jueves, 5 de octubre de 2017

Piedad para los árboles... Destrucción del árbol de Moral, el más antiguo de Lobatera. Pérdida de un espacio con historia y con vida │The Old Moral Tree [Black mulberry]: Lobateran history hacked down. The story so far.

 








El Moral de Lobatera [Nombre científico, Morus nigra L., Nombre común: Moral, Mora negra, Moral negro, Morera negra]. Foto: Samir A. Sánchez (26/10/2010).



El Moral de Lobatera: Memoria viva frente a la Dictadura del cemento

No resulta trivial afirmar que la historia de un pueblo puede morir cuando se seca su raíz más profunda.


Este frondoso y vetusto árbol, prodigio de ingeniería biológica, almacén de carbono y generoso suplidor de oxígeno, no era solo una planta: era el habitante más antiguo de Lobatera. Se levantó durante siglos en la intersección de la carretera Panamericana con la Av. Pbro. Pedro María Morales, frente a la Cruz de la Misión, desafiando el avance del asfalto.


Se erguía junto a un camino que llevaba a la quebrada Lobatera y el grosor de su tronco estimaba una edad de entre 150 y 200 años. A pesar de una herida en su base, una oquedad donde cabía una persona entera, para agosto de 2010 permanecía como el patriarca de la avenida: el más anciano, alto y robusto. No era un objeto inanimado en el paisaje; era un hito fundacional. Fue él quien bautizó al lugar y luego al sector urbano que lo rodeaba: El Moral.


Su fisonomía y el relato de los ancianos del lugar, lo definían como un probable Moral negro. Debido a su ubicación estratégica, la investigación histórica sugiere que se trataba de un retoño de 120 a 150 años o del mismo árbol citado en un documento de compra-venta de 1794, preservado en el Registro Público de Lobatera. En aquel siglo, el árbol ya servía de guía para los agrimensores:



"[...] se vende a Jesús Medina un pedazo de tierra... desde la quebrada Lobatera por dicho camino a un tronco de Moral y de este bajando a dar a una asequia..."


Es una ironía trágica: aquello que sirvió de lindero y brújula para nuestros antepasados, sucumbió ante la modernidad ciega. Hacia el año 2016, dicen que el árbol se secó y se arrasó su entorno inmediato. Con su caída, triunfó la dictadura del cemento sobre la fragilidad de lo animado. Lo inerte, el concreto que no respira ni recuerda, reclamó el espacio de lo vivo, dejando al pueblo huérfano de sombra y, lo que es peor, huérfano de memoria.


La vida no puede ser reemplazada de forma arbitraria por infraestructuras. Cuando permitimos que la desidia seque a nuestros gigantes, aceptamos una forma de muerte colectiva. El Moral no solo producía oxígeno físico; producía el oxígeno espiritual de nuestra identidad.


Para una reflexión

La lista de bajas de árboles patrimoniales en el Táchira, por el olvido, es extensa y dolorosa: el pimiento de El Cobre; el moral y el cañafístolo del Humilladero en Lobatera; o "El hijo de la noche" junto al actual Terminal de Pasajeros, aquel frondoso samán de la vieja San Cristóbal que era el último vestigio vivo del camino real hacia los Llanos y la selva de San Camilo.


Hoy, ante los pocos que quedan, no solo pedimos conciencia; exigimos piedad. Porque un pueblo que elige el cemento sobre sus árboles está condenado a vivir en un desierto de su propia creación.



© Proyecto Experiencia Arte / Experience Art Project 2012-2017. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de las fotografías pertenecen a cada fotógrafo, grupo o institución mencionada.