lunes, 21 de abril de 2014

Cementerios de San Cristóbal, San Juan de Colón y Lobatera, arte y arquitectura en monumentos del olvido | Monuments into Oblivious: Art and Architecture that fade away in Old Tachiran Burial Places










Καθάπερ οὖν αὐτὸ τυγχάνει ζῷον ἀίδιον ὄν, καὶ τόδε τὸ πᾶν οὕτως εἰς δύναμιν ἐπεχείρησε τοιοῦτον ἀποτελεῖν. Ἡ μὲν οὖν τοῦ ζῴου φύσις ἐτύγχανεν οὖσα αἰώνιος, καὶ τοῦτο μὲν δὴ τῷ γεννητῷ παντελῶς προσάπτειν οὐκ ἦν δυνατόν· εἰκὼ δ᾽ ἐπενόει κινητόν τινα αἰῶνος ποιῆσαι, καὶ διακοσμῶν ἅμα οὐρανὸν ποιεῖ μένοντος αἰῶνος ἐν ἑνὶ κατ᾽ ἀριθμὸν ἰοῦσαν αἰώνιον εἰκόνα, τοῦτον ὃν δὴ χρόνον ὠνομάκαμεν.


El tiempo, Cronos, es la imagen móvil de la eternidad (Platón, Timeo, 37d).




Memento homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris 

Vuela polvo de ser en deterioro
-rúbrica de la muerte en cada cosa-
cuna y sepulcro, en botón de rosa
y en el deseo, corrupción de oro.


La raíz de la vida, sin desdoro,
se hunde en la tierra fresca de la fosa;
cenizas de pasión, bajo la losa
y el cristal del placer se quiebra en lloro.




«Pulvis es...» soneto de José Francisco Pagola Legarreta
(maestro y poeta, Bearin/Navarra 1922 – San Cristóbal 2003)
 









In Memoriam
 
A mi abuela paterna Doña Maximiana Sandoval vda. de Sánchez -la Nona- (Lobatera, 1908 – San Cristóbal, 2004). Ella me transmitió la pasión por el arte. De niño y tomado de su mano, en un lento caminar, y junto al relato de vetustas historias que guardaba en su memoria, me iba explicando la belleza sustraída a la fría piedra, en las esculturas del antiguo cementerio de San Cristóbal.





Antiguos cementerios tachirenses: colina de las almas, del arte y del patrimonio


Las imponentes muestras de la arquitectura de la «muerte», en el Estado Táchira, sólo son comprensibles a partir de la episteme de las ideas y creencias que forjaron el diario quehacer de sus antiguas sociedades.




Tres constantes marcaron el ritmo de la vida en las ciudades y pueblos de su geografía: una plaza donde ir al encuentro; una iglesia donde elevar las plegarias al cielo, y un cementerio donde recordar lo finito o efímero de la existencia y la dimensión infinita de la muerte.




Plaza, iglesia y cementerio, se nos re-presentan como los lugares que forjaron y configuraron nuestra esencia como pueblo, en sus entramadas dimensiones de trabajo, oración y eternidad. Verdaderas síntesis del espíritu de una época, dan testimonio del esfuerzo humano por asumir valores universales y objetivos que cada generación debe reinterpretar.





Sobre los planos de ese espíritu, cualquier recorrido por los antiguos cementerios del Estado Táchira, surgidos entre los siglos XIX y XX, resulta en una aventura del pensamiento hacia los inmensos espacios de la memoria, de las artes y de un patrimonio que se subsume en su identidad.




No en vano, esculturas, bóvedas, túmulos, tumbas, panteones o losas con epitafios y epígrafes, que señalan un marcado contraste entre la luz y el color diluidos en una pátina de antigüedad, desafían por sí solos el tiempo, en un intento por mantenerse enhiestos como testimonio silente y desconocido de lo que fue el arte, los estilos y el ingenio creador de épocas pasadas.




Sin embargo, no pueden escapar al hecho que se da cuando, al irse sucediendo la desaparición de las últimas manos de las personas que, por lazos de sangre o del afecto, cuidaron de ellas, se va diluyendo a su vez la conservación de lo edificado y el recuerdo de quienes allí reposan, en un sueño eterno.




Así, mármol y piedra entran en un lento pero efectivo proceso de desintegración y destrucción que finaliza en una damnatio memoriæ, una condena de la memoria que convierte a personas y obras, en sólo ruinas de un monumento al olvido.




Esto, a su vez, nos posiciona frente a otra realidad: la sabiduría y el sobrio arte de antiguos sistemas de construcción y de concebir el arte, memoria tangible dejada por anónimos alarifes y artífices, se está perdiendo. El tiempo y la indiferencia, que los destruye todo, deshace las viejas sepulturas transformándolas en ruinas y arena.




Por igual, y unidas o vinculadas con algunas tumbas o sepulturas, también corren paralelas vivencias de dimensiones muy humanas. Las mismas reaparecen al ser sacadas del olvido, extraídas de una memoria que se perdió en el momento cuando aquellos relatos que contaban nuestras abuelas -la nona en el sentido más tachirense de la expresión- junto al fogón, dejaron de contarse, perdiéndose con ello parte importante de lo que fue el acervo de una etapa valiosa y creativa de nuestra historia urbana y rural.



En los siglos XIX y XX, anónimos alarifes, escultores y pintores trabajaron, con paciencia artesanal, para legar su creatividad.



En el siglo XXI y desde la continua labor por documentar nuestros orígenes identitarios, Proyecto Experiencia Arte (Proyecto ExpArt), trabajó –en los tres cementerios estudiados- por presentar al lector avezado o principiante, imágenes y textos que le permitan un contacto cognitivo virtual o real con esa herencia o patrimonio cultural universal, para revalorizar su perentoria conservación o documentar la extinción de sus últimas huellas.




Esta es al fin entrada obligatoria/que conduce al Infierno o a la Gloria. Sugestiva inscripción a la entrada de un cementerio del siglo XIX (Foto: Samir Sánchez, 2013, Cementerio de Begoña/Begoñako Hilerria, Bilbao, Euskadi/País Vasco).


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Cementerio Municipal de San Cristóbal (antiguo Cementerio de San Lázaro, de 1857)





 

Una colina para el mármol
Cementerio Municipal de San Cristóbal (antiguo Cementerio de San Lázaro)
11 de marzo de 2015
Foto: Sigrid Márquez Poleo, 2015


 
Entrada principal: esquina del cruce de la calle 16 con carrera 2, del barrio La Ermita, en San Cristóbal. Abierto de 6:00 am a 6:00 pm, toda la semana.


Construido en el siglo XIX, fue bendecido por el P. Manuel María Lizardo el 1ero de mayo de 1857 con autorización del Obispo de Mérida de Maracaibo, Mons. Juan Hilario Boset (Libro de Gobierno de la Parroquia eclesiástica de San Juan Bautista/La Ermita, N° 1, p. 27) y le fue dado el nombre de Cementerio de San Lázaro 


Su diseño seguía una tendencia academicista, neoclásica, de división ortogonal por calles, cuarteles y con templete central para la cruz mayor. 


El cementerio -actual Cementerio Municipal- se extiende sobre una explanada, en la antigua entrada principal de la ciudad, en el lugar donde se encontraban el camino de la Frontera con el camino del Norte o de Táriba, al cruzar las barrancas de la quebrada La Parada.



En cuanto al primer cementerio o campo santo que tuvo la Villa de San Cristóbal, se localizó en dos solares, junto a la Iglesia Matriz (en la actualidad Iglesia Catedral, en el lugar donde se encuentran las edificaciones del Palacio Episcopal y de la sede del Diario Católico), permaneciendo en uso desde el siglo XVI hasta fines del siglo XVIII, cuando por real decreto de Carlos III y por razones de salubridad pública de la época de la Ilustración, se ordenó sacar los cementerios de los centros poblados, hacia sus afueras. 



Plano de San Cristóbal, 1883. Archivo Histórico de la Municipalidad de San Cristóbal. El espacio identificado con la letra I, era el ocupado por el 'Cementerio de la Ermita' o 'Cementerio viejo', según la leyenda del plano. La letra L, marca el espacio del actual cementerio municipal o 'Cementerio de San Lázaro' y la letra LL, el espacio de la alameda de entrada. Junto a la letra B, que identifica el espacio de la Iglesia Matriz de San Cristóbal (frente a la Plaza Bolívar, antigua Plaza Mayor, e identificada con la letra A), se encontraba el el primer cementerio de la ciudad, en el siglo XVI. Foto: Luis Hernández Contreras, 2016.

En consecuencia, se inauguró uno nuevo, el conocido como “Cementerio de la Ermita” (según plano de la ciudad, de 1883), en una cuadra o manzana (conformada por las actuales calles 11 y 12 con carreras 2 y 3) del sitio de La Ermita. Este funcionó hasta 1857 cuando se clausura, por haber llegado a su capacidad máxima y haberse urbanizado sus alrededores, por representar esa área el ensanche de la ciudad.

 


El Cementerio Municipal de San Cristóbal o Cementerio de San Lázaro (1857), en la actualidad, continúa en funcionamiento y se encuentra en pleno centro de la urbe, como verdadera maqueta a escala de la ciudad de los que continúan vivos, reproduciendo los problemas de ésta: anarquía constructiva, negación ante cualquier sentido de orden espacial, de armonía, de convivencia con la naturaleza o de equilibrio visual de estilos constructivos.





Imagen satelital en ortofotografía con el plano general, alameda de ingreso, portal neocolonial y capilla, del Cementerio Municipal de la ciudad de San Cristóbal (Estado Táchira - Venezuela). Altimetría de captura de imagen: 1.300 m sobre el relieve urbano. Foto: Google earth para la Educación 2013. Reproducción con fines didácticos.



El cementerio municipal o de San Lázaro, se amplió hacia el norte en 1891, cuando se construyó el actual edículo de la cruz mayor. Posteriormente, junto al muro de cerramiento occidental, fue cercada un área para el enterramiento de los no católicos y suicidas, a la cual el común la denominó el «cementerio de los protestantes». Este espacio desapareció hacia 1930. En cuanto a la alameda de la entrada principal del cementerio, si bien su espacio data de 1857, su arborización fue realizada en 1901, y surg a partir de la iniciativa en 1882 de Don Arístides Garbiras.



Antigua entrada principal y alameda del Cementerio Municipal de San Cristóbal. Se observan por igual, los trabajos de empedrado de la calle, en la carrera 2. En 1936, se refaccionaron las pilastras y el enrejado, y se reubicó la entrada principal en la esquina donde convergen la carrera 2 con la calle 16. Todo, según el modelo arquitectónico y ornamental elaborado por Don Jesús Manrique (Foto: Rafael Vicente Dulcey, 1930).

 

La actual fachada, arco y portal de entrada, dependencias y capilla, con su característica techumbre interior, trapecial, de armadura con faldones y almizates al estilo mudéjar, son el resultado de las reformas hechas entre 1944 y 1945, según el diseño en un estilo neocolonial, del arquitecto Cipriano J. Domínguez (1904-1995), autor -entre otras importantes obras- del diseño del Centro Simón Bolívar con las conocidas  "Torres de El Silencio", en la ciudad de Caracas.

 


Fachada y arco de la entrada principal al Cementerio Municipal de San Cristóbal, diseño en un revival del arte colonial hispanoamericano, obra del arquitecto Cipriano J. Domínguez (1904-1995), realizado entre 1944 y 1945 (Foto: Fototeca del Táchira, 2011. Reproducción con fines didácticos).


 
En 1961, la comunidad hebrea de San Cristóbal adquirió un espacio para su Beit Almin, en el ángulo más occidental del cementerio municipal el cual, con murallas artísticamente trabajadas en piedra natural, guarda las respectivas tumbas y lápidas, como monumentos en forma de estelas -en piedra tallada- con la estrella de David y/o la menorah presidiendo sus epígrafes y con una orientación prescriptiva, en sentido oeste-este. 



Interior del Cementerio de la Comunidad Hebrea de San Cristóbal, el Beit Almin (en castellano, la Casa de la Eternidad). Foto: Bernardo Zinguer, 2015, reproducción con fines didácticos.


En el Cementerio Municipal de la ciudad de San Cristóbal, no se conservaron tumbas o sepultura originales del siglo XIX, por cuanto prevaleció el criterio de demolición y reedificación sobre los mismos cimientos. La lápida más antigua data de 1884 y la única tumba conservada íntegra (con túmulo y epígrafe), identificada hasta la fecha, data de 1893. Pertenece a la tumba del General Rafael J. Quintero.  Por igual, las esculturas marmóreas más resaltantes del cementerio, fueron esculpidas en los talleres artísticos de la Casa Roversi (fundada en 1882) y de la Casa Pigna, de Caracas y Bolonia/Bologna (Italia).


Como monumento de carácter histórico, el Cementerio Municipal de San Cristóbal, es Bien de Interés Cultural de la Nación incorporado al Catálogo del Patrimonio Cultural de Venezuela 2004-2007/TA 23/p. 46, según Resolución N° 003-2005, del Instituto del Patrimonio Cultural, publicado en la Gaceta Oficial N° 38.234 de fecha 20 de febrero de 2005.
 



Un recorrido diferente por el patrimonio urbano




La antorcha memorativa: un ícono de la arquitectura funeraria tachirense y emblema del Cementerio Municipal de San Cristóbal



Panteón de la Familia Méndez God Russ. Construido en 1935. Está estructurado en forma de pebetero o antorcha memorativa con tajamar y  mascarón de proa, con la alegoría de una guerrera medieval nórdica. Fue realizado en un vanguardista Art déco para la fecha y sin ninguna referencia de carácter religioso. El Art déco resultaba -para el momento de la construcción del panteón- un estilo novedoso en una ciudad que no alteraba sus esquemas de construcción funeraria y de ornamentación, según las líneas trazadas por el romanticismo o por la rigidez neoclásica, y ambas en un marcado carácter católico. Su privilegiada ubicación (inmediato al portal de ingreso al cementerio) junto a la sencillez geométrica de sus líneas quebradas y de sus perfiles poligonales y figurativos, conlleva a su vez a un definido y perceptible perfil simbólico-dinámico, una singularidad monumental, motivo por el cual es considerado como el primer hito monumental patrimonial o símbolo icónico del Cementerio Municipal de San Cristóbal, y parte imprescindible de su identidad arquitectónica. 

A partir de esta obra, la ciudad de San Cristóbal presenciaría la construcción de edificaciones en nuevos estilos como el neocolonial Cuartel Bolívar (del Arquitecto Carlos Guinand, en 1938) o el Salón de Lectura, en el mismo estilo (del Arquitecto Luis Chataing, inaugurado el 1ero de abril de 1938)  o el edificio del Banco Táchira, levantado en un estilo art déco tardío, el cual se concluyó en 1953, entre otros (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio).





Detalle del grupo escultórico de los niños Nungesser de Coli y Sol del Lago Méndez God Russ. Nungesser de Coli, falleció a los seis años de edad cuando, en una lluviosa mañana de octubre de 1934, se dirigía a la escuela y al pasar junto a una pared de tapia pisada (representada por la columna corintia quebrada), ésta colapsó por el exceso de agua que acumuló, desplomándose sobre el niño. En enero de 1931, la familia Méndez God Russ, ya había sufrido la pérdida de Sol del Lago, de un año de edad, y el 14 de octubre de 1934, perdían a la abuela paterna de los Méndez God Russ, representada en la alegoría de la guerrera medieval nórdica. Don Dióscoro Méndez God (farmaceuta y comerciante quien había llegado a San Cristóbal, proveniente del puerto de Encontrados, Estado Zulia) y padre de los niños, luego de la pérdida de estos familiares, trasladó su residencia a la ciudad de Cúcuta (Colombia), donde había abierto en 1928 la farmacia -La Botica del Táchira-, luego abrió los Laboratorios Diosmengod. Allí se hizo muy conocido en su época, por patentar un jarabe vitamínico al cual denominó "Jarabe Diosmengod" y una bebida denominada "Ponche Crema Diosmengod" (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio).


Vista lateral del Panteón Méndez God Russ (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio).

Las lápidas epigráficas identifican, en relieve y en escritura, los nombres de los niños Nungesser de Coli y Sol del Lago Méndez God Russ. Una ribera con palmeras y un sol radiante, identifica a Sol del Lago. Un ala con forma de símbolo de aviación, identifica a Nungesser de Coli. Resulta interesante acotar que Nungesser y Coli no son nombres propios tradicionales. Eran los apellidos de dos aviadores franceses: Charles Eugène Jules Marie Nungesser y François Coli, quienes el 8 de mayo de 1927 intentaron cruzar el océano Atlántico por primera vez, volando en el aeroplano llamado L'Oiseau Blanc/El pájaro blanco, pero desaparecieron en mitad de la travesía y nunca más se tuvo noticias de ellos. Se concluye con ello que la familia debió tener o lazos familiares o de admiración por los aviadores desaparecidos en el Atlántico, al darle los apeliidos como nombres a su hijo mayor (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio).

Vista frontal del Panteón Méndez God Russ (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio).

Vista lateral, hacia el poniente, del Panteón Méndez God Russ (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio).


Tumbas, túmulos y panteones




Tumba desmantelada y desaparecida en 2015. Ladrillos alineados, que dan forma a una desdibujada cruz sin nombre y sin inscripción, marcan una tumba en tierra de inhumación sencilla. A diferencia de la mayoría de sepulturas que le rodean, resulta  esencial. En su realización, no hubo ninguna cubierta artística ni contó con otro elemento ornamental o de desarrollo vertical que le diera magnificencia. Su forma, sumada a la ausencia de preocupación estética, transmite al viandante la acentuada marca del lecho en el que yace un difunto, imprimiéndole a la muerte la idea de sueño eterno. Sólo el símbolo de la cruz, enmohecida por el tiempo y recubierta por trepadoras, que nos evocan el arte cristiano primitivo, permanece como huella solitaria de sólo uno de los rasgos que marcó la memoria de quien fue sepultado allí: su fe. Esta tumba había llegado hasta nuestros días como testimonio material de una de las formas más antiguas y comunes de los primeros enterramientos que se dieron en el Cementerio Municipal de San Cristóbal. En visita guiada al cementerio, realizada el 11 de marzo de 2015, se observó que esta tumba fue removida. Así, sólo permanece esta fotografía como único testimonio documental de lo que, en su momento, fue esta antigua tumba (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio).


Oculta, tras un pedestal clásico, se encuentra la lápida con la epigrafía más antigua que se haya encontrado -hasta la fecha- en el Cementerio Municipal de San Cristóbal. Ubicada al nivel del piso, cubre la tumba de Nicolás Contreras (1868-1884), fallecido el 1ero de noviembre de 1884. (Foto: Samir Sánchez, 2015, Avenida central del Cementerio, cuartel derecho, en sentido de entrada).


Pedestal clásico con Ángel oferente y de la esparanza. Tras el pedestal, se encuentra la lápida con la epigrafía más antigua que se haya encontrado -hasta la fecha- en el Cementerio Municipal de San Cristóbal. Ubicada al nivel del piso, cubre la tumba de Nicolás Contreras (1868-1884), fallecido el 1ero de noviembre de 1884. (Foto: Samir Sánchez, 2015, Avenida central del Cementerio, cuartel derecho, en sentido de entrada).



Túmulo tipo estela, de trazas neobarrocas y lápida oval en mármol. Pertenece a la sepultura del General Rafael J. Quintero, construida en 1893. Es, hasta la fecha, la segunda tumba más antigua que se ha podido identificar en el Cementerio Municipal de San Cristóbal (Foto: Samir Sánchez, 2014, Avenida central del Cementerio).

Lápida oval del túmulo perteneciente a la sepultura del General Rafael J. Quintero, construido en 1893. (Foto: Samir Sánchez, 2014, Avenida central del Cementerio).

Tumba con lauda en alabastro y grabados en bajorrelieve. Tiene la particularidad e impronta, esta lauda sepulcral, de haber sido tallada por un artista-aprendiz. Su acabado sencillo; trazo bidimensional; el haber dejado expuestos los renglones para esculpir las letras que conforman el epitafio, y una omisión ortográfica en el mismo: costancia por constante, así lo presumen. Por igual, el tipo de piedra empleado presenta las características del alabastro regional (piedra de apariencia marmórea) que se extraía de la región de Arenales (en Lobatera), se empleaba en cimentaciones, lápidas y sillares, para la época. El epitafio reza: «Vengo madre a cubrirte/con mi llanto y dejarte de/recuerdo la ternura de/mi alma y el costante/palpitar del corazón». Tumba de Irene Vargas, 15 de mayo de 1911 (Foto: Samir Sánchez, 2015. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio).

Solitario túmulo con lápida, enmarcado por la hierba. Data 1904 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio).

Estela funeraria con epígrafes enmarcados entre dos pilastras que sostienen un moldurado arco de medio punto. La misma está elaborada en trazos generales tomados del arte funerario romano o de la Antigüedad clásica. Sirve de túmulo a la tumba de Rufina Rodríguez, elaborada en 1914 (Foto: Avenida central del Cementerio, Samir Sánchez, 2014).




Elaborada escultura, en piedra de mármol, del «Ángel en vela», el cual, sentado sobre un muro en actitud de espera y con una lámpara romana o lucernarium en su mano izquierda, resulta en la representación alegórica del pasaje del evangelio de San Mateo sobre las cinco vírgenes prudentes y las cinco vírgenes desprevenidas que esperaban, con una lámpara de aceite, la llegada de su señor (Mt. 25:1-13) y que finaliza con la sentencia de Jesús «Permaneced despiertos, porque no sabrán ni el día ni la hora» (Mt. 25:13). Forma parte del túmulo que guarda las tumbas del Dr. Florencio Ramírez Rondón (Chiguará-Estado Mérida, 1884-San Cristóbal, 1952). Abogado y profesor universitario. Fue Secretario de la Universidad de Los Andes desde 1914 hasta 1921, Vicerrector, entre 1921 y 1923 y Rector en 1936. Y de su hijo, el Dr. Eduardo Ramírez López (Mérida, 1920-San Cristóbal, 2004), quien se casó con la distinguida dama sancristobalence Lilia Angarita Soulés y como abogado desarrolló una importante actividad profesional, educativa, cultural y política por la ciudad de San Cristóbal. Fue Presidente de la Asamblea Legislativa del Estado Táchira, en 1942; Presidente del Concejo Municipal de San Cristóbal, entre 1944 y 1945 y Secretario General de Gobierno del Estado Táchira, entre 1948 y 1949 (Foto: Arquitecto Jonny Rojas, 2016, reproducción con fines didácticos).



Escultura en mármol travertino, envejecido, de Santa María del Monte Carmelo o Nuestra Señora del Carmen, que, en sencillo y elevado pedestal, se encuentra sobre la tumba del eximio músico y compositor Telésforo Jaime (1874-1918), autor de composiciones típicas tachirenses (valses) como «El campo está florido» (catalogada por Don Marco Antonio Rivera Useche como la composición, en vals, más representativa de la música tachirense) y «Pluma y lira». Telésforo Jaime falleció en la población de Táriba, el 14 de junio de 1918, como consecuencia de la denominada gripe española (Foto: Panteón de las familias Barrios y Jaime. Avenida central del Cementerio, Samir Sánchez, 2014)


Una sencilla y ya olvidada lápida, elaborada por un marmolero local de apellido Camargo, señala el lugar de la sepultura del eximio músico y compositor Telésforo Jaime (1874-1918)(Foto: Panteón de las familias Barrios y Jaime. Avenida central del Cementerio, Samir Sánchez, 2014).




Busto del «Santísimo Cristo de la Agonía» o como es conocido comúnmente, del «Santo Cristo de Limpias». Elaborado según la técnica del modelado y única obra escultórica que se conserva del alarife, constructor y urbanista de la ciudad de San Cristóbal durante la primera mitad del siglo XX, Don Jesús Manrique. Este escultor nació en Ejido/Estado Mérida en 1899 y falleció en San Cristóbal, en 1994 (El busto está fechado el 31 de julio de 1922). Foto: Samir Sánchez, 2015. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).


Artístico trabajo fotográfico que permite precisar, por medio de contrastes en claroscuro, los detalles escultóricos del busto del «Santísimo Cristo de la Agonía» o como es conocido comúnmente, del «Santo Cristo de Limpias». Elaborado en 1922, según la técnica del modelado, y única obra escultórica que se conserva del alarife, constructor y urbanista de la ciudad de San Cristóbal durante la primera mitad del siglo XX, Don Jesús Manrique. Foto: Sigrid Márquez Poleo, 2015. 



Tumba con cipo funerario, coronado por una cruz trebolada. Aquí, según el epígrafe, reposan los restos de María de Galindo (fallecida en 1924). Foto: Samir Sánchez, 2015. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio).


Un  pedestal trapezoidal, coronado elaborada escultura de un alma paciente, que vela la cubierta de una tumba, sobre formas bizantinas, altorrelieves y mosaicos con teselas (desaparecidos en parte) e inscripción en probable mármol travertino rojo, conforma el panteón de Alfredo Colmenares Pacheco, que data de 1925. Afredo Colmenares era hermano del General Francisco Antonio Colmenares Pacheco, quien formó parte del alzamiento del General Cipriano Castro, el 23 de mayo de 1899. Con el grado de Coronel participó en el sitio de San Cristóbal donde fue herido, motivo por el cual no pudo acompañar al resto del ejército Restaurador en su marcha hasta Caracas. Posteriormente fue designado Gobernador del Distrito Federal, Inspector General del Ejército y Senador por el Estado Táchira (Foto: Samir Sánchez. Avenida central del Cementerio).



Detalle de la sección superior de la escultura de un alma paciente. Este trabajo en mármol, es a su vez una copia de una escultura la cual -hasta la fecha- no ha podido ser precisado su autor, origen y simbolismo, si bien existe consenso en identificarla y denominarla como Las lágrimas de Níobe. La figura de mujer y posición están -probablemente- inspiradas en el mito griego, descrito por Homero en La Ilíada (Libro XXIV, líneas 602-617) y compilado por Ovidio en su obra Metamorfosis (Libro VI, cantos 163-354), de Níobe, reina de Tebas, en la antigua Grecia. Apesadumbrada por haber perdido a sus hijos e hijas -castigo de los dioses por su arrogancia y orgullo excesivo- pidió a Zeus que aliviara su dolor, convirtiéndola en piedra. Al momento de estar llorando sobre la tumba de sus hijos, su petición le fue concedida y quedó convertida en una gris piedra. En esta réplica, el virtuosismo artístico del autor, con su cincel, logró extraer de la piedra marmórea, la sensación de hundimiento de los dedos de la mano, en la tela del manto que cubre la cabeza, la cual, el paso del tiempo, se ha encargado de remarcar. Ante esta escultura, valen las las palabras de un crítico de arte del siglo XIX cuando afirmó "El escultor ha hecho lo contrario: el mármol se ha convertido en mujer". Panteón de Alfredo Colmenares Pacheco, data de 1925 (Foto: Sigrid Márquez Poleo, 2015. Avenida central del Cementerio)



Artística escultura de coronamiento del panteón de Alfredo Colmenares Pacheco (de 1925). Es la imagen de Níobe, cubierta por un amplio y plegado peplo sin ceñidores, en actitud de paciente desconsuelo, presentando una corona floral, y de rodillas ante la tumba de sus hijos muertos por la ira de los dioses (Foto: Sigrid Márquez Poleo, 2015).






Una lineal, volumétrica y geométrica urna cineraria ornamentada con la escultura de un Ángel oferente, marca el carácter eminentemente neoclásico del penteón de la Familia Cañas (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio).




Escultura en mármol, academicista y majestuosa que representa a Jesús Resucitado. Es una copia del original de Karl Albert Bertel Thorvaldsen (1770-1844), obra de 1821 en estilo neoclasicista heróico, cuyo original se encuentra en la Iglesia de Nuestra Señora, en Copenhagen (Dinamarca) y considerada por los críticos de la época como la más perfecta estatua de Cristo (el original mide 3,10 m). La escultura se encuentra revestida sólo con el traje griego denominado himatión. Este es un manto que le da a la obra una considerable riqueza artística por cuanto se correspondía con una tela muy fina y delicada que formaba pliegues diagonales. Efecto que generaba una extraordinaria sensación visual de movimiento. El modelo iconográfico tomado, ya se encuentra representado -de forma similar- en las pinturas al fresco -en los lunetos- de las catacumbas de los mártires Pedro y Marcelino, Vía Labicana, en Roma, y datan del siglo IV de nuestra era.  La escultura fue elaborada en 1931 por la casa Roversi y Sucesores/Caracas-Bologna para el túmulo de Fermín Ostos. En esta misma tumba, se encuentra sepultado el Dr. Ángel Biaggini (fallecido en 1975) quien tuvo una destacada actuación en el período de gobierno del General Isaías Medina Angarita (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio).



Jesús Resucitado, escultura de la casa Roversi y Sucesores/Caracas-Bologna (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio)










Escultura de un Querubín oferente, de una guirnalda floral, elaborada en 1934 para cubrir la tumba del niño Diego Arreaza, fallecido a los tres días de nacido, el 3 de octubre de 1934 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio).



Detalle de la escultura del Querubín oferente, elaborada en 1934 por la casa Roversi/Caracas-Bologna (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio).

Detalle en penumbra del Querubín oferente, y grabado que identifica a la casa artística que lo realizó: J. Roversi/Caracas-Bologna (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio)

Ángel contemplativo, escultura elaborada en 1934 por la casa Roversi/Caracas-Bologna (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio).


Escultura en piedra de mármol que representa a un alma doliente y oferente, de expresivo rostro apesadumbrado. Se levanta sobre un pedestal en forma de antiguo altar mayor o ara, con marmolejos geminados laterales. Tumba de Eduvigis Noguera de Briceño, de 1927 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).


Detalle de la escultura en piedra de mármol que representa a un alma oferente de rostro apesadumbrado. Tumba de Eduvigis Noguera de Briceño, de 1927 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).


Lápida con el epígrafe que identifica la tumba del novillero peruano Vicente Villanueva (1887-1940). Fallecido trágicamente por una profunda cornada en una novillada, en el sitio de Zorca, cerca de la ciudad de San Cristóbal. Estas novilladas se celebraban como preámbulo a las Ferias y Fiestas de la ciudad de San Cristóbal, en honor a San Sebastián. Debido a las graves heridas que recibió, en la corrida del domingo 14 de enero de 1940, Villanueva falleció en el antiguo Hospital Vargas de San Cristóbal, el 15 de enero de 1940. Avenida central, cuartel derecho, a partir de la entrada al cementerio (Foto: Santiago Xavier Sánchez, 2015).

Un humilladero de pedestal prismático clásico, inspirado en los aislados monumentos funerarios ingleses del siglo XIX, que combinaban de forma armónica construcción y vegetación, en una idea de jardín que imitara la naturaleza de la mítica Arcadia -de la tradición greco-latina-, conforma el túmulo funerario de la familia Cárdenas Becerra, erigido en 1941 (Calle central del Cementerio, Foto Samir Sánchez, 2015).



Una sencilla lápida en forma de lauda sepulcral con inscripciones en relieve, elaborada en 1910, cubre las tumbas de los padres del General de División Isaías Medina Angarita, Presidente de los Estados Unidos de Venezuela entre 1941 y 1945. El padre, el General Rosendo Medina ocupó diversos cargos en el gobierno regional tachirense, incluyendo el de Presidente del Estado Táchira en 1880 oportunidad en la cual emitió el decreto ejecutivo que oficializaba la canción "¡Tachirenses, se acerca el momento!", como primer himno oficial del Estado Táchira (Avenida central del Cementerio, cuartel izquierdo. Foto: Samir Sánchez, 2015).


Próxima a la tumba del novillero Villanueva, se encuentra este singular túmulo, con una geometría trapezoidal, en forma ataudada y solada con baldosas de cerámica industrial. Cubre la sepultura de Rogerio Verges, fallecido en 1940. Asimismo, el gusto artístico por recubrir los túmulos y tumbas con este tipo de losa, se dio entre la década de los años 40 y 50, entre los propietarios de tumbas que no podían pagar los gastos de trabajos y esculturas en mármol. Avenida central, cuartel derecho, a partir de la entrada al cementerio (Foto: Santiago Xavier Sánchez, 2015).



Altar de la Mater Dolorosa o La Dolorosa con un alma extasiada, Panteón de la Familia Rugeles, construido en 1928 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).


Detalle de la escultura de la Mater Dolorosa o La Dolorosa con un alma extasiada, Panteón de la Familia Rugeles, construido en 1928 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).



Detalle de las escalinatas de acceso al pedestal de la Mater Dolorosa o La Dolorosa, y placas laterales con lirios en altorrelieves, esculpidos en mármol. Las escalinatas están elaboradas en sillares de piedra que, por su apariencia, pueden ser de mármol travertino rojo. Su tallado, resulta preciso y de carácter artesanal, se caracteriza por presentar relieves en roleos y borduras que reproducen la forma de una alfombra en tela de Damasco. Panteón de la Familia Rugeles, construido en 1928 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).



Detalle del trabajo en relieve del sillar o piedra del último escalón (superior) de acceso al pedestal de la Mater Dolorosa o La Dolorosa. Panteón de la Familia Rugeles, construido en 1928 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).

Otro detalle del trabajo en relieve de la escalinata de acceso al pedestal de la Mater Dolorosa o La Dolorosa. Panteón de la Familia Rugeles, construido en 1928 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).
Grupo escultórico, en piedra de mármol, de «El Calvario», conformado por las imágenes del Crucificado, Nuestra Señora de los Dolores y San Juan Evangelista. Simboliza una Déesis (del griego, ruego), motivo artístico de origen bizantino en el cual dos o más figuras son representadas implorando o rogando ante la imagen de Jesús crucificado, entronizado o pantocrátor. Panteón Familia Molina Méndez, 1950. Foto: Samir Sánchez, 2014, cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio).

Toma a contraluz bajo un sol meridiano, el cual permite detallar el trabajo en mármol de los pliegues de las vestiduras. Grupo escultórico de «El Calvario». Panteón Familia Molina Méndez, 1950. Foto: Samir Sánchez, 2015, cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio).



Grupo escultórico, en copia, de la Piedad de Miguel Ángel. Se enecuentra en el Panteón de la Familia Cárdenas Dávila, mandado a construir en 1940 por Doña Guillermina Dávila Picos de Cárdenas. El General Pedro María Cárdenas Zambrano (1869-1938), desde 1892 acompañó al General Cipriano Castro, en sus acciones bélicas. Fue primer jefe del Batallón Libertador en la Revolución Liberal Restauradora de 1899. Ejerció el cargo de senador por el Estado Táchira y de Comandante de Armas en los estados Sucre, Anzoátegui y Falcón y en el Distrito Federal. Posteriormente fue designado como Gobernador en los Estados Táchira, Lara, Anzoátegui, Nueva Esparta y el Distrito Federal (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).


Detalle del grupo escultórico de La Piedad de Miguel Ángel, Panteón Cárdenas Dávila (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).
Detalle de los pies de Jesús y árbol cortado que sirve de soporte y continuidad estructural al pie izquierdo. Como recurso visual-artístico a la función de sostén estructural para el pie, Miguel Ángel hizo uso de la forma del árbol truncado, tomada del simbolismo medieval del Árbol de Jesé o Árbol de la vida. Si bien se presentaba cortado, se interpretaba que la continuidad de su sabia salvífica se entroncaba en la figura de Jesús. Grupo escultórico de La Piedad de Miguel Ángel, Panteón Cárdenas Dávila (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).

«Alma en imploración ante el Crucificado», detallada, realista y precisa escultura naturalista en altorrelieve, extraída de una única estela monumental y monolítica, en piedra de mármol, no friable. La escultura del alma, es a su vez la representación del alma de Doña Flor de María Ardila (1888-1953). La obra artística, al igual que las elaboradas ánforas romanas marmóreas, sin asas y decorada –a la altura de la panza- con figuras de serafines en altorrelieve, data de 1953 y se encuentra en el Panteón Ardila Vezga (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio).



Detalle lateral de la escultura que permite observar el logro artístico de la transición del bloque de piedra marmórea a la figura o forma que representa el alma. Panteón Ardila Vezga (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio)



Sección o lado posterior del panteón, en el cual se puede detallar la monumental y monolítica piedra de mármol, no friable, de la cual se extrajó el trabajo de escultura en altorrelieve. Panteón Ardila Vezga (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).




En la avenida central del Cementerio Municipal de San Cristóbal, en el primer cuartel a la izquierda, nos encontramos con esta sencilla lauda o laude en mármol con factura industrial, la cual atrae la atención por su epígrafe: «REQUIESCAT ILLE DIUTURNE» (El descansa en un dilatado tiempo). El mismo se aparta de la tradicional y devota expresión «REQUIESCAT IN PACE» (Descanse en paz) del latín eclesiástico y opta por  el uso del adjetivo diuturnus (diuturnitas, -atis), del latín de los clásicos romanos como Cicerón y Julio César, que significa «en un tiempo duradero; en un largo tiempo o en un dilatado tiempo». No obstante, el uso de este adjetivo el cual no hace referencia a una eternidad sino que circunscribe el descanso a un tiempo con un límite no preciso, pudo estar relacionado –en la mente de quien ordenó grabarlo allí- con el principio de la teología dogmática cristiana de la resurrección de todos los muertos en el día del Juicio Final o Universal. En cuanto a la sintaxis latina de la expresión grabada en la lauda o laude, la forma correcta debió ser: Requiescat Illa diuturna, por cuanto así concordaba con el caso latino en nominativo femenino singular, toda la oración. El termino diuturnus paso al castellano en la forma de diuturno, enriqueciendo la prosa literaria de escritoras del Siglo de Oro de las  letras españolas como Santa Teresa de Jesús y Sor Juana Inés de la Cruz, quien escribió un poema titulado «Diuturna, enfermedad de la esperanza». En cuanto a la persona aquí sepultada, Doña Catalina Espinel de García, se conoce que había nacido en Pamplona (Colombia) cerca de 1843 y falleció en San Cristóbal el 16 de abril de 1938. Casada con el Dr. Elías García García, fue madre del pianista, monitor social y comerciante, Antero García Espinel, de importante actuación en la ciudad de San Cristóbal, como socio y comanditario de las casas comerciales alemanas Van Dissel&Rode. Se encuentra enterrado junto a la sepultura materna y se le recuerda en la ciudad por haber dado la idea de nombrar al primer club social que tuvo la urbe, como Club Táchira, en 1905 (la biografía de este personaje se puede consultar en Luis HERNANDEZ CONTRERAS, Diccionario de la música en el Táchira, Proculta, San Cristóbal, 1999, pp. 95-96).   Foto: Samir Sánchez, 2015.




Grupo escultórico del «Ángel de la Fe».  Cuidadosa escultura naturalista en piedra marmórea, que se encuentra inmediata y al lado izquierdo de la entrada principal del cementerio y adosada al muro de cerramiento occidental de la capilla. Representa a un ángel estauróforo (que porta una cruz) y simboliza al Ángel de la Fe, a cuyos pies, con expresivos sentimientos de protección, se encuentran las figuras escultóricas de las almas de un infante oferente y de una joven. Data de 1950. Panteón Fontana Merchán (Foto: Sigrid Márquez Poleo, 2015).




Escultura sedente (de metal, hueca), elaborada en bronce con pátina sobredorada, que representa al «Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia», si bien la religiosidad popular sancristobalence lo ha denominado 'El Justo Juez'. Es una obra del artista y escultor modernista italiano Alfeo Bedeschi (Lugo de Ravenna, 1885 – Milán, 1972) siendo fundida en la Antica Fonderia d’Arte Giuseppe Bosisio (en Milán). Panteón de la Familia Carrero Vivas, data de 1957. Se encuentra en la vía o calle principal del cementerio y su proximidad a los transeúntes, la ha convertido en un punto de devoción de quienes visitan el cementerio, especialmente por la temporada de la Semana Santa o Semana Mayor. El bronce  ya muestra las señas del desgaste por el roce de las manos de los devotos (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio).

Detalle del rostro de la escultura del «Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia». Obra del artista y escultor modernista italiano Alfeo Bedeschi (Lugo de Ravenna, 1885 – Milán, 1972) siendo fundida en la Antica Fonderia d’Arte Giuseppe Bosisio (en Milán). Panteón de la Familia Carrero Vivas, data de 1957 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio).

Detalle de la firma del escultor modernista italiano Alfeo Bedeschi (Lugo de Ravenna, 1885 – Milán, 1972), fundida en la Antica Fonderia d’Arte Giuseppe Bosisio (en Milán). Panteón de la Familia Carrero Vivas, data de 1957 (Foto: Samir Sánchez, 2014. «Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia», Avenida central del Cementerio).

Detalle de la firma de la casa fundidora: Antica Fonderia d’Arte Giuseppe Bosisio (Milano/Milán). Panteón de la Familia Carrero Vivas, data de 1957 (Foto: Samir Sánchez, 2014. «Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia»., Avenida central del Cementerio).



Grupo escultórico de La Piedad, Panteón de la Familia Guevara. En su destacado naturalismo, reproduce una escena no tradicional del desenclavamiento, con una fuerte carga emocional y conmovedora: la madre, quien con dolor, abraza y besa la cabeza de su hijo muerto (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).


Grupo escultórico de La Piedad, Panteón de la Familia Guevara. Detalle del trabajo de tallado en mármol, definido a partir de los pliegues del manto y de la túnica (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).

Grupo escultórico de La Piedad, Panteón de la Familia Guevara. Detalle del abrazo de la madre a su hijo muerto (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).


Grupo escultórico de Nuestra Señora de las Angustias, escultura realizada a partir de grabados europeos de fines del siglo XIX. Panteón de la Familia Guevara. Detalle del abrazo de la madre a su hijo muerto. Se puede apreciar el elaborado juego de pliegues de las vestiduras y sudario, que le dan vida a la piedra tallada, en el contraste creado entre la luz y la sombra (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).

Sobre un pedestal rígido y de corte neoclásico, se erige el grupo escultórico de Nuestra Señora de las Angustias. Panteón de la Familia Orozco Arria, data de 1970. La obra es una copia libre de la escultura del grupo escultórico (de mediados del siglo XIX) conocida como "La Piedad de Cortot rodeada de ángeles", realizada en mármol y en un estilo neoclásico austero, por el escultor francés Jean-Pierre Cortot (1787-1843) y los ángeles esculpidos por el también escultor francés Charles-François Leboeuf-Nanteuil (1792-1865). Se encuentra en la Iglesia de Saint-Gervais-Saint-Protais, en París, Francia  (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio).



Grupo escultórico de Nuestra Señora de las Angustias (detalle de las imágenes). Panteón de la Familia Orozco Arria.  (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio). Sobre la iconografía relacionada con este grupo escultórico, ver la descripción de la tumba del Dr. Alfredo J. González.
Detalle de una visión lateral del grupo escultórico de Nuestra Señora de las Angustias. Panteón de la Familia Orozco Arria (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio).


Grupo escultórico de Nuestra Señora de las Angustias (detalle del trabajo en la superficie del mármol, de los instrumentos de la crucifixión). Panteón de la Familia Orozco Arria.  (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio).

Grupo escultórico de Nuestra Señora de las Angustias (sin ángeles orantes). Por ser idénticas, probablemente fueron talladas por la misma casa que realizó la escultura para el Panteón Orozco Arria). Panteón de la Familia Santander. La obra es una copia libre de la escultura del grupo escultórico (de mediados del siglo XIX) conocida como "La Piedad de Cortot rodeada de ángeles", realizada en mármol y en un estilo neoclásico austero, por el escultor francés Jean-Pierre Cortot (1787-1843) y los ángeles esculpidos por el también escultor francés Charles-François Leboeuf-Nanteuil (1792-1865). Se encuentra en la Iglesia de Saint-Gervais-Saint-Protais, en París, Francia  (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo del Cementerio).


Grupo escultórico de Nuestra Señora de las Angustias (detalle de los daños o fracturas en el mármol y los efectos de la polución ambiental en la superficie del mismo). Panteón de la Familia Santander (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).


Ángel de la contemplación. Una de las escasas esculturas por modelado, artesanal, que se conserva en el Cementerio Municipal de San Cristóbal queda representada en este túmulo de Lucía González, fallecida un 16 de junio de 1923. Sobre una figura prismática se levantan cuatro marmolejos de pronunciado éntasis que sirve de pedestal a la figura del ángel  (Foto: Arquitecto Jonny Rojas, 2016, segundo cuartel a la derecha de la entrada al cementerio).


Escultura en mármol de «Jesús orando en el huerto de los Olivos». Obra exenta, caracterizada por presentar un tallado academicista pero con base en formas u ondulaciones alargadas y no detalladas, con tendencia al trazo lineal, no minucioso. Por ser la única escultura que se encuentra inmediata al muro perimetral sur del cementerio y visible desde la calle 16 –con un alto movimiento vehicular- la superficie del mármol está afectada por la polución ambiental que generan los escapes de los vehículos. La obra se encuentra en el Panteón de la Familia Niño Torres, 1957 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).


Detalle de la escultura en mármol de «Jesús orando en el huerto de los Olivos» y de los efectos de la polución ambiental que generan los escapes de los vehículos. Panteón de la Familia Niño Torres, 1957 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).


Tumba con epígrafe ya desaparecido y una artística escultura en mármol de Alma aferrada a la cruz, salida de los talleres de Francisco Pigna y sucesores (Caracas). Esta misma casa es la autora de la estatua escuestre de El Libertador que preside la Plaza Bolívar de la ciudad de San Cristóbal, desde 1929. Por las características de diseño de la verja o reja que rodea a la tumba, la obra debe datar de la década de años años 40 del pasado siglo, aproximadamente (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio). 
Placa en mármol trabajada en forma de lirios en tallo, que recubre uno de los lados del pedestal del grupo escultórico de La Piéta de Sanson (La Piedad), en el Panteón de las Familias Rangel y Velasco (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).


Grupo escultórico de La Piéta de Sanson (La Piedad), obra en mármol que copia la escultura original de Justin-Chrysostome Sanson, de 1871, la cual se encuentra en la Iglesia de Saint Jean-Baptiste de Nemorus, en Francia. Se caracteriza por un intenso dramatismo propio de los modelos académico-romanticista del siglo XIX. Esta copia fue instalada en 1944 en el Panteón de las Familias Rangel y Velasco, sobre la tumba del insigne educador tachirense Don Carlos Rangel Lamus (1887-1943), fallecido en enero de 1943 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).

Detalle desde una visión lateral del grupo escultórico de La Piéta de Sanson (La Piedad), instalado en 1944 en el Panteón de las Familias Rangel y Velasco (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).


Escultura de Rosa G. Ayala, en el Panteón de la Familia Ayala. Resulta una escultura historicista por cuanto relata las causas del fallecimiento de esta joven: arreglando un rosal en el jardín de su casa, con unas tijeras (que sostiene en su mano derecha), se punzó la piel y la herida se gangrenó, falleció como consecuencia de la infección no controlada a tiempo, en los días posteriores. Su deceso ocurrió el 20 de abril de 1927 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).


Elaborada y detallada escultura del Alma doliente y oferente ante la cruz, con ornamentado pedestal marmóreo, de formas áticas. Se levanta sobre la tumba del médico Carmelo Niño, fallecido el 18 de agosto de 1938 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).
Escultura del Alma doliente y oferente ante la cruz. Se levanta sobre la tumba del médico Carmelo Niño, fallecido el 18 de agosto de 1938 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).

Escultura del Ángel grabador, sobre un trabajado pedestal trapezoidal, que cubre la tumba de Horacio Duarte, de 1924. Esta escultura en mármol, de corte romanticista, es la versión religiosa de una pintura denominada "Una mujer grabando su nombre en un árbol" o por su nombre original en francés "Le Chiffre d'amour", pintada entre 1775 y 1780. Es una de las más logradas obras del maestro de la pintura francesa del rococó Jean-Honoré Fragonard (1732-1806). Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio.

Detalle de la escultura del Ángel grabador. Tumba de Horacio Duarte, de 1924 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio).


Detalle del Ángel de la paz, sobre la tumba de la Familia Semidei. En un segundo plano, la sección posterior de la capilla del Cementerio Municipal de San Cristóbal (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).




Tumba, con escultura del Sagrado Corazón de Jesús recibiendo un alma, elaborada por J. Roversi/Bologna, en 1934. Guarda la sepultura del General Maximiano Casanova Bustamante (1866-1933). Nació en Lobatera. Fue el líder de los insurgentes que en la mañana del 23 de mayo de 1899, proclamó la Revolución Liberal Restauradora en esa población. Unió su tropa a la del General Régulo Olivares Anselmi, proveniente de la ciudad de Colón y juntos marcharon al encuentro del ejército del General Cipriano Castro, uniéndoseles en la batalla de Tononó. Llegó hasta Caracas como 2do Jefe del primer batallón del ejército Restaurador llamado «Batallón 23 de Mayo». Su hermano, Julián Casanova, le acompañó y fue herido en la batalla de Nirgua (el ya General Julián Casanova falleció en una emboscada en Boca de Monte-Cazadero, en 1921, cuando se dirigía a defender la entrada a Lobatera de una incursión antogomecista del General Juan Pablo Peñaloza). Maximiano Casanova regresó al Estado Táchira y ejerció diferentes cargos políticos y militares en Lobatera, y en la Asamblea Legislativa del Estado. Participó en la batalla de San Cristóbal (26 y 27 de julio de 1901), ya con el grado de General, dirigiendo la defensa del flanco norte de la ciudad, desde la Loma del Tejar (actual sede antigua de la Universidad Católica del Táchira) donde, según el parte de guerra oficial, fue herido en combate, recuperándose posteriormente. Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio.

Detalle de la escultura Sagrado Corazón de Jesús recibiendo un alma, de la tumba del General Maximiano Casanova. Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio.
Detalle de la escultura en mármol que representa al Sagrado Corazón de Jesús recibiendo un alma, de la tumba del General Maximiano Casanova. Se observa el grabado del nombre de la casa artística que la relizó: J. Roversi y Sucesores, Caracas/Bologna. Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio.


Detalle de la representación del alma, escultura Sagrado Corazón de Jesús recibiendo un alma, de la tumba del General Maximiano Casanova. Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio.



Túmulo tipo cipo funerario, de pedestal ornamentado, neoclásico, coronado por pebetero memorativo y cruz ancorada. Se levanta sobre la tumba de Don Pedro Entrena, fallecido en 1915. Asimismo, todavía conserva la reja o verja en hierro forjado, de época (Foto: Samir Sánchez, 2014. Avenida central del Cementerio).

Una escultura, que data de 1940, y la cual resulta singular, por no ser común su representación en el arte iconográfico cristiano, es la imagen del joven Tobías y el pez. Relato didáctico sobre la limosna, la misericordia, la compasión con los muertos y sobre el matrimonio, que se encuentra en el Antiguo Testamento, en el Libro de Tobías, capítulo 6 (Foto: Samir Sánchez, 2014).

Solitario jarrón ornamental exterior, con elaborados adornos estilo rococó, aislado de su ya olvidada sepultura original. Este tipo de jarrón ornamental, con idénticas características, se encuentra en otras tumbas del cementerio, que datan entre la década de los años 30 y 40 del siglo XX (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).

 
Elaborada y cuidada reja o verja, en hierro forjado que resguarda la tumba de la distinguida matrona sancristobalence, de fines del siglo XIX, Doña Ana María Méndez Brito de Boué (nacida en 1850 y fallecida en 1930, y tía materna del famoso general tachirense de la I Guerra Mundia, Rafael de Nogales Méndez) y la de su esposo Don Alejandro Leopoldo Boué (nacido en Hamburg, ciudad y puerto del centro-norte de Alemania, en 1838 y fallecido en 1915), llegó a San Cristóbal como agente contador de la casa alemana Milos, Breuer & Co, y fue uno de los primeros alemanes que se establecieron en la ciudad, entre fines del siglo XIX e inicios del XX. Igualmente, fue uno de los primeros accionistas y decididos promotores de la construcción del Gran Ferrocarril del Táchira, en 1894. Las lápidas originales de esta artística tumba, grabadas en granito macizo, se encuentran a resguardo en la Administración del Cementerio Municipal. Doña Ana María Méndez Brito era hermana de Doña Josefa Méndez Brito de Inchauspe, madre del tachirense más universal de todos los tiempos, el General Rafael de Nogales Méndez (San Cristóbal, 1877 - Panamá, 1937) quien se encuentra sepultado en el Panteón de las Fuerzas Armadas en el Cementerio General del Sur, en Caracas. Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio.


Detalle del mejor trabajo de herrería en forja, que se conserva en el cementerio Municipal de San Cristóbal, correspondiente a la tumba de Doña Ana María Méndez de Boué y de Don Alejandro Boué. El trabajo data de 1915 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio).

«Ángel del arte de Euterpe». Escultura por modelado de un ángel sosteniendo la lira (símbolo de Euterpe, mitológica musa griega de la música) y en alto una hoja de pentagrama. Se encuentra en la tumba de Don Alejandro Fernández (Villa del Rosario de Cúcuta, Colombia, 1858 – San Cristóbal, 10 de septiembre de 1934). Eximio músico, compositor y director de bandas. Fue el primer director de la Banda Oficial del Estado Táchira, en 1903. Es la única tumba que –hasta el presente- se ha encontrado con el acrónimo latino RIP, de la expresión Requiescant in pace / Descanse en paz. Su epitafio reza: «Fue cultivador del arte divino, un esclavo del deber y un modelo de ciudadano. Recuerdo de su esposa e hijos» (Foto: Samir Sánchez, 2015)



Escultura de un Ángel de la paz en elevación, Panteón de la Familia Sánchez, construido antes de 1968 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).


Un solitario túmulo con lápida, marca la fecha cuando una cristiano, Demetria de Castro, exhaló su postrer aliento, según el epígrafe, el 8 de abril de 1899 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio).



El arte moderno también tiene su representación. Escultura en relieve y metal, sobre lápida, que representa en una forma estilizada o geométrica la imagen de Cristo Resucitado, según el nuevo arte religioso y postconciliar. Sin inscripción que identifique la sepultura, debe datar de 1957 o posterior, si bien sus trazos, casi geométricos, evocan las características formas escultóricas del ilustre arquitecto Antonio Gaudí instaladas en la Iglesia de la Sagrada Familia, en Barcelona, España (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio).






Las representaciones personales en el Cementerio de San Cristóbal, en mármol, encuentran su máxima expresión en esta escultura que data de 1928. Reproduce la imagen de Doña Maximina de Amaya, esposa del General restaurador Aurelio Amaya (nacido en el caserío Aguablanca, cerca de Tononó, en San Cristóbal) y quien tuvo una destacada actuación, en la organización de la Campaña Liberal Restauradora del General Cipriano Castro en 1899 y luego en lo militar, durante el gobierno del General Eustoquio Gómez como Presidente del Estado Táchira (1914-1925). Su porte, serio y de austera matriarca romana, nos habla de una época y de otros tiempos (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio).


Detalle de la escultura de Doña Maximina de Amaya, de perfil y cabellera recogida, al natural, en moño clásico (Foto: Sigrid Márquez Poleo, 2015. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio)


Sección o dado posterior del pedestal sobre el cual se levanta la escultura de Doña Maximina de Amaya, esposa del General restaurador Aurelio Amaya (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio).







Ángel paciente. Sólo el frío y oscurecido mármol, le hace compañía a los difuntos que yacen en una olvidada tumba, probablemente de 1920. Se caracteriza esta escultura por presentar al Ángel paciente, no sobre un pedestal sino en una forma naturalista, de pie en el nivel del suelo, recostado junto al cipo funerario (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio)


Ángel paciente, madreselvas y olvido. Olvidada tumba, probablemente de 1920 (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel derecho, a partir de la entrada del Cementerio).


Escultura de Cristo Redentor, con las manos extendidas –según el ritual solemne levítico o veterotestamental para bendecir a la asamblea- en actitud de bendecir al orbe. Es una obra naturalista, en mármol, salida de los talleres de la reconocida Casa Roversi (Caracas-Bolonia), en 1940. Se encuentra sobre la tumba de Domingo R. Molina, quien falleció el 7 de enero de 1940. Calle central del Cementerio (Foto: Samir Sánchez, 2015).





Enmarcado por un enrejado, desaparecido en parte, se encuentra un detallado túmulo clásico en forma de larario romano con la figura pedestre de un ángel oferente elegíaco y ubicado sobre el ángulo superior del remate triangular o frontón de un túmulo de tipo larario romano. Construido en 1939, para la tumba de Isabel de Mora, según la lápida en mármol y bajorrelieve la cual, enmarcada en el larario, presenta –como una singularidad iconográfica- una palma truncada o cortada en dos por la guadaña de la muerte, símbolo del heraldo de Átropo, la parca inexorable que marcaba el final de la existencia, en la mitología griega y romana y que, en la madera del mango llevaba grabada la expresión «Nemini parco», a nadie perdono.  Es por igual la sepultura del destacado alarife Don Juan de los Santos Rangel (Ejido, Estado Mérida, mediados del siglo XIX – San Cristóbal, 1941). Autor, entre otras obras, de la Iglesia Parroquial-Basílica de Nuestra Señora de la Consolación, de Táriba (construida entre 1904-1909 y de la cual se conservan –remodeladas- las naves, la cúpula, el primer cuerpo de la fachada y las torres); del primer cuerpo de la fachada, las naves y actual cúpula de la Iglesia de San Juan Bautista de la Ermita (en 1922) y de otras obras civiles en la ciudad de San Cristóbal. Fue el padre del destacado alarife y constructor Don Jesús Manrique. Tumba de Isabel de Mora, 1939. Foto: Santiago Xavier Sánchez, 2015.




Sobre la tumba del Dr. Víctor Zambrano Roa, recubierta con placas de granito oscuro y de factura moderna, se encuentra el siguiente epitafio: «Y un día de los aciagos/rompió una bala villana/en el poblado panzudo/de la varonil montaña,/el corazón del hidalgo/que no supo de acechanza./Nunca sabe el fuerte cóndor,/traiciones de encrucijada». Estos versos fueron realizados y dedicados al Dr. Zambrano Roa por el poeta merideño Emilio Menotti Sposito Díaz (1891-1951). 

El Dr. Víctor Zambrano Roa, militar (Mayor asimilado del Ejército Nacional de los Estados Unidos de Venezuela) y abogado, fue el fundador y primer presidente del actual Demócrata Sport Club (en 1926) de la ciudad de San Cristóbal. Su deceso se produjo en las antiguas instalaciones del club, por unos disparos, el 25 de junio de 1939. 

El Dr. Zambrano Roa fue Cónsul General de Venezuela en Cúcuta, entre 1927 y 1930. Su esposa fue Doña Amanda Velasco Castro de Zambrano, sobrina del General Cipriano Castro. Asimismo es el padre del Dr. José Alberto Zambrano Velasco, Canciller de Venezuela, como Ministro de Relaciones Exteriores, entre 1979 y 1984, y del Dr. Luis Eduardo Zambrano Velasco, diplomático y profesor universitario.  (Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).


Detalle del epitafio, escrito por el poeta Emilio Menotti Sposito (1891-1951) para la tumba del Dr. Víctor Zambrano Roa. Asimismo se observa la ausencia de la cruz en bronce, captada en la imagen de 2014 (Foto: Reconstrucción de los grafemas faltantes en el epitafio, cortesía de T.S.U. Sigrid Márquez Poleo, 2015. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).



Escultura, en piedra de mármol, del «Señor caído de Monserrate». Si bien la escultura reproduce en todos sus detalles a la talla devocional -en posición postrada-, y salida de los talleres de arte colonial neogranadino (del siglo XVII), que se venera en el santuario del mismo nombre, en la cumbre del cerro de Monserrate (en Bogotá), en lo artístico se tiene que el origen de la posición casi yacente (o modelo extendido oblicuamente) del cuerpo, remonta a la escultura de la antigüedad clásica, del siglo III a.C. El ejemplo más notable es la copia romana en mármol de la escultura helenística «El galo moribundo». La obra del «Señor caído de Monserrate», es la primera escultura de carácter religioso que se encuentra el visitante, hacia la derecha, al traspasar el portal de la entrada al Cementerio Municipal de San Cristóbal. Panteón de la Familia Silva, 1970 (Foto: Samir Sánchez, 2014).



Detalle lateral de la escultura, en piedra de mármol, del «Señor caído de Monserrate». Panteón de la Familia Silva, al traspasar el portal de la entrada al Cementerio Municipal de San Cristóbal, 1970 (Foto: Samir Sánchez, 2014).



Grupo escultórico que reproduce la escena inmediata al descendimiento de la cruz y los dolores de María, la cual, en la iconografía cristiana tradicional, se conoce como «Nuestra Señora de las Angustias». En esta obra, de connotado movimiento y sensibilidad expresiva casi barroca, evoca las tallas marianas de la escultora sevillana Luisa Roldán, conocida como «La Roldana» (1652-1706), en especial una talla atribuida a La Roldana que se conservaba en la Catedral de Cádiz, España -destruida en la Guerra Civil 1936-1939-, y que reproducía esta escena. La imagen de la virgen María -la madre dolorosa- se representa enhiesta (o de pie) golpeada por el viento y  elevando los ojos al cielo para expresar su dolor de madre, ante el hijo muerto. En una placa colocada como exvoto, al pie de la escultura, se encontró el siguiente texto: «Cristo, en mi postrero trance / haz que por tu Madre alcance /de la palma yo la prez:/cuando el cuerpo mío muera, /haz á mi ánima heredera /de la gloria del edén», siendo un fragmento que se corresponde con los últimos versos del poema litúrgico medieval «Stabat Mater». La obra escultórica, naturalista, está realizada íntegramente en mármol y preside la tumba del distinguido galeno tachirense, el Dr. Alfredo J. González Ramírez (Palmira, 6 de enero de 1909 – La Fría, 23 de octubre de 1960). Caritativo médico internista, pediatra, ginecólogo y obstetra, quien fue el primer director del Hospital Central de San Cristóbal, inaugurado en septiembre de 1958 y de los fundadores de la Sociedad Médica del Estado Táchira y de la Policlínica «Táchira». Junto a sus actividades profesionales, se destacó por su afición a la música, sobresaliendo como intérprete de la flauta y el saxofón. En este mismo panteón, se encuentran los restos del Presbítero Jeremías González Cárdenas (fallecido en 1944), tío del Dr. Alfredo J.González y destacado promotor cultural, músico, compositor de varias partituras sacras, y de recordada actuación como párroco de El Llano, en Mérida. Panteón de la Familia González Romero. Foto: Samir Sánchez, 2015.



Panteón de la Familia González Romero, con la escultura de Nuestra Señora de las Angustias, donde se encuentra sepultado el Dr. Alfredo J. González. Foto: Santiago Xavier Sánchez, 2015.


Busto de Antonio Rojas Romero (fallecido en 1977). Es una escultura por modelado, obra del artista y profesor de arte marabino Carlos Vinicio Añez Urrutia (nacido en 1922). Tumba de Antonio Rojas Romero (1879-1977). Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio.



Detalle de la firma del artista y profesor de arte marabino Carlos Vinicio Añez Urrutia (nacido en 1922). Sección posterior del busto y tumba de Antonio Rojas Romero (1879-1977). Foto: Samir Sánchez, 2014. Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio.

Detalle de la sección posterior de la tumba de Sebastiana de Prato (fallecida el 10 de julio de 1926) con un túmulo elaborado en mampostería que reproduce la gruta de Massabielle, lugar de la aparación de Nuestra Señora de Lourdes (en Lourdes, Francia, 1858). Asimismo, se puede apreciuar la sección lateral oeste de la capilla del Cementertio Municipal de San Cristóbal (Foto: Samir Sánchez, 2015, Cuartel izquierdo, a partir de la entrada del Cementerio).




Un templete de trazos neoclásicos y planta hexagonal, cornisa moldurada en amplia voladura, cúpula sin nervaduras y arcadas ciegas, construido en 1891, cubre la Cruz Mayor del Cementerio Municipal de San Cristóbal, la cual marca el centro y eje de las calles y avenidas del mismo (Detalle en claro-oscuro. Foto: Samir Sánchez, 2014).





Portal de entrada del Cementerio Hebreo de San Cristóbal. Construido en 1961 por iniciativa de los miembros de la comunidad hebrea en San Cristóbal, quienes habían emigrado de la Europa central y del este, a raíz de la Segunda Guerra Mundial y en menor número sefardíes, entre quienes se recuerda al Dr. Aarón Toledano (nacido en Israel en 1926 y fallecido en Caracas, en 2010), por su profesionalismo y caridad como médico residente del Hospital Central de San Cristóbal, entre la década de los años 60 y 70 del pasado siglo. Un arco adintelado abierto entre muros de piedra de canto rodado, sin labrar, que evocan –a escala- las amuralladas ciudades del antiguo Israel, da paso a las primeras tumbas. Cada batiente del enrejado de entrada, es presidido por la figura de la Estrella o Escudo de David (Magen David, en hebrero), el cual consiste en dos triángulos equiláteros, que generan seis puntas, superpuestos inversamente y entrelazados. Es el símbolo del judaísmo, desde el siglo XVII de nuestra Era o Era común. En cuanto a la adquisición de los terrenos a la Municipalidad de San Cristóbal y posterior diseño y construcción, se tiene que la fue misma gestionada por los señores  Dr. David Toledano, Dr. Aarón Toledano, Sr. Marco Blank, Sr. Herman Rubinstein, Sr. Enrique Rubinstein, Sr. Enrique Zilberman , Sr. Saúl Kusnir, Sr. León Bentolila, Sr. Amran Cohen, Sr. Nathan Zaidman, Sr. Asisclo Golzman, Sr. José Fux, Sr. Moisés Felman, Sr. Isaac Zinguer Yazlovichi y Sr. Jacobo Cohen. El diseño del cementerio fue obra del Ing. León Zinguer Kusnir (datos recopilados por el Lcdo. Bernardo Zinguer para el grupo de Facebook “Cementerio Judío (Jewish cemetery) Táchira, Venezuela”). Foto: Samir Sánchez, 2015.




«El atávico rito de enterramiento tiene proyección y continuidad en el presente con las elaboradas construcciones en los espacios funerarios, en los cementerios. Verdaderas maquetas a escala de las ciudades de quienes continuaban vivos, reproduciendo sus beneficios, sus problemas y con una tipología o formas que interpolan los ordenados y armónicos estilos clásico e historicista con las formas más actuales donde predomina lo abstracto, lo práctico y lo funcional» (SÁNCHEZ, Samir, Mors memoriae o la extinción de la memoria, el espíritu de una época, Editorial Simón Rodríguez, San Cristóbal, 2011, pp. 12-13). Foto: Sigrid Márquez Poleo, 2015.



Afiche promocional de la primera Visita Guiada al patrimonio artístico e histórico del Cementerio Municipal de San Cristóbal, editado por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC-Táchira). Visita realizada en el marco del proyecto "Cementerios Patrimoniales" del IPC-Táchira con la colaboración de Proyecto Experiencia-Arte.




Cementerio Municipal de San Juan de Colón (Municipio Ayacucho - Estado Táchira)



Un espacio para el historicismo



Construido en 1852, cuando el Concejo Municipal del Cantón de Lobatera, encargó a su Presidente y Jefe Político, Don Pedro María Reina y al cura párroco Pbro. Dr. José Amando Pérez, la ordenación en traza ortoganal y espacios urbanos del caserío de San Juan de Lobatera (actual San Juan de Colón), cabeza de la parroquia del mismo nombre, el cual se había visto afectado por el terremoto de Lobatera de 1849.

Por ello, la traza original del cementerio y que aún se puede observar, partía de un rectángulo dividido por una única calle central que iniciaba en la capilla de entrada. Modelo tomado del ya realizado en Lobatera.   

En 1914, una junta de notables de la ya ciudad de San Juan de Colón, a través de una suscripción entre los habitantes del pueblo,  promovió la edificación de una nueva capilla/portal de entrada de la cual sólo subsiste, el plano o traza en el suelo y la neoclásica fachada exterior de la misma, con una campanilla de difuntos, que data de 1898.

Se debe destacar que en este cementerio, los antiguos túmulos funerarios y panteones se encuentran en un excelente estado de conservación por cuanto desde tiempo atrás, la Alcaldía y la Municipalidad de San Juan de Colón han asumido y mantenido el cuidado de los mismos, reconociéndoles su valor artístico y arquitectónico como patrimonio cultural monumental. 

Una parte considerable de las obras funerarias, fueron edificadas por familias pertenecientes a la primera inmigración intensiva europea en tierras tachirenses, que se dio a fines del siglo XIX e inicios del XX (la segunda se dio en la década de los años 50 del siglo XX).

Familias italianas y francesas como los Anselmi, Sardi, Mazzei, Cazabonne, Cardi, Segnini, Paolini, Giusti, Maget, Guglielmi o Pascià, entre otros, se establecieron en San Juan de Colón atraídos por el desarrollo comercial que había adquirido la ciudad al ser el primer centro de distribución mercantil del Gran Ferrocarril del Táchira (1895-1952) y de la Carretera Central del Táchira (construida entre 1910 y 1913).   



Neoclásica y centenaria fachada de la antigua capilla y entrada al cementerio de la población de San Juan de Colón. La capilla fue edificada en 1914 y sólo se conserva el frontispicio. La campana o campanilla de difuntos, según su inscripción, data de 1898 (Foto: Samir Sánchez, 2014).  

Templete funerario neoclásico cubierto por un singular crucero, cimeras con antefijas griegas en forma de palmeta y pebetero de coronamiento. Se levanta sobre la tumba de la familia de Natividad Casanova y data de 1914. En un segundo plano a la derecha del observador, la silueta del cerro Morrachón, símbolo natural de la ciudad de San Juan de Colón. (Foto: Samir Sánchez, 2014)

Cipo funerarario neoclásico, con cubierta en crucería y coronado por una urna cineraria, recubierta por faldones fúnebres. Se levanta sobre la tumba de Valentín Suárez y data de 1932. (Foto: Samir Sánchez, 2014)






Detalles del elaborado trabajo ornamental de la sección superior que cubre el cipo funerario neoclásico. Se levanta sobre la tumba de Valentín Suárez, 1932. (Foto: Samir Sánchez, 2014)




Cipo funerario, en una armónica combinanción de estilos inspirados en el clásico y barroco, de las familias Sardi y Anselmi, naturales -según los epígrafes- de la ciudad de Marciana, en la Isla de Elba (Toscana - Italia). Data de 1940 (Foto: Samir A. Sánchez, 2014).




Templete de sección cuadrangular, ornamentado entablamento y cubierta de tipo salón, sostenida por cuatro columnas corintias de sección circular, sobre la tumba de Teodolinda Medina, de 1920 (Foto: Samir Sánchez, 2014).


Túmulo funerario en un estilo propio del eclecticismo decimonónico (al combinar, en forma armónica líneas barrocas, góticas y clásicas). Se levanta sobre la tumba de la familia de Lorenzo Anselmi y construido en 1926 (Foto: Sami Sánchez, 2014)


Elaborado y detallado Panteón de la Familia Celis, en el Cementerio Municipal de San Juan de Colón. Edificado, probablemente, después de 1932, en forma de templete según un estudiado y armónico estilo arquitectónico ecléctico. Su excelente estado de conservación se debe a la preocupación que, a través del tiempo, ha tenido la Alcadía y Municipalidad de Ayacucho, por su mantenimiento. En el Cementerio General del Sur, en Caracas, cerca de la entrada principal, y sobre la tumba del General en Jefe José Antonio Velutini, quien fuera Vicepresidente de la República entre 1904 y 1905, se erigió en 1912 un panteón con idénticas características al del panteón de la Familia Celis   (Foto: Samir Sánchez, 2010).


Detalle de la fachada o vista principal del Panteón de la Familia Celis, en el Cementerio Municipal de San Juan de Colón  (Foto: Samir Sánchez, 2010).

Detalle de la sección superior del Panteón de la Familia Celis, en el Cementerio Municipal de San Juan de Colón  (Foto: Samir Sánchez, 2010).

Detalle del acabado de los ornamentos de la sección superior del Panteón de la Familia Celis, en el Cementerio Municipal de San Juan de Colón  (Foto: Samir Sánchez, 2014).



Detalle las lápidas epigráficas del Panteón de la Familia Celis, en el Cementerio Municipal de San Juan de Colón  (Foto: Samir Sánchez, 2010).
Escultura en mármol, sin identificación de su autor, del Ángel de la esperanza, de alas repelgadas, quien con una de sus manos señala el el lugar de la vida eterna, donde se encuentran las almas de los que reposan allí, bajo sus pies y a quienes ofrenda -perennemente- una guirnalda y un manojo de rosas. Es una versión artísticas, y más romática, del Ángel Apocalíptico descrito en el libro del Apocalipsis 10:1-7. Panteón de la Familia Celis, en el Cementerio Municipal de San Juan de Colón  (Foto: Samir Sánchez, 2010).

Detalle de la ecultura en mármol, sin identificación de su autor, del Ángel de la esperanza y de la arquitectura y ornamentación del templete funerario. Panteón de la Familia Celis, en el Cementerio Municipal de San Juan de Colón  (Foto: Samir Sánchez, 2014).

Solitario cipo funerario en forma de obelisco, a la memoria de Leonor Mazzei de Anselmi, de 1926. Cementerio Municipal de San Juan de Colón  (Foto: Samir Sánchez, 2014).


Otro aspecto del cipo funerario en forma de obelisco, a la memoria de Leonor Mazzei de Anselmi, de 1926. Cementerio Municipal de San Juan de Colón  (Foto: Samir Sánchez, 2014).



El Panteón de la Familia Guglielmi Cardi, con lápida geográfica que evoca el lugar de origen (Isla de Córcega) y de fallecimiento (San Juan de Colón) de las personas allí enterradas: Juan Pablo Guglielmi, 1883; Domingo Cardi, 1892; Asunta Cardi de Guglielmi, 1896 y Juan Guglielmi, 1913 (Foto: Samir Sánchez, 2014).







Un borroso epígrafe -en la lengua materna- marca el lugar de sepultura de una inmigrante francesa: Agues Maget vda. de Cazabonne (Nacida en 1911 y fallecida en 1993): ON GARDERA TON SOUVENIR POUR TOUJOURS TES ENFANTS ET PETITS ENFANTS (Foto: Samir Sánchez, 2014).



Panorámica de la calle o avenida central del cementerio de San Juan de Colón, en la cual destacan los perfiles de los monumentos funerarios antiguos (Foto: Samir Sánchez, 2014).






Cementerio Municipal de Lobatera (antiguo Cementerio del Torreón). Lobatera, Estado Táchira.


Los dominios de la Antigüedad




Construido en noviembre de 1849, sobre la antigua explanada del Torreón, cuando el Concejo Municipal del Cantón de Lobatera, encargó a su Presidente y Jefe Político, Don Pedro María Reina la re-ordenación de los espacios urbanos  de la Villa de Lobatera, luego del terremoto que destruyó por completo al poblado, el 26 de febrero d 1849. El portal de entrada y capilla, datan de 1916.


Panorámica de Lobatera y parte del Cementerio Municipal con las antiguas paredes de tapiales, para 1974 (Foto: Carlos Alviárez Sarmiento, 1974. Proceso de cromatización digital, T.S.U. Sigrid Márquez Poleo, 2015)



En 1991, se dio una ampliación de los espacios del cementerio, derribándose las antiguas paredes que le servían de muros, desde fines del siglo XIX. 

Al derribarse el muro occidental, quedaron sin soporte y protección las sepulturas edificadas en la segunda mitad del siglo XIX, que se encontraban adosadas a esa pared y con ello se aceleró el proceso de destrucción de las mismas.   


Fronstispicio, entrada principal y capilla del Cementerio Municipal de Lobatera, edificados en 1916 (Foto: Darío Hurtado, 2011).




Basamento en piedra o zócalo que servía de sustento a las paredes de tapia pisada o tapiales, de cerramiento, del Cementerio Municipal de Lobatera. Se corresponden con los restos de lo que fue el muro oriental original, de 1849. Es una construcción de fines del siglo XVII, propia del sistema defensivo militar español. Elaborado en mampostería (de la cual sólo se conservan estos cimientos en piedra de tres pies de ancho o una vara castellana) que cumplían la función de batería o fortín para defender la entrada a Lobatera tanto por el camino real como por el río Lobaterita. Ya en ruinas (documentado en un mapa de 1837), fue el torreón demolido en 1849, por órdenes del Concejo Municipal de la época, para construir el nuevo cementerio municipal de Lobatera, por cuanto el anterior colapsó, luego del terremoto del 26 de febrero de 1849. De allí que al actual cementerio se le conozca con el nombre de “el cementerio del Torreón” . Foto: Samir Sánchez, 2014.

Tumba en tierra, de enterramiento simple o sin túmulo, conocida como El Lithostrotos, fines del siglo XIX, Cementerio Municipal de Lobatera (Foto: Samir Sánchez, 2010).



Detalle de lo que subsiste del nicho abovedado del túmulo conocido como La Cupa, de fines del siglo XIX. Cementerio Municipal de Lobatera (Foto: Samir Sánchez, 2010).
 
Túmulo conocido como La Cupa, de fines del siglo XIX. Cementerio Municipal de Lobatera (Foto: Samir Sánchez, 2007).

 
Túmulo que se conoció como El Monóptero, de fines del siglo XIX, ya no existe por cuanto fue derribado en 1997. Realizado en un estilo eclecticista con base en elementos tomados de los órdenes greco-romanos aplicados a los templos circulares de la Antigüedad y elementos del Barroco, estaba estructurado por una pilastra central interior con ocho columnas (octástilo in antis) anilladas y de pronunciado éntasis, exteriores, que sostenían una cubierta maciza de copa baja o semiesférica (Foto: Samir Sánchez, 1993).

Detalle de lo que subsiste del túmulo de Victoriano Molina, conocido como El Edículo, de 1925. En el extremo derecho del observador, el túmulo conocido como El Humilladero. Cementerio Municipal de Lobatera (Foto: Samir Sánchez, 2010).

 
Grupo escultórico de los Ángeles orantes (elaboradas en la técnica plástica del modelado, por el escultor y pintor marabino Ciro Romero) y vasos lutróforos ornamentales. Túmulo de Jesús Medina, 1920, Cementerio Municipal de Lobatera (Foto: Samir Sánchez, 2010).

Detalle a contraluz del grupo escultórico de los Ángeles orantes (elaboradas en la técnica plástica del modelado, por el escultor y pintor marabino Ciro Romero). Túmulo de Jesús Medina, 1920, Cementerio Municipal de Lobatera (Foto: Samir Sánchez, 2010).


Escultura de La Oración de Jesús en el Huerto, en mármol. obra del escultor italiano Emilio Gariboldi, realizada en sus talleres en Caracas, en 1916. Panteón de la Familia Vivas Sánchez (Foto: Samir Sánchez, 2011)   

Detalle de la perfección del mármol cincelado, observado a través de un claro-oscuro. Escultura de La Oración de Jesús en el Huerto, en mármol. obra del escultor italiano Emilio Gariboldi, realizada en sus talleres en Caracas, en 1916. Panteón de la Familia Vivas Sánchez (Foto: Samir Sánchez, 2011)


Fachada superior del túmulo conocido como La Concha, de mediados del siglo XIX (Foto: Samir Sánchez, 2010)

Fachada superior del túmulo conocido como La Concha, de mediados del siglo XIX (Foto: Samir Sánchez, 2007).


Sección posterior de los túmulos conocido como La Concha, El Intersticio y El Arco ojival (de izquierda a derecha del observador). El colpaso de las estructuras permite apreciar las técnicas y materiales de construcción empleados, en especial el uso de lajas y piedra de canto rodado sin trabajar, traídas de las quebradas que rodean a Lobatera. Estas estructuras datan mediados o fines del siglo XIX (Foto: Samir Sánchez, 2007).
Fachada del túmulo conocido como El Arco Ojival, almenado, de inspiración gótica, y construido a fines del siglo XIX (Foto: Samir Sánchez, 2010).


Muro antiguo reutilizado y entramado de los nichos abovedados, en la sección posterior del túmulo conocido como La Concha, de mediados del siglo XIX. Con probabilidad, resulta la construcción funeraria más antigua del Estado Táchira  (Foto: Samir Sánchez, 2010).
Fragmento del muro antiguo reutilizado como muro de contención para los nichos (superior e inferior) abovedados del túmulo conocido como La Concha, de mediados del siglo XIX. Con probabilidad, resulta la construcción funeraria más antigua del Estado Táchira  (Foto: Samir Sánchez, 2010)
Vista lateral de la fachada del túmulo de La Concha  (Foto: Samir Sánchez, 2010)
Vista de la bóveda inferior, desde la sección posterior del túmulo de El Intersticio. Se aprecia el uso de guijarros o piedras de canto rodado, sin trabajar, así como el empleo de ladrillos cuadrangulaes de arcilla (conocido en la región como ladrillo tablita), el cual le da al techo abovedado una forma trapezoidal. El derribo, en 1991, de los antiguos muros del cementerio, en especial el occidental, al cual estaban adosadas las sepulturas de fines del siglo XIX, aceleraron su proceso de destrucción (Foto: Samir Sánchez, 2010)


Detalle, en contraluz, de la ya desgastada -por el paso del tiempo- escultura del Alma suplicante, del túmulo conocido como El Humilladero, sepultura de Ana María Alviárez, elaboradas en modelado, en 1927 por el escultor y pintor marabino Ciro Romero (Foto: Samir Sánchez, 2010).
Túmulo conocido como Las Almenas, construcción de fines del siglo XIX y a su derecha (izquierda del observador), fachada adosada al túmulo conocido como La Cupa (Foto: Samir Sánchez, 2010).

Túmulo de Bernardo Zambrano (de 1942), conocido como El Pilar. Construido como sepultura tipo hito o señal de camino, está conformado por un pilar clásico aislado. Sobre el mismo se encuentra una cruz encuadrada inspirada en el estilo historicista del gótico flamígero o gótico tardío. Tiene la singularidad esta cruz, la de ser una réplica exacta de la antigua cruz del sagrario de la Iglesia Parroquia de Lobatera, que se encontraba sobre el tabernáculo para la reserva eucarística. La misma estaba elaborada en metal sobredorado y desapareció en 1949 cuando fue derribado el templo, para su remodelación (Foto: Samir Sánchez, 2010).

Escultura por modelado, del Ángel de la Fe victoriosa, representada por un ángel estauróforo (que porta la cruz), en el Panteón de la Familia Medina Sandoval, posterior a 1943. Cementerio Municipal de Lobatera  (Foto: Samir Sánchez, 2007).

Sección posterior del portal de entrada y capilla (de 1916), escultura por modelado, del Ángel de la Fe victoriosa, y del grupo escultórico de los Ángeles orantes. Cementerio Municipal de Lobatera  (Foto: Samir Sánchez, 2007).

Panorámica sur del cementerio Municipal de Lobatera, cuya planta conserva el esquema original de 1849, al contar con un portal y capilla de ingreso (de 1916), una calle o avenida central y sólo dos grandes cuarteles. Sobresale entre las estructuras funerarias, la cúpula del Panteón Vivas Sánchez  (Foto: Samir Sánchez. 2010).



Nocturno del Cementerio Municipal de Lobatera, 2 de noviembre de 2016 (Foto: Darío Hurtado, 2016).



Cierra este recorrido por los viejos camposantos, los versos que le oyera a la abuela. En un lento y solitario caminar por las sendas del camposanto de su tierra; andar cargado de sosegada tristeza, una melancolía desgajada del recuerdo de quienes ya se le habían adelantado en el viaje sin retorno -por cuanto vivió noventa y seis años-, la hacía recitar:

«Un viaje por un mar de tempestades/es la vida mortal; la tumba es puerto./Morir es regresar a nuestra patria.../No se debe llorar por los que han muerto» (Hojas sueltas, Manuel María Flórez, 1840-1885, poeta mexicano).
  


Bibliografía

PAGOLA, José Francisco, Sombras al amanecer - Antología de sonetos, Fondo Editorial Diculta, Colección Poesía Nº 1, San Cristóbal, 1997; SÁNCHEZ, Samir A. Mors memoriae o la Extinción de la memoria, Fondo Editorial Simón Rodríguez, San Cristóbal, 2011; STANFORD, Peter, How to read a graveyard: Journeys in the company of the dead, London, 2013; VILLAMIZAR MOLINA, J. J., Instantes del camino, ediciones de la Municipalidad de San Cristóbal, San Cristóbal, 1980.

 
Créditos  de fotografía | Credit: Images courtesy of  

Proyecto ExpArt quiere dar las gracias a los amigos e instituciones por permitir la reproducción de sus fotografías con lo cual han contribuido a la realización del presente estudio.



Google earth para la  Educación, 2014 
Santiago Xavier Sánchez
Carlos Alviárez Sarmiento
Jonny Rojas
Darío Hurtado



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Acerca del autor

Samir A. Sánchez es profesor de Historia del Arte y Métodos de Investigación en la Universidad Católica del Táchira (San Cristóbal - Venezuela). Es autor, entre otras publicaciones, de San Cristóbal Urbs quadrata (2003) y Mors Memoriæ o la Extinción de la memoria (2011).



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