


El triste ocaso de una víspera gloriosa

El 17 de noviembre de 1913, las calles de Lobatera, vibrantes de fervor por el inminente arribo de la maquinaria y esferas del reloj público —generosa donación del Dr. Ezequiel Vivas Sánchez para la torre sur de la Iglesia parroquial—, y a solo horas de las vísperas patronales en honor a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, silenciaron su júbilo. La celebración se suspendió por un luto inesperado, cediendo el paso a un solemne recogimiento.

Al caer la tarde, un cortejo fúnebre avanzó con cadencia lenta y grave, trazando un doloroso recorrido desde la esquina suroriental de la Plaza Mayor hacia el antiguo cementerio municipal, el Cementerio del Torreón. La procesión se abría paso bajo el signo de una imponente cruz procesional, escoltada por ciriales cuyas velas encendidas luchaban contra la sombra vespertina y por el suave velo de incienso que un turiferario dispersaba. Aunque invisibles en la escena, la mente podía escuchar el toque lento y acompasado de plegaria de difuntos, los dobles de la campana mayor y mediana, que descendían con eco profundo desde la torre parroquial.

El motivo de esta interrupción del gozo era el sepelio de la niña María Sánchez Vivas, cuya urna blanca se adornaba con delicadas azucenas, símbolo inmaculado de pureza efímera y serenidad trascendente.

El silencio de lo femenino y la mirada única

La estricta costumbre social de la época dictaba una notable ausencia: las mujeres, por precepto, no concurrían a los entierros. Su duelo se circunscribía al hogar, a la visita de acompañamiento y consuelo a las mujeres de la casa enlutada. No obstante, una figura se alza como excepción impresa en el tiempo. Al fondo de la imagen, asomada discretamente junto a una de las puertas del negocio de Don Zenón Pacheco, una silueta de amplia falda delata la presencia solitaria de la única mujer que osa contemplar el paso del cortejo.

La figura central que presidía este trance de dolor era el Padre Pedro María Morales, cuya presencia irradiaba una fe inconmovible, ofreciendo un bálsamo de consuelo y esperanza a los padres afligidos, Tácito Sánchez y María del Carmen Vivas. A su lado, la Banda Sucre, bajo la dirección de Don Marcos Ovalles, envolvía la marcha con una música de profundo respeto y lamento contenido. En un gesto de maestría singular, Don Marcos tañía en esta ocasión una flauta vertical o Böhm, imprimiendo al ambiente una nota de melancolía y delicadeza artística.

El adiós en primavera: palabras preservadas

La Srta. Ofelia Mora Márquez, maestra de la Escuela de Niñas de Lobatera, preparó un discurso de despedida cuya elocuencia fue honrada por su alumna más aventajada, la Srta. Delfina Sandoval (1901-1992). Estas palabras, que Delfina —futura maestra— conservaría en su memoria y por escrito, se alzaron como un canto de recuerdo:

«Parece un sueño, ¿cómo es posible?, que nuestra amiga y condiscípula María nos haya abandonado. Ayer no más, compartía con nosotras, en los bancos escolares, las sabias enseñanzas de nuestra buena maestra; y nos hacía dulce y agradable las horas que pasábamos a su lado.

Tan magnánimo era su corazón, tan nobles los sentimientos de su alma, y hoy, en la primavera de su vida, cuando todo le sonreía, lo abandona todo; las dulces caricias de su madre, las afecciones sinceras de nuestros corazones y la bondad de la amistad. ¡Vuela a la mansión de los santos!

Adiós, cara compañera y amiga, recibe esta guirnalda cuyas flores van humedecidas por el llanto que vierten nuestros ojos.

Nuestras plegarias suben de nuestros corazones por tu eterno descanso. ¡Adiós!».

Post scriptum: el escenario del recuerdo

Desde una perspectiva analítica, además de ser un daguerrotipo, que exigía que todos los "retratados" permanecieran inmóviles por minutos hasta que la imagen se grabara en la placa, la imagen misma se erige en valioso testimonio etnográfico tachirense, permitiéndonos descifrar las rigurosas costumbres sociales de la época en relación con la participación femenina en los actos fúnebres públicos. Mientras las parientes guardaban un luto doméstico y las conocidas se limitaban a los oficios religiosos en el templo, la única dama visible en la escena, de pie cerca de una puerta en el plano de fondo derecho, encapsula y proyecta las restricciones y el respetuoso recato imperantes.

Es de interés notar que la edificación testigo de este momento, conocida entonces como la "Bodega Miranda" y propiedad de Don Zenón Pacheco, sufriría una transformación artística. En 1919, Don Zenón la reformaría para su matrimonio con Flor de María Rosales, encomendando al talentoso artista marabino Ciro Romero la decoración interna con exquisitas pinturas de paisajes y bodegones. Hoy, las ruinas y los restos pictóricos de aquella fastuosa morada, mudas depositarias de la historia local y ejemplo de la indiferencia y desmemoria de los actuales tiempos, son reconocidas en Lobatera como la "Casa de la Sucesión Rojas".





Foto: Acta de defunción de María Sánchez Vivas. Archivo eclesiástico de la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera, Libro de Defunciones año 1913 (Digitalizado por la Sociedad Genealógica de Utah, 1993. Cortesía de Bernardo Zinguer, Retazos Históricos del Táchira, 2020).


 

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