viernes, 20 de marzo de 2015

'Tachireños', 'tachirenses' y 'gochos', explicación de los gentilicios y adjetivos coloquiales tachirenses | 'Tachireños', 'Tachirenses' and 'Gochos', Proper Adjectives and Colloquial Nicknames for Tachiran People









«Y dije yo, y dijo ella/por el habla y las costumbres/ya sabés si sos de mi tierra» (dicho popular tachirense, siglo XIX).






 

Tenderetes en el antiguo mercado libre dominical de la plaza San Carlos. Creado en 1940, dejó de funcionar el sábado 8 de agosto de 1964 (Foto: Postal turística de San Cristóbal, 1957).






Presentación


Los tachirenses al cuestionarnos desde lo ontológico, nos hallamos ante una paradoja o contradicción: a diferencia de lo que puede ocurrir en otras regiones del país, una sola palabra no resulta completa para definirnos. 



Por el contrario, nos encontramos ante una riqueza de categorías conceptuales –cuyas definiciones, en cada uno de sus contextos, no son excluyentes, ninguna excluye a la otra- que intentan expresar lo que somos, por qué somos así y cómo estamos siendo ahora.



Para muchos de nosotros, tachirenses, el Táchira es más que un estado, es una realidad cultural singular, única, una tautología lógica, por ello estas palabras -cual patrimonio léxico- nos ofrecen la oportunidad de comprendernos en lo intelectual, emocional y físico; desde la cadencia y la sonora musicalidad del habla hasta la fuerza telúrica que nos anima. Sólo quien vive en Los Andes, o ha visto la imponente majestuosidad de Los Andes –en palabras del eximio filósofo José Manuel Briceño Guerrero compartidas en enriquecedoras tertulias, de tiempos ya idos- puede comprender y dimensionar esa fuerza telúrica, que dimana de las entrañas de la misma tierra. 

Es de allí, desde donde se debe iniciar cualquier proceso de intelección sobre el ser tachirense, -sobre los tachirenses, reconocidos, con acierto, desde la antropología etnográfica y por analogía, como «los vascos de Venezuela», sobre su trascendente espíritu, indómito y libérrimo, de apego a sus milenarias montañas y dedicación al trabajo arduo; espíritu que alcanzó a marcar los tiempos de toda una nación y el cual bien se puede contextualizar -con sus fortalezas y fragilidades, de forma metafórica- en las palabras que coloca Goethe en Fausto, en una conversación con su alumno y fámulo Wagner, «Was ihr den Geist der Zeiten heisst, Das ist im Grund der Herren eigner Geist, In dem die Zeiten sich bespiegeln/Lo que llamas el espíritu de los tiempos es, en el fondo, el espíritu de la gente en quienes los tiempos se reflejan» (KAUFMANN, Walter Arnold, Goethe’s Faust, Bilingual edition, Anchor Books, New York, 1963, p. 143).

Los anteriores planteamientos han quedado expuestos en la conferencia «El ser ante la diversidad. La diversidad en las categorías conceptuales que definen el Ego sum tachirense», dictada por el Prof. Samir A. Sánchez (Universidad Católica del Táchira), en el II Festival Filosófico, organizado por el Instituto Universitario Eclesiástico «Santo Tomás de Aquino», en Palmira, los días 13 y 14 de marzo de 2015, en el contexto del tema del festival «Identidad: en búsqueda de las raíces propias». De la misma, se presentan los siguientes aspectos: 





Terminología  -con ortografía etimológica e historia- de las categorías conceptuales tachirenses (extracto de la conferencia)



TACHIREÑO, ÑA. (Adjetivo étnico o gentilicio y adjetivo denominativo, utilizado en ocasiones como sustantivo. Deriva del nombre, masculino, ‘Táchira’ más el sufijo latino -inĕus, que significa ‘pertenencia a’, transformado con el uso de la letra ñ, por duplicación fonética de la n al estar junto a una vocal latina breve, contracción del diptongo ĕu y pérdida generalizada de la s, a través del romance castellano altomedieval. Adjetiva al sustantivo ‘Táchira’). || 1. Adjetivo étnico o gentilicio. Natural de la Provincia del Táchira. Término antiguo en desuso. || 2. Perteneciente o relativo a los cuatro cantones (municipios) occidentales de la provincia de Mérida de Venezuela (San Cristóbal, La Grita, Lobatera y San Antonio), entre 1830 y 1856. Adjetivo coloquial con los cuales estos cantones se diferenciaban, por su cualidad y carácter, del resto de los cantones de la provincia (Mérida, Ejido, Bailadores y Timotes), aún cuando el gentilicio de uso común era ‘merideños’ para toda la provincia, y 'meridanos' en el lenguaje culto. || 3. Adjetivo étnico o gentilicio oficial, perteneciente o relativo a la Provincia del Táchira, en Venezuela, entre 1856 y 1864.

Historia (documentada): 31 de julio de 1811: En el preliminar de la Constitución de la Provincia de Mérida de Venezuela, luego de referirse el proceso de independencia de la provincia de la Corona española; inmediata secesión de la provincia de Maracaibo, y entrada como estado autónomo, libre y soberano en la Confederación venezolana, se identifican los extremos geográficos o límites de la provincia al referir «cuyos límites se extienden de Oriente á Poniente desde la Raya de Timotes, hasta el río Táchira [...]»; 4 de marzo de 1848«Yo empeño mucho a usted a fin de que con su influjo haga que todo se calme y se unan los tachireños a nosotros los merideños». Carta de Mons. Juan Hilario Bosset, Obispo de Mérida de Maracaibo, al Pbro. Camilo Otero, párroco de San Antonio del Táchira, cuando la Provincia de Mérida se sublevó contra el gobierno del General José Tadeo Monagas y declaró su separación de la unión venezolana, por los sucesos del asalto al Congreso Nacional, del 24 de enero de 1848 (SILVA OLIVARES, Héctor, “Autonomía territorial, liberalismo y rebeldía en la Provincia de Mérida” en Revista Procesos Históricos, Universidad de Los Andes, N° 9, Mérida, enero 2006, p. 15: “Sumario contra el Reverendo Obispo de esta Diócesis Dr. Juan Hilario Bosset, por conspiración”, f. 107). 21 de marzo de 1848: «Desde antaño había en esta provincia dos partidos eleccionario, uno de los cantones de Oriente de ella o ‘de Mérida’ y el otro del Occidente o ‘del Táchira’, partidos puramente provinciales y nada más, siendo el último siempre el triunfante». Extracto de la Carta de defensa del P. Ciriaco Piñeiro, acusado de participar en el alzamiento contra el gobierno central, luego que el ejército expedicionario enviado por el Presidente Monagas, sometiera a la provincia de Mérida (en CHALBAUD CARDONA, Eloy, Historia de la Universidad de Los Andes, tomo VIII, 1987, pp. 502-504). 1 de julio de 1856. Se oficializa el término «tachireños», al instalarse el primer gobierno de la Provincia del Táchira, presidido por Don Pascual Casanova quien lo utilizó en la primera proclama oficial como Gobernador interino, dirigida a los habitantes de la provincia, el 1ero de julio de 1856 (Libro de instalación de la Provincia del Táchira, Archivo General de Estado Táchira, Libro N° 1, 1856). La provincia, autónoma, había sido creada el 14 de marzo de 1856. 30 de mayo de 1859: «¡Tachireños! Una facción liberticida, que ha osado provocar a duelo la causa de la Legitimidad, amenaza trastornarlo todo y sumirlo de nuevo en el piélago insondable de desventuras y de ignominia en que batallábamos antes del glorioso cinco de marzo. Abusando de la clemencia del gobierno, unos pocos mal aconsejados, levantan en la República el estandarte sangriento de la rebelión, y ciegos de ira, inmolan a su venganza víctimas inocentes, estableciendo como Ley la devastación y el pillaje./¡Tachireños! cuento con vosotros, acudid sin tardanza al llamamiento de la autoridad para salvar el honor de vuestras familias y asegurar vuestros intereses. No tenéis enemigos que combatir en la Provincia porque todos sus habitantes a una se ostentan leales defensores de las instituciones; pero acaso os será preciso llevar vuestras armas redentoras para liberar a vuestros hermanos de otras partes, o para resistir aquella vandálica agresión de los revoltosos, si es que el delirio los induce a venir a buscar en nosotros su escarmiento y su exterminio []». Proclama de Agustín Navarro, Gobernador y Jefe Superior Político del Táchira, a sus habitantes, con motivo de llegar a la Provincia del Táchira las noticias del inicio de la guerra de la Federación (Archivo General del Estado Táchira, tomo XIV, año 1859).





Texto de la proclama del primer Gobernador de la Provincia del Táchira, Don Pascual Casanova a los 'tachireños', el 1ero de julio de 1856. Este hoja se repartió en las calles de la ciudad de San Cristóbal, el 1ero de julio de 1856 y una fue guardada para su archivo y certificada por el primer Secretario General de Gobierno, el Dr. Foción Febres Cordero, padre del ilustre Dr. Tulio Febres Cordero. Libro de la instalación de la Provincia del Táchira, 1856. Archivo General del Estado Táchira (Foto: Abog. Moraima Rodríguez, Archivo General del estado Táchira, 2016).



TACHIRENSE. (Adjetivo étnico o gentilicio y adjetivo denominativo neutro, gentilicio, plural ‘tachirenses’. El término deriva del sustantivo ‘Táchira’ y del sufijo clásico latino o desinencia –ensis, el cual denota relación,  pertenencia, procedencia y adjetiva al sustantivo ‘Táchira’. Es utilizado en ocasiones como sustantivo). || 1. Adjetivo étnico o gentilicio. Natural del Estado Táchira. || 2. Perteneciente o relativo al Estado Táchira. || 3.  Adjetivo étnico o gentilicio oficial del Estado Táchira, desde 1872.

Historia (documentada): 6 de junio de 1862: El Gobernador encargado de la Provincia del Táchira, Dr. Pedro M. Arellano, al lanzar su primera proclama como 'Gobernador sustituto' de la provincia, hace uso del término '¡Tachirenses!' (Periódico Registro Oficial, Caracas, 31 de diciembre de 1862, p. 368); 20 de noviembre de 1872: Se oficializa el término, al quedar especificado en el artículo 10º, del Título  III (De los Derechos y Deberes de los ciudadanos del Táchira) de la Constitución del Estado Táchira, sancionada en la referida fecha. El gentilicio tachirense fue incluido en el Diccionario de la Lengua Española, editado por la Real Academia Española, en 1967 (Boletín de la Real Academia Española, tomo XLVII, mayo-agosto de 1967, Cud. CLXXXI, Madrid, p. 198).  




Texto impreso original de la Constitución del Estado Soberano del Táchira, de 1872, en la cual se hace uso constitucional, por primera vez, en la carta magna del Estado, en el artículo 10°, del gentilicio Tachirenses. Foto: Google Book, 2015.



TACHIRENSIDAD. (Nombre abstracto, femenino, término idiomático castellano como sustantivo abstracto de cualidad. Deriva del  adjetivo denominativo neutro o adjetivo étnico ‘tachirense’, más el sufijo -dad, que procede de la desinencia de origen latino -tas, -ātis la cual modifica al adjetivo étnico o gentilicio, para convertirlo en sustantivo abstracto de cualidad). || 1. Cada uno de los caracteres, naturales o adquiridos, que distinguen a las personas, a los seres vivos en general o a las cosas del Estado Táchira. || 2. Manera de ser de alguien o algo del Estado Táchira. || 3. Cualidad de tachirense. || 4. Carácter de tachirense. || 5.  Sustantivo abstracto de cualidad oficial del Estado Táchira, desde 2001.

Historia (documentada): El término ‘Tachirensidad’, tiene un carácter oficial, al quedar identificado en el texto del Capítulo VI (De los Derechos Educativos y Culturales), sección Segunda, artículos 53º (de la venezolanidad y tachirensidad); 54º (culturas populares constitutivas de la tachirensidad), y 55º (defensa de los valores propios de la tachirensidad), de la Constitución del Estado Táchira, aprobada el 18 de enero de 2001.





TACHIRANIDAD. (Término creado para definir la cualidad y el carácter del ser tachirense. Si se parte de una idea inicial de relacionarlo a partir del sustantivo ‘Táchira’ más el sufijo -dad, que procede de la desinencia de origen latino -tas, -ātis, no sería procedente por cuanto éste no puede modificar al sustantivo dado que la misma es una desinencia cuya terminación sólo permite  modificar adjetivos, para convertirlos en sustantivos abstractos de cualidad. Así, partiendo del principio lógico-sintáctico que establece: sólo pueden ser objeto de definición los conceptos que tienen una estructura interna. En términos ontológicos, se diría que el ente se encuentra en el trasfondo de todo concepto, en consecuencia, todo lo añadido deberá estar contenido en él. La estructura conceptual y etimológica más concordante, según la definición que se le asignó en su momento, al término ‘Tachiranidad’, se correspondería con la palabra ‘Tachirensidad’). || 1. Cada uno de los caracteres, naturales o adquiridos, que distinguen a las personas, a los seres vivos en general o a las cosas del Estado Táchira. || 2. Manera de ser de alguien o algo del Estado Táchira. || 3. Cualidad de tachirense. || 4. Carácter de tachirense.

Historia (documentada): Término aplicado por el abogado e historiador Lucas Guillermo Castillo Lara en su libro «Raíces pobladoras del Táchira: Táriba, Guásimos (Palmira) y Capacho» (1986); el médico y músico tachirense José Humberto Ocariz, en su obra «La Tachiranidad» (1989) y el historiador Rafael María Rosales en «Siempre la Tachiranidad» (1997). Estos autores adoptaron este término, partiendo del empleo de la palabra 'tachirano, na' que se encontró -de forma aislada- en algunos documentos oficiales posteriores a julio de 1856 (en el Archivo General del Estado Táchira), en los cuales se empleó esta palabra para designar a los tachirenses. La misma tiene su origen -luego de la creación de la provincia del Táchira- en una contraposición sociológica del término «meridano», empleado en el lenguaje culto del siglo XIX, para designar a los habitantes de la provincia de Mérida. El mismo fue utilizado por El Libertador en su proclama «a los valerosos Meridanos» de fecha 8 de junio de 1813. En lo gramatical, sí resultaría correcto el procedimiento de derivar -a partir de ese adjetivo étnico o gentilicio- el término ‘tachiranidad' por cuanto el adjetivo étnico tachirano (determinativo de posesión), se puede formar a partir de la unión del sustantivo Táchira más el sufijo latino -ānus (que –por concordancia gramatical-se emplea cuando el sustantivo que califica está en el caso nominativo) y que tiene por significado: procedencia, pertenencia o adscripción. Así, tachirano derivaría del atributo latino tachiranus (que significa, del Táchira).





TACHIRANEIDAD. Concepto filosófico e historiográfico (término del argot de la disciplina de la Historia de las Mentalidades, de la Escuela de los Anales. Definido por su autor como neologismo). || 1. Categorización filosófica e histórica para definir el ser tachirense. || 2. Espacio geomental del tachirense. || 3. Memoria colectiva y mentalidad del ser tachirense. || 4. Relación o juego del mundo de las estructuras y superestructuras tachirenses.

Historia (documentada): Término desarrollado por el Prof. Dr. Pascual Mora (Universidad de Los Andes - Núcleo Táchira) en su obra «Historia Social de la Educación y de las Mentalidades en la Región Andina Venezolana» (2004). Propone la palabra como identificación de la mentalidad tachirense a partir del concepto de acople, empleado en la semiótica; un acoplamiento entre el significante (mentalidad) y el significado (tachiraneidad).   





TACHIRANÍA. (Nombre abstracto, femenino, que deriva a su vez del sustantivo ‘Táchira’, la consonante de unión n [tomada de la figura gramatical fonética que introdujeron los latinos cuando el tema acababa en vocal y la desinencia que le siguía iniciaba en vocal] y el morfema o sufijo del bajo latín o latín tardío ĭa, adoptado del sufijo griego -ία, que permitía declinar un sustantivo según el mismo modelo que los adjetivos, para formar sustantivos abstractos de cualidad. Expresa lo que pertenece a, la dignidad de, la jurisdicción de). || 1. Categorización poético-histórica,  que comprende y define los valores más autóctonos, de honor, dignidad, encomiables y perdurables ontológicos tachirenses. || 2. Dignidad de ser tachirense.

Historia (documentada): Término adoptado por el Prof. Dr. Temístocles Salazar (Universidad de Los Andes - Núcleo Táchira) en su obra «Tachiranía» (2014). Epopeya en verso, que refiere la historia del Táchira, en treinta cantos.





GOCHO, CHA. (Adjetivo coloquial y polisémico [en el caso tachirense y venezolano] que deriva a su vez de una voz onomatopéyica peninsular -documentada desde la Edad Media- de quienes criaban cerdos. En Castilla, llamaban a sus piaras, para alimentarlos, con la voz ‘gocho-gocho’ (Joan Corominas y José Pascual, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Madrid, 1991, sección 11, p. 563). A su vez, los lingüistas explican que 'gocho' era una voz más antigua que derivaba de un sustrato lingüístico prelatino o prerromano ibérico, de la palabra ‘koxo’, cerdo. Pasó primero al euskera o vasco como ‘kotxo[se pronuncia cocho] y está vinculada con la reduplicación kotxi-kotxi[se pronuncia cochi-cochi], para llamar a este animal (MASCARAY SIN, Bienvenido, Iberia y sus étimos, la lingüística de los pueblos iberos prerromanos, 2011). Aún esta voz onomatopéyica se emplea en los caseríos y montañas de Euskalerría o País Vasco, en especial en la región de Guardia o La Guardia de la Sonsierra Navarra [sur de la provincia de Álava, Euskadi]. De allí pasó al castellano y derivó su empleo como sinónimo de cerdo, dando origen etimológico a la palabra cochino’, muy común en el lenguaje tachirense. El término pasó a América en el siglo XVI. En el Estado Táchira, se ha documentado su uso desde el siglo XIX, pero con modificaciones en su significado original). || 1. Arcaísmo lingüístico para señalar a alguien o algo a quien le falta una oreja. || 2. Arcaísmo lingüístico para identificar alguien o algo de Lobatera (Municipio Lobatera – Estado Táchira). || 3. Adjetivo coloquial ambiguo, que puede ser empleado de forma favorable o peyorativa, para designar al tachirense o algo del Estado Táchira. Se utiliza algunas veces como sustantivo. || 4. Término empleado como sinónimo de andino o andina (en Venezuela). || 5. Término empleado en la jerigonza venezolana para identificar al tachirense o algo del Estado Táchira.

Historia (documentada): La primera acepción conocida, hasta el presente, de la palabra «gocho» para identificar a la gente de Lobatera, se encuentra en la novela «Ventisca», del escritor y militar tachirense, Teniente Luis Felipe Prato, publicada en Caracas, en 1953 (y traducida al inglés, en 1965). En la misma, el autor describe la geografía de acción, las correrías y enfrentamientos del General Juan Pablo Peñaloza, en sus invasiones antigomecistas al Táchira, a principios del siglo XX: «Peñaloza está peleando al gobierno en las faldas de El Zumbador, a la altura de Lobatera… Si lo ve, dígale que tenga cuidado con los gochos, pues entre ellos hay mucho godo» (p. 206). Es importante acotar que no se ha encontrado –hasta el presente- documentación alguna en la cual la gente de Lobatera, haya empleado el término «gocho» para identificarse entre sí. 

La segunda acepción, «faltar una oreja», es la única reconocida y empleada aún por la gente de Lobatera y su comunidad histórica (Borotá, Michelena, San Pedro del Río y San Juan de Colón). La documentación más antigua de la misma, fue recogida por el distinguido estudioso del folklore venezolano, Don Rafael Olivares Figueroa (1893-1972), en 1941, en la población de San Juan de Colón, al recopilar el cuento titulado «El caballo gocho», de la serie de cuentos tachirenses conocidos como «Los cuentos de Pedro Rimales».

Asimismo, biógrafos e investigadores culturales, de reconocido renombre como el General Francisco Alvarado (fallecido en 1917), en su obra «Memorias de un tachirense del siglo XIX» o el Profesor Luis Felipe Ramón y Rivera, máximo compilador del folklore tachirense, con detallados trabajos de campo por toda la geografía del Estado, junto a su esposa Isabel Aretz, en la década de los años 50 del siglo XX, no registraron en sus obras el término «gocho». Si bien, clásicos de la literatura tachirense como el Dr. Emilio Constantino Guerrero, en su obra «Diccionario filológico: estudio general sobre el lenguaje venezolano, con referencia al de España y al de otros países de la América Latina», publicada en 1915, refieren el término «gocho», sólo con el significado de: faltarle una oreja, seguido por el Dr. Samuel Darío Maldonado quien, aún cuando no la emplea en el texto de la obra, en un vocabulario anexo al final de la misma, la describe relacionándola -sin explicación, probablemente por similitud en los elementos acústicos de la palabra- con el término «gacho» (cuyo significado original, derivado del verbo agachar, es 'encorvado, inclinado hacia la tierra') y le asigna el mismo significado «Gocho. Gacho, animal o persona a quien le falta una oreja», en su novela «Tierra Nuestra: por el río Caura» (escrita en 1919 y publicada en 1920, p. 499). 

Por igual, escritores de reconocida crítica mordaz contra los regímenes de los generales Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, como lo fueron el tachirense Pedro María Morantes (1865-1918) y el carabobeño José Rafael Pocaterra (1888-1955), no hacen uso de la palabra gocho -en ninguno de sus sentidos- y sí de los términos tachirenses o andinos.

El 30 de enero de 1970, el Dr. Tulio Chiossone (nacido en Rubio, en 1905), se incorpora como miembro numerario de la Academia Nacional de la Lengua, en Caracas. Su trabajo se tituló «El lenguaje erudito, popular y folklórico de los Andes venezolanos» (publicado por la Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, dirigida por el Dr. Ramón J. Velásquez, en el número 69, en 1977). Allí, especifica (p. 145) «GOCHO. Que le falta una oreja. Augusto Malaret y Linsandro Alvarado traen la palabra gocho en esta acepción. Puede suceder que en el Táchira se haya modificado la palabra», y sólo en la definición del vocablo «CHÁCARA/CHÁCARO», especifica «[...] chácaro, que es como nos llaman a los tachirenses en el centro de la República» (p. 123).

De esta forma, sólo se tiene, a partir de la publicación del libro «De Ocumare a Caracas (de uno a otro extremo de Venezuela, 1915-1945)» (Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, Nº 62, en 1969 y reeditado en 1975) del tachirense Nemecio Parada (Capacho, 1886- Caracas, 1975), en el diccionario de términos tachirenses que agrega al final de su obra, la indicación para la palabra «gocho» con los significados específicos de: (a) faltarle una oreja; (b) denominación de la gente de Lobatera, en el siglo XIX; (c) «Pero por extensión en el centro del país se han dado por llamar gochos a la gente del Táchira» (p. 287).

Así, el empleo de la expresión «se han dado», con verbo en el perfecto de indicativo (plural), por parte del autor, podría ayudar a establecer en un período no muy distante de la fecha de publicación del libro (1969) y con anterioridad, cuando el término «gocho» comenzó a generalizarse, fuera del Estado Táchira, para designar o identificar a los tachirenses, en diferentes connotaciones. Primero, a través de la sorna o el chiste soez y posteriormente como expresión de afecto.


No obstante, aproximadamente desde la década de los ochenta del pasado siglo hasta el presente, el uso del término «gocho», en el caso de los habitantes del área capital y centro del país, ha sido progresivamente sustituido en el lenguaje común por el término genérico y fisiográfico de «andino»


Con el engloban y describen -en una economía de palabra- cualquier característica que sea propia del Estado Táchira. Como ejemplo, se presentan las siguientes palabras:  



«pastelitos andinos» por pasteles; «arepas andinas» por arepas de trigo y/o arepas delgadas de maíz; «tradición andina» por tradición del Táchira; «pan andino» por pan aliñado de sal, de dulce, de leche, de mantequilla, de maíz, el azucarado o el endulzado con panela; «papelón andino» por panela tachirense [es importante acotar que el término «pepelón», como superlativo de papel, en el lenguaje castellano coloquial tachirense significa una acción deslucida o ridícula por parte de alguien ante un grupo de personas, ej. Andrés hizo un papelón ante el juez; ¡que papelón hicieron los políticos en el debate!]; «golfeados andinos» por quesadillas con queso, miel o dulce de bocadillo; «hayaca andina» por hayaca tachirense, la cual se caracteriza -a diferencia de otras partes del país- por la preparación conjunta del guiso y la masa, lo cual lleva entre 3 y 4 horas de cocción que unifican y enriquecen su sabor, además de agregársele -entre los aliños- el garbanzo; «pisca andina» por el caldo de papas con huevo y leche, si bien la pisca (caldo en el desayuno tachirense) presenta diferentes variedades como la pisca propiamente (agua, huevo, cebolla de cabeza, cebolla junca, aceite y sal), pisca negra (agua, sal, cebolla de cabeza, cebolla junca y cilantro picado), pisca blanca o caldo de leche, caldo de papas y el caldo cuajado (la clara y la yema del huevo se mezclan por separado, se le agrega cilantro y cebolla junca). Un antiguo verso tachirense de fines del siglo XIX, recopilado por el etnógrafo y compositor Luis Felipe Ramón y Rivera, decía: «Si tuviéramos una olla/un huevo y tantica sal,/hiciéramos una pisca;/pero no hay agua ni hay pan».





A manera de cierre


Sólo, y a través de un discernimiento continuo y en común –no superficial o aislado-  sobre el ser tachirense y sobre su identidad, se podrá abordar en la teoría y en la praxis,  la angustia ontológica del tachirense del presente. 



De ese tachirense que vive inmerso en una especie de maquinaria kafkiana -de los actuales tiempos- que es su día a día, y va errante con una conciencia obnubilada de lo que somos,  sin fe en el ideal que debe dirigir su paso incierto.



Pero también,  de ese tachirense quien, ante el vendaval que le intenta doblegar, levanta en alto los valores ontológicos señeros inmersos en sus orígenes: una cabeza en su lugar, para el correcto pensar; un corazón para tener fe, dar y amar, y unas manos –callosas- para el actuar.






Antiguo Hospital Vargas de San Cristóbal, inaugurado en 1927 sobre el espacio que ocupara la Plaza y alameda de San Pedro, en el extremo más septentrional -en la época- de la ciudad (Foto: Pintura al óleo de Eduardo Carrero, 2009, reproducción con fines didácticos).


___________________________________









© Proyecto Experiencia Arte | Experience Art Project 2012-2017. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de texto y fotografías pertenecen a cada investigador, fotógrafo, grupo o institución mencionada.