viernes, 17 de junio de 2016

Los Pozos Azules en los Andes suroccidentales venezolanos, paisajes geológicos e historia de los orígenes de la Tierra | The Lower Pozos Azules Ravines in Southwest Venezuelan Andean: The Geological History of Early Earth







⚠️ Nota editorial: Fragilidad, ciencia y responsabilidad

El presente artículo, publicado en este edublog de Proyecto Experiencia Arte (2016), tiene como objetivo principal divulgar la riqueza geológica y el origen natural de los Pozos Azules (o Piletas) de Lobatera. Sin embargo, antes de sumergirnos en su descripción científica, es imperativo establecer una advertencia ética sobre el estado actual de este enclave, para 2026.

Un ecosistema en el límite

Los Pozos Azules no son solo un espectáculo visual; son el resultado de procesos geológicos milenarios en un desierto de altura, un ecosistema cuya estabilidad es sumamente precaria. Actualmente, este equilibrio se encuentra bajo una amenaza crítica debido a:

Turismo masivo e irresponsable: La afluencia descontrolada, muchas veces incentivada por intereses económicos foráneos particulares sin formación ambiental o cultural sobre la región, está superando la capacidad de carga del lugar.


Contaminación directa: La acumulación de desechos sólidos y la alteración de la química del agua están destruyendo la pureza que define a estas piletas.


Vacío de protección: Ante la ausencia de una autoridad regulatoria presente que sancione las malas prácticas, la supervivencia del lugar depende exclusivamente de la conciencia del visitante.


Advertencia al lector: La información aquí expuesta busca fomentar el aprecio científico y estético, no la explotación del recurso. Invitamos a quien lea estas líneas a reflexionar sobre el impacto de su presencia. Visitar un ecosistema frágil sin cultura ambiental no es turismo, es extractivismo cultural y destrucción ecológica.

La naturaleza de Lobatera nos ofrece una ventana al pasado geológico de la Tierra; no permitamos que la negligencia del presente la cierre para siempre.





Texto, gráficos e imágenes: Dr. Beat Meier (2016)




Sobre el autor: Beat Peter Meier Senn, es doctor en Geología por la Universidad de Basilea-Universität Basel (1983), con la tesis doctoral titulada «Lithostratigraphie und Blocktektonik im nördlichen Teil der Táchira-Senke (W. Venezuela)»-«Litoestratigrafía y tectónica de bloques en la parte septentrional de la depresión del Táchira (Venezuela Occidental)», bajo la dirección de los profesores titulares Dr. Hans Peter Laubscher y Dr. Daniel Bernoulli. Residente en Olten (Suiza), es Director ejecutivo de Proseis A.G (Zürich). Trabajó en el Estado Táchira, levantando los mapas geológicos y sismológicos de la región.





Geología, geografía e historia en los Andes venezolanos

Una revisión de literatura especializada en estudios locales como es el caso de «Crónicas de los acontecimientos más resaltantes de la historia de la ciudad de Lobatera y de su Municipio», me ha permitido continuar participando y compartiendo la historia de la región tachirense; conociendo la gente que allí habita, su presente, su pasado y sobre todo la huella firme de sus antepasados. 


Ese trabajo de documentación del quehacer humano y su acción en el tiempo y sobre el espacio,  permitió extender mis conocimientos del subsuelo de la depresión tachirense, con los acontecimientos que han formado y caracterizado la región y la gente en la superficie. Resultando, por demás interesante, conocer algo sobre el origen toponímico de aldeas, caseríos y montañas que me han acompañado por más de treinta años atrás –y que todavía me acompañan-.


Por igual, luego de una detenida lectura sobre la historia y la geografía de los Pozos Azules, en Lobatera, Estado Táchira, si bien alcancé a recorrer esa área durante mis trabajos de campo en esa zona, y dado que no tenía un motivo preciso para descender desde la altura de la antigua Carretera Central del Táchira, al curso bajo de la quebrada Pozos Azules, por cuanto la tectónica de la zona de Las Minas y Cazadero, responden a un monoclinal con suficientes afloramientos a lo largo de la carretera que permitieron cartografiar las formaciones geológicas, el ensayo sobre los Pozos Azules, resultó en una buena oportunidad para enriquecer mis conocimientos con los detalles de su historia y de su geografía –a través de las imágenes fotográficas del mismo-.


Así, y en un intento por interpretar el complejo mosaico estructural del subsuelo del Municipio Lobatera y del área local de la quebrada de los Pozos Azules, les expongo la siguiente síntesis didáctica [en texto-figuras-bosquejos e imágenes] sobre la morfología de la región, desde su basamento hasta los estratos sedimentarios más superficiales, como un estudio-complemento de su ingente pasado histórico y de una rica y variada geografía.



Geología del Municipio Lobatera

El Municipio Lobatera (Estado Táchira – Venezuela) cubre una considerable parte del área que estudiamos y cartografiamos, en lo geológico, entre 1979 y 1981 (sección en rayado rojo diagonal presente en la Figura 1). Está integrada en la denominada Depresión del Táchira, considerada como una cuenca tectónica de enlace y transición entre los Andes de Mérida y la Cordillera Oriental de Colombia (que iniciaría en el área del macizo del Tamá), y cuya orogénesis se produjo en el Plio-Pleistoceno, en sensu stricto




Bloques –con sus diferentes elevaciones- y sub-bloques que integran la Depresión, además de su segmentación, presentan por igual una fuerte deformación y una multiplicidad de fracturas internas (Figuras 1 y 2).



  

Dada esta complejidad de relieves, no resulta sorprendente que los límites político-territoriales del Municipio Lobatera no hayan seguido los límites naturales de los referidos bloques.


En el espacio estudiado, encontramos tres direcciones principales de desplazamientos de las estructuras tectónicas (Figura 2). La primera, las zonas de deformación con rumbo noreste (zona identificada en color rojo), la segunda, zonas de deformación en sentido noroeste (verde), las cuales tienen un carácter transcurrente e indican movimientos dextrolaterales y sinistrolaterales respectivamente.


Una tercera dirección de fallamiento, las estructuras norte-sur  (en azul), están desarrolladas como fallas inversas y como pliegues asimétricos, con una vergencia  que se aproxima principalmente hacia el oeste (Figuras 3 y 4).



Geología del sector de los Pozos Azules

La micro-zona de los Pozos Azules, se encuentra en el bloque geológico denominado ‘La Cuja’ s.s. (Figura 2).  La sección geológica y mapa de localización N° 1 (en Figura 3) presenta la geometría relativamente sencilla del monoclinal de Las Minas (La Cuja) en comparación con la zona, inmediata al oeste, de El Rayo, que presenta un fallamiento inverso muy pronunciado.







La sección geológica y mapa de localización N° 2 (Figura 4) indica la ubicación del sitio de los Pozos Azules (proyectada al norte) e ilustra la complejidad tectónica producida en la secuencia de las formaciones terciarias que, por encima de la formación Mito Juan/Colón (Mj/Co), forman parte de la zona de fallamiento Lobatera a todo lo largo del límite oriental del bloque La Cuja – y del río Lobaterita. 







En la sección N° 2 (Figura 4) vale destacar el progresivo y rápido incremento de los espesores de las formaciones La Quinta (Lq) y Río Negro (Rn) hacia el este, hacia el surco de levantamiento conocido como Surco de Uribante, durante la sedimentación de los clásticos.






En cuanto a los Pozos Azules, estos se han formado en la parte inferior o curso bajo de la quebrada Pozo Azul (Figuras 5 y 6). Hacia el norte, los mismos están condicionados o limitados por una elevación topográfica o relieve conocido como Filo Uviera (elemento toponímico identificado en el mapa 1:25 000 del Ministerio de Minas e Hidrocarburos, Dirección de Minas, República de Venezuela, Abril 1972). 





Del mapa geológico-estructural de los entornos más extensos de los Pozos Azules (Figura 7), se puede deducir que las cerros y cuestas más resaltantes, es decir el Cerro Cabeza de Vaca, el Cerro Los Corrales y el Cerro La Cuja están conformados por capas estratigráficas propias de la formación Mirador, la cual consiste de una secuencia maciza de areniscas fluviales. Y Carbonera, en la sección más baja de la quebrada, próxima a su desembocadura en la quebrada La Parada.


La presencia de esta formación geológica se puede observar y detallar a lo largo de la quebrada Pozo Azul hasta el sitio de los pozos, descritos como «reliquias de la naturaleza» (Figura 7). 




Así, se tendría que los Pozos Azules deben su formación y preservación posiblemente al tipo de roca arenisca endurecida y a la inclinación suave, casi hasta la horizontal de las capas sedimentarias, acumuladas allí a través de las eras geológicas. 






La imagen por satélite de la Figura 8 presenta con mayor detalle los principales sitios de los Pozos Azules (tomadas del edublog ‘Proyecto Experiencia Arte’) junto con el mapa geológico correspondiente (Figura 9), el cual sugiere la presencia de un anticlinal con una falla inversa en su parte occidental. El ya descrito Filo Uviera, es interpretado como expresión topográfica de ese anticlinal con su falla inversa (véase la imagen correspondiente en Figura 10). 




En la Figura 10 también se pueden apreciar por igual: (a) el Viejo Puente (construido para la Gran Carretera Central del Táchira en 1912); (b) la vista desde el puente -quebrada aguas abajo- hacia Fila Los Letreros en la región de Borotá; (c) las llanuras monoclinales de Las Minas y (d) el Cerro La Cuja.











En resumen y en cuanto a la geología se refiere, la sección oriental del Municipio Lobatera y el sitio de los Pozos Azules, resultan en una interesante visual de paisaje para quien esté interesado en conocer y repasar el siempre sorprendente libro pétreo de la historia de la formación de la superficie de nuestro planeta Tierra.



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© Proyecto Experiencia Arte / Experience Art Project 2012-2016. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor texto y fotografías pertenecen a cada investigador, fotógrafo, grupo o institución mencionada.



martes, 31 de mayo de 2016

Política venezolana del siglo XIX: La autonomía tachirense como Caballo de Troya de la reelección monaguista | The Trojan Horse of Venezuelan Politics: How Táchira's Autonomy Fueled Monagas's Reelection




Recientemente, los tachirenses conmemoramos los 160 años de la creación de la Provincia del Táchira, hito fundacional de nuestra identidad, tachirensidad e independencia regional. Sin embargo, al igual que una moneda, esta efeméride posee un envés que exige análisis crítico y una conclusión plausible, y que por igual se debe conocer: con alta probabilidad, este hecho respondió más a intereses personalistas que a un reconocimiento genuino de la madurez de los pueblos.


En la reconstrucción de los hechos sobre la concesión de autonomías provinciales de 1856, emerge un “lado oscuro” escasamente estudiado: una distorsión política con un fin subyacente. Esta maniobra partía de la fragmentación del territorio nacional por parte del poder central para satisfacer ambiciones particulares. Por ello, se puede interpretar que dicha autonomía no surgió como un reconocimiento político natural a la evolución social y económica de la región, sino como parte de una estratagema del General José Tadeo Monagas para perpetuarse en el poder.


General Jose Tadeo Monagas (Foto: Wikipedia, 2016)


El ascenso y la permanencia de Monagas se basaron en una serie de “reformas en cadena” destinadas a transformar, de forma solapada, la estructura del Estado, anular a la oposición y centralizar el mando. De este modo, antes de reformar la Constitución nacional, Monagas impulsó la modificación de la Ley de División Territorial (28 de abril de 1856), concediendo autonomías y aumentando el número de provincias de 11 a 20. Esta aparente expansión administrativa tenía un fin netamente electoral: al crear nuevas entidades, cesaron los gobernadores anteriores y se abrieron vacantes para nuevos representantes al Congreso.


La táctica permitió asegurar un Congreso Nacional “a su medida”, compuesto por congresistas y funcionarios totalmente afectos al régimen. Al controlar la identidad de quienes legislaban, Monagas garantizó que la posterior reforma constitucional no encontrara obstáculos. Una vez instalado este Poder Legislativo subordinado al Ejecutivo, se aprobó la Constitución de 1857. Esta nueva carta magna sustituyó a la de 1830, la cual, a pesar de tener fuertes matices presidencialistas, prohibía estrictamente la reelección inmediata para preservar la alternabilidad republicana e impedir el personalismo, siguiendo el espíritu fundacional y constitucional de los padres de la nación venezolana en 1811.

La reforma de 1857 otorgó al Congreso la facultad de elegir al Presidente, permitiendo así que Monagas fuera reelegido antes de que terminara su período legal. Asimismo, para neutralizar cualquier resistencia regional, como ocurrió con la sublevación secesionista de la provincia de Mérida en 1848, la nueva Constitución eliminó la influencia de las diputaciones provinciales. La elección de los gobernadores pasó a ser competencia exclusiva del Presidente, centralizando el control político y erosionando la autonomía que el texto de 1830 intentaba preservar.


Como compensación teórica por la pérdida de poder regional, se creó un Poder Municipal Autónomo. No obstante, en la práctica, esto sirvió para disolver las antiguas diputaciones provinciales y sus competencias, fragmentando y debilitando cualquier contrapeso local frente al Ejecutivo. Por física política, este vacío de poder legislativo provincial será ocupado por el ejecutivo nacional.


Se consolidó así una historia de ambición y control personalista que ha proyectado su sombra sobre la evolución política venezolana desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad.

[Extracto de una clase-conferencia en la Universidad Católica del Táchira, en la Cátedra de Métodos de Investigación Científica en el grado de Ciencias Políticas, Escuela de Derecho, Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, San Cristóbal, Estado Táchira, 30 de mayo de 2016].
Primer gobernador de la Provincia del Táchira, Don Pascual Casanova (Foto: Bernardo Zinguer, 2025).

lunes, 30 de mayo de 2016

El camino real de la Frontera (San Cristóbal – San Antonio del Táchira, ss. XVI al XX), tras las huellas de su toponimia | On the Way to the Frontier (San Cristóbal – San Antonio del Táchira Trace, A Royal Road from 16th to 20th-centuries): Toponymical Footprints From the Past






Textos: 
Dr. Beat Meier (con planos y fotos, Olten, Suiza, 2016)
Samir A. Sánchez (2016)





Via Strata Occidentalis  

Reconstruir el itinerario del antiguo camino real de la Frontera tachirense (desde el siglo XVI al siglo XX), en su recorrido de treinta y cinco kilómetros aproximadamente, desde la Villa de San Cristóbal hasta la Villa de San Antonio del Táchira, hacia el poniente, siempre resultará en una aventura del pensamiento y de la memoria para el lector –avezado o no-. 


Sólo quien sigue su rastro, por igual difícil y abrupto, tras la imagen de épocas lejanas, puede comprender, en su integridad, el impulso y la permanente necesidad de comunicación y aspiración humana por integrar –y no disgregar- culturas y tradiciones diversas.



Conocer y reflexionar, en la actualidad, sobre el hecho y el significado de la primera ruta de la Frontera, adquiere un sentido singular sobre el cual es necesario insistir.
 
 
Así, presentar la historia y el trazado del camino frontero, puede permitir la adquisición de información e ideas que constituyen no sólo un enriquecimiento del repositorio cultural de quien ya tiene una preparación específica en la materia, sino también de un eficaz programa geográfico, toponímico e histórico para quien investiga la realidad actual de la frontera tachirense y venezolana, con un miramiento puesto en el pasado.






Sumario: Via Strata Occidentalis; 1. Topónimos tras el mandoble y los caballos de los conquistadores; 2. El camino, paso transitado por ejércitos, en 1813 y 1816;  3. El camino frontero en el siglo XX, un aporte especializado para su reconstrucción; 4. Una ruta antigua para una sociedad futura; Bibliografía.




1. Topónimos tras el mandoble y los caballos de los conquistadores


Los primeros documentos o crónicas, de la época de la conquista, identifican con escasa firmeza, los primigenios topónimos que se erigieron sobre el inicial camino frontero: valle de Santiago (emplazamiento de la ciudad de San Cristobal, desde 1561), pueblo de las Auyamas (Zorca-Providencia), Capacho (Independencia-Libertad), Lomas del Viento y valles de Cúcuta (emplazamiento de las ciudades de San Antonio del Táchira, Cúcuta y Villa del Rosario).


Fray Pedro de Aguado OFM, el primer descriptor de la geografía tachirense señaló, en su crónica de 1569, dichos lugares como hitos toponímicos en el recorrido del Capitán Alonso Pérez de Tolosa y su hueste tocuyana, en 1547, sobre los milenarios senderos de contratación aborigen. No obstante enfatiza que la ruta seguida era por las «chapas fronteras y altos desde donde columbrar los peligros» (AGUADO, OFM, Fray Pedro de, Recopilación Historial de Venezuela, ediciones de la Presidencia de los Estados Unidos de Venezuela, Caracas, 1915, tomo I, p. 238 y ss).


En 1558, una segunda incursión española, dirigida por el alcalde de la Nueva Pamplona del Nuevo Reino de Granada (fundada en 1549), el Capitán Juan Rodríguez Suarez, en la búsqueda de las míticas minas de oro de las Sierras Nevadas (actual Sierra Nevada de Mérida), agregó nuevos topónimos al camino: río de las Dantas y Loma Verde (probablemente sea el actual emplazamiento de La Mulera y Apartaderos, donde el paisaje de bosque húmedo tropical adquiere un verde intenso en evidente contraste con los semiáridos paisajes de los valles del río Táchira y Cúcuta). La Loma Verde se conoció luego como de la Guasábara, por el enfrentamiento que tuvieron allí los soldados de Rodríguez Suarez con las parcialidades aborígenes que poblaban dichas alturas.


En 1561, ya fundada la ciudad de Mérida (1558) y la Villa de San Cristóbal (31 de marzo de 1561), y en fecha 28 de agosto, en un documento de composición de tierras que se otorgaba al veterano Capitán Nicolás de Palencia, se habla por primera vez del camino y se le suma el topónimo San Cristóbal

«a vos Nicolás de Palencia, por vuestros servicios, dos estancias para ganados mayores en términos de esta ciudad, que es una legua de esta parte de la Loma del Viento, en un arroyo arriba que sale de las cabeceras del valle de Cania, que atraviesa el camino que va a la Villa de San Cristóbal, donde dicho Nicolás de Palencia dio una cata, y sea la una estancia a la mano que da el arroyo arriba, y la otra a la mano derecha el arroyo abajo, de una banda y otra» (OTERO D’ACOSTA, Enrique, dirección, prólogo y notas, Primer Libro de Actas del Cabildo de la ciudad de Pamplona en la Nueva Granada, 1552-1573, Bogotá, 1950, p.333).



Panorámica de los paisajes de la Depresión del Táchira, captada desde el sitio de El Viso, (1.160 m sobre el nivel del mar) en las inmediaciones de Apartaderos. Se observa en un primer plano -siguiendo las estribaciones meridionales del cerro La Aguadita- parte de la Troncal N° 1 o Carretera Panamericana, principal vía de comunicación entre San Cristóbal, San Antonio del Táchira y la frontera. En el fondo del valle, parte del trayecto de la carretera que conduce desde San Antonio del Táchira y Peracal, a la ciudad de Rubio, y en el plano de fondo la arista o prominencia montañosa (860 m sobre el nivel del mar) del cerro Rangel (Foto: Dr. Beat Meier, 1980).


En el siglo XVIII, el camino está consolidado. Don Miguel de Santiesteban, natural de la ciudad de Cuzco y Corregidor del Alto Perú, hizo un viaje por tierra desde Lima a Caracas, entre 1740 y 1741. Describió el trayecto entre San Antonio del Táchira y Capacho, en los siguientes términos: «La parroquia de San Antonio dista un día de camino hasta la Villa de San Cristóbal [...] hasta este pueblo (Capacho) es el camino escarpado de algunas tierras gredosas que cuando están mojadas son resbaladizas y en otros bosques claros» ('Viaje muy puntual y curioso que hace por tierra don Miguel de Santiesteban desde Lima hasta Caracas en 1740 y 1741' en ARELLANO M., Antonio, Documentos para la Historia Económica en la Época colonial, viajes e informes, Academia Nacional de la Historia, No. 93, Caracas, 1970 pp. 141-142). 

No obstante,  en la población de Capacho el camino presentaba una importante bifurcación o ruta alterna. Los viajeros, viandantes, íncolas trashumantes o militares que no entraban a la Villa de San Cristóbal por cuanto se dirigían directamente a otros destinos como La Grita o Mérida, de Capacho descendían por otro camino al valle de Peribeca y de allí a Táriba, donde retomaban nuevamente la vía principal o viceversa (viaje de Don Miguel de Santiesteban de Lima a Caracas, entre 1740 y 1741, y del General Daniel Florencio O'Leary, en 1830: «En el camino entre Cúcuta y Táriba, hay una aldea llamada Capacho, dejé esta a la derecha, y a pesar del mal estado de los caminos, que las constantes lluvias hacian instransitables, llegué a las seis de la tarde a Táriba» en O'LEARY, Daniel Florencio, Memorias, Biblioteca de Autrores Colombianos, Ministerio de Educación Nacional, ediciones de la Revista Bolívar, tomo V, Bogotá, 1952, p. 44).

Quienes tomaban el rumbo directo hacia San Cristóbal, entraban al pueblo de Capacho y de allí seguían un camino hasta el caserío de Rancherías, desde donde bajaba hasta Zorca y seguían a la colina del actual Mirador para caer a Puente Real, sobre el río Torbes. Este fue el camino que tomó El Libertador y el ejército de la Unión neogranadina en la Campaña Admirable de 1813, para llegar a la Villa de San Cristóbal.   


En cuanto a nuevos lugares, en 1724, en un acta notarial de donación y creación parroquial –y con la solemnidad de unos padres fundadores- quedaba por escrito el último topónimo urbano del camino, junto a la ya raya del río frontero, San Antonio del Táchira


«Nosotros, vecinos de la Villa de San Cristóbal y residentes en este valle de Táchira y otros sitios de la jurisdicción de la Villa, en donde asistimos y tenemos los aposentos y casas de nuestra morada de campo, en nombre de Dios Todopoderoso y a mayor honra y gloria de Nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre, declaramos que habiéndonos juntado y congregado de mutuo, propio y común acuerdo y consentimiento, por vivir dispersos n nuestras familias en diferentes valles contiguos a este de Táchira, a donde cómodamente y sin quebrantos podremos fundar casas para nuestras moradas; y estando ciertos y bien instruidos y capaces de lo que en el caso podemos y debemos hacer y el derecho que nos asiste, para el mejor logro que pretendemos, como fieles y católicos cristianos, hacemos primero y ante todas cosas advocación divina. Por ello, hemos tratado y conferido de común acuerdo deliberado que para tener pasto espiritual y que le tengan nuestras familias y domésticos cómodamente y sin subsidios ni quebrantos de nuestras personas, erigir y fundar, con licencia y expreso consentimiento de los señores superiores, una parroquia en este valle de Táchira, en jurisdicción de la Villa de San Cristóbal de la Provincia del Espíritu Santo de La Grita Ciudad de Maracaibo, de cincuenta o cuarenta y ocho vecinos que por la presente son fundadores, la cual parroquia sea y se nombre San Antonio de Padua []» (Archivo Arzobispal de Santa Fe de Bogotá, sección Parroquias,1724. Copia en el Archivo de la Academia Nacional de la Historia, Caracas, sección Traslados, armario 5to, tomo 6, pp. 27 y ss.).



Estribaciones septentrionales del cerro La Aguadita (1.440 m). A los pies de esta prominencia corren las aguas de la quebrada de El Salto. Panorámica captada desde el páramo de Salado Negro (Foto: Dr. Beat Meier, 1980).


2. El camino, paso transitado por ejércitos, en 1813 y 1816


La Guerra de Independencia hizo que el viejo camino de la frontera conociese, en el siglo XIX, las huellas de dos ejércitos contendientes. Primero, el de El Libertador en la Campaña Adsmirable de 1813 -volviendo a recorrerlo en la Campaña de Los Andes, de 1820, que finalizó con la batalla de Carabobo- y un segundo ejército, el realista, entre 1814 y 1817. Es a partir de este último contingente, como se llega a conocer el trazado o itinerario del mismo.


Su descripción se encuentra en el informe topográfico elaborado por el Capitán Diego Fragoso, oficial del Estado Mayor del Ejército Español de Tierra Firme y comandante de la V división del Ejército Expedicionario de Costa Firme, comandado en su totalidad por el Capitán General Don Pablo Morillo.



«5. Desde Quebrada Vichuta a la villa de Cúcuta/Desde Vichuta a la Ermita y villa de San Cristóbal, un cuarto de hora de camino bueno y llano, con casas a los lados del camino. Esta villa tiene 700 vecinos, con iglesia parroquial […]. La inclinación de los habitantes consiste en el comercio de carnes y mulas con los Llanos de la Provincia de Barinas; con Maracaibo en el de ropas, vinos y aguardientes. Y en estos mismos géneros introduciéndolos al Reino de Santa Fe, también de acero y hierro, con cuenta para las muchas haciendas que hay en aquellos valles.

Desde San Cristóbal se va a Zorca, que dista una hora de camino bueno, aunque de subida algo pendiente, con casas a derecha e izquierda. A la Quebrada o vados de Zorca hay una hora de buen camino, algo de subida suave y luego una pequeña bajada. La Ranchería dista una hora de subida suave, con piso de cascajo.

Desde aquí, al pueblo de Capacho hay una hora de camino bueno, malo y llano. Es pueblo de indios tributarios y tiene entre campo y pueblo 400 vecinos […].



A la Quebrada de Muares, un cuarto de camino, de bajada muy gredosa, penosísima en invierno. A la cuesta de Muares hay tres cuartos de igual camino. Aquí hay una quebrada llamada de Las Lomas, que se pasa dieciséis veces y es muy peligrosa en invierno. Desde la Quebrada de La Ovejera se va a la Cuesta del Rico, que dista ocho minutos, de subida y bajada muy pedregosa y expuesta en tiempo de lluvias. Al pie de la bajada hay tres casitas de palma y una de tejas, donde se hace tránsito generalmente. Desde aquí se va al Corral de Piedras, con alguna piedra y cascajo.



La huerta de Santiago Azpeitia está muy inmediata por camino llano, pero de piedra. Aquí se pasan cuatro vados de la Quebrada de La Loma ya dicha, hasta el Llano de la Marcela. Desde aquí comienza a subirse media hora de camino muy agrio, pendiente y gredoso, por una cuesta llamada de los Veros. 


Continúa subiendo otra media hora de camino tan agrio y pendiente como el anterior hasta llegar al riachuelo o la Quebrada del Salto. Síguese otra media hora de subida agria, aún más que las anteriores y de mayor resbaladero en tiempo de lluvias. Desde esta altura se descubren todos los valles de Cúcuta. Síguese el Alineadero, donde las mulas, arrieros y marchantes tienen que andar uno detrás de otro por lo escabroso del terreno, en un cuarto de hora del mismo camino, con muchísimo fango.


En este sitio, que es una meseta, es donde todos los pasajeros tienen que componer las cargas o sillas, porque en las penosas anteriores en ésta se descomponen. Desde aquí se desciende por una cuesta más larga que las anteriores, tres horas. Desde el Alinadero se viene al Cacahuital, que está media hora de camino muy pendiente y gredoso; luego se viene al Fical, bajando media hora tan pendiente como la anterior. Desde aquí al alto de las Cruces hay tres cuartos de hora de bajada, pero aún peor, hay aquí unas piedras llamadas lajas -como la suara de España- por encima de las que tienen que pisar las caballerías con mucha exposición de caerse.



A la Quebrada Seca hay media hora de camino suave, y bajada. De aquí, a tres cuartos de legua está el Cerrito del Indio, y Llano de San Antonio, de camino llano y buen piso. La parroquia de San Antonio de Táchira está un cuarto de legua: este es el último pueblo de la Provincia de Maracaibo, fronterizo del Reino de Santa Fe, que lo divide el río de Táchira que, aunque no es profundo, en invierno no se puede pasar en seis o más días: no tiene puente ni cuerda; sus corrientes son rápidas, las muchas piedras que arrastra y lo mucho que se extiende no lo permiten. Tiene una iglesia parroquial, un párroco y algunas capillas en diferentes sitios del pueblo y algo fuera de él. Tiene 800 vecinos. Sus producciones consisten en abundancia de cacao, reguladas en más de mil cargas, algún café, caña, maíz, trigo, legumbres, cría de ganados vacuno, lanar y cabrío y cerdos. Tiene comercio con Maracaibo de las producciones de él, por ropa, vinos, hierro y acero; también con la Provincia de Barinas, en ganados; con el Reino de Santa Fe en lienzos y mantas. La inclinación de los habitantes es a la agricultura […].



Los insurgentes vivieron en él un año, desde donde salían a oprimir los pueblos de la provincia de Maracaibo. La posición del pueblo es un ameno llano, pero por el Oriente tiene grandes alturas, aunque fuera del tiro de cañón. Sin embargo las tropas que mandaba un tal Yepes, en número de 2.000 insurgentes, se atrincheraron en 1812 en el Cerro de los Naranjos, de donde arrojó el Sr. Gobernador de Maracaibo Coronel Don Ramón Correa, con 600 realistas. También se atrincheraron en dicha altura, en frente de la de los Naranjos, dejando el Camino Real en medio de las dos trincheras. El párroco D. Bernardino Uzcátegui fue el que más se distinguió en la insurrección en este pueblo.


Desde el pueblo de las Dantas hay ocho minutos de camino llano y piedra. En invierno detiene los pasajeros. Al río que divide la Provincia de Maracaibo y Reino de Santa Fe hay ocho minutos de igual camino» Relaciones Topográficas de Venezuela 1815 – 1819, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Centro de Estudios Históricos, Departamento de Historia de América, colección Tierra Nueva e Cielo Nuevo, volumen 31, Sevilla, 1991, pp. 295-299: Archivo General de Indias. Cuba, 898 A. Copia en Servicio General del Ejército. Caja 7. II, documento número 77. Sobre Santiago Azpeitia, referido en la relación, se conoce que en 1816 era el mayordomo de fábrica de la iglesia parroquial de San Pedro de Capacho, y su nombre completo era Lucas Santiago de Azpeitia (Archivo Arquidiocesano de Mérida, Visitas Pastorales, caja 5ta, "Actas de la primera visita al pueblo de Capacho, por su Señoría Ilustrísima Rafael Lasso de la Vega, 1816"). 





Vista de la garganta rocosa que forma la quebrada La Capacha -ya unida sus aguas con las de la quebrada de El Salto-, antes de descender a los valles de Cúcuta (que se observan en el plano de fondo) de las antiguas crónicas. Imagen captada desde las alturas del páramo de Salado Negro, en las inmediaciones de Capacho-Libertad (Foto: Dr. Beat Meier, 1980).






3. El camino frontero en el siglo XX, un aporte especializado para su reconstrucción



Beat Peter Meier Senn, doctor en Geología por la Universidad de Basilea-Universität Basel (1983), con la tesis doctoral titulada «Lithostratigraphie und Blocktektonik im nördlichen Teil der Táchira-Senke (W. Venezuela)»-«Litoestratigrafía y tectónica de bloques en la parte septentrional de la depresión del Táchira (Venezuela Occidental)» y residente en Olten (Suiza), trabajó en el Estado Táchira en la década de los setenta e inicio de los ochenta del pasado siglo, levantando los mapas geológicos de la región.


Interesado en el conocimiento del topos y el espacio de los lugares tachirenses que documentó, ha querido contribuir con Proyecto Experiencia Arte, a través del aporte de sus conocimientos sobre el área geográfica del antiguo camino real de la Frontera, elaborando una reconstrucción del trazado del mismo, a partir de su experiencia en trabajos de campo, crónicas de las época, planos y herramientas topográficas facilitadas por la red, como lo es  Google Earth®. Lleguen a él, nuestras expresiones de gratitud por compartir su trabajo, valioso aporte en la difusión del conocimiento universal.


Expone el Dr. Meier.

«Permítame presentarle con el fichero (en formato PDF anexo) una alternativa a la ruta del camino frontero descrito en su blog «El Buitre», el último bandolero de la frontera tachirense.


Esta propuesta se basa en: (a) mi propio conocimiento de la zona entre San Antonio y Apartaderos-La Mulera y (b) en la descripción del camino que se encuentra en el informe topográfico elaborado por el Capitán Diego Fragoso.


Cartografiando la geología de la zona, entre 1978 y 1979 tuve que subir y bajar por igual tantos caminos y quebradas. En esa época el ‘camino real’ entre San Antonio y Apartaderos era conocido no sólo por los lugareños sino también por inmigrantes colombianos ‘indocumentados’ que pasaron la frontera. Incluso los guarda-fronteras de la Alcabala de Peracal me advirtieron de su presencia, quienes, esquivando por esa ruta el puesto carretero de vigilancia fronterizo, caminaban hasta Apartaderos y de allí tomaban un taxi o carrito por puesto para seguir a San Cristóbal (o a otros lugares de Venezuela). La foto https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10207444597566531&set=oa.10153626730031795&type=3&theater, capta el lugar donde hay un estrella roja (ver Figura 1) y muestra esa realidad fronteriza de principios de la década de los ochenta del pasado siglo: una familia subiendo ese camino conocido como ‘camino real’.




Tramo (a 720 m sobre el nivel del mar) del antiguo camino real de la Frontera (San Cristóbal - San Antonio del Táchira) transitado por inmigrantes indocumentados. El relieve y lo fragoso del camino, descrito en 1816, permanecen inalterados en el tiempo (Foto: Dr. Beat Meier, 1979).




Figura 1 (Dr. Beat Meier, Olten, Suiza, 2016).

En el mapa topográfico (a escala 1:25 000) se señala el camino referido, destacado en la Figura 2. En Google Earth se ve hoy en día una carretera al norte de ese ‘Camino Real’ que lleva desde San Antonio del Táchira a Lomas Bajas, la cual en los años 70/80 no existía.


Figura 2 (Dr. Beat Meier, Olten, Suiza, 2016).

En la Figura 3 he puesto el ‘Camino Real’ sobre un mapa topográfico (a escala 1:100 000). Se asume que ese tramo es el camino descrito por el Capitán Diego Fragoso, porque menciona la Quebrada Seca (identificada en la Figura 3). Así,  el camino frontero tendría que pasar ‘en alto’ entre Apartaderos y Capacho.



Figura 3 (Dr. Beat Meier, Olten, Suiza, 2016).




Paisaje del valle (480 m sobre el nivel del mar) formado por la quebrada La Danta, entre Las Adjuntas y el sitio de Peracal. Destacan las antiguas tierras de labor para la época, sembradas con cañaverales (Foto: Dr. Beat Meier, 1979).

En la Figura 4 he rotulado los lugares que menciona el Capitán Fragoso. No hay problema al seguir el camino desde San Cristóbal a Capacho.


Figura 4 (Dr. Beat Meier, Olten, Suiza, 2016).

Desde Capacho he puesto las quebradas y cuestas en la secuencia que las describe Fragoso (véase por igual la imagen de Google Earth en la Figura 5).


Figura 5 (Dr. Beat Meier, Olten, Suiza, 2016).
Los sitios corresponden más o menos bien con la topografía (Ej.  la Figura 6 muestra el detalle con el Llano de la Marcela). Sólo falta una descripción más precisa del tramo entre Cuesta de los Veros y Apartaderos si bien la descripción de la bajada a Cacahuital como ‘camino muy pendiente y gredoso’ me parece otra vez como un punto de referencia.


Figura 6 (Dr. Beat Meier, Olten, Suiza, 2016).



En la Figura 7 he indicado los otros sitios mencionados por Fragoso. A mí me parece que la descripción del camino frontero de Fragoso, con sus cuestas y quebradas, se adapta a la secuencia geográfica de las alturas de La Mulera y Apartaderos […] me sorprende que ya había tantos sitios y lugares conocidos y denominados que hoy en día no se encuentren en ningún mapa topográfico».



Figura 7 (Dr. Beat Meier, Olten, Suiza, 2016).



4. Una ruta antigua para una sociedad futura


Conocer y reconstruir el itinerario del Camino Real de la Frontera, esbozado en la época aborigen sobre senderos de contratación, unificado como sistema vial en la época española y única ruta principal o mayor hacia la frontera en la época republicana, hasta 1880, resulta en la recuperación de un patrimonio cultural antiguo y en el establecimiento de los principios de una irrenunciable historia futura.


Futura, por cuanto las sociedades que sustituirán a la nuestra –donde predomina la anomia y la incertidumbre-, al disponer de elementos precisos, podrán proveer su conservación, colocar una señalización como sendero de interpretación de la naturaleza y de la geología, y adecuación para el excursionismo de contacto con la historia  y con los diferentes matices de la biodiversidad tachirense.


Por igual, reflexionarán sobre el sentido del camino y como, desde sus tiempos y desde su espacio, creó los precedentes para el nacimiento del moderno Estado Táchira. 





Bibliografía

 
AGUADO, OFM, Fray Pedro de, Recopilación Historial de Venezuela, ediciones de la Presidencia de los Estados Unidos de Venezuela, Caracas, 1915, tomo I, p. 238 y ss; ARELLANO M., Antonio, Documentos para la Historia Económica en la Época colonial, viajes e informes, Academia Nacional de la Historia, No. 93, Caracas, 1970 pp. 141-142; Archivo Arzobispal de Santa Fe de Bogotá, sección Parroquias, 1724. Copia en el Archivo de la Academia Nacional de la Historia, Caracas, sección Traslados, armario 5to, tomo 6, pp. 27 y ss; Archivo Arquidiocesano de Mérida, Visitas Pastorales, caja 5ta, "Actas de la primera visita al pueblo de Capacho, por su Señoría Ilustrísima Rafael Lasso de la Vega, 1816"; MEIER, B. P., ms, 1983, Blocktektonik im nördlichen Teil der Táchira-Senke (W. Venezuela), Diss. Univ. Basel; O'LEARY, Daniel Florencio, Memorias, Biblioteca de Autrores Colombianos, Ministerio de Educación Nacional, ediciones de la Revista Bolívar, tomo V, Bogotá, 1952, p. 44; OTERO D’ACOSTA, Enrique, dirección, prólogo y notas, Primer Libro de Actas del Cabildo de la ciudad de Pamplona en la Nueva Granada, actas de 1561-1562, Bogotá, 1950, p.333; Relaciones Topográficas de Venezuela 1815 – 1819, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Centro de Estudios Históricos, Departamento de Historia de América, colección Tierra Nueva e Cielo Nuevo, volumen 31, Sevilla, 1991, pp. 295-299; SCHAER, Jean-Paul and RODGERS, John, The Anatomy of Mountain Ranges, Princeton Legacy Library, Princenton University Press, Princeton, 1987, pp. 231-237.





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