Foto: Fachada del Hospital Vargas de San Cristóbal, luego del primer proceso de restauración integral realizado por la Arquitecto Sonia Becerra Van der Linden y la Gobernación del Estado Táchira, en 1997 (Foto: COTATUR/Sonia Becerra Van der Linden, 1997).
Un pueblo que honra a sus fundadores, pensadores y creadores asegura el hilo de su propia identidad. Así como otras regiones del país han erigido sus espacios solemnes de memoria, como el Panteón Regional del Estado Zulia, entre otros, el Táchira tiene una deuda histórica pendiente con sus referentes fundamentales: la creación de un espacio donde reposen sus restos o se consagren cenotafios para aquellos cuyo legado perdura aunque sus cenizas se hayan perdido en el tiempo.
La propuesta busca erigir en la capital del Estado Táchira, la ciudad de San Cristóbal, un Panteón de Tachirenses Ilustres, rescatando y convirtiendo las ruinas y la fachada de la antigua capilla del viejo Hospital Vargas en ese panteón. Este recinto, cargado de historia y memoria urbana, es el marco idóneo para transformarse en un monumento vivo de gratitud regional.
Los nombres de nuestra memoria colectiva
Este recinto albergaría los restos y cenotafios de figuras que moldearon el pensamiento, las letras, la política y las artes de nuestra tierra, entre otros: desde las cenizas del tachirense más universal de todos los tiempos, el General Rafael de Nogales Méndez, hasta el General Juan Pablo Peñaloza; el escritor Pedro María Morantes y el diplomático Emilio Constantino Guerrero; los presidentes tachirenses de los Estados Unidos de Venezuela y de la República de Venezuela; el «Gonzalo de Berceo tachirense» por antonomasia, el poeta Manuel Felipe Rugeles; la poetisa y defensora de los derechos políticos de la mujer Doña Cora María Sánchez de Terán; los músicos y compositores Luis Felipe Ramón y Rivera y Marco Antonio Rivera Useche, los insignes educadores Don Ramón Buenahora y Don Carlos Rangel Lamus; los historiadores Don Vicente Dávila, el Dr. Aurelio Ferrero Tamayo y el Dr. J. J. Villamizar Molina, y el maestro de la arquitectura Fruto Vivas, hasta un cenotafio dedicado a la memoria del ilustre Dr. Ramón J. Velásquez.
En este lugar, la emblemática escultura del águila que emprende el vuelo, obra del maestro alarife y escultor Jesús Uzcátegui, que corona la fachada del antiguo Hospital Vargas, tomará el profundo significado de las palabras del profeta Isaías, en las Escrituras: «Los que esperan en el Señor levantarán alas como las águilas» (Is. 40,31).
Una alianza institucional para un concurso de ideas
Para que este, tal vez ahora, dislate de visión se traduzca en una intervención arquitectónica y urbanística de primer nivel, la ruta más transparente y técnica es una articulación tripartita entre la Gobernación del Estado Táchira, la Alcaldía y Concejo Municipal de San Cristóbal y el Decanato de Arquitectura de la Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET).
Esta alianza permitiría establecer las bases patrimoniales e históricas para convocar un concurso nacional e internacional de ideas, abriendo el debate a proyectistas y arquitectos que propongan soluciones conceptuales para adecuar las ruinas y fachada de la antigua capilla, integrando el diseño contemporáneo con el respeto al vestigio histórico.
Soñar el futuro de la memoria
Decía el escritor francés Anatole France ante la Academia Francesa en 1894, cuando ocupó el sillón académico que había quedado vacante tras la muerte del diplomático e ingeniero Ferdinand de Lesseps, impulsor de la construcción del Canal de Suez, al momento de su discurso de homenaje a su predecesor y a las grandes obras de la humanidad:
«...pour accomplir de grandes choses il ne suffit pas d'agir, il faut rêver, il ne suffit pas de calculer, il faut croire.»«para realizar grandes cosas, debemos no sólo actuar, sino también soñar; no solo planear, sino también creer».
Por ello, San Cristóbal merece que sus ciudadanos sueñen y actúen en una obra a la altura del civismo y la grandeza de quienes construyeron el Táchira del ayer, del hoy y de siempre. Soñar no cuesta nada, pero serán las futuras generaciones las encargadas de poner manos a la obra para ver consolidado este santuario de la memoria tachirense.
