viernes, 22 de marzo de 2024

La sierra de la Maravilla en la ciudad de San Cristóbal. Parque Nacional y reserva de la biosfera tachirense | Natural History in the 'Sierra de la Maravilla' ('La Maravilla' Mountains). An untouched natural Andean scenery in San Cristóbal City (Natural Park - Táchira State - Venezuela)






Texto de Samir A. Sánchez (2024)
Foto de Inés Fernández (2012) 
Foto de José Manuel Vera C.(2024)


"Porque la mano derecha del propio valle como en él entraron, que es hacia la parte este, dio la tierra demostración de muy ásperas y montuosas sierras que amenazando desde lejos con la altura y empinamiento de que la naturaleza les había dotado, con las grandes y espesas montañas de que estaban cubiertas, se hacían y figuraban muy dificultosas a los ojos de los que las miraban".

 (Descripción de la sierra de la Maravilla, para 1558, Fray Pedro de Aguado OFM).




Definición y delimitación

La Sierra de la Maravilla representa para los habitantes del Estado Táchira y de su capital, San Cristóbal, un hito geográfico e identitario análogo al impacto del cerro El Ávila —o Warairarrepano, en la nomenclatura aborigen que denota «Montaña o sierra grande»— para los pobladores de la ciudad de Caracas y del litoral central venezolano.

Geológicamente, esta formación comprende un sistema de filas, estribaciones y colinas orientadas al este del valle de Santiago. Se trata de una estructura de origen geológico reciente cuya estratigrafía abarca desde el período Jurásico (hace más de 200 millones de años) hasta el Cuaternario. Su morfología actual es el resultado de procesos de erosión glaciar, caracterizados por intensas precipitaciones y heladas que redujeron su altitud original. Debido a su condición de terrenos jóvenes, emergidos y carentes de una consolidación por altas presiones, los materiales sedimentarios sufrieron un arrastre progresivo hacia el fondo del valle, dando origen a las actuales terrazas fluviales.

Una porción sustancial de su superficie conforma el área bajo régimen de administración especial (ABRAE) denominada Parque Nacional Chorro del Indio. Este espacio fue instituido mediante decreto del Ejecutivo Nacional en 1989, bajo la magistratura del presidente Carlos Andrés Pérez, con el propósito de conferir un marco jurídico de gestión y salvaguarda a este pulmón vegetal del área metropolitana de San Cristóbal.

Por consiguiente, la Sierra de la Maravilla se erige como un espacio de preeminente valor ecológico y paisajístico, constituido como un oasis de biodiversidad andina rico en recursos hídricos, formaciones forestales y cascadas. La creación del parque nacional supuso una visión prospectiva de la intelectualidad y dirigencia tachirense de la época, liderada por el Ejecutivo, orientada a mitigar la degradación de los bosques tropicales andinos y a proteger las especies amenazadas por la expansión urbana anárquica de la capital estadal.

Características fisiográficas y Red hidrográfica

Fisiográficamente, la sierra consiste en una sucesión continua de formaciones montañosas que albergan bosques premontanos, selvas nubladas y ecosistemas de páramo en un estado de conservación prácticamente prístino. El sistema orográfico se inicia al noreste de San Cristóbal, específicamente en el abra del Callejón Colorado —adyacente al páramo homónimo, a una altitud de 3350 m s. n. m.—, en las estribaciones de la aldea Mesa de Aura. Desde este punto, se extiende en sentido suroeste a modo de barrera natural, culminando en las colinas que circundan la población de San Josecito. De este modo, la vertiente occidental delimita el crecimiento urbano oriental de la capital tachirense.

Asimismo, en este flanco montañoso occidental se localizan las cabeceras y zonas de carga de las principales corrientes fluviales que surcan el valle de Santiago en sentido este-oeste, disectando las terrazas de sedimentos cuaternarios. Entre estos cursos hídricos destacan las quebradas La Bermeja, La Potrera, La Parada, La Vichuta y La Machirí.

Origen toponímico y fuentes históricas

La historiografía local registra diversas hipótesis respecto al origen del topónimo actual. La tradición oral, conservada por los habitantes de la antigua aldea de Pueblo Nuevo y el caserío Barebare, atribuye el nombre a la abundancia histórica de una especie vegetal tuberosa de hojas opuestas y vistosas flores campanuláceas de color amarillo intenso. Dicha especie, identificada como Mirabilis jalapa (conocida vulgarmente como «flor de la maravilla» o Marvel of Perú en la literatura anglosajona), resultaba conspicua para los arrieros y transeúntes del siglo XIX que recorrían el camino real entre San Cristóbal y Táriba, particularmente durante el crepúsculo, cuando la incidencia de la luz solar resaltaba los tonos amarillos sobre el follaje de la vertiente. Con anterioridad al siglo XIX, el conjunto montañoso recibía únicamente la denominación genérica de «La Serranía».

El epicentro de esta vegetación se localizaba en el páramo El Pino (2395 m s. n. m.), en el actual cerro de la Maravilla. A partir de este hito, la cadena montañosa encadena cumbres notables como los páramos Colorado, Guarín, El Oso, Moraleño y Peña Bermeja; en este último se encuentran las fuentes de la quebrada Chorro del Indio. Una hipótesis alternativa vincula el topónimo a una metonimia surgida a finales del siglo XIX, a partir de la extensión del nombre de una hacienda cafetalera que dicen se llamaba «La Maravilla», situada en las faldas de la elevación principal.

Desde la perspectiva cronística, la descripción más remota de este sistema montañoso se debe al fraile franciscano y cronista de Indias Pedro de Aguado, quien en 1569 redactó la primera crónica sobre la villa de San Cristóbal (fundada en 1561). Aguado documentó cómo el capitán Juan Rodríguez Suárez, en su expedición de 1558 procedente de Pamplona de Indias (Nueva Granada) —cuyo objetivo inicial era el descubrimiento de yacimientos auríferos, y que culminaría en la fundación de Mérida—, evaluó las características topográficas del valle de Santiago al iniciar su marcha el 25 de julio de aquel año. La crónica ilustra la percepción de los expedicionarios respecto a la sierra:


«Había Juan Rodríguez mirando y considerando toda la serranía que cerca el valle de Santiago y ninguna le había contentado para arrojarse por ella, porque la mano derecha del propio valle como en él entraron, que es hacia la parte este, dio la tierra demostración de muy ásperas y montuosas sierras que amenazando desde lejos con la altura y empinamiento de que la naturaleza les había dotado, con las grandes y espesas montañas de que estaban cubiertas, se hacían y figuraban muy dificultosas a los ojos de los que las miraban, para por ellas pasar a la parte oriental. Tenían certidumbre que detrás de ellas estaban los llanos de Venezuela, de donde no esperaban haber ningún buen fruto, además de que asimismo las sierras que por aquella parte veían, también eran muy arcabucosas. La tierra que a la parte norte se mostraba era pelada y más apacible que otra ninguna de la que por allí se vía, y así se determinó Juan Rodríguez, y aun le fue forzoso, pues la incomodidad de la tierra no le daba lugar a más, seguir aquella vía del norte» (Aguado, 1963, t. II, p. 329).




Al sortear los límites del valle y siguiendo los senderos prehispánicos subyacentes a la intuición militar narrada, la hueste conquistadora arribó al valle de San Bartolomé (hoy El Cobre) el 24 de agosto, al valle de La Grita el 14 de septiembre, y posteriormente al denominado valle del Alarde —bautizado así por las señales de resistencia que proferían las comunidades originarias desde las cumbres—, situado entre las localidades contemporáneas de Sabana Larga y Pueblo Hondo.

Consideraciones finales: hacia una conciencia ecológica regional

En conclusión, el conocimiento científico y la puesta en valor de los ecosistemas y paisajes de la geografía tachirense constituyen el requisito epistémico fundamental para la conservación de sus componentes ecológicos. La mitigación de la deforestación antrópica intensiva representa el desafío prioritario para la región así como la ausencia de autoridad y gobierno en la evaluación de la permisería, o no, de construcciones urbanas que van adentrándose en la montaña; omitir estas responsabilidades ambientales conllevaría a la degradación irreversible de los suelos y a la consecuente desertificación de las áreas de altitud del Táchira y consecuente pérdida de las fuentes de agua potable.

Foto: Panorámica central de la sierra de La Maravilla y ciudad de San Cristóbal, en el valle de Santiago [Inés Fernandez, viajera, 8 de febrero de 2012. https://misviajesporahi.es/.../san-cristobal-venezuela.html. Reproducción con fines educativos].



La sierra de la Maravilla es un lugar de escenarios naturales sorprendentes, a pocos minutos de la ciudad de San Cristóbal. Un ejemplo de estos es la recta de Loma de Pío, aldea y lugar geográfico donde se comienza a divisar la ciudad y el valle de Santiago desde la sierra, en la carretera que lleva al salto de agua conocido como "Chorro del Indio" que da nombre al parque nacional (Foto: Abogado, licenciado y excursionista, José Manuel Vera C. 2024).





La sierra de la Maravilla en el arte pictórico. Pintura panorámica de la ciudad de San Cristóbal, las montañas de la sierra y la amplitud de valle de Santiago. Obra del artista plástico tachirense Gerardo Duque, acrílico sobre lienzo, 50 x 152 cm (Foto cortesía del Prof. Jack de la Parra, 2024).


© Proyecto Experiencia Arte | Experience Art Project 2012-2024. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de las fotografías pertenecen a cada fotógrafo, grupo o institución mencionada.



jueves, 14 de marzo de 2024

Engineering Defying Time: The Pozos Azules Bridge (Táchira State - Venezuela)






🏛️ Engineering Defying Time: The Pozos Azules Bridge

In the heart of Lobatera, where the rugged geography yields to the relentless carving of water upon stone, stands a silent witness to our regional modernization: the Pozos Azules gorge bridge.

📍 A Landmark of the Carretera Central As a vital segment of Táchira’s inaugural arterial road—the Carretera Central del Táchira (commissioned in 1910 and inaugurated in 1914)—this structure has served as a crucial regional nexus for over a century. Specifically installed in November 1912, its iron and steel framework continues to fulfill its original purpose, steadfastly enduring the passage of decades.

🛠️ Technical Excellence & Heritage For connoisseurs of engineering and historical preservation, this bridge represents a technical marvel:

Typology: A single-span metallic armature, technically identified as a Warren pony truss featuring verticals and chords.


Structural Logic: It operates through an active vector system, where the precise rectangular arrangement of its vertical posts facilitates efficient load distribution.


Heritage Masonry: Its abutments are masterpieces of dressed stonework. The implementation of quoins and cornices imbues the structure with an artistic distinction that elevates the industrial armature above the rocky abyss.


Evolution of the Deck: Originally designed with transverse floor beams and flat plates, the deck has transitioned from bare metal to concrete, and ultimately to the asphalt layer that sustains today’s traffic.

🔍 The Method of Observation Adopting a meticulous analytical lens, we observe how the structure integrates seamlessly with its environment. The robust masonry is not merely an aesthetic choice, but a methodological response to the natural forces of Lobatera. It serves as a poignant reminder that true durability emerges from the synthesis of industrial precision and the fundamental solidity of the earth.





AI-enhanced photographs by Proyecto Experiencia Arte. 
Image credits: Manuel Rodríguez (2025).


domingo, 10 de marzo de 2024

Iconografía, simbolismo e historia en el busto del Dr. José María Vargas, en el Hospital Central de San Cristóbal | Iconography and History: The Dr. José María Vargas Bust in San CristóbaL

 





En el esfuerzo de Proyecto Experiencia Arte (desde 2012) por documentar el patrimonio cultural tachirense frente a la amenaza de su desaparición, surge este busto como un testimonio de innegable valor. Poseedor de un intrigante carácter estético y un profundo calado simbólico, la pieza constituye una efigie del Dr. José María Vargas (La Guaira, 1786 - Nueva York, 1854), figura fundacional en la historia académica y política de la nación. Ejecutada en cemento, la obra ostenta signos evidentes de erosión y pátina que, lejos de restarle valor, le confieren una solemnidad histórica y una textura que atestigua su resiliencia temporal.

La figura central de la composición representa al Dr. Vargas en una postura adusta. Su semblante, pese a la rugosidad inherente al material, logra proyectar una profunda sensación de dignidad e intelecto. Tiene el cabello peinado hacia atrás y viste levita de amplias solapas, indumentaria propia del siglo XIX. La porosidad del cemento, marcada de grietas y manchas, rubrica el inexorable decurso del tiempo y la persistencia de su legado.

Gracias a las investigaciones hemerográficas del Dr. Luis Hernández Contreras, cronista oficial de San Cristóbal, se ha podido identificar la autoría de quien firma la obra. Según documentos de ofrecimiento y recepción publicados el 23 de mayo de 1936 en un periódico de la ciudad, el arquitecto y constructor español Julián Martín Pascual (Madrid, 1881 – Caracas, 1942), cuya firma comercial operaba como "Julián Martín P. e hijos", obsequió al viejo Hospital Vargas de San Cristóbal este busto de su eminente epónimo. El artista, cuya maestría quedó de manifiesto en 1935 con el imponente mausoleo de la familia Méndez God Russ en el cementerio municipal y las esculturas del monumento a la gloria de Páez en la plaza de la Ermita en 1938, se hallaba para entonces plenamente radicado en la ciudad. Le acompañaba su núcleo familiar, integrado por su esposa, Julia Martín y Sáenz, y sus descendientes; entre ellos, su primogénito Julián Martín y Martín, unido en nupcias con Liria La Riva, cuyo hijo, Julián José Martín La Riva, nacería en el histórico barrio de La Ermita el 13 de abril de 1936.

Desde una perspectiva formal, el busto se adscribe a los cánones académicos de apego a la naturalidad representativa, propia de la escultura de la época. Reproduce los rasgos plasmados en el óleo de Martín Tovar y Tovar de 1875, quien, a su vez, se inspiró en el grabado realizado en París por Adolphe Wegner, litógrafo de renombre especializado en la iconografía de figuras ilustres que circulaba profusamente entre Europa y América.

Como basamento y complemento simbólico fundamental, bajo el busto se halla un cráneo humano, igualmente esculpido en cemento. Su ubicación genera un contraste visual y semántico inmediato, constituyendo el rasgo más distintivo de la obra. A la derecha de la calavera descansa unos libros cerrados, que muestra sus páginas visibles, sugiriendo su función como objeto de estudio y depositario del intelecto.

En la actualidad, la pieza se emplaza al aire libre, circundada por vegetación ornamental en las adyacencias de la entrada principal de la atemporal y monumental estructura arquitectónica del Hospital Central de San Cristóbal. Esta ubicación propicia una yuxtaposición de la escultura histórica con el entorno urbano contemporáneo, instituyendo un diálogo dialéctico entre el pasado republicano y el presente.

Respecto a la incorporación del cráneo y los libros, si bien se desconoce la intención explícita de Julián Martín Pascual, su presencia puede tener significado. El cráneo ostenta una doble vertiente semántica: por un lado, actúa como Memento Mori, recordatorio de la ineludible finitud humana; por otro, constituye una referencia directa a la praxis médica y al rigor en el estudio de la anatomía que caracterizó a Vargas. El libro, por su parte, simboliza el conocimiento y la erudición. Vargas, como reformador de la educación universitaria, queda así representado como un hombre de letras y promotor del saber.

Estas figuras simbólicas cristalizan la tensión dialéctica entre la vida y la muerte, el intelecto y el poder. La tríada conformada por el busto (el legado vivo), el cráneo (la ciencia y la mortalidad) y el libro (la sabiduría) sugiere que la figura de Vargas constituye una intersección compleja de su obra científica y su papel axial en la historia nacional.





Es de recordar que el Dr. José María Vargas ostentó la dignidad de ser el segundo presidente civil de Venezuela, y el primero en ser depuesto. El 8 de julio de 1835, la "Revolución de las Reformas", acaudillada por el general Santiago Mariño, quebró el orden constitucional. Al capitán Pedro Carujo, encargado de la aprehensión del mandatario, se le atribuye el célebre diálogo de corte romántico detallado años después por la historiografía. Aunque carecemos de registros presenciales, es indudable que en ese momento histórico se produjo un altercado verbal entre el presidente académico y el militar golpista; un encuentro que marcaría las constantes tensiones de la historia política venezolana. Aquel choque, donde los conceptos de "fuerza" versus "derecho" se enfrentaron, resuena aún como un eco inacabado en la memoria y la conciencia institucional del país.




Créditos de fotografía: Cortesía del Profesor Jack de la Parra (2024).



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Textos de periódicos de la ciudad de San Cristóbal, de fecha 23 de mayo y 1 de julio de 1936, con referencias a los trabajos del arquitecto y escultor Julián Martín Pascual e hijos (Foto: Dr. Luis Hernández Contreras, Cronista oficial de la ciudad de San Cristóbal, 2024).






viernes, 8 de marzo de 2024

«Nuestra Señora de Deusto». Una obra de arte en la capilla gótica de la Universidad de Deusto | From Beam to Image: The Making of Our Lady of Deusto (Bilbao, Spain)



Texto de Samir A. Sánchez (2024)
Fotos de Samir A. Sánchez (2024)






In memoriam 
Prof. Dr. José Ángel Barrio Loza
Amicus et magister


Desde mis años de estudiante y luego como profesor de la Universidad de Deusto (Bilbao, País Vasco, España), la capilla gótica de la Universidad y esta escultura captaron y siguen captando mi atención por su austera solemnidad y exultante naturalidad, y más en los días de celebraciones cuando el espacio se inunda con la música del clásico órgano de tubos y las voces que, en coro, entonan el canto de despedida ‘Agur Jesusen ama’.

La talla representa el momento de la Epifanía (Mateo 2, 1-12) cuando los magos, o sabios, o reyes venidos de Oriente presentan sus regalos -oro, incienso y mirra- a Jesús niño quien estaba en los brazos de María.





Inspirado en este pasaje neotestamentario, el escultor vizcaíno Tomás Martínez Arteaga (1906-1962), especializado en estatuaria clásica, tradicional y religiosa, y cercano a la Compañía de Jesús, en un lento proceso de desgaste y pulido, volcó su talento creativo a través de mazas, gubias y formones en esta talla, en 1955. 

Desde entonces, la imagen, a la cual le he dado el nombre de Nuestra Señora de Deusto por cuanto es una expresión que la identifica y une con su inequívoco contexto espiritual-académico, preside desde el altar mayor la capilla gótica de la Universidad, antigua capilla de estudiantes antes de 1955. 

Como lo explicara nuestro catedrático y eximio maestro de Historia del arte José Ángel Barrio Loza (fallecido el pasado 27 de febrero de 2024) y que le transmitiera el P. Luis Mateo de Reizábal s.j. [autor del libro Génesis de la Universidad de Deusto, (Bilbao, 1985), para la escultura, Martínez Arteaga reutilizó y talló la madera proveniente de una de las gruesas vigas transversales de soporte, del viejo altozano en madera, del coro de esta misma capilla, construida en 1886 y reformada ese mismo año de 1955.

Es de destacar que esta obra del arte en madera del siglo XX, está inspirada en los trabajos escultóricos de arte sacro -entre lo renacentista y barroco- que se iniciaron con Miguel Ángel y su Madonna de Brujas, especie de presea que fue codiciada y robada por los revolucionarios franceses y los nazis.  

Es una valiosa escultura de la Virgen con el Niño realizada en mármol blanco de Carrara entre 1501 y  1504, la cual que se encuentra en la catedral de la ciudad de Brujas (Bélgica), hasta llegar a la escultura de la Virgen de los Reyes Magos de la catedral de Burdeos (Francia) que le sirvió de inspiración directa a Martínez Artega para su obra en la Universidad de Deusto.

Así, la trazabilidad artística de esta obra permite establecer una línea directa de inspiración que conecta centros neurálgicos de la escultura europea. Desde el canon establecido en la Catedral de Brujas hasta la referencia inmediata en la Catedral de Burdeos, la talla de la Universidad de Deusto se consolida como un testimonio vivo de la evolución de dicha escultura, donde Martínez Ortega logra sintetizar siglos de tradición en una pieza de valor incalculable para el patrimonio universitario de Deusto.












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From Beam to Image: The Making of Our Lady of Deusto


In Memoriam

Prof. Dr. José Ángel Barrio Loza 
Amicus et Magister


From my student days and later as a professor at the University of Deusto (Bilbao, Basque Country, Spain), the University's Gothic chapel and this sculpture have always captivated me with their austere solemnity and exultant naturalness. This is especially true on celebratory occasions when the space resonates with the music of the classical pipe organ and the voices that, in chorus, sing the farewell hymn "Agur Jesusen ama."


The sculpture depicts the moment of the Epiphany (Matthew 2:1-12) when the Magi, or wise men (also known as kings from the East), present their gifts—gold, frankincense, and myrrh—to the infant Jesus held in Mary's arms.


Inspired by this New Testament passage, the Biscayan sculptor Tomás Martínez Arteaga (1906-1962), who specialized in classical, traditional, and religious statuary and had close ties to the Society of Jesus, poured his creative talent into this sculpture in 1955. He crafted it through a slow process of shaping and refining, using mallets, gouges, and chisels.


Since then, the image, which I have named Our Lady of Deusto because this title uniquely identifies and links her with her spiritual and academic context, has graced the main altar of the University's Gothic chapel, a space that served as a student chapel before 1955.


As our esteemed professor of art history, José Ángel Barrio Loza (who passed away on February 27, 2024), explained, drawing on information passed down to him by Father Luis Mateo de Reizábal S.J. [Author of the book Genesis, published by the University of Deusto (Bilbao, 1985)], Martínez Arteaga repurposed and carved wood from one of the thick crossbeams of the old wooden choir loft of this very chapel, which was built in 1886 and renovated in the same year as the sculpture's creation, 1955.


It is noteworthy that this 20th-century wooden work draws inspiration from sacred sculptural art between the Renaissance and Baroque periods, beginning with Michelangelo's Madonna of Bruges. This masterpiece was a highly prized work, coveted and even stolen by French revolutionaries and the Nazis.


The Madonna of Bruges is a valuable sculpture of the Virgin and Child made in white Carrara marble between 1501 and 1504, and it is located in the cathedral of Bruges, Belgium. This work, in turn, influenced the Virgin of the Three Wise Men in the cathedral of Bordeaux, France, which served as a direct inspiration for Martínez Arteaga's work at the University of Deusto.


© Proyecto Experiencia Arte | Experience Art Project 2012-2024. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de las fotografías pertenecen a cada fotógrafo, grupo o institución mencionada.



viernes, 1 de marzo de 2024

miércoles, 21 de febrero de 2024

La medicina de nuestros nonos: El valor patrimonial del curandero tachirense | Grandparents' Medicine: The Cultural Heritage of Táchira's Healers

 





En días pasados, pregunté por la salud de un familiar que tuvo una contracción muscular con daño y la respuesta de una tía-abuela fue: "Está mejorcito. Desde que lo sobó don Obdulio, está que baila en un solo pie, y ya no creo que siga de treque".



Esa respuesta me trajo recuerdos de infancia y de lecturas especializadas de investigadores tachirenses como Luis Felipe Ramón y Rivera o la recordada profesora de la UNET Maruja Alruiz de Torres, y con ellos vinieron las reflexiones sobre el valor, en los tiempos presentes, de nuestra cultura ancestral. Esa fascinante mezcla de secretos de curanderos aborígenes y "facultos" de la vieja Europa que hoy está sentenciada al olvido.



Por ello, hablar de los curanderos, hombres y mujeres, en el Táchira no es evocar una simple curiosidad folclórica o una colección de supersticiones. En épocas pasadas de nuestra tierra, cuando la atención médica social era casi una utopía, mínima o de plano inexistente, la sabiduría empírica representó la única medicina de primeros auxilios con la que contaron nuestros nonos. Enfrentar una mordedura de culebra, una fractura o una afección repentina en un niño significaba depender enteramente de las manos y el saber de un "secretista" o “rezandero”.



Este corpus de conocimientos, heredado de nuestro mestizaje cultural y transmitido oralmente de generación en generación durante siglos, combinaba el uso de la flora local con una fe profunda y ceremonias de aprendizaje con los ancianos.



El curandero entendía el cuerpo a través de su propio lenguaje: diagnosticaba el "arco", el "basuqueo", el “mal de ojo”, el "calor al estómago" o el temido "hielo", remediando con brebajes de yerbabuena, sobados o la célebre manteca de culebra de agua o licor de culebra ciega para juntar y reacomodar huesos partidos (licor que si se tomaba sano producía un efecto contrario, quebraba los huesos), o rezaban “contras rojas” como amuletos de protección.



Sus tratamientos abarcaban un abanico asombroso de soluciones prácticas y místicas ante la urgencia cotidiana. Para aliviar las cataratas aplicaban gotas de miel de abejas "angelito"; si un niño padecía de ahogos por tos ferina le colgaban una llave “secreteada” grande al cuello; para eliminar sudor excesivo de los sobacos mandaban a cortar un limón por la mitad aun estando en el árbol y con la otra mitad untarlo, al secarse la mitad del limón del árbol, iba desapareciendo el sudor excesivo; para las afecciones de la piel, sobaban al enfermo con un sapo vivo antes de colgarlo al viento; y para contrarrestar la picadura de alacrán o culebra recurrían a oraciones rituales aprendidas en la alta montaña en días sagrados, acompañadas a veces de brebajes o pociones populares como el tradicional jarabe Tabonuco, una aspirina después de cada sobada o una mascada de ambir (antiguo chimú tachirense de pasta de tabaco con mezcla de sal de urao, la cual era traída de Lagunillas, Mérida).



Pero, lejos de todo dogmatismo, existía un notable pragmatismo en su labor. Sabían reconocer sus límites, empleando "secretos" al tiempo que enviaban con disimulo al enfermo al hospital o al dispensario cuando la gravedad lo exigía, asegurando la supervivencia del paciente por encima de cualquier vanidad.



Con la llegada de la modernización petrolera y el paso de un Táchira rural a un Táchira urbano, la electricidad, las carreteras y la expansión de la salud pública, estas figuras tradicionales fueron desapareciendo progresivamente de nuestros campos y pueblos.



Si bien la medicina formal supuso un avance indispensable para la sociedad, la desaparición progresiva de estos sabios populares dejó una pausa en nuestra memoria colectiva.



Recordar hoy al curandero tachirense es reivindicar su inestimable valor patrimonial: ellos fueron la primera respuesta humana, la fe y la mano amiga que sostuvo a nuestras familias rurales cuando no había nadie más a quien acudir. Su legado es un testimonio vivo del ingenio, la resistencia y la solidaridad campesina que habita en la raíz misma de nuestra identidad y que, de una u otra forma, también formaron parte de los constructores del Táchira de hoy.


Imagen: Ananías Chacón (Foto: Oscar Santander) cortesía de José Antonio Pulido-Zambrano (2026).

sábado, 17 de febrero de 2024

Diccionario de Topónimos Históricos del Estado Táchira. Tesauro de la toponimia tachirense | Táchira Footprints: Táchira State's Toponymic and Historical Dictionary












Para consultar el Diccionario de Topónimos Históricos del Estado Táchira, accione la siguiente pantalla: 






Reseña de un diccionario de topónimos históricos tachirenses

La lingüística es la ciencia que estudia el lenguaje humano. Dentro de sus múltiples ramas se encuentra la explicación del origen, significación y otros aspectos de los nombres propios, la onomástica. Una de las subdivisiones de esta última, lo constituye la toponimia, que se ocupa del estudio del origen y significación de los nombres propios de los lugares. El conjunto de esos nombres siempre será perteneciente a un país, región, localidad. El Estado Táchira tiene una enorme riqueza en estas denominaciones de sitios y lugares, muchas de ellas tan originales que no se van a encontrar en otras regiones del país. 


El Dr. Samir Sánchez nos presenta, en forma de diccionario, la gran variedad de estos nombres utilizados para darle singularidad a los espacios geográficos de nuestra región. En esta monumental publicación, se recogen estos grafemas ordenados alfabéticamente para facilitar el acceso a valiosas informaciones de varios tipos. Para ello parte de una gran cantidad de referencias documentales, vinculadas al Táchira de los siglos XVI al XIX. Un período fundamental para la configuración de esta región que se inicia con la llegada del elemento europeo, los procesos de asimilación de lo lingüística de los pueblos originarios, hasta la configuración como una entidad político territorial y cultural, con amplios niveles de una autonomía que se constituye definitivamente en el siglo XIX.


Pero no es solo la mera presentación de los nombres y su explicación, pues cada entrada del diccionario aporta una gran cantidad de datos que lo convierten en un instrumento de referencia y reflexión. Una herramienta para ampliar los horizontes cognitivos de nuestro pasado, cosa fundamental para la reconstrucción de la memoria tachirense. Y es que además del profundo análisis etimológico y espacial el autor va a presentar los aspectos históricos fundamentales para la construcción de las biografías de las poblaciones.


Se resalta claramente, el valor patrimonial de los topónimos originarios, sobre los que Sánchez hace un ejercicio de arqueología etnolingüística, identificando radicales de las raíces lingüísticas Chibchas, Arawacas y Caribes que constituyen la base de la construcción de las lenguas de los pueblos originarios de la región. De ellas se aprecia la importancia fundamental de los aportes andinos sobre los que se construyó la gran variedad lingüística que refleja la invisibilizada diversidad cultural que no se ha valorado, entre otras circunstancias, por adolecer por una herramienta como esta. Igualmente podemos apreciar la ruptura lingüística dialectal que se sucede a partir de la conquista europea que transforma la mirada a las realidades regionales. Este recorrido va a mostrar la vivencia particular que los hijos de estas tierras han tenido en su relación con las dimensiones geográfica, memorística y humana. Así, espacio y fisiografía modelaros estos topónimos. 


Este trabajo tiene también un estudio introductorio donde se explica las particularidades, el método de investigación y la forma de usar el diccionario. Además de una serie de índices temáticos y analíticos que van a facilitar los procesos de investigación que se puedan generar y desarrollar partiendo de sus aportes. El autor incluye un índice general donde se presenta alfabéticamente los topónimos estudiados. Además de los índices de topónimos aborígenes, de topónimos hispánicos y la presentación de todos ellos de acuerdo a la división político territorial del Estado Táchira.


Estamos ante una obra que va a llenar un vacío bibliográfico necesario para la investigación de la memoria de la región tachirense, producto de un trabajo de gran profundidad de uno de los autores que más aportes ha dado para el conocimiento de la historia del Estado Táchira, el Dr. Samir Sánchez.


Anderson Jaimes R. Museo del Táchira Grupo de Investigación Bordes [andersonjaimes@gmail.com] 

Bordes. Revista de estudios culturales, Universidad de Los Andes (Mérida - Venezuela), ISSN: nº17 (enero-junio 2019), pp.109-110 2244-8667



El gran topónimo, por antonomasia, "Táchira", que significa, "Tierra de nuestra heredad"

Origen y significado del topónimo "Táchira"

Según la teoría lingüística filogenética chibcha, formulada por el profesor Samir A. Sánchez, investigador en historia del lenguaje, en su artículo científico: "Táchira: una arqueología de voces y palabras" (publicado en la Revista Procesos Históricos de la Universidad de Los Andes, 2018), el vocablo "Táchira" se inscribe en el contexto morfológico, cultural y geográfico de las lenguas aborígenes de América, las cuales presentan una marcada naturaleza aglutinante.

Contexto lingüístico originario: La aglutinación

La aglutinación, como rasgo morfológico predominante, implica que las palabras se constituyen mediante la yuxtaposición o concatenación de monemas (raíces y afijos) independientes, los cuales mantienen su autonomía formal y semántica, permitiendo aislar e identificar cada elemento para indicar una inflexión o derivación específica.

Desde una perspectiva geográfica, los topónimos aglutinados se distinguen por describir la característica esencial del espacio al que designan. Partiendo de una raíz básica, permanente o constante (que podría significar 'tierra', 'agua', 'peña', 'roca', 'despeñadero', entre otras), se articulaban para definir la condición más notable del lugar.

Los nombres impuestos a estos sitios hacían, por lo tanto, referencia directa a la realidad primigenia del terreno. Dada su antigüedad, estos topónimos no solían basarse en elementos variables o efímeros, sino en aspectos fijos o intrínsecamente ligados a la tierra, un hecho que parece confirmar que los responsables de tales denominaciones fueron los pobladores originarios de esas tierras.

Un ejemplo ilustrativo de esta praxis se observa en el nombre ancestral de la actual ciudad de Caracas. El topónimo original del valle donde se erigió la urbe era "Catuchacao", un vocablo arawaco-caribeño que significaba "Guanaberal (lugar poblado de guanábanas) junto al río" o "El río de las guanábanas". Así quedó consignado en la relación geográfica enviada al Rey Felipe II por el gobernador de la provincia de Venezuela, el capitán Juan de Pimentel, en 1578.


Aquí, es importante acotar algo ilustrativo e interesante, la cual se desprende del propio informe geográfico de Pimentel, y es el toponímico "Caracas". Este tuvo su origen en un enclave bastante distante de la urbe actual. Los primeros conquistadores españoles, procedentes de la isla de Margarita, arribaron a la costa central, al oeste del cabo Codera, justo donde un barranco o riachuelo que descendía de las estribaciones septentrionales de la cordillera de la Costa desembocaba en el mar. A este curso de agua se le asignó la denominación que los moradores aborígenes empleaban para dicho paraje: "Caracas", cuyo significado alude a un "sitio o lugar cubierto o sembrado de bledos (amaranthus)".


De este modo, los expedicionarios comenzaron a referirse al referido emplazamiento donde la quebrada desempocaba en el mar como "la playa o punta de los Caracas", tomándolo como punto de referencia para la exploración de la tierra firme circundante. Por consiguiente, hicieron extensivo este nombre identificativo local a la totalidad de la región bajo la fórmula de "Provincia de los Caracas" o "de Caracas". Años más tarde, en 1567, tierra adentro y tras transponer la cordillera de la Costa —específicamente en el valle, asentamiento y quebrada de Catuchacao, según el decir de sus nativos—, se fundaría la ciudad de Santiago de León de la Provincia de Caracas, urbe que a la postre sería conocida en su forma simplificada como Caracas.

Asimismo en dicha relación, Pimentel documentó las características esenciales que daban origen a la mayoría de los topónimos aborígenes en esa provincia, elementos comunes, como se ha señalado, a las culturas nativas americanas. En el castellano del siglo XVI, Juan de Pimentel refería:

"Capítulo treze. Los barrios e poblazones de los indios tienen sus nombres derivados de algún árbol, quebrada, arroyo, peña, u otra cosa señalada que esté en sus asientos o cerca dellos, o de alguna cosa acaescida allí cerca".

Macrocontexto protochibcha y mesocontexto chitarero

Trasladándonos a las elevadas cumbres de la cordillera suroccidental andina, objeto de nuestro estudio, el topónimo tachirense se inserta en la secuencia filogenética lingüística regional. Su génesis se rastrea hasta la lengua chibcha (o muisca)/protochibcha, articulada a través de los pueblos aborígenes chitareros que, para el siglo XVI, se encontraban asentados y habitaban una o ambas márgenes del río Táchira (cercano a la actual San Antonio del Táchira) al momento del encuentro con los conquistadores. Esta es la ancestral voz patrimonial: "Táchira".

Microcontexto: El valle y riberas del río Táchira

Las crónicas españolas del siglo XVI (datadas hacia 1550) identificaron el vocablo "Táchira" como el nombre de un lugar y aldea aborigen de filiación y léxico chitarero, ubicado en el curso medio del actual río Táchira (región fronteriza entre Venezuela y Colombia, entre San Antonio del Táchira y Villa del Rosario). Documentos posteriores referían que tanto el "río Táchira" como el "Llano Táchira" (actuales San Antonio y Ureña) adquirieron su denominación por pasar por el sitio y poblado de los táchiras, diferenciándose del "río de Cúcuta" [actual río Pamplonita], cuyo nombre se debía a "unos árboles que se encontraban en abundancia en sus orillas" (según testimonio judicial de 1621 por un pleito de jurisdicciones entre la Villa de San Cristóbal y la ciudad de Pamplona). En ese mismo juicio, se enfatizaba que "los indios de Abriaca llamaban a ese río 'Táchira' porque pasaba por el sitio de Táchira".

El origen de la palabra que da nombre a la entidad federal se remonta, por consiguiente, a una voz aglutinante, ágrafa, de una lengua aborigen americana, hablada por las parcialidades chitareras.

Para la identificación de las parcialidades de la nación chitarera en la región, un juicio de 1575, entablado entre vecinos españoles de Pamplona y San Cristóbal por la posesión de encomiendas entre los ríos Cúcuta y Táchira, registra la alegación: "No pretendo a los chitareros de Cúcuta sino los de Abriaca". Abriaca es, aún hoy, un caserío situado en la aldea Las Cumbres, Municipio Pedro María Ureña, Estado Táchira, desde donde se tiene una vista panorámica del valle del curso medio del río.


Igual, resulta interesante especificar que el significado de la palabra aborigen "chitarero", cuyo origen por asociación es el mismo que tuvo en su momento la palabra "caracas", hace referencia a la auyama, el fruto de la planta de la calabaza, según lo describió Fray Pedro de Aguado en el siglo XVI, era: "calabazo" o "calabaza" (auyama). Aguado, en su libro sobre la Historia de Santa Marta y del Nuevo Reino de Granada (tomo I, edición de 1915), refería que “a estos calabaços llamavan los naturales chitareros y por salir con tanta cantidad de ellos, los españoles llamaron a los naturales de estas provincias chitareros". 


Significado etimológico de "Táchira"

En consecuencia, a partir de los elementos de juicio precedentes, entendidos como referentes contextualizadores del topónimo, y tomando como código comunicacional los diccionarios bilingües (castellano y muisca) elaborados por los misioneros jesuitas y agustinos a principios del siglo XVII, textos que fungen como una suerte de Piedra Rosetta lingüística para la lengua general chibcha o muisca, resulta posible, con rigor lógico y fundamento teórico, descifrar el significado intrínseco de la voz «Táchira», un vocablo de profunda raigambre telúrica.

El término se conforma a partir de los étimos de sustrato muiscas o chibchas identificados como:

ta: lexema nominal que denota 'labranza' o 'tierra labrada'.


chi: sufijo determinante posesivo de la primera persona del plural, que significa 'nuestra/o'.


ra: morfema o partícula modificadora con función de sufijo, que indica un tiempo presente continuo y confiere un sentido de permanencia o constancia inmutable al objeto poseído (sin transferencia de dominio).

Esta partícula -ra está asimismo asociada o es considerada una evolución fonética castellanizada de la terminación de palabra -nga, empleada para construir el futuro o un sentido futuro de palabras en presente.

Literalmente, el vocablo se puede traducir como: "La tierra de labranza que es y será nuestra" < Chibcha: ta+chi+ra.

Traducido a un castellano contemporáneo, su significado sería: "Tierra de nuestra heredad" o "Nuestra tierra de heredad".

La pronunciación original, como etnónimo aborigen, era similar a la forma castellana, con la salvedad de que el dígrafo ch se articulaba, de forma aproximada, como la fricativa postalveolar sorda tʃ —similar al sonido de la ch en francés o la sh en inglés— y la r se vocalizaba de manera suave.

Análisis sintagmático, desde la perspectiva de la lingüística

Para abordar este análisis sintagmático, primero debemos observar minuciosamente los datos particulares (los morfemas aportados) para desentrañar la estructura lógica y la ley gramatical de composición que los une.

Siguiendo en específico el método de Oakham para estructurar nuestro análisis, dividiremos la palabra en la descomposición de los elementos (observación), su organización jerárquica (análisis sintagmático) y la síntesis del significado continuo.

Esto sería: 

Identificación de los elementos 

Tenemos una palabra aglutinante compuesta por tres formantes o raíces chibchas o protochibchas bien definidos:

Ta (raíz/lexema nominal): labranza, sembradío.


chi (poseedor/determinante): nuestro, nuestra.


ra (afijo aspectual/temporal): de futuro o continuidad en el tiempo de lo poseído.

La estructura interna

En la lingüística de lenguas aglutinantes, las palabras funcionan como verdaderas "frases compactas" u oraciones. El análisis sintagmático se encarga de determinar cómo se relacionan estos elementos entre sí y cuál es el núcleo de la construcción.

A nivel sintagmático, podemos identificar dos relaciones secuenciales clave:

a. El sintagma posesivo (Ta + chi).

La unión de la raíz y el determinante posesivo crea la primera unidad con sentido completo (un sintagma nominal indexical).

Relación: Ta (labranza) es modificada por chi (nuestro).


Resultado: "Tachi"  que traducido literalmente a la lengua castellana significa "nuestra labranza" o "nuestro sembradío" pero que, al darle una traducción contextual más extensiva o clásica, sería "Nuestra tierra de heredad".


En la morfofonología de muchas lenguas aborígenes americanas (como las de la familia chibcha), el orden de los factores puede fijar un núcleo poseído y un satélite poseedor, actuando como un bloque unificado.

b. El sintagma de continuidad o aspecto [Ta + chi) + ra]

Una vez constituida la base nominal Tachi, se le añade el afijo -ra para proyectar el concepto en el tiempo. De esta forma encontramos una relación específica: el afijo "ra" (de futuro/continuidad) opera sobre la totalidad del sintagma anterior (Tachi), no solo sobre la última sílaba. Sobre este último, el afijo, tenemos como ejemplo, entre otros que dan los especiakistas en la lengua muisca, de la familia lingüística chibcha, la expresión: "aikan itán ichongá. Mañana trabajaré en mi labranza".


Aquí es importante explicar que el lexema aborigen chibcha -nga sufre una pérdida de tensión debido a la rapidez del habla de los conquistadores. Al pasar a una lengua escrita como la castellana, se transformó en -ra por la desaparición o asimilación progresiva del sonido oclusivo velar sonoro (la -g) en posición intervocálica o formando parte de un grupo consonántico interior, donde tiende a debilitarse.


Por frixatización, la consonante oclusiva -g pasa a ser una fricativa velar sonora -r dado que una vez desprotegido el segmento o modificado por la vibración, la transición de la consonante nasal alveolar -n a la vibrante alveolar -s es un fenómeno clásico en la lingüística histórica denominado rotacismo.


Como resultado, "Táchira" vendría a significar: "Nuestra labranza continua"; "lo que será siempre nuestro sembradío" o "nuestra tierra de heredad".
Lo anterior se puede explicar de forma esquemática::


                                               Sintagma aglutinado: Táchira 
                                                                   │
                                         ┌─────────┴─────────┐
                                         ▼                                               ▼
                               [Base nominal]                           [Afijo temporal]
                                    (Ta - chi)                                         (ra)
                                    "Nuestra                              "Sentido de futuro /
                                    labranza"                               continuidad o 
                                                                               permanencia en el tiempo"


Así, la palabra Táchira no es solo una suma de partes, sino una estructura jerárquica lineal donde el significado se despliega acumulativamente, revelándonos que estamos ante un sintagma nominal aspectualizado. Esto es, no define un objeto estático en el espacio, sino un proceso dinámico: la tierra vinculada a una colectividad ("nuestra") que se proyecta de manera ininterrumpida hacia el porvenir ("continuidad"). Es, en esencia, una declaración de permanencia y sustento de nuestros antepasados aborígenes, resumida en una sola palabra.

Fuentes primarias para el estudio de la lengua muisca (Familia lingüística chibcha)

El corpus documental superviviente de la lengua muisca (o mosca) se compone principalmente de manuscritos y obras impresas del siglo XVII, fundamentales para la reconstrucción filológica del idioma. A continuación, se presentan ordenados cronológicamente y por tipología de archivo:

I. Obras impresas (siglo XVII)

Lugo, Fray Bernardo de (1619)
Título: Gramática en la lengua general del Nuevo Reyno, llamada mosca.
Publicación: Madrid: Bernardino de Guzmán.
Valor: Es la única gramática de la lengua muisca impresa y editada durante la época virreinal.


II. Manuscritos en archivos de España


Anónimo (1612)
Título: Vocabulario Mosco (ms. núm. 2923).
Custodia: Biblioteca del Palacio Real de Madrid.

Anónimo (s.f.)
Contenido: Gramática, confesionario, oraciones, catecismo y vocabulario de la lengua Mosca (ms. núm. 2922).
Custodia: Biblioteca del Palacio Real de Madrid.

III. Manuscritos en archivos americanos

Anónimo (s.f.)
Título: Diccionario y gramática chibcha (ms. núm. 158).
Custodia: Biblioteca Nacional de Colombia.

Contexto teórico-metodológico

El presente trabajo es un sumario-extracto que se inscribe dentro de la teoría lingüística filogenética denominada "Teoría Chibcha", postulada por el profesor Samir A. Sánchez en su artículo: “Táchira: una arqueología de voces y palabras”, publicado en la Revista Procesos Históricos de la Universidad de Los Andes (2018). Esta perspectiva permite analizar las conexiones y la evolución de los componentes macro-chibchas en la región.




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