lunes, 18 de mayo de 2015

Palacio de los Leones de San Cristóbal: una historia en blanco y negro | The Palace of the Lions, Tachiran History in Black & White








Sumario

1. El déspota civilizador; 2. El Parque Sucre, antesala romántica del palacio; 3. El Capitolio de San Cristóbal; 4. El Palacio de los Leones, el arte en albañilería maciza; 5. Los leones del palacio; 6. Finis coronat opus; Bibliografía.



Presentación


Desde el mar de la memoria tachirense, rodeado por un océano de olvido, emerge la fecha del 16 de julio de 1925. A la hora del antiguo toque del alba, cuando las campanas de Catedral y de La Ermita repicaban casi a rebato, anunciando el inicio de la festividad del Carmen, un cuidado automóvil marca Ford, cruzó por frente de la edificación -en obras- del Palacio Municipal de San Cristóbal. Con voz de imperio, aún desde su ocaso,  una voz emergió de las sombras del puesto trasero, y se dirigió al conductor: «¡deténgase!».


Con mirada escrutadora, los ojos del pasajero recorrieron muros y altillos; arcadas y ventanas; ornamentos y esculturas, y evaluó por igual la resistencia de las agujas o cuñas de madera que aún sostenían los encofrados de tapiales y mampostería. En tono bajo y lento musitar, se le oyó decir: «¡Umjú!, lo hecho, hecho queda», para luego retomar la voz de mando con la expresión: ¡Siga!». El último «siga»; un siga sin retorno.


Así, hace noventa años, desaparecía para siempre de la escena pública tachirense, la contradictoria figura del General Eustoquio Gómez.


A cien años de la inauguración del Parque Sucre y noventa años de los trabajos externos del Palacio de los Leones, se sigue reconociendo la obra material creada en esa época como patrimonio cultural, como un legado de nuestros antepasados.


Por ello, impera la obligación de profundizar en la historia y en el arte de lo edificado. De esta forma, las nuevas generaciones de tachirenses no olvidarán ese pasado –con sus matices blancos y negros- y por igual, tendrán la oportunidad de contemplar -in splendor maximus artis- la riqueza patrimonial que ha generado esta tierra.




Palacio de los Leones, San Cristóbal. Foto: Lcdo. Yosel Molina, 2008



1. El déspota civilizador


Este gobernante regional, cual sátrapa persa regente de dioses y de hombres, de inicios del siglo XX tachirense, nació en Rubio, Estado Táchira [DÍAZ BRANTES, Humberto, Estado Táchira, Álbum gráfico 1930, impreso en los talleres de la Tipografía Americana, de P. Valery Risquez, Caracas, 1930 (reedición facsimilar de la Gobernación del Estado Táchira-Lotería del Táchira, San Cristóbal, 1997, s/n, información del Distrito Junín). Asimismo, en el Cementerio Municipal de Rubio, se encuentra un monumento funerario con cripta -ya destruida en parte-, salido de los talleres caraqueños del artista italiano Emilio Gariboldi, donde se encuentra la tumba de Fernando Gómez, padre de Eustoquio Gómez y quien falleció de viruelas en 1900] en 1868 y falleció –víctima de varios disparos de origen aún incierto- en el despacho del Gobernador del Distrito Federal, en Caracas, la mañana del 21 de diciembre de 1935.

Su personalidad y obra política –la cual ha sido estudiada y valorada, desde diferentes puntos de vista, por cronistas, académicos, historiadores, investigadores universitarios y novelistas- se inició en 1911 en cargos de alto gobierno, primero como Comandante de Armas de la plaza de San Cristóbal y luego como Presidente constitucional del Estado Táchira hasta 1925. 

Todos, por designación de su primo hermano el General en Jefe Juan Vicente Gómez, presidente de los Estados Unidos de Venezuela y Comandante en Jefe del Ejército, Marina y Aviación, desde 1908 hasta su fallecimiento el 17 de diciembre de 1935 (período conocido como el «régimen gomecista» o «gomero», en la historiografía venezolana).




General en Jefe Juan Vicente Gómez (1857-1935). Presidente de los Estados Unidos de Venezuela y Comandante en Jefe del Ejército, Marina y Aviación, entre 1908 y 1935. En esta fotografía, que data de 1913, las cabezas de león en las cuales finalizan los brazos o apoyos de la silla del estudio fotográfico caraqueño de la época (probablemente de la Casa Fotoestudio V. Amato), con forma de curul senatorial romano, de espaldar, en madera labrada y torneada, resultaron una coincidencia, asociativa, con las esculturas de impronta de las edificaciones del régimen gomecista en el Estado Táchira. Asimismo, en su momento, y en la misma silla, se tomaron la respectiva fotografía los generales Eustoquio Gómez y Elezar López Contreras (Foto: Fotos Antiguas del Táchira, 2015).


Desde el punto de vista arquitectónico y urbanístico tachirense, su férrea voluntad hizo saltar -de las manos de presos políticos, presos comunes, delincuentes y vagos- cinceles y buriles, dirigidos por reconocidos artesanos, en la labra transmutadora de las piedras «eustoquianas».

San Cristóbal fue la primera en ser transformada y en hacerse digna de ser llamada la capital del Estado Táchira. Si bien no es el objetivo del presente ensayo describir los cambios que sufrió la urbe, si se podrían resumir siguiendo una descripción de las principales obras.

El primer paso para crear una ciudad, era adecuar el terreno y aderezar sus calles. Para ello, hizo traer de Caracas a un arquitecto especialista para alinear las calles de la ciudad y hacer desaparecer los ranchos y las construcciones anárquicas, que obstaculizaban el trazado y continuidad de las mismas. 

Cubrió de empedrados las calles y obligó a los vecinos a construir las aceras de las mismas en el tramo de sus respectivas casas; impuso casi un estilo de arquitectura duradera, universal e institucional –a partir de la remodelación de su casa de habitación- con un gusto por el estilo barroco clasicista e italianizante, logrando que las casonas de los personajes con mayor poder político y económico, remodelaran o construyeran las fachadas de sus casas con remates –que eliminaban los viejos aleros coloniales- coronados por formas ornamentales de jarrones  y flameros.

Reubicó el basurero local, en el cual se había convertido la vieja plazuela de San Sebastián, para transformarla en el Parque Sucre, el segundo en importancia de la ciudad; contrató el servicio de ingenieros alemanes especialistas para crear y ampliar plantas hidroeléctricas, para el mejoramiento del servicio de alumbrado público de la urbe; erigió el primer sistema de acueducto moderno para San Cristóbal.

Construyó el primer aeródromo en la planicie de Sabana Larga (actual ubicación de la Universidad Católica del Táchira, sede nueva); el primer sistema de acueducto para la ciudad [los viejos depósitos de agua permanecen cumpliendo sus funciones, junto a la actual Iglesia de Ntra. Sra. de Coromoto y frente a la calle a la cual le dio su nombre el ´Pasaje Acueducto´]; construyó una red de sólidos túneles subterráneos «al estilo de los de París» [en la re-planificación urbanística del centro de París, del siglo XIX, diseñada por el barón Haussmann, todas las casas y edificaciones debían estar conectadas con las cloacas principales por medio de túneles de dos metros y treinta centímetros de altura y de un metro y treinta centímetros de ancho], según reseñaba la prensa sancristobalense de la época y cuya intención o uso original aún permanece difuso en el imaginario urbano, entre servir como vía de escape a los gobernantes de la época, en caso de invasión, o como un sistema de alcantarillado, canalización y embaulamiento (por cauce cubierto de las corrientes de agua) de las quebradas, que cruzaban la ciudad.


 

Estado de uno de los túneles de la época del gobierno del General Eustoquio Gómez. Uno de sus extremos o boca, se encuentra en la esquina suroccidental del Palacio de los Leones (cruce de la calle 4 con carrera 10) y el otro, en el patio posterior de la Casa Biaggini (cruce de la calle 3 con carrera 9). 

La imagen permite detallar elementos estructurales como arcos de medio punto, de ladrillo macizo, que sirven de refuerzo a obras en mampostería y al techo de tipo salón (indicio que permitiría plantear la hipótesis sobre la técnica de construcción empleada, la cual pudo ser -para el caso en cuestión- por medio del método de zanja. 

Estos arcos se encuentran anclados y empotrados en muros o paredes, igualmente de mampostería, con friso. Asimismo, se observan en el suelo cascajos y aisladas baldosas o losetas de ladrillo cuadrado fino; el 'ladrillo tablita', como se le conocía en el Estado Táchira para la época (Foto: Arquitecto Jonny Rojas, Instituto del Patrimonio Cultural-Táchira, 2015).




Plano urbano de la ciudad de San Cristóbal, para 1883 (imagen parcial), levantado por el munícipe Domingo Martínez y dibujado por Jorge Isaac García. Archivo del Concejo Municipal del Distrito San Cristóbal, planos, 1883, plumilla y tinta china. 

Con la letra F quedaba identificada la "Plazuela de San Sebastián", actual Parque Sucre. Se observa por igual el trazado de una quebrada o corriente de agua que descendía de la loma de Piedra Gorda (donde se levantaba la primera ermita de San Antonio, identificada con una cruz), pasaba por donde se edificaría luego el Palacio de los Leones, seguía a la actual Casa Biaggini y continuaba hasta desembocar en la quebrada La Bermeja, y la cual recibía -para la época- la denominación de "quebrada San Sebastián". El trayecto de la misma resulta coincidente con el trazado del túnel que existe actualmente entre el Palacio de los Leones y la Casa Biaggini   (Foto: Samir Sánchez, 2012).


Ordenó la apertura de las vías carreteras que unirían a la ciudad con los pueblos del sur del Estado; dejó en fase de acondicionamiento interno las imponentes estructuras del Hospital Vargas y del Palacio Municipal de San Cristóbal, el cual se comenzó a conocer en su época como «El Capitolio», y posteriormente como «Palacio de los Leones».

Todo lo realizó a partir de los limitados recursos de la Tesorería del Estado, sin ser obligado por un plan nacional o por una orden del gobierno de Caracas.

Al marcharse de su tierra, aquel 16 de julio de 1925, el General Eustoquio Gómez, bien pudo vanagloriarse –como Augusto, emperador de Roma- de haber recibido la ciudad en adobe y dejarla en mármol. Nunca antes -ni después- la ciudad de San Cristóbal había tenido «un mejor alcalde».




Palacio de los Leones, San Cristóbal. Foto Rafael Vicente Dulcey, 1930. Fotos Antiguas del Táchira, 2015.




2. El Parque Sucre, antesala romántica al palacio


El 19 de diciembre de 1915, el General Eustoquio Gómez inauguraba el Parque Sucre transformado en un enlosado, de arboledas, jardinería y caminerías en torno a un reducido espacio rectangular central. Siguiendo el estilo de paisajismo de los parques ingleses de la época, se proyectó con una jardinería a la moda victoriana con plantas y arbustos plantados en un determinado orden, como un modelo de jardín botánico, con una tendencia en -en su estilo- propia del romanticismo. 

El Presidente del Estado, lograba, de esta forma, la transformación definitiva de la vieja plazuela de San Sebastián (ya denominada Plaza Sucre, por acuerdo de la Municipalidad de San Cristóbal, de fecha 6 de enero de 1895, como parte del inicio de las celebraciones del centenario del nacimiento del Gran Mariscal de Ayacucho) como un nuevo polo de centralidad residencial urbana (desplazándolo del área de Catedral, antigua Parroquial de San San Cristóbal y San Sebastián mártires). 

Por este motivo las familias más adineradas de San Cristóbal, comenzaron a migrar hacia el entorno del parque y/o remodelar y refaccionar las fachadas de sus viviendas, al estilo y gusto artístico del mandatario regional. 

Acto seguido a la inauguración, el General Eustoquio Gómez encargó al ingeniero Enrique Loynaz Sucre, el primer estudio de planos y cálculos del futuro Palacio Municipal de la ciudad.



Parque Sucre y Palacio de los Leones, en obras. San Cristóbal, 1930. Foto: Diario La Esfera, Caracas, año III, N° 1.361, diciembre, 1930. Imágenes antiguas del Táchira (2015).


La adaptación de la plazuela a un trazado de parque-jardín, le daría un carácter romántico e informal al severo diseño ya preconcebido para el palacio. Así, el Parque Sucre -de forma rectangular irregular- presentó su cabecera situada al este (carrera 10ª), con una escalinata descendente, hasta el espacio donde se levantaría el busto del Gran Mariscal de Ayacucho. Tiempo después, se ubicaría allí una fuente con tres arcos toscanos, de sillares almohadillados y construidos en 1940 por artistas vascos residentes en San Cristóbal, quienes había llegado en 1939 como exiliados, luego de la cruenta Guerra Civil Española, sus nombres y oficios eran: Segundo Achurra Aspiazu (constructor), Ceferino Bilbao Echederra (ebanista) e Isidoro Ibáñez Uribe (zapatero). Los arcos simbolizaban las dos grandes acciones militares dirigidas por Sucre y la tercera, donde obtuvo una participación destacada: Pichincha, Ayacucho y Junín.

De esta forma, el parque quedó dividido entre once parterres, poblados por almendros, acacias, chaguaramos, sauces llorones y plantaciones florales, de carácter temporal.

El diseño y plano original de 1915, se mantienen -en considerable proporción- hasta el presente. Se puede decir que ‘sobrevivió’ al ‘vendaval’ de reformas paisajísticas urbanas que afectó a las principales plazas y parques de la ciudad, en la época de las celebraciones del cuatricentenario (1960-1961).

Las mismas se caracterizaron por la implementación de un esnobismo arquitectónico, que hizo desaparecer el orden y la simetría clásica de las plazas junto con parte del paisajismo romanticista de su ornamentación vegetal, desplazando por igual de su centralidad tradicional -o derribando- las estatuas y los monumentos a los héroes.




Estado de la fachada del Palacio de los Leones, de San Cristóbal, para 1930. Foto: Colección del Dr. Luis Hernández Contreras, Cronista de la ciudad de San Cristóbal, 2016.




3. El Capitolio de San Cristóbal

Una vez iniciados los trabajos de construcción, el Palacio Municipal parecía seguir los esquemas del arquitecto renacentista León Bautista Alberti (1404 - 1472), quien propuso que este tipo de obra, se levantara fuera de la ciudad y al mismo tiempo en ella. 

Así, en el imaginario colectivo de los residentes de San Cristóbal, la cual  no sobrepasaba los 26.000 habitantes entre 1922 y 1924, al ir tomando la edificación su forma monumental, el común –orgulloso de la estructura que veían emerger de la nada- utilizó una sinécdoque para identificarlo: «el Capitolio». 

Por igual, es de importancia acotar que en el espacio sobre el cual se construía -y área donde concluía la trama urbana- en el siglo XVII estuvo ubicada la ermita e iglesia de San Sebastián, y para 1749 el Hospital Militar de la Villa de San Cristóbal.

Nunca pensaron, los asombrados habitantes, que –años después- la edificación cumpliría verdaderas funciones de capitolio regional, como asiento del Poder Legislativo tachirense. 

Su construcción se inició por decreto de fecha 6 de diciembre de 1922 y sus obras finalizaron con una solemne inauguración, el 19 de diciembre de 1931. Cuando el Palacio de los Leones fue completado en 1931, se convirtió en la edificación –de carácter público-  más alta de la ciudad y en un importante símbolo de la era moderna.

No obstante, en el lapso posterior a la salida del General Eustoquio Gómez de la Presidencia del Estado, único promotor e interesado en la conclusión de la obra, entre 1925 y 1931 los trabajos se paralizaron en varias ocasiones. 

Los recursos destinados a la misma, eran transferidos a otras partidas de gastos del Estado (consúltese al respecto el mensaje presentado por el Presidente del Estado, General Pedro María Cárdenas, a la Asamblea Legislativa del Estado Táchira, en sus sesiones de 1930). 

Asimismo, y luego de su inauguración en 1931, se desestimó su destino original para la Municipalidad y se traspasó la edificación para sede del Gobierno del Estado y de la Asamblea Legislativa, distribuyéndose sus espacios para los despachos y oficinas de los poderes ejecutivo y legislativo así como para las secretarías y direcciones de ambos, encargadas de la alta administración de los asuntos del Estado.




Palacio de los Leones, estado de la construcción para 1928, San Cristóbal. Foto: F. Benet, 1928.



4. El Palacio de los Leones, el arte en albañilería maciza


La edificación, descrita como una obra blanca con los relieves de zócalo en gris marengo sobre fondo blanco -por las personas que la conocieron en su origen- se conformó a partir de un basamento o zócalo, un desarrollo en dos niveles de pronunciada horizontalidad y una culminación en cubiertas de armadura, tras un ornamentado remate y ático central blasonado. 

Su estilo artístico vino a responder a lineamientos inspirados en un estilo barroco, clasicista e italianizante, que tuvo un 'revival' en los arquitectos de fines del siglo XIX. 

En su alzado occidental y principal, quedan reflejadas las proporciones y el carácter general de la obra, invirtiéndose aquí el esquema arquitectónico creado por Andrea Palladio (1508-1580), a partir del Palacio Chiericati de Vicenza (Italia), de huecos (laterales) y paños o muros ciegos (centrales). 

En cuanto a este orden clásico y su aplicación en el Palacio de los Leones, se dio a través de una galería y logia central (huecos), ubicada entre los paños o muros macizos ciegos, de las crujías y esquinas.

El palacio está emplazado en el espacio que ocupa la mitad de la cuadra o manzana formada entre la carrera 10ª y carrera 11° con calles 4ª y 5ª. A una altura de 840 m.s.n.m y sobre un área de 2.509,45 m2 (53,45 m frente a la carrera 10ª x 46,95 m en las calles 4ª y 5ª) y sus muros exteriores, que limitan el espacio arquitectónico, varían entre 0,75 m y 1 m de espesor.  


 

Fachada del Palacio de los Leones y un aspecto del extremo suroriental del Parque Sucre de San Cristóbal, en 1945 (Foto: Venezuela, 1945, publicación del Mes Financiero y Económico dirigido por Plinio Mendoza Neira, editado en marzo de 1945 en Bogotá bajo la dirección artística de Santiago Martínez Delgado, p. 625. Los estudios fotográficos fueron realizados Alfredo Boulton. Reproducción con fines didácticos).


Su fachada central y entrada principal, se abre hacia el oeste u occidente y presenta -en su exterior- 68 alargados ventanales, espaciados simétricamente, a lo largo de cada fachada lateral y parte de la sección principal, en el lienzo o muro exterior, y en sus dos niveles. 

Los vanos y ventanales se repiten por pares, en un orden secuencial clásico  (2, 2, 2, 2, 3, 2, 1),  estructurados, todos, con batientes de madera para cerrar el vano.  

Se encuentra resguardados -cada uno- por un enrejado en hierro forjado, del tipo o modelo castellano, terminado en punta de lanza, con excepción de los ventanales del nivel superior de la fachada principal, que presentan solo una reja de protección -en hierro forjado- baja y arqueada o convexa, que da profundidad al alfeizar. 

Completan la fachada principal una puerta principal y dos laterales o secundarias bajo pórtico, en el primer nivel. En el segundo o superior, una alargada logia o galería balconada (según el modelo ya desarrollado por Palladio en la Basílica de Vicenza, Italia).

Los cimientos de la edificación se identifican con facilidad a partir de la línea del zócalo o basamento, el cual señaliza a su vez la pendiente del terreno a través de una moldura en toro o bocel en su límite superior, denotando así el proceso de nivelación hecho en los basamentos del edificio.






Palacio de los Leones, en construcción, 1930. Perspectiva captada desde la intersección de la carrera 10 (de San Mateo, para la época) con calle 5 (de Bolívar), en San Cristóbal. La puerta de ingreso que se observa en la esquina de la edificación, fue sellada y convertida en ventanal en la década de los años 50 del siglo XX. Foto: Diario La Esfera, Caracas, año III, N° 1.361, diciembre, 1930. Imágenes antiguas del Táchira (2015).



Al observar la edificación desde cualquiera de sus ángulos, se puede precisar la destreza del arquitecto o alarife para allanar el terreno, ante las diferencias de altura que presentaba la topografía -declive o pendiente en sentido noreste-suroeste- dado que los terrenos formaba parte de las primeras laderas del piedemonte oriental de la ciudad, en la sierra de La Maravilla.



Palacio de los Leones, en construcción, 1930. Perspectiva captada desde la intersección de la carrera 10 (de San Mateo, para la época) con calle 4 (de Miranda), en San Cristóbal. La fotografía fue captada, exactamente, desde la puerta de entrada de la que fuera casa de habitación del General Eustoquio Gómez, entre 1911 y 1925. La puerta de ingreso que se observa en la esquina de la edificación, fue sellada y convertida en ventanal en la década de los años 50 del siglo XX. Foto: Diario La Esfera, Caracas, año III, N° 1.361, diciembre, 1930. Imágenes antiguas del Táchira (2015).


En cuanto al plano de plantas, el arquitecto siguió el esquema español de planta rectangular, a dos niveles y patio claustral central estructurado a partir de arcadas sostenidas por 22 pilastras en el primer nivel y 22 en el segundo o superior. No obstante, encontramos una originalidad en el diseño, que rompe el esquema tradicional o canon tradicional de esquinas en ángulo. 

El autor aplicó en las referidas esquinas o ángulos de la fachada principal (frente a la carrera 10ª) y que articulan a ésta con las fachadas laterales, una solución constructiva de ángulos redondeados o de cuarto de círculo, a partir de la prolongación de las crujías laterales en salientes y con cerramiento o doblez, y un efecto visual de retranqueo de la fachada. 

Este modelo de esquina en curva, característico del Art déco desarrollado entre los años 20 y 30 del siglo XX, viene a representar -en las construcciones históricas de la ciudad de San Cristóbal- el primer modelo o elemento de transición de una arquitectura de inspiración historicista hacia un esquema más racional y geométrico de edificaciones, a partir de la búsqueda de soluciones visuales y constructivas más funcionales.  

Con el ensable armónico de todos los elementos de la fachada principal, el arquitecto o alarife creó un adecuado espacio para el atrio escalonado, porticado y balconado -generando así un impresionante efecto de constraste de la perspectiva frontal- a partir del aparente o falso retranqueo, de la fachada.



Imagen satelital en ortofotografía del plano y urbanismo del Palacio de Los Leones y el Parque Sucre, de San Cristóbal (Estado Táchira). Se puede apreciar la planta rectangular del edificio conformada por cuatro crujías (o secciones) y el diseño de prolongación de las crujías laterales en cerramiento o doblez, de cuarto de círculo, sobre la fachada principal. Altimetría de captura de imagen 700 m≈ sobre el relieve urbano. Foto: Google earthpara la educación 2009 (reproducción con fines docentes). 

El resultado final, un palacio cuya tipología edificatoria es de inspiración renacentista, específicamente la iniciada con los primeros palazzi florentinos del siglo XV.

La fachada o cuerpo noble de la edificación, sobresale por las definidas columnas y pilastras toscanas, cajeadas sobre pedestal (la mayoría adosadas al edificio como un dibujo al relieve, sin función estructural), y de molduras geométricas. Las mismas unen dos pisos (con 6 m de altura promedio) de ventanas y arcadas, consiguiendo un efecto dinámico, acentuado por la visual de retranqueo y porticado del muro exterior o de cerramiento.




Palacio de los Leones, en construcción, San Cristóbal, 1924. Foto: Imágenes antiguas del Estado Táchira


En cuanto al alzado del palacio, este se estructura en dos niveles o cuerpos superpuestos que se conectan por escaleras de dos tramos en sus laterales, ambas generando una perfecta armonía clásica entre las plantas y el alzado. El primer nivel o de acceso, comprendía veintiún espacios para oficinas y el segundo, el superior o piano nobile (piso noble), dieciocho –incluyendo los despachos principales y el salón para el pleno y/o sesiones-. 

Los pisos, en ambos niveles, fueron solados con baldosas de tipo hidráulica en modelo de mosaico hispano-árabe, con figuras geométricas ornamentales que imitan un alfombrado moruno (elaborados por la Casa Cattafi Isgro de San Cristóbal, fundada en 1919). 

Los techos de las oficinas y salones (planos, formados con losas de concreto sostenidas directamente por vigas de acero, en el primer nivel y techos de armadura, en el segundo) se cubrieron con cielo raso metálicos (importados por la Casa Pablo E. González y sucesores, de San Cristóbal), ornamentados con plafón central para las lámparas y arañas de época, cornisa y guardas molduradas en escayola. 

Los cielo raso, con cenefas lineales, fueron recubiertos con una decoración pictórica policromada, geométrica y marcos en forma de cubos o mosaicos distribuidos simétricamente semejando artesonados mudéjares, todo al óleo.



Palacio de los Leones, San Cristóbal, 1950. Se observan los arcos toscanos conmemorativos -de sillares almohadillados- de las batallas más célebres del Gran Mariscal de Ayacucho, el General Antonio José de Sucre. Foto: Atlas escolar de Venezuela, Ministerio de Educación Nacional, Caracas, 1950, p. 80. 


Cada una de las plantas o pisos arquitectónicos del edificio, se estructuraron a partir de las formas de las pilastras toscanas, cajeadas y con pedestal, ornamentación tomada del estilo manierista, último trazo artístico del Renacimiento. Modelos originales de este tipo de pilastra cajeada, escasamente empleada en la arquitectura historicista regional,  se pueden observar en las pilastras renacentistas de la nave principal de la Iglesia de San Salvador, del siglo XVI, en Venecia (Italia). 

Los capiteles del Palacio de los Leones -de carácter geométrico- se encuentran trazados sobre un plano cuadrado y, al igual que los pedestales, presentan una ornamentación de trazo lineal, que a su vez resulta un trazo incipiente que le imprimió el artista, quizá ya imbuido en las nociones del Art déco. 

Entre las pilastras se abren los vanos de los ventanales, con arcos a la francesa (escarzanos o rebajados) y marcos moldurados rebajados en la primera planta y  adintelados, en la segunda.

Rematando la cornisa superior y para ocultar los techos tradicionales de armadura a dos aguas cubiertos con teja, se planificó un pretil (remate) o antepecho, corrido, enfoscado y revocado con formas de casetones, probablemente con el fin de dotar a la construcción de un aire más clasicista.

Por igual, en el remate de cada dado de los pilares cajeados del antepecho, los cuales cumplen la función estructural de plintos o especie de pedestales de refuerzo del pretil, se colocaron jarrones o vasos ornamentales. 

Los jarrones del Palacio de los Leones son monumentales. Sobre un plinto de 0,43 x 0,43 x 0,37 cm se levantan con una altura de 1, 70 m cada uno y se fijan al antepecho por medio de una varilla de hierro, en la cual se incrustan. Poseen la sección inferior gallonada, una panza o centro cóncavo, liso y con guarniciones decorativas renacentistas grutescas, a partir de formas vegetales, cintas y figuras antropomorfas a modo de asas, laterales, que unían sus extremos superior e inferior -ya desaparecidas la casi totalidad de las mismas-. 


 

Palacio de los Leones y antiguo aspecto del Parque Sucre con sus enlosado original de mosaico. Tarjeta postal coloreada, de 1960 (Colección fotográfica de Francisco Arellano, 2015).


Estas características responden al denominado estilo versallesco, por cuanto tienen su origen en los modelos de jarrones, de reminiscencia romana, elaborados por el arquitecto Louis Le Vau (1612-1670) para las balautradas del Palacio de Versalles. Un ejemplo del diseño decotarivo para jarrones, empleados en el Palacio de los Leones, se puede observar en el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid (España). Allí se conserva un jarrón de Sévres en porcelana y bronce cincelado el cual se exhibe en el tramo superior de la escalera imperial del museo, obra de Louis-Pierre Schilt, 1862, presente institucional a la reina Isabel II de España, por parte del Emperador Napoleón III de Francia y la emperatriz Eugenia de Montijo, en 1865.  

Igualmente, en esa sección superior, se colocaron las esculturas de dos leones en posición heráldica de detenidos en guardia (Statant guardant), al estilo o moda italiana del siglo XVI y XVII, como fue el caso de la Loggia dei Lanzi en Florencia (Italia), que posee dos esculturas de leones, las cuales vigilan las escaleras de acceso al edificio. 

Asimismo, la funcionalidad de colocar los jarrones y esculturas en el Palacio de los Leones de San Cristóbal, separado del aspecto ornamental, permitía prolongar la visual perspectiva de verticalidad del edificio para compensar su horizontalidad, en todas las fachadas. 

En cuanto a las fachadas laterales (que dan a las calles 4ª y 5ª), estas presentan una austera ornamentación, más cónsona con los cánones clásicos. Sólo la principal (frente a la carrera 10ª), resulta más barroquizante y se convierte en la parte más monumental del edificio a partir del marcado retranqueo, con respecto a la alineación general de la estructura.

Éste da paso a un área abierta, formada por el atrio escalonado que permite el acceso a la edificación a través de una única puerta principal,  alargada, de arco superior fijo, calado con vidrieras y de medio punto las cuales están enmarcadas por molduras de arco adintelado, y dos laterales. Un todo de formas  y vanos que crean un espacio de considerable perspectiva central. 




Atrio, fachada con efecto o perspectiva de retranqueo, pórtico y galería de entrada, logia, antepecho, esculturas de leones y ático central blasonado del Palacio de los Leones, en San Cristóbal (Foto: INATUR, 2010, reproducción con fines didácticos).


Así, en esta sección central, y siguiendo elementos renacentistas tradicionales para esta tipología de edificación, la fachada resguardada tras el pórtico y la logia del palacio, presenta sus ventanales reproduciendo el modelo de la puerta principal y marco adintelado, en ambos niveles, en el espacio generado por el intercolumnio (de siete arcos en cada piso) con una logia o balcón central, de balaustradas barrocas (formadas por balaustres con pedestal, vaso ornamental periforme y nudo superior), en el segundo nivel, alcanzando así el acabado y categoría de una fachada porticada renacentista.

El intercolumnio de las arcadas exteriores, se reproducen hacia el interior del edificio a partir de las galerías que forman el cuerpo de tres de las cuatro crujías yuxtapuestas o lados. Las mismas se abren entre columnas y arcos toscanos con dovelaje, clave y forma de medio punto en la sección central  y rebajados o escarzanos -de mayor luz-, en los laterales, que dan al patio interior ajardinado.


De esta forma se generan los pasillos comunicacionales de la edificación que permiten dar a la estructura –desde lo interno- luz y ventilación. Tuvo cuidado el arquitecto diseñador de la obra, en marcar el límite superior del edificio, en su interior, con balaustradas y jarrones o vasos ornamentales (ya desaparecidos) que remataban cada uno de los ejes de los pilares.




Panorámica del patio central, galerías internas y balaustradas superiores con jarrones ornamentales de silueta chata (ya desaparecidos) del Palacio de los Leones, captada el día de su inauguración solemne, el 19 de diciembre de 1931. El coro magno, conformado por estudiantes de las diversas instituciones educativas de la ciudad de San Cristóbal y la Banda Oficial del Estado, fueron dirigidos en esa ocasión por el Prof. Miguel Ángel Espinel, autor de la música del Himno del Estado Táchira (en 1913). Foto: Fotos antiguas del Táchira, 2015.


El patio central, de 1931, de sobria ornamentación, fue transformado en jardines en una época posterior y pasó a denominarse el Patio Leonino, por la figura esculpida sobre la fuente. Asimismo, en este espacio -adosada a la pared toscana o almohadillada, en la estructura central de la crujía o lado oriental- y con el carácter funcional de corregir el desnivel o la diferencia de altura de esta sección con el patio o jardín central, en 1930 se construyó una escalera clásica de ingreso, de forma activa y trazado recto, con dos rampas diagonales ascendentes o de tramos laterales y descanso central (balcón), protegidas por barandillas barrocas clasicistas. Todo formando un perfecto equilibrio compositivo. 

En el trapezoide base, recubierto en pared toscana con detallado almohadillado, se encuentra una fuente con pila de agua, leonina (que da nombre al patio) o decorada con el emblema de la faz de un león, en mediorrelieve y bajo arco dovelado de medio punto. Presenta por igual, ornamentando la pila, dos achatados vasos ornamentales neoclásicos (en forma de copa-fuente), en sus laterales.





La Fuente Leonina en los jardines o patio central del Palacio de los Leones, en San Cristóbal (Foto: Instituto del Patrimonio Cultural, Estado Táchira, 2010. Reproducción con fines didácticos).

En una época posterior, en el centro del jardín, se improvisó un pedestal y un busto de El Libertador Simón Bolívar, ambos de elaboración industrial moderna, los cuales -en nuestro criterio- distan mucho de encontrarse a la altura de rememorar la magna obra del Héroe que representa así como de la majestuosidad clásica del edificio que lo rodea y de los poderes públicos regionales para los cuales sirve de sede.



Busto, en mármol blanco de Carrara sobre pedestal toscano, de El Libertador (altura de 74 cm). 

Obra maestra encargada por su sobrino Fernando Bolívar (1809-1898) al escultor Pietro Tenerani (1789-1869), en Roma, en 1836, y adquirida posteriormente por el Estado venezolano, a los herederos. 

Firmada con la siguiente inscripción de autenticidad 'P. Tenerani. Fva 1836', la escultura responde a un estilo naturalista neoclásico de época, y se encuentra actualmente en el Salón de Banderas, de la Casa Amarilla, sede de la Cancillería, en Caracas.

En cuanto al modelo, Pietro Tenerani trabajó sobre uno previo, realizado en 1831 para el General Tomás Cipriano de Mosquera (1798-1878) quien fuera Edecán de El Libertador. Su afecto y admiración sin límite hacia la magna figura de Simón Bolívar, le llevó a encargar al artista italiano la realización de dos bustos (uno 1831 y otro 1842 -este último copia del elaborado en 1836). En todos, representó al héroe con rostro vuelto hacia la derecha. 

En cuanto al revestimiento, el busto de 1831 lo hizo con uniforme de General en Jefe y portando el medallón de Washington. 

En el modelo realizado en 1836, y por expreso deseo de Don Fernando Bolívar, la figura de El Libertador fue revestida con una plegada clámide, sujeta por una fíbula circular y ornamentación floral. La clámide, -Χλαμύς-, era una prenda griega antigua que, por dar más libertad de movimiento a quien la portaba, tanto a jinetes o militares, fue asumida como una alegoría de la Libertad y de las virtudes cívicas. Posteriormente, estos ropajes heroicos los combinará Tenerani en la producción de las estatuas vaciadas en bronce, que hará de El Libertador, a partir de 1843. 

Estas tres esculturas, por sus tamaños, proporción, materia y detalladas realizaciones escultóricas y fisonómicas, certificadas ante el autor por personas que conocieron y fueron cercanas a El Libertador, son considerados por los críticos de arte como la mejor obra póstuma que se haya hecho del Padre de la Patria. 

Sobre el destino de los mismos -primer trabajo de carácter escultórico que se hizo de El Libertador luego de su deceso en 1830- se tiene que el primero -con uniforme de General en Jefe y medallón de Washington- se encuentra en el Panteón de los Próceres (Universidad del Cauca, Popayán, Colombia). 

El segundo, de 1836, encargado por Don Fernando Bolívar, se encuentra en el Salón de Banderas, de la Casa Amarilla, sede de la Cancillería, en Caracas.

El tercero -elaborado en 1842 y copia idéntica del realizado en 1836- quedó en posesión de los herederos del General Mosquera. En 1932, fue adquirida por el Estado colombiano a través de una suscripción pública, cuando era propiedad del Señor José Bolívar Mosquera Arboleda (1878-1937) -hijo del General Cipriano de Mosquera- y se le tenía por destino el ser colocada en el Palacio de San Carlos, sede de la presidencia. Este busto lleva la siguiente inscripción de autenticidad: Isto curante/Bolivarum sculpsit/Petrus Tenerani/qui/ne ri cederet memoria/utriusque nomem/novo opere sacravit que en castrellano significa 'Por petición del solicitante (el General Mosquera), Pedro Tenerani esculpió a Bolívar, y para el recuerdo de este hecho, que no se borre nunca, inmortalizó el nombre de ambos en esta nueva obra'. Actualmente la escultura descrita se encuentra en la antesala del Salón Amarillo del Palacio de Nariño, en Bogotá. Resultó anecdótico que, al momento de la mudanza de la sede presidencial del Palacio de San Carlos al Palacio de Nariño (abril de 1980), se necesitara de ocho personas para transportar el busto dado su peso, por estar realizado en mármol de alta consistencia.   

Así, de plantearse y darse un proceso de restauración integral -no improvisada o de soluciones económicas y momentáneas- a la estructura interna y externa del Palacio de los Leones de San Cristóbal, entendida como la restauración de una edificación que cumple fines de Estado (edificación de carácter público, simbólico y permanente, perteneciente a todos los venezolanos y que es trascendente a cualquier generación, circunstancia o parcialismo político específico), este proyecto de restauración debe estar orientado hacia la restitución de la originalidad arquitectónica y ornamental del palacio, caracterizada por el equilibrio -en la nobleza del arte clásico- de todas sus partes, una réplica en mármol o material similar –exacta- de esta obra de Tenerani, sobre pedestal moldurado, ubicada en el centro del jardín y primera impresión del visitante al traspasar el pórtico de entrada, resultaría la más cónsona o acorde con el contexto de esa arquitectura y con el rango funcional de Capitolio del Estado Táchira, como casa de las leyes del pueblo tachirense. (Foto: Alfredo Boulton, El arquetipo iconográfico de Bolívar, 1984. Reproducción con fines didácticos).
 

En cuanto a la fachada de Oriente de la edificación, la cual daba a un traspatio o terreno yermo, por ser la última sección del  palacio en construirse, fue completamente sellada por un espeso muro de cerramiento (con 1 m de ancho). Su paramento exterior se dejó en obra limpia, sin frisado ni ornamentación, permitiendo de esta manera conocer la didáctica interna de la estructura, la cual se da a partir del sistema de mampostería ordinaria (en mampuestos de piedra).



Alero y paramento exterior del muro oriental, en obra limpia, sin frisado, del Palacio de los Leones, en San Cristóbal. Se corresponde con una estructura o sistema de mampostería ordinaria (conformada por mampuestos de piedra). Los vanos que se observan, alineados entre las piedras, se denominaban 'aujadas' en la región. (Foto: Williams Lobo, 2009, reproducción con fines didácticos).

  
Así, toda la carga ornamental y artística de la obra, quedó concentrada sólo en la fachada de Occidente, frente al Parque Sucre, sobre la carrera 10ª. La misma destaca –a la distancia- como principal, por la presencia de un cuerpo central añadido sobre la sección de la cornisa -con un friso festoneado barroquizante- y el pretil o antepecho. 

Este elemento ornamental, probablemente elaborado en estuco, se conoce como ático. Ocupando un espacio de 8 m de ancho (1/7 de la longitud de la fachada) por 4 m de alto, su monumentalidad sólo es perceptible al observarse de cerca y su forma está inspirada en modelos barrocos, como el realizado en el ático de la fachada principal del Palacio Real de Madrid, frontera con la Plaza de Oriente o el de la fachada que da a la Plaza de la Armería. 

De esquema rectangular, está flanqueado por pilastras toscanas de sección cuadrangular y fustes decorados en relieves, aletas laterales en abanico y balaustradas barrocas (formadas por balaustres con pronunciados vasos ornamentales, esféricos, central), cuya funcionalidad visual es la de romper la linealidad angular recta del ático blasonado, en su panel, con el escudo de armas de Venezuela, vigente para la época de construcción del palacio.

Asimismo, en el reverso del ático blasonado, a partir de una pilastra en ladrillos macizos trabados se fijó un asta (ya desaparecida), compuesta y metálica para colocar el pabellón nacional.




Ático blasonado con el escudo nacional en su panel central, antes de la pérdida del reducido frontón -sobre la cornisa superior, conocido como 'par enroulement'- y pináculos de bulbo, causada por el terremoto del 18 de octubre de 1981. Igualmente se observa el asta original de la construcción, ya desaparecida y de la cual sólo permanece la pilastra de ladrillo macizo que le servía de base. Palacio de los Leones, San Cristóbal. Foto: Leo Matiz, 30 de diciembre de 1960.


Esta sección del edificio, la más ornamentada y barroca del palacio, es la única que conserva la impronta de su autor, el alarife y escultor Don Jesús Uzcátegui. La evidencia se encuentra la reproducción de las formas geométricas, minuciosas y detalladas, que utilizó por igual en la ornamentación exterior de la fachada del Hospital Vargas, inaugurado en 1927.

Don Jesús Uzcátegui, era de las sierras nevadas merideñas, de Ejido. Sólo se conoce de su biografía que nació allí, a mediados del siglo XIX. Fue el único oficial mayor que se residenció en el Estado Táchira, junto con Don Juan de los Santos Rangel, cuando este alarife mayor finalizó –con su grupo de trabajadores y al igual que él, merideños- los trabajos de construcción, remodelación y ornamentación de la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Consolación, en Táriba (entre 1904 y 1909).

Autodidacta, destacaba en la escultura y en la ornamentación de exteriores en relieves. Si bien se formó en la escuela de la experiencia con el maestro Juan de los Santos Rangel, de la calidad de su decoración escultórica, se evidencia el desarrollo de un estilo personal, singular y pintoresco, en el sentido artístico de la palabra, entendida como el deseo de inclusión de todo lo hermoso, vivo, colorido y animado, en la estética de las artes.



5. Los leones del palacio

Sobre las esculturas leoninas, en bulto redondo, que dieron nombre a la edificación, después de 1931, gracias a los datos recopilados por el Cronista emérito de la ciudad de San Cristóbal, el Dr. José Joaquín Villamizar Molina (en 1986), se tienen dos versiones en relación con su autor. 



Palacio de los Leones (acercamiento a la escultura del león ornamental izquierdo de la edificación -derecho del observador-), San Cristóbal. Foto: Lcdo. Yosel Molina, 2008

La primera, dada por Don Jesús Ramón Manrique –hijo de Juan de los Santos Rangel- quien afirmó que los leones fueron realizados por Don Jesús Uzcátegui; la segunda, recibida de los señores Pedro Navarro y Enrique Branger, habitantes de la época, quienes atribuyeron la autoría a otro escultor, de nombre Efraín Salas.




Palacio de los Leones (detalle del cajeado de la pilastra toscana, del capitel de pilastra en ángulo, de la cornisa y el antepecho de la esquina superior de la fachada y escultura del león izquierdo de la edificación -derecho del observador- y antepecho o pretil casetonado), San Cristóbal. Foto: Lcdo. Yosel Molina, 2008.


Esta diferencia de autores coincide con la diferencia de estilos y calidad de acabado final de las obras descritas. Al comparar el acabado al detalle de la fachada del Hospital Vargas y de sus esculturas de remate, idéntico al detallado acabado del panel central del Palacio de los Leones, se concluye que ambos salieron de única mano, la de Don Jesús Uzcátegui. 

No obstante, al comparar el acabado de las esculturas de los leones con las obras de Uzcátegui (pudiendo sumárseles -para efectos de comparación- las esculturas de Nuestra Señora de la Consolación -1909-, para la antigua iglesia de Táriba y de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá -1913- para el frontis de la antigua iglesia parroquial de Lobatera, ambas ya desaparecidas y sólo registradas fotográficamente), nos encontramos -al igual que ante las versiones- frente dos ópticas distintas, del arte de la escultura. Así, el tiempo seguirá guardando el nombre del autor. Luego de una detallada revisión de las esculturas, no se encontró la firma del escultor en las mismas.   

Los leones rugientes del palacio, que preceden desde la altura de los ángulos superiores de la edificación el acceso al atrio y con unas medidas de 1,50 x 1,83 m cada uno, responden a un tipo de escultura por modelado, muy esquemática o simplista, que tiende a representar sólo los rasgos más significativos del animal, sin entrar en el detalle o la precisión naturalista, sino más a la linealidad esquemática o geométrica como se observa en las formas dadas a las guedejas, la mandíbula o las dimensiones craneales. Por igual, las esculturas están desprovistas de todo figurativismo -de inspiración clásica y mitológica- y sin un determinado acento, dramático o expresivo


Los animales, por su aspecto exterior probablemente trabajados en una mezcla de hormigón a partir de cemento (de pulverización y calcinación), áridos (elementos que dan consistencia al cemento) y agua, sin acabado a pulitura, repiten la misma postura, de pie o pasante (en términos heráldicos) y sobre una peana ornamentada con simples marcas geométricas. 

Si bien, a la distancia, la ótica pareciera dar la información de ser esculturas de los leones rugientes son idénticas, no lo son. La principal diferencia radica en el león de la derecha (izquierda del observador) que presenta un acabado de líneas horizontales en su pecho, las cuales marcan los trazos de unas costillas expandidas -y que se forma cuando el león ruge o produce un bramido explosivo y profundo, siendo una de las principales razones del bramido la del marcado o proclamación territorial-, mientras que en el león de la izquierda (derecha del observar), el pecho resulta liso, sin marcas, propio de una actitud silenciosa de acecho o inicio a un lance de caza.

En cuanto a la peana, a su vez, forman un solo elemento estructural con la plataforma de concreto y madera que, incrustada  entre los ladrillos del reverso del antepecho, sirve de base a las esculturas. 

Las leyendas urbanas y tradiciones orales, del siglo XX, explicaron el origen de estas esculturas –que simbolizan metafóricamente el vigor, la valentía y la fuerza- al relacionarlas con la voluntad del General Eustoquio Gómez, de representar la marca personalista o el poder omnímodo de la familia Gómez, en el Táchira y en la Venezuela de su tiempo. 

Por igual, el texto del discurso metafórico-simbólico empleado por el Dr. Vicente Dávila (Capacho, 1874 – Caracas, 1949) en el acto de sepelio del Dr. Abdón Vivas Sánchez (Lobatera, 1875 – Barcelona/España, 1917), permitiría concluir que la figura del león –en la mentalidad política e intelectual de la época-, era la representación simbólica de la fuerza tachirense a través de los ejércitos de la Revolución Liberal Restauradora (1899-1908) y luego del proceso político de la Causa de la Rehabilitación Nacional (1908-1935): 


«Un día, las águilas del pensamiento y los leones de la fuerza, abandonando sus cumbres y cavernas andinas, llegaron al pie del Ávila no en son de conquista, sino en pos de sus hermanos para unificar en el seno de la patria la familia venezolana [] ¡Hermano y compañero en la santa religión de una Causa, descansa en paz en la tierra de tus mayores! que si no son rosas del hogar tachirense las que cubren tus despojos, son rosas avileñas, sus hermanas, las que piadosamente te ofrendan tus amigos ¡Adiós!» (Oración fúnebre pronunciada por el Dr. Vicente Dávila en el sepelio del Dr. Abdón Vivas Sánchez, Cementerio General del Sur, Caracas, 20 de diciembre de 1917) [DÁVILA, Vicente, “Abdón Vivas” en Gente del Táchira, recopilación y selección de Anselmo Amado, Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, Nº 61, tomo II, p. 242].

Si bien, desde el enfoque de la historia del Arte, las esculturas de los leones –en idéntica posición- han estado asociadas o forman ya parte de la ornamentación en las entradas de los palacios renacentistas, barrocos y neoclásicos, desde el siglo XVI. 

Éstos se inspiraban en las figuras mitológicas griegas clásicas de Atalanta e Hipoménes. Castigados por haber profanado su templo, fueron metamorfoseados por la diosa Cibeles en leones, quien los puso a su servicio, unciéndolos a su propio carro para que lo arrastraran, sin poder alcanzar a mirarse el uno con el otro.

Las esculturas de leones, con fines ornamentales, se retrotraen o convergen en su origen, en los modelos de la figura del león, esculpidos por el artista renacentista Flaminio Vacca o Vacchi (Roma, 1538 - Roma, 1605). 

Vacca elaboraba sus trabajos -como es el caso de los Leones de Médici que se encontraban presidiendo las escalinatas de ingreso a Villa Médici en Roma- a partir de modelos de la antigüedad romana que él mismo encontró en las afueras de Roma, en la vía Prenestina cerca de la Porta Tiburtina o Puerta de San Lorenzo, los cuales databan del siglo II de nuestra era. La marca personal de escultor romano quedaba grabada en sus trabajos en mármol o bronce como «Opus Flaminii».



Palacio de los Leones, San Cristóbal. Foto: Lcdo. Yosel Molina, 2008


6. Finis coronat opus

El Palacio de los Leones de la ciudad de San Cristóbal, resulta una perfecta síntesis entre los elementos culturales y arquitectónicos inspirados en el renacimiento, el barroco y las nuevas tendencias del clasicismo, de inicios del siglo XX. Es una obra salida de las manos de maestros alarifes, canteros y escultores de una etapa de la arquitectura tachirense, que ya cerró la última página del libro de su historia. 

Aún permanece ante nosotros, con casi un siglo de vida y un poco oculto para muchas miradas tras sus muros en piedra y argamasa, el logro arquitectónico del Palacio, junto al cuidadoso trabajo de sus detalles y proporciones. Testimonio de lo edificado, permitirá a las generaciones venideras reflexionar sobre su ingente pasado y exclamar, luego de una especie de anagnórisis, de un re-conocimiento: «cumplieron su misión»

Ostenta la categoría de «Monumento Histórico Nacional», por resolución N° 6 de la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación, de fecha 3 de febrero de 1986 y publicado en la Gaceta Oficial N° 33.407, el 7 de febrero de 1986.

Por suerte, para la historia urbanística de la ciudad, apenas ha sido alcanzado por la manía destructora o remodeladora de las épocas posteriores a su construcción.




Nocturno del día de la inauguración del Palacio de los Leones, el 19 de diciembre de 1931 (Foto: Abogado Wilmer Antonio Rey Lozada, 2015. Reproducción con fines didácticos).


Conserva la casi totalidad de su imagen palaciega original, diseñada en 1922. Sólo el terremoto del 18 de octubre de 1981, derribó la mayoría de los más de sesenta jarrones o vasos ornamentales y el reducido frontón -sobre la cornisa con el pináculo de bulbo, que protegía la sección superior del ático blasonado con los relieves del escudo nacional, en su panel.

La urbe aún continúa a la espera de su integral puesta en valor. Sólo una adecuada restauración y restitución -como dirían los antiguos romanos restitutionis in integrum materia- de estos elementos ornamentales -jarrones o vasos y frontón con pináculo, ya desaparecidos- devolverán  a la edificación su aspecto originario. Sólo ellos pueden coronar, y cerrar,  la majestuosidad arquitectónica de la obra.

Para concluir la descripción didáctica de la estructura exterior de uno de los más reconocidos íconos urbanos de la ciudad de San Cristóbal y del patrimonio arquitectónico de la Nación venezolana, quede la impresión de lo construido en la voz del poeta Pedro Pablo Paredes, cuando una mañana dominical, contempló la obra desde la arboleda del Parque Sucre:


«El Palacio de los Leones tal vez sea, entre nosotros, el único testimonio artístico de una época. Corresponde, en todo caso, a una manera de ser, a una manera de mirar la vida, a una manera de influir sobre los demás, que ya nos parecen extrañas. Esas maneras –no siempre buenas, como pudiera decir el famoso Carreño- estuvieron resumidas, aquí, en un hombre. Ese hombre que por tantos motivos, no podemos olvidar se llamó el General Eustoquio Gómez. Él fue quien ideó, hasta donde se nos alcanza, este Palacio de los Leones. Él fue quien puso a trabajar los obreros. Él fue quien llegaba antes que ellos todos los días, a vigilar la marcha de la obra. Él fue quien, a la hora de la verdad, dirigió el trabajo.

Por los rincones y por las recias escaleras del Palacio de los Leones nos parece escuchar, asordinados por la leyenda, los pasos –pasos temibles- del General Eustoquio Gómez. Su presencia histórica, precisamente, es la que le da hondura tradicional, sabor de época, a este edificio de San Cristóbal. Sobre la personalidad de aquel implacable mandatario, se asienta su leyenda. Él es su fantasma. Él es, para decirlo de una vez, su legítimo, su auténtico, su verdadero trasfondo».



«Señor General Eustoquio Gómez. Esclarecido servidor público y de la gloriosa Causa de la Rehabilitación Nacional del 19 de diciembre de 1908./ Presidente Constitucional del Estado Lara. / Año 1929». Foto: Imágenes antiguas del Táchira, 2015.



El Palacio de los Leones en imágenes, lo particular en el arte de construir.



Proyecto Experiencia Arte agradece a la Diputada Nellyver Lugo, Presidenta del Consejo Legislativo del Estado Táchira, por la autorización concedida para recorrer y fotografiar en horas de la tarde, lluviosa sin luz y sin sol, del 10 del agosto de 2015, la antigua edificación; al Arquitecto Jonny Rojas, Coordinador del Gabinete de Cultura del Estado Táchira, quien tramitó los permisos; a la Dra. Rosario Raga, Directora de Gestión y Talento Humano del Consejo Legislativo por su cordial y atenta orientación y a todo el personal administrativo, empleado y operario quienes cordialmente nos atendieron, guiaron y por igual compartieron sus propias experiencias, en el marco de los fantasmas y apariciones que aún rondan pasillos y escaleras ocultas del Palacio, narraciones enriquecedoras para la memoria mítica y legendaria de la ciudad de San Cristóbal.




























































Bibliografía

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REVISTA SHELL, Caracas, marzo de 1961, año X, Nº 38, Dirigida por Guillermo Morón, página 8. Fotografías de Leo Matiz para el Cuatricentenario de la ciudad de San Cristóbal.

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VILLAFAÑE, Edmundo, Eustoquio Gómez o el despotismo civilizador (novela), editorial Centauro, Caracas, 1992, p. 200.





Créditos  de  fotografía | Credit: Images courtesy of

Proyecto ExpArt quiere dar las gracias a los amigos e instituciones por permitir la reproducción de sus fotografías con lo cual han contribuido a la realización del presente estudio.

Dr. Luis Hernández Contreras, Cronista de la ciudad de San Cristóbal

Lcdo. Yosel M. Molina M. Fotografías del Palacio de los Leones, diciembre de 2008. 

Arquitecto Jonny Rojas (fotografía del túnel, 2015), Instituto del Patrimonio Cultural-Táchira.

Francisco Arellano (San Cristóbal, 2015).

Instituto Nacional de Turismo (INATUR), sede Estado Táchira, 2010. 

Imágenes antiguas del Estado Táchira (2015).

Instituto del Patrimonio Cultural, Estado Táchira, 2010.

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Acerca del autor

Samir A. Sánchez es profesor de Historia del Arte y Métodos de Investigación en la Universidad Católica del Táchira (San Cristóbal - Venezuela). Es autor, entre otras publicaciones, de San Cristóbal Urbs quadrata (2003) y Mors Memoriæ o la Extinción de la memoria (2011).

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