viernes, 14 de junio de 2013

El reloj de la torre de la Iglesia de Lobatera: una obra de arte de la casa E. Howard & Co. convertido en un pequeño Big Ben tachirense | The Lobatera Clock Tower Centennial: The Howard Striking Tower Clock, beautiful and longevity




In Memoriam de mi tía-abuela y maestra lobaterense Irma Yocasta Sandoval de Noguera (Lobatera, Casa del Higuerón, 19 de abril de 1914 - San Cristóbal, Quinta Yocasta, 21 de noviembre de 2007)






Esfera frontal del reloj público de la Iglesia parroquial de Lobatera (Estado Táchira, Venezuela) instalado el 17 de noviembre de 1913 (Foto: Darío Hurtado, 2013).





Maquinaria del antiguo reloj mecánico de la Iglesia parroquial de Lobatera, de 1913 (Foto: Darío Hurtado, 2019)



El tiempo... mutación e impronta humana


Tempus omnia mutantur —el tiempo todo lo muda—, principio ineluctable que rige la existencia.

La naturaleza del tiempo y su aprehensión han ejercido una perenne fascinación en el espíritu humano, por cuanto su discurrir representa, desde la perspectiva de la cotidianeidad, una fuerza inexorable: marca perpetuamente un origen y, consiguientemente, establece o establecerá un término.

La impronta del progreso en Lobatera

Bajo este prisma contextual se inscribe la nota periodística que consigna la primera referencia al actual reloj público de torre de Lobatera (Estado Táchira – Venezuela).

Aunque hoy silenciado por la incuria de la época contemporánea, su elaborada maquinaria constituyó, ya en el año 1913, un significativo elemento de prosperidad en la región norte del Táchira.


FVGIT INREPARABILE TEMPVS

«Diario El Campesino -Fvgit inreparabile tempvs- Escribe J. Trinidad Mora, Lobatera, lunes 24 de noviembre de 1913, primera página/Días de verdadero júbilo se vivieron en esta población, entre el domingo 16 de noviembre y el martes 18 de la pasada semana, en los actos consagrados a nuestra excelsa patrona Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Todo debido a la benevolencia y el agradecimiento de un hijo de esta tierra a quien el hado del destino condujo a ocupar importantes cargos en el alto gobierno de la Nación, acompañando al Jefe de la Causa Nacional Rehabilitadora, el General Juan Vicente Gómez en su altísima misión de regeneración de la Patria. Ya sabéis que hago referencia al ilustre galeno Doctor Ezequiel Vivas, hijo noble de Lobatera, quien en la distancia no ha olvidado ni olvidará a la tierra que le vio nacer. Preocupado por el desarrollo de su pueblo y por su natural desenvolvimiento, donó a nuestra Iglesia un reloj público, maravilla mecánica de la ciencia del gran país del Norte, el cual desde el día central de la festividad de Nuestra Señora, el 18 de noviembre, marca y señala en la novísima torre acondicionada para acogerle, el pasar del tiempo en las horas que huyen hacia la Eternidad./El día 16, en horas del mediodía, en cuatro cajas de madera y flejes llegaba al poblado el invento de Galileo Galilei a hombros de los recios hombres designados por las dignas autoridades de este Distrito para recoger la delicada carga que llegó en el Ferrocarril hasta la estación de Uracá, donde se le esperaba. La población expectante y con curiosidad, lo recibió con algarabía y la música no se hizo esperar por parte de los miembros de la Banda quienes se reunieron en la plaza pública, espontáneamente, para tan histórico acontecimiento. Una corta recámara detonada en La Parada, anunciaba el arribo del heraldo de Cronos./El día 17, con el cuidado necesario para tan delicado instrumento, luego de ser subido a la torre, se colocaron las esferas horarias y se activó la campanilla que nos señalará en adelante el compás de los tiempos. El preciso trabajo de sincronizar y probar el funcionamiento de las nuevas piezas y campanilla, se encargó al distinguido caballero de esta ciudad Casiano Rosales, quien además de músico y destacado ebanista, conoce de las artes de la relojería./Llegado el glorioso día de nuestra Patrona y una vez pasada la Misa Pontifical de tercia, al finalizar la secular y tradicional procesión por las calles de Lobatera con la sagrada imagen de la Virgen, el cortejo se detuvo frente a la torre y al pie de la misma, nuestro joven y dinámico sacerdote el Presbítero Pedro María Morales pronunció y dio la bendición de campanas y reloj según lo dispone el Ritual Romano santificando los mismos para mayor gloria de Dios. Concluyó el Padre Morales con unas breves pero elocuentes palabras de agradecimiento a Dios y al Doctor Ezequiel Vivas presente en su honorable familia, las cuales cerró recordando nuestra mortal condición con la sabia expresión de los latinos “Vulnerat omnes, ultima necat”» [Biblioteca Pública del Estado Táchira, San Cristóbal, Sala Estadal, sección de Microfilms, MIC-TFC-PPP nº 12619-002, El Campesino, Lobatera, 24 de noviembre de 1913, copias de los microfilms que se conservan en original en la Sala Tulio Febres Cordero, de la Biblioteca Pública del Estado Mérida, Mérida, 1985].



La anterior crónica periodística refiere en forma explícita, la llegada a Lobatera (Estado Táchira – Venezuela) en 1913, del actual reloj público que se encuentra en la torre sur de la Iglesia parroquial, un reloj mecánico accionado por péndulo y pesas que descienden 4,5 m.

Verdadera maravilla de la ingeniería mecánica del movimiento de fines del siglo XIX, está conformado por maquinaria y sonería.


La maquinaria, de configuración mecánica, posee dos trenes de rodajes, para el movimiento del péndulo y para la sonería. Las partes que integran el mecanismo se distribuye en:  (a) dos pesas, la mayor o accionante y la menor o reguladora. Estas pesas están sostenidas por cuerdas que son arrolladas en un cilindro adosado a la rueda o engranaje mayor de la maquinaría, siendo a su vez -las cuerdas- las que le imprimen el movimiento al reloj; (b) sistema de transmisión; (c) sistema de distribución y (d) mecanismos de regulación del movimiento. 

La sonería está conformada por la nonula (campana para reloj, de bronce y sin badajo, con un peso aproximado de 240 kilos) que pende -inscrustada- de una viga horizontal de madera, y un martillo en hierro para dar las horas y las medias. Asimismo, produce tres registros (por cuanto señala horas y medias).

Cuatro esferas o lunas transparentes, de cristal, con sus cuatro manecillas y cuadraturas en números romanos en hierro sólido, apuntan horas, medias, cuartos y minutos. Por la longitud de las cuerdas que corren a través de poleas, y el catálogo de la Casa E. Howard, su autonomía de funcionanimiento era de una semana. El dígito horario 4 está representado en números romanos consecutivos "IIII" según la tradición de los antiguos relojeros de la Europa continental y estadounidense que seguía el método de numeración latina aditiva, diferente a la tradición británica que lo representó como "IV" en el dial del reloj del Parlamento, el Big Ben, pues seguía el segundo método latino de numeración, el sustractivo. 

Actualmente cuenta con un sistema de iluminación eléctrica pero, desde el 18 de noviembre de 1913 hasta el 9 de abril de 1940 cuando se inaugura la electricidad en la población, las esferas horarias eran iluminadas desde el interior de la torre, por medio de lámparas de carburo.

Conocido como modelo #0TP (Stricking Tower Clock, 0 Time Piece) para torre, uno de los cinco modelos (de 0 a 4) que salieron de la fábrica que lo realizó, y de procedencia estadounidense, la estructura básica del mismo está hecha de hierro fundido y bronce en un diseño «plano» o «flat-bed» con dos marcos verticales tipo «A» que contienen el tren de la maquinaria y a su vez están atornillados a unas bases en madera noble para su estabilidad sobre la plataforma. Las pesas reguladoras de la maquinaria y sonería pesaban 145 y 325 libras estadounidenses, de la época, respectivamente.



Todo esto ordenado en elegantes y estilizadas formas de acabados o topes curvados, y sostenido por cuatro pies combados (según los catálogos y modelos de la E. Howard & Co., denominados combed-shape y cabriole legs). Refinadas formas que caracterizaron a los relojes Howard desde 1875.

Este tipo de maquinaria de reloj, fue iniciado con los trabajos de Benjamín Vulliamy en 1827 y su uso se extendió con profusión en todas las fábricas de relojería, después de 1850, especialmente luego de la inauguración del reloj del Parlamento británico, en Westminster, mejor conocido como el Big Ben de Londres, el cual adoptó esta estructura. Si bien fue la idea y trabajo de E. Howard el unificar las piezas de los relojes, que eran diferentes en cada uno de ellos, y hacerlas intercambiables, transformando el mundo de la relojería.

Así, el ensamblaje -y diseño- del reloj de Lobatera, según la placa que se encuentra en su maquinaria, resultó en un producto que salió de la famosa casa E. Howard & Co. en Boston, Massachusetts (EEUU),  fundada por el famoso relojero estadounidense Edward Howard (1813-1904) en 1863, la cual funcionó, ininterrumpidamente, hasta 1964. La fábrica se encontraba en uno de los suburbios más occidentales de la ciudad de Boston, denominado Waltham. 




Placa que identifica a la compañía fabricante del reloj de torre de la Iglesia parroquial de Lobatera, la casa E. Howward & Co. de Boston, Massasusetts, EEUU (Foto: Darío Hurtado, 2018).



El costo del reloj de Lobatera debió ubicarse, según los catálogos de la compañía, para 1912, entre los 790$ y 920$. Por igual se tiene como referencia, el precio de 870$, si se parte del costo del reloj con campana que, en mayo de 1913, el General Juan Vicente Gómez, Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, encargó a los señores P. R. Rincones Jr. Company, comisionistas en Nueva York, para ser donado a la Iglesia parroquial de San Juan de Colón (Estado Táchira) e instalado en el referido año (Memoria y Cuenta 1913, Ministerio de Obras Públicas, 1913, p. 361). En la misma fecha el General Gómez donó la estatua de hierro que representa a San Juan Bautista, y que se encuentra actualmente en la fachada de la referida iglesia parroquial de Colón. Edificación construida en ese año por órdenes del mismo General Gómez y diseñada por el distinguido arquitecto Rafael Seijas Cook.

Como antecedentes a esos relojes, primeros en el norte tachirense, se tiene que Don Tulio Febres Cordero, en su obra «Clave histórica de Mérida: Documentos para la historia del Zulia en la época colonial», refería como en 1875 la Casa Alemana de la ciudad de San Cristóbal, había encargado a Hamburgo (Alemania) un reloj para la Iglesia parroquial de San Sebastián (actual Catedral), pero motivado al terremoto del 18 de mayo de 1875 que asoló a la región, éste no se pudo traer, quedando en la aduana del puerto de Maracaibo (Estado Zulia). Allí, fue adquirido por la Municipalidad de Mérida (Estado Mérida) a través de una colecta pública y colocado en la torre norte de la Catedral emeritense y actualmente se puede observar en la sección media de la torre.


En el Inventario General Eclesíastico, realizado luego del fallecimiento del Padre Pedro María Morales en 1925, el reloj de Lobatera quedó inventariado en el registro Nº 1 «Templo Parroquial», con las siguientes características: «El templo tiene dos torres y frontis de mampostería, en la torre de la derecha está el reloj público y en la otra están las campanas en número de cuatro que se distinguen en mayor, menor, media y mínima (...)».


Por igual, el antiguo reloj de torre de Lobatera, como bien del patrimonio histórico eclesiástico, fue designado Bien de Interés Cultural de la Nación e incorporado al Catálogo del Patrimonio Cultural de Venezuela 2004-2010/TA 17-18/p. 10, según Resolución N° 003-2005, del Instituto del Patrimonio Cultural, publicado en la Gaceta Oficial N° 38.234 de fecha 20 de febrero de 2005.

En cuanto a referencias sobre los maestros relojeros que cuidaron del funcionamiento y mantenimiento del reloj, sólo se conservan noticias del primero: Casiano Rosales en 1913, del segundo, Carlos E. Vivas, por designación del Concejo Municipal de Lobatera de fecha 16 de mayo de 1939 y del último Simeón Zambrano Cárdenas (nacido en 1922), quien vivía en la aldea El Saladito, en las montañas sureñas que rodean a Lobatera y ejerció el cargo desde la década de los años sesenta del pasado siglo hasta su fallecimiento.

Con el deceso del maestro relojero Simeón Zambrano, hace aproximadamente diez años, se rompio la tradición de los viejos relojeros y desapareció con él todo conocimiento del funcionamiento y cuidado que se tenía del reloj público lobaterense.

Así, y próxima la conmemoración -muy probablemente silenciosa- de su histórica llegada al Táchira y al pueblo, el viejo reloj de la torre de la Iglesia de Lobatera sigue –inerte y mudo- señoreando y dominando la urbe desde su majestuosa altura y a buen resguardo dentro de una caja metálica o armazón guardapolvo, esperando que algún día, unas manos especializadas vuelvan hacer a andar y sonar su sincrónico y acompasado mecanismo de relojería.




El tiempo, en fotos, del reloj público de la torre de la Iglesia de Lobatera

Fotos: Darío Hurtado, 2012/Proceso de envejecimiento y diseño T.S.U. Sigrid Márquez, 2013



















Estado actual del reloj público de la torre de la Iglesia de Lobatera

Fotos: Samir Sánchez, 8 de junio de 2013 y Darío Hurtado, 6 de septiembre de 2016





Vestigios del primer escalón de descanso de la antigua escalera de madera, de tipo molinero, que permitía el ascenso a la torre





Muros de piedra y fe

Mampostería -según la técnica romana de Opus incertum- y vigas que soportaban la vieja escalera de madera, ya desaparecida




Nihil nimis... Un solitario peldaño de carcomida albura junto a piedras, guijarros y argamasa, resultan el único vestigio de los principios de equilibrio, moderación y austeridad con los cuales trabajaron los alarifes y mamposteros de Lobatera, de principios del siglo XX





Pozo de las pesas (accionante de sonería o mayor y reguladora de maquinaria o menor), en el interior de la torre





Centenario entramado de tablones y vigas que soporta la sala del reloj





Sistema de polea y pesa reguladora de maquinaria, o menor






Penumbras en el tiempo

Vestigios de la antigua edificación de la Iglesia, se conservan en el interior de la torre




E
l tiempo pende de las cuerdas, el hierro de las poleas y del maderamen





Pesa mayor o de sonería  y pesa menor o de maquinaria




Arquitectura y gravedad, detenidas en el tiempo (Foto: Darío Hurtado Cárdenas, 2016).


Cuatro ventanales y una plataforma en madera noble, verdadero kaleidoscopio de la historia de Lobatera (Foto: Darío Hurtado Cárdenas, 2016).



Maquinaria de relojería con sistema sincronizado por la acción de la rueda o engranaje mayor (movida a su vez por las pesas) con escape de áncora o anclaje de George Graham (pieza que permite un movimiento constante, sin aceleración o desaceleración que produzca un error en la medida del tiempo), cumpliendo de esta forma la función de motor del reloj y regulador del péndulo.
Posee ruedas de transmisión; engranaje de distribución y conector de ejes entre la maquinaria y las esferas del reloj, en la parte superior; así como componentes de regulación (péndulo -que marca el ritmo constante de liberación de caída de las pesas a una velocidad igualmente constante-, anclajes, veletas o frenos de aire -que regulaban la fuerza para el toque de la campana- y pesa menor o reguladora).
Se aprecia en la parte inferior izquierda (del observador) el brazo accionante de la sonería, con engranaje a la rueda mayor y cilindro con cuerda arroyada. Asimismo, se observa que la clavija de hierro que permitía dar cuerda en forma manual a las referidas ruedas mayor y menor, no se encuentra.





Sistema de sonería, la nonula (campana de bronce para reloj, sin badajo) y martillo, sobre la parte superior.






Parte posterior de la esfera frontal, que da a la Plaza Bolívar, ruedas de engranajes accionantes y ejes distribuidores del movimiento, que conecta las cuatro esferas con la maquinaría de relojería




La espalda del tiempo




Detallado sistema de engranajes, rodamientos, calibrador, muñones y ejes que transmiten el movimiento a las agujas o manecillas, en las cuatro esferas del reloj de Lobatera (ejes horizontales) y un quinto eje (muñón vertical), el cual sólo era utilizado o activado cuado la maquinaria del reloj se instalaba y funcionaba desde un piso inferior al piso donde se encontraban las esferas (Foto: Darío Hurtado, 2018).  






Panorámica (norte) de la Plaza Bolívar, el Cementerio Municipal en la explanada del Torreón, y la serranía de Arenales y Cabeza de Vaca, vistas desde uno de los cuatro ventanales de arco apuntado de la torre del reloj de la Iglesia de Lobatera







Post Scriptum... Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Horologium!


En noviembre de 2018, un grupo de personas conformado por Don José María Álviarez (Técnico Superior en Instrumentación y especie de peremne guardián del viejo reloj, y quien ha estudiado su mecanismo y estado de conservación); Elvis Zambrano (nativo de Santa Clara-Seboruco, joven de 16 años, estudiante de secundaria, analista de instrumentos mecánicos y asistente administrativo en el despacho parroquial eclesiástico) y Robert Sánchez (Coordinador de Protección Civil Lobatera), conjuntamente con los integrantes de la Fundación Socio Cultural "Lovatera MDCCLXXIV", se han propuesto abocar y unir esfuerzos, voluntades y conocimientos para activar el mecanismo de funcionamiento de reloj, y así devolverle a la población de Lobatera y a las nuevas generaciones, en todo su esplendor, esta obra maestra de la relojería de fines del siglo XIX.

A esta primera iniciativa grupal se le dificultó la continuidad del trabajo, si bien sólo el joven Elvis Zambrano, siguió subiendo, solitario, la torre del reloj hasta el nivel donde está la antigua maquinaria, a observarla y continuar determinardo las fallas que presentaba y como resolverlas. Su decidido espíritu de logros y dedicación, hizo que el día 8 de septiembre de 2019, a las 6:00 am, el viejo reloj volviera a funcionar con normalidad y diera la hora del amanecer luego de décadas de silencio, evocando así el viejo dicho castellano: "Dios concede la victoria a la perseverancia".

  


Personajes de una época: los protagonistas




Dr. Ezequiel Vivas Sánchez (Lobatera, 1864- París, 1919). Médico y político. Ejerció la Secretaría de la Presidencia de la República entre 1912 y 1918. Donó el reloj público de la Iglesia; ordenó la construcción del puente para el Cementerio y sobre la quebrada La Parada, para unir a Lobatera con la Carretera Central del Táchira, en 1917; Ordenó la edificación de la Capilla votiva de Santa Leocadia en 1916 (ya desaparecida), donando las imágenes de Santa Leocadia, la escultura en mármol de la Oración de Jesús en el huerto (obra de E. Gariboldi, Caracas, y actualmente en el Cementerio Municipal), la Sagrada Familia y los Ángeles de la Adoración Perpetua (Foto: Dra. Gracia Vivas Terán, 2010)



Don José Trinidad Mora Vivas (Lobatera, 1844- Lobatera, 1931).  Educador, periodista, munícipe y literato. En 1894, con motivo del inicio de las celebraciones del Centenario del nacimiento del Gran Mariscal de Ayacucho, General Antonio José de Sucre, fundó en Lobatera la Imprenta "Aurora" e inició la edición del periódico "El Campesino", que editó e imprimió ininterrumpidamente hasta 1916. Fue el autor de la crónica periodística sobre la llegada del reloj a Lobatera. (Foto: Familia Gómez Mora, 1974).




Pbro. Br. Pedro María Morales Gómez (El Cobre, 1875 - Lobatera, 1925). Sacerdote y médico. Ejerció el curato de la parroquia de Lobatera desde 1904 hasta su fallecimiento en 1925. En su ministerio parroquial se reedificó la antigua iglesia, de la cual sólo queda en la actualidad el frontis y las dos torres, dotándola de imágenes sacras -obras de arte de la época- encargadas a España y los Estados Unidos (Foto: Samir Sánchez 2010, de un cuadro que se conserva en la Casa Cural de Lobatera, el cual fue develado -conjuntamente con un cuadro del Padre Gabriel Gómez- en acto especial el 8 de noviembre de 1927 por parte del párroco Pbro. Pablo Maldonado, compañero de estudios del Padre Morales, en el segundo aniversario del fallecimiento de este ilustre sacerdote. Llevó las palabras de rigor, en ese acto, el Dr. Abdón Vivas Márquez).




Acto de instalación del Centro de Lectura y Recreo de Lobatera en 1914 (primera Biblioteca Pública). De pie, de izquierda a derecha del observador: Don Pedro José Gutiérrez, Don Casiano Rosales (primer Maestro Relojero), Don Zenón Pacheco, Don Marcos Ovalles, Don Altagracia Contreras, Don Pablo Zambrano, Don Tito César Guerrero, Don Melitón Zambrano (padre de Doña María Luisa Zambrano de Guerrero, primera mujer presidente del Concejo Municipal del Distrito Lobatera, en 1970), Don Octavio Portillo y Don Atilio Sánchez. Sentados, de izquierda a derecha del observador, Don Andrés Sánchez Vivas, Don Pedro Pérez, Don José Luis Gálviz, Don Andrés Rivas, Don Jesús María Mora Casanova, Don Octavio Padrón, General Julián Casanova Bustamante (hermano de Maximiano, acompañó al General Cipriano Castro en la Revolución Liberal Restauradora de 1899, desde el combate de Tononó hasta la batalla de  Tocuyito donde cae herido en Nirgua. Falleció en la montaña de Cazaderos, en 1921, cuando dirigía un cuerpo expedicionario que desde Lobatera  marchaba a atacar una invasión antigomecista dirigida por el General Juan Pablo Peñaloza. Juan de Dios Sandoval Zambrano, tío-abuelo de quien esto escribe, era el alférez o portabandera y segundo al mando del cuerpo expedicionario de lobaterenses, debiendo traer el cuerpo de su jefe fallecido de regreso al pueblo), Don Alejandro Rojas Figueroa, Don Leandro Niño y Don Ramón Guerrero Lozada (Foto: Alejandro Rojas Figueroa, 1956).






Modelo del reloj de torre que se encuentra en la Iglesia parroquial de Lobatera (Estado Táchira), tomado del Catálogo de ventas de la E. Howard & Co., de 1912, página 19 (Foto: Paul Middents, 2009).


Arquitectura de funcionamiento de un reloj de torre, de la marca E. Howard & Co. En el caso de la lámina, la maquinaria que mueve las manecillas de las esferas se encuentra en un nivel diferente y hace uso de un quinto dial, vertical, que transmite, de forma ascendente, el movimiento hacia las manecillas. En el caso de la maqunaria del reloj de torre de Lobatera, este se encuentra al mismo nivel de las esferas horarias y el movimiento se transmite horizontalmente, por los cuatro diales horizontales (Foto: tomada del texto 'Time and Timekeepers', MacMillan Co., New York, 1922, p. 299, figura 207 dibujada por Ten Eyck, Nwe York).  




Elvis Zambrano, tachirense, de Seboruco, apasionado del estudio y la ingeniería mecánica, reparó pacientemente entre 2016 y 2021, el histórico reloj pendular de maquinaría y sonería que domina, desde la altura de la torre sur de la Iglesia parroquial, a la población de Lobatera (Foto: Juan José Contreras, 2021). 


Ubicación de la obra estudiada:

Fuente: Sigrid Márquez, 2013




Bibliografía

Catálogo de productos relojeros de la E. Howard & Co. c. 1912. Library Catalog, 
National Association of Watch and Clock Collectors (NAWCC); FEBRES CORDERO, Tulio, Clave histórica de Mérida: Documentos para la historia del Zulia en la época colonial, editorial Antares, Mérida, 1960, p. 82; FRANK, Mark, The evolution Of Tower Clock movements and their design over the past 1000 years, Member of National Association of Watch and Clock Collectors (NAWCC),  NAWCC, Chicago, 2005; DE LA ROSA MORA, Ramón, Pbro., Inventario General Eclesiástico de la Parroquia de Nuestro Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera, Archivo Parroquial, Libro de Inventarios, Lobatera, 4 de febrero de 1927; GUERRERO BRICEÑO, José del Rosario, Primer Cronista de Lobatera, entrevista que le fue realizada por el autor del edublog el 6 de agosto de 1985, San Cristóbal; Biblioteca Pública del Estado Táchira, San Cristóbal, Sala Estadal, sección de Microfilms, MIC-TFC-PPP nº 12619-002, El Campesino, Lobatera, 24 de noviembre de 1913, copias de los microfilms que se conservan en original en la Sala Tulio Febres Cordero, de la Biblioteca Pública del Estado Mérida, Mérida, 1985; WATSON, Margaret, "A lesson in Holden History: 'The Howard Clock and One Man's Quest for Perfection', Gale Free Library's Newspaper, Gale Force, Holden, 2017. 


Créditos  de fotografía | Credit: Images courtesy of  

Proyecto ExpArt quiere dar las gracias a los amigos e instituciones por permitir la reproducción de sus fotografías con lo cual han contribuido a la realización del presente estudio.



Darío Hurtado
Pbro. Oscar Fuenmayor, Cura párroco de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Lobatera (Estado Táchira - Venezuela).

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© Proyecto Experiencia Arte / Experience Art Project 2012-2013. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de las fotografías pertenecen a cada fotógrafo, grupo o institución mencionada.





expartproject@gmail.com

jueves, 30 de mayo de 2013

El Táchira que pintó Cabré | Cabré, Master Painter and the Táchira State Sceneries




«Silencio y soledad. Claro desvelo en la noche fugaz, donde se inclina,
mi Comarca de Niebla junto al cielo» Comarca de la Niebla (fragmento, 1943)
Manuel Osorio Velasco (poeta y pintor tachirense, 1911-1988)


‘And all had been silence and solitude. Light attentiveness at shooting night when
my Shire of Mist had to bow to the sky’

Comarca de la Niebla (1943, fragment)
Manuel Osorio Velasco (Poet and painter of the Táchira State, 1911-1988)

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«En 1942, el máximo exponente de la Escuela de Caracas, el pintor y entonces director del Museo de Bellas Artes Manuel Cabré, por encargo del Presidente de la República Isaías Medina Angarita, emprende también un viaje a los Andes donde pinta varios paisajes. En ellos abandona la visión cercana e intimista con la que suele representar el Ávila, y adopta una perspectiva panorámica afín a la que empleaba José María Velasco para plasmar el Valle de México a fines del Siglo XIX. Son éstas pinturas de celebración casi barroca (en todo caso exultante) de la grandiosidad del paisaje andino, resplandeciente de infinitos verdes en una cálida atmósfera» 
Federica Palomero, abril 2010 en Héctor Poleo entre épocas, catálogo de la exposición de la Galería de Arte Odalys, Caracas, 21 de mayo al 20 de junio de 2010.


'In 1942, the highest exponent of the Caracas school, the painter and then Curator of the Fine Art Museum of Caracas, Manuel Cabré, by appointment of the President of the Republic, Isaías Medina Angarita, undertakes also a trip to the Andes Venezuelan region, where he paints several landscapes. In those he abandons the close and intimate vision with which he usually represents the Ávila (Caraquenian mountain), and adopts a panoramic perspective similar to the one José María Velasco used to depict the Valley of Mexico in the late 19th century. These are paintings of a flamboyant and almost baroque (at any rate exultant) celebration of the majestic of the Andean landscape, resplendent with infinite greens in a warm atmosphere'. Federica Palomero, Héctor Poleo, Between periods, polemics and generations (Caracas, 2010)





«El Pintor del Ávila» en el Táchira

En el mes de enero de 2013, se cumplieron 70 años de la estadía en el Táchira (tres meses, entre 1942 y 1943) del célebre «Pintor del Ávila», Don Manuel Cabré (Barcelona/España, 1890 - Caracas, 1984), motivado a un viaje realizado a través de la cordillera de Los Andes por la vieja carretera Trasandina hasta la ciudad de San Cristóbal (Estado Táchira), por invitación expresa del entonces Presidente de la República, el tachirense General Isaías Medina Angarita (1897-1953), quien ejerció la presidencia entre 1941 y 1945.


Los especialistas en la obra de Cabré y críticos de arte, coinciden en afirmar que este viaje marcó un cambio profundo en la obra artística de este pintor de tendencia Impresionista, siendo definida en su historiografía como: Etapa de los paisajes andinos (1942-43).


Desde el punto de vista del análisis plástico de los cuadros de Cabré sobre Los Andes venezolanos, nos encontramos ante una obra de  un dinamismo cromático sin precedentes. El autor inició así -luego del itinerario andino- una atracción o enfoque del paisaje con supeditación del ambiente o atmósfera de los lugares reproducidos por sobre la diversidad de la figura y de la forma.



Esta adquiere precisión, cuando el sol no incide directamente sobre ella (Fig. 2, Peribeca, 1942; Fig. 4, Rincón de Capacho, 1962) y tiende a difuminarse, bajo la fuerte luz del mismo, dándole así vida, tiempo y preeminencia cromática a la luminosidad sobre la forma de la pintura, propia de los impresionistas (Fig. 3, Valle de Lobatera, 1962). La altura, el aire y la gama multiforme de luz de Los Andes tachirenses, fueron una huella perenne en la vida artística del pintor.


Otro aspecto a resaltar en los trabajos de Cabré, producto de este viaje -una osadía, como lo definiría años después-, fue el extraordinario desarrollo de su memoria visual a largo plazo o la denominada memoria eidética, por cuanto, de los ocho cuadros, seis fueron pintados en años posteriores, con base en bocetos en blanco y negro que había dibujado, al aire libre, en los lugares que le impresionaron o captaron su atención.


Así, la esencia de la obra que podríamos denominar con propiedad del Manuel Cabré tachirense, materializada en el legado de sus cuadros, quedará en el tiempo como reminiscencia del color y de la belleza del paisaje natural de las comarcas del Táchira, desaparecidas ya -y en gran medida- por la urbanización no planificada de esos viejos espacios idílicos.



El Táchira desde la óptica de Cabré




Figura 1 Manuel Cabré, La Vichuta/Carretera de Táriba, 1942. Óleo sobre tela, 32x116 cm, Colección particular. Este cuadro ha sido denominado por la bibliografía de Cabré como La Vichuca, siendo lo correcto  La Vichuta, por cuanto es el nombre de la quebrada que cruzaba este lugar, en la aldea Sabana Larga (denominación tomada de la topografía originada en una de las terrazas aluvionales que forman el valle de Santiago; la sabana se puede apreciar a la derecha del cuadro, izquierda del observador). La antigua carretera comunicaba la ciudad de San Cristóbal con la población de Táriba. Actualmente en este mismo espacio se levantan las edificaciones del Campus de Sabana Larga de la Universidad Católica del Táchira, San Cristóbal. 

La geografía plasmada en la pintura quedó marcada a la izquierda de la obra (derecha del observador) por la imponente altura del cerro El Picacho o Páramo de Almorzadero (2.783 m.s.n.m), seguido por la serranía de la fila de los Letreros (con los cerros de Los Letreros y Gallineros [actual emplazamiento de las antenas repetidoras de radio y televisión en el área metropolitana de San Cristóbal]). Hacia la derecha (izquierda del observador), en la lejanía, las estribaciones sureñas de la fila de Potrero Grande y en la proximidad de la sabana, las Barrancas de Táriba o actual sector urbano de Barrancas (Foto: Alejandro Zuloaga, 1999, reproducción con fines didácticos). 








Fig. 2 Manuel Cabré, Peribeca, 1942. Óleo sobre tela, 80x152 cm, Colección particular.  (Foto: Alejandro Zuloaga, 1999, reproducción con fines didácticos). Vista del valle, pueblo de Peribeca (izquierda del observador) y de las antiguas haciendas y trapiches de caña, desde las alturas de la carretera de Capacho. Al fondo, las cumbres de la fila de Los Letreros y Palo Grande.  A la derecha (izquierda del observador) las primeras estribaciones sureñas de la fila de Potrero Grande. El valle de Peribeca fue lugar de paso y descanso de los viajeros, desde la época aborigen. Desde el siglo XVI , posadas y haciendas permitían descansar a los viajeros que recorrían el valle a través del camino real que unía a la Villa de San Cristóbal con el pueblo de Resguardo de Capacho, los valles de Cúcuta y la ciudad de Pamplona, en el Nuevo Reino de Granada. 








Fig. 3 Manuel Cabré, Valle de Lobatera, 1962. Óleo sobre tela, 51x61 cm, Colección particular. (Foto: Alejandro Zuloaga, 1999, reproducción con fines didácticos). Esta obra refleja el atardecer sobre el valle y el pueblo de Lobatera, del cual destacan -en la profundidad- las blancas y apuntadas torres y cúpula de su neorrománica iglesia parroquial; un espacio que a su vez es aprehendido y dominado en su escenario central, por la agreste mole montañosa de la serranía de la Laguna del Buitrón. Es importante acotar que el boceto original de este cuadro, trazado en 1943, fue actualizado -al momento de llevarlo al lienzo en 1962- con fotografías recientes, solicitadas por el autor a sus amigos en el Táchira. El pueblo de Lobatera (fundado en 1593) representó desde sus orígenes una posición clave en la defensa del territorio norte tachirense por dominar el punto de confluencia de los caminos reales que, provenientes del sur del Lago de Maracaibo, llegaban a la Villa de San Cristóbal. Por ello, y en los terrenos del actual cementerio municipal, existió la única construcción de carácter militar que tuvo el Táchira en la época colonial española: un torreón con betería de cañones, para defender la entrada del valle.



Para efectos de comparación didáctica se presenta la impresión fotográfica del paisaje del valle de Lobatera para enero de 2020, desde la misma perspectiva y hora del atardecer que tuvo Cabré para su pintura (Foto: Darío Hurtado, 2020).





Fig. 4 Manuel Cabré, Rincón de Capacho, 1962. Óleo sobre tela, 46x32 cm, Colección particular.  (Foto: Alejandro Zuloaga, 1999, reproducción con fines didácticos). En el atardecer y al fondo, a lo lejos de la calle de Capacho Viejo, declives y laderas milenarias, recuerdan los lugares donde el barro era templado al calor del fuego de los leños, en Lomas Altas.








Fig. 5 Manuel Cabré, Calle de Capacho, 1966. Óleo sobre tela, 65,5x65,5 cm, Colección particular.  (Foto: Alejandro Zuloaga, 1999, reproducción con fines didácticos). Al fondo, al atardecer, tras el pórtico del cementerio de Capacho Nuevo, los viejos caminos de herraduras convertidos en carreteras, ascendían zigzagueantes hacia las alturas de la fila de Palo Gordo.

 Fig. 6 Manuel Cabré, La Peña (Estado Táchira), 1942. Óleo sobre tela, 70,5x36,5 cm,  Colección particular.  (Foto: No disponible).



P. D. Con el objetivo de consolidar el Catálogo Cabré de paisajes tachirenses, agradeceríamos altamente a cualquier lector del edublog, que conozca otras obras de Manuel Cabré sobre el paisaje tachirense, contactarnos al siguiente correo electrónico: expartproject@gmail.com Gracias.



P. S. The main purpose of the present paper consists of the consolidation of the Cabré: Tachiran Sceneries Catalogue. We would greatly appreciate any other information of Cabré’s pictures about Tachiran sceneries. You can contact us by email expartproject@gmail.com  Thanks!


Bibliografía


BOULTON, Alfredo. Homenaje a Manuel Cabré, Catálogo exposición: Museo de Bellas Artes, Caracas, 1971; Cabré: Homenaje a Manuel Cabré, Museo de Bellas Artes, Caracas, Nº 37, 1971; CALZADILLA, Juan. Cabré el otro, Catálogo de Exposición: Galería de Arte Nacional, Caracas, 1980; CALZADILLA, Juan. Cabré. Gráficas Armitano, Caracas, 1980; SÁNCHEZ, Samir, Diccionario de Topónimos históricos del Estado Táchira, Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, Nº 207, San Cristóbal, 2018.



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