domingo, 27 de agosto de 2017

Historia de la Casa Cural de Lobatera: Testimonio de fe y patrimonio histórico | Lobatera's Parish House: A Historic Symbol of Faith and Civil Heritage





Fachada principal de la Casa Cural de Lobatera, para 1945. Se puede apreciar las columnas toscanas y el arcos escarzano de la puerta de entrada, que se conservó intacto en las reformas y reedificación de la casa en 1972-1974. Resulta interesante observar, sobre el tejado, la veleta metálica que instaló en la casa el Padre Morales, c. de 1913 (Foto: Edgar Contreras/Darío Hurtado, 2016. Coloreado digital. Adobe Photoshop).




Fotografía original (Propiedad de Edgar Contreras)



«La veleta del Padre Morales» (tradición oral transmitida por los ancianos de El Tablón en junio de 1985; versión libre y estructuración de Samir Sánchez, Cronista emérito de Lobatera).

En el tejado de la casa cural de Lobatera, recortada contra la neblina andina, una veleta de hierro marcaba el rumbo del aire. Para la mayoría era solo un adorno o un adminículo curioso, pero para el Padre Pedro María Morales, párroco entre 1905 y 1925, era una herramienta de lectura del mundo. Hombre de sotana y ciencia, versado con igual rigor en la patrística, la medicina y las leyes físicas, el Padre Morales entendía que la fe no reñía con la observación atenta de la naturaleza.

Cuentan los viejos del pueblo que corría un año difícil para los caseríos de La Teura y El Tablón, allá en la lejana aldea de La Trampa. La temporada de siembra amenazaba con perderse y la sequía quebraba la tierra en los campos. Angustiados, los campesinos hicieron una colecta comunitaria, reuniendo una suma considerable de dinero para la época, y enviaron al corregidor Higinio a caballo hasta la capital del distrito (hoy municipio). El encargo era preciso: solicitar al párroco una misa cantada a San Isidro Labrador y un sufragio por las benditas Ánimas del Purgatorio para implorar el agua del cielo.

Higinio llegó al despacho parroquial con el polvo del camino y la bolsa de monedas en la mano. El Padre Morales lo escuchó con serenidad patriarcal, tomó únicamente lo estipulado por el arancel eclesiástico y le ordenó guardar el resto:

—Llévese este dinero y devuélvalo a los feligreses —le dijo—. Bien, Higinio, vamos a cantar y a ver la veleta.

El dicho del cura no era metáfora. Durante tres días seguidos, el sacerdote consultó con meticulosidad la veleta del tejado y su higrómetro, escrutando la humedad relativa del aire y el giro de los vientos de tramontana que cruzaban los montes rumbo a La Trampa. Sabía leer los signos de la atmósfera tanto como las sagradas escrituras.

—Vuelva a sus tierras —añadió el padre—. Si San Isidro y las Ánimas nos ayudan a pedirle al Señor, yo mismo iré en mayo a cantarles la misa.

A los pocos días, el viento cambió de rumbo, las nubes coronaron las cumbres de La Teura y la lluvia descargó sobre los surcos. Hubo siembra y hubo cosecha abundante. En el mes de mayo, fiel a su palabra y a la ciencia que confirmaba sus oraciones, el Padre Morales remontó los caminos de herradura hasta la capilla de El Tablón para cantar la misa prometida a una feligresía que aprendió, en un solo gesto, el valor de la caridad sacerdotal y el prodigio de saber mirar al cielo con ojos de fe y de razón.



Casa Cural de Lobatera, luego de la reedificación de 1972-1974 (Foto: Darío Gurtado, 2017).






Entrada principal a la Casa Cural de Lobatera, zaguán y anteportón (Foto: Darío Hurtado, 2017).



Pbro. Br. Pedro María Morales Gómez, curá párroco que adquirió al casa cural. De un retrato que se encuentra en la sala principal de la Casa Cural de Lobatera (Foto: Darío Hurtado, 2017).





Ilustrísimo Monseñor Manuel García Guerrero, cura párroco que reedificó la Casa Cural de Lobatera (Foto: Concejo Municipal del Distrito Lobatera, 1965/Darío Hurtado, 2017).




Una casa y una historia

En la configuración urbana e histórica de las poblaciones andinas tachirenses, las edificaciones que rodean el espacio fundacional de la plaza mayor constituyen mucho más que hitos arquitectónicos: son testigos de la memoria colectiva, donde convergen el orden civil, la vida comunitaria y la dimensión trascendente de la fe. 


En la villa de Lobatera, la Casa Cural representa uno de los testimonios más elocuentes de esta continuidad patrimonial, articulando en su devenir secular los afanes de preclaros munícipes decimonónicos, el celo pastoral de sus párrocos y el empeño persistente por preservar las formas constructivas tradicionales frente al paso del tiempo.



El solar sobre el cual se asienta el inmueble posee profundas raíces en el tejido cívico local. Hacia la segunda mitad del siglo XIX, la casona formaba parte del patrimonio de don Pedro María Reina, insigne servidor público de relevante trayectoria municipal en Lobatera, cuyo deceso en 1859 mereció el reposo de sus restos en la Capilla del Humilladero, sagrado camposanto consagrado a los hijos ilustres de la villa. El prestigio y la vocación pública vinculados a la familia pervivieron a través de su hija y heredera, doña Octavia Reina vda. de Vivas, quien a comienzos de la centuria siguiente mantenía la titularidad de este solar privilegiado frente a la Plaza Bolívar.



Un momento decisivo para el destino del inmueble ocurrió el 4 de octubre de 1905, fecha en la que el presbítero bachiller Pedro María Morales (El Cobre, 1875 - Lobatera, 1925) formalizó la compra de la casa y su terreno a doña Octavia Reina. Aquella transacción trascendió el carácter de una operación particular: el padre Morales actuó con la convicción de dotar a la Iglesia y al propio pueblo lobaterense de una sede digna y permanente. Habiendo arribado en marzo de ese año en calidad de cura encargado, el párroco recibió en esa misma fecha el beneficio parroquial en propiedad, trasladando de inmediato la residencia cural y el invaluable archivo eclesiástico, cuyo libro más antiguo que se conserva data de 1767, a la nueva propiedad, donde ejerció un abnegado ministerio hasta su fallecimiento el 8 de noviembre de 1925.



Con el transcurso de las décadas y ante el inevitable deterioro de las estructuras tradicionales, el inmueble experimentó una profunda metamorfosis. En 1972 la edificación primitiva fue derribada en su totalidad; no obstante, bajo el riguroso empeño reconstructor del ilustrísimo monseñor Manuel García Guerrero (Laguna de García, Pregonero, 1908 - San Cristóbal, 1986), cura párroco de la localidad, la obra se concibió bajo una premisa de estricta fidelidad tipológica. La nueva fábrica se erigió respetando la planta espacial originaria y el canon estilístico neocolonial, logrando además rescatar y conservar como vestigio original el noble arco y las columnas del portal de la entrada principal orientada hacia la plaza.



Esta empresa de restauración y memoria culminó solemnemente en septiembre de 1974, cuando monseñor Alejandro Fernández Feo, tercer obispo de la Diócesis de San Cristóbal, bendijo formalmente la reedificada Casa Cural. De este modo, la casona no solo perpetuó su función eclesiástica y administrativa, sino que se consolidó como un monumento vivo donde el legado cívico de don Pedro María Reina, la visión institucional del padre Pedro María Morales y el celo patrimonial de monseñor García Guerrero se entrelazan de manera indisoluble en el corazón de Lobatera.


Estos dos ilustres levitas tachirenses, lobaterenses por el arraigo y la devoción pastoral a la tierra donde ejercieron su ministerio, fueron insignes exponentes de una época de magnas realizaciones. Lejos de concebir el sacerdocio como una profesión burocrática o un oficio técnico, asumieron su vocación desde la entrega absoluta del pastor: figuras de vanguardia consagradas a edificar comunidades vivas, donde la siembra de la fe era inseparable del florecimiento cultural y cívico.


Moldeados en la rigurosa disciplina del clero tridentino y herederos directos de la impronta civilizadora de Monseñor Jesús Manuel Jáuregui Morenom el primero como su discípulo inmediato y el segundo a través de la estela magisterial de su escuela, hicieron propio el principio agustiniano A materialibus ad immaterialia («de lo material a lo inmaterial»). Comprendían con lucidez que para elevar el alma del pueblo hacia las verdades eternas no bastaba la palabra abstracta; era indispensable dignificar el entorno humano.


Por ello, desde el primer instante en que asumían una parroquia, impulsaron la construcción de templos y capillas monumentales dignos de la grandeza bíblica, fundaron colegios para instruir a la juventud y dinamizaron sociedades religiosas, artísticas y culturales, convirtiendo el espacio parroquial en el corazón palpitante del progreso moral y material de Lobatera.  



En PDF. Transcripción de los registros notariales de la adquisición de la Casa Cural de Lobatera, en 1905. Copia autorizada por el párroco Mons. Erasmo de la Cruz Chacón Salcedo (2011). Imágenes: Darío Hurtado, 2011. II Libro de Gobierno de la Parroquia eclesiástica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera (Estado Táchira). Archivo parroquial eclesiástico.