lunes, 11 de enero de 2016

San Miguel Arcángel, una talla decimonónica en la Catedral de San Cristóbal (Venezuela) | Saint Michael Archangel, a lifelike painted wooden sculpture from 19th-century (San Cristóbal, Venezuela)







Texto y fotografías: Samir A. Sánchez (2016)



Los silencios y soledades de las naves de la Iglesia Catedral de San Cristóbal -allí donde sin ver a Dios se siente su presencia, como lo musita el vals profano-, sólo se inquietaban con el ruido suave y remiso que provenía de la Plaza Mayor. La risa de los niños en el juego de pelota, la conversa entre callada y alegre de quienes acababan su cotidiana tarea y el marcado paso en el andar rápido, de quien regresa cansado y satisfecho de su labor diaria. Un todo mezclado al atardecer con el aire que se apagaba al caer el día, en una soleada tarde de enero, en aquel extremo urbano conocido como la ciudad vieja de San Cristóbal.


El último destello de un sol, ocultándose en el nadir, cruzaba la puerta sur o de la nave de la Epístola -llamada así, antiguamente, porque junto a la misma se encontraba y se encuentra aún, el púlpito desde el cual los subdiáconos cantaban la epístola en la misa-, y al incidir sobre una talla devocional, de madera, hizo revivir -en parte- su ya desleída policromía.







 La talla policromada



Se desconoce su procedencia, si bien por sus características y detalles de alta elaboración, debió salir de un taller de imaginería sacra española o hispanoamericana, naturalista, de fines del siglo XVIII o de inicios del siglo XIX.


La talla, en madera –probablemente de pino- y sobre una base o peana ochavada, responde a una imagen en bulto redondo, de pie, simétrica en su composición y partes, a la manera clásica. De 1,40 cm de altura aproximadamente, está pintada y barnizada según la antigua técnica de la pintura al óleo en madera con terminación a pulimento o técnica de encarnación a pulimento y luego a mate -para atenuar el escesivo brillo- con lo cual se lograba el color natural de la tez (esta técnica ya no se realiza y sólo es desarrollada por especialistas o expertos en procesos de restauración de obras antiguas). Por igual, y evaluadas las proporciones, longitudes y dimensiones, el maestro que la talló demostró poseer -en esta obra- un acertado conocimiento de la anatomía humana.


Por su tamaño, debió estar ubicada u ocupar un importante lugar en los espacios y ceremonias de la Catedral, especialmente en algún retablo o como paso procesional.


De estilo realista y acentuado dramatismo, resulta una combinación perfecta entre la serenidad del realismo clásico y la expresividad del barroco. Posee una postura dinámica en acción de cometer un combate escatológico. La pierna derecha se adelanta hacia el observador y el rostro, adusto, sereno e inexpresivo –cual escultura del arte griego y romano clásico-, está ligeramente ladeado hacia la izquierda.


El personaje, alado (con talladas y elaboradas plumas de tipo rémiges o directrices y plumón), viste como general en jefe -de caballería- de las legiones romanas: torso revestido con una coraza conformada por peto escamado -lorica squamata- y espaldar –pectoris munimen-, que finaliza en especie de tiras o flecos del tipo loriga -lorica ferrea-, sobre una clámide azul celeste; ciñe la cintura una banda roja carmesí, símbolo del rango militar romano de general (cumpliendo a su vez la función de cingulum o cinturón porta espada, un derivado del balteus o cinturón de los legionarios, en cuero para portar el gladio o gladius) y un amplio y ondulado manto o capa -rojo carmesí- cae tras su espalda. Sus piernas están recubiertas por unas calzas legionarias –caligas- con polainas de cuero –ocrea- rematadas a su vez por un paño del mismo color que la clámide.


Su mano derecha, alzada, blande una espada en ristre, que originalmente tuvo que ser un gladio o gladiolo –gladius- (espada corta, propia de los legionarios romanos) lo cual se induce por la forma y tamaño de la funda o vaina que lleva pendiente la imagen, al lado izquierdo del cinto. Con la otra mano –la izquierda- sostiene un macizo escudo circular decorado con cruz maltesa y detallados roleos vegetales. Este escudo es un derivado del scutum rectangular de las antiguas legiones de Roma, que proveía de defensa al soldado contra las armas del enemigo.                 


Pisa con firmeza el cuerpo postrado de un monstruo fabuloso, alado, en forma de un reptil que muestra sus fauces.


Sobre el estado del soporte leñoso de la imagen, por observación simple, aparenta no haber sufrido ataque de xilófagos, por lo que se encuentra en buen estado de conservación, a pesar de su antigüedad. La superficie de la talla presenta determinadas zonas de desgaste y de roces con pérdida parcial  de la capa cromática o por decoloración. Se aprecia por igual que la hoja de la espada debió ser sustituida por otra de menor calidad artística.


Conserva, para conocimiento del patrimonio escultórico tachirense, la pátina y policromía original, pudiéndose observar en el color –un tanto desleído- de las carnaciones, de los ropajes, de las alas replegadas, de probables capas de veladuras y de una fina capa de protección barnizada, la belleza intacta dada por el maestro escultor a fines del siglo XVIII o inicios del siglo XIX, constituyéndose de por sí  como una talla de manufactura excepcional.

 





San Miguel Arcángel «Quis ut Deus?»



Esta imagen, identificada a partir de sus atributos, responde a la personificación de San Miguel Arcángel. Su nombre es descrito en las sagradas escrituras, en el libro del profeta Daniel, como uno de los primeros ángeles al servicio del Altísimo y el gran jefe que defiende a los hijos del pueblo de Dios (Dan. 10,13-21). Miguel, en hebreo, significa « ¿quién como Dios?» (מיכאל, mi-en forma interrogativa o inquisitiva/ka/el), siendo reconocido por igual tanto en la tradición judía como cristiana. Figura como jefe de los ángeles (Dan. 12,1) y como ángel guardián de Israel. Por igual, es en el libro del Apocalipsis (12, 7-9), donde se encuentra el relato de un combate escatológico, de una batalla en el cielo entre el bien y el mal donde Miguel y sus milicias celestiales derrotaron al arcángel rebelde Lucifer y a sus seguidores, a quienes arrojaron al infierno o averno. Este último ha sido representado en la iconografía cristiana tradicional –siguiendo el relato apocalíptico- en la forma de un dragón o de una serpiente monstruosa, símbolo del mal y de la muerte.

«7 Et factum est proelium in caelo, Michael et angeli eius, ut proeliarentur cum dracone. Et draco pugnavit et angeli eius,/ 8 et non valuit, neque locus inventus est eorum amplius in caelo. /9 Et proiectus est draco ille magnus, serpens antiquus, qui vocatur Diabolus et Satanas, qui seducit universum orbem; proiectus est in terram, et angeli eius cum illo proiecti sunt» (Apocalypsis Ioannis, Nova Vulgata, Bibliorum Sacrorum Editio, Editio Typica, 2016).



Su historia



En lo documental, la talla de San Miguel Arcángel que se conserva en la Iglesia Catedral de San Cristóbal, es registrada -por primera vez- en el «Inventario formal de los enseres y alhajas pertenecientes a esta Santa Iglesia Parroquial. Ordenado por el Pbro. Ignacio Buytrago, Cura y Vicario Capitular de esta Villa de San Cristóbal en el año de 1839» (Archivo Histórico de la Diócesis de San Cristóbal, en Gilberto SANTANDER RAMIREZ, Historia Eclesiástica del Táchira, tomo II, San Cristóbal, 1986, p. 926).


La imagen formaba parte del imponente –y ya desaparecido- retablo escultórico barroco del altar mayor de la iglesia parroquial de la Villa de San Cristóbal de mediados del siglo XVIII, el cual el mismo inventario describe como: 


«Retablo en madera de tres cuerpos, todo dorado y charolado de encarnado, algo raído: el primer cuerpo tiene cuatro nichos y en ellos se hayan las efigies en bulto de San Cristóbal, la Inmaculada Concepción, San José y San Sebastián [] el segundo cuerpo se compone de cinco nichos con velos de genero encarnados de algodón, en los cuales se hayan colocadas las efigies de Santa Rosa de Lima, Santa Lucia, Nuestra Señora del Rosario, San Miguel Arcángel de bulto reformado, tiene a los pies el dragón, la espada de madera y San Benito []».







En otro inventario, de 1847, realizado igualmente por el Padre Ignacio Buitrago, el retablo del altar mayor era tasado en ochocientos quince pesos y agrupa las imágenes del segundo cuerpo o nivel en ciento sesenta pesos (Archivo Municipal de la ciudad de San Cristóbal, Documentos, 1847, en J.J. VILLAMIZAR MOLINA, Páginas de Historia del Táchira, Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, Nº 56, Caracas, 1972, p. 132). 

El retablo que albergó en sus orígenes la talla de San Miguel Arcángel, quedó muy afectado luego del terremoto de 1875, por lo cual, las autoridades eclesiásticas de la época, dispusieron su desmantelamiento y sustitución por uno en mampostería.

Como relictus evocativo del antiguo retablo de la parroquial de la Villa de San Cristóbal, en la reedificación y remodelación de la Iglesia Catedral, realizada entre 1960 y 1961 con ocasión del cuatricentenario de la ciudad (1561-1961), el arquitecto-director Graziano Gasparini, realizó el diseño de la actual fachada tipo retablo de la Catedral -en granito martillado-, tomando como modelo la fachada retablo de la Iglesia de San Sebasatián Mártir -en ladrillo macizo- en la población de San Sebastián de los Reyes (Estado Aragua, Venezuela), el cual data del siglo XVIII (entre 1780 y 1785).






Patrimonio cultural tangible de la Nación… ¿por cuánto tiempo?



Admiración por el arte hecho memoria y perfección en madera –que nos hace evocar a Friedrich von Schiller en su ideal romántico de considerar la belleza artística clásica como el objetivo fundamental de la educación del ser humano- e interrogantes, son las impresiones que permanecen en nuestros sentidos luego de apartarnos de aquella talla, disipada de nuevo entre el silencio y la soledad del templo.


Cómo sobrevivió y sobrevive esta imagen devocional del barroco hispanoamericano al paso del tiempo y sus vicisitudes –espirituales y temporales-, como único testigo que nos habla de aquel imponente y aniquilado retablo dorado del altar mayor de la parroquial de San Cristóbal.


Cómo ha resistido -de manera enhiesta- los embates de la incuria en una sociedad que no se interesa en conocer y en consecuencia, no es sensible en reconocer el valor del patrimonio o la herencia cultural como legado transmitido por las generaciones que le precedieron, o por cuánto tiempo preservará y conservará su aspecto original, librándose de la improvisación y el esnob de repintes toscos o industriales –solución, en muchos casos rápida y económica que obvia el significado preciso de palabras como artesano, paciencia, detalle, minuciosidad, conservación y restauración- al no respetar –en ese estado original- la impronta dada por aquel autor quien en sus creencias y en su época dio lo mejor de sí mismo para crear esta clase de obras de arte, son todas ellas interrogantes que quedan como planteamiento para inquietud del lector y para incidir en el ánimo de todo aquel que llegue a preocuparse por conocer, velar, proteger y salvaguardar esta –y toda- irrepetible huella del arte tachirense de todos los tiempos.


Nota: Esta talla decimonónica de San Miguel Arcángel, como patrimonio, es Bien de Interés Cultural de la Nación incorporado al Catálogo del Patrimonio Cultural de Venezuela 2004-2007/TA 23/p. 19, según Resolución N° 003-2005, del Instituto del Patrimonio Cultural, publicado en la Gaceta Oficial N° 38.234 de fecha 20 de febrero de 2005.




Iglesia Catedral de San Cristóbal. Edificada en 1561, fue reconstruida y remodelada en 1961 con ocasión del año cuatricentenario de la fundación de la ciudad (Foto: Oficina de Prensa de la Diócesis de San Cristóbal, reproducción con fines didácticos, 2016).





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