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Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera [Foto: Cosme Darío Hurtado Cárdenas, 22 de noviembre de 2012]
«Por cierto que mal haría / el que por aquí pasase
sin que Señora os resase /siquiera un Ave María.../y luego del Santa María/ en postrer gozo diría:/ Pues te hizo la Trinidad/tan perfecta y sin igual/líbranos de todo mal/¡Virgen de Chiquinquirá!». Antigua jaculatoria tradicional de las aldeas y campos de Lobatera, en el siglo XIX, la cual era recitada por grupos de mujeres en el tradicional canto de "La Corona". Este era una serie de estrofas que alababan a la Virgen María y su maternidad divina. Se entonaban, desde los patios de tostar café y cacao, en las casas de las aldeas, en las montañas de Lobatera, al finalizar el día y aproximarse la noche, a la hora de la oración de la tarde (o del ángelus de la tarde, 6:00 p. m.). Al finalizar cada estrofa, repetían el siguiente coro "Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor de los cielos, nos dé su gracia". Texto tomado del manuscrito (no publicado) intitulado Los relatos de los nonos o los cuentos tras el fogón, de Delfina Sandoval Zambrano (1901-1992) y Maximiana Sandoval vda. de Sánchez (1908-2004). |
Abstract
A Spanish Colonial Masterpiece: Our Lady of the Rosary of Chiquinquirá of LobateraThis extraordinary artwork represents a masterpiece of Spanish Colonial Art, deeply rooted in the Spanish Mysticism of the early 17th-century. The painting was conceived not merely for observation, but as a devotional guide, directing the viewer toward a spiritual union with the Divine. This was achieved through the contemplation of Christ, God Incarnate, and the profound meditation upon His mysteries, as well as their radiant manifestation in the figures of the Virgin Mary, Saint Andrew the Apostle, and Saint Anthony of Padua.The piece, an oil on canvas entitled Our Lady of the Rosary of Chiquinquirá of Lobatera (Táchira State), is precisely dated to AD 1621. Although the creator remains anonymous, the painting is justly celebrated for its superb quality and technical execution. It is renowned within academic circles for its gorgeous beauty, precise draughtsmanship, and the profound sense of naturalness and radiance it imparts. The artistry is further distinguished by the lavish density of the brushstrokes, which appear to radiate light and colour across the perfectly square canvas, measuring 41.73 x 41.73 in (or 1.06 x 1.06 m).
Resumen
Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de LobateraEsta obra de arte, excepcional dentro del corpus del arte colonial español, constituye una pieza magistral, profundamente imbricada en la mística española de principios del siglo XVII. La pintura fue concebida no solo para la mera observación estética, sino como un instrumento devocional destinado a catalizar en el espectador una unión espiritual con lo Divino. Este objetivo se buscaba mediante la contemplación de Cristo, el Verbo Encarnado, y la profunda meditación sobre Sus misterios, así como su manifestación radiante en las figuras de la Santísima Virgen María, San Andrés Apóstol y San Antonio de Padua.La pieza, un óleo sobre lienzo titulado Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera (Estado Táchira), está datada de manera precisa en el año 1621 d.C. Aunque su autoría permanece en el anonimato, la obra es justamente reconocida por su soberbia calidad artística y su pulcra ejecución técnica. Es altamente valorada en los círculos académicos por su exquisita belleza plástica, la precisión de su dibujo, y la profunda sensación de naturalismo y luminosidad que emana. La maestría del pincel se distingue, además, por la suntuosa densidad de las pinceladas, que parecen irradiar luz y color a lo largo de la superficie perfectamente cuadrada del lienzo, cuyas dimensiones son de 1.06 x 1.06 metros (41.73 x 41.73 pulgadas).
Imagen histórica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera, en templete tipo larario romano, en el retablo mayor adosado al muro testero del presbiterio, de la Iglesia parroquial, Lobatera, Estado Táchira (Foto: Ing. Breiner Chacón, 2025, reproducción con fines didácticos).
Datos generales de identificación del cuadro o lienzo │ Masterpiece Data Art
Autor: Anónimo │ Author: Undetermined
Título de la obra: Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera │ Title of work: Our Lady of Rosary of Chiquinquirá of Lobatera
Cronología: Su presencia en Lobatera está documentada desde inicios del siglo XVII (por un testamento de 6 de marzo de 1621) │ Chronology: 17th century (1621)
Lugar de realización y procedencia original: No determinado documentalmente. Por la calidad y técnica academicista de la pintura, con probabilidad, proviene de los talleres de pintura colonial de Santa Fe de Bogotá, en el Nuevo Reino de Granada. │ Origins of the picture: Undetermined. Presumably, Masterwork of Spanish Colonial Art from Santa Fe de Bogotá's painting workshops.
Técnica y material: Pintura de caballete, académica, en óleo sobre lienzo (lino o cáñamo) con soporte de entelado flotante (realizado con probabilidad en 1967) │ Thecnique and material: An academic easel painting of oil on canvas. Lining to canvas (non-adhesive and tensioned old painting was placed on top of a new canvas, about 1967).
Medidas: 1,06 x 1,06 cm (en unidades de medida o patrón de medida original: 1 1/3 x 1 1/3 de varas castellanas o 4 x 4 pies castellanos, de uso en el siglo XVII): │ Dimensions: 1.06 x 1.06 cm (4 x 4 feet of the ancient Kingdom of Castile).
Localización: Obra pictórica devocional que se conserva en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, [imágenes del templo y texto descriptivo arquitectónico (en inglés)], Lobatera (Municipio Lobatera, Estado Táchira. Venezuela) │ Location: Our Lady of Rosary of Chiquinquirá Church, Lobatera, Táchira State, Venezuela.
Normativa de titularidad: La titularidad de este cuadro, como bien no fungible, pertenece a la Parroquia eclesiástica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera y a la Diócesis de San Cristóbal (Dioecesis Sancti Christophori in Venetiola), y está regulada por la normativa canónica sobre el patrimonio histórico-artístico de la Iglesia como bien funcional-espiritual. Esto es, que trascendiendo su valor como testimonio artístico material de un pasado, el bien sigue cumpliendo en la actualidad una función espiritual, cultual, litúrgica y devocional de la fe, de la gracia y de los carismas de la vida de la comunidad eclesial que lo conserva (Código de Derecho Canónico, canon 1273 y ss.).
Desde la perspectiva del conjunto normativo público o secular, como bien de Interés Cultural de la Nación está incorporado al Catálogo del Patrimonio Cultural de Venezuela 2004-2010/TA 17-18/p. 10, según Resolución N° 003-2005, del Instituto del Patrimonio Cultural, publicado en la Gaceta Oficial N° 38.234 de fecha 20 de febrero de 2005.
Cultural Heritage of the Church, Code of Canon Law (c. 1273 and next). │ Masterpiece, Venezuela Heritage of Cultural Interes, National Heritage Catalog 2004-2010/TA 17-18/p. 10. Official Gazette 38,234. Caracas, February 20, 2005.
Audiovisual (resumen) de la Historia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera (pulse aquí para ver).
«La virgen del rostro moreno y dulce mirar»
Historia documentada de los orígenes y arte del cuadro:
Todo proceso de contemplación e intelección de esta pintura, como manifestación del genio espiritual del hombre, nos coloca de forma inequívoca frente a una obra maestra del arte colonial hispanoamericano del siglo XVII, cuyos orígenes se encuentran documentados desde 1621, cuando pertenecía, como cuadro devocional, a Doña Ana Pérez del Basto, esposa de Don Pedro de Torres Vera, fundador de la población de Lobatera en 1593.
Don Pedro de Torres Vera, Fundador de Lobatera en 1593. Acrílico sobre lienzo, 55 x 46 cm, obra del pintor tachirense José Gregorio León Duque. Lobatera 17 de abril de 2015. Es el primer retrato historiado que se realiza del fundador, quien nació en La Ventosa (actual Ventosa de la Cuesta, Valladolid – España) a mediados del siglo XVI y falleció en Lobatera, en 1610. Fue esposo de Doña Ana Pérez del Basto, primera propietaria del lienzo de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera. Foto: Darío Hurtado, 2015
Registro de la salida por el puerto de Sevilla de los jóvenes hermanos Sebastián y Juan de Torres, hijos de Pedro de Torres y Olalla, vecinos difuntos de La Ventosa (actual Ventosa de la Cuesta, Valladolid, España). Embarcaron a Santa María la Antigua del Darién (puerto caribeño en el Nuevo Reino de Granada, en el actual Departamento del Chocó, Colombia) el 18 de mayo de 1517. Juan de Torres sería el padre de Pedro de Torres Vera, fundador de Lobatera (Foto: Archivo General de Indias, Catálogo de Pasajeros de Indias, Libro I, f. 492, registro 2.591. Imagen de Archivos Estatales de España y cortesía de Alberto Alonso Álvarez, concejal del Ilustre Ayuntamiento de Ventosa de la Cuesta, 2022).
Al redactar su testamento, Doña Ana Pérez del Basto legaba a sus herederos «Ytem 23: un cuadro nuevo de Nuestra Señora de Chiquinquirá [...]» (Registro Público Principal del Estado Táchira, Archivo Histórico de La Grita, Tomo III (1621), Legajo 4. Inventario y avalúo de los bienes quedantes al fallecimiento de Ana Pérez del Basto, realizados ante el Alcalde ordinario Don Martín Pérez Duque, por su albacea testamentario Francisco Chacón a 6 de marzo de 1621, 12 folios).
La pintura, de carácter mariano devocional, que está elaborada sobre un lienzo de 4 x 4 pies castellanos, pasó a ser propiedad de la hija mayor de Don Pedro de Torres Vera y Doña Ana Pérez del Basto, Doña Felipa de Torres, casada con el Capitán Francisco Chacón, Regidor Perpetuo de la ciudad del Espíritu Santo de La Grita.
Las dimensiones del cuadro, pintura de caballete, permitieron que fuese expuesto para la veneración pública, en el oratorio de la hacienda del mayorazgo de los Chacón de Torres, elevado en 1764 a la jerarquía de viceparroquia eclesiástica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, en cumplimiento de las reales órdenes de Carlos III de fecha 6 de octubre de 1764 que disponían dotar de teniente de cura (antiguo nombre que se le daba al sacerdote o fraile asistente al vicario o párroco) a las poblaciones que estuviesen a cuatro leguas o más de su sede parroquial.
Por solicitud expresa de los vecinos y hacendados de Lobatera, en fecha 1 de junio de 1773 el Arzobispo de Santafé de Bogotá Fray Agustín Camacho y Rojas, O. P. decretaba la creación canónica de la Parroquia eclesiástica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera, separándola de la jurisdicción de la parroquial de la Villa de San Cristóbal y le asignaba la misma jurisdicción que en lo civil y judicial ya tenía la Villa de Lobatera.
El 20 de marzo de 1774 llegaba al pueblo el Pbro. Dr. Manuel Antonio de Nava, primer cura párroco designado por el Arzobispado, y el 22 de marzo creaba e instalaba, junto con el Alcalde Don Antonio Thomás Rosales, la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera.
Plano del urbanismo de la Villa de Lobatera, para 1774 (propuesta de plano urbano de Lobatera con reconstrucción de época o reconstruido con base en fuentes documentales del siglo XVIII y copiando el estilo de los planos y grafía de la época española en América).
Ya para el 11 de abril de 1779, se registraba en el libro de actas de la Cofradía que los hermanos o cofrades, el Cura Párroco Pbro. Dr. Don Manuel Joseph de Aristizabal y el Señor Alcalde, Don Francisco Xavier de Moncada, elegían por Mayordomo de la misma a Don Pablo Vicente Chacón de Torres, tataranieto o tercer nieto (el cual tenía el cuarto grado de consanguinidad en la línea recta descendente) de Pedro de Torres Vera y Ana Pérez del Basto quien había legado a Lobatera, el cuadro nuevo de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, en 1621.
Firma autógrafa, en el Libro de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera, de Don Pablo Vicente Chacón de Torres, tataranieto o tercer nieto (el cual tenía el cuarto grado de consanguinidad en la línea recta descendente) de Don Pedro de Torres Vera (fundador de Lobatera) y su esposa Doña Ana Pérez del Basto quien habían legado a Lobatera, el cuadro nuevo de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, en 1621.
Los Comuneros de Lobatera. Asimismo se observa la firma de Don Bernardino Escalante, quien tuvo una actuación destacada en la Villa de Lobatera, en 1781, como uno de los cabecillas del levantamiento de los Comuneros, siendo designado para el cargo de Procurador de tropa. Tomando los datos aportados por los testigos y reos, recogidos en las actas procesales de los infidentes alzados, una vez derrotado el movimiento, fue llevado preso a Caracas junto a otros cabecillas, regresó a Lobatera, en 1782, luego del indulto del Virrey Caballero y Góngora, hecho extensivo a los comuneros de la Capitanía General de Venezuela, por el Capitán General y Gobernador Don Luis de Unzaga y Amézaga.
Adelantándose a las demás poblaciones tachirenses, Lobatera, entró de hecho en el Movimiento de los Comuneros en su protesta contra los funcionarios de la Real Hacienda (quienes manejaban a su arbitrio los impuestos del Rey como alcabalas y estancos), alzándose y derramando el aguardiente que se guardaba en la casa del Estanco, administrado por el vecino Isidro Blanco. Por igual, ese mismo día, reunieron más de doscientas armas de fuego, según lo relataba -con admiración- Don Salvador Plata en sus memorias escritas en 1795 (Memorial de Salvador Plata, manuscrito de 1795, folio 16 r, 42v y 99v).
Las crónicas refieren como el 14 de junio de 1781, los lobaterenses celebraban las antiquísimas fiestas del Jueves de Corpus Christi. En horas del mediodía, luego de la procesión solemne con el Santísimo, en señal de rebeldía, los sublevados derramaron el aguardiente que se encontraban en las dependencias oficiales del Real Estanco, recibiendo el apoyo del Alcalde pedáneo de Lobatera Don Cristóbal Mora, quien no impidió la acción.
Seguido levantaron una horca y se izó una bandera de color rojo carmesí en la plaza mayor o pública, según lo descrito en el Memorial de Salvador Plata, manuscrito de 1795, folio 83v. El color estuvo probablemente inspirado en el de la bandera de los comuneros castellanos de 1521, quienes defendieron los fueros y derechos de las ciudades, villas y pueblos viejos de Castilla contra la imposición del absolutismo monárquico del emperador Carlos I de España y V de Alemania (un único pendón de los comuneros castellanos, rojo carmesí, se conserva en la Capilla de Talavera, de la Catedral vieja de Salamanca).
Al grito marcial de: "¡Viva el Rey y muera el mal gobierno de sus ministros!”. En plena plaza mayor nombraron por capitanes de la población a los vecinos José Escalante y Juan Tomás Vivas; Capitán de Pardos a Juan Esteban Merchán y capitanes de comuneros a Pablo Chacón y Marcelo Vivas; Procurador, Bernardino Escalante; Ignacio Chacón, Alférez; Miguel Escalante, Teniente de Tropa, y cabos a Lorenzo Ojeda, Julián Morales, Gregorio Acevedo, Tomás Cárdenas y Juan Antonio Rosales.
Los lobaterenses insurrectos y demás comuneros oraron ante el lienzo con la imagen de la patrona del pueblo, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, a la cual declararon Capitana y Guía de la tropa comunera y marcharon en los días siguientes, como ejército de vanguardia, siendo los primeros en entrar en las poblaciones de La Grita, San Faustino de los Ríos, la Villa de San Cristóbal y Mérida. Firmas autógrafas tomadas del Acta de la reunión anual de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera, 11 de abril de 1779 (Libro de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera, f. 8, Archivo Parroquial Eclesiástico de Lobatera. Fotostato: Samir Sánchez, 1994).
La pintura de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, en lienzo (o cáñamo) que se conserva en la Iglesia parroquial de Lobatera, se caracteriza por presentar una definida técnica académica, con impronta renacentista. En ella, el autor procuró copiar -a partir del principio metódico de réplica en naturalismo, de la realidad- los detalles presentes en la pintura original de Chiquinquirá (Boyacá-Colombia).
Creó, de esta forma, una diferencia notable con el resto de las reproducciones de época que -sobre la imagen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá- se encuentran en el occidente venezolano, caracterizadas por presentar la licencia o libertad artística que tuvieron sus autores en agregarle elementos o aditamentos barroquizantes a las formas renacentistas del lienzo original.
Así -en el cuadro de Lobatera- las cinco imágenes representadas reflejan el virtuosismo del autor en el manejo académico de una correcta combinación de las pinceladas delineadas, lisas y esfumadas; en el uso del tiento para los trazos en detalles; en el logro de los tonos cromáticos vaporosos; los suaves contornos; la armonía de los rostros; el tratamiento de las carnaciones; las tonalidades de fondo y la subordinación de los ropajes a la importancia de los rasgos fisionómicos.
Las anteriores características, consideradas en conjunto, representan uno de los grandes logros de esta obra (ej. en los detallados rasgos físicos y psicológicos del rostro de San Andrés apóstol), evocando técnicas pictóricas específicas presentes en obras del arte universal, como en los lienzos de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682).
De allí la hipótesis que nuestro anónimo autor se haya formado en uno de los talleres o escuela de oficios de pintura colonial, de las más inmediatas, como lo fueron: la Santafereña (en Santa Fe de Bogotá, del Nuevo Reino de Granada); la Tunjana (en Tunja, del Nuevo Reino de Granada) o la Quiteña (en Quito, en la Real Audiencia y Presidencia de Quito) y probablemente, dado el naturalismo renacentista de la obra -exenta de barroquismos- haya sido contemporáneo de pintores coloniales como Antonio Acero de la Cruz (c. 1600 - 1669).
No obstante, hasta el presente, no se ha logrado encontrar una obra pictórica similar que reúna idénticas características en cuanto al cuidadoso acabado, sofisticación del trabajo del pincel, detallada naturalidad y una acertada sublimación de la naturaleza humana y sacra de los personajes presentes en el lienzo de Lobatera.
Figura 1. Detalles del cromatismo del lienzo, bajo efecto de iluminación artificial focalizada directa y con cristal protector (Foto: Darío Hurtado, 2012). |
Iconografía, soporte, materiales y retoques
Así, directamente o sobre un boceto previamente marcado sobre el aparejo, por cuanto parece no tener una capa de imprimación, dado el color mate de acabado de esta pintura al óleo, un anónimo pintor legó a Lobatera una imagen de Nuestra Señora del Rosario, de 93 cm de altura, representada con tez clara, cabello castaño, rostro almendrado y de nariz perfilada, sereno, de finas facciones, inclinado hacia su izquierda (derecha del observador) y con los ojos semi-cerrados en actitud de maternal mirada. De allí que los habitantes de Lobatera, a través del tiempo, la hayan denominado «La virgen del rostro moreno y dulce mirar».
Está recubierta Nuestra Señora con una túnica roja (que ha perdido en parte -por degradación de los pigmentos- el intenso color original). La misma oculta una saya blanca sólo visible en sus ribetes, bajo el doblez de la manga derecha (izquierda del observador) de la túnica y a partir del trazo logrado con un fino pincel; un velo blanco que cae por los lados en dobleces y se recoge sobre el pecho.
El manto o capa se presenta, predominantemente, con un pigmento o color azul marino (pudiendo ser el original un azul claro pero ya degradado o con alto grado de oxidación) y repintes hecho a fines del siglo XVIII o posterior de probable azul de Prusia. Está realizado con pliegues dinámicos que le dan volumen y luminosidad a su acabado. Los retoques están caracterizados por un estilo de pincelada más grueso y diferente a la pincelada académica original del resto de la pintura.
Fig. 1.2. «La virgen del rostro moreno y dulce mirar» de la tradición mariana de Lobatera. Imagen lateralizada derecha del cuadro (izquierda del observador), con foco en ángulo de 45º, de Nuestra Señora y el Niño Jesús (Foto: Darío Hurtado, 2012). Trazos de un fino pincel permiten ver los ribetes de una manga blanca, de la saya. Cubierta, a su vez, por el doblez de la manga de la túnica. |
El espacio que se encuentra entre la corona y la diadema está ocupado por molduras en metal sobredorado, que reproducen roleos zigzagueantes. En los intersticios le fueron colocadas piedras de colores grana y verde como exvotos.
Aún con el envejecimiento o degradación natural propio de los pigmentos, el trabajo de luminosidad que le dio el artista a la obra se mantiene.
En cuanto a la iluminación ideada por el autor, en foco fuera del plano base del cuadro, la luz penetra a todo el cuadro de manera frontal. No obstante se encuentra una acentuada luminosidad irradiada a partir de la gloria (combinación de nimbo y aureola), que emana de la imagen de Nuestra Señora. Esta última luninosidad -conjetura formada a partir de una observación simple- resulta un agregado posterior a la realización de la pintura, partiendo de la presencia de una pincelada básica diferente, tosca, sin concierto, gruesa o de repinte además de apreciarse que la misma se encuentra sobre la capa del barniz original, por lo que se conluye que fue realizada en una fecha posterior a la realización del cuado y no precisa. La aplicación de esta luminosidad o dorado -diferente a la concepción o idea de luminosidad dada por el pintor del lienzo- alteró en parte el fondo original del cuadro elaborado en un probable patrón de inspiración manierista.
Sobre la advocación mariana de Nuestra Señora del Rosario, es importante acotar que la misma está relacionada con la primera talla religiosa policromada que llegó a Venezuela, documentada a principios del siglo XVI. El 2 de junio de 1513, el Rey Fernando de Aragón, el Católico, como Regente del Reino de Castilla luego del fallecimiento de la Reina Isabel la Católica, ordena se entreguen a los frailes dominicos que iban a pasar a evangelizar Tierra Firme (las costas desde Cariaco -en el actual oriente venezolano- a Coquivacoa -en el occidente-), según su proyecto/ensayo de Gobernación espiritual, las tallas religiosas de un crucifijo de bulto grande, una cruz de latón; las imágenes en bulto de Nuestra Señora del Rosario, de Santo Domingo de Guzmán, de San Pedro Regalado y de San Pedro Mártir (San Pedro de Verona).
La realización de las imágenes le fue encomendada a dos artesanos cordobeses de origen alemán, radicados en Sevilla: Jorge y Alejo Fernández Alemán, El primero tallador y el segundo pintor, dorador y estofador de las imágenes. Estas fueron las primeras tallas religiosas, documentadas hasta la fecha, que llegaron a Venezuela.
Las tallas destinadas a las misiones de Cumaná, desparecieron en 1515 con la destrucción de las mismas. (Archivo General de Indias, Contratación, legajo 4672, “Relación de costos de mantenimiento y hornamentos y otras de servycio y passage que se dan a Fray Pedro de Córdoba de la Horden de Santo Domingo”. BOULTON, Alfredo, Historia de la pintura en Venezuela, tomo I, Caracas, 1964, p. 39).
El Niño Jesús (de 40 cm de altura, sobre el regazo del brazo de la Virgen) de cuerpo rollizo, cabellos castaño claro y faz redondeada (Fig. 2), tiene el rostro, brazos y torso descubiertos, el resto envuelto en una tela de color lila suave. De su cuello penden cinco alargados dijes en forma de hojas de olivo. Con la mano derecha (izquierda del observador) sujeta un hilo que pende del pie de una avecilla que tiene pintado su cuerpo en blanco perla y las coberteras, alas y cabeza, en negro (características de una golondrina). Esta figura se ubicó sobre el pecho de Nuestra Señora.
Es de resaltar que el ave no es un elemento original de la iconografía de Nuestra Señora del Rosario, sino un agregado del pintor Narváez, quien utilizó la figura de un jilguero en el lienzo de Chiquinquirá. No obstante modelos de la representación de un ave -como símbolo del alma de un fiel cristiano- en la mano del Niño Jesús, sostenido en brazos de Nuestra Señora, se puede encontrar -entre otras- en la talla en madera de la Virgen de El Paular, que data de fines del siglo XV (en la iglesia moncanal cartujana de Santa María de El Paular, ubicada en el valle de Lozoya, Madrid, España) o ya atado de un hilo o cuerda, en la Virgen del pajarito, óleo de Luis de Morales (El Divino Morales, Badajoz 1512-1586), siendo este cuadro su primer trabajo fechado, realizado en 1546 (se conserva en la Iglesia de San Agustín, en Madrid).
Una pintura en lienzo del siglo XVII (que por su estilo, es una probable obra del pintor criollo Antonio Acero de la Cruz), la cual se encuentra en la antigua Capilla de la Hermandad de la Vera Cruz, actual Iglesia de la Vera Cruz en Bogotá (Colombia), reproduce en idéntica forma, las características paseriformes de la avecilla representada en el lienzo de Lobatera.
En la cabeza, se colocó una luna creciente ranversada o invertida, sobredorada y repujada en sus contornos con figuras de roleos. En sus extremos pequeñas piedras grana y verde. Asimismo, de la mano izquierda, pende un repujado rosario.
Fig. 3. Detalle del sugestivo rostro de San Andrés Apóstol y daños de fracturas verticales en la capa pictórica que permite observar el oscurecimiento de la tela de soporte, por oxidación o degradación. Los rasgos son completamente individuales y minuciosos, incluida la zona de los ojos así como el color claro de las mejillas. (Foto: Darío Hurtado, 2012) |
Un singular exvoto
Es importante acotar en cuanto al origen o procedencia de la diadema y media luna invertida que están sobre la cabeza de Nuestra Señora que, sobre las mismas, no se cuentan con noticias sino a partir del Inventario eclesiástico de 1810, cuando ya se les mencionan.
No obstante, es una leyenda transmitida a través de la tradición oral de generación en generación y recordada por personas ancianas de Lobatera, que la oyeron a su vez de sus padres y abuelos en el siglo XIX, la que ha ofrecido una posible explicación sobre el origen de esta corona, como exvoto.
La relación que se compiló sobre la leyenda, con base en las versiones coincidentes entre las diferentes fuentes orales entrevistadas entre 1991 y 1998, es la siguiente:
«En una fecha ya olvidada, hubo un mercader que comerciaba con un navío de su propiedad, entre el puerto de Sevilla y el puerto de Cartagena de Indias. En uno de los viajes, su barco naufragó, en la noche, debido a una tormenta que lo hizo encallar entre unas rocas, próximas a las costas orientales de Venezuela. En el desespero del hundimiento, este mercader invocó el auxilio divino y, entre la noche estrellada y el furor de las olas, cuenta que vio sobre los fulgores de una inmensa media luna, la imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá. Agarrado a los restos de una de las tablas de la quilla del barco, las olas lo arrojaron a la costa. Consideró su salvación un milagro de Nuestra Señora y vistió de penitente pues, en el trance, había prometido peregrinar hasta Chiquinquirá (en el Nuevo Reino de Granada, en la actualidad la República de Colombia) y ofrecerle un exvoto en recuerdo del milagro. A pie, recorrió como peregrino, todo el camino que unía el oriente venezolano con el Nuevo Reino, a través de la cordillera. Al llegar a la Villa de San Cristóbal, y luego de relatar lo que le había sucedido como lo había hecho en todos los pueblos que visitó, los vecinos y el cura párroco le dijeron que en la Villa de Lobatera, a cinco leguas al norte, se veneraba una hermosa y milagrosa imagen de la Chiquinquirá y le invitaron a visitarla. El mercader-peregrino tomó el camino de Lobatera y cuentan los viejos que al entrar a la iglesia y ver el cuadro, en la puerta cayó tendido al suelo y rompió a llorar, sin que nadie pudiera calmarlo. Cuando se recobró y luego de llegar hasta el altar, de rodillas, explicó a los presentes que esa misma imagen, idéntica, fue la que vio la noche del naufragio en el cielo estrellado. Allí mismo prometió entregarle como testimonio del milagro una corona a quien llamó la dulce Reina y estrella de los cielos». Hasta aquí la leyenda.
La falta de referencias documentales y la distancia temporal a los hechos que refiere, convierten el hecho en un relato tradicional, con cierta similitud a relatos o milagros atribuidos a la imagen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, en otras representaciones pictóricas de Venezuela y Colombia. No obstante, en Lobatera, si existe un silencio documental, son ciertos aspectos formales o materiales de la corona de Nuestra Señora quienes presentan una cierta similitud entre lo referido en la leyenda y la singular pieza de orfebrería colonial.
Así, la relación simbolismo-formas presente en la diadema y la media luna de Nuestra Señora y el Niño Jesús, del lienzo de Lobatera, se explica en:
(a) La diadema porta en su centro la concha semicircular o venera que identifica al peregrino. Este símbolo tiene su origen en la venera que identificaba a las personas que peregrinaban a Santiago de Compostela en la Edad Media, a venerar la tumba del apóstol Santiago.
(b) La luna creciente ranversada (o media luna), radiante, presenta una abundancia de formas que evocan un cielo estrellado.
(c) Las molduras que unen la diadema con la media luna, así como las que rodean la luna creciente invertida sobre la cabeza del Niño Jesús, presentan abundantes y desordenadas formas zigzagueantes que recuerdan a su vez las ondas de un fuerte oleaje o de las olas marinas.
La disposición de las figuras en el plano base del cuadro, parte de la técnica pictórica inspirada en los antiguos paneles medievales, o trípticos de madera, los cuales fueron unificados sobre el lienzo por los artistas hispanoamericanos del período colonial, al presentar imágenes o varias advocaciones en una sola composición.
Centro, Nuestra Señora con el Niño Jesús; derecha (izquierda del observador), San Andrés Apóstol, por ser discípulo y apóstol así como por el hecho de haber padecido el martirio en el siglo I de la Era cristiana; izquierda (derecha del observador), San Antonio de Padua, a menor altura que las otras dos imágenes o inclinado por ser un santo de una época posterior y quien en vida reverenció y veneró a las dos imágenes que le preceden.
En el lienzo original de Chiquinquirá -en 1560- el anterior orden pictórico sacro de precedencia, heredado de la déesis (del griego δέησις que significa ruego, súplica. Pasó al latín como deprecor y al castellano como deprecación) bizantina y del arte Románico, y vigente para el siglo XVI, probablemente terminó alterado en atención a las probables condicionantes o indicaciones que -según la tradición- daría el fraile dominico de nombre Andrés Xadraque (según la tradición), las cuales reflejaban la jerarquía de la sociedad colonial de su tiempo.
Fray Andrés, siguiendo las indicaciones del encomendero, le encargó al pintor Alonso de Narváez (natural de Alcalá de Guadaira, cerca de Sevilla, España), residente en Tunja, la realización de la obra solicitada por el capitán Antonio (o Antón) de Santana -de quien sólo se conoce documentalmente que era devoto de ambos santos- para la capilla de su encomienda, siguiendo un orden de lo representado y no uno ontológico (del ser, sujeto o persona nominada representada). Fray Pedro de Tobar y Buendía, O. P. en su obra titulada Histórica relación de los milagros de la Madre de Dios de Chiquinquirá, publicada en primera edición en Madrid en 1654, denomina a esta situación como "un defecto que ha sido reparado siempre por muchos".
Así, la primera precedencia, a la derecha (izquierda del observador), fue para San Antonio de Padua colocado a igual altura de Nuestra Señora, erguido y mirándola directamente, por cuanto representaba al santo onomástico del conquistador y encomendero Antonio de Santana. No obstante le fue pintada la cabeza con la cogulla (capilla del hábito) cubriéndola, señal o símbolo de respeto y veneración ante la santidad de los personajes a quien dirije la mirada.
La segunda y última precedencia para la imagen de San Andrés apóstol, a la izquierda (derecha del observador) de Nuestra Señora, a menor altura que las dos restantes, semi-inclinado y leyendo, por cuanto representaba al mismo fraile, en su santo onomástico y en su función de intermediario entre la divinidad y su sociedad (conquistadores, criollos, aborígenes y esclavos) a través de la celebración diaria de la misa, la predicación, el oficio divino y la doctrina.
Simbología de los íconos presentes en el lienzo
Las imágenes representadas en la pintura de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera, portan una serie de símbolos que formaron parte de la más expresiva iconología cristiana, desarrollada ampliamente en el Barroco hispanoamericano.
Entre estos se encuentran:
Ave o avecilla, es la representación iconográfica del alma humana, que abandona el cuerpo al morir éste. La utilización de esta figura en la pintura, tiene sus raíces en la cultura clásica greco-romana y su simbolismo fue adoptado posteriormente por la iconografía cristiana a través de los relatos de los evangelios apócrifos de la Natividad (evangelio del Pseudo Mateo, capítulo XXVII).
Los deudores insolventes, inclusive en algunos casos extremos, con toda su familia, finalizaban en la cárcel por denuncia de los agiotistas o prestamistas. El santo combatió desde el púlpito de las iglesias tan nefasta costumbre, logrando abolir las penas y abriendo las puertas de la cárcel a muchos presos por este motivo. Así, el santo obtiene la reforma del estatuto ciudadano que establecía que el deudor que era insolvente, sin culpa, luego de cedidos sus bienes, no podía ser encarcelado.
Hasta la fecha, sólo ha sido posible identificar -en el marco de la iconografía mariana sobre la Chiquinquirá- otras representaciones de una llave en la imagen de San Antonio de Padua, se encuentra -en igual posición, en el primer dibujo en grabado que se conoce de la imagen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá (que copia el lienzo original) y que data de la segunda mitad del siglo XVII, posterior a 1650. Otra en el lienzo -barroco- de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá que se venera en la población de La Estrella (Antioquia - Colombia) el cual data entre 1685 y 1690, siendo retocado en 1794, y en la pintura en tabla al óleo con la imagen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, que se venera en Maracaibo (Estado Zulia - Venezuela), de fines del siglo XVII.
Un ejemplo de este tipo de imagen de San Antonio con el Niño Jesús diminuto sobre un libro, ya se puede apreciar, a partir del siglo XV, en una tabla al temple con la imagen del santo, obra del Maestro de Luna y que se expone en el Museo de Bellas Artes de Bilbao/Bilboko Arte Ederren Museoa (Bilbao, Euscadi, España).
Palma, si bien la plama es símbolo del martirio y así lo han considerado los investigadores del arte, del lienzo de Chiquinquirá, quienes en el caso de la sostenida por San Antonio la atribuyen a un error iconológico del pintor Narváez, por igual ha sido una representación del símbolo del hombre justo, quien vive con plena confianza en Dios, según es cantado en la tradición judeo-cristiana, en el salmo 91 (92).
Rosario: En el lienzo, sólo le fue pintado en la mano izquierda (derecha del observador) de Nuestra Señora y es el atributo que le da nombre a su advocación. El rosario tuvo su origen en el siglo XIII o XIV como una forma de extender la oración mariana del Ave Maria gratia plena, entre el común del pueblo, que no sabía leer ni escribir. Se le denominó igualmente, el Salterio de Nuestra Señora, por la relación que se hacía con los 150 salmos del Antiguo Textamento. Su forma más antigua está asociada con el contador de cuentas (cuentas corredizas formadas por nudos) que empleaban, desde el siglo XIII y llevaban junto a su hábito los frailes dominicos o frailes predicadores (Ordo Praedicatorum), para el rezo múltiple del paternóster.
El modelo de rosario dibujado en el lienzo de Lobatera, de cincuenta cuentas sin separación o glorias y con cruz pometeada griega, se corresponde con los utilizados hasta la segunda mitad del siglo XVII. Los mismos, se han encontrado específicamente entre los objetos rescatados de los pecios de los galeones españoles de la época y el modelo de cruz griega o de Jerusalén, en el reverso de las monedas del reinado de Felipe III (1598-1621).
Trébol, es la representación, a partir de los textos agustinianos, de la Santísima Trinidad, del Dios uno y trino.
Fig. 4. Detalle de los tachones antropomorfos de la luna creciente, a los pies de Nuestra Señora (Foto: Darío Hurtado, 2012) |
Estado de conservación e intervenciones
La imagen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera, estuvo desde 1621 hasta fines del siglo XIX (cuando se le coloca un vidrio frontal), expuesta -de forma directa- sin protección contra el polvo, la humedad, calor, el humo de velas e incienso.
Recibió el continuo roce de objetos que fueron tocados a la venerada imagen, además del constante contacto de manos por parte de los devotos cuando se bajaba del camarín para su fiesta patronal.
Por las huellas visibles sobre la superficie de la pintura, es probable que el lienzo -originalmente- estuviese adherido a una tabla o tres tablas verticales, cuyo corrimiento -producto de movimientos bruscos- generó contracción y dilatación que afectó, dejando marcas de separación y faltantes o pérdida, a la capa pictórica.
Esta hipótesis se plantearía con base en la evidencia de las cordilleras, desgarros y/o grietas verticales que atraviesan la capa pictórica tanto en la imagen de San Andrés Apóstol como -en menor intensidad- en la imagen de San Antonio de Padua.
"Las obras materiales más principales llevadas a cabo son: reparar casi totalmente una de las torres de la Iglesia; reconstruir totalmente la Casa Cural, llevada a cabo por el P. Pablo Martínez, terminando esta reconstrucción el P. Pablo Grábalos; hechura del nuevo Camarín de la Titular y levantar de nueva planta la Capilla de Corazón de Jesús, trabajo del P. Alfonso Alduán con el P. Manuel Bienzobas" (P. Feliciano Alonso del Carmen, ORSA y Pablo Martínez del Carmen, ORSA en "Los Padres Agustinos recoletos en Venezuela y Trinidad". Caracas, 1948, pp. 237).
Así, la técnica empleada fue la conocida como de entelado o reentelado flotante (reiterando que es una conclusión realizada sólo con base en una observación simple), donde su objetivo era darle o restituirle la consistencia al lienzo antiguo.
Pero, aun cuando la técnica empleada era procedente dado el estado de degradación y oxidación del lienzo o tela de soporte original, con este hecho -al no documentarse o conservarse los materiales antiguos- se perdió una valiosa fuente primaria para el conocimiento de una parte importante de la historia original de la obra.
Repintes e intervenciones
Si bien la capa pictórica se conserva prácticamente en su totalidad, aún con el envejecimiento natural propio, la luminosidad de la pintura, es acentuada e irradiada a todo el cuadro a partir de la imagen de Nuestra Señora. La misma solo es perceptible cuando se le aplica un foco de luz reflejada y sólo se observa una degradación cromática en el rojo de la túnica de la Virgen, probablemente debida a una débil composición del pigmento utilizado en comparación con los empleados en el resto del cuadro y, que en épocas no precisadas aún, recibió un retoque o repinte tosco de un color rojo carmín, más intenso.
Asimismo, se observan sobre el lienzo leves craquelados, pérdida de las capas de pintura (faltantes o lagunas), agujeros (producto de la huella de exvotos que le han colocado a través del tiempo), zonas desconsolidadas y grietas o desgarros en la trama del lienzo original.
Entre estos daños, sobresalen:
Una zona lineal desconsolidada de la capa pictórica, que recorre la imagen de San Andrés, de forma vertical atravesándole el rostro, puede indicar la presencia de vestigios de terremotos por corrimiento del antiguo soporte, que se hubo separado y creado aberturas, con el consiguiente agrietamiento y levantamiento del lienzo en la capa de imprimación.
Por el color oscurecido -pardo oscuro- de las fibras que quedaron al descubierto al desprenderse la capa pictórica (proceso de oxidación o degradación de la tela), se concluye que estos daños son de antigua data y pudieron derivarse por igual, de la fuerte vibración a la cual ha estado sometido el cuadro durante los terremotos que afectaron a Lobatera (1674, 1849 y 1875), especialmente el de mayor magnitud que ha sido el de 1849, cuyo epicentro se ubicó en la misma población.
Una de las lagunas del cuadro se encuentra en el ala del ave o avecilla (Fig. 5), causada probablemente por un craquelado superficial con levantamiento, y otra en la parte inferior derecha (izquierda del observador) en la túnica de Nuestra Señora, con pérdida de la capa pictórica o de imprimación y del lino original, producto de efectos de humedad, quedando al descubierto la tela de lienzo del entelado que cubre la tabla o tablón de soporte.
En cuanto a la tela del soporte original, presenta una trama y urdimbre cruzadas, donde la primera se entrelaza con la segunda alternativamente, a modo «tafetán» (la trama pasa alternativamente por encima y por debajo de cada hilo o conjunto de hilos a modo de un sencillo enrejado que dan forma a la tela).
En otra laguna, ubicada en la parte inferior de la túnica de Nuestra Señora y con pérdida total de la capa pictórica y lienzo original, se observa una especie de ligero repinte -realizado en época desconocida en un intento de aplicación de la técnica del tratteggio- sobre el lienzo del entelado, por cuanto el tono del color es muy similar, aun cuando presenta muestras de haber sido esparcido para cubrir la laguna cuya tela alrededor presenta los efectos de haber recibido la acción de una fuerte humedad.
Las manchas y daños por agua, pudieron estar relacionados en su origen, con los hechos relatados en las versiones de la tradición oral recopilada en Lobatera sobre el terremoto de 1875, que refieren:
«Estaría pisando los once años y ya estaba trabajando en un barbecho en La Molina, era un zagaletón (expresión del habla coloquial tachirense, por zagalón) arando con una yunta. Cerca del mediodía, de pronto y sin motivo alguno los bueyes se echaron en tierra. Traté de moverlos con mis manos, pero al poco rato un ruido muy fuerte que provenía de debajo de la tierra me hizo tambalear y caer, y quedé tendido en el campo desde donde pude sentir el estremecer de la tierra y ver como las copas de los árboles se agachaban y tocaban el suelo de lado y lado y no me podía levantar. La tierra se abría en zanjas y se cerraba. Aun queda una de esas zanjas abiertas por el terremoto cerca de Lobatera en una de las lomas de Zaragoza. Después tomamos camino abajo hasta Lobatera a saber de la familia. Llegamos a nuestra casa, la casa del Higuerón, detrás de la Iglesia y gracias a Dios sólo se vino al suelo parte de los techos y no les pasó nada a mis tíos que estaban allí. En el pueblo el alboroto era grande y parecía que todos estaban en la plaza, muchas casas en el suelo, la Iglesia se desplomó, el Padre Gómez corría de un lado a otro ayudando y poniendo autoridad. Recuerdo que varios hombres sacaban a la Virgen debajo de los escombros del altar y la pusieron en una de las esquinas de la plaza bajo un toldo, frente a las paredes en el suelo, de la Iglesia. Es un milagro de Dios Soberano y Eterno que estuviera intacta. Al poco rato, vino una ventisca con lluvia muy fuerte que nos mojó y levantó el toldo y la imagen comenzó a mojarse. Fue por poco tiempo pues todos los presentes corrimos a ayudar taparla, incluido yo de treque (expresión del habla tachirense coloquial, significa menor que se inmiscuye en asuntos de adultos o que no deja nada quieto) y levantarle un nuevo toldo más fuerte que la protegiera».
Versión oral relatada por Don Macario Sandoval Mora (29 de febrero de 1864 - 11 de agosto de 1944) a su familia y copiada por una de sus hijas en noviembre de 1943, luego de la primera festividad de la Chiquinquirá que celebrará Monseñor Manuel García Guerrero como párroco, cuando éste ilustre sacerdote, en compañía del Padre Delfín Medina Sandoval, conversaba con Don Macario Sandoval (bisabuelo de quien esto escribe) y alababa la belleza del cuadro de la Virgen. En los días siguientes, la maestra Delfina Sandoval Zambrano (1901-1992) transcribió en un cuadernillo los recuerdos vividos por su padre en el terremoto de 1875. Asimismo, es de destacar que el 19 de mayo, al día siguiente del terremoto, se registró el nacimiento de una niña: Formosina Arellano. En uno de los toldos levantados en la plaza mayor (actual Parque Bolívar), por adelanto de parto producto de las tensiones vividas por el terremoto (años después, se casaría con Juan de Jesús Sánchez y darían origen a la familia Sánchez Arellano, de quien desciende nuestro estimado amigo Cristian Sánchez). Es el único registro existente, hasta la fecha, que relacione el nacimiento de un lobaterense en la antigua plaza, hoy Parque Bolívar.
Fig. 5.2 Grieta, alargada, que en forma de zanja quedó -según la tradición- como testimonio del movimiento telúrico de 1875. Curva de la carretera Panamericana (Troncal N° 1) antes de la entrada a Lobatera, por la carretera de Zaragoza-El Coconito y sólo visible en época de sequía (Foto: Samir Sánchez, 2015).
Las tres imágenes -identificadas hasta la fecha- que en lo iconográfico presentan ciertas similitudes con la de Lobatera, son:
(a) óleo en lienzo obra del pintor Antonio Acero de la Cruz (primer pintor criollo neogranadino conocido) 128 x 115 cm, datada en 1643. Se conserva en el convento dominico de Chiquinquirá (Boyacá - Colombia) y es la obra con mayor proximidad en cuanto a características pictóricas se refiere, al óleo de Lobatera.
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Fig. 6. Cuadro del pintor Antonio Acero de la Cruz, 1643, Convento dominico de Chiquinquirá (Foto: Comunidad de Padres Dominicos de Chiquinquirá, Boyacá, Colombia, 2010) |
(b) lienzo, del siglo XVII (entre 1685 y 1690), que se encuentra en la Iglesia Parroquial de La Estrella (Antioquia-Colombia).
Fotografías: Darío Hurtado
Sección superior del lienzo con la imagen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera con sus exvotos deel siglo XVIII (Foto: Darío Hurtado, 2012). |
Sección superior del lienzo y estado de los dobleces que estuvieron adheridos al bastidor original, extendidos por el entelado flotante practicado en 1967 (Foto: Darío Hurtado, 2012). |
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Origen de la advocación mariana de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá
1560: En Suta, encomienda próxima a Chiquinquirá (Boyacá, antiguo Virreinato de la Nueva Granada, actual Colombia), el conquistador Antonio de Santa Ana levanta una capilla para su uso. Para ornamentarla, Santa Ana le pide a un fraile dominico llamado Andrés, que le consiguiese una imagen de Nuestra Señora para que presidiera el altar de la capilla que pensaba construir. El misionero llamó a un pintor de nombre Alonso de Narváez y le encargó la realización de un cuadro. Según las indicaciones del fraile, Narváez pintó una virgen del Rosario (protectora de la orden dominica), San Antonio de Padua (por el santo del capitán español don Antonio de Santa Ana) y a San Andrés apóstol (por el santo del cura que administraría la capilla, el dominico llamado Andrés). Más de diez años estuvo el cuadro de Narváez presidiendo la capilla, pero motivado a las malas condiciones de conservación comenzó a deteriorarse y la pintura a caerse.
En 1578 ya no se veía la imagen, por lo que el cuadro fue retirado, por orden del cura doctrinero Juan Alemán de Leguizamón, y depositado en el almacén de los corrales de la hacienda de don Antonio de Santa Ana. A principios de 1586 la española doña María Ramos rescató la borrosa pintura y la instaló nuevamente en la capilla que ella misma había ayudado a restaurar. A fines del mismo año, un 26 de diciembre, doña María y una india ladina llamada Isabel descubrieron con asombro que la pintura había recobrado su antiguo brillo y color original. La renovación fue atribuida a un milagro y la noticia se extendió, al igual que la devoción, por todo el nuevo Reino de Granada.
Esta propagación, alentó la realización de copias de la imagen que permitiría rendirle culto en otras regiones lejanas a Chiquinquirá. Siendo así como una de estas copias de la devoción mariana a la Virgen de Chiquinquirá, pintada por un autor anónimo, es documentada en Lobatera, en 1621, como un cuadro devocional privado (mencionado en el testamento de Doña Ana Pérez del Basto, esposa del Fundador de Lobatera, Don Pedro de Torres Vera, en 1593) y a mediados del siglo XVIII se le comienza a celebrar su fiesta patronal el día 26 de diciembre. A partir de 1774, el primer párroco de Lobatera, Don Manuel Antonio de Nava la fija (la festividad) el tercer día después de la pascua de Navidad, el 28 de diciembre.
Renovación del lienzo original de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá (de Colombia).
26 de diciembre de 1586: Se renueva en Chiquinquirá (Boyacá – Colombia) el lienzo de Nuestra Señora del Rosario que comenzó a denominarse Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. El relato del acontecimiento, según los testigos presenciales y tomado por un notario de la Corona, fue el siguiente:
"En este día juró sobre lo susodicho María Ramos, mujer de Pedro de Santana que el presente está en estos aposentos de Chiquinquirá, de la encomienda de Catalina García de Irlos, viuda, mujer que fue de Antón de Santana sobre una señal de cruz en forma debida de derecho, e a la fuerza dél dijo, sí juro e amén. E siendo preguntada por el tenor de la cabeza deste proceso, dijo que lo que sabe es que el segundo día de Pascua de Navidad, que es el día de San Esteban que agora pasó, fin deste presente año de mil quinientos e ochenta y seis, fue esta testigo a hacer oración a la capilla que está en estos aposentos de Chiquinquirá donde está una imagen de lienzo grande de Nuestra Señora del Rosario con dos santos a los lados que es San Andrés y San Antonio de Padua, que la dicha imagen es su abogada desde su niñez; y estando esta testigo haciendo oración como dos horas, y la dicha imagen atada en alto con una cabuya recia sobre el altar, más de dos palmos arriba del altar, esta testigo estaba hincada de rodillas, junto del altar como dos pasos dél, y habiendo acabado de rezar sus devociones se iba saliendo de la dicha capilla, y llegando a la puerta della pasaba una india cristiana y ladina de mucha razón llamada Isabel, del servicio de Martín López, residente en Muzo, y le dijo: mira, mira señora que está Nuestra Señora la Madre de Dios en tu asiento parada, y luégo esta testigo volvió el rostro hacia el altar y vio la dicha imagen en el suelo parada en el lugar donde esta testigo solía y suele estar hincada de rodillas haciendo oración, y dijo esta testigo: Madre de Dios, señora mía, dónde merezco yo que os abajéis y estéis en mi asiento, y esto dando voces y llorando y diciendo a la india Isabel que entró luego con esta testigo que la ayudase a alzar y poner en el altar, la cual dicha imagen de Nuestra Señora estaba un poco recostada en el aire sin que nadie la tuviese, y así esta testigo y la dicha Isabel la ayudaron a alzar, y antes que la dicha imagen se alzase de aquel lugar, a las voces que esta testigo y la dicha india dieron, allegó Joana de Santana y la alzaron todas tres y la pusieron sobre el altar y vieron el rostro de la dicha imagen de diferente color que antes y al presente tiene, porque la vieron colorada y hermosa como una rosa y estuvo y duró con esta color todo aquel día: y luego muchas personas, como fue la dicha Catalina García de Irlos y Ana Domínguez, mestiza de su servicio, y otras personas por ver y certificarse si la dicha cabuya donde estaba atada y colgada la dicha imagen se había quebrado la una e la otra de la que estaba pendiente o la que estaba en la pared donde estaba atada y la vieron desatada, sin quebradura ninguna, y esto es lo que sabe del caso so cargo del juramento que hizo en que se afirmó y ratificó siéndole leído, e dijo ser de edad de treinta y seis años, poco más o menos, e dijo no saber firmar e firmolo el dicho señor cura" (Relación notarial sobre la renovación de la imagen de Ntra. Sra. de Chiquinquirá, realizada en 1587).
Fallecimiento de la esposa del Fundador de Lobatera y primera referencia documental de la imagen de la Chiquinquirá de Lobatera
1621: Fallece Doña Ana Pérez del Basto, esposa del fundador de Lobatera e hija del Capitán Adrián Pérez de los fundadores de la ciudad del Espíritu Santo de La Grita.
Su hacienda y posesiones en Lobatera pasan a su hija mayor Felipa de Torres quien estaba casada con Francisco Chacón, regidor perpetuo de la ciudad del Espíritu Santo de La Grita, creándose un Mayorazgo sobre las principales tierras del valle de Lobatera que pertenecieron a la familia Chacón de Torres hasta fines del siglo XVIII.
Pedro de Torres (hijo) por ser menor de edad quedó bajo la tutela de su tío Simón Pérez del Basto quien le administró la parte de la herencia de su padre que le fue asignada como lo fueron las encomiendas de Venegará y Mangaría en términos del Espíritu Santo de La Grita.
En el testamento de Doña Ana Pérez del Basto, se hizo mención que dejaba: "un crucifijo y un cuadro nuevo de Nuestra Señora de Chiquinquirá" (Archivo Histórico de La Grita, Tomo III, Nº 4, Registro Principal del Estado Táchira, San Cristóbal). Además, dejaba: un terreno denominado “el Potrero” (origen del actual caserío y aldea de Potrero de las Casas) y el terreno del “Llano” (que pasó a una de sus descendientes llamada María del Basto) y de allí la actual denominación del caserío de Llano Basto, en las cercanías de Lobatera).
Primer registro que se conserva de la ya creada Viceparroquia eclesiástica de Lobatera
21 de mayo de 1767: Se desconoce la fecha exacta de la creación de la Viceparroquia Eclesiástica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera, formada por la población surgida junto al oratorio o capilla de la hacienda de Don Pedro de Torres Vera, donde se veneraba la imagen de la Virgen de Chiquinquirá (mencionada en el testamento de Doña Ana Pérez del Basto, hecho en 1621, documento que se conserva en el Archivo Histórico de La Grita (San Cristóbal - Estado Táchira).
Con base en documentos alternos, se considera que fue creada después de 1764. Los motivos que originaron la transformación del pueblo de Lobatera en Viceparroquia, partían del aumento considerable de la población de la región. Probablemente desde 1750, el párroco de la Villa de San Cristóbal había designado un teniente de cura para que atendiera a una parte de los feligreses de Lobatera quienes eran propios de la parroquial de San Cristóbal y que a partir de 1764 -obligatorio por orden del rey Calos III- debìan contar con un teniente de cura-.
La jurisdicción de la viceparroquia -fragmento norte de la parroquia matriz de San Cristóbal- era el primer eslabón de la cadena para llegar a la categoría eclesiástica de parroquia, pues alcanzar el nivel de villa demandaba pleitos que en ocasiones se prolongaron por casi un siglo. Para la creación de una u otra se debían cumplir los siguientes trámites de aprobación: la civil otorgada por la Real Audiencia y la eclesiástica conformada por el respectivo arzobispo, superando de paso muy complejos intereses. Así, el gobierno eclesiástico de Santa Fe de Bogotá, autorizó la transformación del antiguo oratorio en una iglesia con titulo de viceparroquia y nombró como capellán al Pbro. Marcos Gabriel Zambrano que estableció una capellanía.
Con recursos propios, los hacendados y vecinos de Lobatera edificaron una pequeña iglesia en el lugar que ocupara el oratorio de la hacienda de Don Pedro de Torres Vera, que se había convertido en la capilla del valle, y adquirieron los ornamentos necesarios para la administración del culto religioso. Le colocaron el nombre de VICEPARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ DE LOBATERA.
Un acta de matrimonio es el documento (unas hojas sueltas que debieron pertenecer al primer libro de la Viceparroquia) más antiguo que se conserva en el Archivo Parroquial de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera. Corresponde al matrimonio de Francisco Chacón de Torres (tataranieto en línea directa del fundador Pedro de Torres Vera) con María Nicolasa Chacón. Fueron sus padrinos su padre Alejo Chacón de Torres y su tío José Chacón de Torres. Obtuvieron dispensa eclesiástica del Arzobispado de Santa Fe de Bogotá, por ser primos.
La creación de la Viceparroquia Eclesiástica se dio en virtud del cumplimiento de la Real Cédula del 6 de octubre de 1764 dada por Carlos III en San Ildefonso, y dirigida en fecha 18 de octubre al virrey de la Nueva España con copias a los virreyes del Perú y Nueva Granada, en la cual ordenaba: “que se provea de cura secular o regular todo pueblo que diste cuatro leguas de la cabeza de curato actual”.
Esta orden fue aplicada en Lobatera por encontrarse esta población a cinco leguas de la Parroquial de San Cristóbal. La Viceparroquia Eclesiástica de Lobatera fue creada a partir de la capellanía fundada por el Padre Marcos Gabriel Zambrano, reconocido en documentos posteriores como el cura que dio inicio a la organización eclesiástica de Lobatera, con una capellanía, la cual dio origen a su vez al nombre de un caserío próximo a Lobatera. Según crónicas de 1797 y del 4 de noviembre de 1811. Las letras de erección canónica fueron emitidas por el Cabildo Catedralicio Sede Vacante del Arzobispado de Santa Fe de Bogotá.
Creación de la Parroquia Eclesiástica de Lobatera
Junio de 1773: El Rey Carlos III de España, por medio del Gobernador y Vicepatrono Real de Maracaibo, el capitán Alonso del Río y Castro, erige la PARROQUIA DE BLANCOS (CIVIL) Y ECLESIÁSTICA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ DE LOBATERA. En junio, el Arzobispo de Santa Fe de Bogotá Mons. Agustín Camacho y Rojas OP, emite los documentos de creación canónica de la parroquia eclesiástica, señalándole como titular y patrona a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y designa como su primer cura párroco al Pbro. Dr. Manuel Antonio de Nava. El primer alcalde pedáneo (juez civil de la parroquia) fue Don Antonio Tomás Rosales.
La información de la creación de la parroquia de Lobatera se encuentra en una nota marginal (posterior a 1761) hecha al capítulo 15 (que trata de la Villa de San Cristóbal) del libro “Pensamientos y noticias escogidas para utilidad de Curas del Nuevo Reino de Granada” por el Dr. Basilio Vicente de Oviedo y que dice: “A este Curato de San Cristóbal después de prolijo litigio se le desmembró el feligresado que comprendía la Viceparroquia de Nuestra Señora de Chiquinquirá de Lobatera, y se erigió formal Parroquia en junio de 1773. Para el nombramiento del Cura se dividieron los vecinos, pidiendo unos a uno y otros a otro; por lo que su Señoría Ilustrísima a propuesta de los mismos vecinos para cortar discordias, les nombró al doctor don Manuel Antonio de Nava y lo confirmó el Señor Gobernador Vice Patrono Real de Maracaibo”. La división que se dio entre los vecinos vino dada por la prerrogativa que tenían los mismos, como fundadores de una parroquia eclesiástica, de designar a su primer cura párroco. Esta discusión es muy probable que se diera entre los vecinos que apoyaban la candidatura del Padre Marcos Zambrano, primer vicario y los que apoyaban la del dominico Joaquín Calixto, teniente de Cura de la Viceparroquia. Sobre el primero se conservan registros que actuó en Lobatera desde el 21 de mayo de 1767 (fecha del documentos más antiguo que se conserva en el archivo parroquial) hasta el 30 de diciembre de 1771 y el Padre Joaquín Calixto desde esa fecha hasta 1774 cuando le entrega al Párroco en propiedad Dr. Manuel Antonio de Nava quien estuvo al frente de la parroquia y la organizó, hasta 1779, cuando regresa a la Villa del Rosario de Cúcuta. Le siguieron: Don Manuel Arizizabal, 1779-1782; Don Juan Antonio Bonilla, 1783; Don Agustín Santos Aranguren, 1783-1786; Don Juan de Dios Ruiz Valera, 1786-1799; Cura Ecónomo Don Tomás Carrillo Sánchez, 1799.
Primera visita de un Delegado arzobispal a la Parroquia de Lobatera
5 de noviembre de 1773: La recién erigida Parroquia Eclesiástica de Lobatera recibe la visita del Provisor y Delegado del Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, Pbro. Marín Galaviz, siendo secretario de la misma el Pbro. Félix Omaña Riva de Neira. El Provisor recibió las solicitudes de los vecinos para designar su cura párroco. Al regresar a Santa Fe de Bogotá y para evitar discordias entre los vecinos, se decidió enviar, como párroco, al Pbro. Dr. Manuel Antonio de Nava, quien había sido Canónigo Lectoral de la Catedral de Bogotá y se encontraba residiendo en la Villa del Rosario de Cúcuta. El Padre Nava, permaneció en el curato de Lobatera hasta 1779 cuando regresa a la Villa del Rosario de Cúcuta. Se tiene noticias que allí vivió con su familia entre las que destaca una sobrina, Doña Manuela García Nava, casada el 28 de agosto de 1805, con el que fuera prócer de la Independencia neogranadia, Don Pedro Fortoul Sánchez (1780-1837). Doña Manuela, según el testamento que hiciera el Padre Nava, fue criada por este sacerdote desde su nacimiento el 20 de junio de 1783 hasta su matrimonio. Doña Manuela era hija del español Don Sebastián García y de la hermana del Padre Nava, Doña María Isabel de Nava (véase nota en el texto: STOAN, Stephen, Pablo Morillo and Venezuela, 1815-1820, 1937, p. 37). Se deduce que el Padre Manuel Antonio de Nava falleció en la Villa del Rosario en las primeras décadas del siglo XIX. El Padre Navas tuvo una participación indirecta en la sublevación de los Comuneros en 1781, al interceder ante los sublevados, en la hacienda el Trapiche, para que la revuelta no causara daños en la Villa del Rosario de Cúcuta. Asimismo, su nombre aparece en los expedientes de los comuneros por varias cartas que escribía el Padre Nava, desde el Rosario de Cúcuta a Bogotá, informando sobre los acontecimientos de la sublevación. En 1784 el P. Nava aparece como Cura Interino de la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Cúcuta.
“LIBRO DE LA COFRADIA DE NA^ SA^ DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRA QUE YO FR. JOACHIN CALIXTO DEL ORDEN DE PREDO^ HAGO DONACN^/Consta de Docientas y Dose Planas numeradas, El que me costo cuatro pes. Junto Con la gotera o Punta de Mohee* qtiene el velo, qecosto seis ps y cuatro reales, sin qenaide me aiudase pa su costo, ni menos fuese de costo de Fabrica, pues Como Consta de el apunte de Fabrica, de recivo, y gasto= (portada) (folio 1) Noz los vesinos de esta Parra deNra Sra del Rosario de chiqnqra de Lovatera, congregados en su Stayglecia pa el arreglo de tener la cofradia dela SSmaVirgn Nra Patrona y titular, preste el sr Cura y vico D D Manl Anto deNava nuestro primer Parrocho; el sr Alce Pedaneo y toda la feligresia acordes y auna voz ordenamos y establesemoz lapredicha cofradia enla sigte forma#/Primte nos obligamos apagar todoz los vesinos hombres y mugeres qe tengan de catorse años pa arriba un real cada uno de tercioz aNra Sra, y el Prioste q nombraremoz loz cobrara todos los años pr el mes de Dizre#/Ytem ordenamoz q sele haga ala ssma Virgn todos loz años el tercero dia dePaschua de Navidad sufiesta deYglecia consu sermon q dotamos a ocho pesoz; y dicha fiesta sera voluntaria alos devotos q lapidiesen; pero sino huviese qn lapida; la hará la cofradia y pagará deloz tersioz: Y asi mismo ordenamoz selé diga cada Mes su missa cantada, descubierta con flores luses de sera yel sebo nesso#/Ytem: Donamoz aNra Sra seis toroz pr q corran deqta del ssr Cura y Prioste y q todos los años sejueguen en esta Plaza y sedetermine laseguridad de loz que los tomasen para el sigte año: Y assi mismo pague elPrioste veynte yqtro pezos al sr Cura porlas dosse missas del año q dotamos adoz pesoz; y dará al sachristan porsu trabajo sinco pesoz cada un año y dará qta de lo gastado y los restante. Todas las cuales constitusiones sujetamos al O ordino pa q las apruebe o disponga segun hubiere q conste; y las firmamos en esta dicha Parr de Lovatera a veynte ydoz de Marzo de 1774#./D.D. Manl Anto deNava (Trascripción literal de la primera y tercera página del Libro de la Cofradía de Ntra. Sra. del Rosario de Chiquinquirá 1774-1850. Archivo Eclesiástico Parroquial de Lobatera. Samir A. Sánchez E., agosto de 1994). *Sinónimo de cenefa. **Mohee (nombre francés utilizado en la época como sinónimo de ormesí) = seda muy tupida y fuerte que hace caída con visos y aguas y se empleaba con frecuencia para hacer ornamentadas cenefas con flecos para cortinas y velos. Tafetán doble o grueso y con dobleces como las ondas agua, lo cual incrementaba el brillo y resplandor de la seda.
Celebración de ferias y corridas en el siglo XVIII
Para comprender el significado que tuvieron las palabras, propias de la tauromaquia: “pr q corran deqta del ssr Cura y Prioste y q todos los años sejueguen en esta Plaza y sedetermine laseguridad de loz que los tomasen para el sigte año” en la población de Lobatera de fines del siglo XVIII, y reconstruir un escenario sobre lo que pasó en las primeras fiestas de Lobatera, transcribimos a continuación una descripción de cómo eran las corridas y los juegos de toros en el siglo XVIII.
El ejemplo se tomó de una descripción que hace el sacerdote jesuita Miguel Alejo Schabel de las celebraciones que vio en la ciudad de Barinas, en 1705, con motivo de las fiestas patronales en honor a la Inmaculada Concepción y a Santa Lucía. Refiere el sacerdote como:
“En el templo primeras vísperas, misa, sermón, y cantos, afuera procesión, convite, fuegos festivos, comedias y corridas de toros. Las cofradías o confraternidades (las llamadas hermandades) instituyen anualmente tales solemnidades. De año en año convienen los cofrades en la Iglesia en las mismas fiestas después de las vísperas y eligen al nuevo alférez portabandera o sea el que debe llevar la bandera y tres capitanes.
El Capitán de locos, el Capitán de toros y el Capitán de pólvora. / Al que lleva la bandera le toca por oficio en la próxima fiesta adornar e iluminar el altar de la Iglesia, nombrar y salariar al celebrante y predicador, ordenar la procesión, elegir y arreglar las comedias y luego preparar el convite público en la fiesta. […].
El Capitán de pólvora debe cuidar que en la noche de la vigilia y de la misma fiesta y las noches en que se hacen las comedias en la plaza, que toda la plaza alrededor esté adornada e iluminada con lámparas y también en la vigilia y fiesta y en la misma fiesta de las vísperas y de la misa y antes de la comedia se enciendan cohetes (en el Táchira, en el siglo XVIII, se denominaron “voladores”) o fuegos artificiales.
El capitán de toros debe cuidar, buscar y traer en determinados días de la octava cierto número de toros para los juegos. Para eso debe nombrar y buscar compañeros que traigan los toros con él y hombres a pie y a caballo que azucen los toros y los ataquen con picas y espadas. Deben también cerrar las puertas de las casas y las entradas de las calles en la plaza y parapetarlas con árboles; entre nosotros llaman esto empalizadas […].
Luego tiene que hacer de semejantes estacas y troncos en un ángulo de la plaza un corral, esto es un establo, que se hace como un seto cuadrado, para que se custodien los toros que allí se traen y que a su tiempo sean llevados a la plaza o sea al teatro uno, dos o tres según les plazca. […]
En cuanto a los juegos y peleas con fieras y toros bravos, no sucede ninguna desgracia a nadie. Hay juegos y peleas durante dos días con toros de esa especie. En una y otra corrida matan más o menos doce toros, hiriéndoles principalmente con la lanza a dos o tres pasos y frente a frente, en el ataque y corrida del toro contra el jinete y del jinete contra el toro.
Todo consiste en la destreza y suerte que se dirige el caballo tan hábil y felizmente que se evite corriendo o con un salto oblicuo el toro que corre contra el adversario con todo ímpetu y furor, y al mismo tiempo y de una vez le clava la lanza con un golpe mortal.
A tal golpe siguen las aclamaciones, aplausos del pueblo y los premios Sea lo que fuere, la cosa está llena de peligros y sabe a paganismo; pero excepto España y Portugal no se ha visto eso en ninguna otra parte de la Cristiandad. Pero que si todo lo que hacen los hombres se juzga por la intención ciertamente tienen estos juegos una intención sumamente buena; y así celebran las Fiestas de Nuestro Señor, de la Santísima Virgen y de los Santos del modo que pueden y saben según las costumbres antiquísimas de la Patria y de los Padres con todas las señales de alegría que se pueden imaginar. “Noticias de América que manda el Padre Miguel Alejo Schabel misionero de la Sociedad de Jesús al Muy Reverendo Padre Miguel Ángel Tamburino Prepósito Provincial y Vicario General de la misma Sociedad, el 9 de abril de 1705 […]” en ARELLANO MORENO, Antonio (selección y estudio preliminar), Documentos para la Historia Económica en la época colonial, Viajes e informes, Academia Nacional de la Historia, Colección Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, No. 93, Caracas, 1970, pp. 22 a 25.
Un descendiente del fundador de Lobatera asume el cargo de prioste de Nuestra Señora de Chiquinquirá de Lobatera
11 de abril de 1779: En el Libro de Actas de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá (1774-1850), se tiene que en esta fecha Pablo Vicente Chacón de Torres (hijo del bisnieto de Don Pedro de Torres Vera, fundador de Lobatera) asumía el cargo de prioste principal para el día de la patrona Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, el 28 de diciembre.
Leyenda de la "Maldición contra Lobatera" y relación de una festividad de la Virgen de Chiquinquirá
4 de enero de 1784: Una tradición oral que se trasmitió de generación en generación en Lobatera, y que aun permanece como creencia entre algunos de sus moradores más ancianos, es la narración de un acontecimiento sobre el cual se perdieron las causas del mismo y el nombre de los personajes: La leyenda de “La maldición de Lobatera”.
La tradición refiere que un sacerdote que fue echado de Lobatera, desde la cuesta de La Cuchilla, en el camino real de Mochileros, se quitó su calzado y limpiándose el polvo, lanzó sobre Lobatera un anatema (maldición) y culpan a la misma de ser la causa del postramiento social y económico del pueblo.
Al respecto, no ha encontrado ninguna referencia escrita directa sobre este acontecimiento. Sólo una probable relación -muy indirecta- en el documento que se trascribe a continuación:
El 30 de octubre de 1781, fallecía en Lobatera el Cura Propio de la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera, Doctor Manuel José Arizizabal. Le sucedió en el cargo el Padre Don Juan Agustín Santos Hernández. El 4 de enero de 1784, el Padre Santos Hernández convocaba al pueblo para la reestructuración de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, según lo explica en el acto:
“[…] convoque a la feligresía a son de campanas en esta Santa Iglesia a efectos de elecciones y de tomar cuentas al Prioste de esta hermandad que lo ha sido Manuel Rivera (vecino) desde Diciembre de 1777 y estando todos juntos y congregados, presente el Señor Alcalde Don Cristóbal Bonilla, leyéndose en alta y clara las antecedentes constituciones y obligaciones de los feligreses de esta Parroquia y pasando a tomar cuenta de dicho Prioste quien sólo me había entregado este libro en la disposición y descuido de que se deja ver, le ordené entregase lo que son cuentas de su cargo como tal prioste, quien respondió que por cuentas entregaba el libro y preguntado por las limosnas de tercios cobradas, dijo no haber cobrado cosa alguna. Repreguntado el por qué me responde que no han querido pagar los vecinos y discutiéndole que si no había Juez a quien acudir para tan justa y legítima demanda dice que ha acudido y que también al Interino Cura Don Antonio Bonilla y que no se verificó el cobro. Preguntado a los feligreses si se les ha cobrado, nada respondieron: preguntado el Señor Alcalde si el Prioste había ocurrido a su administración de justicia para hacer pagar este dinero, dijo que no había acudido dicho prioste, de cuyos antecedentes y consiguientes está visto y probado que entre el Interino Cura Antonio Bonilla y Prioste Manuel Rivera por su omisión, poco caso y descuido dejaron caer este establecimiento y constitución en que voluntariamente estos feligreses se obligaron para que su patrona y titular tuviese sus misas mensuales y debido culto y si con la Madre de Dios y Reina del Cielo así se portan el cura y prioste, que será en lo restante del Ofitio Parochiali que da lástima al que lo conoce: Los feligreses me consta que cobrándoles pagan como lo hicieron en el mismo acto en que nos hallamos varios que pudieron y pagaron en adelante poniendo esta confraternidad y libro a cuidado de Pedro José de Cárdenas que salió nombrado de Prioste por plenitud de votos para que se haga cargo del cobro de limosnas y gastos y de todo cuanto pertenezca a la Reina del Cielo y de la Tierra en su bellísima imagen del Rosario de Chiquinquirá. En lugar de gracias al Prioste Rivera se le hace saber y queda reprendido por su descuido lo que la Madre de Dios ha visto y de él tenga piedad como cristiano para que no lo padezca en su persona y bienes. Y habiendo hecho la festividad de Nuestra Señora con toda solemnidad y con el adorno y decencia que aquí no habían visto: con estreno de velo de princesa carmesí y blanco y en su camarín como se ve con los cortos feligreses que dieron su corta limosna y cera para la festividad se pasó a la elección de alférez […] Pero se advierte para inteligencia de mis sucesores que la causa por la que padecen tanto los curas propios celosos de la honra de Dios y estando en el cumplimiento de la obligación sobre procurar arreglar y poner en debida forma así la Iglesia como las Cofradías y feligreses, es y ha sido siempre el descuido y el dejar caer todo y después para levantarlo a su debido ser, padece el Cura pareciéndoles a los vecinos son nuevas imposiciones. Público es, Dios lo sabe, y la gente de juicio y honor, lo perdido que en todo hallé este Curato. En el día con la ayuda de Dios está arreglado a fuerza de grandes pesares y fatigas y de lo mal que de mí hablan, de genio bravo, los viciosos, los indevotos, los mundanos y perdidos: Dios tenga piedad de sus almas. Amén. Agustín Santos” (Libro de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, 1774-1850, folios 10 y 11, Archivo Parroquial de Lobatera).
El vecino Manuel Rivera había sido designado como Prioste en la reunión de la cofradía, presidida por el primer párroco Don Manuel Antonio de Nava, el 29 de diciembre de 1777. No contamos con más referencia al respecto ni sobre las consecuencias que pudo haber tenido la enemistad surgida entre el vecino Manuel Rivera y el Padre Agustín Santos creadas después de la reunión.
Una conjetura o hipótesis sobre el origen de la leyenda, podría sustentarse en el posible hecho que, por los comentarios que se levantaran entre los vecinos a los cuales el sacerdote llamó “viciosos, indevotos, mundanos y perdidos”, se presionase su salida del curato y en su marcha, algunos acompañantes le oyeran proferir palabras en contra del pueblo o de los vecinos que lo expulsaron.
Inventario de la Parroquia de Lobatera de abril de 1810
La devoción del pueblo a través de los siglos, cubrió la imagen de gran cantidad de alhajas y piedras preciosas. Según el inventario realizado por la Cofradía, en el mes de abril de 1810, se encontró que: “Ytem. Sobre las alhajas en general pertenecientes a la milagrosa imagen del Rosario de Chiquinquirá. Se omitieron ponerlas en el acta. / Camarín donde se está colocada Ntra. Sra. de Chiquinquirá en su lienzo con su marco dorado de dos varas, quasi a lo largo y dos varas de ancho, y en el mismo lienzo las imágenes de San Antonio y San Andrés. / Ytem la corona de Ntra. Sra. de plata sobredorada con su media luna de plata. Tres piedras finas, dos zarcillos de perlas (ilegible) engarzados en oro puro: cuatro gargantillas de oro y Rosario en lo mismo con su cruz en oro (ilegible) mediana de oro: tres zarcillos de perlas finas, dos cuentas de oro, un par de manillas de corales y (ilegible) de plata. /Ytem. Un sitio de Ntra. Sra. sobredorada en oro y plata con sus espejos en donde está colocada la divina Sra. y en gotera un óvalo engastado en oro con la imagen de Ntra. Sra. del Rosario y al otro lado San Francisco de Paula". Libro de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Archivo Parroquial de Lobatera. Cuentas del mes de abril de 1810 (sin numeración).
La Chiquinquirá designada "Capitana y Guía" de la tropa Comunera El 14 de junio de 1781, los lobaterenses celebraban las antiquísimas fiestas del Jueves de Corpus Christi. En señal de rebeldía, derramaron el aguardiente que se encontraban en las dependencias oficiales del estanco recibiendo el apoyo del Alcalde pedáneo de Lobatera Don Cristóbal Mora, quien no impidió la acción. Seguido levantaron una horca y se izó una bandera (de color carmesí, según lo descrito en el Memorial de Salvador Plata, manuscrito de 1795, folio 83v) al grito de guerra de: "¡Viva el Rey y muera el mal gobierno de sus ministros!”. En la plaza mayor nombraron por capitanes de la población a los vecinos José Escalante y Juan Tomás Vivas; Capitán de Pardos a Juan Esteban Merchán y capitanes de comuneros a Pablo Chacón y Marcelo Vivas; Procurador, Bernardino Escalante; Ignacio Chacón, Alférez; Miguel Escalante, Teniente de Tropa, y cabos a Lorenzo Ojeda, Julián Morales, Gregorio Acevedo, Tomás Cárdenas y Juan Antonio Rosales. Los lobaterenses insurrectos y demás comuneros oraron ante el lienzo con la imagen de la patrona del pueblo, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, a la cual declararon Capitana y Guía de la tropa comunera y marcharon en los días siguientes, como ejército de vanguardia, a las poblaciones de La Grita, San Faustino de los Ríos, la Villa de San Cristóbal y Mérida.
El Libertador Simón Bolívar ora ante la Chiquinquirá de Lobatera
Documentalmente se conserva que el 23 de mayo de 1820, El Libertador Simón Bolívar, quien había salido de la Villa del Rosario de Cúcuta el 21 de mayo con destino a Lobatera, toma la ruta del camino real por el sitio del Llano Táchira (actual Ureña), La Rinconada, La Trampa (donde hace noche), sigue el 22 hacia La Montaña, desciende al sitio de La Parada y entra en Lobatera en la tarde, permaneciendo el día 23 y continuando a la Villa de San Cristóbal, por el camino de Mochileros, el 24 de mayo en horas de la mañana, llegando a ésta Villa en horas de la tarde.
En Lobatera, en horas de la mañana del día 23, luego de inspeccionar la compañía del Ejército Libertador allí acantonado, recibir la salutación de las autoridades del pueblo y quejas por el comportamiento impropio del batallón de Rifles, visitó la iglesia del pueblo orando ante el lienzo de Nuestra Señora de Chiquinquirá; emite tres despachos de guerra por medio de su Edecán Pedro Briceño Méndez y saluda a su amigo el Mayor del Ejército y cura de Lobatera, Fray Joaquín Guarín O.F.M (este fraile franciscano fue el 2do Comandante del Batallón Vencedores de Boyacá), quien había sido designado cura párroco de Lobatera por el mismo Libertador en 1819.
Con esta fecha, 24 de mayo de 1820, le enviaba un despacho de Guerra al General José Antonio Páez, desde la Villa de San Cristóbal. En Memorias del General O’Leary, publicadas por su hijo Simón B. O’Leary, Caracas 1881, Edición facsimilar del original, Ministerio de la Defensa, Caracas, 1981, pp. 193 y 194, Carta Nº 204 Del copiador de la Secretaría).
Visita del Obispo de Mérida de Maracaibo, Mons. Rafael Lasso de la Vega a Lobatera
En el Libro de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera, quedó registrada la Visita Pastoral que hiciera el Obispo de Mérida de Maracaibo a la Villa de Lobatera, el 20 de septiembre de 1824. En la misma ordenó: "Acábese de componer el camarín de la Virgen, véndansen los dijes o alajillas manuales que no sean necesarias para el adorno de la imagen, aplicados antes a las Mercedes las que le sean útiles […]". Ya en 1810, al describir el primer inventario conocido, elaborado por la Cofradía, se tenía: "Inventario: Primeramente el camarín donde se custodia Nuestra Señora con sus puertas y cerradura, con las imágenes de San Antonio y San Andrés, en un sitial dorado con todo un arco de espejos, la corona y media luna de plata con su cetro y también la corona de plata del Niño". Libro de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Archivo Parroquial de Lobatera. Cuentas del mes de abril de 1810 (sin numeración).
Bibliografía
BOULTON, Alfredo, Historia de la pintura en Venezuela, tomo I, Caracas, 1964, p. 39).Diccionario de temas y símbolos artísticos, Alianza Editorial, Madrid, 1987; Groot, José Manuel, Historia Civil y Eclesiástica de la Nueva Granada, Bogotá, 1869; La pintura europea sobre tabla, siglos XV, XVI y XVII, Ministerio de Cultura del Reino de España, Secretaría General Técnica, Madrid, 2005; LUCENA SALCEDO, Manuel, El memorial de Don Salvador Plata. Los Comuneros y los movimientos antirreformistas, Instituto de Cultura Hispánica, Bogotá, 1982; MUÑOZ ORAÁ, Carlos E., Los Comuneros de Venezuela, Universidad de Los Andes, Mérida, 1971; Obras restauradas 2007, Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de Bienes culturales, Valencia (Comunidad Valenciana – España), 2007; SÁNCHEZ, Samir, Lobatera, tiempos históricos de una tierra de pioneros, Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, N° 108, Caracas, 1993; SANDOVAL Z., Delfina, "Cuadernillo de apuntes varios (1941-1969)", sin publicar, Lobatera (Archivo de la familia Sandoval Zambrano); Sánchez E. Samir, Mors Memoriæ, el espíritu de una época, Fondo Editorial Simón Rodríguez, San Cristóbal, 2011.

























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