sábado, 27 de mayo de 2023

De Rerum Memoria: Nuestro paso por la Academia de Historia del Táchira │De Rerum Memoria or Footprints on the Road: My Memories of The Táchira State Academy of History

 



Como testimonio y memoria de nuestro paso como Secretario de la Academia de Historia del Táchira, un tejido de tarea honrosa y de muy sería responsabilidad, presentamos el Informe de Actividades de la Junta Directiva correspondiente al período 1998-2000. 


Con ello, marcamos el primer deber de estas líneas que es dejar constancia del privilegio que tuve de coincidir, en el tiempo, cuando la Academia se levantaba sobre los hombros de gigantes. De coincidir con extraordinarios maestros y personajes que colocaron los cimientos de los estudios históricos tachirenses y dejaron imperecedera huella. 


Ellos fueron, el Dr. Aurelio Ferrero Tamayo, Mons. Dr. Carlos Sánchez Espejo, Mons. Dr. Raúl Méndez Moncada, Don Rafael María Rosales, Don José García Rodríguez, Don Félix María Rivera, el Licenciado Nerio Leal Chacón, la Dra. Inés Cecilia Ferrero Kellerhoff, la Dra. Reina Mercedes Durán Lara o el Dr. José Joaquín Villamizar Molina, entre otros. 


En cuanto a lo resumido en este informe, los pormenores se encontraban en la "Historia Domus Academia" o historia de la casa académica. Esto es, en el gran Libro de Actas de la Academia, debidamente quirografiado o manuscrito, y sobre el cual  conocimos con posteroridad sobre su lamentable pérdida. 


Por ello, este informe resulta en una tesela testimonial de historia tachirense, y así se expresa el texto de presentación, que es el siguiente:


Academia de Historia del Táchira

Testis temporum et lux veritatis


…un pueblo tiene la eternidad de su memoria

 

Memoria de Actividades

1998-2000

 

Nos complace rendir el informe de labores de la Academia de Historia del Táchira en el período comprendido entre el 23 de mayo de 1998 y el 23 de mayo del 2000, en el que la corporación se reúne en pleno para dar posesión a la Junta Directiva para el período académico 2000-2002, elegida en sesión ordinaria del día 8 de marzo del presente año.


El período académico que hoy termina fue de fecundas realizaciones, vistas en su continuada y normal funcionalidad institucional. Se celebraron dieciocho sesiones ordinarias, una especial y tres solemnes, en las que se trataron los más diversos temas de historia del más vivo interés y de actualidad algunos, y se presentaron libros y otros trabajos de investigación que constituyen un valioso aporte a la cultura histórica regional y nacional. Asimismo se emitieron cinco acuerdos, un documento institucional, tres comunicados públicos y tres lecturas académicas.


En este sentido debemos destacar la labor de los Individuos de Número, quienes permanentemente viven dedicados a la investigación y al estudio de la historia del Táchira y de Venezuela, en lo político, cultural, artístico, científico, social, militar, eclesiástico y económico, a través de trabajos que periódicamente se van dando a conocer en las sesiones, en las publicaciones que logran los individuos de número, o bien en la cátedra universitaria y en conferencias y simposios.

 

De esta manera la Academia de Historia del Táchira mantiene el propósito de crear una conciencia histórica regional y nacional con base en la enseñanza de lo que ha sido el Táchira de ayer, de hoy y de siempre.

 

En la ciudad de San Cristóbal a los diez días del mes de mayo de dos mil.

 

 

 

    Ilust. Mons. Raúl Méndez Moncada                                                      Samir Abdalá Sánchez E.

Protonotario Apostólico de Su Santidad

                      Presidente                                                                                        Secretario

 



El texto completo del Informe se puede leer aquí:






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jueves, 18 de mayo de 2023

El gran terremoto de 1875: crónica y relatos del desastre en Lobatera │ The Great 1875 Earthquake. An account of the Lobatera Disaster






«Me huele a Lobatera»

El gran terremoto del 18 de mayo de 1875. Una crónica de lo vivido en esta población tachirense


A las 11 de la mañana, del 18 de mayo de 1875, día de San Juan I Papa, como apuntara el P. Gabriel Gómez en el libro de Gobierno de la Iglesia de Lobatera, un terremoto de gran magnitud destruye a esta población, sus alrededores y gran parte de los pueblos del Táchira y del Norte de Santander, en Colombia, dejando por igual en ruinas, a la ciudad de Cúcuta.


La primera imprenta que llegó a Lobatera (y la tercera en el Táchira), traída de Maracaibo por el Padre Gabriel Gómez en 1873, quedó inutilizada bajo los escombros de la casa cural.


Este terremoto había sido precedido por dos fuertes temblores de tierra a las 4 de la tarde del día 16 y las 5 y 30 de la mañana del día 17, y las réplicas se sucedieron hasta el día 19 de mayo.


Asimismo, se cuenta que en el camino que une a la Villa del Rosario de Cúcuta con San Antonio del Táchira, vivía un ciego llamado Dositeo López, quien algunos días antes del terremoto decía a su familia: "Me huele a Lobatera; si quieren salvarse duerman en el cocal". En ese cocal se refugió el ciego y allí se salvó. Había sido una de las víctimas del tremendo sismo que destruyó a Lobatera en el año 1849 (Cfr. García Herreros, A. Monografía de Cúcuta, Cúcuta, 1983, p. 37).


Luis Alberto Medina, otro hisoriador neogranadino, refiere que Dositeo López era oriundo de Lobatera y que había quedado ciego a raíz del terremoto. Asimismo que la frase completa que mencionó fue; “Me huele el aire a Lobatera” (Cfr. Medina, Luis Alberto y otros, Cita histórica, Cúcuta, 2001, p. 176-177).


Después del terremoto y las labores de salvamento, el Padre Gabriel Gómez inicia la construcción de la Iglesia parroquial la cual levantó con tres naves, la central de mayor altura que las laterales, una sola puerta principal y una torre de dos cuerpos abiertos y techo a cuatro aguas. Allí funcionó el campanario y se corresponde con la actual torre del reloj. La fachada de esta iglesia reproducía con gran similitud la fachada de la actual capilla del Humilladero pero sin los ventanales. En 1907, este frontis de la iglesia mayor es reformado por el Padre Pedro María Morales y se erige el actual junto con la construcción de las actuales torres, conservándose de la antigua edificación la base de la torre sur, desde 1913 torre del reloj.






En cuanto a pérdidas humanas por el fenómeno telúrico, y tal vez debido a la hora en que se desató, no causó un número considerable de víctimas, por cuanto en el Libro de Entierros de 1875 (pp. 33-34) sólo se registran las siguientes defunciones: “19 de mayo de 1875:párvulo Silvestre Mora (recibió los sacramentos); Juana Pérez Bonilla (no recibió los sacramentos); Tobías Rafael Medina (no recibió los sacramentos); adulto: Juana Cárdenas, casada con Miguel Mora (recibió los sacramentos)”. Estas personas fallecieron al día siguiente del terremoto y muy probablemente por las contusiones recibidas.


En el inventario de daños de la iglesia posterior al terremoto, se habla de dos imágenes de las Mercedes, una muy antigua que quedó destruida y una nueva a la cual sólo se le fracturó la nariz. Esta última (con retoques y nuevas capas de pintura así como modificada su peana original) es la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes que se venera en Lobatera cuyo rostro sereno, es copia de la imagen original de la Virgen de las Mercedes que se venera en la ciudad de Barcelona (España).


Una crónica de un testigo presencial del terremoto en Lobatera refiere como: 

“Estaría pisando los once años y ya estaba trabajando en un barbecho en La Molina, era un zagaletón (andinismo por zagalón) arando con una yunta de bueyes cuando de pronto y sin motivo alguno los bueyes se echaron en tierra. Intenté ucharlos pero no se levantaban. Al poco rato un ruido muy fuerte que provenía de debajo de la tierra me hizo tambalear y caer, y quede tendido en el campo desde donde pude sentir el estremecer de la tierra y ver como las copas de los árboles se agachaban y tocaban el suelo de lado y lado y no me podía levantar. La tierra se abría en zanjas y se cerraba. Aun queda una zanja abierta por el terremoto cerca de Lobatera en Zaragoza. Después bajamos a Lobatera a saber de nuestra familia. Llegamos a nuestra casa, la casa del Higuerón detrás de la Iglesia y gracias a Dios sólo se vinieron al suelo los techos y no le pasó nada a mis tíos que estaban allí. En el pueblo el alboroto era grande, muchas casas en el suelo, la Iglesia se desplomó, el Padre Gómez corría de un lado a otro tratando de ayudar y poner orden. Recuerdo que a la Virgen la sacaron debajo de los escombros y la pusieron en una de las esquinas de la plaza bajo un toldo. Al poco rato, vino una ventisca con lluvia muy fuerte y voló el toldo y la imagen se mojó, de allí le vienen las manchas de agua que tiene la imagen de la Chiquinquirá. Fue por poco tiempo pues todos los presentes corrimos a taparla y levantarle un nuevo toldo más fuerte que la protegiera”. Versión oral relatada por Don Macario Sandoval Mora (29 de febrero de 1864 - 11 de agosto de 1944) a su familia y copiada por una de sus hijas, la maestra Delfina Sandoval Zambrano (1901-1992).





Asimismo, se registró el nacimiento de una niña: Formosina Arellano, en uno de los improvisados toldos levantados en la plaza mayor (actual Parque Bolívar) por adelanto de parto producto de las tensiones vividas por el terremoto. Años después, se casaría con Jesús María Sánchez y darían origen a la familia Sánchez Arellano.



Créditos de fotos: 

E. G. Cuéllar P: Valle de Lobatera desde el sitio de Quitasoles, en el caserío Arenales, punto de enlace del Ramal de Lobatera con la Carretera Central del Táchira, de 1914 (Reproducción con fines didácticos). Samir A. Sánchez (2015): Zanja o grieta en antiguos terrenos de labor, dejada por el terremoto de 1875, en la aldea Zaragoza inmediata a Lobatera. Plaza Mayor de Lobatera y antiguo frontis de la Iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Año 1900 y parte de la visual oriental de la plaza , siendo la fotografía más antigua -connocida hasta la fecha- de dicha plaza. Tomada por el fotógrafo Francisco Cárdenas B. (Propiedad de Carlos Alviárez Sarmiento, 2004/Proceso de restauración, Darío Hurtado, 2014, reproducción con fines didácticos).



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domingo, 30 de abril de 2023

La Piedra del Corazón: Leyenda del Táchira que la modernidad no pudo borrar | Myths & Tales of Tachiran traditions: Old Tales of the 'Piedra del Corazón'

 


Como un coloso de piedra que el tiempo esculpió con paciencia de siglo, la Piedra del Corazón se erguía en un cruce de caminos, como el epicentro místico entre Lobatera y La Molina, a una orilla del camino real que llevaba a La Grita. Un lugar donde la realidad y el mito se fundían. A 1.130 metros de altura sobre el nivel del mar, aquella roca imponente no era solo un hito geográfico, sino un cofre de leyendas vivas, un umbral donde los susurros del viento transportaban historias de fantasmas errantes y aparecidos que desafiaban la penumbra de la noche andina. Hoy, desvanecida en el eco sordo de la dinamita que fragmentó su cuerpo físico, su ausencia pesa más que su antigua mole, dejando un vacío silente en el paisaje y un olvido involuntario entre las nuevas generaciones, quienes pasan o caminan sobre las huellas invisibles de un gigante que una vez custodió los secretos mágicos de su tierra. Piedra del Corazón, para 1945. La Molina, Lobatera, Estado Táchira (Foto: Carlos Alviárez Sarmiento, 1945/Darío Hurtado, 2026. Restaurada con IA)



La Piedra del Corazón: Leyenda del Táchira que la modernidad no pudo borrar

Las leyendas y cuentos de miedo llenaron el imaginario rural y urbano tachirense desde la época colonial española hasta mediados del siglo XX, cuando CADAFE comenzó "a iluminar la noche oscura" de casas, calles, caminos y senderos.

Con el paso de los años, poco a poco fueron desapareciendo los espantos, las brujas y las lloronas a la par que desaparecían los "cuentos para no dormir" de los nonos. Aquellos relatos que se recitaban en las reuniones de la familia en un patio de tierra o de ladrillo tablita, al abrigo de blancas y frías noches de plenilunio y ventiscas. Murieron los nonos y con ellos murió esa tradición oral; sólo quedó lo escrito.

Por eso, y como lección didáctica de la memoria, traemos al presente una de esas leyendas conservadas en la memoria de los ancianos.

Esta historia, reconstruida en 2003, tiene por base las versiones orales recogidas en 1981 en un corredor de tejas de la aldea Volador, directo de los recuerdos de una amena conversación entre Don Luis Florentino Zambrano, Doña Maximiana Sandoval de Sánchez, Don Roso Sandoval y Doña Vicenta Rosales de Sandoval. El relato gira en torno a la Piedra del Corazón (llamada así por su fisonomía), un mítico hito del camino real entre Lobatera y La Grita (actual vía a Casa del Padre). Lamentablemente, en 1983 la piedra fue dinamitada para hacer del camino una carretera, y con ella se fue parte de ese fascinante mundo del pasado... pero su leyenda sigue viva.

¿Qué esconde esta leyenda?

Antes de presentarla, y para entenderla, debemos analizar con lupa este relato. Descubrimos que es mucho más que un cuento de espantos; es una radiografía de nuestra ancestral identidad tachirense:

El trauma histórico: La mención al "año trece" nos traslada a 1813, la época de la cruenta Guerra a Muerte de la Independencia. La aparición del ánima de Hilario es el reflejo del trauma colectivo: los caídos en combate que, al morir a traición en los caminos y ser devorados por los animales, quedaron atrapados en un misterioso limbo por no recibir cristiana sepultura.

Geografía sagrada y psicológica: El viaje de Cesáreo no es solo caminar; es un tránsito místico. Al cruzar el puente resbaladizo de la quebrada y ascender la colina en la madrugada del Jueves de Corpus (una antigua fecha de altísima carga religiosa), el personaje cruza la frontera entre el mundo terrenal y lo sobrenatural.

El poder de la forma: La roca fue bautizada por los lugareños por su parecido a un corazón humano. El mito se aferró a la geografía: el corazón asustado y vivo de Cesáreo late con fuerza justo al lado del "corazón" de piedra inerte que guarda la memoria del crimen.

La regla del tabú: En el folklore andino tachirense, ante el espanto no se huye. Retroceder significaba condenar el alma. La única salida era la audacia, la confrontación y la fe (el grito a la Virgen María).

Ahora, con toda esa información previa, nos disponemos a leer la leyenda:

LEYENDA DE LA PIEDRA DEL CORAZÓN

"En las primeras horas de la madrugada, Cesáreo abandona su casa en La Molina y apresuradamente se dirige a Lobatera. Era el día jueves de Corpus y como todos los años, desde que era un niño, quiere estar presente en la misa del alba que se celebra a las cinco de la mañana. Mira hacia el cielo y ve que la noche era más oscura que de costumbre. Continúa, pero frías ráfagas de vientos borrascosos provenientes de los páramos de Potrero de las Casas y Llano Grande casi lo sacan del camino. Parece ser un presagio, nada bueno pasaría.

En el camino todo es silencio y soledad. Baja hacia la quebrada La Molina, pasa frente al trapiche de mano* Candelario y mana Catalina donde un perro echado late a su paso. Sigue bajando hasta alcanzar el puente de vigas tendidas entre orilla y orilla. Allí, el bramar del fuerte torrente de la quebrada y los resbalosos líquenes que cubren la húmeda madera hacen lento su paso.

Al ganar la orilla opuesta, comienza el fatigoso ascenso de la escarpada y pedregosa colina que lo llevaría hasta la cima a encontrar el cruce del camino real de Lobatera a La Grita. Al acercarse a la encrucijada, puede divisar desde lejos cuatro luces que aparecían y desaparecían con las vueltas del camino y oye por igual un lejano murmullo de oraciones y plegarias que se confunden con el fuerte zumbido del viento que golpeaba sus espaldas.

Próximo a la mítica piedra del Corazón, se encuentra frente a una fantasmagórica visión: un ataúd rodeado por cuatro cirios y varias figuras de largo traje talar negro, de rostros ocultos por inmensas capuchas y cuyos pies no tocaban la tierra. El corazón de Cesáreo comienza a palpitar aceleradamente y recuerda los cuentos que relataban las viejas junto al fogón. Era la aparición del ánima en pena de alguien quien se llamó Hilario, muerto a traición en esa vuelta del camino y junto a la piedra, allá por el año trece en la guerra de Independencia. Su cuerpo abandonado y devorado por los animales del monte, nunca recibió cristiana sepultura.

Próximo a enfrentarse con esos espectros, Cesáreo recordó por igual lo que le habían contado: que si retrocedía o se regresaba, en tres días su alma se sumaría a aquellas que estaban junto a la urna y quedaría en pena para toda la Eternidad.

Afincándose su sombrero, lanza el grito de ¡Virgen Santísima, protégeme! y santiguándose repetidas veces atravesó corriendo con sus ojos cerrados la difusa visión mientras sentía cómo un frío de ultratumba penetraba hasta sus huesos y parecía desgarrar sus carnes. Sin dejar de santiguarse y después de recorrer un trecho el camino abajo, regresó su mirada al escalofriante sitio y sorprendido, sólo vio la inmensa piedra del Corazón rodeada por el sosiego de la noche interrumpido de vez en cuando por los cantos de los grillos y de las ranas ocultas en el monte.

Los resplandores de una luna llena que se abría paso entre los nubarrones, comenzó a iluminar la piedra y los musgosos cimientos le marcaron con su sombra la vieja senda del llano de los Apóstoles que llevaba hasta el pueblo. Cesáreo se afianzó más en su ruana azul y roja -la de llevar en los días festivos- y meditabundo siguió su camino hasta divisar las primeras casas de Lobatera, y oir el lejano repicar de campanas que llamaban a misa. En sus pensamientos no dejaba de repetir: "Que Dios lo saque de penas y lo lleve a descansar"."

* Un dato curioso de nuestra habla: mano/mana. Expresión de confianza y respeto usada antiguamente en los campos tachirenses. Su origen se encuentra en la aféresis de la palabra "hermano".

Fuentes: Gratitud y respeto por las siguientes personas quienes aportaron los datos y recuerdos para la reconstrucción de la leyenda, y quienes ya alcanzaron la Eternidad: Don Roso Sandoval Mora, aldea La Molina, 80 años, fallecido en 1985, Municipio Lobatera; Don Florentino Zambrano, aldea Volador, 88 años, fallecido en 1997; Doña Maximiana Sandoval vda. de Sánchez, 96 años, fallecida en 2004; Doña Vicenta Rosales de Sandoval, 92 años, fallecida en 2006.

Lectura de la leyenda (audio) por el locutor Orlando Ruiz Díaz (2024):









Caminos tachirenses de yermos agrestes, de páramos y ventiscas, de historias y leyendas, otrora desolados... Cruce de caminos donde se ubicaba la Piedra del Corazón, dinamitada en 1983. El antiguo camino real de Lobatera a La Grita es ahora la serpenteante carretera pavimentada que conduce a Llano Basto y allí se bifurca hacia Boca de Monte y El Zumbador, y hacia Volador, Potrero de las Casas y Casa del Padre. El antiguo camino a La Molina es ahora la carretera de tierra que desciende hasta la quebrada (Foto: Google Earth ©,  2023). 


jueves, 20 de abril de 2023

domingo, 9 de abril de 2023

Semblanza y legado de la maestra Blanca Graciela Arias de Caballero en la construcción de un nuevo país │ Blanca Graciela Arias de Caballero: A Legacy of Transformation for a New Country






Maestra Blanca Graciela Arias de Caballero (Rubio, 1921 - Caracas, 1992). Créditos de la imagen: Tomada de la página web del Colegio Blanca Graciela Arias de Caballero (Rubio, 2026)



Releyendo un artículo publicado en el importante sitio web de Retazos Históricos del Táchira, por el Profesor Doménico Andrade en 2021, comparto una vez más la importancia de la vida y obra de Blanca Graciela Arias de Caballero, de quien fui discípulo sin ella saberlo. La misma la desglosaré en sus componentes esenciales para reconstruir, con nitidez, el vasto legado pedagógico y literario que nos dejó.

Más allá del rigor de las efemérides, es preciso detenerse en los «pequeños detalles», el aroma del café o la vivacidad de su gesticulación literaria, que revelan la verdadera esencia de la autora.

Nacida en Rubio, Municipio Junín, Estado Táchira, el 9 de mayo de 1921 (según su partida de nacimiento), su identidad estuvo signada por una orfandad temprana. Esta circunstancia la impulsó a refugiar su espíritu en la narrativa y en la espiritualidad heredada de su madre. Su formación como docente en la Escuela Normal constituyó la base metodológica donde la educación y la expresión artística se fundieron de manera indisoluble.

Su producción escrita, consolidada hacia 1961, es un fiel reflejo de su infancia andina tachirense. Según los estudiosos, su lírica es una extensión de su pedagogía temprana, caracterizada por: La nostalgia geográfica, la cual, pese a residir en Caracas, le hizo transformar su hogar en una embajada de su tierra natal, cultivando café y hortalizas para preservar el vínculo con aquellas raíces que seguían nutriéndose del noble suelo tachirense. El simbolismo natural, en el uso de mirlos, cocuyos, bruma y cafetales en flor para edificar un universo poético destinado a la infancia.


Pedagogía del asombro, desde el recuerdo

De una desbordante creatividad, Blanca Graciela Arias de Caballero no se limitaba a la lectura de cuentos; los recreaba y les daba vida mediante la palabra y el gesto. Su enfoque pedagógico se sustentaba en tres pilares: La interpretación activa, y el empleo de imágenes, clave para establecer una conexión emocional con el oyente; La co-creación, desde la firme convicción de que los niños debían ser partícipes en la gestación de las historias; La identidad regional y nacional, desde el uso de leyendas y tradiciones locales como herramientas fundamentales para el proceso histórico-cultural de la nación.

Aunque su ciclo vital finalizó en 1992, su impacto permanece vigente a través del reconocimiento institucional y una obra que no es un archivo estático, sino un organismo vivo que nutre la literatura tachirense y venezolana.


Memoria

En lo personal, guardo una memoria agradecida que viaja desde tierras lejanas hasta los pupitres de mi escuela primaria en el Táchira, la vieja Escuela Federal Graduada “Mons. Antonio Ramón Silva”, en la carrera 16 con calle 12 del Barrio San Carlos, en la ciudad de San Cristóbal. Sus libros ilustrados marcaron mis primeros encuentros con la literaria, la cual era enriquecida y reforzada con aquellos paseos escolares que nos daban los maestros por los alrededores de la escuela (incluyendo la Residencia Oficial de Gobernadores del Estado Tçachira, donde se nos dejaba entrar a sus jardines) para luego, en el aula, escribir ensayos sobre lo que habíamos observado y nos había impresionado.

Así, aquellas imágenes ilustrativas y aquella narrativa sencilla, pero de hondo impacto en los libros de la maestra Arias de Caballero, poseyeron la virtud de cautivar. Para ella, escribir no era un oficio, sino una necesidad vital de comunicación; logró transmutar la melancolía de la distancia en una herramienta educativa poderosa, aspecto este que hoy valora aún más.


Nuevos tiempos

Esta labor cobra una relevancia urgente en el presente, donde la educación continua llevada a una condición residual. Actualmente, pretendemos erigir rascacielos de acero (economía) a partir de espejos borrosos (política), sobre un precario terreno de arena (una educación postergada y nunca valorada en su justa dimensión).

Ignoramos, con temeridad que, sin una base sólida, cualquier estructura construida sobre tan débiles bases colapsará, una y otra vez, ante los embates de cualquier crisis. Por ello, la "arena" del presente, en la construcción de un nuevo país republicano, desde un pacto federativo como lo proyectaron los padres fundadores de la nacionalidad venezolana en 1811, solo podrá compactarse si recuperamos la solidez de maestros quienes, como la tachirense Blanca Graciela Arias de Caballero, entendían que la educación es la piedra angular de cualquier edificio social, a partir de la actuación de ciudadanos cívicos, moral y éticamente formados.




domingo, 2 de abril de 2023

La procesión del Santo Sepulcro en Lobatera, una tradición desde el s. XVII o la Liturgia de la Conmiseración: esencia y permanencia de la Semana Santa tachirense | The Holy Burial: The most significant procession of the Holy Week or 'Semana Santa' tradition in Lobatera (Táchira State - Venezuela)







Texto de Samir A. Sánchez (2023)
Fotografías de Cristian Sánchez (1984)



La liturgia de la conmiseración: esencia y permanencia de la Semana Santa tachirense


La escena se erige bajo la inclemencia de un sol reverberante y tenaz, que cincela sombras profundas. El aire, denso y sagrado de la época, se satura con el aroma volátil del incienso, un efluvio místico que se adhiere al azul del cielo.

El solemne y sacro cortejo avanza: la Cruz alta y procesional flanqueada por los ciriales enhiestos, portados por monaguillos menudos, precede a las pesadas andas, cuyo fuste reposa sobre hombros devotos. La muchedumbre piadosa, compuesta por feligreses que desgranan el rezo secular de los treinta y tres credos, marca un tempus acompasado por la melancolía sonora de la Banda Municipal Sucre.

Esta ejecuta, en tonalidad lastimera, las ancestrales notas del motete "Popule Meus", la magna composición para coro, solistas y orquesta del maestro caraqueño José Ángel Lamas (1775-1814). Esta obra se fundamenta en los Improperios (Improperia) escriturales (Miqueas 6, 3-8): "Pueblo mío, que te he hecho, en qué te he ofenduio, respóndeme", diálogos cargados de patetismo que interpelan la conciencia del creyente.

Se configura así una totalidad de reminiscencias barrocas y vetusta espiritualidad, un legado de la Colonia asumido con identidad telúrica por las generaciones precedentes. Esta atmósfera induce un profundo sentido de consternación, compasión y duelo ante la representación de Cristo yacente y el dolor agónico de la Mater Dolorosa, en cumplimiento de la profecía de Simeón: “Y a ti misma una espada te atravesará el alma, para que se descubran los pensamientos de muchos corazones” (Lc 2, 22-35).

De esta suerte, la Semana Mayor de Lobatera ha consolidado, a lo largo de los siglos, un espacio cardinal en el calendario del Táchira. Anclada al primer plenilunio que sucede al equinoccio de primavera, esta observancia religiosa impregna la urbe y la aldea con el hálito inmutable de la tradición.


La procesión del Santo Sepulcro en Lobatera: un patrimonio del siglo XVII

Un testimonio elocuente de esta devoción perenne lo constituye la tradicional Procesión del Santo Sepulcro, que preside los Oficios de la Pasión en el Viernes Santo en Lobatera (Municipio Lobatera, Estado Táchira). Desde el siglo XVII, esta población exhibe en su magno desfile los pasos del Santo Entierro, constituidos por antiguas efigies coloniales de madera, escayola o de vestir.

Por la imágenes tomadas por Cristían Sánchez, en la tarde del Viernes Santo de 1984, podemos seguir viendo, como testimonio atemporal, el paso de:

La Santa Cruz de la Pasión o Arma Christi (portando los instrumentos del suplicio).

San Juan Evangelista.

Las Tres Marías (María Salomé, María de Cleofás y María de Betania).

María Magdalena.

La Santa Verónica.

El Santo Sepulcro con Cristo yacente, velado por el sudario y custodiado bajo el palio de respèto.

Y, clausurando la procesión fúnebre, la Virgen de los Dolores o Dolorosa.

Otrora manifiestación de fe y debida liturgia, fue vista, en la primavera andina tachirense de 1958, en el marco de una travesía cruzando Los Andes, por la poetisa y cronista venezolana Jean Aristeguieta (1925-2016), al visitar Lobatera. M
ás allá de la topografía agreste y el encanto bucólico de sus moradas —de patios recoleteros, aleros de teja añeja, y muros encalados que contrastan con zócalos cromáticos—, la autora quedó prendada de la imaginería eclesiástica. Sus reflexiones las plasmó en el siguiente texto:


«Impresiones preciosas que guardamos de Lobatera, población de cielo luminoso y de gente afable. / Guarda la iglesia de Lobatera imágenes que llaman la atención, especialmente las tres Marías, las cuales reproducen en sus rostros los rasgos de la mujer andina y porque están vestidas como mujeres comunes, es decir, no se las aderezó estableciendo simbólicas distancias jerárquicas. Tal vez esta es la razón por la que la gente del lugar las siente tan suyas. / […] Lobatera entre piedras y silencios/con ventanales finos por el tiempo/ como un cristal asume la sedienta poesía/ de ser amor invicto de la tierra» [ARISTEGUIETA, J. (1958). Viaje Maravilloso: Los Andes, p. 18].

Así, tanto para el intelecto creyente como para el escéptico que indaga sus propias verdades, asistir a estos devotos actos —con la misma mirada lírica que Aristeguieta posó sobre ellos— constituye una experiencia trascendental. Permite auscultar el sentido profundo de una tradición que, atisbando a través de los siglos, se adentra en el pasado común del gentilicio tachirense.

Estas manifestaciones de religiosidad popular no son una mera posesión efímera de la generación actual, aunque debemos erigirnos en sus celosos custodios. Ellas pertenecen a una esfera que nos supera, a una dimensión imanente; ellas son patrimonio del espíritu eterno del Táchira.












Un legado en imágenes: memoria, fe y patrimonio

Gracias a la labor infatigable y prolija de Corme Darío Hurtado Cárdenas, quien desde el año 2005 adelanta con devoción la compilación fotográfica de Lobatera, se ha logrado rescatar un valioso tesoro; tres imágenes de la Semana Santa de 1957 o 1958.


Esta encomiable gestión ha permitido devolver a la luz el grupo de imágenes que hoy contemplamos, donadas con generosidad y altura de espíritu por el señor Eduardo Morales.


Cada fotografía es un mudo testigo que resguarda el espíritu de nuestra historia; un eco palpable de la memoria de la fe y la rectitud de nuestros nonos (abuelos), cuyo esfuerzo cimienta el patrimonio inmaterial de nuestra estirpe. En ellas se custodian, como en un relicario, las huellas indelebles del tiempo y la devoción legada.















Procesión del Jueves Santo en Lobatera (1973). Único registro fotográfico conservado de la procesión matutina de Jesús Sumo Sacerdote, acompañado por la Virgen de los Dolores. Esta tradición, de origen colonial español, se mantuvo vigente hasta el curato de Monseñor Manuel García Guerrero (1908-1986), último sacerdote local formado bajo la disciplina y liturgia tridentinas.

Para el rito, la imagen de vestir de Jesús Nazareno (fines del siglo XVIII) era revestida con ornamentos sacerdotales tradicionales y bonete. Al frente, una mesa dispuesta con una acema (pan redondo autóctono del Táchira) simbolizaba la Última Cena, mientras que la imagen mariana seguía el cortejo bajo un arco plateado ornamentado con orquídeas. (Foto: Hernán Rivas, 1973).




Restauración de la fotografía con IA (Gemini 3). Promt: Santiago Xavier Sánchez Moncada (2026)



© Proyecto Experiencia Arte | Experience Art Project 2012-2023. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de las fotografías pertenecen a cada fotógrafo, grupo o institución mencionada.



viernes, 31 de marzo de 2023

De la expedición de 1547 a la fundación de San Cristóbal: La geografía, etnografía e historia primigenia del Táchira según Fray Pedro de Aguado │ Fray Pedro de Aguado: The Rediscovery of Táchira’s First Historian and the 16th-Century Tachiran Andes Frontier

 



Fray Pedro de Aguado, OFM en su estudio del convento de los franciscanos de Santa Fe de Bogotá, en 1569, cuando escribe la historia de la fundación de la Villa de San Cristóbal (Foto: Imagen generada con IA-Gemini 3, promt de Santiago X. Sánchez, 2026).



A Fray Pedro de Aguado, OFM (Teólogo, matemático, historiador y cuarto padre provincial de la Orden de los Franciscanos en el Nuevo Reino de Granada. Valdemoros, Madrid, 1538 - Santa Fe de Bogotá, fines del s. XVII o inicios del s. XVII), el olvidado primer historiador, etnógrafo y geógrafo del país de los tachirenses, le debemos la crónica fundacional de una región que empezaba a dibujarse en los mapas del Viejo Mundo.


En sus Noticias Historiales, en el capítulo escrito en 1569, Aguado no solo registra con precisión el primer contacto europeo con tierras tachirenses en 1547, sino que rescata del olvido los nombres y los rumbos de aquellos hombres que cruzaron los Andes. Su pluma es la primera en dotar de rigor geográfico y de presencia humana originaria a un territorio que, hasta entonces, solo existía en la oralidad indígena y en los confusos reportes de las primeras incursiones.


La obra cobra una relevancia vital al detallar la fundación de San Cristóbal en 1561, a la cual denomina "lugar de alegre cielo y apacible temnple", transformando un acto administrativo en un relato vivo de supervivencia, territorialidad, jurisdicción y estrategia. A través de sus páginas, seguimos de cerca las actuaciones del capitán fundador entre 1561 y 1563, cuya ambición y curiosidad le llevaron a internarse hasta las montañas que dominan los remotos valles de la meseta de Pregonero y los caudales majestuosos del Uribante, ensanchando, como El Cid Campeador, delante de su caballo, las fronteras tachirenses.


Para analizar estos hitos, es necesario aplicar un rigor crítico y separar la hipérbole de la crónica del dato geográfico puro, permitiéndonos reconstruir la cartografía humana, emocional y física de los albores del Táchira, durante ese cruento choque de culturas del siglo XVI sobre territorio tachirense.


Por ello, este registro no es solo una enumeración de fechas; es el primer mapa metodológico del ser tachirense. Aguado actúa como un observador que conecta la accidentada geografía andina con la nueva voluntad humana europea del siglo XVI de establecer ciudades y la vieja americana de defender hasta lo último su territorio y su mundo conocido.


Al revisitar sus textos, no solo leemos historia, sino que asistimos al nacimiento de una identidad regional surgida de ese choque frontal de culturas y documentada por un cronista que, a pesar de su inmensa labor documental, aguardaba en la sombra el reconocimiento de su papel esencial como el gran descriptor del Táchira primitivo.



Transcripción:
"Es este valle de Santiago casi triangulado, que lo haze ser ansi la quebrada
y aguas que baxan de las lomas del viento y de otras cimbres y sierras que
por alli ay, que casi caminan derecho a donde esta la villa poblada: pero no
entran ni se juntan [en aquel mesmo paraje y dereçera en el rrio prinçipal,
que pasa por delante la villa, porque ynpidiendoles el paso vna baxa y llana
loma que por allí se le opone, la haze baxa casi media legua mas abaxo; pero
la villa o pueblo esta situada y poblada casi en medio del valle, donde la cogen
en medio los naturales que en ella ay. Es de alegre çielo y apacible temple,
avnque mas calido que frio. No es todo tierra rasa ni el arcabuco o montaña
que en el ay es todo crezido, sino partes es montaña y partes chaparrales y
otros pequeños o baxos montes que con façilidad los rroçan los yndios cada
vez que quieren o tienen neçesidad, para hazer en el sus rroças y sementeras.
Es tierra muy fertil y acomodada a darse en ella todos generos de frutas, asi
naturales como extranjeras; pero de las cosas neçesarias, que son del prinçipal
sustento de los yndios, como son mayz, yuca, batata, avyama, pescados y
otros muchos generos de comidas y legumbres, excede y sobre puja en esto a
toda la mas de la tierra de Pamplona, y en los algodonales, que los ay muchos
y muy fructiferos y de muy buen algodon de que se hazen mantas y otrogenero de
lino, avnque no de la naturaleza de los despaña, pero despues de
pue]sto en çerros tiene gran similitud con el, de que se haze muy buen hilo
y muy delgado. De todas las quales cosas se aprobechan muy bien los vezinos
de aquel pueblo, pero con todo esto y la diligençia que se pone en granjear,
jamas los he visto medrar, sino cada dia venir a menos, por defeto de no then-
er minas de oro ni plata, que son las que suelen dar y dan lustre a los pueblos
y poner animo a los hombres".


Imagen y transcripción del mismo (en cursiva) de un folio de los manuscritos originales de Aguado, de los cuales sólo  que sólo se conservan los recabados por el historiador Juan Bautista Muñoz y Ferrandis (s. XVIII), que conforman los volúmenes 68 y 69 de la colección que lleva su nombre, en los archivos de la Real Academia de la Historia, en Madrid. En este folio se describe la geografía del valle de Santiago y se refiere a la Villa de San Cristóbal como: "Lugar de alegre cielo y apacible temple" (Foto: Revista Shell, Caracas, 1961. Homenaje al Cuatricentanerio de la ciudad de San Cristóbal).  




¿Cómo sobrevivieron estos manuscritos hasta su primera publicación en librosm en 1906 (Bogotá), 1913 (Caracas) y 1919 (Madrid)?

[Respuesta resumen generada con IA (Gemini 3)]

El resguardo y la supervivencia de los manuscritos originales de la Recopilación Historial a lo largo de más de tres siglos es una auténtica odisea archivística, marcada por la burocracia colonial, el coleccionismo cortesano y la incautación de bienes eclesiásticos.

Aplicando un riguroso orden cronológico y documental, el rastro de estos folios se puede seguir a través de las siguientes etapas fundamentales:

1. El entorno de la Corte y el Consejo de Indias (Siglos XVI - XVII)

Tras regresar de América en 1575, Fray Pedro de Aguado redactó y pulió su obra en España con el fin de obtener la licencia real para su impresión. El manuscrito original tuvo que pasar por el riguroso filtro de los censores del Consejo de Indias, quienes lo sometieron a severas mutilaciones y tachaduras debido a sus duras críticas hacia los métodos empleados por algunos conquistadores.

Aunque el rey le otorgó la licencia en 1583, el fraile jamás encontró un mecenas que financiara la costosa impresión tipográfica. Tras la muerte de Aguado, el documento quedó en un limbo legal y administrativo dentro de los archivos de la Corte, sirviendo no obstante como fuente de consulta en manuscrito para otros cronistas posteriores —como Fray Pedro Simón o el Inca Garcilaso de la Vega—, quienes sacaron copias manuscritas totales o parciales que circularon discretamente en ámbitos eclesiásticos.

2. El Colegio Imperial y los Jesuitas de San Isidro (Siglo XVIII)

Con el paso de las décadas, los manuscritos principales —en particular el códice autógrafo o más cercano al original que contenía la Historia de Venezuela— fueron a parar a la selecta biblioteca del Colegio Imperial de Madrid, regentado por la Compañía de Jesús (orden que destacaba por recopilar y preservar con enorme celo los saberes geográficos e históricos del Nuevo Mundo).

Tras la expulsión de los jesuitas de España en 1767 por orden de Carlos III, este centro pasó a denominarse los Reales Estudios de San Isidro. La valiosa biblioteca se convirtió en un fondo público bajo supervisión de la Corona, lo que garantizó que los dos tomos de Aguado no se dispersaran ni se destruyeran durante las convulsiones políticas de la época.

3. La Biblioteca de las Cortes y la desamortización (Siglo XIX)


A principios del siglo XIX, parte de los fondos documentales de San Isidro fueron trasladados a la Biblioteca de las Cortes. Sin embargo, el punto de inflexión definitivo para la salvaguarda y posterior estudio científico de la obra ocurrió a mediados de esa centuria.

En 1851, el gobierno español dispuso que un selecto lote de libros antiguos y manuscritos históricos de indudable valor científico —procedentes tanto de la Biblioteca de las Cortes como de los conventos y monasterios suprimidos por las leyes de desamortización eclesiástica— fuera asignado formalmente a una institución idónea para su custodia permanente.


4. Su sede definitiva: La Real Academia de la Historia

Esa entidad calificada fue la Real Academia de la Historia de España, en Madrid. Los volúmenes de Fray Pedro de Aguado ingresaron en su Biblioteca y se integraron en lo que hoy se conoce como la Colección de Manuscritos sobre América (resguardados actualmente en modernos armarios ignífugos de alta seguridad). 



Los dos tomos manuscritos fueron clasificados por la Real Academia como 68 y 69 de la Colección Juan Bautista Muñoz, siendo el 68 de 508 folios, de 32 centímetros por 21, y el segundo tomo, el 69, de 820 folios de igual tamaño. El nombre de la colecciçon donde se encuentran provino de la colección formada con los manuscritos que el historiador y académico Juan Bautista Muñoz compiló y utilizó en su momento para escribir su historia del nuevo mundo.



Fue precisamente en los anaqueles de esta prestigiosa Academia donde los intelectuales americanos de principios del siglo XX —comisionados por los gobiernos de Colombia y Venezuela— y el propio académico español Jerónimo Bécker pudieron finalmente localizar, paleografiar y cotejar el texto completo para mandarlo, tras más de trescientos años de paciente espera en la sombra, directamente a las prensas.


Proyecto Experiencia Arte comparte para su consulta en PDF, entre otras ediciones, sus Relaciones Historiales (en el capítulo referente al actual Estado Táchira), edición publicada por la Colección Bicentenario Carabobo (2021):