martes, 15 de marzo de 2016

El Edificio Nacional de la ciudad de San Cristóbal, «una obra de romanos» | The National Building-Edificio Nacional in San Cristóbal City, the Herculean Task of Adapting Roman Architecture as the Symbol of Venezuelan State









Edificio Nacional de la ciudad de San Cristóbal. Fachada monumental sur, captada desde el atrio de la Catedral (Foto: Samir Sánchez, 2016).






Texto: Samir A. Sánchez (2016)
Fotos: Abog. Mauricio Pernía-Reyes (2016)

Arquitecto Jonny Rojas (2016)
Samir A. Sánchez (2016)
Venezuela, 1945 (1945)
Google Earth (2015)




Opus Romanurum est-Una obra de romanos…

Detenernos un momento y detallar con inquisitiva mirada la mole en ladrillo macizo y mampostería del Edificio Nacional de la ciudad de San Cristóbal, viene a resultar en un resumido ejercicio de apreciación de la monumentalidad, la solidez y la ligereza del tiempo; la evolución de las formas o los valores de una época –escasamente estudiada- que vino a marcar un cambio en el carácter e identidad de la ciudad, en la segunda mitad del siglo XX



Orígenes 

Entre 1938 y 1940, el Ingeniero Alberto Díaz González, tachirense de larga actuación profesional y política, mantuvo una columna de opinión en el periódico Vanguardia, de San Cristóbal, titulada "Problemas Venezolanos". Desde allí, reconoce el Dr. J. J. Villamizar Molina, Cronista Emérito de San Cristóbal (en su obra Ciudad de San Cristóbal, Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, Nº 193, 2001, p. 202), el Ing. Díaz González dio la idea y promocionó la concentración de las oficinas publicas nacionales, en un único edificio, en la capital del Estado Táchira. 

Asi, y desde la concreción de esta idea, el Edificio Nacional de la ciudad de San Cristóbal, en el Estado Táchira, se construyó por iniciativa del Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, el tachirense General de División Isaías Medina Angarita (San Cristóbal, 1897 – Caracas, 1953), a partir del año económico 1942-1943 (Memoria y Cuenta del Ministerio de Obras Publicas, 1943, volumen 1, p. 290), iniciándose las obras de limpieza y nivelación del terreno en el referido año de 1942.



General de División Isaías Medina Angarita, Presidente de los Estados Unidos de Venezuela entre 1941 y 1945 (Foto: Venezuela 1945).

Ampliadas a 12 m el ancho de las estrechas y coloniales calles laterales al edificio (carreras 2 y 3), se iniciaron los trabajos estructurales el 1ero de octubre de 1943. Para el 31 de diciembre de 1944, se informaba que sólo restaba el 2% de construcción de la obras (Memoria y Cuenta del Ministerio de Obras Públicas, 1943, volumen 1, p290 y Memoria del año 1945, p. 483, contrato de obras de ornamentación, p. 689). 

El inicial y acelerado ritmo de trabajo dado a esta obra, se detuvo luego del derrocamiento del Presidente Medina, por un golpe de Estado, el 18 de octubre de 1945, prolongándose los trabajos de la misma hasta su final en 1948, cuando el edificio es adscrito por decreto ejecutivo al Ministerio de Comunicaciones (Memoria y Cuenta del Ministerio de Relaciones Interiores, año 1947-1948, p. 205).



Plano de la ciudad de San Cristóbal, levantado por el munícipe Carlos Trinidad Pirela Roo, en 1903. El cuadrado con resalte en color rojo marca la ubicación de la cuadra o manzana con los espacios ocupados por la Cárcel del Estado y Guarnición militar de San Cristóbal, lugar donde en 1942 se iniciarían los trabajos de construcción del Edificio Nacional (Foto: Archivo del Concejo Municipal de San Cristóbal, sección planos y colección fotográfica del Dr. Luis Hernández Contreras, Cronista de San Cristóbal, 2016).


El uso original de la edificación estuvo dirigido a servir de sede y concentración de las diversas dependencias de la administración nacional, en el Estado Táchira. En la actualidad es sede de los principales Tribunales de Justicia del Estado y del Instituto Postal Telegráfico, entre otras instituciones.

La propiedad de los terrenos fue adquirida por el Gobierno Nacional en fecha 7 de noviembre de 1942 y adscrita al Ministerio del Interior, e igualmente en esa fecha se iniciaron los trabajos de demolición de la antigua estructura del Cuartel de la Guarnición de San Cristóbal (de principios del siglo XX, en el sector este de la cuadra o manzana) y de la Prisión del Estado (de fines del siglo XIX, en el sector oeste). En el plano de la ciudad de San Cristóbal, levantado por el munícipe Domingo Martínez y dibujado por Jorge Isaac García, en 1883, los referidos espacios eran identificados como de la cárcel pública (sector oeste) y del Colegio Nacional (sector este) de la cuadra.    





Gráfica captada en 1930 de una parada militar frente a la Iglesia Catedral. Se puede observar parte de la plaza Miranda de la época, actual plaza Capitán Juan Maldonado, y en el plano de fondo o segundo plano, la casa del Cuartel de la Guarnición de San Cristóbal (con paredes en color oscuro) y la casa de la Cárcel del Estado (casa en color claro). Lugares que ocuparon las casas de morada del fundador de la ciudad y las casas del Cabildo y Cárcel, respectivamente, al momento de la fundación de San Cristóbal, en el siglo XVI (Foto: Humberto Díaz Brantes, Álbum del Táchira, 1930). 


La vieja cárcel se trasladó a una edificación recién concluida, denominada «Cárcel Modelo de San Cristóbal» en el sector urbano de La Concordia. La sede de la Guarnición, por igual,  a las nuevas edificaciones del «Cuartel Bolívar», construido entre 1933 y 1941, en uno de los altozanos del barrio San Carlos. Esta última obra, imponente en su arquitectura militar neocolonial, es un diseño del arquitecto Carlos Guinand Sandoz (1889-1963) y se construyó por disposición del tachirense General en Jefe Eleazar López Contreras, primero como Ministro de Guerra y Marina (Defensa) y luego como Presidente de los Estados Unidos de Venezuela desde el 17 de diciembre de 1935 hasta 1941 (Memoria y Cuenta del Ministerio de Guerra y Marina, años 1933-1934 y Mensaje Presidencial de 1941). 




Estado de las obras del Edificio Nacional de la ciudad de San Cristóbal, para diciembre de 1944. Vista de la esquina o ángulo suroriental de la edificación (cruce de la calle 4 con carrera 3), captada desde el campanario de la Catedral (Foto: Venezuela, 1945).



Una perfecta simetría en las líneas verticales y horizontales definen la monumental volumetría del Edificio Nacional de la ciudad de San Cristóbal. Fachada monumental norte y entrada pricipal porticada -tetrástila- para 1948 (Foto: H. Santos Estudio, 1948).




«... anduvo Maldonado lo más el valle de Santiago, tanteando la tierra y considerando la parte más acomodada y que mejor le pareció para ello, que fue una sabana alta, despoblada, que está de la otra banda del río principal que atraviesa por medio el valle [...] en este sitio y sabana pobló el Capitán Maldonado la Villa, el nombre que le puso fue la Villa de San Cristóbal, de orden de la Real Audiencia de Santa Fe y el Cabildo y Regimiento de la Nueva Pamplona e hizo los actos y ceremonias de fundación, los que en las ciudades se suelen hacer». Así describía el cronista de Indias y fraile franciscano Pedro de Aguado, en su «Recopilación Historial - Historia de Santa Marta y Nuevo Reino de Granada», escrita en 1569, el acto de fundación de la ciudad de San Cristóbal, el 31 de marzo de 1561. En esta panorámica aérea de 1967, se puede apreciar sobre la otrora «sabana, alta e despoblada», la plaza mayor (fundacional, actual plaza Juan Maldonado), las edificaciones de la Catedral y la Casa Episcopal, al este de la plaza y la estructura del Edificio Nacional, al norte (Foto: Pernía, Diario Católico, marzo de 1969, reproducción con fines didácticos).



Anécdota de  «el botijo»

En 1997, en conversaciones que sostuvimos con el historiador e individuo de número de la Academia de Historia del Táchira, Prof. Félix María Rivera (ya fallecido), nos relató la anécdota de «el botijo», relacionada con las obras Edificio Nacional. 


Refería como uno de los albañiles que trabajó en el proceso de demolición de la vieja cárcel y el cuartel, le contó su episodio en la búsqueda de una botija (término regional para designar un entierro con oro, plata o prendas valiosas, el cual se hacía -por lo general- en una vasija de barro. Este método era empleado por las familias de mayor solvencia económica para el resguardo de sus bienes de valor en caso de guerra o invasión, muy común en el Táchira del siglo XIX). 



Panorámica de la monumental fachada sur y sección lateral este, del Edificio Nacional de la ciudad de San Cristóbal, visto desde el atrio de la Iglesia Catedral, frente a la Plaza Mayor o Plaza Capitán Juan Maldonado (Foto: Arquitecto Jonny Rojas, 2016).


Le refería el albañil al Profesor Rivera, como al desmantelar una columna de madera, de aquellas que sostenían el tejado de los corredores de la cárcel, al retirar su base o cimiento, resultó que la misma era una piedra horadada, quebrada y tallada con las figuras de «una fiera y una torre». Esto llamó su atención y asoció la misma con la marca y seña del entierro de una botija, motivo por el cual se dedicó en los días siguientes a excavar a mayor profundidad, en el mismo sitio, tras el deseo vehemente de encontrar un tesoro escondido. Pasaron los días y sólo halló cascajos y tierra y la mofa de sus compañeros de trabajo quienes le apodaron «el botijo». Al preguntarle el Profesor Rivera por el destino de la extraña piedra, le comentó como, ya malhumorado, la lanzó al relleno que se hacía en mampostería, de un talud o muro de contención que permitiría nivelar las diferencias de altura de las entradas al edificio. Hasta aquí el relato, que en 1997 no pasó de una tertulia sobre los entierros, invasiones y las guerras de la época.     

La anterior anécdota se trae a colación por cuanto, con investigaciones posteriores, resulta factible relacionar el hallazgo de dicha piedra con la hipótesis de la presencia de un escudo cuartelado con las armas reales de Castilla y León, en piedra armera, que debió estar colocado sobre la puerta dintelada de entrada de las Casas de Cabildo de la Villa de San Cristóbal, de fines del siglo XVIII, según eran los usos y costumbres para los edificios públicos (civiles, militares y eclesiásticos) de la época. 



Escudo cuartelado (piedra superior) con las armas de los reinos de Castilla y León que se encuentra sobre el dintel de la puerta de acceso principal al castillo de Santa Rosa de la Eminencia (finalizado en 1682), en la ciudad de La Asunción, Estado Nueva Esparta (Venezuela). Una probable piedra armera, como la observada en la imagen, debió encontrarse sobre el dintel de entrada de las Casas de Cabildo y Cárcel de la Villa de San Cristóbal (actual ciudad de San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela), para fines del siglo XVIII. Foto: Instituto del Patrimonio Cultural, Catálogo, 2011.

Documentos hallados con posterioridad, refieren que estas casas eran de sólida construcción, con amplia sala de juntas, capilla y cárcel. Todo ello, tomando en cuenta que el espacio, en la cuadra o manzana norte de la plaza mayor de la ciudad, denominada plaza Miranda en 1944, actual plaza Capitán Juan Maldonado (en la zona histórica o casco viejo), sirvió de emplazamiento, en el primer urbanismo de la ciudad, a las Casas de Cabildo y Cárcel de la Villa (un rectángulo de dos solares hacia el oeste o esquina de la calle cuatro con carrera 2) y la casa y solar asignado al capitán fundador Juan Maldonado (un rectángulo de dos solares hacia el este o esquina de la calle con carrera 3), luego de la fundación de la urbe el 31 de marzo de 1561 (Samir Sánchez, San Cristóbal Urbs quadrata, UCAT, 2003, p. 408 y ss).




Estado actual del pórtico techado -dístilo- de la entrada sur del Edificio Nacional, frente a la plaza mayor o plaza Juan Maldonado (Foto: Samir Sánchez, 2016).






Estado actual de la entrada lateral, monumental, y puerta con batientes romanos, en el ángulo o esquina suroriental del Edificio Nacional (Foto: Samir Sánchez, 2016).



Nuevas formas de construcción en la ciudad de San Cristóbal

El Edificio Nacional, como edificación, monumental en todos los sentidos, causó impacto en una ciudad que, en 1944, sólo alcanzaba a sobrepasar los 31.344 habitantes y quienes por igual –al leer los periódicos de la época- se informaban de los proyectos del Gobierno Nacional de crear dos grandes plantas productoras de cemento para innovar en materiales y técnicas constructivas , una en el Distrito Cárdenas y otra en el Distrito Lobatera (Venezuela 1945, Publicación de “El Mes Financiero y Económico”, dirigida por Plinio Mendoza Neira y dirección artística de Santiago Martínez Delgado, los estudios fotográficos de Alfredo Boulton e impresa en los talleres “Prag”, Bogotá, 1945, p. 626), alcanzándose a construir sólo la primera, en el caserío La Blanca (actual Planta de Cementos «Táchira». 



Panorámica en ortofotografía del plano o planta reticular herreriana y fachadas retranqueadas del Edificio Nacional de la ciudad de San Cristóbal, y sus alrededores (Foto: Google Earth, 2015, reproducción con fines didácticos).



«Una obra de romanos» de Luis Eduardo Chataing

El diseño y anteproyecto de edificación le fue encargado al reconocido arquitecto Luis Eduardo Chataing (1906-1971), quien trabajaba para ese momento como ingeniero proyectista en la División de Arquitectura de la Dirección de Edificios e Instalaciones Industriales, del Ministerio de Obras Públicas. El proyecto fue entregado y aprobado en diciembre de 1942 y para la fecha se estimaba iniciar los trabajos de construcción en marzo de 1943 (Memoria y Cuenta del Ministerio de Obras Públicas 1943, volumen 1, Caracas, 1943, p. 290).

Una minuciosa observación de la estructura y ornamentación del Edificio Nacional de San Cristóbal, permite definir y hacer un esbozo del estilo seguido por este renombrado arquitecto, la cual asumía el carácter o funcionabilidad de espacio para la administración pública.

La edificación, desde su misma planta, refleja el empleo de formas y modelos historicistas bajo referencias de carácter ecléctico. Se levanta sobre un plano de rigurosa composición herreriana renacentista, y sobre éste se multiplican los espacios que se comunican entre ellos, por medio de una yuxtaposición vertical y horizontal de crujías.

En el proyecto original, esta yuxtaposición de espacios generaba cuatro patios interiores simétricos, dos de los cuales fueron suprimidos y techados o cubiertos (los inmediatos a la fachada norte o principal), en las remodelaciones e intervenciones hechas a la edificación entre 1950 y 1951.




Fachada sur porticada, dístila, del Edificio Nacional de la ciudad de San Cristóbal (Foto: Samir Sánchez, 2016).


El carácter y diferenciación del edificio con el entorno, se logró a través del desarrollo de la altura y la horizontalidad, en evidente contraste –armónico- con los estilos de los espacios circundantes (casas de habitación de estilo colonial y las torres neogóticas de la Catedral, para la época). 

Por igual, las formas volumétricas y fachadas retranqueadas con pórticos (tetrástilo al norte y dístilo al sur) de rígida linealidad, marcaron un momento clave en la obra arquitectónica del autor quien se apartó del estilo desarrollado previamente en el diseño (realizado en cooperación con el arquitecto Cipriano Domínguez) de la edificación para el Salón de Lectura de la ciudad de San Cristóbal, entre 1936 y 1938, donde aplicó un estilo neocolonial o neobarroco, y –para el momento en estudio- en el caso del Edificio Nacional, estructura arquitectónica que representaría como símbolo la majestad del Estado venezolano de la época y de sus instituciones, optó por la aplicación de modelos monumentales neoclásicos alemanes, de gran pesadez, remates planos, y sobria y estilizada ornamentación, que encuentran ecos en la Roma Imperial.

De allí que la mayoría de los elementos ornamentales enmarcados dentro de la volumetría rectangular de la obra, como puertas con batientes moldurados romanos, ventanales termales, ventanas cuadradas repetidas en horizontal o vertical con barandillas en aspa, arcos de medio punto y bóvedas de cañón seccionadas y con casetones, que sirven de encuadre a las entradas laterales en ambas fachadas porticadas-, evoquen la monumentalidad y estilo de la basílica de Majencio o Constantino (del 312 de nuestra Era) junto al Forum Romanum Magnum, el Foro Romano.




Visión panorámica de la fachada sur del Edificio Nacional de la ciudad de San Cristóbal, que permite detallar por igual la distrribución de los niveles y volúmenes del edificio o conjunto arquitectónico como el pronunciado retranqueo o remeter del muro de la fachada  (Foto: Samir Sánchez, 2016).


Al compararse el resultado de la obra estructural con el plano inicial en perspectiva o boceto, elaborado por el arquitecto Chataing (publicado en San Cristóbal: una mirada en sus 450 años, publicación del Grupo de Investigación Arquitectura y Sociedad, Universidad Nacional Experimental del Táchira, 2012, p. 108), se evidencia que en el anteproyecto, la planta del edificio se había trazado inicialmente como una planta militar, rectangular, con cuatro torreones -por igual rectangulares- en saliente, de sus cuatro ángulos; un único patio central, y niveles diferenciados entre las plantas inferior y superior, laterales, similar al ya desarrollado en el Salón de Lectura (1936-1938), en la fachada frontera a la plaza Bolívar de la ciudad de San Cristóbal.

Los trabajos incluían la transformación (no realizada) de la plaza Urdaneta, en una área que cumpliera la función de pórtico abierto al frontis del Edificio Nacional, en cuyo espacio -frente a la entrada- se colocaría la estatua del héroe, pensada como pedestre. Se podría deducir, con probabilidad, que el arquitecto fue modificando su propio diseño original, en la medida que avanzaban las obras, hasta llevarlo al compacto resultado final que conocemos actualmente. 

Por igual se detalla como, en la fachada frontera a esta plaza (fachada norte) con pórtico techado tetrástilo para la entrada principal, tras el ático blasonado con la figura del escudo nacional, el arquitecto proyectó una imponente asta para izar la bandera nacional, elemento que nunca fue colocado.  

En cuanto al color que recubría la estructura, en sus orígenes, según las memorias del Dr. José Joaquín Villamizar Molina, Cronista emérito de la ciudad de San Cristóbal y quien conoció el aspecto de la edificación al momento de su inauguración, lo describía como: 


«Todo el Edificio Nacional estaba pintado en un color crema o marfil, y sus ornamentos salientes, las estatuas y los escudos en un blanco purísimo. El juego de estos dos colores, marfil y blanco, daba una imponente impresión a los amantes del arte» [VILLAMIZAR MOLINA, J. J. “Edificio Nacional” en Ciudad de San Cristóbal, Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, Nº 193, tomo II, San Cristóbal, 2011, p. 201].




Fachada norte porticada -tetrástila- y principal del Edificio Nacional de la ciudad de San Cristóbal (Foto: Samir Sánchez, 2016).



Grupo escultórico de las «Artes útiles»

De toda esta sobria y seria ornamentación, queremos reseñar las dos esculturas laterales al pórtico de entrada en la fachada sur, frente a la plaza Juan Maldonado y los frisos alegóricos en ambas fachadas.


Escultura alegórica de la Industria y ventanales romanos calados en forma de aspa en el moldurado cajeado del muro (Foto: Samir Sánchez, 2016).

La fachada sur cuenta con un grupo escultórico naturalista denominado «Las artes útiles». Realizadas en piedra artificial, tamaño heroico, por observación simple, parecen haber sido forjadas en cemento armado y arena fina, bajo la técnica del modelado o bien por la técnica del vaciado en moldes perdidos.  



Escultura alegórica de la Agricultura y ventanales romanos calados en forma de aspa en el moldurado cajeado del muro (Foto: Samir Sánchez, 2016).



Si bien no están firmadas por su autor, las mismas evocan rasgos asociativos con la obra del escultor de los frisos de las fachadas norte y sur del mismo Edificio Nacional, el escultor Mario Giurlani (1906-1979), sobre el cual se disertará en el apartado explicativo de los frisos

 

Escultura alegórica de la Agricultura (Foto: Abog. Mauricio Pernía-Reyes, 2016).

Por igual, su presencia en la edificación –en armonía con el estilo desarrollado- deriva de un concepto filosófico idealista alemán del derecho natural (con base en teorías del filósofo Karl Christian Friedrich Krause, 1781-1832), de mediados del siglo XIX, el cual sostenía que los polos de desarrollo de los pueblos se erigían sólo sobre las denominadas artes útiles o utilitarias: la industria y la agricultura. Por ello, el escultor empleó las figuras humanas del hombre, la mujer, niños y niñas, como representación de la fuerza del pueblo que motoriza a la agricultura y a la industria.

Así, la escultura a la izquierda (derecha del observador) de la fachada sur, a través de la representación de una mujer –con niñas tenantes a sus pies- portando los atributos de los productos de la tierra, cumple la función ornamental de alegoría de la «Agricultura», y la escultura de la derecha (izquierda del observador) con sus atributos de la rueda dentada, el martillo y la forja, e infantes o niños tenantes, de alegoría de la «Industria».



Escultura alegórica de la Industria (Foto: Abog. Mauricio Pernía-Reyes, 2016).



Los frisos alegóricos

Otro elemento a destacar son los frisos, de carácter alegórico, de los pórticos de entrada (sur y norte).  Esta técnica ornamental, con idénticas características, encuentra sus orígenes en los frisos corridos que se ubicaron en los entablamentos de dos de los tres órdenes o estilos arquitectónicos griegos: el jónico y el corintio.

En los espacios corridos arquitectónicos de los frisos del Edificio Nacional de San Cristóbal, el autor de la ornamentación, para su programa iconológico, empleó la fórmula plástica del mediorrelieve por modelado donde las formas modeladas sobresalen o resaltan respecto de un entorno plano

Así, para este artista, parece que le era preciso dar la impresión en su obra de una escena viva, que destacara sobre un fondo y marco limitado, y con probabilidad, siguiendo modelos previos de actividades artesanales como el de los relieves realizados por Nanni di Banco (entre 1412 y 1415) de 'escultores en su taller'. Obra que se encuentra en la fachada de la Iglesia de Orsanmichel -Huerto de San Miguel en el dialecto toscano-, en Florencia, Italia, siendo el ejemplo más sobresaliente de la escultura en relieve del Quattrocento italiano



Frontis, techos casetonados, friso alegórico y escudo nacional -en bajo relieve- de los Estados Unidos de Venezuela en la fachada porticada norte del Edificio Nacional (Foto: Samir Sánchez, 2016).


En estos frisos, el espacio plano que debían ocupar los triglifos y metopas fue sustituido por una serie de personajes, objetos y animales -al natural- quienes en actitud expresiva, tienden a separarse del fondo para transmitir de forma vívida, la misma idea de las esculturas: la agricultura y la industria son los polos de desarrollo de los pueblos.



Friso alegórico del pórtico sur del Edificio Nacional, el escudo nacional conserva el diseño y los colores originales de 1945 (Foto: Samir Sánchez, 2016).


En la fachada norte, frente a la Plaza General en Jefe Rafael Urdaneta, en el friso del pórtico, de derecha a izquierda (izquierda a derecha del observador) de la portada, se representaron formas  y figuras de carácter nacional, que simbolizan la industria y producción petrolera, las diarias faenas de la mujer en el hogar, el tiempo de las cosechas, en el ático central blasonado el escudo nacional -en bajo relieve- vigente para la época, portando el nombre oficial de la Nación, como «Estados Unidos de Venezuela», le siguen las figuras representativas del correr de caballos de combate en un amanecer y del trabajo en familia.





Si bien se consideraría estar ante una de las puertas conservadas por la ceniza en las ruinas de la ciudad de Pompeya, destruida por la erupción del Vesubio, en el año 79 E.C, resulta una imagen del estado actual de una de las puertas menores, de ingreso al Edificio Nacional, por la carrera 3. Mantiene la estructura original dada por el diseñador de la obra, al copiar el modelo exacto de una antigua puerta romana de batientes en madera resistente o noble, bien trabajada, con largueros y entrepaños en forma de casetones. En la parte de la sección superior de la puerta, se ubicó un montante (ventanillas) conformado por dos ventanas cuadradas repetidas en horizontal con brarandillas romanas en aspa, cuya función era permitir la iluminación de las fauces, palabra latina con la cual se identificaba el pasillo de entrada a los hogares o casas, en la Roma imperial (Foto: Samir Sánchez, 2016).


En la fachada sur, junto a la plaza Capitán Juan Maldonado y con una abundancia excesiva de figuras que supera a las empleadas en la fachada norte o principal, el artista ejecutor de la ornamentación del Edificio Nacional, concluía su obra –para la posteridad- con escenas alegóricas correspondientes a los valores del trabajo agrícola, la antigua caza, el escudo nacional idéntico al de la fachada norte o principal, el trabajo manual, la formación y la familia. 



Detalle del friso alegórico, en su ángulo este, del pórtico -tetrástilo- o entrada principal del Edificio Nacional, frente a la plaza General en Jefe Rafael Urdaneta (Foto: Samir Sánchez, 2016).


Recientemente, en un trabajo de documentación fotográfica (9 de octubre de 2016) realizado por el arquitecto Jonny Rojas, del Gabinete de Cultura-Táchira, del Ministerio de Cultura, y por medio de una ampliación de imagen, el arquitecto identificó la firma del autor de los frisos (y con probabilidad de las esculturas de la fachada sur). En la sección oeste del friso de la fachada norte, próximo al relieve del escudo nacional, se encuentra la firma del autor «M. Giurlani».




Detalle de la sección oeste, del friso de la fachada norte, con la firma del autor de las esculturas, el artista italiano Mario Giurlani (Foto: Arquitecto Jonny Rojas, 2016).


El escultor Mario Giurlani Lera (1906-1979), fue un reconocido artista y escultor italiano (de Lucca, Toscana, Italia), quien emigró a Venezuela en la década de los años veinte del pasado siglo y se residenció en Caracas, ciudad donde desarrolló su actividad artística y empresarial. Entre sus obras, destaca el altorrelieve alegórico que se encuentra a la entrada del Liceo Andrés Bello (Caracas, 1945) denominado «La Educación». 


 

Detalle de la sección central, del friso de la fachada norte, con la firma del autor de las esculturas, el artista italiano Mario Giurlani (Foto: Arquitecto Jonny Rojas, 2016).


En cuanto al tiempo y espacio de edificación, cuando se construyó el Edificio Nacional, resultó una verdadera «obra de romanos» por su monumentalidad y solidez, pero, su actual aspecto, chapucero y degradantedesdice u opaca sus republicanos orígenes y lo enfrenta ante un futuro que le resulta incierto.




Sección superior de la puerta de ingreso lateral (este) de la fachada sur del Edificio Nacional, frente a la plaza Juan Maldonado. Sobresalen los artesones casetonados de la puerta; el rectilíneo marco con clave moldurada en forma de gola, en el dintel, y una cornisa fileteada ornamental, casi imperceptible sobre el dintel que da paso a una segunda cornisa con definidas voladuras  (Foto: Samir Sánchez, 2016).









Bóveda de cañón seccionada y con casetones, arco de medio punto, ventana termal dístila con celosía y cornisa quebrada que se encuentran sobre la entrada lateral este, de la fachada porticada sur del Edificio Nacional. Las mismas evocan los imponentes arcos con casetones de las ruinas de la Basílica de Mejencio, en Roma  (Foto: Samir Sánchez, 2016).



Secuencia de imágenes con detalles de las esculturas ornamentales del Edificio Nacional (Fotografías: Arquitecto Jonny Rojas, 2016)














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