jueves, 9 de mayo de 2024

Réquiem a cuatro voces por el reloj-carrillón de la Catedral de San Cristóbal (Venezuela), un «concierto de campanas» detenido en el tiempo│ A Carillon in the San Cristóbal Cathedral Bell Tower, in Venezuela. The Forgotten Harmony






Historia de un reloj-carillón creado por la casa de relojería artística alemana de Ed. Korfhgage & Shöhne (Melle, Alemania), el cuarto de similares características que se instaló en Latinoamérica, en las ciudades de Buenos Aires, Ciudad de México, San Pablo (Brasil) y San Cristóbal... Esta última lo tuvo e igual lo perdió








Texto de Samir A. Sánchez 
y fotos de Santiago Xavier Sánchez y Samir A. Sánchez (2016)





Sumario: 1. «Cariátides de tan 'alegre cielo'»; 2. El carrillón catedralicio; 3. Donado por el Ilustre Concejo Municipal del Distrito San Cristóbal; 4. Su funcionamiento; 5. Una sinfonía de campanas para la urbe; 6. Con las antiguas campanas, suman veintinueve; 7.  El poeta y pintor costumbrista Manuel Osorio Velasco, y las campanas de la Catedral. Datos sobre la creación de la Diócesis de San Cristóbal en Venezuela. 



Un estudio histórico-arquitectónico sobre la Catedral de San Cristóbal (Estado Táchira), se puede consultar en el siguiente enlace: "La Catedral de San Cristóbal, una obra hecha con el corazón" (2025).






El campanario de la Catedral, símbolo de la ciudad cordial


1. «Cariátides de tan 'alegre cielo'»





Desde cualquier colina o extremo urbano que permita columbrar la vasta amplitud de la geografía del valle de Santiago, dominan, por su volumen y altura, las torres geminadas de la Catedral de San Cristóbal, en el sitio justo donde nació la ciudad. Ideadas en una perspectiva de monumentalidad, sobre los fuertes muros de la mampostería neogótica del siglo XIX, y adoptando una proporción en escala con la remodelada fachada, se elevaron por sobre el conjunto de la urbe con más gracia y reciedumbre, recién en el siglo XX.





Como le gustaba decir al poeta Pedro Pablo Paredes, con su característico tropo en prosa, estas dos torres son «cariátides de tan 'alegre cielo'» (PAREDES, Pedro Pablo, La ciudad contigo, Academia Nacional de la Historia, Colección 'El Libro Menor', Nº 62, Caracas, 1984) [En 1569, el cronista de Indias, Fray Pedro de Aguado OFM, al escribir las relaciones geográficas filipinas, había descrito a San Cristóbal como: «La Villa es de alegre cielo y apacible temple»].















Una visual del arte de estas icónicas torres –por representar para la ciudad, a lo largo de su historia secular, un punto de referencia religioso y cultural- , nos expone muros recubiertos en color blanco colonial, lisos y de formas sencillas, como lo eran los altos imafrontes coloniales venezolanos [en el caso de la iglesia de San Sebastián de los Reyes, en el Estado Aragua o en la misma Catedral de Caracas].




Sólo resaltan, enriquecidas, en la parte del ventanal inferior –cerrado con rejillas de alargados barrotes en madera torneada al estilo barroco- un marco o arquitrabe de losas rectangulares de granito bajo un barroquizado frontón, interrumpido y brisado. Más arriba, dos piedras armeras, de granito, labradas en medio-relieve, portan el águila y los roeles de la heráldica papal de Pío XI (torre norte) y la cruz lanceolada, las flores de lis y el águila bicéfala de la heráldica episcopal de Mons. Alejandro Fernández Feo (torre sur). 






Continuando, y con la vista bien en alto, se pueden identificar el contorno y los ornamentales marcos de las cuatro esferas del reloj monumental, ideados en un cuadrifolio ojival cuyos extremos están separados por partes angulares.





Plaza Mayor de San Cristóbal (o Plaza Capitán Juan Maldonado, denominación oficial), vista desde uno de los ventanales occidentales de la torre de la Catedral, aquí nació la ciudad... aquí nació San Cristóbal, y aquí nació el Táchira cuando al fijarse los términos o límites de la nueva ciudad, los mismos fueron en forna y origen el territorio tachirense de hoy. 


Sobre una cornisa en saledizo y con un perfilado cimacio en gola, se levanta el cuerpo del campanario propiamente donde sólo destacan cuatro sobrias columnas toscanas, embebidas en recortados muros esquineros, de fuste seccionado –en granito martillado- y una arquería cegada, sin jambas, sobre los vanos o ventanales dobles de reminiscencias románicas. 





Cerrando la perspectiva, un arquitrabe y moldurado cornisamento -de cimacio en caveto-, marca el transfigurar de la forma recta y prismática de las torres a unos ochavados y ovoideos pináculos, coronados con cruz latina, trebolada y calada en hierro forjado. 






2. El carrillón catedralicio

Por entre esos ventanales dobles, y en la torre norte o del reloj de la Catedral, se dejan divisar veintitrés campanas, todas de perfil estilizado y sinuoso –el esquilón de los antiguos tratadistas-, verdaderas obras del arte de la fundición en bronce.  

Se presentan ordenadas sobre una rígida estructura metálica, y acordadas a una escala musical de dos octavas, que permite tocarlas en clave. Las mismas yacen relegadas y olvidadas de la memoria urbana, y desarticuladas de un patrimonial reloj, que detuvo su andar en un tiempo no muy distante.






Instaladas en lo más alto, en el campanario de la Iglesia Catedral de San Cristóbal, y como maquinaria de sonería del reloj catedralicio, conforman el «Carrillón del Cuatricentenario». Instrumento musical sinfónico, idiófono y por percusión, donado e instalado por la Municipalidad de San Cristóbal, en julio de 1963 para la nueva catedral que se había reedificado como parte de las celebraciones del Año Cuatricentenario de la fundación de la ciudad, cuya fecha central se conmemoró el 31 de marzo de 1961. 


El Concejo Municipal del Distrito San Cristóbal, en sesión del 2 de julio de 1963 estudió y aprobó el presupuesto para la adquisición del reloj-carrillón electrónico que, incluyendo la instalación, tenía un costo de 91.130 Bs (que equivalían a 27.203 dólares. 1$ = 3,35Bs, en la República de Venezuela, para 1963). La proveedora seleccionada fue la empresa alemana Ed. Korfhgage & Shöhne (Melle, Alemania), casa fundada en 1823*, a través de su representante el señor Fredd Wunderi.   




Noticia sobre la adquisición del reloj-carrillón para la Iglesia Catedral de San Cristóbal, pubicada en el Diario Católico en su edición de fecha 3 de julio de 1963 (Año XL, Número 11.691). Este reloj fue el cuarto que se instaló en Latinoamérica, con idénticas características. Los tres primeros fueron en Buenos Aires, Ciudad de México y San Pablo (Brasil). Investigación hemerogáfica y foto cortesía del Profesor Jack de la Parra (2024), ejemplar que se encuentra en la Hemeroteca Pública del Estado Táchira "Profesor Pedro Pablo Paredes" (San Cristóbal).


Por igual su instalación y puesta en funcionamiento representó el culmen de la remodelación de la Catedral -proyectada por el arquitecto Graziano Gasparini-, la cual fue reedificada por la Iglesia diocesana tachirense como homenaje a la ciudad de San Cristóbal, quien entraba al quinto siglo de existencia.





Las campanas del carrillón del reloj, según lo prescribían las rúbricas de la época, fueron consagradas en 1963 por Mons. Alejandro Fernández Feo, Obispo de la Diócesis de San Cristóbal, siguiendo la solemnidad del ritual Benedictio Campanæ quæ ad usum eclessiæ benedictæ vel oratorii inserviat.






3. Donado por el Ilustre Concejo Municipal del Distrito San Cristóbal

Aquella ilustre cámara edilicia conformada en 1962 y que hizo posible la donación del carrillón -en consonancia con la arraigada tradición cultural musical tachirense del momento, de retretas y conciertos en las plazas y parques de la urbe y de ciudades y pueblos del interior del Estado- según la inscripción que se encuentra en la sección media de la campana mayor del mismo, estaba integrada por:

«CONCEJO MUNICIPAL DE SAN CRISTÓBAL 1962/PRESIDENTE: LUIS ALBERTO SANTANDER/RAMÓN ZACARÍAS MÉNDEZ B.; DR. JOSÉ ADOLFO JAIMES/DR. PEDRO ROA GONZÁLEZ, SRA. MARUJA DE SÁNCHEZ/JESÚS MARÍA SÁNCHEZ C., GUSTAVO PAZ». 





4. Su funcionamiento

Cada campana está fundida en una determinada nota lo cual permitía accionar las mismas como un instrumento musical, a distancia, desde un tablero de mando que se ubicó a la entrada de la torre –y en la actualidad, no funcional, desarticulado y desarmado-. 





El sonido, armónico y acompasado para el oído del común –si bien especialistas en música determinan que las campanas, por su misma naturaleza, sólo pueden generar un acorde imperfecto y menor-, se lograba a través del golpe de veintitrés electro-percutores o mazos de bronce, de percusión rápida –que sustituyen la función del tradicional badajo-; éstos eran operados por motores eléctricos, del tipo de los solenoides, de 220 voltios, fabricados por la casa australiana Bremse. Los mazos se encontraban instalados, adecuadamente, tanto en el exterior como en el interior las campanas.





El carrillón propiamente, está ubicado en el campanario de la torre, a 30 m de altura. Se accede luego de ascender un primer tramo de 80 escalones hasta el habitáculo del reloj –que conserva en su interior los muros ochavados y ventanas ojivales ya tapiadas del último cuerpo de la antigua torre del siglo XIX- y luego otro tramo de 20 escalones hasta el carrillón, por medio de una estrecha escalera metálica tipo molinero. A su vez, el carrillón conformaba la sonería o sección sonable del reloj monumental de la Catedral, de cuatro esferas. 



Ruinas del mecanismo electronico del reloj-carrillón, para 2016


De la observación de las partes que permanecen, se puede inducir, aproximadamente, el mecanismo de funcionamiento. Reloj monumental y carrillón, en niveles diferentes, estaban unidos por un ordenado sistema de varillajes, engranajes y conexiones eléctricas, en la siguiente forma: cuando las alanceadas y acompasadas agujas del reloj, incrustadas sobre blancas esferas, marcaban las horas -identificadas por números romanos-, el movimiento mecánico de las varillas y engranajes, en el habitáculo del reloj, accionaba un sensor eléctrico del tablero de mandos del reloj que, por medio de cableados, descendía una señal y activaba el tablero del carrillón, al pie de la torre. 


Un dispositivo de disco magnético –probablemente- en el cual se almacenaban las piezas musicales, convertía estos registros en impulsos eléctricos tanto para el encendido de los motores eléctricos como para activar cada uno de los mazos de las campanas. Estos impulsos llegaban hasta el campanario a través de cables conductores lineales, los cuales accionaban el carrillón de forma automática.


Colocaban primero en funcionamiento el denominado «carrillón de las horas» o campanas que indicaban o tocaban sólo las horas, los cuartos o la media hora, seguido -en un segundo momento- del «carrillón del Ángelus o de la Oración», conjunto de campanas que interpretaban melodías -a las 6 am, 12 m y 6 pm, así como piezas especiales en diferentes solemnidades del antiguo año litúrgico o preconciliar. 






Personas de mayor edad, y quienes conocieron esta obra maestra de la campanología tradicional europea -en funcionamiento hasta fines de 1977 aproximadamente, cuando el instrumento es abandonado-, desde un nihilismo, indubitable, sobre su recuperación y nueva puesta en funcionamiento, lo evocan como un verdadero «concierto de campanas» cuyas notas musicales se expandían por los aires de la ciudad, hacia los cuatro horizontes. 


El Himno Nacional y el Himno Oficial del Estado Táchira, en las fechas patrias; el Ave María y la Salve Regina (en el 5to modo del canto llano o gregoriano); el Tú reinarás, en la fiesta de Cristo Rey, el himno eucarístico Cantemos al amor de los amores, en la fiesta del Corpus Christi o alguna otra pieza barroca, conformaban parte del repertorio del carrillón. Las mismas se manifestaban como una auténtica función musical; una bien concertada y grata variedad de sonidos, medidas y pausas que se propagaban y dejaban oír con solaz, transformando por momentos, tanto la Plaza Mayor (Plaza Juan Maldonado) como los alrededores de la Catedral, en verdaderas kerkides de un teatro griego o en una cavea o graderío de un teatro romano. 


5. Una sinfonía de campanas para la urbe


Las veintitrés campanas del carrillón catedralicio de San Cristóbal, único en el Estado Táchira, aún deben conservar el timbre partiendo de la observación del fino y artístico acabado que denota la calidad del metal. Las mismas fueron elaboradas según la técnica tradicional o artesanal de colada en bronce, para tocar en conjunto, por maestros fundidores campaneros alemanes




La superficie del tercio o sección superior de cada campana, está ornamentada con cuatro cordones o finas bandas horizontales que rodean la pieza. Junto a los cordones y en forma paralela, se encuentran motivos ornamentales como rosetas góticas entre elaboradas cardinas de alargados follajes y roleos, la figura de un ángel de rodillas tocando una viola, y una crestería invertida. Entre los cordones del tercio, se grabó la siguiente inscripción: «A.D. 1962» y en el lado contrapuesto una numeración que, en el caso de la campana mayor es «4033». El medio pie se ornamentó con tres o cinco cordones seguidos y paralelos, según el tamaño de la campana.





Por la esbeltez, forma y tamaño, estaban diseñadas para emitir diferentes sonidos sinfónicos con un acorde perfecto, de claros y solemnes timbres, de máxima propagación y en tiempos exactos. Asimismo, todas sus variadas dimensiones guardan una adecuada proporción con el espacio del campanario, que comprende un área la cual se aproxima a los 6 x 6 m. 


Sonería del reloj-carrillón de la Catedral de San Cristóbal

El sistema de sonería de este reloj-carrillón estaba estructurado en dos niveles: el inferior, con cinco campanas para dar las horas (campana mayor), los cuartos (campanas menores) y los repiques (las cinco a la vez). Por igual podían acompañar a los sonidos del carrillón dando los tonos más bajos o graves, esto es, actuando como bordón en los toques. Estas campanas eran oscilantes–la mayor tiene una altura y diámetro de 75 cm respectivamente-  y al accionarse repicaban tanto por el antiguo método del bandeo (media vuelta) o del vuelo (por vuelta completa de la misma campana), mediante cadenas y motores eléctricos, o bien por el accionar de un martillo grande o mazo. 


En la parte superior está o estaba el carrillón propiamente que daba los tonos medios y altos. Eran producidos por por dieciocho campanas fijas (solo accionadas por mazos o percutores): catorce de ellas, de menor tamaño, en la sección superior, ordenadas linealmente –en la escala armónica, de mayor a menor- en dos líneas o barras paralelas, de siete campanas cada una (según la estructura general de los carrillones, cada una de estas siete campanas debían formar una octava afinada en sol mayor o Sol, La, Si, Do, Re, Mi, Fa#). Entre estas dos series diatónicas, se ubicó una tercera línea o unísono con cuatro campanas de igual tamaño, de tonos idénticos o que repiten una misma nota.


6. Con las antiguas campanas, suman veintinueve 

Acompañando a las veintitrés campanas del carrillón, y ancladas a un yugo travesaño en la sección superior de los vanos o ventanales norte, oeste y sur del campanario, penden aún las seis viejas campanas esquilonadas, de fines del siglo XIX, oteando el crecer continuo de la urbe. Sólo dos de ellas, en los ventanales que dan hacia el poniente, poseen inscripciones. Una, en su medio pie, el nombre de «Santa Cecilia», otra, la más nueva –en su medio- el año de realización «1948». 





De estos seis bronces catedralicios sólo tres continúan en uso, accionados por el tradicional método del repique manual o toque por badajo, a través de cordeles que van desde la altura del campanario hasta el nivel de ingreso. 




Reverso de una de las esfera del reloj monumental-carrillón de la Catedral de San Cristóbal... penumbras tras el tiempo (Foto: Samir A. Sánchez, 2016).



Hace más de veinticinco años, cuando el último maestro carrillonero, Don Josafat Somaza Chacón (1921-2017), por la edad se retiró y dejó de engrasar y sincronizar el mecanismo del carrillón, esta obra de arte de la música en bronce, entró en un silencio, probablemente eterno. No obstante, permanecen como reminiscencias de otros siglos, cuando la vida o toda actividad de los habitantes de San Cristóbal era regulada desde esta torre [la única construcción de la ciudad que ha mantenido una misma función, en el mismo espacio, por más de cuatrocientos cincuenta años] por el toque de las campanas, que les era familiar y sabían distinguir. 


Nadie era ajeno al mundo de las campanas. Ellas anunciaban el día con el toque del alba, el mediodía y la noche con el toque de oración; los días de tormenta, con el toque de nublo o de plegaria; el llamado a misa con los tres repiques de la campana mayor [el último toque, era conocido como 'el deje' en el 'país tachirense' o 'Das Tachiranisch Land', denominación que le diera el viajero alemán Christian Anton Goering (1836-1905) en 1870, a su paso por San Cristóbal y al momento de describir las costumbres e idiosincrasia de los habitantes del Estado Táchira, en su crónica Vom tropischen Tieflande zum ewigen Schnee]; repiques de gloria y de procesiones; el bautizo; el matrimonio, con el repicar de la campana mayor; la muerte, con los dobles o el toque a clamor; las calamidades públicas con el toque a rebato; las invasiones o guerras y las celebraciones.


En los tiempos actuales, si bien el silenciado carrillón sinfónico de la Catedral enfrenta un futuro incertísimo, sólo queda la certeza que tres de esos antiguos y patrimoniales bronces desafían a la modernidad y se resisten a enmudecer. En una clave, ya para muchos no inteligible, continúan, aferrados a la tradición, en pregonar a la urbe y a la metrópoli, el sentido de los ecos de su medieval función: 

«LAUDO DEUM VERUM, PLEBEM VOCO, CONGREGO CLERUM, DEFUNCTOS PLORO, NIMBUM FUGO, FESTAS DECORO/ Alabo al Dios Verdadero, convoco al pueblo, reúno al clero, lloro a los difuntos, ahuyento las tempestuosas nubes, y a las fiestas doy decoro».



[La Iglesia Catedral de San Cristóbal es un Monumento Histórico Nacional, según decreto del Ejectivo Nacional publicado en la Gaceta Oficial de la República de Venezuela, Nº 26.330 de fecha 13 de agosto de 1960].









Santiago Xavier, integrante del equipo de Proyecto Experiencia Arte, en los vanos de poniente, durante el proceso de documentación del carrillón de la Catedral de San Cristóbal, 5 de agosto de 2016. En el plano de fondo, la centenaria cúpula de la Catedral, diseñada y construida en 1916, en estilo neobarroco, por el Ingeniero Rafael Seijas Cook, con armazón estructural en acero -probablemente en malla doble- y remodelada en estilo neocolonial en 1961 por el Arquitecto Graciano Gasparini (1924-2019) y de plano de fondo las murallas esmeraldinas más sureñas de la sierra de la Maravilla.





7. El poeta y pintor costumbrista tachirense Manuel Osorio Velasco, y las campanas de la Catedral


En 1943, el poeta y pintor costumbrista tachirense, Manuel Osorio Velasco (1911-1988), escribió cuatro poemas a las campanas de la Catedral de San Cristóbal. En estrofas de diez versos, siguió la métrica medieval castellana de conjugar un cuarteto y una sextilla, conocida como décima antigua.

En el epílogo del poemario, Rafael Pinzón, evocando pensamientos bellistas, galleguenses y del propio Osorio Velasco, describía el sentido del cuadro costumbrista de estos poemas:


«Cuando el sol desintegra su armonía luminosa en el prisma del atardecer; cuando realiza el poema vesperal en un solo verso cuyo ritmo se quiebra mansamente en las cumbres de la montaña, la noche llega a rezar su letanía de benéfica paz. Entonces es la hora de la elevación: en las calles de nuestros pueblos se acentúa el silencio para que suene más el toque de campanas del “Ave María”, que es la señal que el cielo espera para que una aquí, otra allá, varias luego, innúmeras después, las estrellas indiquen los caminos que conducen a la meditación, flor del espíritu y cuenca del misterio. Entonces es la hora de los que piensan, y sufren y aman, y sueñan; la hora de asemejarse a Dios cuando fue creador. / La noche de la cordillera parece que tiene empeño en darle al hombre que anda sobre la tierra un rápido acercamiento con el infinito. Los páramos tapizan el paisaje del mu con los vilanos de la neblina, y el valle y la meseta y el altiplano se hacen comarca de la niebla».



Alba y mediodía, ángelus y nocturno
(Manuel Osorio Velasco [1911-1988], poeta y pintor costumbrista tachirense, 1943)


Alba
Caracol de la campana
sobre los techos dormidos,
dulce dueto con los nidos
al despuntar la mañana.
Y la torre se engalana
con su canción y alza el vuelo
en espirales de anhelo,
roza la verde pradera
y olvida la cordillera
para llegar hasta el cielo.


Mediodía
La ondulación campanera
viene repleta de sol,
y en forma de caracol
llena de cantos la espera.
Plenisolar montañera
atenta a la melodía
del tilán de mediodía
que la campana en sus trinos
va regando los caminos
con cantos de primavera.


Ángelus
Canta el bronce su momento
de Ángelus y oración,
y es tan triste su canción
que se parece a un lamento.
En los senderos del viento
es reina la golondrina;
del lomo de la colina
las nubes con gris sudario
van llegando al campanario
que solloza a la sordina.


Nocturno
De luto la serranía
Azul marino está el cielo,
y está vestida de duelo
también esta pena mía.
La campana que escondía
monótona paraulata
no canta su serenata
con fina voz de cristal,
y los cocuyos luceros
florecen en los senderos
mirando la Cruz Austral.

[OSORIO VELASCO, Manuel, Comarca de la Niebla, cuaderno de poemas, Grupo Yunke, San Cristóbal, 1943, poemas 15, 16, 17 y 18].











Panorámica de la ciudad de San Cristóbal vista hacia el este, hacia la sierra de la Maravilla. Imagen captada desde la vieja torre del campanario o torre norte de la Catedral de San Cristóbal, en horas de la tarde de un día de 1929. Un largo cortejo de carros recorre la antigua calle del Culto, llamada para la época calle de Miranda y en la actualidad calle 4. La imagen urbana de la ciudad, donde el repicar de las campanas encontraba un certero eco en las montañas de la sierra conserva aún, mayoritariamente, el orden y armonía de los tiempos fundacionales y coloniales: casas de tapias, bardas y techos de tejas recubiertos con musgos, destacando alguno de sus patios y recoletos solares (Foto: R. Dulcey, 1929).   



Datos sobre creación de la Diócesis de San Cristóbal en Venezuela


En 1922 fue creada la Diócesis de San Cristóbal si bien resulta evidente no perder de la memoria los orígenes de la historia eclesiástica tachirense, aquella que precedió a este importante hecho histórico. Esa memoria comienza en los tiempos de la evangelización de América, en 1558 y se prolonga en la administración eclesiástica del territorio por parte de los obispos y arzobispos de Santafé de Bogotá hasta 1776 y luego de la diócesis merideña hasta 1922.

Así, la historia diocesana tachirense se inicia propiamente el 24 de abril de 1922 cuando el Nuncio Apostólico Mons. Filippo Cortesi (1876-1947) siguiendo instrucciones de la Santa Sede y gracias a las gestiones del arzobispo de Caracas, Mons. Felipe Rincón González, amigo del General Juan Vicente Gómez, presentaba a consideración del gobierno nacional la primera propuesta de dividir la única arquidiócesis y diócesis muy extensas en lo territorial, que existían en Venezuela para la fecha, y que dificultan a los respectivos prelados su debida atención espiritual.

El proyecto proponía crear cuatro nuevas diócesis: Cumaná, Coro, Valencia y San Cristóbal (“Memorando presentado a la consideración del Supremo Gobierno Nacional de Venezuela”, 24 de abril de 1922, Archivo Secreto de la Santa Sede, Documentos de la Nunciatura Apostólica en Venezuela. Dado a conocer por S.E.R. Rosalio Cardenal Castillo Lara, en su libro Mons. Lucas Guillermo Castillo, Caracas, 2004, p.83).

De esta forma, el 12 de octubre de 1922 el papa Pío XI creaba canónicamente la Diócesis de San Cristóbal por medio de la Constitución Apostólica Venezolana "Ad munus ab Unigenito Dei Filio" (Constitutio Apostolica Venezuelana, Acta Apostolicae Sedis (AAS), vol. XXVI, n. 23, 1923, p. 99 y ss.), documento pontificio que fue refrendado por el cardenal De Lai como secretario del Consistorio y por el cardenal Cagiano, como canciller.

Culminaba con éxito la gestión diplomática de Mons. Cortesi quien obtuvo el visto bueno del General Gómez y, siguiendo sus órdenes, el Ejecutivo Nacional presidido en ese momento por el Dr. Victoriano Márquez Bustillo como encargado, a través del Canciller Pedro Itriago Chacín tramitó ante el Congreso Nacional de los Estados Unidos de Venezuela presidido por el sucrense Carlos F. Grisanti y el tachirense Rubén González, como presidente y viceperesidente respectivamente, la aprobación. En consecuencia, el cuerpo legislativo aprobó la Ley de División territorial eclesiástica de fecha 5 de julio de 1922 (promulgada en la Gaceta oficial de los Estados Unidos de Venezuela, de fecha 7 de julio de 1922, No. 14.719), modificada parcialmente en fecha 25 de mayo de 1923, para crear la Arquidiócesis de Mérida. En el Congreso Nacional de 1922 ejercían como senadores por el Estado Táchira Pedro León Arellano y Samuel Rodríguez R., y como diputados Alejandro Vargas y José Abel Montilla.

Esta ley de julio de 1922 establecía: "En los Estados Unidos de Venezuela habrá dos Arquidiócesis, la de Caracas y la de Mérida; y ocho Diócesis, la de Ciudad Bolívar, Calabozo, Barquisimeto, Zulia, Cumaná, Coro, Valencia y San Cristóbal”.

Así, se separaban de la Diócesis de Mérida (elevada a sede arquidiocesana en 1923) las parroquias del territorio del Estado Táchira y del Distrito Páez del Estado Apure, este último perteneció a la Diócesis de San Cristóbal hasta 1954 cuando se instituye la Prelatura Territorial de San Fernando de Apure, y el Distrito Páez pasa a formar parte de esa Prelatura.

Las parroquias fundacionales de la diócesis fueron: la Matriz de San Cristóbal, San Juan Bautista de San Cristóbal, Táriba, Palmira, Borotá, Lobatera, Michelena, San Pedro del Río, Colón, Ureña, San Antonio, Santa Ana, Rubio, Libertad (Capacho Viejo), Independencia (Capacho Nuevo), Guasdualito conocido como Periquera, Seboruco, El Cobre, Queniquea, Pregonero y las dos parroquias de La Grita. Así, con ellas se conformó el espacio jurisdiccional para la Diócesis de San Cristóbal, cuya sede episcopal sería la ciudad de San Cristóbal, dándole el título de Santa Iglesia Catedral a la parroquia matriz de San Cristóbal, cuyo santo patrono era San Sebastián y santo titular San Cristóbal.

Según decreto de la Sacra Congregación Consistorial de fecha 22 de junio de 1923 (“Sacra Congregatio Consistoriales. Provisio Ecclessiarum”. Acta Apostolicae Sedis, Año XV, volumen XXVI, n. 23, 1923, p. 357), se anunciaba la decisión del papa Pío XI de designar como primer obispo para la Diócesis de San Cristóbal al Siervo de Dios Monseñor Monseñor Tomás Antonio Sanmiguel Díaz (Valencia, 1887 - San Cristóbal, 1937), recibiendo la consagración al orden episcopal por imposición de manos de Mons. Cortesi, Arzobispo titular de la sede de Siracia y Nuncio Apostólico en Venezuela, en presencia del Presidente Márquez Bustillos y del presidente constitucional y Comandante en Jefe del Ejército, el General Juan Vicente Gómez, en la Catedral de Caracas el 21 de octubre de 1923.

El primer obispo llegó a la ciudad de San Cristóbal el 23 de octubre de 1923 siendo recibido por el pueblo, el clero y el presidente del Estado Táchira, el General Eustoquio Gómez.

Poco después de tomar posesión de su sede episcopal, se conoce que Mons. Sanmiguel escogió y aprobó a la bienaventurada Virgen María bajo el título de Nuestra Señora del Rosario, por el fuerte vínculo que tiene esta advocación mariana con el mes de octubre, mes de creación de la diócesis sancristobalense, cómo patrona de esa recién creada diócesis.



* Matthias Korfhage, un relojero nacido en 1802, fundó la empresa campanera en Buer (Melle-Buer) en 1823. La empresa pasó a manos de su hijo Eduard Korfhage quien fue pionero en los relojes de torre. A su fallecimiento en 1925, la empresa pasó a manos de su hijo Heinrich y peranece como una empresa familiar de sexta generación en la actualidad. Poco se sabe de los pequeños relojes eléctricos de Korfhage, pero sus relojes de torre eléctricos son bien conocidos desde 1893, cuando instaló su primer reloj de torre con rebobinado eléctrico, pasando a ser estos relojes de torre eléctricos y sus carillones los principales productos de esta empresa alemana de la Baja Sajonia. En 1935 se inició la producción de carillones controlados mediante lectores de cinta perforada e igual modelos que se podían tocar con el teclado de un piano. Un ejemplo muy conocido fue el carillón del flautista del ayuntamiento de la conocida ciudad alemana de Hamelín. Con esta tecnología, la empresa se situó a la vanguardia de la producción de carrillones en el nivel mundial. Después de la Segunda Guerra Mundial, la empresa se benefició de la reconstrucción y del milagro económico alemán  en especial con la construcción e instalación de reloj eselectromecánicos de torre del tipo UT 6000, construido desde 1959. [Traducción libre del texto tomado de: https://watch-wiki.org/index.php?title=Eduard_Korfhage_%26_S%C3%B6hne].


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viernes, 3 de mayo de 2024

Historia del Barrio San Carlos: un barrio castizo de la ciudad de San Cristóbal y sus orígenes en tiempos de guerra y de paz | Defining the history and urban theory of a neighborhood: 'San Carlos' (San Cristóbal - Táchira State - Venezuela)





















Texto de Samir A. Sánchez (2024)

Existe un lugar de la ciudad de San Cristóbal que activa los recuerdos en la construcción de la historia familiar por cuanto incide directamente sobre el lugar del hogar, de mis afectos, de mi infancia y de mis estudios escolares, de secundaria y universitarios: el barrio San Carlos (área urbana que se extiende en el espacio comprendido entre las carreras 11 y 17) de la ciudad de San Cristóbal.


Y, como no se puede entender la memoria sin el olvido, nos centramos en un barrio que, con sus calles en desafiantes cuestas, acompañadas por viejas casas de ladrillos de adobe, tapia pisada y bahareque, y orgullosa crestería o acroterios ya desapareciendo, resiste, impertérrito, los dardos destructores de ese olvido, enraizado en el desconocimiento e incuria de una población no instruida en la materia que lo confunde, a diestra y siniestra, con Barrio Obrero y a su plaza, la plaza San Carlos, le da el colúmbido nombre de plaza de las Palomas.

Esta es su historia...


El trabajo puede ser descargardo en formato PDF, aquí:






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lunes, 22 de abril de 2024

Ruinas ocultas del primer Capitolio tachirense: La primera Casa de Gobierno del Estado Táchira | Hidden Ruins of the First Táchira State Capitol Building. The Oldest Administrative Structure in San Cristóbal City







Para pensar...

La anterior imagen, que parece extraída de un pasado envuelto en historias basadas en fantasmas y fenómenos paranormales, es lo que consideramos, a su vez, sea la representación, diluida ya, en la memoria de lo que existió una vez en la ciudad y ya no existe: La primera Casa de Gobierno o Capitolio del Estado Táchira.

Por ello, esa imagen viene a resultar en un ejercicio interesante para la reflexión, como sociedad, al preguntarnos ¿cómo valoramos nuestro patrimonio construido entendido como preservación de la memoria? 

Pregunta que queda sólo como auto-cuestionamiento o debate; como una forma de visualizar lo invisible para que, cuando desaparezca todo ese patrimonio y herencia cultural arquitectónica, por la incuria y superficialidad de los lúgubres tiempos contemporáneos, quede un testimonio visual para las nuevas generaciones. 

Así, resulta oportuno manifestar gratitud. La gratitud de Proyecto Experiencia-Arte a quienes permitieron la realización de este trabajo, aportando datos e imágenes. Ellos se han convertido, una vez más, en guardianes de la memoria y del patrimono tachirense de todos los tiempos. 


El trabajo puede ser descargardo en formato PDF, aquí:




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miércoles, 17 de abril de 2024

Ciudad de San Cristóbal: Urbanismo en tres tiempos, Carta magna fundacional y Legislación de Indias | San Cristóbal City (Táchira State - Venezuela): A Theoretical and Documentary Work about its Urban History

 






«Provisión rreal para que sse poblase la dicha villeta señalando para ello al Capitán Juan Maldonado […]». Transcripción de una Carta ejecutoria de 1565 presentada en auto de admisión de pruebas ante la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá  de Bogotá, por parte de la Justicia, Regimento y Cabildo de la Villa de San Cristóbal en un juicio entre este cabildo y el de la ciudad de Pamplona por el solapamiento de las jurisdicciones de las juticias de ambas urbes en un caso penal de 1621. En dicha carta ejecutoria se encontraban insertos la relación de hechos fundacuinales y dos autos (de fijación de límites y de jurisdicción penal) dados el 31 de marzo de 1561 por el capitán fundador Juan Maldonado. Fotostato: Academia Nacional de la Historia (Caracas, 1958). Proceso de digitalización y adaptación Sigrid Márquez Poleo, reproducción con fines didácticos, 2014.






San Cristóbal: El umbral de la modernidad

Bajo la lente del insigne fotógrafo tachirense Rafael Vicente Dulcey Morales (1894–1969), esta instantánea capturada en el ocaso de los años veinte nos devuelve la mirada a una San Cristóbal regida por el orden y la armonía. En ella, el trazado urbano mantenía la impronta serena del período colonial español. La imagen se erige como un testimonio mudo del tránsito: el pavimento de cemento y la hilera interminable de automóviles de época, marcan las siluetas del Palacio de Gobierno, erigido sobre los cimientos del antiguo convento e iglesia de San Agustín. Allí, vemos como la modernidad incipiente comenzaba a destacar con el nuevo palacio municipal hoy Palacio de los Leones y con la Capilla de San Antonio (de 1927) y los albores del Colegio María Auxiliadora, narrando el despertar de una capital que, con paso firme, buscaba reclamar su sitial en la historia contemporánea.

Tras la cúpula de la Catedral, el paisaje revela una urbe que aún respiraba a un ritmo pausado y contemplativo. En los terrenos donde hoy resisten los vestigios de la icónica residencia de la familia Santos Stella, solo se extendía entonces un solar bucólico, guarecido por tapias centenarias. Es imposible no evocar aquí los versos del ilustre Andrés Eloy Blanco, imaginando que por igual, sobre aquel muro, pudo haber descolgado o «descolgó un gajo verde y amarillo, el limonero del Señor».

Obtenida desde la altiva torre norte del templo mayor, ya Catedral, y abarcando en su panorámica los confines del este hasta las faldas de Piedra Gorda, San Carlos y las cumbres de la sierra de La Maravilla, la fotografía no solo documenta el cortejo fúnebre de algún personaje preeminente; captura, en verdad, el último suspiro de una ciudad de aleros, tejas y muros de barro y bahareque. Es, en esencia, un instante cristalizado que rescatamos del olvido para quienes valoran la historia de la arquitectura y del urbanismo desde la vigilia de una ciudad que ha dejado de existir en lo tangible, pero que sobrevive, imperecedera, en el anaquel de la memoria histórica tachirense (Fotografía: Rafael Vicente Dulcey, c. 1930).



Un aporte a la historia del Derecho urbanístico tachirense

Las normas que regulan el hecho urbano, desde el diseño de la ciudad o suplanificación, su ejecución y la legalidad en lo edificado, es lo que conocemos como derecho urbanístico. Pero, ese derecho ha pasado por un proceso evolutivo de desplazamientos conceptuales que, en el caso de las ciudades iberoamericanas, parte del siglo XVI

En el presente trabajo se analizará un caso específico urbano de esa evolución y desplazamiento de dichos conceptos a partir de una panorámica del primum movens aristotélico, fundacional, de hecho y de derecho, de la ciudad de San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela, en 1561, y su evolución hasta el presente. 

Un todo teórico y documental que nos llevará a dejar formulada una pregunta que nos cuestionará siempre: ¿puede haber una nueva perspectiva para su futuro urbano?

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The rules that regulate the urban fact from the design of the city (planning), its execution and legality in the built (building ordinances and codes), is what we call urban law. However, this law has undergone an evolutionary process of conceptual displacements that in Latin American cities began in the 16th century. This paper will analyze a specific urban case of this evolution and displacement of these concepts from an overview of the Aristotelian Primum movens foundational, ‘de facto’ and ‘de jure’, of San Cristobal City, Táchira State, Venezuela, since 1561. A theoretical and documentary work that will lead us to formulate a question that could questionourselves: Can there be a new perspective for its urban future?


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viernes, 12 de abril de 2024

Valentina Quintero “descubre” el ambir o chimú (o chimó) tachirense | 'Ambir', 'Chimú' or 'Chimó': An unusual old form of tobacco in Táchira State (Venezuela) from pre-Columbian Indian times




"El trisquel de Lobatera", sección superior del petroglifo de la época aborigen tachirense denominado "La Piedra del Indio" (en Lobatera - Estado Táchira). Foto: Darío Hurtado, 2015.


Texto de Samir A. Sánchez (2020)

Antes de ceder la descripción a la reconocida especialista en eculturismo Valentina Quintero, quien publicó en el diario El Nacional (Caracas), en su edición del domingo 24 de septiembre de 2006, su experiencia sobre la fabricación del tradicional chimú o chimó tachirense, durante su estancia en el Estado Táchira, es necesario conocer los orígenes del mismo para entender su uso.

El origen del “ambir” tachirense, nombre con el cual se conocía desde Pamplona hasta La Grita al chimú o chimó, por cuanto pareciera que esta última palabra aborigen, ya de uso en todos los estados andinos, surgió en la población de Lagunillas (Estado Mérida) donde este producto era aliñado con sal de urao, resulta inmemorial. 

La Real Academia Española (RAE) define al “chimó” como:

“Pasta de extracto de tabaco cocido y sal de urao, que saborean los habitantes de la cordillera occidental de Venezuela llevándola en la boca”.

Lo anterior tiene un fundamento histórico y concuerda con la relación que hiciera un viajero del siglo XVIII quien recorrió, a lomo de mula, el camino real entre la capital del Virreinato del Perú, Lima y la capital de la provincia de Venezuela, Caracas, en 1741, el Corregidor Don Miguel de Santiestevan, por cuanto la navegación estaba cerrada dada la guerra que mantenían España y Gran Bretaña. 

A su paso por el sitio de Lagunillas (cerca de Ejido, Estado Mérida) escribió:

“De la laguna extraen los indios del pueblo una especie de salitre que en este Reino llaman jurado o urao, de que venden a real la libra, y conducido a otras partes a 3 y a 4 reales, para sacarlo tienen en medio de la laguna que es casi circular clavados una palancas y por ellas descienden al fondo de donde toman el cieno, que cabe en una bota de cuero, que llevan que puesto al sol y seco se reduce a terrones en gran parte cristalizados de que se separa la tierra queda lo que llaman jurado [urao]; esta sal tiene grande uso en estas partes porque sirve para cuajar o mantener el vigor de una sustancia que por conocimiento, extraen de las hojas del tabaco de que resulta una masa que desde Pamplona a La Grita llaman ambir; vi hacer esta operación y por ella me dijeron que era preferible el tabaco silvestre de este ambir o ámbar del Infierno, porque tiene aquel vigoroso fetor [hedor] que deja el sarro de una pipa en que se ha fumado mucho tiempo. Lo usan los naturales de estos países sin que se reserve la más noble y melindrosa doncella, pues la traen en sus cajetillas, y con los limpia dientes, que cuelgan del cuello en cadenillas de oro sacan de esta quinta esencia lo que han de menester para refregar con tan hedionda pez [un olor fuerte como el de la trementina] los pequeños marfiles de su dentadura. Los hombres y las viejas que son lo mismo, la toman con el dedo meñique y escupen mucho, y lo recomiendan como reforzador y como preservativo de los corrimientos [esto es, fluxión de humores que carga a alguna parte del cuerpo o llagas que supuran].

 

Es tan general en chicos y grandes de uno y otro sexo el uso de esta quinta esencia del tabaco, que casi no se encuentra quien lo fume, sino lo mastica y escupe. Sirve también este ambir o chimó, desleído en agua, para rosear las hojas del tabaco al tiempo de envolverlas y reducirla a las figuras de sogas que le dan” (Santiestevan, Miguel de. Viaje de Lima a Caracas (1740- 1741), Fundación de Promoción Cultural de Venezuela, Caracas, 1997, pp. 137-138.

De esta forma, y retornando a los tiempos presentes, el 24 de septiembre de 2006, la reconocida especialista en ecoturismo venezolano, Valentina Quintero, en su visita a Lobatera, evoca:

“Un paseo en bicicleta/El otro recorrido que hicimos fue en bicicleta saliendo desde Lobatera por unos caminos de tierra entre siembras preciosas de pinos, con el cerro Cabeza de Vaca a un lado. Vimos las minas de carbón, los alfareros de ladrillos nos explicaron cómo los hacían y al final saliendo ya a la carretera llegamos a una fábrica artesanal de chimó.
Se trata de un galpón abierto a las montañas del Táchira donde hay como seis palanganas rectangulares de metal muy grandes, de las cuales sale un vaporón porque en todas hierve el tabaco a punta de leña.
En la primera colocan el tabaco picadito y lo ponen a hervir con mucha agua para que suelte el aroma y la esencia. Luego le sacan esa agua, la colocan en otra palangana y la dejan hervir casi 12 horas hasta que se espese y quede a punto de caramelo. Cuando se enfría, está lista la pasta de chimó que será enviada a los fabricantes para que la coloquen en sus laticas con los aliños y secretos de cada marca.

 

Me contaron Gonzalo Medina padre e hijo, dueños y fabricantes artesanales del chimó [Comercializadora Marcel, Municipio Lobatera], que esta pasta la utilizan también algunos artesanos para pintar. Y es verdad. Estuve en una exposición artesanal en Lara y había como cuatro creadores que pintaban unos cuadros hermosísimos utilizando chimó”.



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jueves, 28 de marzo de 2024

Traje típico tachirense | The Typical Tachiran Costume














Esta obra constituye un homenaje visual y narrativo al traje tradicional del Táchira, entendido como una expresión viva de la identidad y memoria colectiva andina.

Con sensibilidad etnográfica y rigor histórico, Samir A. Sánchez nos guía por los orígenes, transformaciones y simbolismo del atuendo popular tachirense, tanto femenino como masculino, desde las épocas aborigen y colonial hasta mediados del siglo XX. 

La publicación rescata las voces del pasado a través de crónicas, registros etnográficos y descripciones de vestimenta, anclando el texto en la necesidad de preservar lo autóctono frente a la globalización. Ilustrada con imágenes documentales y acompañada de referencias clave, esta edición forma parte del esfuerzo por salvaguardar el patrimonio cultural material e inmaterial del Táchira

Así, estos trajes y el legado cultural que ellos encierran, permanecen como testimonio permamente y se pueden resumir en las palabras que, a través de la música típica tachirense, escribiera, en 1960, el compositor Don Pánfilo Medina Lacruz (1911-1965). Tiempos cuando melodía, armonía y ritmo eran uno solo con la poesía:

"Desde el Táchira vengo a traer esta bella canción/tiene el ritmo y belleza de ayer, de verdad y de fiel tradición/ de la raza bizarra y feliz, que honrará la nación. […] La mujer de aquí, como fuente de amor,/ como lirio que lleva en su ser el lenguaje del corazón./ Su amanecer, como rosa en vergel /engalana el hogar con cariño fiel cual mirada de Dios". “Alegrías del Táchira”. Bambuco.


El trabajo puede ser descargado en formato PDF aquí:






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viernes, 22 de marzo de 2024

La sierra de la Maravilla en la ciudad de San Cristóbal. Parque Nacional y reserva de la biosfera tachirense | Natural History in the 'Sierra de la Maravilla' ('La Maravilla' Mountains). An untouched natural Andean scenery in San Cristóbal City (Natural Park - Táchira State - Venezuela)






Texto de Samir A. Sánchez (2024)
Foto de Inés Fernández (2012) 
Foto de José Manuel Vera C.(2024)


"Porque la mano derecha del propio valle como en él entraron, que es hacia la parte este, dio la tierra demostración de muy ásperas y montuosas sierras que amenazando desde lejos con la altura y empinamiento de que la naturaleza les había dotado, con las grandes y espesas montañas de que estaban cubiertas, se hacían y figuraban muy dificultosas a los ojos de los que las miraban".

 (Descripción de la sierra de la Maravilla, para 1558, Fray Pedro de Aguado OFM).




Definición y delimitación

La Sierra de la Maravilla representa para los habitantes del Estado Táchira y de su capital, San Cristóbal, un hito geográfico e identitario análogo al impacto del cerro El Ávila —o Warairarrepano, en la nomenclatura aborigen que denota «Montaña o sierra grande»— para los pobladores de la ciudad de Caracas y del litoral central venezolano.

Geológicamente, esta formación comprende un sistema de filas, estribaciones y colinas orientadas al este del valle de Santiago. Se trata de una estructura de origen geológico reciente cuya estratigrafía abarca desde el período Jurásico (hace más de 200 millones de años) hasta el Cuaternario. Su morfología actual es el resultado de procesos de erosión glaciar, caracterizados por intensas precipitaciones y heladas que redujeron su altitud original. Debido a su condición de terrenos jóvenes, emergidos y carentes de una consolidación por altas presiones, los materiales sedimentarios sufrieron un arrastre progresivo hacia el fondo del valle, dando origen a las actuales terrazas fluviales.

Una porción sustancial de su superficie conforma el área bajo régimen de administración especial (ABRAE) denominada Parque Nacional Chorro del Indio. Este espacio fue instituido mediante decreto del Ejecutivo Nacional en 1989, bajo la magistratura del presidente Carlos Andrés Pérez, con el propósito de conferir un marco jurídico de gestión y salvaguarda a este pulmón vegetal del área metropolitana de San Cristóbal.

Por consiguiente, la Sierra de la Maravilla se erige como un espacio de preeminente valor ecológico y paisajístico, constituido como un oasis de biodiversidad andina rico en recursos hídricos, formaciones forestales y cascadas. La creación del parque nacional supuso una visión prospectiva de la intelectualidad y dirigencia tachirense de la época, liderada por el Ejecutivo, orientada a mitigar la degradación de los bosques tropicales andinos y a proteger las especies amenazadas por la expansión urbana anárquica de la capital estadal.

Características fisiográficas y Red hidrográfica

Fisiográficamente, la sierra consiste en una sucesión continua de formaciones montañosas que albergan bosques premontanos, selvas nubladas y ecosistemas de páramo en un estado de conservación prácticamente prístino. El sistema orográfico se inicia al noreste de San Cristóbal, específicamente en el abra del Callejón Colorado —adyacente al páramo homónimo, a una altitud de 3350 m s. n. m.—, en las estribaciones de la aldea Mesa de Aura. Desde este punto, se extiende en sentido suroeste a modo de barrera natural, culminando en las colinas que circundan la población de San Josecito. De este modo, la vertiente occidental delimita el crecimiento urbano oriental de la capital tachirense.

Asimismo, en este flanco montañoso occidental se localizan las cabeceras y zonas de carga de las principales corrientes fluviales que surcan el valle de Santiago en sentido este-oeste, disectando las terrazas de sedimentos cuaternarios. Entre estos cursos hídricos destacan las quebradas La Bermeja, La Potrera, La Parada, La Vichuta y La Machirí.

Origen toponímico y fuentes históricas

La historiografía local registra diversas hipótesis respecto al origen del topónimo actual. La tradición oral, conservada por los habitantes de la antigua aldea de Pueblo Nuevo y el caserío Barebare, atribuye el nombre a la abundancia histórica de una especie vegetal tuberosa de hojas opuestas y vistosas flores campanuláceas de color amarillo intenso. Dicha especie, identificada como Mirabilis jalapa (conocida vulgarmente como «flor de la maravilla» o Marvel of Perú en la literatura anglosajona), resultaba conspicua para los arrieros y transeúntes del siglo XIX que recorrían el camino real entre San Cristóbal y Táriba, particularmente durante el crepúsculo, cuando la incidencia de la luz solar resaltaba los tonos amarillos sobre el follaje de la vertiente. Con anterioridad al siglo XIX, el conjunto montañoso recibía únicamente la denominación genérica de «La Serranía».

El epicentro de esta vegetación se localizaba en el páramo El Pino (2395 m s. n. m.), en el actual cerro de la Maravilla. A partir de este hito, la cadena montañosa encadena cumbres notables como los páramos Colorado, Guarín, El Oso, Moraleño y Peña Bermeja; en este último se encuentran las fuentes de la quebrada Chorro del Indio. Una hipótesis alternativa vincula el topónimo a una metonimia surgida a finales del siglo XIX, a partir de la extensión del nombre de una hacienda cafetalera que dicen se llamaba «La Maravilla», situada en las faldas de la elevación principal.

Desde la perspectiva cronística, la descripción más remota de este sistema montañoso se debe al fraile franciscano y cronista de Indias Pedro de Aguado, quien en 1569 redactó la primera crónica sobre la villa de San Cristóbal (fundada en 1561). Aguado documentó cómo el capitán Juan Rodríguez Suárez, en su expedición de 1558 procedente de Pamplona de Indias (Nueva Granada) —cuyo objetivo inicial era el descubrimiento de yacimientos auríferos, y que culminaría en la fundación de Mérida—, evaluó las características topográficas del valle de Santiago al iniciar su marcha el 25 de julio de aquel año. La crónica ilustra la percepción de los expedicionarios respecto a la sierra:


«Había Juan Rodríguez mirando y considerando toda la serranía que cerca el valle de Santiago y ninguna le había contentado para arrojarse por ella, porque la mano derecha del propio valle como en él entraron, que es hacia la parte este, dio la tierra demostración de muy ásperas y montuosas sierras que amenazando desde lejos con la altura y empinamiento de que la naturaleza les había dotado, con las grandes y espesas montañas de que estaban cubiertas, se hacían y figuraban muy dificultosas a los ojos de los que las miraban, para por ellas pasar a la parte oriental. Tenían certidumbre que detrás de ellas estaban los llanos de Venezuela, de donde no esperaban haber ningún buen fruto, además de que asimismo las sierras que por aquella parte veían, también eran muy arcabucosas. La tierra que a la parte norte se mostraba era pelada y más apacible que otra ninguna de la que por allí se vía, y así se determinó Juan Rodríguez, y aun le fue forzoso, pues la incomodidad de la tierra no le daba lugar a más, seguir aquella vía del norte» (Aguado, 1963, t. II, p. 329).




Al sortear los límites del valle y siguiendo los senderos prehispánicos subyacentes a la intuición militar narrada, la hueste conquistadora arribó al valle de San Bartolomé (hoy El Cobre) el 24 de agosto, al valle de La Grita el 14 de septiembre, y posteriormente al denominado valle del Alarde —bautizado así por las señales de resistencia que proferían las comunidades originarias desde las cumbres—, situado entre las localidades contemporáneas de Sabana Larga y Pueblo Hondo.

Consideraciones finales: hacia una conciencia ecológica regional

En conclusión, el conocimiento científico y la puesta en valor de los ecosistemas y paisajes de la geografía tachirense constituyen el requisito epistémico fundamental para la conservación de sus componentes ecológicos. La mitigación de la deforestación antrópica intensiva representa el desafío prioritario para la región así como la ausencia de autoridad y gobierno en la evaluación de la permisería, o no, de construcciones urbanas que van adentrándose en la montaña; omitir estas responsabilidades ambientales conllevaría a la degradación irreversible de los suelos y a la consecuente desertificación de las áreas de altitud del Táchira y consecuente pérdida de las fuentes de agua potable.

Foto: Panorámica central de la sierra de La Maravilla y ciudad de San Cristóbal, en el valle de Santiago [Inés Fernandez, viajera, 8 de febrero de 2012. https://misviajesporahi.es/.../san-cristobal-venezuela.html. Reproducción con fines educativos].



La sierra de la Maravilla es un lugar de escenarios naturales sorprendentes, a pocos minutos de la ciudad de San Cristóbal. Un ejemplo de estos es la recta de Loma de Pío, aldea y lugar geográfico donde se comienza a divisar la ciudad y el valle de Santiago desde la sierra, en la carretera que lleva al salto de agua conocido como "Chorro del Indio" que da nombre al parque nacional (Foto: Abogado, licenciado y excursionista, José Manuel Vera C. 2024).





La sierra de la Maravilla en el arte pictórico. Pintura panorámica de la ciudad de San Cristóbal, las montañas de la sierra y la amplitud de valle de Santiago. Obra del artista plástico tachirense Gerardo Duque, acrílico sobre lienzo, 50 x 152 cm (Foto cortesía del Prof. Jack de la Parra, 2024).


© Proyecto Experiencia Arte | Experience Art Project 2012-2024. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de las fotografías pertenecen a cada fotógrafo, grupo o institución mencionada.



jueves, 14 de marzo de 2024

Engineering Defying Time: The Pozos Azules Bridge (Táchira State - Venezuela)






🏛️ Engineering Defying Time: The Pozos Azules Bridge

In the heart of Lobatera, where the rugged geography yields to the relentless carving of water upon stone, stands a silent witness to our regional modernization: the Pozos Azules gorge bridge.

📍 A Landmark of the Carretera Central As a vital segment of Táchira’s inaugural arterial road—the Carretera Central del Táchira (commissioned in 1910 and inaugurated in 1914)—this structure has served as a crucial regional nexus for over a century. Specifically installed in November 1912, its iron and steel framework continues to fulfill its original purpose, steadfastly enduring the passage of decades.

🛠️ Technical Excellence & Heritage For connoisseurs of engineering and historical preservation, this bridge represents a technical marvel:

Typology: A single-span metallic armature, technically identified as a Warren pony truss featuring verticals and chords.


Structural Logic: It operates through an active vector system, where the precise rectangular arrangement of its vertical posts facilitates efficient load distribution.


Heritage Masonry: Its abutments are masterpieces of dressed stonework. The implementation of quoins and cornices imbues the structure with an artistic distinction that elevates the industrial armature above the rocky abyss.


Evolution of the Deck: Originally designed with transverse floor beams and flat plates, the deck has transitioned from bare metal to concrete, and ultimately to the asphalt layer that sustains today’s traffic.

🔍 The Method of Observation Adopting a meticulous analytical lens, we observe how the structure integrates seamlessly with its environment. The robust masonry is not merely an aesthetic choice, but a methodological response to the natural forces of Lobatera. It serves as a poignant reminder that true durability emerges from the synthesis of industrial precision and the fundamental solidity of the earth.





AI-enhanced photographs by Proyecto Experiencia Arte. 
Image credits: Manuel Rodríguez (2025).