domingo, 17 de julio de 2016

«La casa del Higuerón» Una histórica casa en Lobatera, pronta a desaparecer │ Historic House and Place in Lobatera (Venezuela)





En un país mnemocida como el venezolano, donde la memoria histórica se desconoce, el valor de las viejas estructuras patrimoniales cae bajo el peso de la indolencia. Así, se desconoce en la historia local y tachirense que un 17 de abril de 1813 y un 23 de mayo de 1820, El Libertador pernoctó en «La casa del Higuerón».

En Lobatera (Estado Táchira), por la actual carrera 5, entre calles 5 y 4, en la acera oriental, se encontraba la antigua casa conocida como «La casa del Higuerón». 



Foto: Darío Hurtado (2016)

Su nombre provenía de un viejo y corpulento árbol que se levantaba en su patio, el cual, según la Real Academia Española es un: «Árbol de la familia de las moráceas, con tronco corpulento, copa espesa, hojas grandes y alternas, fruto de mucho jugo, y madera fuerte, correosa, de color blanco amarillento, muy usada en la América tropical, donde es espontáneo el árbol, para la construcción de embarcaciones».

Esta casa, si no la mejor por su antigüedad, sí era la más grande del pueblo, por cuanto llegó a ocupar más de la mitad de la cuadra de la carrera 5 y parte de la cuesta de la calle 4. 

De aspecto colonial por su construcción, estaba levantada con paredes, encaladas y zócalos en color azul, gruesas tapias pisadas y de bahareque, y sus espacios estaban recubiertos con un largo, alto y ordenado techo de teja y de caña amarga sin empañetar (sin friso). A dos aguas, su estructura respondía a una armazón de pares, nudillos, limatones y tirantes, sostenida por vigas, columnas y pilares de madera empotrados en bases sólidas de piedra tallada. 

Un amplio portón de madera con herrajes, de dos hojas muy fuertes y de grueso espesor, que daba a la carrera 5, casi a mitad de cuadra, servía de entrada a la casa, a través de un zaguán de casi dos metros y medio de ancho, resguardado por el entreportón o puerta de adentro, de madera con su postigo para reconocer al visitante o quien llamara a la puerta.


Foto: Darío Hurtado (2016)
                                                              

La tranca del portón era un trozo de vara de madera como de un metro de longitud, ya semi combo, el cual estuvo por espacio de más de cincuenta años, desde 1875, detrás de la hoja derecha del portón, presentando en la parte central las huellas del desgaste por el uso, con el paso del tiempo, de las manos que día a día lo asían para apuntalar la puerta.

A mano derecha de donde desembocaba el zaguán, estaban las espaciosas y altas habitaciones o aposentos, salas, comedor y despensa se ubicaban, con sus respectivos ventanales, paralelos a la calle. Las puertas de ingreso a esos espacios estaban junto a un largo y amplio corredor techado, cuya vista terminaba en un tinajero con su piedra mohosa y desgastada. 

A la mano izquierda, continuaba el pasillo que resguardaba la entrada a dos piecitas que cumplieron la función de bodega o almacén de granos y a las cuales también se podía entrar por una pequeña puerta en la pared lateral izquierda del zaguán, que siempre estaba cerrada por un viejo candado.

Al frente, de donde finalizaba el zaguán, se abría un amplio patio en cuyo fondo sobresalía el viejo higuerón, de gruesas raíces y amplio y frondoso follaje. A partir de él comenzaba la pendiente del cerro donde, de cuando en cuando, en tiempos de fuerte invierno, florecían vira-viras (pequeñas plantas silvestres que dan una flor de color blanco) y maravillas (que dan un color amarillo), alfombrando de colores la tierra alrededor del higuerón, y a la cual la nona llamaba: flores del atardecer, por la semejanza con los colores del crepúsculo.

Cerca del árbol y hacia la pendiente de la calle 4, se encontraba la ramada de la cocina. Sus paredes y techos tiznados, resguardaban un sólido fogón. Junto a la cocina, hacia la pendiente, una pesebrera o especie de caballeriza y otras piecitas. El árbol se convertía, así, en el eje de distribución de todos los espacios de la casa.


Foto: Darío Hurtado (2016)

Ese patio principal también tenía tres matas de naranjo, dos dulces y una agria y tres granados.

El suelo de la casa y del espacioso corredor, en forma de L que hacía esquina entre la carrera 5 y calle 4, se componía de viejos y estropeados ladrillos de tablita, en forma de lozas. Las plantas y flores de hierba silvestre llegaron a cubrir los espacios de las losas faltantes, cuando la casa fue quedando sola.

Para 1875 la casa del Higuerón era propiedad de Juan Vicente Sandoval Morales (1834-1910) casado con María Felipa Mora Useche de Sandoval. Luego pasó como sucesión a sus hijos.

El terremoto del 18 de mayo de 1875 o terremoto de Cúcuta, derribó gran parte de la misma la cual fue reconstruida. La casa, posterior a 1925, fue vendida por los herederos Sandoval Mora, siendo fraccionada, dividida y cercada en varias propiedades, quedando como único recuerdo de su antigua grandeza parte del viejo techo corrido, en teja y a dos aguas, del desgastado portón y una ventana tallada en madera.

La tradición oral de Lobatera la ubica como el lugar donde pernoctó El Libertador y su Estado mayor en sus visitas al pueblo, el 17 de abril de 1813 y el 23 de mayo de 1820, mientras el ejército acampó en la plaza mayor, si bien ninguna placa rememora el hecho.

Para 1856, en una descripción de Lobatera y su jurisdicción ya se hace mención a “La calle del Higuerón” (actual carrera 5). Este histórico árbol, sobre el cual los ancianos recordaban que a su sombra descansó El Libertador, se secó a fines de la década de los años 60 del pasado siglo. La Municipalidad del Distrito Lobatera trasladó el venerable y grueso tronco a un sitio especial en forma de nicho, un pequeño altar de la patria que se le construyó para resguardar sus restos, pero el tiempo y el olvido hicieron su trabajo y la madera desapareció, sólo quedando el nicho vacío del cual la mayoría de los lobaterenses actuales, que recorren el parque Pbro. Gabriel Gómez-Los Comuneros de Lobatera, desconocen el por qué está allí y para que se hizo.

En 1989, Don Rafael María Rosales, historiador tachirense, publicó en el Diario La Nación, de San Cristóbal, el domingo 11 de junio, en la edición dominical de Flash (p. 3) un artículo titulado “Bolívar en Lobatera”. Allí recogió las versiones orales tomadas a los ancianos del pueblo, a principios del siglo XX, en especial a doña Cora María Sánchez de Terán y a don Marcos Ovalles sobre la visita de El Libertador y sobre la casa del Higuerón, que hiciera Don José del Rosario Guerrero Briceño, primer cronista de Lobatera, y confirmadas recientemente por el encuentro de órdenes de guerra dictados por El Libertador a su secretario, el coronel Pedro Briceño Méndez, en su visita de 1820.

La descripción de la emblemática Casa del Higuerón de Lobatera, se logró realizar a partir de una entrevista hecha a la Maestra Irma Yocasta Sandoval Zambrano de Noguera (1914-2007), quien recordaba la casa donde nació, un 19 de abril de 1914, y pasó su infancia. Entrevista hecha en abril de 2004. 




Cuando el histórico higuerón se secó, su grueso tronco fue colocado en el nicho cuadrangular que se observa al fondo, tras una reja, en el parque Pbro. Gabriel Gómez- Los Comunero, a fines de la década de los años sesenta del pasado siglos. Tiempo y olvido hicieron que la madera desapareciera. Sólo queda el nicho vacío que los actuales lobaterenses desconocen el por qué se hizo o que función cumplía (Foto: Darío Hurtado, 2016).  


Un trabajo realizado por Don Rafael María Rosales, niembro de la Academia de Historia del Táchira y quien recogió los trabajos de investigación de la oralidad históricas de Lobatera, del Cronista de Lobatera Don José del Rosario Guerrero Briceño, en conversaciones con los ancianos del pueblo, se puede consultar aquí:



 




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jueves, 23 de junio de 2016

Repensando nuestro pasado bélico. La Guerra de Independencia en el Táchira (1811-1820): una historia que no está en los libros

 



Fusilamientos del 3 de mayo de 1808. Francisco de Goya, 1814 (Museo del Prado de Madrid, 2016, reproducción con fines didácticos).


La Guerra de Independencia en el Táchira (1811-1820): una historia que no está en los libros

Samir A. Sánchez


Resumen


Este ensayo teórico y conferencia contextualiza "La Guerra de Independencia en el territorio tachirense" se focaliza no como una gesta heroica tradicional, sino como un proceso humano, marcado por la crudeza, la desolación y la evolución de la naturaleza humana. El autor, desde los hechos documentados , propone una visión crítica que se aleja de los arquetipos de "héroes y villanos", propios de la visión tradicional patrioterista, para observar a los actores históricos en su justa dimensión de dignidad y sufrimiento.


A través de esta mirada, se busca que las nuevas generaciones entiendan la historia como un espejo de errores recurrentes y como una base para reasumir con madurez los principios y valores del proyecto republicano y nacional iniciado en 1811.


La obra se inspira en las pinturas de Francisco de Goya para ilustrar que, más allá de la épica militar, la guerra es un acto de inhumanidad que revela los "demonios más oscuros" del hombre. Se enfatiza que tanto vencedores como vencidos padecieron los mismos horrores, contrastando la "dulzura" de la guerra para quienes no la han vivido con la brutalidad real experimentada por los soldados y civiles en el frente. Este marco referencial sirve para desmitificar el conflicto y centrar la atención en la fragilidad de la condición humana.


El análisis se divide en tres fases fundamentales, comenzando con la Guerra de Estados federales o comunidades (1811-1812), caracterizada por la falta de una unidad nacional y el apego al suelo de nacimiento. En esta etapa, el Táchira vivió una "guerra relámpago" donde milicias locales de voluntarios enfrentaron al disciplinado ejército español del Coronel Ramón Correa, resultando en ocupaciones, confiscaciones y los primeros estragos graves en la agricultura y el comercio regional.


La segunda fase corresponde a la Campaña Admirable (1813-1814), que introdujo por primera vez la idea de una "patria grande" o Estado nacional unitario bajo el mando del Libertador Simón Bolívar. Fue un periodo de avances y retrocesos donde el territorio tachirense sufrió las primeras ejecuciones de la "guerra a muerte" y un desabastecimiento crítico. La fase culminó en derrota debido, en gran parte, al recelo del pueblo hacia un sistema republicano que no terminaba de convencer y percibían como anárquico, frente al orden monárquico tradicional.


La fase final, la Campaña sobre los Andes (1819-1820), se define como una "guerra de posiciones" y desgaste tras la formación de la República de Colombia. En este período, el Táchira se convirtió en un eje estratégico y defensivo, donde la geografía montañosa impidió grandes batallas de campo abierto, favoreciendo hostigamientos y movimientos constantes. Tras el armisticio planificado en San Cristóbal, la contienda terminó en la región con la retirada de las fuerzas españolas, quienes cruzan la frontera tachirense por el páramo de Portachuelo con destino a Mérida. Con esta retirada, a fines de septiembre de 1820,  finalizaba el Estado español en tierras del Táchira, que estuvo vigente desde 1547.


En el Táchira, el impacto demográfico y social de nueve años de guerra fue devastador, dejando una tierra "sangrada" y sumida en la miseria. Los datos del censo de 1825 reflejan un profundo quiebre en el hogar tachirense, mostrando un marcado déficit de población masculina debido al conflicto. Esta desolación obligó a muchos civiles a migrar hacia zonas montañosas más apartadas para reconstruir sus vidas lejos de las rutas de tránsito militar.


Finalmente, la conferencia invita a una reflexión profunda sobre la vigencia de la cultura y los valores republicanos en la Venezuela actual, cuestionando si se ha alcanzado una verdadera moral ciudadana y un verdadero ejercicio de la soberanía, que residen única y exclusivamente en la voluntad de sus ciudadano.


El autor plantea que la educación republicana y democrática es la única vía para superar los personalismos y los vicios históricos de aferro al poder, que aún persisten. Se exhorta a los estudiantes a ser individuos críticos y libres, capaces de construir un futuro basado en la justicia y la dignidad, retomando el testigo de los padres fundadores de la nacionalidad de 1811.
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Para descargar La Guerra de Independencia en el Táchira: una historia que no está en los libros [Colección Proyecto Experiencia Arte Conferencias y ensayos  Nº 1], accione, en la siguiente pantalla, el pequeño recuadro con flecha de salida que se encuentra en el extremo superior derecho:












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viernes, 17 de junio de 2016

Los Pozos Azules en los Andes suroccidentales venezolanos, paisajes geológicos e historia de los orígenes de la Tierra | The Lower Pozos Azules Ravines in Southwest Venezuelan Andean: The Geological History of Early Earth







⚠️ Nota editorial: Fragilidad, ciencia y responsabilidad

El presente artículo, publicado en este edublog de Proyecto Experiencia Arte (2016), tiene como objetivo principal divulgar la riqueza geológica y el origen natural de los Pozos Azules (o Piletas) de Lobatera. Sin embargo, antes de sumergirnos en su descripción científica, es imperativo establecer una advertencia ética sobre el estado actual de este enclave, para 2026.

Un ecosistema en el límite

Los Pozos Azules no son solo un espectáculo visual; son el resultado de procesos geológicos milenarios en un desierto de altura, un ecosistema cuya estabilidad es sumamente precaria. Actualmente, este equilibrio se encuentra bajo una amenaza crítica debido a:

Turismo masivo e irresponsable: La afluencia descontrolada, muchas veces incentivada por intereses económicos foráneos particulares sin formación ambiental o cultural sobre la región, está superando la capacidad de carga del lugar.


Contaminación directa: La acumulación de desechos sólidos y la alteración de la química del agua están destruyendo la pureza que define a estas piletas.


Vacío de protección: Ante la ausencia de una autoridad regulatoria presente que sancione las malas prácticas, la supervivencia del lugar depende exclusivamente de la conciencia del visitante.


Advertencia al lector: La información aquí expuesta busca fomentar el aprecio científico y estético, no la explotación del recurso. Invitamos a quien lea estas líneas a reflexionar sobre el impacto de su presencia. Visitar un ecosistema frágil sin cultura ambiental no es turismo, es extractivismo cultural y destrucción ecológica.

La naturaleza de Lobatera nos ofrece una ventana al pasado geológico de la Tierra; no permitamos que la negligencia del presente la cierre para siempre.





Texto, gráficos e imágenes: Dr. Beat Meier (2016)




Sobre el autor: Beat Peter Meier Senn, es doctor en Geología por la Universidad de Basilea-Universität Basel (1983), con la tesis doctoral titulada «Lithostratigraphie und Blocktektonik im nördlichen Teil der Táchira-Senke (W. Venezuela)»-«Litoestratigrafía y tectónica de bloques en la parte septentrional de la depresión del Táchira (Venezuela Occidental)», bajo la dirección de los profesores titulares Dr. Hans Peter Laubscher y Dr. Daniel Bernoulli. Residente en Olten (Suiza), es Director ejecutivo de Proseis A.G (Zürich). Trabajó en el Estado Táchira, levantando los mapas geológicos y sismológicos de la región.





Geología, geografía e historia en los Andes venezolanos

Una revisión de literatura especializada en estudios locales como es el caso de «Crónicas de los acontecimientos más resaltantes de la historia de la ciudad de Lobatera y de su Municipio», me ha permitido continuar participando y compartiendo la historia de la región tachirense; conociendo la gente que allí habita, su presente, su pasado y sobre todo la huella firme de sus antepasados. 


Ese trabajo de documentación del quehacer humano y su acción en el tiempo y sobre el espacio,  permitió extender mis conocimientos del subsuelo de la depresión tachirense, con los acontecimientos que han formado y caracterizado la región y la gente en la superficie. Resultando, por demás interesante, conocer algo sobre el origen toponímico de aldeas, caseríos y montañas que me han acompañado por más de treinta años atrás –y que todavía me acompañan-.


Por igual, luego de una detenida lectura sobre la historia y la geografía de los Pozos Azules, en Lobatera, Estado Táchira, si bien alcancé a recorrer esa área durante mis trabajos de campo en esa zona, y dado que no tenía un motivo preciso para descender desde la altura de la antigua Carretera Central del Táchira, al curso bajo de la quebrada Pozos Azules, por cuanto la tectónica de la zona de Las Minas y Cazadero, responden a un monoclinal con suficientes afloramientos a lo largo de la carretera que permitieron cartografiar las formaciones geológicas, el ensayo sobre los Pozos Azules, resultó en una buena oportunidad para enriquecer mis conocimientos con los detalles de su historia y de su geografía –a través de las imágenes fotográficas del mismo-.


Así, y en un intento por interpretar el complejo mosaico estructural del subsuelo del Municipio Lobatera y del área local de la quebrada de los Pozos Azules, les expongo la siguiente síntesis didáctica [en texto-figuras-bosquejos e imágenes] sobre la morfología de la región, desde su basamento hasta los estratos sedimentarios más superficiales, como un estudio-complemento de su ingente pasado histórico y de una rica y variada geografía.



Geología del Municipio Lobatera

El Municipio Lobatera (Estado Táchira – Venezuela) cubre una considerable parte del área que estudiamos y cartografiamos, en lo geológico, entre 1979 y 1981 (sección en rayado rojo diagonal presente en la Figura 1). Está integrada en la denominada Depresión del Táchira, considerada como una cuenca tectónica de enlace y transición entre los Andes de Mérida y la Cordillera Oriental de Colombia (que iniciaría en el área del macizo del Tamá), y cuya orogénesis se produjo en el Plio-Pleistoceno, en sensu stricto




Bloques –con sus diferentes elevaciones- y sub-bloques que integran la Depresión, además de su segmentación, presentan por igual una fuerte deformación y una multiplicidad de fracturas internas (Figuras 1 y 2).



  

Dada esta complejidad de relieves, no resulta sorprendente que los límites político-territoriales del Municipio Lobatera no hayan seguido los límites naturales de los referidos bloques.


En el espacio estudiado, encontramos tres direcciones principales de desplazamientos de las estructuras tectónicas (Figura 2). La primera, las zonas de deformación con rumbo noreste (zona identificada en color rojo), la segunda, zonas de deformación en sentido noroeste (verde), las cuales tienen un carácter transcurrente e indican movimientos dextrolaterales y sinistrolaterales respectivamente.


Una tercera dirección de fallamiento, las estructuras norte-sur  (en azul), están desarrolladas como fallas inversas y como pliegues asimétricos, con una vergencia  que se aproxima principalmente hacia el oeste (Figuras 3 y 4).



Geología del sector de los Pozos Azules

La micro-zona de los Pozos Azules, se encuentra en el bloque geológico denominado ‘La Cuja’ s.s. (Figura 2).  La sección geológica y mapa de localización N° 1 (en Figura 3) presenta la geometría relativamente sencilla del monoclinal de Las Minas (La Cuja) en comparación con la zona, inmediata al oeste, de El Rayo, que presenta un fallamiento inverso muy pronunciado.







La sección geológica y mapa de localización N° 2 (Figura 4) indica la ubicación del sitio de los Pozos Azules (proyectada al norte) e ilustra la complejidad tectónica producida en la secuencia de las formaciones terciarias que, por encima de la formación Mito Juan/Colón (Mj/Co), forman parte de la zona de fallamiento Lobatera a todo lo largo del límite oriental del bloque La Cuja – y del río Lobaterita. 







En la sección N° 2 (Figura 4) vale destacar el progresivo y rápido incremento de los espesores de las formaciones La Quinta (Lq) y Río Negro (Rn) hacia el este, hacia el surco de levantamiento conocido como Surco de Uribante, durante la sedimentación de los clásticos.






En cuanto a los Pozos Azules, estos se han formado en la parte inferior o curso bajo de la quebrada Pozo Azul (Figuras 5 y 6). Hacia el norte, los mismos están condicionados o limitados por una elevación topográfica o relieve conocido como Filo Uviera (elemento toponímico identificado en el mapa 1:25 000 del Ministerio de Minas e Hidrocarburos, Dirección de Minas, República de Venezuela, Abril 1972). 





Del mapa geológico-estructural de los entornos más extensos de los Pozos Azules (Figura 7), se puede deducir que las cerros y cuestas más resaltantes, es decir el Cerro Cabeza de Vaca, el Cerro Los Corrales y el Cerro La Cuja están conformados por capas estratigráficas propias de la formación Mirador, la cual consiste de una secuencia maciza de areniscas fluviales. Y Carbonera, en la sección más baja de la quebrada, próxima a su desembocadura en la quebrada La Parada.


La presencia de esta formación geológica se puede observar y detallar a lo largo de la quebrada Pozo Azul hasta el sitio de los pozos, descritos como «reliquias de la naturaleza» (Figura 7). 




Así, se tendría que los Pozos Azules deben su formación y preservación posiblemente al tipo de roca arenisca endurecida y a la inclinación suave, casi hasta la horizontal de las capas sedimentarias, acumuladas allí a través de las eras geológicas. 






La imagen por satélite de la Figura 8 presenta con mayor detalle los principales sitios de los Pozos Azules (tomadas del edublog ‘Proyecto Experiencia Arte’) junto con el mapa geológico correspondiente (Figura 9), el cual sugiere la presencia de un anticlinal con una falla inversa en su parte occidental. El ya descrito Filo Uviera, es interpretado como expresión topográfica de ese anticlinal con su falla inversa (véase la imagen correspondiente en Figura 10). 




En la Figura 10 también se pueden apreciar por igual: (a) el Viejo Puente (construido para la Gran Carretera Central del Táchira en 1912); (b) la vista desde el puente -quebrada aguas abajo- hacia Fila Los Letreros en la región de Borotá; (c) las llanuras monoclinales de Las Minas y (d) el Cerro La Cuja.











En resumen y en cuanto a la geología se refiere, la sección oriental del Municipio Lobatera y el sitio de los Pozos Azules, resultan en una interesante visual de paisaje para quien esté interesado en conocer y repasar el siempre sorprendente libro pétreo de la historia de la formación de la superficie de nuestro planeta Tierra.



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martes, 31 de mayo de 2016

Política venezolana del siglo XIX: La autonomía tachirense como Caballo de Troya de la reelección monaguista | The Trojan Horse of Venezuelan Politics: How Táchira's Autonomy Fueled Monagas's Reelection




Recientemente, los tachirenses conmemoramos los 160 años de la creación de la Provincia del Táchira, hito fundacional de nuestra identidad, tachirensidad e independencia regional. Sin embargo, al igual que una moneda, esta efeméride posee un envés que exige análisis crítico y una conclusión plausible, y que por igual se debe conocer: con alta probabilidad, este hecho respondió más a intereses personalistas que a un reconocimiento genuino de la madurez de los pueblos.


En la reconstrucción de los hechos sobre la concesión de autonomías provinciales de 1856, emerge un “lado oscuro” escasamente estudiado: una distorsión política con un fin subyacente. Esta maniobra partía de la fragmentación del territorio nacional por parte del poder central para satisfacer ambiciones particulares. Por ello, se puede interpretar que dicha autonomía no surgió como un reconocimiento político natural a la evolución social y económica de la región, sino como parte de una estratagema del General José Tadeo Monagas para perpetuarse en el poder.


General Jose Tadeo Monagas (Foto: Wikipedia, 2016)


El ascenso y la permanencia de Monagas se basaron en una serie de “reformas en cadena” destinadas a transformar, de forma solapada, la estructura del Estado, anular a la oposición y centralizar el mando. De este modo, antes de reformar la Constitución nacional, Monagas impulsó la modificación de la Ley de División Territorial (28 de abril de 1856), concediendo autonomías y aumentando el número de provincias de 11 a 20. Esta aparente expansión administrativa tenía un fin netamente electoral: al crear nuevas entidades, cesaron los gobernadores anteriores y se abrieron vacantes para nuevos representantes al Congreso.


La táctica permitió asegurar un Congreso Nacional “a su medida”, compuesto por congresistas y funcionarios totalmente afectos al régimen. Al controlar la identidad de quienes legislaban, Monagas garantizó que la posterior reforma constitucional no encontrara obstáculos. Una vez instalado este Poder Legislativo subordinado al Ejecutivo, se aprobó la Constitución de 1857. Esta nueva carta magna sustituyó a la de 1830, la cual, a pesar de tener fuertes matices presidencialistas, prohibía estrictamente la reelección inmediata para preservar la alternabilidad republicana e impedir el personalismo, siguiendo el espíritu fundacional y constitucional de los padres de la nación venezolana en 1811.

La reforma de 1857 otorgó al Congreso la facultad de elegir al Presidente, permitiendo así que Monagas fuera reelegido antes de que terminara su período legal. Asimismo, para neutralizar cualquier resistencia regional, como ocurrió con la sublevación secesionista de la provincia de Mérida en 1848, la nueva Constitución eliminó la influencia de las diputaciones provinciales. La elección de los gobernadores pasó a ser competencia exclusiva del Presidente, centralizando el control político y erosionando la autonomía que el texto de 1830 intentaba preservar.


Como compensación teórica por la pérdida de poder regional, se creó un Poder Municipal Autónomo. No obstante, en la práctica, esto sirvió para disolver las antiguas diputaciones provinciales y sus competencias, fragmentando y debilitando cualquier contrapeso local frente al Ejecutivo. Por física política, este vacío de poder legislativo provincial será ocupado por el ejecutivo nacional.


Se consolidó así una historia de ambición y control personalista que ha proyectado su sombra sobre la evolución política venezolana desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad.

[Extracto de una clase-conferencia en la Universidad Católica del Táchira, en la Cátedra de Métodos de Investigación Científica en el grado de Ciencias Políticas, Escuela de Derecho, Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, San Cristóbal, Estado Táchira, 30 de mayo de 2016].
Primer gobernador de la Provincia del Táchira, Don Pascual Casanova (Foto: Bernardo Zinguer, 2025).