lunes, 3 de agosto de 2015

Esculturas del Palacio de los Leones, símbolo del poderío tachirense en los inicios del s. XX │ Old Lion Cement Ornaments Statues over the Táchira State Capitol Building




Foto de Samir A. Sánchez (2015)



El autor de los Leones de Palacio

Sobre las esculturas leoninas, en bulto redondo, que dieron nombre a la edificación, hechas entre 1927 y 1928, y gracias a los datos recopilados por el Cronista emérito de la ciudad de San Cristóbal, el Dr. José Joaquín Villamizar Molina (en 1986), se tienen dos versiones en relación con su autor.


Una primera, dada por Don Jesús Ramón Manrique –hijo de Juan de los Santos Rangel- quien afirmó que los leones fueron realizados por Don Jesús Uzcátegui; la segunda, recibida de los señores Pedro Navarro y Enrique Branger, habitantes de la época, quienes atribuyeron la autoría a otro escultor, de nombre Efraín Salas.


Esta diferencia de autores coincide con la diferencia de estilos y calidad de acabado final de las obras descritas. Al comparar el acabado al detalle de la fachada del Hospital Vargas y de sus esculturas de remate (águilas y diosa de la salud), idéntico al del panel central del ático ornamental del Palacio de los Leones (que contiene el escudo nacional), se concluye que ambos salieron de una única mano, la de Don Jesús Eliseo Uzcátegui.





Foto de Samir A. Sánchez (2015)



Cuando hicimos el estudio comparativo (en 2025) entre el acabado de las esculturas de los leones con las obras escultóricas de Uzcátegui, pudiendo sumarles -para efectos de validación- las esculturas de Nuestra Señora de la Consolación -1909-, para la antigua iglesia de Táriba y de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá -1914- para el frontis de la antigua iglesia parroquial de Lobatera, ambas ya desaparecidas y sólo registradas fotográficamente, o la que aún existe de un águila y Santa Rosalía de Palermo, en la iglesia de Borotá -1918- nos encontramos -al igual que ante las versiones- frente dos ópticas distintas del arte de la escultura.

De esa observación, las esculturas de los leones no presentan esa impronta de haber salido de la mente detallista y de las manos de Jesús Uzcátegui. No obstante, hasta que no se encuentre algún documento o referencia, los arcanos del tiempo seguirán guardando el nombre del autor, por cuanto, luego de una detallada revisión de las esculturas, no se encontró la firma del mismo.


Características

Los leones rugientes del palacio, que preceden desde la altura de los ángulos superiores de la edificación el acceso al atrio, tienen unas medidas de 1,50 x 1,83 m (trabajo in situ 2015) cada uno. 



Foto de Samir A. Sánchez (2015)



Responden a un tipo de escultura por modelado, muy esquemática o simplista que tiende a representar sólo los rasgos más significativos del animal, sin entrar en el detalle o la precisión naturalista, sino más a la linealidad esquemática o geométrica. Esto se observa en las formas dadas a las guedejas, la mandíbula o las dimensiones craneales.


Por igual, las esculturas están desprovistas de todo figurativismo -de inspiración clásica y mitológica- y sin un determinado acento, dramático o expresivo.


Los animales, por su aspecto exterior probablemente trabajados en una mezcla de hormigón a partir de cemento (de pulverización y calcinación), áridos (elementos que dan consistencia al cemento) y agua, sin acabado a pulitura, repiten la misma postura, de pie o pasante (en términos heráldicos), están estructurados sobre una armazón en cabilla y se erigen sobre una peana ornamentada con simples marcas geométricas.


Si bien, a la distancia, la óptica pareciera dar la información de ser idénticas, es sólo un trasver. Tienen diferencias. Una de ellas, la más evidente, radica en el león de la derecha (izquierda del observador) que presenta un acabado de líneas horizontales en su pecho, las cuales marcan los trazos de unas costillas expandidas -y que se forma cuando el león ruge o produce un bramido explosivo y profundo, siendo una de las principales razones del bramido la del marcado o proclamación territorial-, mientras que en el león de la izquierda (derecha del observar), el pecho resulta liso, sin marcas, propio de una actitud silenciosa de acecho o inicio a un lance de caza.


Foto de Samir A. Sánchez (2015)



En cuanto a la peana de soporte, a su vez, forma un solo elemento estructural con la plataforma de concreto y madera en forma de cuarto de círculo que, incrustada entre los ladrillos del reverso del antepecho, sirve de base a las esculturas.


Simbología

Las leyendas urbanas del siglo XX explicaron el origen de estas esculturas –que simbolizan metafóricamente el vigor, la valentía y la fuerza- relacionándolas con la voluntad del General Eustoquio Gómez, de representar la marca personalista o el poder omnímodo de la familia Gómez, en el Táchira y en la Venezuela de su tiempo, si bien es de recordar que el General Eutoquio Gómez ya no era presidente de Estado ni estaba en el Táchira para el momento cuando se hicieron estas esculturas.


No obstante podemos encontrar en el texto del discurso metafórico-simbólico empleado por el Dr. Vicente Dávila (Capacho, 1874 – Caracas, 1949) en el acto de sepelio del Dr. Abdón Vivas Sánchez (Lobatera, 1875 – Barcelona/España, 1917), una conexión mental que permite concluir como la figura del león –en la política e intelectualidad de la época- era la representación simbólica de la fuerza tachirense, a través de los ejércitos de la Revolución Liberal Restauradora (1899-1908), y luego del proceso político de la Causa de la Rehabilitación Nacional (1908-1935), al describir:

«Un día, las águilas del pensamiento y los leones de la fuerza, abandonando sus cumbres y cavernas andinas, llegaron al pie del Ávila no en son de conquista, sino en pos de sus hermanos para unificar en el seno de la patria la familia venezolana […] ¡Hermano y compañero en la santa religión de una Causa, descansa en paz en la tierra de tus mayores! que si no son rosas del hogar tachirense las que cubren tus despojos, son rosas avileñas, sus hermanas, las que piadosamente te ofrendan tus amigos ¡Adiós!» (Oración fúnebre pronunciada por el Dr. Vicente Dávila en el sepelio del Dr. Abdón Vivas Sánchez, Cementerio General del Sur, Caracas, 20 de diciembre de 1917) [DÁVILA, Vicente, “Abdón Vivas” en Gente del Táchira, recopilación y selección de Anselmo Amado, Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, Nº 61, tomo II, p. 242].

Desde el enfoque de la Historia del arte, las esculturas de los leones –en idéntica posición- han estado asociadas o forman ya parte de la ornamentación en las entradas de los palacios renacentistas, barrocos y neoclásicos, desde el siglo XVI.

Éstos se inspiraban en las figuras mitológicas griegas clásicas de Atalanta e Hipoménes. Castigados por haber profanado su templo, fueron metamorfoseados por la diosa Cibeles en leones, quien los puso a su servicio, unciéndolos a su propio carro para que lo arrastraran, sin poder alcanzar a mirarse el uno con el otro.

Por igual, las esculturas de leones, con fines ornamentales, se retrotraen o convergen en su origen, en los modelos de la figura del león, esculpidos por el artista renacentista Flaminio Vacca o Vacchi (Roma, 1538 - Roma, 1605).

Vacca elaboraba sus trabajos -como es el caso de los Leones de Médici que se encontraban presidiendo las escalinatas de ingreso a Villa Médici en Roma- a partir de modelos de la antigüedad romana que él mismo encontró en las afueras de Roma, en la vía Prenestina cerca de la Porta Tiburtina o Puerta de San Lorenzo, los cuales databan del siglo II de nuestra era. La marca personal del escultor romano quedaba grabada en sus trabajos en mármol o bronce como «Opus Flaminii».

Ya, para el s. XVIII el grupo escultórico que representaba a dos leones, uno en reposo y otro activo o al ataque, tenían el objetivo de simbolizar y manifestar los dos lados del poder del monarca o del Estado: el ejercicio de la autoridad en paz (en reposo) y el uso de la fuerza y control (de pie o activo).

Este fue el caso de los dos leones, ornamentales y a su vez simbólicos del poder, que ordenó Carlos III de Borbón colocar en el tramo final de la escalera principal interior del Palacio Real de Madrid. Estas esculturas fueron realizadas por los artistas Felipe de Castro y Robert Michel.

De allí que, con probabilidad, siguiendo ese simbolismo, pero asignado al nuevo poderío tachirense, fueron colocados en bronce en el Mercado cubierto de Capacho Nuevo, por órdenes del General Cipriano Castro, primer presidente tachirense de los Estados Unidos de Venezuela, luego de 1907.



Foto de Samir A. Sánchez (2015)



© Proyecto Experiencia Arte │ Experience Art Project 2012-2015. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de las fotografías pertenecen a cada fotógrafo, grupo o institución mencionada.

sábado, 11 de julio de 2015

San Cristóbal mártir de Licia, un mural del siglo XVI y la ciudad de San Cristóbal | St. Christopher of Lycia, history of mural from XVIth century and San Cristóbal City







Escultura de San Cristóbal mártir de Licia, presidiendo uno de los nichos principales de la fachada tipo retablo y en granito martillado de la Catedral de San Cristóbal (San Cristóbal, Estado Táchira). Foto: Santiago X. Sánchez, 2025.







Enmarcada en un altar neorrenacentista de mármoles de la Toscana (Italia), conformado por blancos de Carrara, rojos de Monsummano y verdes oscuros de Prato, con columnas policromadas y casetones del tipo cipollini, también denominado mármol de Caristo, se puede apreciar la imagen de San Cristóbal mártir de Licia. Es una talla en madera de cedro amargo o cedro americano (cedrela odorata), de fines del siglo XIX, que se conserva en la capilla de San Cristóbal, inmediata al altar mayor y preside la nave de la Epístola o nave sur de la Catedral de la ciudad de San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela. Según el Cronista emérito Dr. J. J. Villamizar Molina, fue realizada, junto con la de San Sebastián, por el artesano Don Antonio Ignacio Dávila Paredes (Pueblo Llano, Mérida, 1844 - Capacho Nuevo, 1918. Casado con Inés Pico Pernía) en la población de Capacho Nuevo/Independencia (Foto: Base de datos con inventario de imágenes de la Catedral de San Cristóbal).





Capitán, Adelantado y Maestre de Campo, Juan Maldonado y Ordóñez de Villaquirán (El Barco de Ávila, antigua provincia de Salamanca, 1525 - Pamplona, Nuevo Reino de Granada, 1572). Fundador de la ciudad de San Cristóbal (Estado Táchira - Venezuela), el 31 de marzo de 1561. Óleo de uno de los más reconocidos maestros españoles del retrato, el pintor Antonio Solis Ávila (Madroñera, Cáceres, 1899 - Madrid, 1968), fue realizado por encargo de la Junta del Cuatricentenario, en especial por uno de sus miembros, el Dr. Aurelio Ferrero Tamayo, con la colaboración del historiador Dr. Ramón Maldonado y Cocat, en 1960, para ser entregado al Concejo Municipal de San Cristóbal, en las celebraciones del Cuatricentenario de la ciudad, en 1961. Esta obra fue restaurada por iniciativa del Cronista de la ciudad Dr. Luis Hernández Contreras con la colaboración de la Municipalidad y de dos mecenas del arte tachirense, el Dr. Arturo Branger y el Ing. Fernando Moreno, en enero de 2016. El trabajo de restauración fue realizado por el especialista tachirense Homero Parra (Foto: Dr. Luis Hernández Contreras, 2016).




«Y el diestro capitán Juan Maldonado,
Vecino memorable de Pamplona,
Viejo Conquistador de Santa Marta
En cuyas guerras fuimos compañeros,
Conmilitones en un mismo rancho...
»

Juan de Castellanos, Elegías de varones ilustres de Indias (1522-1607). Elegía XXII.




 

Pintura mural o fresco seco y temple de San Cristóbal mártir de Licia, del siglo XVI. Hallada  -por trabajos de restauración- en la casa solariega que perteneciera al Capitán Juan Maldonado y Ordóñez de Villaquirán, fundador de la ciudad de San Cristóbal (Estado Táchira - Venezuela), en la ciudad de Pamplona (Colombia) y actual Museo de Arte Moderno "Ramírez Villamizar". El fresco fue encontrado y restaurado en 1990 por el muralista mexicano Rodolfo Vallín, cuando trabajaba en las paredes del rellano de la escalera principal de la casa (Foto: Museo de Arte Moderno "Ramírez Villamizar", Pamplona, Colombia, Reproducción de imagen con autorización de la Fundación Museo de Arte Moderno "Ramírez Villamizar", de fecha 13 de julio de 2015).




Vuelve con el peso de su grandeza


Un acontecimiento, poco conocido en la ciudad de San Cristóbal, se dio en la década de los años 90, del pasado siglo. Estando el restaurador muralista mexicano Rodolfo Vallín, investigando e interviniendo en las paredes que protegían el rellano de la escalera principal, en la edificación que serviría de sede del Museo de Arte Moderno «Ramírez Villamizar», en la ciudad de Pamplona (Norte de Santander - Colombia), al separar los frisos nuevos que se solapaban recubriendo la estructura de las viejas paredes del siglo XVI, se encontró frente a una pintura mural o fresco seco y temple. 


La misma resultó ser una 'pinceladura' -denominación utilizada en la época de su realización-  que, en verticalidad estratigráfica, representaba la figura religiosa  e iconográfica de San Cristóbal mártir de Licia, en esquema de composicón rectangular definido por un sutil marco acordonado. 


Este hecho y circunstancia, ocurrió exactamente en la casa solariega que perteneciera al Capitán Juan Maldonado y Ordóñez de Villaquirán (El Barco de Ávila, antigua jurisdicción de Salamanca, 1525 - Pamplona, Nuevo Reino de Granada, 1572). Ocupando dos solares, se ubicada en la esquina noreste -una de las principales de la ciudad- frente a la plaza mayor de Pamplona. Su permanencia en el tiempo queda testificada por las fastuosas celebraciones, banquetes y exageración de gastos producto de las minas de oro, cuando a la ciudad -según el cronista Lucas Fernández de Piedrahita- se le conoció como "Pamplonilla la Loca", hasta la presencia de El Libertador Simón Bolívar, quien descansaba de fatigosas y bélicas jornadas junto al empedrado patio interior porticado de la casa. 


En cuanto al mural, de autor anónimo, con probabilidad estuvo inspirado en grabados del siglo XV o XVI como el minucioso grabado de línea realizado por Alberto Durero, sobre San Cristóbal mártir de Licia, en 1511. 


Así, la versátil mezcla de naturalismo y geometría en el trazado de las figuras, el sobrio policromado y la perspectiva inversa de las figuras -reminiscencias del gótico tardío, donde el personaje principal del cuadro resulta de mayor tamaño en comparación con los demás-, hacen de este mural colonial una verdadera obra de arte de inspiración renacentista, un testimonio pictórico así como un eslabón perdido para la historia tachirense. 




Imagen del altar mayor de la Catedral de San Cristóbal, para 1956. Se pueden observar en el altar tipo retablo neogótico, realizado por el alarife Jesús Manrique a inicios del siglo XX, las imágenes de San Sebastián, patrono de la ciudad (izquierda del observador) y San Cristóbal, santo titular de la iglesia (derecha del observador). Este altar fue derribado en 1960 durante las remodelaciones de la Catedral. Foto: Rivera, Julio C. Teatro Infantil Literario, Ediciones Rex, San Cristóbal, 1956. 

Además de las formas arquitectónicas que sirven de base o sostén y arranque al domo de la Catedral, es importante acotar como Monseñor Alejandro Fernández Feo, Obispo de la Diócesis que promovió la remodelación de la Catedral entre 1960 y 1961, dándole el aspecto que conocemos en la actualidad, supervisaba todas las obras en lo litúrgico y decidió mantener, en el mismo orden, la distribución de las imágenes de los nichos del antiguo altar mayor, en la siguiente forma: Las imágenes del Corazón de Jesús (como Cristo Rey), San José y la Virgen del Carmen, se representaron en sendos vitrales en el nuevo ábside, sobre la sillería del coro de los canónigos. La imagen de San Sebastián se trasladó y pasó a presidir la capilla norte del presbiterio (en la nave del Evangelio) y la de San Cristóbal, la sur (en la nave de la Epístola). Digitalización de imagen por el historiador y académico José Antonio Pulido Zambrano, 2022. Reproducción con fines didácticos). Digitalización por el historiador y académico José Antonio Pulido Zambrano, 2022. Reproducción con fines didácticos).   





Intitulación de la Iglesia parroquial de la Villa de San Cristóbal, para 1851, como "Iglesia parroquial del glorioso Señor San Cristóbal..." (Foto: Libro sacramental de Defunciones, año 1851, Archivo parroquial del Sagrario Catedral de San Cristóbal, SGU, 1993).



En su momento, el Cronista de la ciudad Dr. José Joaquin Villamizar Molina, informado por el Obispo de la Diócesis de San Cristóbal para la época, Mons. Marco Tulio Ramírez Roa, quien a su vez recibió la noticia de Mons. Rafael Sarmiento Peralta, Arzobispo de Pamplona, dio a conocer el valioso hallazgo. 


Para todo habitante de la ciudad de San Cristóbal, esta imagen adquiere por igual un carácter similar al de eslabón histórico, entre la memoria urbana -que evoca la raiz y origen del nombre de la ciudad- y la devoción y querencias familiares del capitán Juan Maldonado, por este santo del martirologio romano. 



Grabado en línea de San Cristóbal mártir de Licia, por el artista renacentista alemán Albrecht Dürer, conocido por su nombre en castellano como Alberto Durero (1471-1528). La obra fue realizada en 1511 y una cantidad considerable de reproducciones de la misma llegaron a la América española, en los siglos XVI y XVII (Foto: ALLEN, Jessie, Albrecht Dürer, Methuen, 1903, dimensiones del grabado 211 x 212 mm, p. 193. Google Book 2015, Reproducción con fines didácticos).




Su fiesta y memoria en el occidente cristiano se conmemoraba según el Martyrologium Hieronymianum (del siglo V de nuestra era) -o santoral atribuido erróneamente a San Jerónimo- el 25 de julio inmediatamente después de la celebración y memoria de Santiago Apóstol, patrono universal, según lo especificaban las antiguas rúbricas de la liturgia de la Iglesia. 





Los polícromos follajes estilizados y roleos renacentistas, en fragmentos de una pintura mural o fresco seco y temple, encontrado por igual en el proceso de restauración de las paredes del salón principal de la casa solariega del Capitán Juan Maldonado y Ordóñez de Villaquirán, del siglo XVI, sirven de trasfondo histórico a una obra del arte moderno denominada "Relieve rojo". Estructura en madera, diseñada por el artista pamplonés Luis Eduardo Ramírez Villamizar (epónimo del museo) para la fábrica Altec, de Bogotá en 1977 (Foto: Salón de Relieves y Esculturas,   Museo de Arte Moderno "Ramírez Villamizar", Pamplona, Colombia, Reproducción de imagen con autorizaciòn de la Fundaciòn Museo de Arte Moderno "Ramìrez Villamizar", de fecha 13 de julio de 2015).





Así, al caer los fragmentos de friso y estuco que -de forma paradójica- resguardaban la secular pared, quedaba al descubierto y se afianzaba aún más el motivo o razón última de haber denominado el capitán Juan Maldonado -a la villa que fundó el 31 de marzo de 1561 en el valle de Santiago- como la Villa de San Cristóbal. 




Fundación de la ciudad de San Cristóbal por el Capitán y Adelantado Juan Maldonado y Ordóñez de Villaquirán, el 31 de marzo de 1561. Obra, en versión idealizada, elaborada a partir de la estética de la luz, según la antigua técnica del vitral. Presenta, en armónica combinación de colores cálidos y fríos, un predominio del tono rojo o gules y una degradación cromática del azul al violáceo. Ostenta en su ángulo derecho inferior (del observador) el blasón de la Casa de Maldonado, del solar de Salamanca. El vitral se encuentra en uno de los ventanales de la nave o lado del Evangelio de la Iglesia Catedral de San Cristóbal. Está formada por piezas de vidrio polícromo, importados de Francia y marcos o sujeción en cobre y plomo. Es una obra salida de la Casa Velasco, en Cali (Colombia) y la misma fue donada en 1961 con motivo del Cuatricentenario de la fundación de la ciudad, por el Grupo 'Juan Maldonado' presidido en ese momento por el Dr. Aurelio Ferrero Tamayo. Foto: Parroquia del Sagrario/Catedral de San Cristóbal, Inventario artístico, 2015


En esos instantes de la flama originaria de la actual metrópoli, el fundador colocó la Iglesia Mayor bajo el título y advocación de San Cristóbal mártir de Licia, así como el patronazgo de la villa y su jurisdicción. Este último permanecerá hasta mediados del siglo XVII, cuando pasó a la veneración de San Sebastián mártir, como santo patrono, protector contra los ataques y muertes por flechas en los constantes enfrentamientos, entre sus habitantes y los naturales del lugar. 


Por ello, el nombre dado a nuestra ciudad se puede atribuir a un producto del proceso de concreción de la memoria personal de Juan Maldonado y la traslación y fijación, en territorio americano, del recuerdo materializado de los sitios salmantinos de su infancia: las tierras aledañas a Salamanca , la parroquial de San Cristóbal, la casa solariega de los Maldonado en la calle o cal de Caldereros -cuyas dos c, entrelazadas, utilizó como símbolo para herrar sus ganados-, las posesiones familiares y señorío de Linejo y Torrecilla, lindantes con San Cristóbal de la Cuesta, en la comarca de La Armuña, y sus juegos junto a los torrentes del río Tormes. 



Calle de Caldereros o Cal de Caldereros (Salamanca, 1893). Aspecto de la calle y casa solariega de los Maldonado (izquierda del observador) en la ciudad de Salamanca (España). 

La construcción, del siglo XV, fue derribada al finalizar el siglo XIX. De esa casa salió en la primavera de 1540 -con rumbo a las Indias- Juan Maldonado y Ordóñez de Villaquirán junto a su hermano Ambrosio en un viaje de aventura y épica, que no tuvo retorno. 

Por igual, sobresale en el horizonte la imponente y medieval Torre del Clavero y la empinada cuesta que finalizaba en la plaza de San Adrián (Foto: Postal en fototipia, Hauser y Menet, Madrid, 1893. Biblioteca Digital Hispánica, Biblioteca Nacional de España, 2015. Reproducción con fines didácticos).



Si bien, por haber pasado a las Indias a la edad de los 15 años, la firmeza de sus afectos no alcanzaron a ser estrechamente vinculativos –por cuanto no regresó a la Península–, siempre permanecieron presentes en sus recuerdos aquellos lugares del solar nativo y de la familia que había dejado en España. 


Ahora, a cuatro siglos de distancia, una reproducción del San Cristóbal del Capitán Juan Maldonado, debería volver a la villa. Ya no en el imaginario del fundador, sino en réplica de esa obra de arte mural del siglo XVI para que, desde la majestuosidad de la Iglesia Catedral, frente a la plaza mayor y fundacional, su brazo gigantesco cubra la historia de nuestra ciudad.   





Casa solariega del Capitán Juan Maldonado y Ordóñez de Villaquirán, fundador de la ciudad de San Cristóbal (Estado Táchira - Venezuela) y actual sede del Museo de Arte Moderno "Ramírez Villamizar" de Pamplona, frente a la Plaza Mayor (Foto: Museo de Arte Moderno "Ramírez Villamizar", Pamplona, Colombia. Reproducción de imagen con autorización de la Fundaciòn Museo de Arte Moderno "Ramìrez Villamizar", de fecha 13 de julio de 2015).




San Cristóbal mártir de Licia, talla en madera de cedro amargo o cedro americano (cedrela odorata), de principios del siglo XX, que se conserva en uno de los nichos del muro septentrional de la Catedral de San Cristóbal, San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela. Fue realizada por el artesano Don Antonio Dávila en la población de Capacho Nuevo/Independencia (Foto: Samir Sánchez, 2016).



Créditos de fotografía | Credit: Images courtesy of


Proyecto Experiencia Arte (ExpArt) quiere dar las gracias a los amigos e instituciones por permitir la reproducción de sus fotografías con lo cual han contribuido a la realización del presente estudio.


Biblioteca Nacional de España, Madrid.

Sr. Ricardo Jiménez, Fundación Museo de Arte Moderno "Ramírez Villamizar", Pamplona (Norte de Santander - Colombia).

Gooble Book, 2015.

Parroquial de El Sagrario/Catedral de San Cristóbal, 2015.



© Proyecto Experiencia Arte / Experience Art Project 2012-2015. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de las fotografías pertenecen a cada fotógrafo, grupo o institución mencionada.