martes, 25 de septiembre de 2012

Memoria de bronce: El Bolívar de Lobatera │ The Statue of General Simón Bolívar Liberator in Lobatera: A Welcome Gift

 



Foto: Darío Hurtado (2020)



Presentación

Cuando Marco Tulio Cicerón, orador, político y escritor romano comenzó a percibir los primeros síntomas de la decadencia del ideal del estado romano, exclamó: "Monumenta vetera volvere" – Hay que volver a los antiguos monumentos, hay que releerlos. No en vano, monumento y memoria han compartido a través del tiempo una misma raíz etimológica, la palabra latina moneo que significa “recordar”. A partir de este principio, y desde finales del siglo XIX y una parte considerable del XX, se dio el desarrollo de la escultura pública o estatuaria de carácter conmemorativo en Venezuela y en el Estado Táchira, si bien en este último la estatuaria conmemorativa pública comprende un campo de trabajo escasamente desarrollado o desconocido.


Por ello, los monumentos públicos existentes en las ciudades y pueblos del Táchira, heredados de las sociedades que nos precedieron, aun cuando puedan llegar a alcanzar el calificativo de obras de arte, no pasarán de ser sólo eso: una herencia residual de otras épocas cuya escasa valoración, en muchos de los casos, no trasciende más allá del atavismo
formal de las fechas patrias. Fuera de ellas, los monumentos de nuestras plazas solo son simples objetos ignorados, en muchos casos improvisados y por demás desconocidos entre
la complicada trama urbana y comercial de las ciudades y poblaciones tachirenses del siglo XXI. De allí que no se apliquen procedimientos metódicos definidos para su datación, análisis, evaluación de su estado actual, ubicación, relación con el entorno y conservación.


Así, con el objetivo de fomentar los estudios de la estatuaria de los monumentos conmemorativos que se encuentran en los espacios públicos del Estado Táchira, se expone como modelo la presente crónica-estudio. A través de ella se intenta dar respuesta a las interrogantes planteadas por cualquier ciudadano quien, también en un día cualquiera, se ubique frente a la estatua de El Libertador en la plaza Bolívar de la población de Lobatera, capital del municipio del mismo nombre, en el Estado Táchira, y se pueda preguntar:¿quién
hizo esa estatua?, ¿por qué?, ¿cuándo?, ¿para qué? o ¿desde cuándo está aquí?


Dando respuesta a cada una de las interrogantes planteadas, tendremos los elementos necesarios para valorar, en toda su dimensión, la estatuaria del patrimonio monumental escultórico que, desde octubre 1912, con la instalación del primer busto de El Libertador cívico en la plaza Bolívar de San Cristóbal, se inicia y protagoniza los espacios públicos de las plazas y parques del Táchira.



El trabajo, publicado por la Universidad de los Andes (Mérida) puede ser descargardo en formato PDF, aquí:



lunes, 24 de septiembre de 2012

El Torreón de Lobatera: guardián del territorio e imagen de poder│In times of cloak-and-sword.. Spanish Colonial Army Buildings in Lobatera, Táchira State (Venezuela)

 






“17. Torreón o trinchera antigua para recibir a los indios motilones”. Plano del Cantón de Lobatera, año de 1837 (Foto: Samir Sánchez, 2011).




Cuentan las antiguas crónicas que un anónimo pero diestro pintor trazó sobre un amplio papel figuras y formas que luego cubrió con vívidos colores. Así, en la sección central de dicho dibujo colocó cañones y diminutos íncolas, viandantes o soldados en el camino real que llevaba a San Juan de Lobatera (actual San Juan de Colón, Municipio Ayacucho), selvas de Guaramito y río Zulia. El dibujo era un plano cartográfico de la Municipalidad de Lobatera y su jurisdicción territorial que se hizo por petición expresa del Congreso Nacional de la República de Venezuela, como material de apoyo en las discusiones que adelantaba sobre tratados de límites internacionales.

El conjunto, identificado en el plano como “Torreón o trinchera antigua”, se ubicó en el espacio que actualmente ocupa el Cementerio Municipal de Lobatera, construido luego del terremoto de 1849, sobre las ruinas del torreón. Este es el origen que, a partir de 1850, ya recibiera la denominación de Cementerio del Torreón. Para los tachirenses del presente su desconocimiento ha dificultado la apreciación de su valor histórico y monumental, así como la importancia de su conservación.



Sólidos cimientos del Torreón en el Cementerio Municipal de Lobatera (Foto: Samir Sánchez, 2011).


Un torreón en la América española del siglo XVIII era un referente, a pequeña escala, de protección y del poder imperial de la Monarquía hispánica. Consistía en una construcción aislada, en mampostería, circular o cuadrangular, de reducidas dimensiones, pero fortificada y con batería, la cual servía para vigías o centinelas. Era propia de los sistemas defensivos de las fortificaciones militares de menor tamaño (como el fuerte aislado abaluartado, fortín o la batería), de fines del siglo XVIII, y actuaban como primeras defensas en lugares geográficos claves o poblaciones. Ejemplos de los mismos se pueden apreciar en la Isla de Margarita (fortines y baterías).

De la estructura del Torreón de Lobatera, de probable planta cuadrangular, sólo subsisten parte de los cimientos orientales. Los mismos representan a su vez el único vestigio, hasta ahora conocido, de una obra arquitectónica militar del período colonial conocida en el Estado Táchira. Este cimiento se mantiene en pie junto a la pared oriental del cementerio. Lo que quedaba de la obra, en estado de ruina para 1837, fue derribado en 1849 y sobre ese espacio se construyó el nuevo cementerio municipal que sustituiría al del Humilladero, cerrado con las víctimas del terremoto.

El anónimo dibujante del plano de 1837 detalló con precisión artística dos cañones de batir, con cureña de batalla y sin protección o mampara que, por la posición que tienen, uno apuntaba hacia la hondonada del río Lobaterita y otro hacia el horizonte del camino real. (Mapa del Cantón de Lobatera, elaborado en 1837. Este plano se encuentra en la Mapoteca de la Cancillería, Sección Fronteras, en la casa Amarilla, Caracas.



Vestigios de los cimientos del Torreón, con un ancho de una vara castellana (84 cm) en el Cementerio Municipal de Lobatera (Foto: Samir Sánchez, 2011).



Por documentos de la época, se conoce que el origen de este torreón es de o posterior a 1775. Este dato se encuentra en una testificación de agravios que hicieron los vecinos de Lobatera, señores Bernardino Escalante, Cristóbal Fernández de Mora y otros ante el pleno del Cabildo de la Villa de San Cristóbal, en cabildo abierto, el día viernes, 13 de enero de 1775, cuando refirieron los reiterados ataques de los motilones, que habitaban en las selvas al sur de la Laguna de Maracaibo, contra el pueblo de Lobatera y las haciendas de su jurisdicción, enfatizando que estos lugares “eran antemural de defensa de la Villa [de San Cristóbal]”.

El Cabildo acordó y dio una orden al Justicia Mayor y Regimiento de San Cristóbal para la inmediata construcción de “las defensas que para el bien común y de esta república fueren necesarias” para crear condiciones seguras y estables.

Asimismo, por la relación de los testimonios de los lobaterenses, se conoce que en sus incursiones los motilones les mataban sus animales y destrozaban huertas y sembradíos de caña de azúcar y cacao e impedían las labores agrícolas. Recordaban por igual, con especial horror, una agresión ocurrida en agosto de 1745, en el que habían atacado el propio poblado y habían robado de un todo en la casa y la hacienda de don José Pinedo de Villalobos (que se ubicaba en la actual aldea La Parada), y en 1760, en un nuevo ataque, habían asesinado en la playa grande del río en las inmediaciones de Lobatera a Ventura Guerrero (actual aldea La Cabrera). Del mismo modo, se habían experimentado muy serios perjuicios “al comercio por el río Zulia y con San Faustino en los asaltos que habían efectuado en las montañas de Lobatera en los años de 1762 y otro en 1767” (Datos en: "Testimonio de Cristóbal Fernández de Mora, Bernardino Escalante y otros vecinos de Lobatera". Villa de San Cristóbal, 13 de enero de 1775. Archivo General de la Nación, Bogotá. Caciques e indios. 62, doc. 19. 351v-352v.).




Plano del Cantón de Lobatera, año de 1837 (Foto: P. Herman González S.J., 1994)



© Proyecto Experiencia Arte / Experience Art Project Publishing 2012. Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de las fotografías pertenecen a cada fotógrafo, grupo o institución mencionada.



viernes, 14 de septiembre de 2012

El Christus dolens de Lobatera (Estado Táchira - Venezuela) │The Old Christ of Lobatera (Táchira State - Venezuela), a Desecrated Statue of Jesus

 






Documentando nuestro patrimonio perdido: El Christus Dolens de Lobatera

El Cristo del Calvario de Lobatera, obra escultórica cuya datación probable se remonta a finales del siglo XIX, fue un eco materializado de la estética cristiana tradicional. Trabajado en escayola o yeso y concebido a tamaño natural, representaba el Christus dolens —el Cristo sufriente o exánime— con un naturalismo que rompía el velo de lo meramente simbólico.

Su iconografía se nutría de una profunda expresión del dolor: la anatomía realista, la postura arqueada o de contorsión del cuerpo, testimonio mudo de una larga agonía, y la paleta cromática de la piel —cetrina, surcada por hematomas amarillo verdoso—, evocaban la revolucionaria sensibilidad de los crucifijos de Cimabue. Aquel pintor florentino del siglo XIII, precursor que abandonó el hieratismo bizantino, inauguró los trazos de los incipientes movimientos del período gótico, confiriendo a la figura divina una humanidad desgarradora.

Esta efigie adornó el altar de la Iglesia parroquial de Lobatera (San Cristóbal - Estado Táchira - Venezuela) desde 1922, el año de su bendición, hasta 2006. Su existencia se truncó el 17 de agosto de 2006 en el infausto evento de un ataque vandálico e iconoclasta que arremetió contra las antiguas imágenes religiosas del templo. El Christus dolens resultó totalmente irreparable, su cuerpo de escayola condenado a la aniquilación, sin opción de resurrección por la mano del restaurador.

La imagen original fue sustituida en 2007 por una de molde de producción industrial: una figura repetitiva de Cristo crucificado, desprovista de arte singular y marcada por acabados y proporciones ajenas a la pieza desaparecida.


De aquel hecho sólo pudo conservarse la sólida cruz de madera, guardiana del recuerdo. Su diseño es singular: ostenta roleos, formas vegetales y remates en forma de flor de loto —símbolo iconográfico de la plenitud espiritual y del paso de la oscuridad a la luz— en los extremos de cada madero. Estas ornamentaciones se repiten en los aletones o aletas decorativas que abrazan los ángulos rectos formados por el stipes (madero vertical) y el patibulum (madero horizontal).


La escultura original, encargada a Estados Unidos por el P. Pedro María Morales en 1921 junto con una imagen de San Juan Evangelista, fue bendecida según el ritual romano el 27 de diciembre de 1922 por Monseñor Acacio de la Trinidad Chacón Guerra, Provisor y Vicario General de la recién creada Diócesis de San Cristóbal. Se le destinó una capilla propia, corazón de la devoción del P. Morales, quien fue sepultado en ella tras su fallecimiento en 1925.


En la misma ocasión, se bendijeron los medallones en altorrelieve que representan las catorce estaciones del Vía Crucis, también encargados a Estados Unidos, y la imagen de San Juan Evangelista, igualmente de escayola o yeso. Mientras la totalidad del cuerpo de San Juan pudo ser restaurada tras el ataque de 2006, su cabeza y rostro se perdieron, siendo reemplazados por una pieza de diferente calidad y proporciones.

Hoy, los medallones del Vía Crucis, restaurados de los destrozos parciales, se encuentran en las enjutas superiores o de los arcos formeros de la nave central de la Iglesia, emulando la tradición ornamental de las basílicas romanas renacentistas

Un dato curioso en su historia es la inscripción original de las estaciones en inglés —ej. "I / Jesus is condemned to death"—, borrada y transcrita al castellano en una restauración de 1991.

Un eco en bronce

Existe una notable escultura paralela en la Iglesia del Nuestra Señora del Perpetuo Socorro/El Santuario en San Cristóbal, donde una escultura naturalista en bronce de Cristo crucificado, adquirida en Italia e instalada en 1955, resulta en una réplica casi exacta del desaparecido Christus dolens de Lobatera.

La sutil diferencia solo reside en el ángulo obtuso que formaban los brazos con el patíbulo en el Cristo de Lobatera, siendo este ángulo más recto en la efigie del Santuario, un mudo testigo y reflejo de aquel, cuyo valor patrimonial era invaluable,  que que se perdió y desapareció en 2006.




Inscripción que hizo el P. Pedro María Morales (1875-1925) el día que llegó a Lobatera la imagen del Cristo del Calvario, un miércoles, 29 de marzo de 1922. La inscripción, colocada en la cara interior de la madera de la peana de la cruz había quedado oculta desde 1922 hasta 2006 cuando se procedió a la restauración. Se observa un detalle interesante: alguien comenzó a escribir la fecha y alcanzó a escribir, con trazos pequeños, sólo "Loba" cambiando luego al tipo de escritura propio del P. Morales quien lo hizo con trazos más grandes (Foto: Roberto Avendaño, 2006).



Lauda sepulcral de mármol que cubre la tumba del Pbro. Pedro María Morales Gómez (San Bartolomé de Vargas/El Cobre, 1875 - Lobatera, 1925) en la actual capilla del Calvario de la Parroquial de Lobatera (Foto: Darío Hurtado, 2012).







Estado de destrucción en el cual quedó el rostro del Cristo del Calvario de Lobatera, luego del ataque vandálico e iconoclasta de la madrugada del 17 de agosto de 2006. Podía ser restarudada pero no hubo un especfialista que lo hiciera  (Foto: Samir A. Sánchez, 2006).





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