sábado, 17 de febrero de 2024

Diccionario de Topónimos Históricos del Estado Táchira. Tesauro de la toponimia tachirense | Táchira Footprints: Táchira State's Toponymic and Historical Dictionary












Para consultar el Diccionario de Topónimos Históricos del Estado Táchira, accione la siguiente pantalla: 






Reseña de un diccionario de topónimos históricos tachirenses

La lingüística es la ciencia que estudia el lenguaje humano. Dentro de sus múltiples ramas se encuentra la explicación del origen, significación y otros aspectos de los nombres propios, la onomástica. Una de las subdivisiones de esta última, lo constituye la toponimia, que se ocupa del estudio del origen y significación de los nombres propios de los lugares. El conjunto de esos nombres siempre será perteneciente a un país, región, localidad. El Estado Táchira tiene una enorme riqueza en estas denominaciones de sitios y lugares, muchas de ellas tan originales que no se van a encontrar en otras regiones del país. 


El Dr. Samir Sánchez nos presenta, en forma de diccionario, la gran variedad de estos nombres utilizados para darle singularidad a los espacios geográficos de nuestra región. En esta monumental publicación, se recogen estos grafemas ordenados alfabéticamente para facilitar el acceso a valiosas informaciones de varios tipos. Para ello parte de una gran cantidad de referencias documentales, vinculadas al Táchira de los siglos XVI al XIX. Un período fundamental para la configuración de esta región que se inicia con la llegada del elemento europeo, los procesos de asimilación de lo lingüística de los pueblos originarios, hasta la configuración como una entidad político territorial y cultural, con amplios niveles de una autonomía que se constituye definitivamente en el siglo XIX.


Pero no es solo la mera presentación de los nombres y su explicación, pues cada entrada del diccionario aporta una gran cantidad de datos que lo convierten en un instrumento de referencia y reflexión. Una herramienta para ampliar los horizontes cognitivos de nuestro pasado, cosa fundamental para la reconstrucción de la memoria tachirense. Y es que además del profundo análisis etimológico y espacial el autor va a presentar los aspectos históricos fundamentales para la construcción de las biografías de las poblaciones.


Se resalta claramente, el valor patrimonial de los topónimos originarios, sobre los que Sánchez hace un ejercicio de arqueología etnolingüística, identificando radicales de las raíces lingüísticas Chibchas, Arawacas y Caribes que constituyen la base de la construcción de las lenguas de los pueblos originarios de la región. De ellas se aprecia la importancia fundamental de los aportes andinos sobre los que se construyó la gran variedad lingüística que refleja la invisibilizada diversidad cultural que no se ha valorado, entre otras circunstancias, por adolecer por una herramienta como esta. Igualmente podemos apreciar la ruptura lingüística dialectal que se sucede a partir de la conquista europea que transforma la mirada a las realidades regionales. Este recorrido va a mostrar la vivencia particular que los hijos de estas tierras han tenido en su relación con las dimensiones geográfica, memorística y humana. Así, espacio y fisiografía modelaros estos topónimos. 


Este trabajo tiene también un estudio introductorio donde se explica las particularidades, el método de investigación y la forma de usar el diccionario. Además de una serie de índices temáticos y analíticos que van a facilitar los procesos de investigación que se puedan generar y desarrollar partiendo de sus aportes. El autor incluye un índice general donde se presenta alfabéticamente los topónimos estudiados. Además de los índices de topónimos aborígenes, de topónimos hispánicos y la presentación de todos ellos de acuerdo a la división político territorial del Estado Táchira.


Estamos ante una obra que va a llenar un vacío bibliográfico necesario para la investigación de la memoria de la región tachirense, producto de un trabajo de gran profundidad de uno de los autores que más aportes ha dado para el conocimiento de la historia del Estado Táchira, el Dr. Samir Sánchez.


Anderson Jaimes R. Museo del Táchira Grupo de Investigación Bordes [andersonjaimes@gmail.com] 

Bordes. Revista de estudios culturales, Universidad de Los Andes (Mérida - Venezuela), ISSN: nº17 (enero-junio 2019), pp.109-110 2244-8667



El gran topónimo, por antonomasia, "Táchira", que significa, "Tierra de nuestra heredad"

Origen del topónimo "Táchira"

Según la teoría lingüística filogenética chibcha, formulada por el profesor Samir A. Sánchez, investigador en historia del lenguaje, en su artículo científico: "Táchira: una arqueología de voces y palabras" (publicado en la Revista Procesos Históricos de la Universidad de Los Andes, 2018), el vocablo "Táchira" se inscribe en el contexto morfológico, cultural y geográfico de las lenguas aborígenes de América, las cuales presentan una marcada naturaleza aglutinante.

Contexto lingüístico originario: La aglutinación

La aglutinación, como rasgo morfológico predominante, implica que las palabras se constituyen mediante la yuxtaposición o concatenación de monemas (raíces y afijos) independientes, los cuales mantienen su autonomía formal y semántica, permitiendo aislar e identificar cada elemento para indicar una inflexión o derivación específica.

Desde una perspectiva geográfica, los topónimos aglutinados se distinguen por describir la característica esencial del espacio al que designan. Partiendo de una raíz básica, permanente o constante (que podría significar 'tierra', 'agua', 'peña', 'roca', 'despeñadero', entre otras), se articulaban para definir la condición más notable del lugar.

Los nombres impuestos a estos sitios hacían, por lo tanto, referencia directa a la realidad primigenia del terreno. Dada su antigüedad, estos topónimos no solían basarse en elementos variables o efímeros, sino en aspectos fijos o intrínsecamente ligados a la tierra, un hecho que parece confirmar que los responsables de tales denominaciones fueron los pobladores originarios de esas tierras.

Un ejemplo ilustrativo de esta praxis se observa en el nombre ancestral de la actual ciudad de Caracas. El topónimo original del valle donde se erigió la urbe era "Catuchacao", un vocablo arawaco-caribeño que significaba "Guanaberal (lugar poblado de guanábanas) junto al río" o "El río de las guanábanas". Así quedó consignado en la relación geográfica enviada al Rey Felipe II por el gobernador de la provincia de Venezuela, el capitán Juan de Pimentel, en 1578.

En dicha relación, Pimentel documentó las características esenciales que daban origen a la mayoría de los topónimos aborígenes en esa provincia, elementos comunes, como se ha señalado, a las culturas nativas americanas. En el castellano del siglo XVI, Juan de Pimentel refería:

"Capítulo treze. Los barrios e poblazones de los indios tienen sus nombres derivados de algún árbol, quebrada, arroyo, peña, u otra cosa señalada que esté en sus asientos o cerca dellos, o de alguna cosa acaescida allí cerca".

Macrocontexto protochibcha y mesocontexto chitarero

Trasladándonos a las elevadas cumbres de la cordillera suroccidental andina, objeto de nuestro estudio, el topónimo tachirense se inserta en la secuencia filogenética lingüística regional. Su génesis se rastrea hasta la lengua chibcha (o muisca)/protochibcha, articulada a través de los pueblos aborígenes chitareros que, para el siglo XVI, se encontraban asentados y habitaban una o ambas márgenes del río Táchira (cercano a la actual San Antonio del Táchira) al momento del encuentro con los conquistadores. Esta es la ancestral voz patrimonial: "Táchira".

Microcontexto: El valle y riberas del río Táchira

Las crónicas españolas del siglo XVI (datadas hacia 1550) identificaron el vocablo "Táchira" como el nombre de un lugar y aldea aborigen de filiación y léxico chitarero, ubicado en el curso medio del actual río Táchira (región fronteriza entre Venezuela y Colombia, entre San Antonio del Táchira y Villa del Rosario). Documentos posteriores referían que tanto el "río Táchira" como el "Llano Táchira" (actuales San Antonio y Ureña) adquirieron su denominación por pasar por el sitio y poblado de los táchiras, diferenciándose del "río de Cúcuta" [actual río Pamplonita], cuyo nombre se debía a "unos árboles que se encontraban en abundancia en sus orillas" (según testimonio judicial de 1621 por un pleito de jurisdicciones entre la Villa de San Cristóbal y la ciudad de Pamplona). En ese mismo juicio, se enfatizaba que "los indios de Abriaca llamaban a ese río 'Táchira' porque pasaba por el sitio de Táchira".

El origen de la palabra que da nombre a la entidad federal se remonta, por consiguiente, a una voz aglutinante, ágrafa, de una lengua aborigen americana, hablada por las parcialidades chitareras.

Para la identificación de las parcialidades de la nación chitarera en la región, un juicio de 1575, entablado entre vecinos españoles de Pamplona y San Cristóbal por la posesión de encomiendas entre los ríos Cúcuta y Táchira, registra la alegación: "No pretendo a los chitareros de Cúcuta sino los de Abriaca". Abriaca es, aún hoy, un caserío situado en la aldea Las Cumbres, Municipio Pedro María Ureña, Estado Táchira, desde donde se tiene una vista panorámica del valle del curso medio del río.

Significado etimológico de "Táchira"

En consecuencia, a partir de los elementos de juicio precedentes, entendidos como referentes contextualizadores del topónimo, y tomando como código comunicacional los diccionarios bilingües (castellano y muisca) elaborados por los misioneros jesuitas y agustinos a principios del siglo XVII —textos que fungen como una suerte de Piedra Rosetta lingüística para la lengua general chibcha o muisca—, resulta posible, con rigor lógico y fundamento teórico, descifrar el significado intrínseco de la voz «Táchira», un vocablo de profunda raigambre telúrica.

El término se conforma a partir de los étimos de sustrato muiscas o chibchas identificados como:

talexema nominal que denota 'labranza' o 'tierra labrada'.


chisufijo determinante posesivo de la primera persona del plural, que significa 'nuestra/o'.


ramorfema o partícula modificadora con función de sufijo, que indica un tiempo presente continuo y confiere un sentido de permanencia o constancia inmutable al objeto poseído (sin transferencia de dominio).

Esta partícula -ra está asimismo asociada o es considerada una evolución fonética castellanizada de la terminación de palabra -nga, empleada para construir el futuro o un sentido futuro de palabras en presente.

Literalmente, el vocablo se puede traducir como: "La tierra de labranza que es y será nuestra" < Chibcha: ta+chi+ra.

Traducido a un castellano contemporáneo, su significado sería: "Tierra de nuestra heredad" o "Nuestra tierra de heredad".

La pronunciación original, como etnónimo aborigen, era similar a la forma castellana, con la salvedad de que el dígrafo ch se articulaba, de forma aproximada, como la fricativa postalveolar sorda tʃ —similar al sonido de la ch en francés o la sh en inglés— y la r se vocalizaba de manera suave (Extracto de la teoría lingüística filogenética denominada "Teoría chibcha", postulada por el profesor Samir A. Sánchez en su artículo: “Táchira: una arqueología de voces y palabras”, Revista Procesos Históricos, Universidad de Los Andes, 2018).


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viernes, 16 de febrero de 2024

Dichos y refranes tachirenses. Los dichos de los nonos, memoria y testimonio │The Tachiran Grandparents’ Wise Old Sayings









 

Palabras de antaño y hogaño... Cada uno de los dichos y refranes tachirenses, encierra de forma punzante o sutil una lección de vida o una reflexión sobre cómo eran las cosas en esos tiempos. Se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con dichas expresiones desde las diferentes ópticas que ahora prevalecen, pero no se dejarán de encontrar en las mismas, por igual, comunes aspiraciones, certeros aciertos y profundas contradicciones de nuestra naturaleza humana. 


Por ello, nos ha movido traer a la actualidad fragmentos de esa palabra hablada, recuperados de una tradición oral y didáctica que se fue perdiendo en la medida que iban desapareciendo las personas mayores que la conocieron. Lingüistas y filólogos encontrarán aquí materia para sus estudios sobre la evolución lingüístico-histórica del castellano en América.

 

El habitante del Estado Táchira del presente encontrará que este otrora lenguaje montañés fue, junto al intenso sentimiento de consustancialidad con la tierra natal, un elemento cohesionador del espíritu y del ser del país de los tachirenses, y de la tachirensidad, como compañero de su identidad, de su historia, de sus valores, de sus saberes y de sus aprendizajes y, en consecuencia, soporte insoslayable de su patrimonio cultural intangible. 


Así, como Patria res, debe ser conocido y estudiado por las generaciones presentes, y por aquellas que están por venir.



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miércoles, 14 de febrero de 2024

'Tachirenses', 'tachirensidad' y 'gochos': por una reconstrucción de la identidad cultural tachirense desde sus gentilicios | The key to Unlocking Ancient Táchira: 'Tachirenses', 'Tachirensidad' and 'Gochos', Proper Adjectives and Colloquial Nicknames for Tachiran People








El Táchira: un concepto, una historia, una realidad cultural 

Los tachirenses al cuestionarnos desde lo ontológico nos hallamos ante una paradoja o contradicción: a diferencia de lo que puede ocurrir en otras partes, una sola palabra no resulta completa para definirnos.
Por el contrario, nos encontramos ante una riqueza de categorías conceptuales –cuatro gentilicios y cuatro sustantivos de cualidad- cuyas definiciones, en cada uno de sus contextos, no son excluyentes, ninguna excluye a la otra. Esto es, ubicado cada gentilicio y sustantivo de cualidad en su contexto o campo de acción semántico y tiempo histórico, todos resultan huellas maleables de algo superior- que intentan expresar lo que somos los tachirenses, por qué somos así y cómo estamos siendo ahora.
Partiendo del principio que entiende la identidad no como algo aislado del ser sino como un modo y estilo, encarnados en las personas que la viven en sus formas y acentos y así la hacen coherente, plausible, y la transmiten -como un proceso humano y no meramente informativo-, para muchos de nosotros, "seres" tachirenses, el Táchira es más que un estado o entidad federal. Es una realidad cultural singular, única, una tautología lógica desde la primigenia expresión "el Táchira", por cuanto la no separación de esos términos gramaticales significa grandeza, orgullo y y elevación de ánimo, una verdadera impronta o marca personal porque el tachirense genuino piensa, dice y escribe: "soy del Táchira", no "de Táchira".
Por ello estas palabras -cual patrimonio léxico-, aquí estudiadas, nos ofrecen la oportunidad de comprendernos en lo intelectual, emocional y físico; desde la cadencia y la sonora musicalidad del habla hasta la fuerza telúrica que nos anima. Sólo quien vive en Los Andes, o ha visto la imponente majestuosidad de Los Andes, en palabras del eximio filósofo José Manuel Briceño Guerrero compartidas en enriquecedoras tertulias, de tiempos ya idos, puede comprender y dimensionar esa fuerza telúrica, que dimana de las entrañas de la misma tierra.
Es de allí, desde donde se debe iniciar cualquier proceso de intelección sobre el ser tachirense, sobre los tachirenses, reconocidos, con acierto, desde la antropología etnográfica y por analogía como «los vascos de Venezuela», por su trascendente espíritu, indómito y libérrimo, de apego a sus milenarias montañas y dedicación al trabajo arduo; un espíritu que alcanzó a marcar los tiempos de toda una nación y el cual bien se puede contextualizar -con sus fortalezas y fragilidades, de forma metafórica- en las palabras que coloca Goethe en Fausto, en una conversación con su alumno y fámulo Wagner, «Was ihr den Geist der Zeiten heisst, Das ist im Grund der Herren eigner Geist, In dem die Zeiten sich bespiegeln/Lo que llamas el espíritu de los tiempos es, en el fondo, el espíritu de la gente en quienes los tiempos se reflejan» [KAUFMANN, Walter Arnold, Goethe’s Faust, Bilingual edition, Anchor Books, New York, 1963, p. 143].

Al estar viviendo tiempos nublados para la transmisión generacional de la conciencia de lo que significa el ser y la identidad tachirense, que se solapan o relegan, en un mundo globalizado y en un país destartalado, los anteriores planteamientos quedaron expuestos en la conferencia «El ser ante la diversidad. La diversidad en las categorías conceptuales que definen el Ego sum tachirense. Análisis etimológico-histórico», dictada por el Prof. Samir A. Sánchez (Universidad Católica del Táchira), en el II Festival Filosófico, organizado por el Instituto Universitario Eclesiástico «Santo Tomás de Aquino», en Palmira, los días 13 y 14 de marzo de 2015, en el contexto del tema del festival «Identidad: en búsqueda de las raíces propias».

Ni sistemáticos, ni históricos, el orden de los términos explicados es puramente práctico, diríamos arbitrario. Tampoco son categóricos. Sólo se busca que el lector tachirense descubra su significado y sus relaciones desde los elementos que proporciona la deconstrucción de las palabras o desde la común claridad que nos da el orden gramatical (fonético-fonológico, morfológico y sintáctico). Asimismo se ofrece un léxico y su documentación para que con ellos encuentre las llaves de una mejor intelección y apropiación de su ser y de su tierra.
Sólo así, ese tachirense, ante el vendaval que le intenta doblegar, levantará en alto los valores ontológicos señeros inmersos en sus orígenes; cualificada herencia de las generaciones que le precedieron: una cabeza en su lugar para el correcto pensar; un corazón para tener fe, dar y amar, y unas manos –callosas- para el actuar.



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La Trinidad anónima de Laguna de García: Revelación de un óleo académico del siglo XIX en el Táchira Eterno │ The Anonymous Trinity of Laguna de García: Revealing a 19th Century Academic Oil Painting in the Eternal Táchira.






Fotografía: José Ramón Chacón Duque (2025).



Tesoros ocultos del Táchira Eterno

En nuestro permanente interés, desde Proyecto Experiencia Arte (2012) y su versión en inglés, Táchira Heritage (2024), por dar a conocer la herencia cultural del Táchira, en alto riesgo de desaparecer, a menudo, en los rincones más recónditos y serenos de la geografía andina tachirense, como lo es la Casa Cural de Laguna de García en el Municipio Uribante, vemos que se ocultan tesoros de incalculable valor artístico cuya maestría y expresividad rivalizan con las piezas custodiadas en los grandes museos del mundo. Es el caso de una pintura al óleo que no es solo una imagen de fe, sino una revelación del arte académico de finales del siglo XIX, un destello de técnica y devoción que se alza como patrimonio pictórico irrepetible y orgullo del Estado Táchira.

La obra, de autor anónimo, y quien siguió los aspectos dogmáticos definidos en el credo niceo-constantinopolitano (concilios ecuménicos de Nicea y Constantinopla) de los años 325 y 381 de nuestra era, nos sumerge en una escena de profunda majestad, ejecutada con un naturalismo virtuoso que da vida a lo divino. Sobre un trono escaño con escabel de noble sencillez, se asienta la Santísima Trinidad. Dios Padre y el Hijo se revelan en formas antropomorfas, mientras que el Espíritu Santo, una paloma natural y haz de luz, corona la celestial asamblea. La composición se envuelve en una mandorla de gloria, un círculo de nubes etéreas y serafines que vibran con el fulgor de lo eterno, elevando al observador, en lo espiritual, a posicionarse ante una escena y una esfera de esplendor místico.

El marco o cañuela (como le llamaban nuestros nonos) es de madera y diseño lineal neoclásico, de perfiles sencillos redondeados y molduras de líneas rectas. De color azul pálido con borde interior en tono dorado, muestra pérdidas de material, astillas y daños producto de la antigüedad.





La iconografía se carga de una intimidad conmovedora: Padre e Hijo se encuentran unidos por la diestra del Padre, un gesto que simboliza, en la religiosidad católica, no solo su unidad de esencia sino también un pacto de amor y gobierno universal. Sus vestiduras reflejan su autoridad compartida: una estola de oro cruzada al pecho, emblema de la soberanía del Padre y del sacerdocio eterno del Hijo, quien, además, sostiene una férula ceremonial, cetro de su realeza cristológica. La calidad en el tratamiento de los ropajes y las facciones, reflejo de la técnica académica, convierte cada pliegue y cada mirada en un acto de devoción visual.





Un llamado a la custodia del legado

El valor artístico de este óleo trasciende lo estético o plástico. Es la memoria histórica y la expresión de fe de una comunidad que atribuyó, su origen, por tradición,a un presente de Monseñor Jesús Manuel Jáuregui Moreno, a la antigua capilla de Laguna de Garcia de fines del siglo XIX. Por ello, su conservación no es una opción, sino un imperativo cultural. Cualquier intervención en esta obra, sea para limpieza o restauración, debe ser confiada exclusivamente a manos de personal especializado. La delicadeza del soporte, la antigüedad de los pigmentos y la especificidad de la técnica del siglo XIX requieren un conocimiento experto, pues una acción no cualificada podría dañar irreversiblemente esta joya. Proteger y restaurar este lienzo, además de conocerlo y valorarlo, es salvaguardar una porción del alma cultural del Táchira.




lunes, 12 de febrero de 2024

Muros de piedra y fe: análisis artístico-arquitectónico de la Iglesia de Lobatera (Estado Táchira-Venezuela) | Stone Walls and Faith: art and architecture in Lobatera's Parish Church (Táchira State-Venezuela)

 









Je suis Notre-Dame de Lobatera...  

Un icono de la arquitectura religiosa tachirense


Samir A. Sánchez (2020)


A los pies de esta construcción y con una mirada enfocada desde el punto de vista arquitectónico, la iglesia de Lobatera (Estado Táchira - Venezuela) puede calificarse como un logro particular de la arquitectura religiosa tachirense, difícilmente repetible en nuestros tiempos.

Asimismo es un ejemplo del antiguo paradigma de esfuerzo, tenacidad y emprendimiendo de los lobaterenses a lo largo de los dieciocho años que duró su reconstrucción (1949-1967) y del ora et labora de su párroco promotor Mons. Manuel García Guerrero (1908-1986).

El presente trabajo data de 1997 y fue un primer producto para propuestas de investigación en la Universidad Católica del Táchira, cuando se desarrollaba el área o departamento de Investigación. Con el tiempo se actualizó con datos históricos más precisos que el investigador o lector avezado  puede consultar en el siguiente enlace: "The restauration of Our Lady of the Rosary of Chiquinquirá de Lobatera (2016)"

No obstante los principios históricos del arte de esta edificación, descritos en este trabajo, publicado por la Universidad Católica del Táchira en 2000, permanecen en esencia.


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viernes, 9 de febrero de 2024

Leyenda de la voz de los espíritus de las campanas de Lobatera (Mitos y leyendas del Táchira del siglo XIX) | The Voice of the Bronze Spirits in the Bells of Lobatera (Old Tachiran Tale from XIXth Century)








«Si en este pueblo no suena la campana mayor/La Chiquinquirá se pondrá triste porque le falta lo mejor».

Versos tradicionales del siglo XIX, compilados por la maestra Srta. Delfina Sandoval (1901-1992) y referidos por ancianos en las tertulias que se daban bajo el viejo y ya desaparecido samán, en la plaza mayor (actual plaza Bolívar de Lobatera) en 1921.






Al trazar la historia de las antiguas campanas de Lobatera, los senderos del mito y del trabajo con rigor científico, convergen por vez primera en un juego de luces y de sombras sobre las más recónditas reminiscencias de nuestra memoria.


Viene el recuerdo, evocador de tiempos pasados y con él los últimos matices del atardecer en un espacio que, si bien está ahora contenido en el vacío, fue una vez la casona grande de mis abuelos. Y con ese recuerdo, vienen por igual las palabras del inmortal Lorca, para describir ese entrañable lugar: "... castos rincones que guardan un viejo rumor de nostalgias y sueños".


Allí, sobre ese espacio, reedifico una vez más mis juegos infantiles en torno al zaguán, patio, jardines, columnas y corredores que se levantaron sobre gastados enlosados de ladrillos viejos.


El aire, que pasa sin obstáculos por las ventanas y se adentra en la casa, trae el sosegado tono de la voz de la nona, quien en la espaciosa sala conversa con Don Florentino, sobre ya olvidadas faenas de la zafra y la molienda.


De repente, un doble de campanas silencia la conversa. Le sigue el constante repicar de una campanilla de plegaria que languidece.

– «Requiem aeternam dona eis, Domine», rezó la nona.

- «Et lux perpetua luceat eis», contestó Don Florentino.


Luego, como repitiendo las palabras de Hemingway, preguntó ella:


- «Por quién doblan las campanas».

- «Puede ser por Severiana la mujer de José Labrador, me contaron que se puso mala después de la dieta», respondió Don Florentino.


Y así, en un ir y venir de nombres y detalles, la conversación se encausó hacia las viejas campanas.

- «¡Qué sonoras y vibrantes son las campanas de Lobatera!», manifestó la nona.


De inmediato Don Florentino, de pie, algo encorvado por los años pero pleno de aquella sabiduría que da la experiencia, y luego de sumirse en una silensiosa reflexión, mirando hacia la torre por entre los herrajes de la alargada ventana que daba a la plaza, le contestó:

- «¡En el corazón de bronce de esas campanas, vive perenne el espíritu de nuestra tierra!».


La nona, si bien quedó un poco intrigada por tan enigmática respuesta, dejó que Don Florentino hablara:

-«Recordaban los nonos, en aquellas noches a la luz de la luna llena, que contaba la leyenda y las viejas del lugar que, las campanas de Lobatera, fueron hechas en una fragua próxima al camino del cementerio. Cada vez que encendían la misma para vaciar el bronce, poderosos vientos que bajaban de Monte Grande y Potrero de las Casas apagaban el fuego. Una y otra vez lo intentaron, una y otra vez se apagaba.


Un anciano arriero que a diario transitaba por el camino entre La Cabrera y el pueblo, se detuvo y les dijo: ‘¡Conjuro y exorcismo! ¡Conjuro y exorcismo con eso!’. Asombrados quienes fundían, por tan raras palabras, se acercaron y le preguntaron qué significaban.


Él les contestó: ‘El espíritu de las montañas que ha vivido y susurrado aquí por siempre, no descansará tranquilo hasta que su voz se funda y se libere en metal sonoro’. Luego, les explicó qué debían hacer: triturar una hoja de díctamo real sobre el cobre derretido, lo conjurará; la plegaria de un sacerdote anciano sobre el bronce ya batido, lo exorcizará’.


Así lo hicieron y los carbones avivaron la llama templando el bronce de tal manera que, al martillar el metal caliente sobre la piedra, repicaron con fuerza en prolongado, sonoro y susurrante sonido que cubrió todos los valles, quebradas, montes, ríos y peñascos de Lobatera».


Versión libre del mito o la leyenda de 'Los espiritus de la campana de Lobatera', reconstruida sobre la tradición oral transmitida por: Doña Maximiana Sandoval vda. de Sánchez, Lobatera (21 de febrero de 1908 - 6 de octubre de 2004) y Don Luis Florentino Zambrano Suárez, aldea Volador (11 de octubre de 1902 - 21 de julio de 1994).

Vocabulario

Ponerse malo: antigua expresión del lenguaje coloquial 
tachirense, empleada en siglo XIX y primera mitad del siglo XX, que significaba: enfermarse, caer enfermo.

Dieta: servía para identificar el puerperio.

Díctamo real: antigua yerba fragante que crecía al abrigo de los peñascos en las alturas de los páramos andinos tachirenses. Sus hojas y flores secas eran utilizadas por  aborígenes y criollos con propósitos mágicos o curativos.

Nonos: En el Táchira servía para identificar a los abuelos. Se desconoce su origen o probable vinculación con el término italiano nonno o nonna o el judío sefardí nono o nona (abuelo o abuela).





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Fotos: Darío Hurtado (2015). Óleo sobre lienzo de la Virgen de Chiquinquirá de Lobatera que se venera en el pueblo desde 1621. Campana mayor o "Chiquinquirá III" (de 1894) y antiguas campanas de 1839 (La central "Chiquinquirá II) que, con probabilidad, tal vez fueron las que sirvieron de urdimbre a la leyenda. Estas tres fueron robadas por los mercenarios del comercio ilícito del bronce en la madrugada del 13 de noviembre de 2018, y con ellas desapareció parte importante de la memoria y del patrimonio tachirense, cercenado en estos tiempos de oscurantismo.



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sábado, 3 de febrero de 2024

El árido enigma del cerro de la Laguna del Buitrón y Enriqueta la Muca (Una leyenda del folklore tachirense) | The Arid Enigma of the Cerro de la Laguna del Buitrón & Enriqueta "la Muca" (The Witch)





Versión idealizada de Enriqueta la Muca y la leyenda, según la IA (Flash 2.5 Gemini, 2025).







La versión en formato PDF de este trabajo, puede ser descargada aquí:





Por: Samir A. Sánchez (2004) 

¿Qué sucede cuando la geografía se seca y solo queda la leyenda?

Frente al histórico pueblo de Lobatera (Estado Táchira) se alza majestuoso el cerro de la Laguna del Buitrón. Su nombre evoca una historia de agua y misterio, pues allí, en su cumbre, existió una laguna, hoy estacional o completamente seca, que ha sido el epicentro de los cuentos más difusos en la memoria de los nonos.


La geografía del misterio

Esta formación no es solo un accidente geográfico; es un punto de encuentro entre la realidad y el mito. El Buitrón, con su laguna intermitente, ha sido testigo silencioso de siglos de leyendas. La orografía del lugar, con sus áridas cumbres y rocas que sirven de escondite natural, creó el escenario perfecto para las diversas historias que han perdurado desde el siglo XVII.


El secreto de las brujas

Según los relatos ancestrales, esta laguna* desolada era el punto de reunión de las brujas de la región. En las noches de luna llena, cuando la neblina envolvía la cumbre, se dice que subían para celebrar sus aquelarres: rituales, danzas y pactos bajo la luz plateada del plenilunio.

Los despistados caminantes, más valientes —o más curiosos— se atrevían a subir la montaña, buscando un escondite entre las grandes piedras para ser testigos de este espectáculo prohibido. ¿Qué vieron realmente? ¿Una danza de sombras proyectadas por la luna, o algo mucho más oscuro y ancestral?

En el arcano de la memoria de los nonos perduró, entre otras, el recuerdo de una de esas brujas o hechiceras: Enriqueta la Muca.



Créditos de imagen referencial: Ch'aska (Acrílico sobre lienzo, 20 x 25 cm. Exposición pictórica itinerante en la Universidad de Deusto, Bilbao, 16 de octubre de 2023)


Al parecer, entre el coro de sombras danzantes y el murmullo de conjuros en la cumbre, junto a la laguna y bajo el plenilunio, ninguna silueta era tan imponente ni su influjo tan temido como el de Enriqueta la Muca. Ella no era una simple oficiante, sino la sacerdotisa, la jerarca de la laguna seca. Su apodo, "La Muca" —quizás por un silencio autoimpuesto o por el mutismo que infundía—, era un emblema de su poder sobre lo inexpresable, sobre los secretos que no deben ser pronunciados con voz humana.





La Hechicera

Se dice que Enriqueta poseía el don —o la maldición— de comprender el lenguaje de las rocas y los huesos secos del monte, de atemorizar a las cascabeles del camino. Su figura, envuelta en paños oscuros, entre viejos y raídos romantones, parecía absorber la escasa luz de la cumbre, en todos los aquelarres.

No lamentaba la ausencia del agua en la laguna, sino que la celebraba. Para Enriqueta, el lecho seco era un lienzo de barro donde el mundo material se había retirado, dejando el espacio perfecto para la geometría de la magia. Sus hechizos más poderosos requerían la arcilla agrietada y el polvo mineral, pues creía que lo que estaba "muerto" a los ojos del mundo era la puerta más franca hacia el reino de lo "no nacido".

En las celebraciones, mientras otras brujas reían a carcajada suelta o entonaban cánticos guturales, Enriqueta se movía en un silencio absoluto. Su danza era un movimiento exacto y terrible: sus manos tejían figuras complejas en el aire frío, y sus pies marcaban un ritmo interno que solo la luna y los espíritus invocados podían escuchar. El que la observaba desde las piedras no oía nada, pero sentía un frío helado en el pecho, la sensación de que su propia voz le había sido arrebatada.

Enriqueta no pedía favores, sino que dictaba voluntades. Con un gesto de su mano, podía convocar el viento que desciende de los páramos al valle de Lobatera o, como le llamaba ella, el "hálito de la montaña", utilizándolo para llevar maleficios a distancia o, paradójicamente, para limpiar el alma de los pecados mediante una abrasión eólica que dejaba al sujeto tan seco y libre como el lecho del Buitrón.




Contaban los nonos que, en lugar de un espejo de agua, usaba una esquirla pulida de cuarzo, del Eoceno tardío, encontrada en la cima, la cuidaba, envuelta en trapos, y llamaba “El Ojo del Tiempo”. Este era su oráculo. Si un caminante demasiado curioso se atrevía a mirarla a los ojos mientras ella miraba la piedra, La Muca le revelaba su muerte futura, no con palabras, sino imprimiéndole la escena final en la retina como un fuego fatuo.

No se sabe cuándo ni cómo murió Enriqueta la Muca. En noches de tormenta, en el claroscuro de la distancia, dicen que desde Lobatera ven su figura fantasmal, junto el eco de sus carcajadas, ascender lentamente por el camino hasta la cumbre, hasta su laguna.

Así, ella permanece en el recuerdo de los más ancianos, no solo como una bruja, sino como la personificación del propio cerro de la Laguna del Buitrón: árido, silente, majestuoso, guardián de Lobatera y de los misterios más profundos y peligrosos que flotan sobre las cumbres borrascosas del Táchira eterno.

Aun cuando ya no se cuentan ni transmiten de nonos a nietos cuentos, ni mitos, ni leyendas, Proyecto Experiencia Arte, Táchira Heritage y Retazos históricos del Táchira te invitan, siempre, a mirar el Cerro del Buitrón no solo como un cerro, sino como un cofre de mitos. La laguna ya no tiene agua, pero la leyenda de las brujas aún flota en el aire frío de la cumbre.

Nota: Esta leyenda o mito es una reconstrucción libre de los cuentos de los nonos, oídos en la casa grande de Lobatera. Por igual distinguidas escritoras como la Antropóloga Doctora Reina Durán Lara y Lolita Robles de Mora, transcribieron y publicaron otras versiones de esta leyenda, dictadas por José Hermes García Molina, el último cuentacuentos que tuvo Lobatera, recientemente fallecido (30 de enero de 2019). Con él se fue la memoria de otros tiempos, de otras gentes, y de otros siglos.







Fotos de la Laguna del Buitrón y Lobatera: cortesía de Johnn Benítez Colmenares (2025). Nombre del perro que aparece en las imágenes y compañero de excursión: Magano.

(*) La laguna está a 1.210 m de altitud, y a 1.230 m la cumbre del cerro del Buitrón, en el bolsón semi-árido o desierto de altura de Lobatera.