jueves, 21 de agosto de 2014

Escudo de Armas de la ciudad de San Cristóbal, heráldica, historia y poesía | Heraldic Coat of Arms of San Cristóbal from History and Poetry




Praefatio ad Lectorem
Es fama, y a lo que parece la fama esta vez es cierta, que la ciudad de San Cristóbal fue la más aguerrida defensora de sus fueros y libertades ciudadanas, entre todas las villas y ciudades del Nuevo Reino de Granada y Capitanía General de Venezuela. Todo ello, enraizado en el empeño personal de su fundador el Capitán Juan Maldonado y Ordóñez de Villaquirán, de hacerla libre y exenta –desde sus mismos orígenes en 1561- de cualquier otra jurisdicción, foránea, actuando aún en contra de las provisiones que tenía del Cabildo, Justicia y Regimiento de la ciudad de la Nueva Pamplona y de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá. Así, el 1ero de enero de 1562 -siguiendo los viejos fueros castellanos en anteposición de las disposiciones reales- hicieron elección y eligieron a sus alcaldes y regidores de república cadañera. 
Por ello, consideramos oportuno traer a la memoria una vez más el origen de la ciudad de San Cristóbal (capital del Estado Táchira en Venezuela) desde una perspectiva histórica resumida en los blasones de su escudo de armas, el escudo del Cuatricentenario. Y recordar –desde el más estricto significado etimológico, el re-cordis, lo que vuelve a pasar por el corazón- algo que parece haberse difuminado de la agenda de sus ciudadanos: que San Cristóbal es la ciudad del encuentro y de la hospitalidad, metrópolis-simbiosis de la cultura occidental y autóctona, es humanidad –el primero de los bienes ciudadanos- en medio del majestuoso paisaje de la cordillera.    

Imágenes y palabras
Intentar desentrañar el sentido de cada una de las imágenes-símbolos presentes en el Escudo de Armas de la ciudad de San Cristóbal, considerándolos en un todo como testimonio y huella de la ciudad, resultaría en un esfuerzo vano si no se entendiese por igual el espíritu de la obra -palabras- de su creador, el Dr. Aurelio Ferrero Tamayo (1918-2004).
La biografía del Dr. Aurelio Ferrero Tamayo, uno de los más nobles hijos de la Villa de San Cristóbal, junto a la de su hermano el Ing. Rafael Ferrero Tamayo –propulsor del nuevo urbanismo de la ciudad- es ampliamente conocida.
En el presente ensayo, le queremos evocar como el historiador y especialista en heráldica quien -desde un mundo de fábula y ternura- amó, cuidó y escribió la historia de aquella «Comarca de la Niebla» que cantaran los poetas. No en vano, en la semántica del lenguaje de la Montaña, «niebla» es a la vez sinónimo de ilusión y de recuerdo.
Antología poética para entender un  Escudo de Armas
De la riqueza de valores de todo orden que se mueve en la obra del Dr. Aurelio Ferrero Tamayo, resalta aquel de dar vida literaria a los duros documentos históricos. Uno de sus trabajos en glosa, «Torre de Niebla» (1961) viene a resultar un marco ideal –quizá alegórico, quizá didáctico- por medio del cual se obtiene el ensamble adecuado entre la memoria urbana de la Villa de San Cristóbal y su escudo de armas.
«El viento de la sabana es un personaje de la ciudad que no han cantado los cronistas./Puede pasar por donde quiere pero sus sitios favoritos son el atrio y la Plaza de la Catedral, y la esquina del Parque Sucre donde campean dos leones de piedra, en cuyas bocas hacen a veces sus casas las avispas./Quien dude de la preferencia del viento, que trate de abrir las ventanas en la Casa de Gobierno, o de permanecer descubierto frente a la puerta mayor de la Catedral./El viento es un testigo del Valle de Santiago cuando era apenas una "sabana alta y despoblada". Había allí muy poco boscaje y el arcabuco no era espeso. Oyó la canción del Tormes cuando era río de verdad y la de la corriente de aguas rojas que todavía no se llamaba Bermeja. Se perfumó al pasar con aroma de guanábanas y plátanos, y despeinó las barbas del maíz de los indios. Era pues ya veterano cuando aparecieron las barbas de los conquistadores con blasones de lis./Muchas veces oyó y sigue oyendo los besos de agua que dan las quebradas en las piedras, ayudó al vuelo de los pájaros, y en las noches para asustar a niños o para poner melancólicos a los hombres aulló entre las calles, o se paseó como un fantasma por todos los caminos./El viento fue aliado de los indios chinatos y el lanzar de sus saetas, y con la mayor irreverencia hizo arder muchas veces la pequeña iglesia de la Villa./De antorcha espiritual pasó muchas veces a ser antorcha cierta, y desde las lomas del Valle y por sobre sus muros de tapias se veía aparecer y desaparecer como luz de fanal desesperado./Hace mucho que no se oye la canción del viento. La desaparición de las ventanas de madera que eran las cuerdas de su guitarra rústica le ha hecho cambiar sus tonos de lamento. Tiene mucho tiempo ensayando en las duras cornisas y remates pero no encuentra notas ni paz. Añora los viejos aleros y sólo se confía a las tejas amigas de la lluvia y de los musgos./Las pruebas contra el viento tendrán que ser de canto para que no se las lleve. Pero para hacerle homenaje también las tenemos “al canto”».
           Aurelio Ferrero Tamayo, Torre de Niebla (1961)

Escudo de Armas de la ciudad de San Cristóbal (dibujo o diseño oficial para uso institucional de la Municipalidad y organismo de carácter municipal autorizados. Aprobado por el Concejo Municipal del Distrito San Cristóbal en plenaria del 5 de noviembre de 1956). Su uso exclusivo corresponde a la Alcaldía y Concejo Municipal, como bien de dominio público, y constituye un signo iconográfico representativo de la ciudad de San Cristóbal y su jurisdicción municipal. Las normas que rigen el uso se encuentran especificadas en la Ordenanza Municipal sobre el Escudo de San Cristóbal, de fecha 30 de noviembre de 1966 y su modificación de 26 de noviembre de 1975.   



Descripción (según la disciplina heráldica) del Escudo de Armas de la ciudad de San Cristóbal    
El Escudo de Armas de la ciudad de San Cristóbal es de forma español, cortado. En jefe o superior, sobre campo de oro, la imagen en busto y en sus colores naturales de San Sebastián mártir, con nimbo blanco y asaeteado. En punta o inferior, sobre campo de gules o rojo, cinco flores de lis francesas, de plata, dispuestas en aspa o sotuer. En su contorno, bordura lisa de azur o azul. Al timbre, corona mural, que es un círculo de oro, compuesto de muralla y cuatro torreones, almenados, aclarados de gules o rojo y mazonados de sable o negro. La corona está forrada en gules o rojo. Por divisa, en filacteria o cinta flotante, de gules o rojo al pie, en caracteres unciales romano-medievales [en su variante Gothica textura prescissa] de plata, la expresión «armas de san cristóbal».
Simbolismo
San Sebastián. Sobre campo de oro, representación de lo santificado o consagrado a Dios, destaca la figura del militar y mártir romano de la fe, símbolo del heroísmo estoico (que en escudo original fue dibujado por el eximio artista Pedro Centeno Vallenilla). Es el santo patrono de la Villa de San Cristóbal, desde mediados del siglo XVII y su patronazgo está documentado desde 1664. El mismo parte de la siguiente relación:  

«En la Villa de San Cristóbal, en ocho de diciembre de mil y seiscientos y sesenta y cuatro años, el Señor Bachiller Don Nicolás de Menis Ortiz, Presbítero Juez, en conformidad de su comisión, fue a la iglesia parroquial de esta Villa, en la cual halló juntos y congregados al mayor concurso de feligreses, para llevar la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Táriba a su ermita, que se hizo en la forma y manera siguiente: salió la Santa Cruz de dicha parroquia en forma de procesión con las advocaciones del Bienaventurado Mártir San Sebastián y la advocación de Nuestra Señora de la Concepción que son de dicha santa iglesia parroquial» (documentos nexos a la Relación Auténtica en CAMPO DEL POZO, Fernando, OSA, La Virgen de la Consolación de Táriba, editorial Revista Agustiniana, colección Hagiografía, N° 9, Madrid, 2001, pp. 93-94). 
Armas de la Casa de Maldonado. Las cinco flores de lis en campo de gules representan el histórico blasón de la familia paterna y casa solariega del fundador de la ciudad de San Cristóbal, el Capitán y Adelantado Juan Maldonado y Ordóñez de Villaquirán (1525-1572). Este blasón se encontraba labrado en piedra armera sobre el portal de entrada de la casa, que se ubicó en la calle de Caldereros o Cal de Caldereros (en el lenguaje salmantino), próxima a la plaza y parroquial de San Cristóbal, en las inmediaciones de las vegas del río Tormes, en la ciudad de Salamanca (España). La casa fue derribada a fines del siglo XIX. 

Las flores de lis, responden a una forma o diseño francés por cuanto el origen de las mismas se remonta a su vez al origen legendario del apellido Maldonado, en el siglo XI. El caballero gallego Nuño Pérez de Aldana ganó un duelo de lance, al Duque de Normandía y sobrino del rey francés Felipe Augusto, cuando lo derriba y con su lanza guarnecida le arrebata parte del ropaje del Duque que estaba bordado con las flores de lis de la Casa Real de Francia. Por concesión del mismo rey francés, en el campo de duelo, Aldana obtuvo el privilegio de utilizarlas en su escudo de armas si bien -relata la leyenda- el Duque de Normandía, derrotado y en voz baja, dijo: «C'est mal doné-Son mal donadas o dadas», expresión que daría origen del apellido castellano Maldonado, el cual continuó utilizando Aldana y sus herederos.





Capitán, Adelantado y Maestre de Campo, Juan Maldonado y Ordóñez de Villaquirán (El Barco de Ávila, antigua provincia de Salamanca, 1525 - Pamplona, Nuevo Reino de Granada, 1572). Fundador de la ciudad de San Cristóbal (Estado Táchira - Venezuela), el 31 de marzo de 1561. Óleo del reconocido pintor español Antonio Solis Ávila, realizado por encargo de la Junta del Cuatricentenario, en especial por uno de sus miembros, el Dr. Aurelio Ferrero Tamayo, con la colaboración del historiador Dr. Ramón Maldonado y Cocat, en 1960, para ser entregado al Concejo Municipal de San Cristóbal, en las celebraciones del Cuatricentenario de la ciudad, en 1961. Esta obra fue restaurada por iniciativa del Cronista de la ciudad Dr. Luis Hernández Contreras con la colaboración de la Municipalidad y de dos mecenas del arte tachirense, el Dr. Arturo Branger y el Ing. Fernando Moreno, en enero de 2016. El trabajo de restauración fue realizado por el especialista tachirense Homero Parra (Foto: Dr. Luis Hernández Contreras, 2016).

Bordura azur o azul. El marco de honor que contiene los blasones del escudo, todo de azur o azul, simboliza el espacio celeste de la ciudad de San Cristóbal. Está inspirado el referido color en la expresión que escribiera el cronista Fray Pedro de Aguado, OFM, en 1569 al describir como la Villa de San Cristóbal «es de alegre cielo y apacible temple» (Recopilación Historial de Venezuela, tomo II, p. 471). Por igual, en 1968, al declararse por la Municipalidad como himno oficial de la ciudad de San Cristóbal, la marcha compuesta por el Maestro Marco Antonio Rivera Useche, titulada: ¡Salud, San Cristóbal!, en la estrofa VI, al finalizar, el autor evocó y definió ese prístino cielo sancristobalense: «¡Que viva San Cristóbal!/y su cielo siempre azul/y sus paisajes que arroban/por su belleza y eterna juventud».
Corona mural. Desde la Edad Media, en heráldica, la corona mural era el símbolo que indicaba la pertenencia de un escudo a una ciudad o villa. En el escudo sancristobalense, es símbolo de las preeminencias, las libertades cívicas y los fueros municipales de la ciudad de San Cristóbal que, por voluntad expresa de su fundador, le son propios desde el 31 de marzo de 1561. Su origen heráldico-medieval ya se encuentra en el Libro del Fuero de las Leyes o Código de las Siete Partidas, atribuido a Alfonso X El Sabio (1252-1284, Rey de Castilla y León). En la Ley 6ª, título XXXIII, Partida 7ª, se especificaba: «Es çibdad (ciudad) todo aquel lugar que es çerrado de los muros con los arrabales et los edificios que se tiene con ellos».
Por igual, la corona mural se inspiró en la figura de la vieja tapiería de la Villa: el Fuerte de Tapias de 1561, primera construcción sólida de la futura urbe, producto de la colaboración y del esfuerzo social mancomunado de soldados, aborígenes y familias fundadoras: 

«y así de común consentimiento lo pusieron por la obra, y trabajando todos en esto por su propio esfuerzo en pocos días cercaron dos solares en cuadra de dos tapias en alto y las hicieron y pusieron su puerta» (Recopilación Historial de Venezuela, tomo II, p. 457).
Cada uno de los torreones almenados es la representación simbólica de las cuatro divisiones antiguas o históricas urbanas (actuales parroquias civiles) de la ciudad de San Cristóbal: San Sebastián (desde 1561, Matriz o Catedral y Guzmán), San Juan Bautista (desde 1856, La Ermita, San Pedro, Las Cuadras, Bella Vista y Llano de Luna), Pedro María Morantes (Desde 1940, San Pedro de la Romera, San Carlos, Piedra Gorda, Barrio Obrero y Los Pirineos) y La Concordia (Desde 1940, La Sabana).
Divisa. Es una sentencia de tipo parlante, por cuanto define –de forma explícita- la representación del escudo de armas como los blasones de la ciudad de San Cristóbal.    

Así, la descripción con la simbología integrada, quedaría conformada por:


El Escudo de Armas de la ciudad de San Cristóbal es de forma español, cortado. En jefe o superior, sobre campo de oro, la imagen en busto y en sus colores naturales de San Sebastián mártir, con nimbo blanco y asaeteado; representación del santo patrono de la ciudad, desde el siglo XVII. En punta o inferior, sobre campo de gules o rojo, cinco flores de lis francesas, de plata, dispuestas en aspa o sotuer; representación y blasón del apellido paterno del fundador de la ciudad, el Capitán y Adelantado Juan Maldonado y Ordóñez de Villaquirán, el 31 de marzo de 1561. En su contorno, bordura lisa de azur o azul; representación del lema que le asignara a la ciudad el primer cronista Fr. Pedro de Aguado, OFM en 1569 al describirla como 'Villa de alegre cielo y apacible temple'. Al timbre, corona mural, que es un círculo de oro, compuesto de muralla y cuatro torreones, almenados, aclarados de gules o rojo y mazonados de sable o negro. La corona está forrada en gules o rojo; como corona cívica, es símbolo de las libertades y preeminencias ciudadanas y de la primera construcción de la Villa: el Fuerte de Tapias. Por divisa, en filacteria o cinta flotante, de gules o rojo al pie, en caracteres unciales romano-medievales [en su variante Gothica textura prescissa] de plata, la expresión «Armas de San Cristóbal». 
Breve historia de los orígenes del Escudo de Armas de la ciudad de San Cristóbal
El escudo -en las propias palabras de su autor, es de una sencillez salida de las mismas entrañas pedregosas y centenarias de la ciudad- fue concebido por el Dr. Aurelio Ferrero Tamayo en el mes de enero de 1956, motivado por la proximidad de la conmemoración del Año Cuatricentenario de la fundación de San Cristóbal (que tendría lugar en marzo de 1961). La ciudad carecía de escudo de armas o por lo menos, no se contaba con noticias o registros históricos de haber tenido uno propio.
El 25 de mayo de 1956, presenta y expone su proyecto ante el Centro de Historia del Táchira (actual Academia de Historia del Táchira, desde 1991), del cual era Individuo de número. El Centro, para la época, estaba presidido por Monseñor José Edmundo Vivas.
En fecha inmediata posterior, el proyecto de escudo fue entregado al Ilustre Concejo Municipal del Distrito San Cristóbal (en la actualidad con la denominación de Municipio) por el Centro de Historia, recomendando a su vez la aprobación de la cámara edilicia, en los siguientes términos: «a objeto de que en el Cuatricentenario pueda mostrarse en los cuarteles, campos bordura y timbre de la heráldica simbología, cómo esta San Cristóbal del corazón cuida y preserva lo que es inmanente gloria de su heredad» (propuesta del Individuo de Número Don Rafael María Rosales, Boletín del Centro de Historia del Táchira, agosto de 1956, Nº 15, p. 2).  




Escudo de Armas de la ciudad de San Cristóbal, según el diseño oficial, en formato para papelería, uso escolar y universitario (Foto: Sigrid Márquez Poleo, 2014).


El 5 de noviembre de 1956, el pleno de la Municipalidad del Distrito San Cristóbal, presidido por Don Pablo A. Suárez, acordó adoptar como Escudo Oficial de Armas de la ciudad de San Cristóbal, el proyecto concebido por el Dr. Aurelio Ferrero Tamayo a quien la Cámara reconoció en su acuerdo como «preocupado y distinguido intelectual tachirense» (Acuerdo de la Municipalidad de San Cristóbal de 21 de noviembre de 1956, cuarto considerando). Por igual se declaró oficial el dibujo del escudo de armas  -en adjunto al proyecto- realizado por los artistas Eduardo Ginés Rodríguez (quien trazó el campo inferior o de la punta, bordura, timbre y divisa) y Pedro Centeno Vallenilla (destacado pintor a quien el Dr. Ferrero Tamayo le encargó un nuevo dibujo de la efigie de San Sebastián).




Y el Escudo quedó en bronce y plata 

Es importante destacar que del escudo de la ciudad se fundieron varias versiones en bronce, plata y metal sobredorado –hechos con arte, en una época cuando se pensaba que el sentido de pertenencia a una ciudad quedaba por igual escrito en los ángulos ochavados de sus calles, en las rejas de sus ventanales, en las astas de las banderas o en el desplegar de sus símbolos- siendo las representaciones más sobresalientes la ubicada sobre una pared cubierta de mármol nacional, en la entrada o vestíbulo del otrora Hotel El Tamá (obra realizada y fundida por el célebre orfebre catalán David Vallmitjana, 1903-1985); el de la puerta de ingreso al antiguo Salón de Sesiones del Concejo Municipal de San Cristóbal y el del monumento de bienvenida a la urbe (ya desaparecido), que se encontraba en la antigua entrada norte de la ciudad (o por Táriba), junto al puente colgante Libertador.


El pendón de la Villa de San Cristóbal
El trabajo del Dr. Aurelio Ferrero Tamayo no finalizó con  el legado de un símbolo para la ciudad. Por igual, lo soñó según las antiguas costumbres y usanzas de las ciudades y pueblos de Castilla y América. Para ello -y de su propia cuenta- encargó en la ciudad de Barcelona (Cataluña–España) la confección en tafetán amarillo, de seda, de un Pendón o Estandarte, sobre el cual experimentados artesanos, siguiendo las mismas técnicas que sus antepasados de la Edad Media, bordaron finamente las Armas de San Cristóbal.


Con anterioridad, el Dr. Ferrero Tamayo ya había encontrado una primera referencia al Pendón de la Villa. Para 1630, el Rey Felipe IV  daba el cargo de Alférez Real del Cabildo, Justicia  y Regimiento de la Villa de San Cristóbal a Don Gerónimo de Colmenares, en los siguientes términos: «Mando al Concejo, Justicia y Regimiento de la dicha Villa de San Cristóbal que por razones de ser Regidor llevares y saquéis, llevéis y alcéis el Pendón de la dicha Villa al tiempo que se alzare por mi o por los señores Reyes que después de mi sucedieren y en los otros días que se suelen y acostumbran sacar» (Archivo General de la Nación, Bogotá, sección Santa Fe, 536, tomo XII).  
Luego de más de trescientos años del anterior acontecimiento, el 31 de marzo de 1960 en emotivo y solemne acto, el Dr. Ferrero Tamayo donaba a la Municipalidad el nuevo Pendón con las armas de la ciudad, siendo llevado y alzado por el Presidente del Concejo Municipal, al presidir el antiguo «Desfile de la Ciudad», ante un aproximado de treinta mil personas reunidas para el inicio de las celebraciones del Año Cuatricentenario de la fundación de la ciudad de San Cristóbal.
Una vez más, luego de atisbar con visión de arqueólogo los anteriores fragmentos de la memoria urbana, se concluye que el Cuatricentenario representó un motivo profundamente movilizador de sueños, empresas y proyectos por una ciudad de San Cristóbal metropolitana, histórica y moderna, humana, funcional y fronteriza los cuales -si bien resultaron utópicos- aún siguen poblando el imaginario y las esperanzas de todos sus ciudadanos. 
Estampilla de circulación nacional, conmemorativa del IV Centenario de la fundación de la ciudad de San Cristóbal (Foto: Archivo filatélico del Ministerio de Hacienda, Caracas, 1969, reproducción con fines didácticos).


Nota: El Escudo de Armas de la ciudad de San Cristóbal, como patrimonio simbólico, es Bien de Interés Cultural de la Nación incorporado al Catálogo del Patrimonio Cultural de Venezuela 2004-2007/TA 23/p. 102, según Resolución N° 003-2005, del Instituto del Patrimonio Cultural, publicado en la Gaceta Oficial N° 38.234 de fecha 20 de febrero de 2005.
Bibliografía
AGUADO, Fray Pedro de, Recopilación Historial de Venezuela, Academia Nacional de la Historia, tomo II, Caracas, 1963; CAMPO DEL POZO, Fernando, OSA, La Virgen de la Consolación de Táriba, editorial Revista Agustiniana, colección Hagiografía, N° 9, Madrid, 2001, pp. 93-94; FERRERO TAMAYO, Aurelio, “Escudo de Armas para San Cristóbal” en Boletín del Centro de Historia del Táchira, agosto de 1956, año V, Nº 15, San Cristóbal, pp. 1-4; Juan Maldonado y Ordóñez de Villaquirán, Fundador de San Cristóbal en Venezuela, Publicaciones del Grupo Juan Maldonado y el Banco de Maracaibo, San Cristóbal, 1960; Torre de Niebla, Colección “Manuel Felipe Rugeles”, Nº 6, San Cristóbal, 1961; El Escudo de Armas de la ciudad de San Cristóbal y el patronato de San Sebastián, San Cristóbal, 1988, pp. 5-6; "Los Colmenares y la Virgen de Táriba", en Boletín de la Academia de Historia del Táchira, segunda época N°4, San Cristóbal, junio de 1994, p. 63-68; CÁRDENAS BECERRA, Horacio, “San Cristóbal de ayer y de hoy” en Revista Shell, Marzo de 1961, Año X, Nº 38, Caracas, edición trimestral de la Compañía Shell de Venezuela, Director: Guillermo Morón y fotos de Leo Matiz; Filatelia venezolana (folleto), publicaciones del Ministerio de Hacienda, Caracas, 1969; SÁNCHEZ, Samir, San Cristóbal Urbs quadrata, el hecho histórico urbano de una villa venezolana en el período hispano, Universidad Católica del Táchira, San Cristóbal, 2003. Universidad Católica Andrés Bello, Saber UCAB, Repertorio institucional de la Universidad Cat{olica Andrés Bello, Caracas. Fotografía de Luis Noguera, San Cristóbal, 30 de noviembre de 1960. Entrada principal al Hotel El Tamá, Escudo de Armas de la ciudad de San Cristóbal, en bronce y plata (reproducción con fines didácticos).

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Créditos  de fotografía | Credit: Images courtesy of  

Proyecto ExpArt quiere dar las gracias a los amigos e instituciones por permitir la reproducción de sus fotografías con lo cual han contribuido a la realización del presente estudio.



Leo Matiz 
Sigrid Márquez Poleo
Cristhina Zambrano de Roa
Luis Noguera
Universidad Católica Andrés Bello (Caracas)


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