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viernes, 31 de marzo de 2023

De la expedición de 1547 a la fundación de San Cristóbal: La geografía, etnografía e historia primigenia del Táchira según Fray Pedro de Aguado │ Fray Pedro de Aguado: The Rediscovery of Táchira’s First Historian and the 16th-Century Tachiran Andes Frontier

 



Fray Pedro de Aguado, OFM en su estudio del convento de los franciscanos de Santa Fe de Bogotá, en 1569, cuando escribe la historia de la fundación de la Villa de San Cristóbal (Foto: Imagen generada con IA-Gemini 3, promt de Santiago X. Sánchez, 2026).



A Fray Pedro de Aguado, OFM (Teólogo, matemático e historiador. Valdemoros, Madrid, 1538 - Santa Fe de Bogotá, fines del s. XVII o inicios del s. XVII), el olvidado primer historiador, etnógrafo y geógrafo del país de los tachirenses, le debemos la crónica fundacional de una región que empezaba a dibujarse en los mapas del Viejo Mundo.


En sus Noticias Historiales, en el capítulo escrito en 1569, Aguado no solo registra con precisión el primer contacto europeo con tierras tachirenses en 1547, sino que rescata del olvido los nombres y los rumbos de aquellos hombres que cruzaron los Andes. Su pluma es la primera en dotar de rigor geográfico y de presencia humana originaria a un territorio que, hasta entonces, solo existía en la oralidad indígena y en los confusos reportes de las primeras incursiones.


La obra cobra una relevancia vital al detallar la fundación de San Cristóbal en 1561, a la cual denomina "lugar de alegre cielo y apacible temnple", transformando un acto administrativo en un relato vivo de supervivencia, territorialidad, jurisdicción y estrategia. A través de sus páginas, seguimos de cerca las actuaciones del capitán fundador entre 1561 y 1563, cuya ambición y curiosidad le llevaron a internarse hasta las montañas que dominan los remotos valles de la meseta de Pregonero y los caudales majestuosos del Uribante, ensanchando, como El Cid Campeador, delante de su caballo, las fronteras tachirenses.


Para analizar estos hitos, es necesario aplicar un rigor crítico y separar la hipérbole de la crónica del dato geográfico puro, permitiéndonos reconstruir la cartografía humana, emocional y física de los albores del Táchira, durante ese cruento choque de culturas del siglo XVI sobre territorio tachirense.


Por ello, este registro no es solo una enumeración de fechas; es el primer mapa metodológico del ser tachirense. Aguado actúa como un observador que conecta la accidentada geografía andina con la nueva voluntad humana europea del siglo XVI de establecer ciudades y la vieja americana de defender hasta lo último su territorio y su mundo conocido.


Al revisitar sus textos, no solo leemos historia, sino que asistimos al nacimiento de una identidad regional surgida de ese choque frontal de culturas y documentada por un cronista que, a pesar de su inmensa labor documental, aguardaba en la sombra el reconocimiento de su papel esencial como el gran descriptor del Táchira primitivo.




"Es este valle de Santiago casi triangulado, que lo haze ser ansi la quebrada

y aguas que baxan de las lomas del viento y de otras cimbres y sierras que

por alli ay, que casi caminan derecho a donde esta la villa poblada: pero no

entran ni se juntan [en aquel mesmo paraje y dereçera en el rrio prinçipal,

que pasa por delante la villa, porque ynpidiendoles el paso vna baxa y llana

loma que por allí se le opone, la haze baxa casi media legua mas abaxo; pero

la villa o pueblo esta situada y poblada casi en medio del valle, donde la cogen

en medio los naturales que en ella ay. Es de alegre çielo y apacible temple,

avnque mas calido que frio. No es todo tierra rasa ni el arcabuco o montaña

que en el ay es todo crezido, sino partes es montaña y partes chaparrales y

otros pequeños o baxos montes que con façilidad los rroçan los yndios cada

vez que quieren o tienen neçesidad, para hazer en el sus rroças y sementeras.

Es tierra muy fertil y acomodada a darse en ella todos generos de frutas, asi

naturales como extranjeras; pero de las cosas neçesarias, que son del prinçipal

sustento de los yndios, como son mayz, yuca, batata, avyama, pescados y

otros muchos generos de comidas y legumbres, excede y sobre puja en esto a

toda la mas de la tierra de Pamplona, y en los algodonales, que los ay muchos

y muy fructiferos y de muy buen algodon de que se hazen mantas y otrogenero de

lino,  avnque no de la naturaleza de los despaña, pero despues de

pue]sto en çerros tiene gran similitud con el, de que se haze muy buen hilo

y muy delgado. De todas las quales cosas se aprobechan muy bien los vezinos

de aquel pueblo, pero con todo esto y la diligençia que se pone en granjear,

jamas los he visto medrar, sino cada dia venir a menos, por defeto de no then-

er minas de oro ni plata, que son las que suelen dar y dan lustre a los pueblos

y poner animo a los hombres".


Imagen y transcripción del mismo (en cursiva) de un folio de los manuscritos originales de Aguado, de los cuales sólo  que sólo se conservan los recabados por el historiador Juan Bautista Muñoz y Ferrandis (s. XVIII), que conforman los volúmenes 50 y 51 de la colección que lleva su nombre, en los archivos de la Real Academia de la Historia, en Madrid. En este folio se describe la geografía del valle de Santiago y se refiere a la Villa de San Cristóbal como: "Lugar de alegre cielo y apacible temple" (Foto: Revista Shell, Caracas, 1961. Homenaje al Cuatricentanerio de la ciudad de San Cristóbal).  




¿Cómo sobrevivieron estos manuscritos hasta su primera publicación en librosm en 1906 (Bogotá), 1913 (Caracas) y 1919 (Madrid)?

[Respuesta resumen generada con IA (Gemini 3)]

El resguardo y la supervivencia de los manuscritos originales de la Recopilación Historial a lo largo de más de tres siglos es una auténtica odisea archivística, marcada por la burocracia colonial, el coleccionismo cortesano y la incautación de bienes eclesiásticos.

Aplicando un riguroso orden cronológico y documental, el rastro de estos folios se puede seguir a través de las siguientes etapas fundamentales:

1. El entorno de la Corte y el Consejo de Indias (Siglos XVI - XVII)

Tras regresar de América en 1575, Fray Pedro de Aguado redactó y pulió su obra en España con el fin de obtener la licencia real para su impresión. El manuscrito original tuvo que pasar por el riguroso filtro de los censores del Consejo de Indias, quienes lo sometieron a severas mutilaciones y tachaduras debido a sus duras críticas hacia los métodos empleados por algunos conquistadores.

Aunque el rey le otorgó la licencia en 1583, el fraile jamás encontró un mecenas que financiara la costosa impresión tipográfica. Tras la muerte de Aguado, el documento quedó en un limbo legal y administrativo dentro de los archivos de la Corte, sirviendo no obstante como fuente de consulta en manuscrito para otros cronistas posteriores —como Fray Pedro Simón o el Inca Garcilaso de la Vega—, quienes sacaron copias manuscritas totales o parciales que circularon discretamente en ámbitos eclesiásticos.

2. El Colegio Imperial y los Jesuitas de San Isidro (Siglo XVIII)

Con el paso de las décadas, los manuscritos principales —en particular el códice autógrafo o más cercano al original que contenía la Historia de Venezuela— fueron a parar a la selecta biblioteca del Colegio Imperial de Madrid, regentado por la Compañía de Jesús (orden que destacaba por recopilar y preservar con enorme celo los saberes geográficos e históricos del Nuevo Mundo).

Tras la expulsión de los jesuitas de España en 1767 por orden de Carlos III, este centro pasó a denominarse los Reales Estudios de San Isidro. La valiosa biblioteca se convirtió en un fondo público bajo supervisión de la Corona, lo que garantizó que los tomos de Aguado no se dispersaran ni se destruyeran durante las convulsiones políticas de la época.

3. La Biblioteca de las Cortes y la desamortización (Siglo XIX)

A principios del siglo XIX, parte de los fondos documentales de San Isidro fueron trasladados a la Biblioteca de las Cortes. Sin embargo, el punto de inflexión definitivo para la salvaguarda y posterior estudio científico de la obra ocurrió a mediados de esa centuria.

En 1851, el gobierno español dispuso que un selecto lote de libros antiguos y manuscritos históricos de indudable valor científico —procedentes tanto de la Biblioteca de las Cortes como de los conventos y monasterios suprimidos por las leyes de desamortización eclesiástica— fuera asignado formalmente a una institución idónea para su custodia permanente.
4. Su sede definitiva: La Real Academia de la Historia

Esa entidad calificada fue la Real Academia de la Historia de España, en Madrid. Los volúmenes de Fray Pedro de Aguado ingresaron en su Biblioteca y se integraron en lo que hoy se conoce como la Colección de Manuscritos sobre América (resguardados actualmente en modernos armarios ignífugos de alta seguridad).



Fue precisamente en los anaqueles de esta prestigiosa Academia donde los intelectuales americanos de principios del siglo XX —comisionados por los gobiernos de Colombia y Venezuela— y el propio académico Jerónimo Bécker pudieron finalmente localizar, paleografiar y cotejar el texto completo para mandarlo, tras más de trescientos años de paciente espera en la sombra, directamente a las prensas.


Proyecto Experiencia Arte comparte para su consulta en PDF, entre otras ediciones, sus Relaciones Historiales (en el capítulo referente al actual Estado Táchira), edición publicada por la Colección Bicentenario Carabobo (2021):