jueves, 14 de septiembre de 2023

Memoria de un viejo oficio: La alquimia de la panela tachirense | The Panela of Táchira: Technical Heritage and Identity Rites in the Lobatera Valley.

 






Heredera de una tradición cuyas raíces se hunden en el siglo XVI, la manufactura artesanal de la panela tachirense trasciende la faena agrícola para erigirse en un rito de identidad. Tras la zafra y la molienda, el jugo de la caña, esa savia vital y telúrica, se somete a una metamorfosis térmica que da vida a la «ambrosía tachirense», apelativo ganado por la profundidad de su dulzor y sus generosas virtudes nutricionales. El escenario primigenio de esta transformación era «la molienda», donde los vetustos trapiches, otrora dotados de mazas de piedra, extraían el néctar mientras los hornos cobraban vida mediante la combustión del bagazo, residuo fibroso que se entrega al fuego para clausurar el ciclo productivo.



Antaño, la labor despuntaba bajo el cielo estrellado de las cuatro de la madrugada, en un esfuerzo por arrebatarle horas de frescura a una geografía inclemente. La molienda se iniciaba con el paso parsimonioso de una yunta de bueyes que, en su girar cíclico y eterno, accionaba las mazas de piedra encargadas de triturar la caña. Sin embargo, el esfuerzo se tornaba superior al alcanzar el mediodía; entonces, al calor endógeno de las hornillas se sumaba la resolana del valle de Lobatera, esa reverberación lumínica que se filtra incluso bajo la ramada. Era el tiempo del «sol hereje», sentencia vernácula de horneros y atizadores que resume la naturaleza extenuante de un oficio forjado entre el sudor y la brasa.


La técnica y el legado




En el registro visual de esta tradición, hoy amenazada por el proceso erosivo del olvido, se aprecia el instante preciso del trasiego: el operario trasvasa el «guarapo» desde la paila guarapera hacia el tanque de enfriamiento. En la periferia aguarda la «tacha» o batea de madera, receptáculo destinado a recibir la miel cuando esta alcanza su punto exacto tras abandonar la paila mermadora. A la diestra, el producto final reposa en las gaveras, moldes de madera que confieren a la panela su geometría definitiva y cuyo peso, en Lobatera, tenía la singularidad de ser de 1 kilo.

No se puede soslayar, al hablar de los derivados de la caña en tierras tachirenses, del miche cachimbo o callejonero. Este destilado emblemático, nacido de la fermentación de la panela, se purifica tras su paso por el alambique, pudiendo ser aromatizado con anís o eneldo. Así nace el célebre «miche aliñado», que aún persiste como baluarte inexpugnable de la licorería tradicional andina.




Nota Histórica: Imagen capturada por el lente fotográfico de Jacqueline González (1982) en el Trapiche de los Sandoval, caserío de Pueblo Chiquito, aldea La Molina (Municipio Lobatera, Estado Táchira). En ella, el pailero lobaterense José Pastor Rosales Suárez ejecuta con maestría el trasiego de la miel, perpetuando un saber hacer que define la historia técnica y emocional del Estado Táchira.


domingo, 3 de septiembre de 2023

Simón Bolívar en San Cristóbal y Lobatera: Rescate de una joya hemerográfica de 1913 | Simón Bolívar in San Cristóbal and Lobatera: Uncovering a 1913 Hemerographic Gem




Estatua pedestre de El Libertador en la Plaza Bolívar de Lobatera. Obra del artista ítalo-estadounidense Giovanni Turini en 1893 y pedestal obra del eximio arquitecto tachirense Fruto Vivas en 1956 (Foto: Darío Hurtado, 2015).



Nos complace compartir en nuestro espacio de divulgación y reflexión en Proyecto Experiencia Arte un documento de incuestionable valor para la memoria histórica y el patrimonio documental tachirense.


Presentamos la transcripción e imágenes originales del artículo dedicado a la memorable visita de El Libertador Simón Bolívar a la población de San Cristóbal y Lobatera durante la Campaña Admirable de 1813. Este valioso trabajo fue escrito por la pluma del destacado intelectual Dr. Samuel Eugenio Niño y publicado en marzo de 1913 —con motivo del centenario de la gesta emancipadora— en las páginas del recordado diario Horizontes de la ciudad de San Cristóbal.


A través de este texto, el Dr. Niño nos ofrece una mirada cercana y documentada, a partir de la memoria de los ancianos de la época, sobre el paso de Bolívar por tierras tachirenses, un hito crucial que marcó el aliento patriota en los Andes venezolanos durante el heroico periplo de 1813.


Reconocimiento y agradecimiento especial:

Proyecto Experienca Arte expresa su más profundo y respetuoso agradecimiento al Dr. Luis Hernández Contreras, insigne cronista de la ciudad de San Cristóbal e investigador, quien en su incansable labor de rescate histórico halló este tesoro hemerográfico y tuvo la noble deferencia de facilitarnos cortésmente tanto las imágenes del artículo original como su rigurosa transcripción para hacer posible esta publicación como medio de divulgación del conocimiento histórico.


Los invitamos a adentrarse en la lectura de este documento que conecta el heroísmo de 1813, la mirada analítica del centenario en 1913 y nuestro compromiso contemporáneo con la historia tachirense de ayer, de hoy y de siempre.







EL DR. SAMUEL EUGENIO NIÑO EXPONE DATOS HISTÓRICOS INÉDITOS Y CORRIGE ALGUNAS IMPRECISIONES (Tomado de “Horizontes”, 15 de abril de 1913)


SOBRE HISTORIA


Caracas: 29 de marzo de 1913

Señor D. Luis Eladio Contreras

San Cristóbal.


He visto en “Horizontes” las “Rectificaciones” que usted hace sobre algunos puntos de nuestra historia regional de independencia, y como se trata de fechas cuyo centenario en estos momentos están celebrando algunos de estos pueblos, permítome significarle que la acción de armas sucedida en la Angostura de La Grita no fue una batalla sino un combate, con resultados bien es cierto de batalla, pues a ese triunfo de los patriotas se debió la total destrucción de Correa, quien con su todavía formidable ejército se acampaba en La Grita. Dicho combate, que desgraciadamente mucho envaneció al coronel Castillo, se verificó precisamente el martes 13 de abril y no el 10, como erradamente lo hace comprender el documento que inserta O'Leary en la página 191 y vuelta, del tomo XIII. Aparece allí el parte del coronel Castillo con fecha 11, cuando debe ser con fecha 14, día exacto en que aquel jefe granadino dio cuenta, tanto al Congreso de Tunja como al brigadier Bolívar, de su triunfo de la tarde anterior. Pero todo se reduce a un simple error de imprenta, esto es, al cambio de un 4 por un 1, cosa muy común en tipografía, y, sobre todo, bastante frecuente en las páginas de la extensa obra de O'Leary.

La compaginación de los documentos que tenemos a la vista, y la confrontación de los hechos, comprueban que efectivamente fue el 13 y no otro día. Además, así lo dicen José Domingo Díaz, Torrente, Restrepo, Baralt y Díaz, Montenegro Colón, José Austria, Larrazábal, Azpúrua etc; y, sobre todo, el mismo O'Leary en sus “Narraciones”, en cuyo tomo I, a la página 121, dice: “Marchó al fin (Castillo) y encontró al enemigo situado en ventajosa posición, aunque en número inferior, y lo batió el 13 de abril”.

Bolívar hizo su primera entrada en la entonces villa de San Cristóbal el viernes 16 de abril a las 4 1/2 de la tarde en punto, y a las 5 estaba dictando el oficio en que comunicó al señor Presidente Camilo Torres la acción de la Angostura, insertando el referido parte de Castillo. Según viejas tradiciones, la casa adonde llegó Bolívar en esta primera ocasión fue la que hoy pertenece al doctor Lucio Oquendo, en las históricas “Cuatro Esquinas”, casa que entonces era de dos pisos. La entrada la hizo por la subida del “Filisco”, como que era el único acceso que por el norte tenía la citada villa. Bolívar, quien salió ese mismo día a las 5 de la mañana, llevaba 300 hombres, los cuales llegaron con él, habiendo estos salido de la misma población en la tarde del día anterior.

San Cristóbal, a pesar de los desagradables sucesos que acababa de dar lugar el coronel Antonio Nicolás Briceño, le hizo a Bolívar un entusiasta recibimiento, y todo el pueblo acudió a conocer y a admirar al caraqueño, como familiarmente le llamaban en esos días. La vista de aquel glorioso ejército de héroes, triunfadores desde Cartagena hasta San Antonio del Táchira, llenó de júbilo a nuestros moradores paisanos, quienes, con Bolívar y sus soldados, se entregaron a las alegrías ocasionadas por la noticia de la derrota de la Angostura. Bolívar durmió aquella noche en San Cristóbal.

Como el señor coronel Castillo decía en su parte que sabía que el brigadier Correa se encontraba muy fortificado en la ciudad de La Grita y que de allí sería bien difícil desalojarlo, Bolívar se apresuró a continuar la marcha en las primeras horas de la mañana del día sábado 17, pero al llegar a Las Vegas de Táriba recibió la noticia de que Correa, sin esperar a los republicanos, vergonzosamente había huido de La Grita. Entonces Bolívar, sospechando que aquella retirada fuera una estrategia de Correa para volver por Seboruco o los Llanos de San Juan, u otra vía, sobre los valles de Cúcuta, que tal vez los creía desamparados – y, en efecto, lo estaban, lo que con razón preocupaba a Bolívar-, sesgó hacia la izquierda su dirección, trepó el cerro de “Los Letreros” y bajó a la villa de Lobatera, adonde llegó a eso de las 5 de la tarde. Al presentarse Bolívar en Lobatera tan inesperadamente, los vecinos se apresuraron a hacerle una recepción digna de sus méritos. Entre los que ocurrieron se recuerda al cura del lugar, presbítero doctor Pedro José Casanova, uno de los más caracterizados de los pocos patriotas que había en aquella parroquia.

En la casa de este buen sacerdote fue alojado el ilustre huésped, junto con algunos oficiales de su séquito, y allí se vieron todos colmados de solícitas atenciones. Muchos supervivientes hasta el año 75 y aún hasta el 80, contaban haber conocido a Bolívar el año 13 en Lobatera. Don Custodio Niño, de entre ellos, hasta los últimos años de su larga vida, refería con orgullo patriótico que él había estrechado la mano de su Libertador Bolívar en el atrio del templo, en el momento en que el héroe entraba en Lobatera. Allí pasó éste la noche, y muy temprano del siguiente día salió hacia La Grita, trepando la empinada y extensa cuchilla de “Los Hornos”, que domina a derecha e izquierda todo un vasto panorama.

De manera que Bolívar hizo su entrada en Lobatera el sábado 17 de abril, a las 5 de la tarde, y el domingo siguió su ruta.

Sabido en el tránsito que Correa había huido hacia Bailadores, vía Mérida, aceleró entonces su marcha directamente sobre La Grita, adonde llegó el lunes 19 en la tarde, ya cuando Castillo se había ido para Cúcuta con parte de las tropas. Esto explica por qué Bolívar y Castillo no se encontraron en el camino.

A su regreso de La Grita, Bolívar volvió a pernoctar en San Cristóbal el sábado 24, y el domingo siguió a Cúcuta, adonde llegó el mismo día en la tarde y donde lo esperaban importantes asuntos que ventilar.

En un opúsculo que preparo, referente a la Campaña Admirable, desarrollo más ampliamente estos sucesos, en su mayor parte callados por los historiadores, pero que a nosotros toca sacarlos a la luz.

En otra carta referiré los demás hechos de armas sucedidos en ese Estado Táchira el mismo año 13, después que Bolívar se vino para el Centro.

En mi anhelo de que usted y yo concordemos en estos y otros puntos relacionados con la historia, aún inédita, de esa nuestra querida región natal, me permito dirigirle la presente, que espero merezca su benevolencia, si de ella la cree digna.

Aplaudo su labor y en ella trato de secundarlo.

Su amigo affmo.

Samuel E. Niño


viernes, 1 de septiembre de 2023

Guerra de Independencia en el Táchira 1811-1821: Crónicas e Historia (Separata) | Chronicles of the Independence War in Tachira 1811-1821 (Offprint)











La exigencia del rigor en la reconstrucción del pretérito

La publicación de la presente separata está tomada de nuestra obra Memoria de Lobatera (2011), y la misma no responde a un prurito de acumulación de efemérides ni a la complacencia de la anécdota local. Al contrario, este esfuerzo se origina en una profunda preocupación por el estado actual de la ciencia histórica en nuestros entornos académicos y de divulgación. En una época signada por la ligereza hermenéutica, la inmediatez del consumo cultural, y la tergiversación o errónea información sobre la historia tachirense en las redes sociales, sumado al preocupante repliegue de la razón crítica frente a la pulsión de la emotividad instrumentalizada, el examen del pasado exige un retorno perentorio a las fuentes primarias y al frío tamiz del método heurístico.

El volumen de documentos que hoy presentamos bajo el título Crónicas de la Guerra de Independencia en el Táchira 1811-1821 (Separata).pdf es el resultado de una pesquisa minuciosa, sistemática y obstinada en los repositorios que han logrado sortear las injurias del tiempo, el clima cambiante de nuestras montañas andinas y las turbulencias de nuestras guerras civiles. La metodología que ha guiado esta labor no es otra que la búsqueda implacable de la evidencia documentada y cronológica; una arqueología del dato que persigue reconstruir, allí donde la riqueza de las fuentes lo permite, el discurrir cotidiano, el latido diario y la microhistoria de un decenio (1811-1821) que redefinió de raíz la estructura geopolítica, social y mental del Táchira.

Bajo esta premisa, conviene advertir al lector que el presente corpus ha sido concebido primariamente como una obra de referencia y consulta casuística, una estructura de andamiaje documental dispuesta para el escrutinio puntual antes que para la asimilación lineal de una trama novelada, y sujeta a la crítica epistemológica tanto en sus fortalezas como en sus debilidades. No obstante, aquel investigador o lector que decida aventurarse en una lectura continua de sus crónicas descubrirá que la secuencia no carece de tensión dramática; al contrario, se erige en un sugerente viaje en el tiempo a través de las horas más aciagas de la emancipación en el Táchira. Esta lectura ininterrumpida revela el latido de una sociedad en vilo, permitiendo al lector transitar de manera vivencial por las vicisitudes de un decenio marcado por sacrificios, violencia y transformaciones políticas y sociales.

La metáfora del rompecabezas: el documento y sus relaciones circunstanciales

Para todo historiador riguroso, el pasado no se presenta como un discurso cohesionado, unívoco o de fácil lectura; antes bien, se manifiesta como una dispersión caótica de vestigios mudos. Reconstruir la andadura del Táchira en el contexto de la emancipación tachirense y venezolana equivale a enfrentarse a un inmenso y complejo rompecabezas cuyas piezas han sido arrojadas a los cuatro vientos. Muchas de ellas yacen perdidas para siempre; otras permanecen ocultas bajo el polvo de archivos parroquiales, protocolos civiles y expedientes de infidencia custodiados con desigual suerte.

Nuestra labor ha consistido en ensamblar pacientemente estas teselas dispersas. Este puzzle historiográfico no se resuelve mediante la mera yuxtaposición de papeles antiguos, sino a través del análisis de lo que denominamos las relaciones circunstanciales de los documentos. Cada partida de defunción asentada por el párroco bajo el fragor de la guerra (como aquella célebre nota marginal del Libro de Entierros que registra la ocupación realista de la Villa el 5 de junio de 1812), cada bando militar leído a son de cajas de guerra en la Plaza Mayor, y cada inventario de bienes confiscados debe ser interrogado en su contexto preciso.

Es en el cruce de estas variables, el parentesco de los implicados, sus intereses hacendísticos, la urgencia de las campañas climáticas, e incluso las rutas topográficas detalladas por los oficiales de ambos bandos, donde emerge una comprensión más cercana, veraz y descarnada de la realidad de los hechos. No pretendemos ofrecer una verdad absoluta e inmutable, aporía inalcanzable para la condición humana, pero sí una aproximación honesta y fundamentada que devuelva la palabra a quienes de verdad habitaron aquella época de transiciones traumáticas.

Contra la crónica superficial: superación del maniqueísmo de "héroes y villanos"

Uno de los mayores escollos que ha lastrado la historiografía patria tachirense y nacional ha sido su propensión al providencialismo y al relato moralizante. Se ha instrumentalizado el proceso de independencia para erigir un panteón de semidioses inmaculados frente a una hueste de tiranos desalmados. Esta división binaria y simplista entre "héroes y villanos" no solo despoja a la historia de su complejidad intrínseca, sino que deshumaniza a sus protagonistas, convirtiéndolos en rígidas estatuas de bronce desprovistas de contradicciones, miedos y ambiciones terrenales.

Las páginas de Crónicas de la Guerra de Independencia en el Táchira 1811-1821 (Separata).pdf proponen una ruptura radical con este reduccionismo superficial. Al adentrarse en el día a día de la guerra de Independencia en el Táchira, el lector descubrirá que las lealtades eran fluidas y a menudo dictadas por la pura necesidad de supervivencia. Hombres que juraban fidelidad a la Confederación de Venezuela en diciembre de 1811 bajo el influjo tricolor, se veían forzados a aclamar al soberano Fernando VII en junio de 1812 ante las bayonetas del Coronel Ramón Correa.

Verá también las sombras de la guerra: la dureza de un Libertador Simón Bolívar que, acosado por las intrigas de Manuel del Castillo y las reticencias de Francisco de Paula Santander, exigía pertrechos bajo amenaza de saqueo a los cabildos locales; o el drama anónimo de aquel anciano realista, el "Tío Cruz", fusilado en los corrales de La Teura por negarse a empuñar las armas republicanas. No hay aquí personajes planos. Al examinar el conflicto a ras de suelo, revelando los desmanes de tropas patriotas como el Batallón Rifles en Lobatera o los espionajes monárquicos de la familia Pérez a través de las trochas del Picacho de Angaraveca, la crónica recupera su textura humana, su trágica escala de grises y su profunda verdad existencial.

La trinchera de la razón en tiempos de superficialidad emocional

Vivimos en un tiempo donde el debate público y el análisis de la memoria colectiva parecen haber capitulado ante la tiranía de la emoción inmediata de un like. Se prefiere el mito reconfortante al rigor del archivo; se escoge la indignación o la apología simplista antes que el esfuerzo paciente del intelecto. Frente a esta deriva contemporánea, la investigación histórica rigurosa debe erigirse como una trinchera de la razón.

El trabajo volcado en esta separata es, por tanto, un acto de resistencia cultural. Es una invitación a la profundidad en una era de preocupantes superficialidades. Al rescatar los nombres de los aquellos actores, sus vidas y sus hechos, no hacemos otra cosa que reivindicar el imperio de la prueba empírica y del análisis paleográfico sobre la fantasía ideológica o la desmemoria interesada.

Que estas crónicas sirvan al lector de hoy, no como un combustible para avivar viejos rencores o mitologías estériles, sino como un mapa de navegación intelectual, el cual aspiramos sea continuado y enriquecido por los hallazgos de las nuevas generaciones. Un instrumento para comprender cómo la tierra tachirense vivió con valentía, dolor y asombrosa dignidad el nacimiento de la modernidad republicana.


Puede descarcar el trabajo en formato PDF, aquí:


El Táchira en dos tiempos históricos: espacio, mano de obra y memoria viva en la obra de la Dra. Inés Ferrero Kellerhoff │ Táchira in Two Historical Eras: Space, Labor, and Living Memory in the Work of Dr. Inés Ferrero Kellerhoff






Por Samir A. Sánchez (2026)



El magisterio historiográfico y la estirpe de los Ferrero Tamayo

Investigar y publicar con rigor metodológico en contextos de crisis constituye un logro excepcional. A través del académico José Antonio Pulido, tuve acceso a una de las novedades editoriales de la Academia de Historia del Táchira: El Táchira en dos tiempos históricos (2026), que leí «de la cruz a la firma», como rezaba la vieja fórmula. Tras una lectura exhaustiva, esta obra destaca por ofrecer una de las aproximaciones más rigurosas y esclarecedoras para entender la configuración histórica, fundacional y estructural del occidente venezolano.


Este volumen, fruto de la madurez investigativa de la Dra. Inés Cecilia Ferrero Kellerhoff, Doctora en Historia y destacada docente de la Universidad de Los Andes (ULA-Táchira), no solo llena un profundo vacío documental sobre el pasado colonial andino tachirense, sino que se inscribe en una tradición intelectual de primer orden. Es un texto que entusiasma a quienes nos especializamos en ese período de nuestra historia, tantas veces relegado de los estudios contemporáneos por una visión sesgada y dicotómica entre lo virtuoso (los períodos aborigen y republicano) y lo negativo (el período hispánico), olvidando que el proceso vital tachirense conforma una unidad indisociable: nuestro ADN cultural no admite fragmentaciones.


Conozco de cerca la obra, el pensamiento y la trayectoria de la Dra. Ferrero Kellerhoff; fue mi profesora universitaria. Es, además, heredera y continuadora del legado de la familia Ferrero Tamayo, estirpe civil que marcó de forma indeleble el siglo XX regional a través de la ingeniería, las letras y la investigación histórica. Dedicado con filial afecto a su padre, el Dr. Aurelio Ferrero Tamayo, figura cumbre de la historiografía regional, por igual nuestro maestro y defensor apasionado de los orígenes de San Cristóbal, el texto conjuga la disciplina metodológica que la caracteriza con el apego entrañable a la tierra tachirense. Nutrido por la influencia teórica de maestros como Ramón A. Tovar en el enfoque geohistórico y Federico Brito Figueroa en la historia social y económica, el libro trasciende la mera relación cronológica para interrogar al territorio como un producto social, dinámico y dialéctico.



Primer Tiempo: la articulación geohistórica y la conquista del espacio

El primer núcleo analítico de la obra examina el período comprendido entre 1550 y 1620, caracterizado como el proceso de «hacerse un lugar». La autora desmonta el mito del aislamiento regional al demostrar cómo el espacio colonial del suroeste venezolano estuvo orgánicamente integrado, como eslabón geográfico y humano, a la cuenca del Lago de Maracaibo y a las rutas del Nuevo Reino de Granada (Santa Fe de Bogotá, Tunja y Pamplona).


En este primer tiempo destacan tres hitos vertebrales:

La búsqueda de salidas fluviales y lacustres: Frente a las dificultades del transporte por el río Magdalena, la cuenca del Lago de Maracaibo y la arteria fluvial del río Zulia se erigieron en los ejes naturales del comercio neogranadino y tachirense. Los conquistadores no trazaron estos caminos desde la nada, sino que reutilizaron las ancestrales redes de comunicación aborigen.


La defensa de la autonomía fundacional: Se subraya el papel del capitán Juan Maldonado al fundar la Villa de San Cristóbal en 1561 y la subsiguiente disputa jurídica con Pamplona para consolidar sus términos propios y su libertad jurisdiccional. Paralelamente, se analiza la figura de Francisco de Cáceres y la efímera Gobernación del Espíritu Santo de La Grita (1576), concebida bajo un espíritu señorial y de avanzada territorial.


El terremoto de 1610 y la valorización minera: El sismo de San Blas, acaecido el 3 de febrero de 1610 y que asoló La Grita, dejó al descubierto ricos yacimientos de cobre y metales en el valle de San Bartolomé (germen de las actuales poblaciones de San Bartolomé de El Cobre y Seboruco). Este fenómeno natural transformó la economía de la comarca tachirense, impulsó solicitudes de mano de obra esclava a la Corona y estimuló la apertura de caminos hacia el puerto de Gibraltar y el río Zulia.



Segundo Tiempo: mano de obra, resistencia aborigen y resguardos indígenas

La segunda mitad del libro aborda las tensiones entre la Corona, del antiguo régimen de los Austrias menores, el clero doctrinero y las élites locales de encomenderos (los primeros criollos) por el control de la fuerza de trabajo indígena. Ante las visitas de oidores y corregidores de la Real Audiencia de Santa Fe (como Vásquez de Cisneros en 1620, Fernando de Saavedra en 1627 y Diego de Baños en 1657), los hacendados locales recurrieron a la resistencia pasiva: dilataron el cumplimiento de las ordenanzas, alegaron el alto costo del mantenimiento de los visitadores y prolongaron de facto el servicio personal frente a las tasaciones de tributo en especie o metálico.


Asimismo, la Dra. Ferrero Kellerhoff rescata el protagonismo de las comunidades originarias: Lejos de toda pasividad, etnias como los chinatos (trasladados forzosamente desde el sur de la Villa de San Cristóbal hacia las planicies lacustres del norte tachirense) y motilones mantuvieron una lucha secular por su espacio vital. Esta confrontación forzó fundaciones de carácter defensivo, como San Faustino de los Ríos (1662), erigida por Antonio de los Ríos Ximeno en términos jurisdiccionales de la Villa de San Cristóbal, hasta su posterior inserción activa en la economía cacaotera y en el oficio de bogas por el río Zulia.


El paradigma del Resguardo de Capacho: Mediante un exhaustivo seguimiento documental, la autora reconstruye la evolución del Resguardo Indígena de Capacho (actual Libertad-Capacho Viejo e Independencia-Capacho Nuevo). Desde su traza urbana y asignación formal entre 1602 y 1627 (bajo la norma de «una legua a los cuatro vientos») hasta las mensuras de 1808 y los títulos comunitarios salvaguardados por figuras como Ángel María Jaime en 1881, el estudio evidencia cómo la propiedad comunal indígena contuvo el avance latifundista. Al examinar los protocolos notariales de 1914, la obra prueba que la estructura agraria de Capacho devino en un minifundismo de pequeña propiedad y alfarería familiar, forjando la matriz cultural que evitó el despoblamiento y arraigó a la comunidad a sus laderas.



Importancia de la obra para el Táchira contemporáneo

La publicación de El Táchira en dos tiempos históricos posee una trascendencia indiscutible para la comprensión de nuestro presente:

Reafirmación de la identidad geohistórica y fronteriza: En una época marcada por el aislamiento y la incertidumbre en los pasos limítrofes, el libro recuerda que la vocación histórica del Táchira no es la clausura y el aislamiento contemporáneo impuesto por el centralismo, sino su condición de encrucijada natural y vital integradora entre los Andes venezolanos, el Norte de Santander y la cuenca del Lago de Maracaibo.


Reivindicación de las raíces originarias y campesinas: La investigación desmitifica las narrativas tradicionales que difuminaban la presencia indígena tras la conquista. Demuestra con solvencia interdisciplinaria (arqueológica, archivística y demográfica) que el campesinado tachirense desciende directamente de los colectivos que defendieron y cultivaron sus resguardos durante siglos, cuya impronta permanece viva en su identidad biológica y cultural, en sintonía con las investigaciones del Dr. Bernardo Zinguer (2023-2024).


Lección de autonomía y perseverancia civil: El análisis de los litigios sostenidos por los cabildos locales frente a los centros virreinales arroja luz sobre la génesis del carácter cívico, laborioso y celoso de su autonomía que define al gentilicio regional.


Metodología y rigor para las nuevas generaciones: La obra constituye un modelo insoslayable de investigación documental directa en repositorios de Sevilla, Bogotá y el Táchira, demostrando cómo articular metodológicamente la microhistoria con las dinámicas geopolíticas del continente americano.


Ad summam, ut Cicero aiebat

El Táchira en dos tiempos históricos no solo es una pieza historiográfica de primer orden, que invita a ser leída con la curiosidad de quien abre una ventana hacia sus propios orígenes, sino un homenaje vivo al magisterio y a la tradición intelectual de los Ferrero Tamayo. La Dra. Inés Ferrero Kellerhoff entrega a su tierra un instrumento de autoconocimiento indispensable: una obra que demuestra que el Táchira actual, con sus retos y fortalezas, es el resultado palpable de una prolongada lucha humana por domesticar la geografía, defender el derecho al suelo comunal y preservar la dignidad a través de los siglos.


Esta reseña fue publicada originalmente en la página web de digulgación histórica en Facebook, Retazos Históricos del Táchira, del Dr. Bernardo Zinguer, el 1 de septiembre de 2026.


lunes, 21 de agosto de 2023

Memoria de hallazgo: El escudo de B. Pío IX en Sabana Grande de La Grita (Estado Táchira) | Discovery Report: Pope B. Pius IX’s Coat of Arms in Sabana Grande, La Grita, Táchira State

 





Un "fósil cultural" del neobarroco y la historia de los Andes tachirenses


Cerca de La Grita, en la aldea de Sabana Grande, el maderamen con casetones del techo, sobrio pero elegante, que cubre el altar mayor de la Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, sede parroquial de la parroquia eclesiástica la Ascensión del Señor, resguarda una obra que desafía la norma de destrucción, alteración o modificación del patrimonio material tachirense. Este panel de madera tallada y policromada no es sólo un ornamento, sino un documento histórico de altísima precisión.


Con forma de escudo de cabeza de caballo (en italiano, scudo a testa di cavallo), el centro de la composición está dominado por el blasón del beato Pío IX (Giovanni Maria Mastai Ferretti), conocido comúnmente como Pío nono y pontífice entre 1846 y 1878. 

La pieza exhibe con claridad los atributos de la dignidad papal: la tiara, la férula con cruz pontificia, el báculo episcopal como Obispo de Roma y las llaves de San Pedro. El escudo, cuartelado, presenta la heráldica de la familia Mastai Ferretti, distinguida por dos leones rampantes coronados (linaje Mastai) y las bandas diagonales gules (rojas) y plata (blancas) características de los Ferretti, todo enmarcado en una cartela barroca de gran dinamismo. Flanqueando el escudo aparecen flores blancas (lirios, símbolos de pureza) y ramas de olivo (símbolo de la paz). El uso del azul cobalto (azur) de fondo simboliza la bóveda celeste sobre el sacrificio del altar, mientras que la orla perimetral de hojarasca y flores doradas demuestra la destreza de la ebanistería jaureguina de la época.

La presencia de estas armas en lo que fue una capilla rural de los Andes tachirenses, mucho antes de ser parroquial, se entiende como una filiación ultramontana (lealtad directa al Papa) en un siglo XIX convulso. Su colocación allí, hacia 1878 (año del fallecimiento del pontífice) o en una fecha anterior, coincide con hitos fundamentales de su papado:


El Dogma de la Inmaculada (1854): Impulsado por el B. Pío IX, reforzó canónicamente el fervor devocional colonial hacia la Inmaculada en el Táchira. De allí se explican los lirios que ornamentan el escudo.


El Syllabus Errorum (1864): En lo doctrinal, publicó una lista de 80 "errores" de la época, condenando el panteísmo, el naturalismo, el racionalismo, el socialismo y, crucialmente, la idea de modernidad vinculada al "progreso" y al liberalismo.


Concilio Vaticano I y fin de los Estados Pontificios (1869-1870): Convocó el primer concilio ecuménico en 300 años, donde se definió la Infalibilidad Papal. Con la creación del Estado italiano (1870) y la pérdida del milenario poder temporal, el B. Pío IX se declaró "prisionero" en el Vaticano.


Resistencia cultural: En un periodo de tensiones entre la Iglesia y el Estado liberal de Guzmán Blanco, destaca el hito regional de 1873: la expulsión y destierro del Obispo de Mérida y Maracaibo, Monseñor Juan Hilario Bosset, quien muere en su marcha hacia la frontera, cerca de La Grita. En este contexto, el escudo en el techo era una declaración de principios: la soberanía espiritual de Roma sobre la catolicidad de la montaña tachirense.


Excepción a la norma de destrucción

En el arte antiguo tachirense, esta obra en madera es una singularidad y, a su vez, un libro abierto para leer la historia regional y nacional. Mientras la mayoría del patrimonio sucumbió a los sismos (como el de 1875), a la humedad o al "repinte" modernizador del siglo XX y del presente, el artesonado de Sabana Grande ha mantenido su integridad. El ebanista probablemente trabajó con un grabado de papel traído de Europa o copiado de libros religiosos de la época.


La supervivencia del conjunto, a pesar de las remodelaciones que ha sufrido el templo, se explica por su ubicación periférica. Lo que el centro urbano "modernizó" y destruyó, la periferia lo conservó por aislamiento. Mientras las iglesias de centros principales (como San Cristóbal, San Antonio del Táchira, Lobatera y La Grita, entre otras) sufrieron constantes remodelaciones por poseer más recursos, la "marginalidad" geográfica de Sabana Grande actuó como un escudo protector. La escasez de fondos para "actualizar" al gusto o capricho del momento preservó lo antiguo; lo que fue carencia ayer, hoy es un tesoro de autenticidad.


Ante el escenario actual de una "modernización" que busca "dejar como nuevo" a costa de la destrucción del patrimonio cultural, antiguo y por ello irrepetible, Proyecto Experiencia Arte y Táchira Heritage, conscientes de su vulnerabilidad, dejan este registro fotográfico para que este valioso artesonado quede resguardado en la memoria de conexiones de nuestro pasado, sirviendo de consulta para la historia del arte regional del Táchira.






Fotografías: Colaboración académica con Proyecto Experiencia Arte y Táchira Heritage del seminarista diocesano Eduard Omaña (2026).



Este artículo se puede descargar en formato PDF, aquí:









viernes, 18 de agosto de 2023

Recetas de la cocina tradicional tachirense, las recetas de la nona junto al fogón | The Book of Traditional Tachirense Cuisine: A Cookbook with Older Styles for Modern Cooks


















Para descargar el libro: Tesoros de la cocina tradicional tachirense, las recetas de la nona junto al fogón [Traditional Tachiran  Cuisine: A Cookbook with Older Styles for Modern Cooks] accione, en la siguiente pantalla, el pequeño recuadro con flecha de salida que se encuentra en el extremo superior derecho:




Abrebocas... La cocina tradicional, aquella donde nuestras abuelas conjuraban los más deliciosos manjares; la de fogones de leña y de paredes ahumadas; de fragantes despensas y desordenadas alacenas, donde la abuela era regente y general de cinco estrellas, pues ordenaba y se hacía lo que ella decía, además de conocer al dedillo todo lo que allí se guardaba. Esa vieja cocina, que fue parte fundamental en nuestra crianza, otorgándonos la saludable gordura, en aquella época, para crecer sanos, fuertes e inteligentes, como era tradición, retorna del pasado al presente con esta obra.

En estos tiempos de globalización, de imitación, con la saturación mediática y de la moda de gourmet, la sociedad ya no recuerda la cocina tradicional de cada lugar. Cocina que está muy alejada de ser un apoyo y fomento para la moderna tendencia estética del palillo femenino y del súper fibroso masculino, donde sus protagonistas son, sólo, vegetales y proteínas. La cocina de la abuela, aquella que se transmitió de generación en generación, por aprendizaje directo o por tradición oral, hoy en día está relegada a eventos familiares muy puntuales, bien porque sus recetas requieren de dos elementos, por igual desaparecidos: tiempo y paciencia o porque son de alto contenido calórico o de grasas, haciendo que sean evitadas o consumidas con moderación.

Estas prácticas han permitido que el paso del tiempo haga de las suyas, y gran parte de esa tradición culinaria esté pasando al olvido. No obstante, siempre hay, en cada familia, alguien que acostumbra a escribirlo todo, a guardar fotos, enseñanzas, recuerdos, reseñas, obituarios y objetos simples pero rodeados de un valor íntimo. Y es una gran fortuna, pues es una manera de preservar la historia familiar y la misma historia de nuestras sociedades. Esa es una memoria a la cual los investigadores, muchas veces, no tienen acceso, por tratarse de historias particulares. En los Sánchez Sandoval, nos hemos encontrado con la imagen de una persona quien tomó ese rol en el tema culinario. La nona, la abuela, regente del fogón y la despensa, también se ocupó en preservar para las futuras generaciones las exquisitas recetas de la más rica y tradicional cocina tachirense.

Hoy podemos disfrutar y recrear cada una de las recetas que este libro comenta y a su vez convertirnos en testigos de la historia que envuelve cada plato. Con sus lecturas, podemos pasar, por un instante, de ser seres globales y tecnológicos para volver a ser los venezolanos que solíamos ser. Aquellos andinos aguerridos, respetuosos y trabajadores que paladeaban un cuarto de arepa, un trozo de cuajada envuelta en hojas de biao, y una sabrosa y caliente aguamiel. En lugar de comernos un rollo de sushi, degustemos por un momento, con todo el orgullo, un par de Indios. Si no tienen idea de lo que aquí converso, los invito a leer y releer esta obra. Que está de más decir, es producto del rescate y recopilación por parte de un excelente y meticuloso historiador, de esos buenos que le gusta divulgar la Historia, pues para eso suceden los hechos, para darlos a conocer y que no mueran en el olvido.

… Si se adentran en esta aventura gastronómica y recrean estás delicias, yo me ofrezco como sacrificada catadora. No se diga más, ¡A encender el fogón!


Gerente - Estudios de Diseño Gráfico "El Lar del Cuervo" (San Cristóbal) - ellardelcuervo@gmail.com
__________________



Retrato nupcial de Doña Maximiana Sandoval de Sánchez (1908-2004), la nona. La imagen captura el día de su boda en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, en Lobatera, el 9 de mayo de 1932. La toma original pertenece a Estudio Santos y Prato de San Cristóbal (1932). Crédito de la imagen: Santiago X. Sánchez M., 2023.



 

02.-01.-2.020

Este conterráneo no pierde la oportunidad de demostrar su genuino amor costumbrista, propio de quienes amamos nuestro solar nativo por encima de todas la cosas en la tierra que nos vio nacer. Todo lo que sea enaltecimiento de su Táchira y su querida Lobatera ocupa lugar de primacía en sus actividades y tendencias intelectuales. En este caso se ha dejado seducir por la cocina tachirense, y de modo especial por la cocina lobaterense, pero manteniendo en ese caso las tertulias culinarias junto al fogón y horno de la abuela Doña Maximiana Sandoval de Sánchez, quien con sus noventa y seis años se nos presenta como dice el poeta Rubén Darío: 'Novia blanca, más blanca que el lirio, frente pura, más pura que el cirio que ilumina el altar del Señor', en toda la pujanza d su juventud y de su soberbio atavío nupcial de los años 30. Parece que tanto Samir como su abuela no le hacen caso al poeta cuando dice: 'Juventud, divino tesoro—ya te vas para no volver;-cuando quiero llorar no lloro, y a veces lloro sin querer'. Los sentimientos especialmente emotivos los manifiesta el autor a quienes abren las primeras páginas del libro con una estupenda postal de la Plaza Bolívar de Lobatera presidida por la monumental iglesia de Nuestra señora de Chiquinquirá de Lobatera y la majestuosa Casa Parroquial. . El libro es una verdadera obra de arte, límpida y bellamente diagramado por Sigrid Márquez Poleo y embellecido por unas atrayentes fotografías del archivo particular del autor a todo color. Exalta en primer lugar la cocina tachirense, con sus hallacas, sus chicharrones, sus morcillas su turmada griteña, albóndigas a lo lobaterense, indios, Suspiros a las Mercedes, Mistelita o Champurria, Lonjetas o Lonjas Morunas, Pichón de Sangre de res, Quesillo Gacho o Gocho, Mantecada a la Lobaterense, Huevos Abotonados, , Pollo Empanado, Lonjetas o Lonjas Morunas, Perico de Sesos Molineros, Mantecadas a la Lobaterense, sus Casipiroletas, Pichones Molineros, su Pizca Negra sus Hojaldras, su Mistelita o Champurria, su Ponche de Plenilunio, sus Bledos en Perico, sus Morcillas, sus chicharrones. Pero como la tertulia culinaria transcurre junto al fogón y horno de la abuela, se hace hincapié específico en las especialidades auténticamente lobaterenses , como la Sopa de Galletas, los Envueltos, las Caspiroletas, el Bienmesabe, la Ensalada de Gallina, y otros principios. No contentos con este menú local, los artífices de los preparados remontan la cocina a otras latitudes apartadas más allá e las fronteras del Táchira, con la Polenta, las Tortillas de Papa, el Pollo empanado, pero tendiendo siempre a deleitar el paladar. Al pasar mis ojos por este libro debo recordar que en muchas oportunidades tuve el placer de deleitarme con estos platos. Efectivamente muchos sábados era invitado con mi mujer e hijos a la bella y tradicional casa del Dr. Luis Morales García, y su esposa doña Cristinita Velasco de Morales García. Mi Colega amaba tanto a Lobatera como yo amo a Santa Ana. Eran sábados magníficos cuando nos sentíamos más tachirenses así como más tachirense se siente el Doctor Samir A. Sánchez Sandoval al publicar este libro".

El Dr. José Joaquín Villamizar Molina, Cronista emérito de la ciudad de San Cristóbal, publicó esta reseña en su muro personal de la red social Facebbok en fecha 3 de enero de 2020. 




Un 1 de marzo, pero de1932, la Casa grande de las Sandoval en Lobatera fue testigo de un momento inolvidable. Ese día, mi nono Rafael Sánchez Bustamante hizo la petición formal de mano de mi nona, Maximiana Sandoval Zambrano, ante los bisabuelos, un paso lleno de tradición tachirense y amor, que ella siempre recordaba con especial cariño. Pocos meses después, el 9 de mayo de 1932, sellaron su unión en la vieja iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera. Con esta foto, traemos el recuerdo de esas costumbres de antaño, de su memoria y el legado familiar que nos dejaron. Sus historias son parte de nuestra esencia y nos inspiran cada día (Foto: Archivo Familia Sandoval Zambrano, 21 de febrero de 1988).



______________________


«Se il nono no fevele e i nevods no scoltin, si pierdi la memorie e no si à storie» (Si el nono no habla y los nietos no escuchan, se pierde la memoria y no hay historia)

Don Primo Pellizzari (1910-1982), nativo de Preone, provincia de Udine e inmigrante italiano en el Táchira


Más allá del libro: Los tesoros culinarios del Táchira que sobrevivieron en manos familiares


Adenda de recetas tradicionales: una colección de escritos culinarios recuperados a partir de fuentes familiares tras la aparición de Tesoros de la Cocina Tradicional Tachirense. La variedad estilística de estas preparaciones es el resultado directo de su preservación a través de transcripciones y copias manuscritas de la época.

Presentación

Tal como expuse en mi obra ya publicada, estas páginas no custodian secretos de la alta cocina ni exigen el uso de diccionarios para descifrar ingredientes sofisticados. La mesa de mi nona jamás precisó de ornamentos para alcanzar la excelencia, logrando elevar la sencillez de lo cotidiano a una experiencia sublime. Su maestría radicaba, por un lado, en una suerte de orden intuitivo: si un caldo resultaba denso o especialmente aromático, sabía acompañarlo con la bebida precisa para limpiar el paladar y disponerlo ante el plato principal. Por otro, su virtud residía en el respeto escrupuloso por el detalle: el orden riguroso, la calidad de un buen aceite, las hortalizas recién cosechadas, el tomillo o la albahaca cortados al rocío de la mañana y esa paciencia imperturbable que solo el afecto por los suyos es capaz de dictar.

En un tiempo presente que corre demasiado rápido y que ya casi no se detiene a escuchar la sabiduría de los mayores, este escrito nace como un acto de resistencia. Transcribo su memoria para que el sabor de nuestro hogar, y del hogar tachirense, no se desvanezca, y para que las futuras generaciones, en cualquier parte del plantea, sigan encontrando en estos platos el refugio de nuestra identidad y los sabores originarios de nuestra tierra.


Carne molida al estilo lobaterense (receta de la nona Maximiana Sandoval vda. de Sánchez):


"Se compra carne de lagarto de res, que no tenga mucha grasa, se le echa sal al gusto y se cocina durante 45 m o una hora [o en olla a presión por 20 m ó 30 m]. Luego esa carne cocinada se parte y corta en trozos pequeños para pasar por la máquina 'Corona' de moler carne. A parte, se prepara un poco de picadillo, en cuadritos pequeños, de pimentón rojo, cebolla junca, un diente de ajo bien triturado y se sazona con cominos y un toquecito de pimienta negra molida al gusto. Esta última, igual, al momento de cocinar la carne, la puede agregar pero en semilla o granos enteros para que suelten su sabor, y luego retiran esos granos al sacar la carne. Volviendo a lo anterior, todo esto, como dije, se pica bien y se sofríe un poco y luego se pone a cocinar conjuntamente con la carne ya molida para condimentarla. A esto se le va echando un poco de agua, se remueve para que no se queme o pegue, y se deja que merme, que se seque. Cuando la carne ya está bien seca, bien mezclada con el picadillo y bien cocinado éste, ya está lista y se retira del fogón, y se puede servir. Esta carne cocinada y molida es la misma que utilizo para hacer pasteles o empanadas, agregándole a estas últimas cuadritos de huevo cocido y algunas alcaparras. En ocasiones mezclo la carne molida con arroz seco para los hacer pasteles hechos con harina de trigo o de maíz". Nota al margen: Escrita el lunes, 15 de agosto de 1960, día de la Virgen de Consolación de Táriba.


Bollos (receta de la nona Maximiana Sandoval vda. de Sánchez):


"Ingredientes: Harina de maíz para la masa. Uno o dos dientes de ajo. Un kilo y medio de carne. Cominos. Un cuarto de kilo de tocino y un poco de sal. Un cuarto de kilo de garbanzos que se dejan en remojo y se cocinan el día anterior. Un cuarto de litro de aceite de comer. Un poco de alcaparras. Con todo eso se prepara el guiso de los bollos. La carne debe quedar picada bien finita (si se prefiere con carne molida, debe cocinarse primero y luego moler) junto con el tocino, y se le agrega el ajo bien triturado, un toque de cominos y el aceite de comer, y sal al gusto. Aparte, la masa de maíz se amasa muy bien con un poco de sal y más o menos un cuarto de kilo de manteca embijada. Luego, se toma un poco de masa y se hacen unos huecos con las manos, es decir, la forma que da el cuenco de la mano, y eso le da la figura cuadrada de los bollos. Se coloca dentro un poco de guiso y se le echa una o dos alcaparras. Se cierra el hueco con masa y el bollo queda listo para envolverlo en las hojas. A parte, se cortan y traen hojas de guineo del solar, o de La Vega donde Santiago, o de Zaragoza donde Rufino [terrenos que tenía la familia junto a la quebrada La Molina, en las inmediaciones de Lobatera], se les quita la vena, se soasan o pasan por candela para que queden más prácticas. En estas hojas se envuelven los bollos y se atan bien con pita o pavilo. Los bollos se dejan cocinar por espacio de dos horas y media, y se sirven. Muy buenos para el desayuno de los domingos y fiestas de guardar". Nota al margen: "Copiada el 14 de enero de 1939".

Encurtido a la lobaterense (receta de la nona Maximiana Sandoval vda. de Sánchez):

"Era un preparado de sabrosos vegetales que se sirvía junto a otras comidas y era muy socorrido para el almuerzo del Jueves Santo, el conocido como 'De los siete potajes', como un aperitivo o acompañamiento. El toque típico era el brote o la hoja tierna de la caña brava, muy abundante en los alrededores de Lobatera.

Ingredientes: Hojas o cogollos de caña brava verde y tierna, sayota o chayota, coliflor, lechosa verde, zanahoria, orégano, cilantro cimarrón, sal, aceite vegetal agua y vinagre blanco.

El tamaño de los vegetales puede ser al gusto, pero, preferiblemente, que los trozos no sean muy pequeños. Asimismo, se debe preparar con sal gruesa al gusto y vinagre de alta concentración [hace referencia al vinagre de alto grado de acidez (pH)].

Este tipo de encurtido [no fermentado] no es una conserva y de allí que su preparación es muy simple. La hoja tierna de la caña brava se deja en agua tres días antes de la preparación. Luego se hierven entre 15 y 20 minutos todos los vegetales en agua, sal al gusto, un poco de aceite y el vinagre. Las hojas aromáticas se deben colocar luego de cinco minutos de cocción. Una vez cocidos, se tapan y se dejan enfriar, quedando listo para guardar o servir. Si se guarda, se puede colocar en frascos de vidrio bien limpios con su respectiva tapa".

El Moscorrofio: Un dulce tradicional de Lobatera (receta de la nona Maximiana Sandoval vda. de Sánchez):

"Es un dulce casero y artesanal típico de Lobatera, que se distingue de la melcocha preparada directamente en los trapiches.

Su elaboración es la siguiente:

Preparación del caramelo: Se ponen a disolver trozos de panela (azúcar de caña en bloques) a fuego vivo con un poco de agua. Se hierve la mezcla hasta que alcance el punto de caramelo.

Aromatización: En este punto, se le añade ralladura de conchas de limón o naranja, un toque de canela y un toque de licor blanco o aguardiente aliñado para darle sabor.

Montado y amasado: Una vez fuera del fuego, se le agrega rápidamente un poco de bicarbonato de sodio. Se bate enérgicamente con una cuchara de madera hasta que se forma una pasta maleable.

Estirado y corte: Con las manos, se amasa bien la pasta y se estira hasta formar tiras largas. Estas tiras se cubren con un paño para que reposen. Finalmente, se parten en cuadritos para servir.

El origen del nombre: En Lobatera (Estado Táchira), la palabra "moscorrofio" se usa para describir algo muy feo, torcido o sin forma definida. De ahí proviene el nombre de este dulce, ya que su forma final es irregular y artesanal, no estandarizada".

Sopa de ​arroz y ​papa con ​lagarto de ​res​, al estilo lobaterense (receta de la nona Maximiana Sandoval vda. de Sánchez):


"​P​ara una sopa de arroz bien sustanciosa, el toque exacto está en cocinar la carne el tiempo suficiente para que quede muy tierna y suelte todo el sabor que necesita ​e​se caldo. Por eso, la misma es una sopa muy recomendada para los días fríos, lluviosos o de borrasca.

Ingredientes​:
Carne y ​el caldo d​e esa carne:
200 gramos de lagarto de res, cortado en ​t​rozos pequeños.
4-5 ​p​osillos de agua.
1/2 cebolla (en trozo grande), pimienta negra en grano y 1 rama de cilantro (entera), para cocer la carne (luego se retiran). 

Para el ​sofrito:
2 cucharadas de aceite (de oliva o vegetal).
1/4 de cebolla ​de cabeza blanca (o ​j​unca), picada finamente.
1 o 2 dientes de ajo, machacados o picados finamente.
1 tomate mediano, pelado y picado (o 1/4 taza de salsa de tomate).
1/2 cucharadita de comino (opcional).

​P​ara la sopa:
1/2 taza de arroz.
2 a 3 papas medianas, peladas y picadas en cuadritos muy finos (​son ​l​a base para espesar).
Sal y pimienta negra en grano, al gusto.
Cilantro o perejil fresco picado, para servir.

​Preparación

Cocinar y ​sa​z​onar la ​carne:
En una olla, colocar los ​t​rozos de lagarto de res, las 5 tazas de agua, el trozo de cebolla grande, los granos de pimienta negra y la ram​i​ta de cilantro.
Lleva​r a ebullición y luego baja​r el fuego. Cocina​r a fuego lento durante 30 a 45 minutos, o hasta que la carne esté a punto de ablandarse.
​Quitar o ​retira​r los granos de pimienta negra, el trozo de cebolla y la rama de cilantro. ​S​acar aparte la carne y el caldo.

Sofrito:
En la misma olla (o en otra), ​se calienta el aceite.
Sofr​e​ir la cebolla picada y el ajo por 3 minutos.
Añad​i​r el tomate picado y el comino. ​Dejar ​cocina​r por 5 minutos hasta que el tomate se haya deshecho.

​M​ezclar y ​cocer:
V​e​rter el caldo de res ​q​ue se apartó y los trozos de lagarto ​de res a la olla con el sofrito.
Agrega​r el arroz y la papa picada fina.
Sazona​r con sal.
Lleva a ​punto de ebullición y luego baja​r el fuego, a medio-bajo.

Terminar la ​sopa:
Cocina​r a fuego lento durante 15 a 20 minutos, o hasta que el arroz esté tierno y las papas se hayan deshecho parcialmente, espesando el caldo.
Pr​o​bar ​s​i la sal​ está en su punto. Si el caldo está demasiado espeso, ​deben añadir​le un poco más de agua caliente.
S​e​rvir inmediatamente, con ​una ramita o  toque presentable, por arriba, de cilantro fresco. Si lo desean, le pueden dar un toque de tomate rayado que le agregará un agradable aroma y un sabor cítrico a la sopa".

Huevos en perico con sofrito de cebolla y tomate​, al estilo lobaterense (receta de la nona Maximiana Sandoval vda. de Sánchez):

"Ingredientes: Debe tener a mano los siguientes ingredientes: 2-3 huevos por persona;1 tomate mediano, bien picadito (sin semillas puede ser, pero estas ayudan a que no quede tan líquido); 1/2 tallo de cebolla junca (o cebolleta/cebollín) o media cebolla de cabeza, blanca, picada finamente; 1 cucharada de aceite o de mantequilla para más sabor; Sal y una pizca de pimienta blanca 
(mas suave, menos picante); Un poco de cilantro fresco bien picadito.

Preparación: Pone a sofreír la cebolla y el tomate, pero primero caliente el aceite o la mantequilla en un perol o sartén a fuego medio. Agregue la cebolla picada y sofría hasta que esté transparente (entre unos 2-3 minutos más o menos). Luego, añada el tomate picadito y una pizca de sal. Prepare primero el sofrito dejando cocinar el tomate y la cebolla a fuego medio por unos 5 a 8 minutos, revolviendo ocasionalmente. Se busca que el tomate suelte su líquido y se reduzca, formando un sofrito espeso. La mezcla no debe quedar muy aguada. Aparte, mientras se cocina el sofrito, bata los huevos en una taza de cristal con sal y pimienta al gusto. Si usa cilantro, añádalo a los huevos batidos. Luego, vierta los huevos batidos sobre el sofrito de tomate y cebolla en el perol. Con paciencia, deje que el huevo comience a cuajarse un poco sin revolver. Luego, revuelva suavemente con una espátula o tenedor de madera hasta que los huevos estén cocidos a su gusto, pues siempre hay gente que prefiere que queden más secos y revueltos, y otras más jugosos y en trozos grandes. 

Así, ya están listos para servir a la mesa, en el desayuno, acompañados de cuartos de arepa de maiz amarillo pilado, chorizos fritos (el casero, el preparado en la casa con perniles de cochino, sal, papada, tripa soplada [de cochino o novillo], ajo, manteca embijada, pimienta negra, y secados en una cuerda al sol y conservados al humo del fogón u oreados), queso fresco o cuajada, y un buen café recien colado o chocolate".

La pasta rápida de la nona  (receta de la nona Maximiana Sandoval vda. de Sánchez):

Hay sabores que nos transportan directamente a la infancia, al calor de la casa grande de la nona (abuela, en el lenguaje familiar tachirense), a esas tardes de juego con la familia y amigos. Esta receta, que la nona preparaba de manera express con ingredientes muy básicos, por lo cual ella misma le decía con frecuencia “pasta boba”, era un verdadero tesoro familiar, reflejo del ingenio de la cocina criolla tachirense para improvisar un plato nutritivo y delicioso en un abrir y cerrar de ojos. No era solo comida; era un gesto de cariño que garantizaba que nadie se fuera de la casa o a la cama con el estómago vacío.

"Receta:

Rendimiento: 4 porciones. 
Tiempo de preparación: 5 minutos.
Tiempo de cocción: 10-15 minutos (tiempo de la pasta).

"Ingredientes

Para la pasta: 400 g de pasta corta (fusilli, penne o macarrones, o la de su elección); agua y sal para la cocción.

Para la salsa de atún (estilo rápido): 2 latas de atún en aceite o agua (bien escurrido y triturado, o desmenuzado); 4 a 6 cucharadas soperas de mayonesa (ajustar al gusto, para que quede cremosa); 1 cucharadita de mostaza (opcional, para el toque ácido); sal y pimienta negra recién molida, al gusto, y hojas de orégano secas. Se puede usar solo mostaza o pimienta, la que se prefiera, o ambas.

Preparación

Cocinar la pasta: Poner a hervir abundante agua en una olla mediana o grande con una pizca de sal. Cuando rompa el hervor, agregue la pasta de su elección. Cocinar hasta que esté al dente (firme pero cocida).

Preparar la salsa de atún rápida: Mientras la pasta se cocina, en una taza de cristal mediana, coloque el atún previamente escurrido y desmenuzado. Agrega la mayonesa y la cucharadita de mostaza (si decide usarla). Sazone con sal y la pimienta negra al gusto, y el orégano. Mezcle todos los ingredientes vigorosamente hasta obtener una salsa cremosa y homogénea. Pruebe y ajuste la sazón si es necesario.

Integrar y servir: Una vez que la pasta esté al dente, escúrrala inmediatamente. No la pase por agua fría, ya que el almidón ayuda a que la salsa se adhiera mejor. Regrese la pasta caliente a la taza. Vierta la salsa de atún, mayonesa y mostaza sobre la pasta. Revuelva suavemente hasta que toda la pasta esté bien cubierta con la salsa.

Servir: Sirva de inmediato. La temperatura tibia de la pasta ayuda a que la salsa fría se mezcle perfectamente y le da un toque reconfortante. Si prefieren, pueden añadir una pizca de queso parmesano rallado o perejil picado al momento de servir, todo es al gusto. 

Este plato se puede comer tanto caliente como frío (de allí que era especial para los nietos que pasaban el tiempo jugando sin preocupación de comer), tipo ensalada de pasta, si sobra".


Huevos ensombrerados (receta de la nona Maximiana Sandoval vda. de Sánchez)

Este es otro plato que nos transporta directamente a la cocina de nuestra infancia, donde la nona convertía lo simple en extraordinario. Esta no es solo una  receta de huevos rellenos; es un homenaje a la habilidad de las nonas tachirenses para crear platos rápidos, sabrosos y llenos de cariño.

Estos singulares Huevos ensombrerados, son la mejor prueba que el ingenio y el amor son los mejores ingredientes. Con una base muy sencilla de huevo, atún, mayonesa y una pizca de pimienta blanca, la nona elaboraba un relleno cremoso que coronaba con la misma tapa de clara, presentándolos elegantemente "de pie" en el plato.

Eran su solución perfecta para una comida rápida o una cena ligera. Eran un pequeño manjar casero, coronado con un "sombrero" que convertía un sencillo huevo en una obra de arte culinaria. ¡Una delicia inolvidable de la cocina familiar!

Ingredientes

Huevos: La cantidad que desee preparar (generalmente se calculan 1-2 por persona, dependiendo del tamaño de los mismos y si es entrante o plato principal).

Atún en conserva: En aceite o al natural, bien escurrido.

Mayonesa: Cantidad al gusto para mezclar y darle cremosidad al relleno.

Yemas de huevo cocidas: Las propias de los huevos que se rellenaran.

Pimienta negra molida: Al gusto.

Mostaza: Si se prefiere como un toque extra, y al gusto.

Sal (opcional en caso que el atún y la mayonesa no sean ya suficientemente salados).

Un poco de aceite, mejor de oliva, para la base. Es algo opcional, si necesita estabilizar más el huevo en el plato.

Elaboración

Cocer los huevos: Cocer los huevos en agua hirviendo durante unos 10-12 minutos. Pasar inmediatamente por agua bien fría (o con hielo) para detener la cocción y que sean más fáciles de pelar. Pelar con cuidado una vez fríos.

Preparar las claras "Ensombreradas":

El Sombrero: Para hacer la forma de un sombrero, con un cuchillo afilado, corte cuidadosamente la parte superior del huevo (la punta más estrecha), a modo de "sombrero" o "tapa". Retire esta parte y consérvela aparte.

Estabilizar la base: La presentación de un plato, por muy sencillo que sea, siempre es importante. Así, para que el huevo se mantenga "de pie", corte una rebanada muy fina de la base inferior del huevo (la punta más ancha) para que quede plano y estable. Tenga cuidado de no cortar demasiado para que no se salga el relleno.

Extraer la yema: Con cuidado, y ayudándose de una cucharita, retire toda la yema cocida a través de la abertura superior. Deje la clara vacía (el "vasito") lista para rellenar.

Preparar el relleno: En una taza de vidrio pequeña, desmenuce las yemas cocidas que ha retirado, con un tenedor. Añada el atún bien escurrido y desmenuzadito. Agregue la mayonesa. Empiece con unas 2-3 cucharadas grandes por cada 4 huevos y añada más hasta obtener una especie de crema suave y homogénea, pero lo suficientemente firme como para sostenerse. Sazone con pimienta negra molida y pruebe y rectifique de sal si es necesario. 

Rellenar y ensombrerar: Con una cucharita o una manga pastelera (si quiere un acabado más presentable o fino), rellene las claras de huevo vacías con la mezcla de atún y mayonesa. Rellene hasta que la mezcla sobresalga ligeramente. Coloque con delicadeza la "tapa" de clara de huevo (el sombrero) sobre el relleno. Sirva los huevos de pie, si es necesario, puede poner una gota de mayonesa o un poco de la mezcla de relleno en la base para "pegarlos" al plato y que no se tambaleen. 

Y ya están listos de servir a la mesa".


Calabacines rellenos al estilo lobaterense 
(receta de la nona Maximiana Sandoval vda. de Sánchez)

Una receta sencilla y de la tierra, perfecta para el domingo. Y, como decía la nona: La paciencia es el mejor condimento.

“Ingredientes: Para empezar, tome cuatro calabacines de buen tamaño. Necesita unos trescientos a cuatrocientos gramos de carne molida (la mejor que encuentres en la carnicería, y preferible que compre la carne y la muela usted misma). Para el corazón del relleno, saque dos huevos, que haremos duros, y esas dos o tres cucharadas de alcaparras bien escurridas. Si quiere hacerlo más sustancioso, aparta un puñado pequeño de arroz.

Para el sofrito, hace falta una cebolla de cabeza pequeña y un diente de ajo. Y no olvidar la salsa de tomate simple que preparamos previamente o que ya tenemos guardada de otra ocasión: un poco para el relleno y otra cantidad para la base de la fuente.

En cuanto a los ingredientes primeros, un buen aceite de oliva para el sofrito, y por supuesto, sal y pimienta negra para darle vida a la carne. Por último, un poco de queso rallado. A mi me gusta el parmesano, o el que tengan a mano, y unas hojitas de perejil fresco, eso siempre ayuda.

Elaboración: Se vacían los calabacines, los cuales son lavados y cortados a la mitad, a lo largo, previamente. Con una cuchara, se saca la pulpa suavemente, como si estuvieras ahuecando un barco. Deje las paredes firmes, como de casi un centímetro. ¡Esa pulpa no se tira! Se pica muy finita y se guarda. Es el alma del relleno. 

El huevo y el arroz, de ellos se ponen cocer primero esos huevos hasta que estén bien duros. Si se usa arroz, ponga un puñado pequeño al agua hirviendo, y le puede echar una pizca de sal su le gusta. Que quede al dente, un poco durito, que el horno hará el resto. Escurre y reserva ambos. Pique el huevo duro. 

El relleno comienza con la preparación del sofrito. En una buena sartén, ponga un buen chorro de aceite de oliva. Sofría la cebolla y el ajo picados, a fuego suave. Que se vuelvan transparentes y huelan de forma agradable. 

A parte, vaya cocinando la pulpa del calabacín, picada. Déjela que se ablande, que suelte el agua y se cocine. Ahora sí, ponga la carne molida y desmenúcela con el cucharón. Póngale sal y pimienta. Si no la ha cocinado antes de molerla, dele tiempo a que tome color y a que se seque un poquito.

Para armar el relleno, retire la sartén del fuego y mezcle en una vasija grande la carne cocida, el huevo duro picado y las alcaparras escurridas. Si usa arroz, póngalo ahora. 

El toque especial está en el jugo. Échele dos o tres cucharadas de la salsa de tomate simple, solo para humedecer, y luego el perejil picado. ¡Y pruebe! Si le falta sal, le pone. Si le falta amor, le pone. Igual debe calentar el horno a 180 grados. ¡Que esté bien caliente! 

En la vasija o fuente que va a utilizar para el horno, coloque un poquito de la salsa de tomate que preparó, en el fondo. Así el calabacín no se pega. Luego, rellene esos barquitos de calabacín con hasta arriba, que quede bien abundante, como si la nona le estuviera sirviendo. De allí, directo a gratinar, colocándolos en la fuente. 

Si usa queso rallado, espolvoree generosamente por encima. Y aquí es donde aparece la paciencia: llévelos al horno por unos 30 a 40 minutos. Sabrá que están listos cuando el calabacín esté suave (pínchelo) y el queso esté dorado y burbujeante. Acostumbra a servirlo siempre caliente, con una sonrisa. Porque la comida de la nona se come con el alma, no solo con la boca y. ¡Buen provecho, mija!”


Tortillas de arroz al estilo lobaterense 
(receta de la nona Maximiana Sandoval vda. de Sánchez)

"Preste mucha atención, que esto es tan fácil que se lo graba con una sola vez que lo haga y la saca de apuros en cualquier momento.

Ingredientes (Lo que tenemos a mano):

Arroz cocinado: La cantidad que te haya sobrado (un buen tazón, digamos unas 2 tazas). Es mejor si está frío.

Huevos: Dos buenos huevos. Son el pegamento, mi cielo.

Harina de trigo: Unas 3 o 4 cucharadas. Esto le da cuerpo a la mezcla.

Pimienta blanca molida: Un toquecito, una pizca. Sazón como siempre digo, con cariño.

Sal: Al gusto, no se vaya a pasar.

Aceite vegetal: Suficiente para que le cubra un dedo en la sartén para freír.

Preparación:

El primer revuelto: Agarre una taza grande, de esos donde cabe todo sin problemas. Primero, rompa los dos huevos y bátalos con un tenedor hasta que estén espumosos. Añada la harina de trigo, la pizca de pimienta blanca y la sal. Mezcle bien para que no te queden grumos de harina. Es opcional echarle un puñadito de perejil fresco picado (le da un color lindo y fresco), o bien, unas 2 o 3 cucharadas de queso rallado (Parmesano o cualquier queso sabroso que tengas. Esto las hace más crujientes).

El arroz: Ahora sí, el arroz. Agregue el arroz cocinado a la mezcla de huevo y harina. Revuelva con una cuchara de madera o espátula. No bata con fuerza, solo mezcla hasta que cada granito de arroz esté cubierto con la mezcla de huevo, como si le hubieras puesto un abriguito. La mezcla debe quedar densa y que pueda manipularla. (Si ve que queda muy líquida, le echa otra cucharada de harina, pero no más. ¡Ojo!).

A calentar el aceite: El secreto es el aceite bien caliente. Si el aceite está frío, la tortilla te va a chupar todo el aceite y no las queremos grasosa. Ponga a calentar el aceite en una sartén a fuego medio-alto. Sabe que está listo cuando, al echar una gotita de la mezcla porque burbujea inmediatamente.

Para freír las tortillas: Con una cuchara, vaya echando porciones de la mezcla en el aceite. No la haga muy gordas, para que se cocinen bien por dentro y le queden doraditas. Use una cuchara sopera o un cucharón para ir formando las tortillitas en la sartén. Aplástelas un poquito si quedan muy gruesas. Fría por un lado hasta que estén bien doradas (unos 2-3 minutos). Con cuidado, dele la vuelta con una espátula para que se doren del otro lado.

El escurrido final: Este es el paso más importante: no queremos que naden en aceite. ¡Escurrir es la clave! Saque las tortillas fritas y colóquelas sobre un plato cubierto con papel de cocina absorbente (o una servilleta gruesa). Déjelas allí un minuto para que suelten el exceso de aceite.

¡A Comer! y sírvalas calientes. Si quiere, las puede comer así, o con un poco de queso rallado por encima si le gusta".


Chicharrones (receta de la nona Maximiana Sandoval vda. de Sánchez)

En esta receta se fusiona el saber hacer, propio de la nona, con la técnica tradicional compartida en Lobatera. Un método de cocción lento y preciso basado en el aprovechamiento absoluto, donde el tocino se cocina primero en agua para ablandarse y luego se fríe en su propia manteca natural. El resultado es un tesoro crujiente para disfrutar en familia y recordar nuestras raíces y esencia tachirense.

Ingredientes:

Tocino fresco de cochino: con su empella o manteca y piel (que se convertirá en garra).

Agua fría: sólo la cantidad necesaria para cubrir escasamente el fondo del perol.

Sal: al gusto (añadida durante la cocción).

Paso a paso:

Cortado: corte el tocino junto con la empella o manteca en trozos regulares, casi cuadrados. Es importante que no sean ni muy grandes ni muy pequeños, garantizando así que todos se cocinen al mismo tiempo de manera pareja.

El inicio en el perol: prepare un perol alto o grande. Añada un poquito de agua fría, lo justo para cubrir escasamente el fondo. Esto evitará que el tocino se pegue al principio y ayudará a que se ablande con el vapor inicial. Coloque la manteca y el tocino picado dentro.

Cocción a fuego lento: lleve el perol a fuego lento. Deje que todo se vaya haciendo poco a poco, sin prisa. Mueve la preparación de vez en cuando con una cuchara de madera para asegurar una cocción uniforme y evitar que los trozos se adhieran al fondo.

El punto de sal: durante este proceso de cocción lenta, añada sal al gusto. Al integrarse mientras el tocino suelta sus jugos, los chicharrones absorberán el sabor de forma pareja.

La fritura natural: el tiempo total dependerá de la cantidad de manteca que tenga el tocino. Verá que el agua se va por completo y el perol se llena de la propia manteca líquida que se va derritiendo. El tocino comenzará a freírse en su propia grasa. La cocción termina cuando los chicharrones se reduzcan y queden perfectamente tostados y crujientes.

El escurrido: al estar listos, retire los chicharrones con cuidado y colóquelos inmediatamente en un colador grande para que escurran todo el exceso de grasa. Pasados unos minutos, llévelos a un plato. ¡Ya están listos para comer solos y disfrutar en caliente!

Un segundo tesoro de la nona: La manteca para otros usos en la cocina

La manteca líquida que sobra en el perol es oro líquido para la cocina. No la bote, espere a que se enfríe un poco, cuélela con cuidado para retirar cualquier residuo y guárdeela en un recipiente limpio. Déjela reposar hasta que cuaje. Le servirá para dar un sabor especial a futuros guisos, sofritos o masas condimentadas, en especial con bija para la masa de las hallacas y bollos".

Dulce de ​calostros (receta de la nona Maximiana Sandoval vda. de Sánchez)

​Este postre es una muestra representativa de la repostería ​tachirense t​radicional de antaño, profundamente ligado a la vida cotidiana de las casas de campo en las aldeas de Lobatera, así como a las grandes casonas del pueblo que contaban con solar posterior o corral suficiente para mantener una vaca familiar​, encerrada entre tapiales y tejas. Al depender estrictamente de la disponibilidad inmediata de la primera leche tras el parto del animal​,​ un insumo tan preciado como efímero, su preparación era un acontecimiento de ocasión que convocaba a la familia alrededor del fogón para aprovechar la riqueza nutricional del calostro y transformarla en un dulce sencillo, gratificante y cargado de tradición.

"Ingredientes

1 litro de calostro (primera leche de vaca recién parida) [Nota al margen del manuscrito: Se debe tener en cuenta que de 1 litro de leche de calostro, al mermar, la cantidad de dulce no es mucha, Si se quiere más deben hacerse más litros].
Concha de 1 limón (únicamente la piel verde/amarilla, sin la parte blanca para evitar el amargor)
1 ​t​rocito de canela en rama para darle un buen aroma y equilibrar tanto el dulzor como el graso del calostro.
5 a 6 cucharadas de azúcar
Canela en polvo (al gusto, para decorar al servir)

Preparación

Filtrado y mezcla inicial:
Cuel​e el litro de calostro en una olla mediana. Agreg​​ue la concha de limón (asegurándo​se de haber retirado toda la pulpa y la parte blanca interior, así la concha aromatizará la mezcla y quita el olor fuerte o concentrado propio de la leche de vaca recién parida), ​e​l trocito de canela en rama y las cucharadas de azúcar que endulzará y le dará cuerpo al calostro.

Cocción a fuego medio:

Lleva la olla a fuego medio. Remuev​a de manera continua y suave con una cuchara de madera para evitar que la mezcla se pegue en el fondo.

Cuajado y separación:

A medida que la leche caliente comience a tomar temperatura se cortará y empezará a formarse grumos de forma gradual, y la mezcla irá espesando. Una vez que rompa a hervir, cocin​e durante unos minutos hasta observar que el suero se separa claramente de los grumos suavemente cortados.

Retirado de aromas y enfriado:

Retir​e la olla del fuego. Extra​i​ga con cuidado la concha de limón y la rama de canela. Deja reposar la preparación a temperatura ambiente hasta que se enfríe por completo.

Presentación:

Sirve en ​platicos dulcer​os individuales o en un recipiente de presentación y espolvore​e generosamente con canela molida por encima, pues esto le dará al dulce un golpe de aroma fresco al servir".


Galletas "María" de la Nona o Galletas de Puntal (receta de la nona Maximiana Sandoval vda. de Sánchez)



Aunque la nona solía llamarlas "galletas de puntal", porque las preparaba para la merienda de las cuatro de la tarde, junto a unas galletas de coco crujientes de las que lamentablemente no se conservó la receta, entre los nietos siempre las conocimos como las "galletas María de la nona". Las rebautizamos así por su inconfundible parecido con las populares galletas comerciales que vendían en las bodegas de esquina.

Aquella costumbre formaba parte de la entrañable tradición del puntal en la antigua familia tachirense: una pausa en la tarde (4 pm) donde los adultos conversaban y disfrutaban de un café con pan, un chocolate caliente o una caspiroleta con galletas de soda y queso, mientras que a los niños, en medio de sus juegos, se nos ofrecían estas galletas acompañadas de aguamiel, una malta o leche caliente.

"Ingredientes (para 15-20 galletas)

Harina de trigo de todo uso: 250 g

Azúcar: 100 g (más un poco extra para espolvorear)

Aceite de comer: 75 ml

Huevo: 1 grande

Levadura (polvo de hornear): 1 cucharadita (5 g)

Ralladura de limón: de 1/2 limón (o una pizca de esencia de vainilla)

Una pizca de sal

Preparación

Mezclar en un bol grande, batiendo el huevo junto con el azúcar hasta que blanquee. Echarle el aceite y la ralladura de limón hasta integrarlos por completo.

Añadir, tamizada la harina, la levadura y la pizca de sal sobre la mezcla. Mezcle con una espátula de madera y luego amase brevemente con las manos hasta obtener una masa suave que no se pegue.

Para el eeposo, forme una bola, cúbrala con un papel transparente y déjala reposar en la nevera durante 20 minutos.

Formar las galletas: Precaliente el horno a 180 °C. Estire la masa con un rodillo hasta dejar un grosor deseable (que no pase de 0,8 cm). Corte los círculos para darle la forma tradicional.

Colóquelas en una bandeja cubierta con papel y espolvoree un poco de azúcar en grano sobre la superficie de cada galleta antes de hornear.

Horneado: A 180 °C durante 12-15 minutos, o hasta que los bordes y la superficie muestren ese dorado tan apetecible. Déjelas enfriar por completo para que queden totalmente crujientes.

Nota: Del horno de leña al horno de casa

La nona horneaba estas galletas en un horno de leña tradicional, de esos antiguos donde también se cocinaba el pan de la casa, en Lobatera. Aunque la magia del fuego de barro y el calor de las brasas les daba un toque ahumado e inigualable difícil de replicar con exactitud en la cocina moderna, se adaptan perfectamente al horno convencional colocándolas a media altura y, si se desea un extra de dorado crujiente, activando el gratinador en el último minuto de cocción.

El secreto de conservación de la nona

Como bien hacía la nona, el truco infalible para que estas galletas se mantengan súper crujientes durante semanas es guardarlas en una lata metálica bien cerrada una vez que se hayan enfriado por completo. La lata de metal protege las galletas de la humedad del ambiente y conserva intacto el aroma y ese sabor casero del primer día".




La mesa está servida
Henri Matisse (1869-1954)
Óleo sobre lienzo
1897
100 x 131 cm
Colección particular
Reproducción con fines didácticos




Colores del pasado/Colours of the Past. La nona, Doña Maximiana Sandoval Zambrano de Sánchez Bustamante (Lobatera, 1908 - San Cristóbal, 2004), de negro, teniendo en brazos a su hijo Julio Abdón Sánchez Sandoval (San Cristóbal, 1936 - San Cristóbal, 1944). A la izquierda, su hermana Ana Paula Sandoval Zambrano (Lobatera, 1905 - Lobatera, 1978), y en el centro los niños Leonisa Sánchez Chacón (San Cristóbal, 1927 - Caracas, 1979) y Luis Alfonso Sánchez Sandoval (San Cristóbal, 1934 - San Cristóbal, 2019). Foto tomada el 24 de septiembre de 1938, en los jardines de la casa grande o casona solariega de las Sandoval (construida en 1875 y desaparecida en 1997), en Lobatera (Estado Táchira). Coloreada y restaurada por Bernardo Zinguer/MyHeritage, 2020.





Testimonios de una época y de una tradición tachirense... Fragmento de la receta de las hallacas tachirenses, como eran preparadas por la familia Sandoval en Lobatera, heredada por generaciones. Transcripción de la señora Omaira Chacón Sandoval, hija de la maestra Tulia Elena Sandoval Mora de Chacón, sobrina-nieta y sobrina repectivamente de Doña Maximiana Sandoval vda. de Sánchez (enviada desde Quito, Ecuador, 2025).



© Proyecto Experiencia Arte / Experience Art Project 2012-2023. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de las fotografías pertenecen a cada fotógrafo, grupo o institución mencionada.