viernes, 17 de junio de 2022

Finibus Terrae Tachirensis o En los confines de la tierra tachirense. Cuatro imágenes de un paso internacional de la frontera tachirense: la frontera de montaña de Mucujún | Four Images of the International Boundary between Táchira State (Venezuela) and Coombia





(1) Hito "San Pedro" en la frontera internacional entre las repúblicas de Venezuela (derecha, Este) y Colombia (izquierda, Oeste), en medio de la carretera que comunica a las aldeas y caseríos venezolanos de Los Trapiches y El Oso (Municipio Lobatera-Estado Táchira) con el caserío colombiano de Ricaurte (Corregimiento de Ricaurte-Departamento Norte de Santander), en la montaña y garganta de Mucujún, del antiguo territorio de la Gobernación de San Faustino de los Ríos.


Se corresponde con el hito A6, y está a una altura de 1.512 m. Fue fijado y construido luego de la demarcación del Laudo Arbitral Suizo, de 1923. La línea limítrofe, en este trayecto, va por el centro de la carretera, según lo indica la flecha grabada en la parte superior del hito (Foto: Darío Hurtado, 2016. Visita que hicieran las autoridades del Concejo Municipal de Lobatera y el Cronista oficial para la época, Prof. Richard Medina).




(2) Superposición sobre la imagen fotográfica de la línea fronteriza internacional, de la línea estadal tachirense y de las líneas intermunicipales que convergen en el Hito A6 o Hito San Pedro, en la montaña de Mucujún (Foto: Darío Hurtado, 2016, Visita que hicieran las autoridades del Concejo Municipal de Lobatera y el Cronista oficial para la época, Prof. Richard Medina; Trazado de superposición, Samir A. Sánchez, 2016).




(3) Superposición sobre plano cartográfico de la línea fronteriza internacional, de la línea estadal tachirense y de la línea fronteriza del Municipio Lobatera que se inicia en el Hito A1 (sur, cerca de la cumbre del cerro Don Pedro) y finaliza el el Hito A6 (norte, Hito San Pedro, en la garganta o paso de la montaña de Mucujún), en un recorrido de 1,6 km de la línea internacional. Foto: Cartografía Nacional 1:100 000, 1970, reproducción con fines didácticos, Trazado de superposición, Samir A. Sánchez, 2016.



(4) Vista aérea del área limítrofe internacional de la montaña de Mucujún (Foto: Google Earth, 2016. Línea internacional trazada por Google Earth en 3D, identificación de jurisdicciones, Samir A. Sánchez, 2016).




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Algunos derechos reservados. Los derechos de autor de las fotografías pertenecen a cada fotógrafo, grupo.



domingo, 22 de mayo de 2022

Prosperidad y olvido: La calle de las mil puertas | Prosperity and Oblivion: The Street of a Thousand Doors









Calle Real, o Calle de Bolívar, o Carrera 4 de la población de Lobatera, para 1912. Tras las montañas se encontraba la ciudad de San Cristóbal, capital del Estado Táchira. La foto refleja la descripción del Dr. Juvenal Anzola quien pasó por allí en 1912. El número de puertas, en contraste con la ausencia de ventanales, indica la elevada actividad comercial que tenía la población de Lobatera para la época, por encontrarsae en pleno camino real entre Uracá o Estación Táchira y San Cristóbal, tal y como lo describe el Dr. Juvenal Anzola para 1912: "Percibí en este lugar aliento de generosa vida y movimiento mercantil: además del majestuoso y sólido templo en construcción, conté siete tiendas mixtas, diez bodegas, ocho pulperías, un billar, una botica y dos hoteles. Corrieron con demasiada rapidez las gratas horas que pasamos en compañía de los amables lobatereños" (Foto: Museo del Táchira, Sala de la República, Santiago X. Sánchez, 2016. Restauración con IA: Santiago X. Sánchez, 2026).



Lobatera, 1912: como la describiera el Dr. Juvenal Anzola, en su viaje de Caracas a San Cristóbal.

Una era de esplendor y efervescencia comercial que hoy se siente como un ensueño lejano. Esta fotografía, meticulosamente restaurada por Táchira Heritage y que forma parte de los archivos del Museo del Táchira, nos transporta a la legendaria Calle Real, conocida hoy como Carrera 4 o de Bolívar, en el cénit de su gloria.


Observen el singular carácter arquitectónico de esta vía pública que tiene por plano de fondo El Humilladero, antiguo lugar de entrada al pueblo desde el camino real de Mochileros, que iba o venía de San Cristóbal. Una sucesión ininterrumpida de umbrales, enteramente desprovista de ventanas donde cada puerta era una entrada al comercio. Cada puerta representaba a una familia en ascenso. Cada puerta se erigía como un testigo silencioso de la vitalidad económica de un pueblo acunado en el corazón de la ruta comercial más vital de la región.


Lobatera sirvió como un epicentro principal, junto a San Juan de Colón, para el intercambio de mercancías entre San Cristóbal y la estación del Gran Ferrocarril del Táchira en Uracá y luego en Estación Táchira (San Félix). Café, cacao, textiles finos y maquinaria pesada: todo atravesaba estos caminos empedrados, catalizando el crecimiento y la riqueza no sólo de Lobatera, sino de todo el Estado Táchira.


Esta imagen trasciende su estatus de simple registro histórico; es un recordatorio conmovedor de nuestro espíritu emprendedor innato y de la profunda importancia de la conectividad para el desarrollo. Es un llamado de atención para reflexionar sobre nuestro presente y trabajar colectivamente para reclamar el vigor que una vez nos definió.

Sé partícipe

Pryecto Experiencia Arte y Táchira Heritage hacen una invitación a compartir fotografías antiguas del Tàchira y ser partícipe y protagonista en este viaje a través del tiempo. Es una forma de honrar y dar a conocer las narrativas que forjaron la identidad del Táchira de todos los tiempos.


jueves, 21 de abril de 2022

El Táchira sepultado: dos crónicas y una reflexión sobre el olvido | Táchira Buried: Two Chronicles and a Reflection on Oblivion








"Ce n’est pas le culte des cendres, mais la transmission du feu" (Jaurès, J. 2014. Œuvres de Jean Jaurès de Jean Jaurès, Tome 13 : Voici le siècle nouveau 1907-1910. Librairie Arthème Fayard, Paris).



Recientemente, el historiador y académico Dr. Bernardo Zinguer me hizo llegar un documento hemerográfico que constituye, en esencia, una cápsula del tiempo: la portada del diario Vanguardia de San Cristóbal, fechada en abril de 1955. En sus páginas, un recuadro rescataba un acontecimiento que hoy reviste matices de realismo mágico: durante la demolición de una casona en la Carrera 9 del centro histórico, un grupo de operarios halló una «cara grabada en una antigua piedra». La nota de prensa, con una rigurosidad institucional hoy infrecuente y casi quijotesca, exhortaba a las autoridades a preservar la pieza por considerarla un «testimonio de un pretérito interesante». No obstante, el encuentro con esta noticia reactivó en mi memoria un episodio transmitido por la tradición oral académica en el seno de antiguas y fructíferas tertulias.


Hacia 1997, tuve el privilegio de departir con el Profesor Félix María Rivera, individuo de número de la Academia de Historia del Táchira. En aquel sosiego intelectual que caracterizaba a las tertulias posteriores a cada reunión mensual de la institución, el profesor evocó la anécdota de «El Botijo», suscitada durante la construcción del Edificio Nacional en la década de los cuarenta. Un operario, instigado por la atávica «fiebre del oro» asociada a las botijas (esos entierros de valores tan socorridos durante las conflagraciones del siglo XIX), descubrió un vestigio singular al demoler la estructura del antiguo Cuartel Nacional y Cárcel de San Cristóbal. 


Como cimiento pétreo de una vieja columna, yacía una piedra fracturada y labrada con las figuras de «una fiera y una torre», descripción literal con la que el asombrado «descubridor» rescataba el hallazgo del polvo de los años. Persuadido de que se trataba de la señal de un tesoro oculto, el obrero excavó con denuedo, obteniendo como único rédito el escarnio de sus colegas, quienes lo bautizaron para la posteridad con el mote que da nombre a esta historia.


La verdadera tragedia no residió en la ausencia de metales preciosos, sino en la ceguera histórica ante la magnitud del hallazgo. Frustrado y hastiado de la mofa colectiva, el trabajador arrojó la pieza al denso relleno de mampostería y concreto que se vertía, en aquel preciso instante, para consolidar un muro de contención diseñado para la nivelación topográfica del Edificio Nacional. Según el análisis derivado del relato del Profesor Rivera, aquello que fue descartado como simple escombro fue, con toda certeza, una piedra armera del siglo XVIII portadora de la heráldica de los reinos de Castilla y León.


Este blasón no era un elemento meramente ornamental; era la marca o huella material y esoecifica de un tiempo histórico de la historia tachirense, era el verbo del Imperio hecho piedra. Como símbolo del poder soberano, presidía las antiguas Casas de Cabildo levantadas en ese mismo emplazamiento siglos atrás, configurando junto a la Iglesia Parroquial de San Cristóbal mártir de Licia, y la Plaza Mayor la tríada de la autoridad y el orden colonial. Su ubicación original, en el epicentro de la Villa, recordaba al ciudadano la omnipresencia del Estado y la Fe: mientras el templo regía la dimensión trascendental, la piedra armera en el Cabildo validaba la autoridad civil y la justicia terrenal. Aquella «fiera y torre» eran la firma pétrea de unas leyes de Indias y una administración que organizaba el espacio público para dar rostro a la San Cristóbal de antaño.

Reflexión: el mnemocidio como patología

La contraposición entre el vestigio hallado en 1955 y la pieza malograda en el Edificio Nacional revela una patología social profunda que hemos de llamar mnemocidio. Este concepto trasciende la omisión involuntaria para describir el «asesinato deliberado de la memoria». Se manifiesta cuando una sociedad asume que la innovación es inherentemente superior a la tradición, permitiendo que el patrimonio sea triturado por una modernidad mal comprendida. Al desestimar los fragmentos que subyacen en nuestro estrato histórico, desde el período aborigen hasta los albores republicanos, terminamos pavimentando sobre nuestra propia ontología. Transformamos así la historia del Táchira en un solar baldío: un espacio que, aunque habitado, permanece trágicamente despojado de fisonomía, de sacralidad y de raíces.






Fotos: Diario Vanguardia (Dr. Bernardo Zinguer, 2022) y Escudo cuartelado (piedra superior) con las armas de los reinos de Castilla y León que se encuentra sobre el dintel de la puerta de acceso principal al castillo de Santa Rosa de la Eminencia (finalizado en 1682), en la ciudad de La Asunción, Estado Nueva Esparta (Venezuela). Una probable piedra armera, como la observada en la imagen, debió encontrarse sobre el dintel de entrada de las Casas de Cabildo y Cárcel de la Villa de San Cristóbal para fines del siglo XVIII. Foto: Instituto del Patrimonio Cultural, Catálogo, 2011.


lunes, 14 de marzo de 2022

El artículo que nos hizo libres: ¿Por qué decimos "El Táchira"? │ The article that set us free: Why we say 'El Táchira'







Este trabajo puede ser descargado en formato PDF aquí:




Presentación

Como un ejercicio fascinante de ontología regional, este trabajo resulta en un homenaje de Proyecto Experiencia Arte al Táchira, al conmemorarse los 166 años de su autonomía con la creación de la provincia en 1856.

En la cartografía del lenguaje existen partículas que poseen el peso de una cordillera: para nosotros, el artículo definido «El» antepuesto al nombre de nuestro estado no es un accidente del habla ni un rústico arcaísmo; es un marcador ontológico de soberanía. Decir «Soy del Táchira» es un acto de afirmación política y cultural que se resiste a ser borrado en un mundo globalizado que tiende a diluir todo lo local. No hablamos de una simple coordenada geográfica, sino de un sujeto histórico indomable que decidió bautizarse a sí mismo para no ser más un satélite de voluntades externas. 

Por ello, este esfuerzo investigativo busca rescatar la identidad regional tachirense y el sentido de pertenencia que con tanta firmeza habitaba en nuestros nonos (abuelos), devolviendo el pulso a una esencia que se niega a desaparecer.


La gestación de una identidad (1561-1830)

Luego de la independencia de España, nuestra esencia se forjó en el "Finisterre" occidental de la Provincia de Mérida. No obstante, desde la fundación de San Cristóbal en 1561 y la Gobernación del Espíritu Santo de La Grita en 1576, ya se habían trazado los primeros ensayos de nuestra conformación territorial e independencia administrativa. En ese finisterre, extremo remoto y escarpado de la Provincia de Mérida, sucedía que, mientras los mapas oficiales nos etiquetaban bajo esa jurisdicción, en el corazón de esta tierra se gestaba una identidad diferenciada y una fuerza social que se negaba a aceptar etiquetas impuestas por la distancia administrativa. 



Mapa de la Provincia de Mérida para 1841, con sus cuatro cantones occidentales y cuatro orientales. Fuente: CODAZZI, A. Resumen de la Geografía de Venezuela. Imprenta de H. Forunier, París, 1841. p. 647. Google Book, 2020.

La imprenta del Táchira (1845)

Los primeros atisbos o señales de esa protoidentidad tachirense, no oficial, pero subyacente, se puede rastrear, hasta la fecha, con la llegada de la primera imprenta que existiío en los que ahora es el Estado Táchira, piedra angular del periodismo tachirense independiente que se instaló un 15 de agosto de 1845  en San Cristóbal, y provenía de Estados Unidos. 

Como un inciso, es de destracar que este significativo avance fue liderado por el culto Don Domingo Guzmán Escandón (1790 - finales del siglo XIX), en San Cristóbal, quien acertadamente la bautizó como "Imprenta del Táchira": una prensa de hierro de cama plana, testimonio del legado de Gutenberg, con su platina y tímpano manuales, y un costo monetario superior a los 1000 pesos de la época. 


Cada página era un trabajo de dedicación y mecánica: la plancha se entintaba meticulosamente a mano y los tipos se ordenaban con esmero para crear impresiones a dos columnas por pliego. Pero esta imprenta fue más que una simple máquina; se convirtió en la fuente del pensamiento independiente y el discurso público en el Táchira.


Con la adquisición de esa primera imprenta, que funcionaría en el extremo occidental de la provincia de Mérida, en lo que hoy conocemos como el Estado Táchira, resulta revelante como, pese a la configuración político territorial y administrativa de la época, e instalarse en el Cantón de San Cristóbal, Guzmán decidiera bautizarla dándole el significativo nombre de "Imprenta del Táchira". 


Más allá del dato fáctico, este gesto puede interpretarse como una temprana manifestación de la conciencia de diferenciación territorial. Para Guzmán, el nombre no constituiría una mera etiqueta nominal, sino la formalización política de una región, la de los cuatro cantones occidentales, que ya operaba, desde 1830, bajo la denominación informal de "cantones del Táchira".


Este apelativo político-territorial hundía sus raíces en la Constitución provincial merideña de 1811, la cual delimitaba geográficamente la jurisdicción al establecer que la provincia se extendía "de Oriente a Poniente desde la Raya de Timotes hasta el río Táchira" [SALAZAR, Temístocles, Las Constituciones del Estado Táchira, en Revista Táchira Siglo XXI, Universidad Católica del Táchira, N° 21, San Cristóbal, 2002, Preámbulo de la Constitución Provisional de la Provincia de Mérida de la Confederación Venezolana, 31 de julio de 1811, p. 11]. Bajo esta premisa, es posible afirmar que Guzmán Escandó vislumbró en 1845 una identidad subyacente en la zona, anticipando así su futura autonomía. Como bien señala el profesor Temístocles Salazar en un análisis que hace sobre este período, existía una dualidad, que podemos definir como administrativa y ontológica: si bien la región pertenecía jurisdiccionalmente a Mérida, ya poseía una fisonomía territorial propia y, en lo fundamental, una "conciencia de ser tachirenses" [SALAZAR, Temístocles, „Las Constituciones del Estado Táchira‟, en Revista Táchira Siglo XXI, Universidad Católica del Táchira, N° 21, San Cristóbal, 2002, Introducción, p. 8].


Por igual, es notorio y de resaltar que "La Imprenta del Táchira" fue la cuna de los primeros periódicos de la región: “El Eco del Torbes” en 1845 con agentes autorizados para la circulación y venta fuera de San Cristóbal en Lobatera, La Grita, Bailadores y Mérida, y “El 14 de marzo” en 1856. 


Estas publicaciones sirvieron de plataforma para las voces locales, fomentando un sentido de comunidad y un compromiso crítico con los problemas de la época. Además, esta misma imprenta fue fundamental para moldear el panorama político de la región, ya que se utilizó para imprimir la primera Constitución del Estado Táchira en 1864. Esto marcó un paso crucial en el autogobierno y el desarrollo de la región. La “Imprenta del Táchira” se erige como un poderoso símbolo de progreso, educación y el floreciente espíritu del periodismo independiente en el Táchira. Sentó las bases para el libre intercambio de ideas y desempeñó un papel indispensable en la configuración de la identidad cultural y política de la región.


La voz de la historia en cuatro testimonios

Retomando el tema que tratamos en el presente artículo, le cedemos la palabra a los siguientes documentos:

1. El testimonio de un Obispo (1848): Indomables, levantiscos e independientes siempre ante cualquier sujeción impuesta contra su voluntad, que proviniera desde la capital de la provincia, la ciudad de Mérida, los tachirenses, demostrando su propio peso, sin tener la condición político-administrativa de autónomos, venían haciendo un uso informal pero político, desde 1830 aproximadamente, del adjetivo y sustantivo: "tachireño" como réplica inmediata, contundente y diferenciada del resto del gentilicio oficial que era el propiode toda la provincia: "merideño".

 

Así, en 1848, se tiene que luego de los acontecimientos en el Congreso Nacional en Caracas, del 24 de enero de 1848 y de las situaciones posteriores que se dieron en la provincia de Mérida, y una vez controlada la situación de insurgencia, el presidente José Tadeo Monagas envió a la ciudad de Mérida un ejército expedicionario para someter desde allí a la provincia rebelde la cual, el 18 de febrero de 1848, en respuesta al asalto al Congreso Nacional, había proclamado el desconocimiento de la autoridad de Monagas creando una junta de gobierno que asumió la soberanía y autonomía provincial, como en 1811.

 

Uno de los actores más decididos en esta insubordinación, fue el Obispo de Mérida de Maracaibo, Monseñor Juan Hilario BossetEl 4 de marzo de 1848, el mitrado emeritense, enviaba una carta urgente a los curas tachirenses reconociendo el término y que éramos un bloque diferenciado: "[...] yo empeño mucho a usted a fin de que con su influjo haga que todo calme y se unan los tachireños a nosotros (los merideños)" [en SILVA OLIVARES, Héctor, “Autonomía territorial, liberalismo y rebelión en la Provincia de Mérida, Venezuela” en Proceso Histórico, revista semestral de historia, arte y ciencias sociales, Universidad de Los Andes, Mérida, Nº 9, enero de 2006, p. 15. “Sumario contra el Reverendo Obispo de esta Diócesis. Dr. Juan Hilario Bosset, por conspiración”. f. 107. Archivo General del Estado Mérida, 1848]. Para el Obispo, ya no éramos simplemente "habitantes del occidente", éramos los “tachireños”, un cuerpo social distinto.

2. La definición del Padre Piñeiro (1849): En el sumario seguido al Padre Ciríaco Piñeiro, acusado de participar por igual en el alzamiento contra Monagas en Mérida, se encuentra una justificación de fecha 21 de marzo de 1849, donde el Padre Piñeiro ofrece una explicación directa sobre el significado político del término "del Táchira": "Desde antaño había en esta provincia dos partidos eleccionarios, uno de los cantones de Oriente de ella o ‘de Mérida’ y el otro del Occidente o ‘del Táchira’, partidos puramente provinciales y nada más, siendo el último siempre el triunfante […] una vez perdiendo los electores del Táchira, ocupáronse estos en vengarse de los de Mérida, llamándose asimismo liberales y a los otros oligarcas, enemigos desafectos" [CHALBAUD CARDONA, Eloy, Historia de la Universidad de Los Andes, ediciones de la Universidad de Los Andes, Mérida, 1987, tomo 8, pp. 502-504: Documento 11, “Justificación del Presbítero Doctor Ciríaco Piñeiro, 21 de marzo de 1849 ante el Ministro de Interior y Justicia. Comunicación 56 del Provisor del Obispado de Mérida”. Aquí el artículo "del" (de + el) ya marcaba una propiedad territorial y política absoluta.

3. El informe de Castelli (1855): La necesidad de nuestra autonomía era evidente incluso para los diplomáticos. Carlos Luis Castelli, Legado extraordinario ante la Nueva Granada, en un informe crítico, advertía al Ministro del Interior sobre los bandos descritos por el Padre Piñeiro, el "espíritu de oposición" de nuestra gente y la necesidad imperativa de dividir la Provincia de Mérida en dos:

“De aquí se deriva forzosamente lo que en realidad está sucediendo respecto de los intereses locales y diversidad de opiniones en los habitantes: los cuatro cantones occidentales se quejan de que las autoridades provinciales desconocen o no están jamás dispuestas a atender bien las exigencias de su localidad especial: los Orientales, por su parte, viven inquietos por el espíritu de oposición y discordia en que ven uniformarse cada día con más vehemencia a sus comprovincianos de Occidente, las opiniones políticas tienden a formar siempre, dos opuestos bandos, cuyo verdadero objeto es dominarse en absoluto con la ocupación del poder provincial, tomando una sección, por antagonismo con la otra, la bandera contraria de las que alzan los grandes partidos nacionales: por lo mismo, las elecciones son verdaderos combates en que se recurre a todo género de intrigas para sojuzgar a un enemigo aborrecido; y el ejercicio de la autoridad, impotente en semejante estado para propender al bien, no es sino la continuación de una lucha que no tiene término, y que mantiene las pasiones en exaltación constante” [en GONZÁLEZ VALBUENA, R. El Táchira Histórico. Tipografía La Nación, Caracas, 1948, p. 75. Documento copiado del Archivo General de la Nación, documentos de correspondencia del Departamento de Interior y Justicia, mayo de 1855].


4. El proceso de autonomía provincial (1855-1856): La génesis de la Provincia del Táchira como entidad autónoma no fue un acto de improvisación, sino el resultado de un complejo proceso civil y legislativo que se desarrolló entre 1855 y 1856. La secuencia de estos acontecimientos fue la siguiente:

 

Solicitudes de los cantones occidentales de la provincia de Mérida: el impulso inicial (febrero de 1855)

El movimiento autonomista inició sus trámites según la legislación de la época el 7 de febrero de 1855  [en GONZÁLEZ VALBUENA, R. El Táchira Histórico. Tipografía La Nación, Caracas, 1948, p. 75. Documento copiado del Archivo del Congreso Nacional, Cámara de Representantes, 1855, tomo II, p. 150]. En ese momento, el Concejo Municipal de San Cristóbal, contando con el respaldo de los cantones de Lobatera, La Grita y San Antonio del Táchira, formalizó la solicitud para la creación de una nueva unidad territorial político-administrativa. El proyecto original, elevado ante la Diputación Provincial de Mérida, contemplaba la denominación original de "Provincia Torbes".
 
El 15 de feberero de 1855 Los representantes del Concejo Municipal del Cantón Táchira, enviaba una comunicación al Ministro de Interior y Justicia en la cual solicitaban la creación de una nueva provincia, sin especificar nombre, compuesta por los cantones occidentales de la provincia de Mérida, de Lobatera, La Grita, San Cristóbal y San Antonio del Táchira [CONTRERAS SERRANO, J. N. Centenario de la Provincia del Táchira. San Cristóbal, 1956, p. 21-25.  Documento copiado del Archivo General de la Nación, documentos de correspondencia del Departamento de Interior y Justicia, mayo de 1855].

 

El 19 de febrero de 1855, el Concejo Municipal del Cantón de La Grita remitió una misiva a la Diputación Provincial de Mérida con el fin de elevar al Congreso Nacional la petición de crear la provincia de «Táchira» o «Torbes», la cual quedaría integrada por los cantones de San Cristóbal, erigida como capital, La Grita, Lobatera y Táchira. La relevancia de este documento radica en que constituye el primer registro hallado, hasta el presente, en el proceso de reconstrucción histórica donde se emplea el topónimo «Táchira» para designar a la nueva entidad; un hito documental de especial valor, si bien aún no se ha localizado la solicitud original emanada del Cantón de Lobatera, para conocer la fecha y términos de la misma [MÁRQUEZ, W. (Compilador). Documentos Históricos referidos a la erección de la Provincia del Táchira. 1855-1856. San Cristóbal, 2026, p. 9. Documento copiado del Archivo del Congreso Nacional, Cámara de Representantes, 1855, tomo II, f. 146r y 146 vto. ].
 

 

Obstáculo regional y la vía nacional (marzo de 1855)

Ante la negativa de la Diputación de Mérida de dar curso a un planteamiento de división territorial, limitándose apenas a acusar recibo de la solicitud, los representantes de San Cristóbal optaron por acudir directamente al Poder Legislativo nacional. El 2 de marzo de 1855, introdujeron el proyecto de la "Provincia Torbes[en GONZÁLEZ VALBUENA, R. El Táchira Histórico. Tipografía La Nación, Caracas, 1948, p. 68. Documento copiado del Archivo del Congreso Nacional, Cámara de Representantes, 1855, tomo IIde forma directa ante el Congreso Nacional en Caracas, logrando que se recibiera y entrara a discusión, aún cuando no tenían el informe de la Diputación provincial de Mérida.

 

Mutación del nombre y la presión institucional (abril de 1855)

Es en este punto donde emerge la fuerza identitaria del nombre actual. El 20 de marzo de 1855, varios diputados dan a conocer el proyecto de decreto en el Congreso Nacional para su primera discusión, pero ya aparece en los documentos a discutir bajo la denominación de "Provincia del Táchira", ya no "Torbes". No obstante desconocemos los motivos del cambio, pero creemos que fue posible a que tuvo mucho peso en la mente de los lesgisladores la existencia y uso de los viejos nombres distintivos, el de los bandos rivales políticos de antaño en la provincia de Mérida: los tachireños (o bando del Táchira, de los cantones occidentales) y los merideños (o bando de Mérida, de los cantones orientales). 

Posteriormente, el 27 de abril de 1855 [en GONZÁLEZ VALBUENA, R. El Táchira Histórico. Tipografía La Nación, Caracas, 1948, p. 75. Documento copiado del Archivo del Congreso Nacional, Cámara de Representantes, 1855, tomo II, p. 150], las autoridades del Cabildo de San Cristóbal se dirigieron al Presidente de la República para denunciar la obstrucción de la Diputación de Mérida, que persistía en no emitir el informe de ley preceptivo. En dicha misiva, se instó al Ejecutivo a exigir el cumplimiento de este requisito constitucional para que el proyecto de creación de la "Provincia del Táchira" (manteniendo el nombre de "Táchira" y no "Torbes" como ellos lo habían propuesto inicialmente) pudiera ser sometido a debate en las sesiones ordinarias del año siguiente.

 

Recordaba por igual el Presidente del Concejo Municipal del Cantón de San Cristóbal, Antonio María Gatell, en su misiva al Presidente Monagas que las gestiones para la creación de la nueva provincia del Táchira ya se habían  iniciado en 1853, pero que la Diputación Provincial de Mérida no había dado respuesta alguna ni auspiciado la iniciativa  [en GONZÁLEZ VALBUENA, R. El Táchira Histórico. Tipografía La Nación, Caracas, 1948, p. 73. Documento copiado del Archivo General de la Nación,  Correspondencia del Ministerio de Interior y Justicia, paquete de mayo de 1855, tomo II, acuse de recibo en el despacho presidencial de fecha 1 de mayo de 1855, p. 73].

 


Mapa de la Provincia del Táchira para 1856, con sus cuatro cantones fundadores: San Cristóbal, La Grita, Lobatera y San Antonio del Táchira. Diseño y elaboración: TSU Sigrid Márquez Poleo (2012) a partir del mapa de la provincia de Mérida en CODAZZI, A. Resumen de la Geografía de Venezuela. Imprenta de H. Forunier, París, 1841. p. 647. Google Book, 2020.


La consolidación jurídica (marzo de 1856)

Finalmente, tras superarse los escollos administrativos, el Congreso Nacional aprobó la creación de la nueva provincia el 11 de marzo de 1856. Tres días después, el 14 de marzo de 1856 [Biblioteca de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, Serie República de Venezuela, nº 3, edición facsimilar de la “Recopilación de Leyes y Decretos de Venezuela reimpresa por orden del Gobierno Nacional, tomo III, segunda edición oficial, Caracas, Casa editorial de la Opinión Nacional 1890”, Caracas, 1982, p. 335: “Decreto 992 / Decreto del 14 de marzo de 1856 erigiendo una nueva provincia con el nombre del Táchira”], se produjo el ejecútese presidencial, naciendo oficialmente la Provincia del Táchira con San Cristóbal como capital y por territorio jurisdiccional el los antiguos cantones occidentales.

 

Así, resulta evidente que la fuerza política y la raigambre histórica del término "Táchira" se impusieron sobre la propuesta inicial de "Torbes". En la mente de los diputados que introdujero la solicitud en el Congreso, se reconoció que este nombre poseía una potencia simbólica y una identidad territorial que ninguna otra denominación podía igualar.


Una región que se pertenece a sí misma

El orgullo regional alcanzó su cenit en 1896, cuando el Dr. Santiago Briceño y la Sociedad Patriótica de Táriba propusieron que los tachirenses donaran un buque de guerra para defender el Esequibo del imperio británico, bautizándolo —y no podía ser de otra forma— como “El Táchira” [BRICEÑO, Santiago, Cuestión Guayana, Boletín Nº 2, Táriba, 5 de enero de 1896, hojas sueltas, en Archivo de Don Tulio Febres Cordero, Biblioteca Pública Central del Estado Mérida, Mérida, 1994].


Por ello, el llamado a quien sienta esta tierra en sus raíces es absoluto: rechacemos la idea de referirnos al Táchira como una simple división administrativa, sólo por copiar o repetir una forma de hablar que no es nuestra. 


Lo expuesto constituye un ejercicio de supervivencia cultural. Para el habitante de la geografía tachirense, la preservación de su identidad no se dirime únicamente en los manuales de historiografía oficial, frecuentemente ajenos a nuestra realidad, sino en la gramática de la cotidianidad y en las plataformas digitales. Estas últimas se manifiestan como un vórtice de contenidos heterogéneos, una suerte de fusión digital donde el rigor científico y el yerro sistemático convergen de manera casi imperceptible. Bajo esta premisa, el empleo del artículo en la denominación «El Táchira» trasciende el mero capricho lingüístico o la redundancia baladí, pues se erige como un acto de resistencia, una impronta grabada en el habla popular con la vigencia de casi dos siglos.


Al decir con orgullo “Soy del Táchira”, y no “de Táchira” no solo invocamos una identidad única y una geografía, sino que reivindicamos el legado de aquellos ancestros indomables que jamás entregaron su autonomía. Somos una región que, por derecho histórico y voluntad propia, se pertenece a sí misma y tiene su lugar entre los pueblos del mundo, y se ha ganado con sus hazañas y su esfuerzo propio el respeto.


Uno de los referentes clásicos del estudio de nuestra idiosincrasia como pueblo, y quien concreta y defina esa característica, es el Dr. Antonio María Pérez Vivas. Con sus palabras cerramos: "Vivimos en armonía con nuestros ideales, nuestro destino a la sombra del esfuerzo propio, nos respetamos mutuamente, buscamos que los demás nos respeten y, en consecuencia, perseguimos adueñarnos de nosotros mismos. No son guerreros de oficio los tachirenses, pero saben serlo cuando lo pauta su destino [PÉREZ VIVAS, A. Psicología tachirense y desarrollo, Editorial Arte, Caracas, 1966, p. 11].


En resumen


"El Táchira" o la ​cristalización de la ​identidad: ​del ​sentimiento a la Provincia

I. La preexistencia del ​ser: La identidad como ​sustancia invisible mucho antes que las líneas cartográficas delimitaran un espacio administrativo, ​el ser y sentimiento de ser tachirense, la la "​t​achirensidad"​, ya ​e​xistía como una realidad ontológica latente. No nacimos de un decreto en 1856; más bien, ese decreto fue el reconocimiento de un proceso que ya había madurado en l​as montañas y valles occidentales. Durante la época de la ​provincia de Mérida, los habitantes de los cuatro cantones occidentales ya compartían una cosmovisión común, un hilo invisible de pertenencia que no necesitaba de un nombre oficial para ser una verdad vivida. Era una identidad de facto, forjada en la cotidianidad del comercio, el parentesco y la resistencia al aislamiento, que aguardaba el momento histórico para su manifestación pública.

II. La ​dialéctica ​política y el ​surgimiento de "​los tachireños": Esta esencia, hasta entonces dispersa y silenciosa, encontró su voz a través del conflicto y la alteridad política. La identidad se tornó consciente de sí misma cuando la dinámica del poder obligó a los cuatro cantones a agruparse bajo un bloque diferenciado. ​Desde 1830 y hasta 1856, ​al surgir la distinción entre "merideños" y "tachireños", el ser regional abandonó la abstracción para convertirse en una fuerza política. Fue en esa confrontación de intereses, visiones y necesidades donde el gentilicio dejó de ser una referencia geográfica interna para transformarse en un estandarte de identidad colectiva; la política no creó al tachirense, simplemente le dio un espejo donde reconocerse frente al otro.

III. El 14 de ​marzo de 1856: El ​bautismo ​geopolítico El nacimiento oficial de la Provincia del Táchira no fue una creación ex nihilo, sino la culminación de un proceso de maduración identitaria. ​Por ello, el 14 de marzo de 1856 representa el instante en que nuestra esencia ontológica recibió su nombre ante el mundo.

Al inscribirnos en el mapa, el ​actual Estado ​Táchira simplemente validó una realidad preexistente, antes de 1856: que ​los sancristobalenses, gritenses, lobaterenses y tachireños (de San Antonio del Táchira) ya éramos un cuerpo social con alma propia. A partir de ese hito, la tachir​e​nsidad dejó de ser una "frontera espiritual" intramuros para proyectarse como una entidad histórica con destino propio, transformando el antiguo sentimiento de pertenencia en una ciudadanía formal y una soberanía regional.



La otra cara de la historia: la autonomía tachirense como caballo de Troya de la reelección monaguista

La creación de la Provincia del Táchira, hito fundacional de nuestra identidad, tachirensidad e independencia regional, al igual que una moneda, esta efeméride posee un envés que exige análisis crítico y una conclusión plausible, y que por igual se debe conocer: con alta probabilidad, este hecho respondió más a intereses personalistas que a un reconocimiento genuino de la madurez de los pueblos.

En la reconstrucción de los hechos sobre la concesión de autonomías provinciales de 1856, emerge un "lado oscuro" escasamente estudiado: una distorsión política con un fin subyacente. Esta maniobra partía de la fragmentación del territorio nacional por parte del poder central para satisfacer ambiciones particulares. Por ello, se puede interpretar que dicha autonomía no surgió como un reconocimiento político natural a la evolución social y económica de la región, sino como parte de una estratagema del General José Tadeo Monagas para perpetuarse en el poder.


El ascenso y la permanencia de Monagas se basaron en una serie de "reformas en cadena" destinadas a transformar, de forma solapada, la estructura del Estado, anular a la oposición y centralizar el mando. De este modo, antes de reformar la Constitución nacional, Monagas impulsó la modificación de la Ley de División Territorial (28 de abril de 1856), concediendo autonomías y aumentando el número de provincias de 11 a 20. Esta aparente expansión administrativa tenía un fin netamente electoral: al crear nuevas entidades, cesaron los gobernadores anteriores y se abrieron vacantes para nuevos representantes al Congreso.


La táctica permitió asegurar un Congreso Nacional "a su medida", compuesto por congresistas y funcionarios totalmente afectos al régimen. Al controlar la identidad de quienes legislaban, Monagas garantizó que la posterior reforma constitucional no encontrara obstáculos. Una vez instalado este Poder Legislativo subordinado al Ejecutivo, se aprobó la Constitución de 1857. Esta nueva carta magna sustituyó a la de 1830, la cual, a pesar de tener fuertes matices presidencialistas, prohibía estrictamente la reelección inmediata para preservar la alternabilidad republicana e impedir el personalismo, siguiendo el espíritu fundacional y constitucional de los padres de la nación venezolana en 1811.


La reforma de 1857 otorgó al Congreso la facultad de elegir al Presidente, permitiendo así que Monagas fuera reelegido antes de que terminara su período legal. Asimismo, para neutralizar cualquier resistencia regional, como ocurrió con la sublevación secesionista de la provincia de Mérida en 1848, la nueva Constitución eliminó la influencia de las diputaciones provinciales. La elección de los gobernadores pasó a ser competencia exclusiva del Presidente, centralizando el control político y erosionando la autonomía que el texto de 1830 intentaba preservar.


Como compensación teórica por la pérdida de poder regional, se creó un "Poder Municipal" autónomo. No obstante, en la práctica, esto sirvió para disolver las antiguas diputaciones provinciales y sus competencias, fragmentando y debilitando cualquier contrapeso local frente al Ejecutivo. Por física política, este vacío de poder legislativo provincial será ocupado por el ejecutivo nacional.


Se consolidó así una historia de ambición y control personalista que ha proyectado su sombra sobre la evolución política venezolana desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad.




Foto: Primer Gobernador de la Provincia del Táchira, Don Pascual Casanova Briceño (c. 1870), en una publicación francesa de la época hallada por el Dr. Bernardo Zinguer en sus investigaciones bibliográficas (2025).



Nota: Este trabajo es una ampliación y continuación investigativa del artículo titulado: «Táchira» significa «tierra de nuestra heredad». Estudio aproximativo sobre el origen y significado de la palabra «Táchira», una arqueología de voces y palabras" Procesos Históricos: Revista de Historia, Arte y Ciencias Sociales, ISSN-e 1690-4818, Nº. 34, 2018, págs. 122-142.


Foto: Bandera del Estado Táchira ondeando en las aristas y cumbres del macizo montañoso y páramo del Tamá. Imagen idealizada y generada con IA (Gemini 3). Promt de Santiago X. Sánchez (2025)..


Táchira: Cuatro blasones, una sola identidad andina │ Táchira: Four Blazons, One Andean Identity (Tachiran Heraldry)

 



La esencia de nuestra patria tachirense trasciende la palabra; se halla cifrada en la heráldica de nuestros municipios fundadores.


Hoy rendimos tributo a la Tachirensidad: ese tejido inmaterial de historia, tesón y cultura que nos define como pueblo. Nuestra trayectoria institucional alcanzó un hito fundacional el 14 de marzo de 1856, cuando el Congreso Nacional de la República de Venezuela decretó la creación de la Provincia del Táchira, conformada por cuatro municipalidades, consagrando la autonomía que el ímpetu regional demandaba.


No obstante, nuestro espíritu es más antiguo. La simiente de nuestra identidad como región fue plantada el 31 de marzo de 1561 con la fundación de la Villa de San Cristóbal. Desde aquel entonces, el Valle de Santiago y la incipiente villa se erigieron como el epicentro de un territorio predestinado a la grandeza.


Los pilares de nuestra historia


Cada escudo de las municipalidades fundadoras es un libro abierto. En sus cuarteles y divisas se condensa la gesta de un pueblo que supo transmutar una geografía abrupta en un hogar próspero y civilizado.




San Cristóbal (Municipio San Cristóbal): Ciudad de la Cordialidad y eje político-administrativo desde 1561.



Lobatera (Municipio Lobatera): Corazón histórico, nutriz de pueblos y paso obligado del comercio y la colonización.




San Antonio del Táchira (Municipio Bolívar): Vigía de la frontera y símbolo inexpugnable de nuestra soberanía.



La Grita (Municipio Jáuregui): Atenas del Táchira; antorcha de cultura y tradición en la alta montaña desde 1576.

Proyecto Experiencia Arte y Táchira Heritage @tachiraheritage rinden homenaje a estos cuatro baluartes, génesis de nuestra identidad.

¡Al glorioso pueblo tachirense, salud!


Imágenes generadas en IA (Genmini 3) por Santiago Xavier Sánchez (2025)

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Táchira: Four Blazons, One Andean Identity

The essence of our Tachirense (Tachiran) motherland transcends the written word; it lies enshrined within the heraldry of our founding municipalities.


Today, we pay tribute to Tachirensidad (Tachiranness): that intangible fabric of history, fortitude, and culture which defines us as a mountain folk. Our institutional trajectory reached a foundational milestone on the 14th of March 1856, when the National Congress of the Republic of Venezuela decreed the creation of the Province of Táchira, thus consecrating the autonomy demanded by our regional spirit.


Nevertheless, our soul is more ancient still. The seeds of our identity were sown on the 31st of March 1561, with the founding of the Villa of San Cristóbal. From that moment forth, the Valley of Santiago and the nascent villa were established as the epicentre of a territory predestined for greatness.


The Pillars of Our History

Each coat of arms of the founding municipalities serves as an open chronicle. Within their quarters and mottoes lies the condensed saga of a people who knew how to transmute a rugged geography into a prosperous and civilised hearth.

San Cristóbal: The City of Cordiality and the political-administrative axis since 1561.


Lobatera: The historical heartland, nurturer of settlements and a vital thoroughfare for trade and colonisation.


San Antonio del Táchira: Vigilant sentinel of the frontier and an impregnable symbol of our sovereignty.


La Grita: The Athens of Táchira; a beacon of culture and tradition amidst the high mountains since 1576.

Táchira Heritage pays homage to these four bastions, the genesis of our identity.

To the glorious people of Táchira: We salute you!

AI-generated (Gemini 3) by Santiago Xavier Sánchez (2025).

martes, 15 de febrero de 2022

El Táchira fronterizo en una leyenda: El Buitre de El Salto | The Borderlands of Táchira in a Legend: "El Buitre de El Salto" (The Vulture of El Salto)





Fotos: Samir A. Sánchez (Servicio Cartográfico del Ejército Español, Centro Geográfico del Ejército. Archivo Cartográfico y de Estudios Geográficos, Cartoteca Histórica. Madrid, 1997. Tomadas directamente del original que se encontraba en la Sala de exposiciones, con autorización concedida en esa fecha, para fines de tesis doctoral). Nota: En la actualidad se puede descargar de Internet en la dirección que se indica al finalizar el trabajo.


La geografía de la frontera del Táchira del siglo XIX con sus riscos, desiertos de altura, peñascos estériles y precipicios, no será solo un paisaje, sino un actor fundamental en esta tragedia a relatar.


Los primitivos caminos de recuas, aun siendo la vía principal de comunicación entre San Antonio del Táchira y San Cristóbal, pasando por Capacho, permitían que figuras como «El Buitre» actuaran en los márgenes de la civilización.


Es interesante analizar la figura de Mejía, el bandolero, desde la literatura de terror clásica: una máscara de hospitalidad, donde la «posada obligada» se convierte en «casa-guarida» resulta en un tropo universal que nos recuerda las leyendas de posaderos asesinos en la vieja Europa. La deshumanización, en el lenguaje de la época al utilizar palabras que animalizan en expresiones como «planta tóxica», «pantera cebada», «buitre rapaz», «hiena», servía para justificar moralmente su ejecución final y resaltar la monstruosidad de sus actos.


Al ubicarnos en la época, este relato es recopilado y publicado casi de forma paralela con la novela «Doña Bárbara» del insigne escritor y expresidente de los Estados Unidos de Venezuela, Don Rómulo Gallegos, y nos presenta, por igual, el conflicto entre el «bárbaro» y el «héroe civilizador». Entre Mejía (el caos) y el Capitán Manuel Jacinto Martell (el orden). Mejía viene a representar la barbarie de los caminos antiguos, el peligro de la noche y la traición al huésped y el Capitán Manuel Jacinto Martell, el fin del misterio y el símbolo de la llegada del Estado o de la autoridad que pone fin a la «ley de la selva» en las periferias de los pueblos y ciudades.


El relato que transcribimos, sobrevivió casi 80 años antes de ser impreso en 1930. Esto indica que vivió como una leyenda oral en el Táchira fronterizo hasta que el periodismo de principios del siglo XX decidió rescatarlo como parte de la identidad regional. Sin el trabajo del periodista Humberto Díaz Brantes y el informe de Don Manuel Albornoz, publicado en «El Álbum del Táchira», la historia de «El Buitre» probablemente se habría disuelto en el olvido, como tantos otros crímenes de la época de las recuas.


El final del bandolero Mejía en las proximidades de La Grita, con su cuerpo «insepulto» que sirvió de festín a los rapaces cuervos, formó parte de un ciclo de violencia que marcó la memoria colectiva del Municipio Bolívar y del Táchira fronterizo del siglo XIX. Un relato y tiempo de nuestra propia historia, escasamente conocido y estudiado en la actualidad.


Este es el relato:


«Por los años de 1840 y 1850 emergió como planta tóxica, entre los pavorosos y estériles peñascos de El Salto, siete kilómetros de San Antonio por la vía de recuas que conduce a San Cristóbal, el célebre bandido Mejía, cual el forajido Erazo de Berruecos, o mejor, la pantera cebada y feroz de aquella comarca, ¡apodado el Buitre!



Bajo los caracteres de la más tremenda alevosía, fueron muertos por aquel facineroso malhechor, sinnúmero de viajeros que desgraciadamente se hospedaron en la casa-guarida que, en calidad de posada obligada, tenía tan sanguinario posadero, taimado y ladino, quien como buitre rapaz y al amparo de las sombras de la noche, apagaba su sed de sangre y oro en los infelices transeúntes que caían en sus feroces garras, degollándolos cuando dormían y arrojando incontinenti los cadáveres a un sótano o cueva horadada ad hoc a inmediaciones del precipicio que allí existe.



Entre las víctimas notables hechas por el bandido Mejía, cuéntase un sacerdote que viajaba de Mérida a Pamplona, y dos ricos comerciantes de La Grita y Trujillo, quienes, provistos de fuertes sumas de dinero, se dirigían a algunos pueblos de Colombia en viaje de negocios.



Hasta el año de 1856 fue teatro ‘El Salto’ de las lúgubres tragedias del malhechor Mejía. Todo tiene su fin. Para dicho año el valiente capitán Manuel Jacinto Martell, quien viajaba de Caracas por esa vía para Colombia, habiéndose hospedado en la casa del bandido pudo milagrosamente salvarse y descubrir el misterio que hacía tantos años velaba una incógnita. Dando Martell al siguiente día noticias a las autoridades de San Antonio, de lo ocurrido a él y a su asistente en la noche anterior en el punto de ‘El Salto’, aquella fiera humana fue aprehendida, e instruido el sumario, fue remitido a la Penitenciaría de Mérida donde debía purgar sus atroces delitos; pero en el viaje, no lejos de La Grita, en la cuesta de Aguadía, pretendiendo romper las ligaduras que lo asían con el fin de fugarse, uno de los soldados de la escolta que lo conducía, disparó sobre él, cayendo exánime para jamás levantar. Así quedó exterminada aquella hiena del seno de la humanidad; habiendo quedado su cuerpo tendido allí, insepulto, ¡el cual sirvió de lúbrico festín a los rapaces cuervos!»



Identificación de los mapas:

Primera: "Geographica particular Detallada que Comprehende las Ciudades, Villas Parroquias y demas Poblaciones entre Santa Fé de Bogota y las Provincias de Maracaybo y Santa Marta" (1790-1799). 

La totalidad del mapa ya se encuentra  disponible para consultas, en Internet, en la siguiente dirección electrónica: 

Unauthored. Geographica particular Detallada que Comprehende las Ciudades, Villas Parroquias y demas Poblaciones entre Santa Fé de Bogota y las Provincias de Maracaybo y Santa Marta . circa 1750. Archivo Cartográfico de Estudios Geográficos del Centro Geográfico del Ejército — Ubicación: AR — Signatura: Ar.J-T.7-C.1_8 — Código de barras: 2201223 https://bibliotecavirtual.defensa.gob.es/BVMDefensa/es/consulta/registro.do?id=95909

SegundaParte de la jurisdicción de la Provincia de Maracaibo, Año 1790).


Detalle del espacio territorial correspondiente al occidente del actual Estado Táchira. En este trayecto, la línea fronteriza que separaba las jurisdicciones de la Capitanía General de Venezuela y el Nuevo Reino de Granada o Virreinato de la Nueva Granada, corría por los ríos Táchira, Pamplona y Zulia. Este mapa resulta coincidente con la descripción de dicha frontera, que realizara el sabio neogranadino Francisco José de Caldas (1768-1816), en 1809 al descrbirla: 

"[...] hasta la embocadura del Apure: Subiendo este río y el Sarare, toca en la cordillera de Cúcuta, busca las cabezeras de Táchira, sigue su curso hasta su embocadura en San Faustino (con el Zulia), atraviesa hasta las montañas de Motilones y Goagiros, y siguiendo éstas, va a terminar en el Cabo de la Vela” (En: Semanario del Nuevo Reino de Granada, Santafé de Bogotá, Año I, Nº 1, 3 de enero de 1808, Introducción, p. 3)


Los centros y lugares poblados, representados en el mapa, en jurisdicción de la provincia de Maracaibo, original y oficialmebnte "del Espíritu Santo de Mérida de Maracaibo", son: San Antonio, Capacho, Mulata, San Faustino, San Cristóbal, Táriba, Guásimos y Lobatera. Asimismo, la cadena montañosa que atravesaba este territorio se consideraba como el inicio de las Sierras Nevadas, actualmente denominada Sierra de Mérida.


Para conocer la ruta del camino real de la Frontera, entre San Cristóbal y San Antonio del Táchira, consúltese el siguiente enlace: El camino real de la Frontera (San Cristóbal – San Antonio del Táchira, ss. XVI al XX), tras las huellas de su toponimia.