viernes, 12 de mayo de 2017

La "Casa grande de las Sandoval": Un crisol de memoria tachirense en Lobatera │ The Sandoval Manor": A Crucible of Tachiran Memory in Lobatera




Foto: Vista de la Casa grande de las Sandoval desde el campanario de la iglesia de Lobatera. (Fotografía: Cristian Sánchez, 1973; Procesamiento cromático asistido por IA, Bernardo Zinguer, 2025). 


Orígenes

Este trabajo surge desde la iniciativa de honrar la Casa Grande de las Sandoval, hogar de mis nonos y pilar fundamental de mi memoria familiar en Lobatera. Más que una construcción, este casa representaba un tesoro de la arquitectura tradicional andina tachirense, donde el saber popular se fundía con la tierra en sus imponentes muros de tapia pisada y sus techos a dos aguas protegidos por tejas de arcilla.


Al recorrer lo que fueron sus espacios, se descubre un diálogo armonioso entre la frescura de sus patios, el perfume de sus árboles frutales y el color de sus flores, todo enmarcado por la elegancia funcional de corredores y columnas.


Cada detalle, desde el alto ventanal, de dos poyos, con barrotes en hierro forjado y madera que daba a la calle y a la plaza Bolívar, los moyones de barro (moyas grandes) en las esquinas de los patios para aparar el agua de lluvia, la textura cálida de los pisos de ladrillo tablita hasta la presencia nostálgica de los aguamaniles y pilones de piedra, da testimonio de una forma de habitar que priorizaba el arraigo, la tradición, la religiosidad, la familia y el respeto por el entorno, convirtiendo la memoria de este hogar en un patrimonio desaparecido que merece ser  recordado. 



Centro urbano de Lobatera para 1916. Se observa como era la Casa grande de las Sandoval, para la época (Foto: Wilmer A. Rey Lozada, 2020).



Panorámica de Lobatera, para 1974 (Foto: Carlos Alviárez Sarmiento, 1974. Colorización: TSU Sigrid Márquez Poleo, 2017).



Desde la memoria

Evocando al insigne poeta Don Antonio Machado, puedo  decir: "Mi infancia son recuerdos de un patio de Lobatera, y un jardín claro donde maduraron naranjos y limoneros." O, susurrando con la lírica de Lorca, que allí habitaban "castos rincones que guardan un viejo rumor de nostalgias y sueños".


Hago referencia a la antigua Casa grande de las Sandoval (residencia de la estirpe Sandoval Zambrano), una edificación que se erigió con tenacidad tras las cenizas del terremoto del 18 de mayo de 1875. Su noble silueta, sin embargo, fue desdibujada por el paso del tiempo y finalmente demolida en el año 1998.


Su alma constructiva nació del matrimonio de Don Macario Sandoval Mora (1864-1944) y Doña Juana de Dios Zambrano Buitrago (1875-1945), pilares de una prole extensa que se dispersó como las ramas de un árbol genealógico: Santiago (1895-1972), Juan de Dios (1897-1980), Rufino (1899-1989), Ascensión (1900-1901), Delfina (1901-1992), Ana Paula (1905-1978), Maximiana (1908-2004), Antero (1910-1957) e Irma Yocasta (1914-2007). 


Esta venerable casona, testigo silente de los tiempos, albergó en su seno el ciclo íntegro de la existencia: fue solar de alumbramientos, nupcias y tránsitos definitivos. Parte de sus vastos aposentos se transmutó en eco de cátedras cuando, en los años treinta del pasado siglo, sus muros custodiaron el saber impartido por las preceptoras de la Escuela Federal Graduada "Macabeo Maldonado". 


Asimismo, la llamada por la nona y los tíios-abuelos: "la pieza de la esquina", espacio distinguido por dos vetustas puertas que se abrían a la calle 7 o Bermúdez y se cerraban asegurándolas con un cerrojo de barra de hierro forjado [conformado este sistema por la barra, la armella, el ojal y el pasador o perno, y una tranca de madera], desempeñó funciones polifacéticas: desde almacén para las panelas provenientes de los trapiches familiares en La Molina, hasta sede de la Prefectura y del Registro Público del Distrito Lobatera, terminando su actividad como tienda  hacia finales de los años sesenta. 




Panorámica de la Casa grande de las Sandoval (para 1985) desde el ventanal norte de la torre del campanaio de la Iglesia parroquuial de Lobatera, y la vía al cementerio municipal con el cerro de la Cruz y el Degredo. Se observa a la izquierda de la casa el imponente árbol de jaboncillo (Sapindus saponariaque daba sombra al corral del gallinero y lavadero. De las semillas del árbol la nona hacía jabón natural (Foto original de Samir A. Sánchez en papel fotográfico Kodak, restaurada en su apariencia original con IA [Gemini 3] en 2025).


Más de medio siglo de existencia estuvo insuflando vida en sus corredores, aquella algarabía infantil que resonaba con la dulzura de diciembre. Allí, la niñez de Lobatera fraguaba, en ensayos vespertinos, la liturgia del Paseo de los Pastores y el Día de Reyes, preparando sus voces para la aurora.


Estos cánticos sublimes, crisol del espíritu navideño, eran la ofrenda que dignificaba las madrugadas de las Misas de Aguinaldo, bajo la guía férrea y el pulso sensible de la promotora cultural, dirigente político, concejal, Síndico Procurador Municipal, priosta de otroras solemnidades religiosas de la Inmaculada y del Sagrado Conrazón de Jesús y maestra eterna en las escuelas de los campos, de labores y de comercio, la señorita Delfina Sandoval Zambrano.


Los muros de la casona asistieron, inmutables, al fervor del vivir político democrático de la nación y a la gestación de ideales por la igualdad de derechos políticos de la mujer en la geografía tachirense. Fue en su estancia principal donde, apoyada en una sobria mesa de maderas talladas de finales del decimonono, se estampó la rúbrica del acta fundacional del antiguo Partido Socialcristiano Copei del Distrito Lobatera, sellando su compromiso el 21 de abril de 1946.


Recordando al insigne Quevedo, se podría decir: "Miré los muros de la casa mío, si en un tiempo fuertes, ya desmoronados. Por la carrera de la edad cansados, por quien caduca ya su valentías". Hoy, la imagen de esa casona, sólo queda como un crisol de silencio y de una memoria que se difumina.


Aquel espacio donde los muros recubiertos de cal resumaban vida y alegría al recibir los rayos del sol, la madera y los ladrillos del piso susurraban al paso, la luz tramaba narrativas, y el incienso matutino del fogón de mesa de la cocina, confundido con los primeros rayos de sol, se elevaba al cielo, buscando su salida natural, por la copeta o lucernario de humo, que era una sección cuadrangular del techo de tejas que se elevaba en paralelo y sobresalía un poco sobre el resto, ya no existen. Sus cimientos resuenan ahora con un nuevo y noble cometido: ser sede de la Biblioteca Pública de Lobatera, "Prof. Carlota Sánchez de Ramírez".



Vista de la sala y parte del antiguo jardín (patio desde 1983) y la nona (Doña Maximiana Sandoval vda. de Sánchez, 1908-2004I) en amena conversación. Foto: Samir A. Sánchez (1995).


Por igual, los chorrerones del agua de lluvia que descendían sobre las vigas de  los limatones del techo y caían en las esquinas de los patios, con fuerza, sobre moyones de barro para almacenar el "agua del cielo" para tiempos de sequía o regar las plantas en la noche; el fogón de mesa y el horno, antaño centro vital, todos, fueron reducidos a escombros.



Las maderas de vigas y pilares claudicaron, quebrando su esencia ante el inexorable derribo. Incluso el jardín de la nona, un vergel de rosas níveas (rosas de la Nieve o del Papa), hortensias, grandes uña de danta (Philodendron)helechos y pensamientos, que florecían a la sombra protectora de naranjos agrios y dulces cuyas hojas le servían a la nona y a las tías-abuelas para colocar y servir las porciones del dulce de cocada (conserva de coco en almíbar claro), de granados, lechozos, aguacates, chirimoyos,  y cidras blancas  de donde hacía el dulce de cabello de ángel, ha quedado relegado a la evocación.


Queda la satisfacción que el antiguo lar, no obstante, se ha metamorfoseado en la 'Casa que vence las sombras', en el 'Hogar del conocimiento', y en el amplio y florido bulevar Teresa Cárdenas "La Negra".



La maestra Srta. Delfina Sandoval (1901-1992), su hermano Sr. Rufino Sandoval (1899-1989) y la Srta. Doris Villamizar, en el corredor que daba a la cocina principal y alacena de la casa (Foto: Ing. Robertyo Emilio Sánchez Sandoval [1943-2018], 1979).


¿Dóndfe quedaba?

La síntesis de esta narrativa de evocación y reconstrucción estaba localizada en la confluencia y cruce de caminos y memorias: en la intersección de la carrera 4 (conocida históricamente como Calle Real y, actualmente, como de Bolívar) con la calle 6 (identificada como Calle del Camino del Páramo, hoy de Bermúdez), en el centro histórico urbano de Lobatera, en el Estado Táchira. 


Una declaración final...

Bajo el sol de Lobatera, en mi mente, y solo en mi mente, el tiempo parece haberse detenido en los umbrales de aquella casa, cuyos corredores y pasillos reconstruyo hoy con la arquitectura frágil de la memoria.


Cada baldosa de ladrillo tablita desgastada y cada esquina y rincón en penumbra guardan el eco de pasos que ya no están, pero que resuenan con una nitidez asombrosa en mi evocación. Aquellos muros no solo sostuvieron el techo de mi infancia, sino que fueron el arcón, como el que tenía el bisabuelo para guardar el grano, donde se resguardó la esencia misma de un linaje que hoy habita únicamente en mi recuerdo.


Al compartir el pan y la palabra con mis nonos, fui depositario silencioso de un tesoro inmaterial: sus vivencias, la rigurosa nobleza de sus reglas familiares y el aroma de tradiciones que definieron una época.


Me reconozco como el último eslabón, el testigo final de una generación que volcó en mis oídos sus recuerdos, vivencias y saberes. Dejar por escrito estas líneas no es solo un ejercicio de nostalgia, sino un acto de justicia y salvaguarda, para que el olvido no borre las huellas de quienes me precedieron.


Fue allí, sobre el suelo sagrado de esa casona tachirense, donde se sembró en mi pecho el orgullo de pertenencia y la pasión por nuestra tierra. El aire de sus montañas y la hidalguía de su gente se filtraron en mi espíritu desde la niñez, forjando una identidad que no conoce fisuras. Por ello, para mi, sus puertas nunca se cerraron, siguen abiertas de par en par en los adentros del corazón. 

Así, con la convicción de quien sabe de dónde viene, cierro estas páginas reafirmando que mi lealtad y mi afecto nacen y mueren en estas cumbres; para mí, el Táchira es primero. es la flor de esa raíz; es la declaración política y emocional que trasciende la vieja casa grande y se convierte en mi filosofía de vida.


Fragmentos de la memoria en irrepetibles imágenes fotográficas



Familiares conociendo su lugar de origen, la casa de la parentela mayor: Vista del corredor este, en sentido norte-sur, y cancel de dos abras en madera tallada que separaba el zagúan y puerta principal de acceso a la calle, de la casa. En primer plano, el pariente, natural de Belmonte de Cuenca (España), Don Cayo Villegas Jiménez (1934-2025); en el plano intermedio la niña Daniela Andreina Moreno Noguera, bisnieta de Irma Yocasta Sandoval de Noguera, jugando con el viejo pilón de piedra; en el plano de fondo, de izquierda a derecha, Germán Iván Medina Sandoval (1944-2018), nieto de Santiago Sandoval, le sigue el futuro Doctor en Medicina y especializado en Urología, Juan Carlos Luigi Sandoval y su padre el también médico, Doctor Efraín Lugi (1935-2019), esposo de Olfa Sandoval Montañez de Luigi (1939-2024), nieta de Santiago Sandoval. Ambos residenbtes en Carúpano, Estado Sucre  (Foto: Roberto Emilio Sánchez Sandoval, Lobatera [1943-2018], 1995).




Vista del corredor este, en sentido sur-norte, y puertas de acceso a la cocina secundaria, alacenas y solar. El escaño perteneció a los esposos Macario Sandoval Mora y Juana de Dios Zambrano de Sandoval, siendo utilizado por ellos para asistir a misa. Los varones de la casa eran los encargados de llevar y traer el escaño familiar (Foto: Beatriz Ceballos García, Lobatera, 1992).



Vista del corredor este, en sentido sur-norte, y antiguo jardín convertido en patio en 1983. Se observa entre dos columnas en el plano de fondo la piedra de pilar maíz o pilón, hecho por un anciano picapedrero del pueblo, con una piedra de la quebrada La Molina, en 1913. Para la fecha y ya no habitada, la sección de la cocina principal, alacena y demás dependencia del tramo occidental de la casa habían cedido al paso del tiempo y desaparecido (Foto: Beatriz Ceballos García, Lobatera, 1992).



Vista del corredor este, en sentido norte-sur (Foto: Beatriz Ceballos García, Lobatera, 1992).





Última mirada de la estirpe: El adiós a la casona patrimonial

Vigas de carga y de amarre, columnas de madera y mampostería con formas clásicas, tirantes, pisos de ladrillo tablita, puntales, guardacantones en madera, y sólidos muros de tapia pisada con mortero o revoque en cal, marcaron la silueta de la vieja casa por más de un siglo. Al finalizar, de esa construcción tradicional, sólo quedó esta imagen de miradas de despedida y legado en un instante irrepetible: la última toma fotográfica de la venerada casona familiar, pocos momentos antes de la rúbrica de su venta y traspaso al acervo del Concejo Municipal del Municipio Lobatera, bajo la gestión del señor alcalde, Don Miguel Parra.

De las supervivientes de la estirpe Sandoval Zambrano para la fecha, dos figuras emergen en este adiós, desde el escaño que utilizaban sus padres para asistir a misa. Hacia el lente fotográfico se dirige, serena y firme, la mirada de la Preceptora Irma Yocasta Sandoval de Noguera, depositaria de la memoria. A su lado, con el semblante velado por la difusa bruma entre el recuerdo pretérito y la inminente tristeza del despojo, se encuentra la nona, Doña Maximiana Sandoval vda. de Sánchez. Ellas, guardianas silenciosas de un pasado que se clausura, ofrecen aquí su tributo final (Foto: Roberto Sánchez Sandoval, Lobatera [1943-2018], 1996).

La Casa Grande de las Sandoval (Plano de planta)


Plano de planta de la Casa grande de las Sandoval, dibujado por el Ing. Roberto Sánchez Sandoval [1943-2018], en 1995.




Única foto que se conserva del grupo familiar de los Hermanos Sandoval Zambrano en el jardín de la Casa grande de Lobatera, a la sombra de viejos granados. La reunión se dio con ocasión del bautizo de Nelson Anterio Sandoval Durán, hijo de Antero Sandoval Zambrano, el 16 de julio de 1957. De pie, y de izquierda a derecha: Juan de Dios Sandoval Zambrao (1897-1980); Santiago Sandoval Zambrano (1894-1972); Rufino Sandoval Zambrano (1899-1989); Antero Sandoval Zambrano (1910-1957). Sentadas de izquierda a derecha: Delfina Sandoval Zambrano (1901-1992); Ana Paula Sandoval Zambrano (1905-1978); Maximiana Sandoval Zambrano (1908-2004); Irma Yocasta Sandoval Zambrano (1914-2007).






Una fiesta familiar en el recibo de la Casa grande de las Sandoval. Celebración de la ordenación sacerdotal del R. P. Elio Nereo Sandoval Sandoval, ORSA (Lobatera, 13 de mayo de 1917 - Lobatera, 13 de diciembre de 1985), el 3 de junio de 1944 (en Marcilla, Navarra, España) y primera misa canta en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, en Lobatera, el 26 de julio de 1944. El Padre Elio Sandoval, luego de la misa, junto a su madrina de ordenación, su prima hermana Irma Yocasta Sandoval de Noguera (1914-2007), entre los presentes se encuentra Monseñor José Teodosio Sandoval Mora (1897-1985), primo hermano del nuevo sacerdote y Don Jesús María Ramírez, Presidente del Concejo Municipal del Distrito Lobatera, para la fecha. Lugar: recibo de la casa grande de las Sandoval (actual sede de la Biblioteca Pública de Lobatera). Foto conservada por la Sra. Tulia Elena Sandoval de Chacón (1922-2012).



De izquierda a derecha, se distinguen: la maestra Srta. Delfina Sandoval Zambrano (1901-1992); mi nona, la Sra. Maximiana Sandoval vda. de Sánchez (1908-2004); mi progenitor, el Sr. Simeón Alner Sánchez Sandoval (1939-2023) y, en sus brazos, el autor de estas líneas, Samir A. Sánchez. En un ángulo de la estancia, sobre un taburete o silleta y rodeado de niños, se aprecia el cántaro metálico del programa «La Gota de Leche». Esta iniciativa benéfica para la distribución gratuita de leche vacuna y reducir los índices de la alta mortalidad infantil en la época, fue instituida en 1911, en Caracas, a principios del mandato del General Juan Vicente Gómez por el médico trujillano Dr. Juan de Dios Villegas Ruiz (1868-1928), miembro de número de la Academia de Medicina. Ex-profesor de la Clínica de la Academia de la Universidad Central de Vebezuela y Ex-Director del Hospital Vargas de Caracas. Debido a su ubicación privilegiada, la emblemática «Casa Grande» de las Sandoval, en Lobatera, sirvió como sede de distribución para el centro urbano de la población, desde 1930 hasta aproximadamente 1970. Fotografía original del Ing. Roberto E. Sánchez Sandoval (papel Kodak). Restaurada mediante inteligencia artificial (Gemini 3) en 2025.





Reunión familiar en el comedor de la Casa grande de las Sandoval y bajo el cuadro de la Sagrada Familia. Celebración de las nupcias de Blanca Sandoval Chacón y José Edmundo Acuña Gutiérrez, en 1965. Blanca Sandoval era hija de Santiago Sandoval y Anselma Chacón Cárdenas de Sandoval- Bendijo la unión Monseñor Manuel García Guerrero (1907-1986), cura párroco de Lobatera (Foto: Irma Yocasta Sandoval de Noguera, 2001),



La Sagrada Familia de Nazaret Santa Famiglia di Gesù, Maria e Giuseppe»). Artística litografía sobre cartón piedra (cromolitografía de 1,50 cm x 0,50 cm) sobre papel avitelado, anterior a 1944. Copia de una pintura (firmada en su extremo inferior izquierdo, del observador, por Giovanni) la cual pertenece a la escuela del romanticismo italiano -o el arte del sentimiento, como fue definido por varios historiadores de arte, de fines del siglo XIX. Este cuadro es un regalo del Presidente del Concejo Municipal del Distrito Lobatera, Don Jesús María Ramírez, a los esposos Don Macario Sandoval Mora y Doña Juana de Dios Zambrano de Sandoval, en sus bodas de oro matrimoniales (Lobatera, 18 de abril de 1894 - Lobatera, 18 de abril de 1944). Presidío el salón del comedor de la Casa grande de las Sandoval. Foto: Familia Sandoval Zambrano, Lobatera, Estado Táchira, 2017. Restauración cromática: José Antonio Pulido Zambrano (2025). 





Ecos del solar: evocando aquellos diciembres en la Casa grande de las Sandoval

Bajo el reverberante sol de Lobatera y a ña sombra que daban los viejos granados, latía una tradición muy tachirense que marcaba el pulso del tiempo: la crianza del cochino en el sosiego de los solares de las casas del pueblo y de los campos. Durante un año entero, el animal crecía entre sombras de árboles y mimos de maíz, aguardando diciembre para transformarse en el alma de la mesa: el aroma del pernil que emanaba del horno de leña, el sazón de las hallacas de antaño y el rito compartido de la hechura de morcillas y chorizos caseros.

En esta estampa de diciembre de 1970, el tiempo parece haberse detenido en el patio de la Casa Grande de las Sandoval. Frente al umbral de la cocina principal, la memoria convoca a quienes hoy son ausencia y luz:


Doña Maximiana Sandoval vda. de Sánchez (1908-2004), la nona, imponente y austera, cuya presencia presidía la estirpe.


Las tías abuelas, Srta. Delfina Sandoval (1901-1992) y Srta. Ana Paula Sandoval (1905-1978), una, maestra de las de antes, recordada por generaciones y la otra, guardiana de la hoguera doméstica de la Casa grande. Sus ojos se nublaron de años y brasas, pues de tanto mirar el alma de la leña, terminó viendo solo con las manos y el corazón.


El Sr. Basilio Buitrago (1925-1993), fiel compañero de las faenas del campo y de las moliendas de caña de azúcar en vetustos trapiches de mazas de piedra movidos por bueyes.


El tío abuelo Sr. Rufino Sandoval (1899-1989), bondadoso, trabajador y viejo roble de la familia.


Y el niño, custodio de este recuerdo y autor de estas líneas: Samir A. Sánchez.

Al fondo, vigilando la escena desde la puerta de la cocina, cuelga el "garabato" de madera. Aquel anzuelo rústico, suspendido en el aire, no solo oreaba las carnes lejos del alcance de los gatos, sino que parece sostener, intacto, el peso de toda nuestra historia como familia arraigada por generaciones y siglos en la noble tierra tachirense.

Foto: Álbum de la Familia Sandoval Zambrano. Lobatera, 15 de diciembre de 1970.





Dos de las tres mazas de piedra que se conservan del antiguo trapiche de los Sandoval (aldea La Molina, Lobatera), desmantelado y desaparicido en 1982. Era de un entramado estructural en madera de teca y sinare (también conocido como cinaro o cinare), con sus respectivas pailas, hornos y las tres piedras de moler caña. Funcionaba por tracción de yuntas de bueyes que se alternaban durante la molienda. Las mazas de las imágenes se hicieron en la aldea Venegará (La Grita, en 1887) y fueron adquiridas en 1895, junto a otra, para el trapiche de los Sandoval, en la aldea La Molina (Municipio Lobatera), el cual funcionó hasta 1982. Fuente: Documento privado de pago y transporte a Lobatera de tres piedras de moler ya usadas, acordado en 100 pesos o 400 bolívares, de fecha 21 de febrero de 1895, entre Bruno Inocencio Méndez y Macario Sandoval Mora. Consultado en: Archivo de documentos de la familia Sandoval Zambrano, Lobatera, 1995.(Foto: Samir A. Sánchez, El Remanso de Santiago, 2008).






Dos temporadas al año permitían que toda la familia se reuniera en la Casa grande de Lobatera: Navidades y Año Nuevo, y en septiembre, en las ferias y fiestas de Lobatera. Nadie faltó a esa cita de encuentro fraternal. En las fotografías, parte de la familia frente a las viejas puertas de entrada a la Casa grande, disfrutando de las ferias y fiestas del pueblo para 1972, acompañados por la egregia figura de Monseñor Manuel García Guerrero, gran amigo de la casa desde su llegada a Lobatera en noviembre de 1943 hasta su deceso en diciembre de 1986 (Foto: Álbum de la familia Sandoval Zambrano, 1973).



La nona, Doña Maximiana Sandoval vda. de Sánchez (1908-2004) junto a la tumba de sus padres y hermanos en el viejo Cementerio del Torreón, Cementerio Municipal de Lobatera. Tumba que, junto a otras, visitaba todos los lunes pues, ella decía: "Es el día dedicado a las almas benditas del purgatorio, almas santas y almas pacientes, y hay que pedir por ellas" (Foto: Samir A. Sánchez, 1997).




Imagen superior: Doña María Lozada vda. de Mora (1892-1993), gran matrona lobaterense y Don Santiago Sandoval Zambrano (1894-1972), el hermano mayor de la estirpe de los Sandoval Zambrano. Foto inferior: La nona Doña Maximiana Sandoval vda. de Sánchez (1908-2004).  Ambas tomadas el día de la bendición de la remodelada Capilla del Humilladero de Lobatera en 1965 (Foto: Darío Hurtado, 2021).
 


Imagen que captura la tarde del 25 de diciembre de 1985 en la celebración del cumpleaños de la tía-abuela Srta. Delfina Sandoval Zambrano (1901-1992), maestra de generaciones y digno ejemplo de la mujer tachirense. Se aprecia el mesón de madera de caoba del comedor de los bisabuelos, cubierto por un mantel de lino, bordado en punto de cruz por ella misma (Foto: Roberto E. Sánchez Sandoval, 1985).




Quien esto escribe, Samir A, Sánchez, dando sus primeros pasos en la Casona grande de las Sandoval, en 1968 (Foto: Roberto E. Sánchez Sandoval, 1968. Restaurada y coloreada de una foto en papel Kodak en blanco y negro,  con IA [Gemini 3], 2025).




Don Remigio Chacón Mora (1901-1992), pariente del bisabuelo Macario Sandoval Mora. Fue el último guardián de la Casa grande de las Sandoval en Lobatera. Cuando la casa quedó deshabitada, el siguió cuidando los jardines y y patios, y sembrando en el solar, dándole los últimos respiros de vida y trabajo a aquella casa que pronto desaparecería (Foto: Don Remigio Chacón Mora con su bestia de carga y angarillas para traer caña y leña, dirigiéndose a los trapiches de caña de azúcar de Zaragoza, desde Lobatera. Tomada por Cristian Sánchez, 1974).




Artísticas litografías sobre cartón-piedra del Sagrado Corazón de Jesús (entronizado solemnemente en la casa, en junio de 1944 por Monseñor Manuel García Guerrero y el Pbro. Delfín Medina Sandoval) y del Corazón Inmaculado de María,. Ambas, regalo de Monseñor José Teodosio Sandoval Mora a sus primos Don Macario Sandoval Mora (1864-1944) y Doña Juana de Dios Zambrano de Sandoval (1875-1945) el 19 de abril de 1944 en la fiesta de sus bodas de oro matrimoniales. Estuvieron en la sala de la Casa grande de las Sandoval (Fotos: Sra. Deissy Sandoval de Daza, Ciudad de Panamá-Panamá, 2016 y Sra. Omaira Chacón Sandoval, Quito-Ecuador, 2024).




Pilón hecho en piedra de la quebrada Lobatera, hacia 1898, por un diestro artesano picapedrero cuyo nombre se perdió en la noche de los tiempos. Perteneció a la Casa grande de las Sandoval en Lobatera (Foto: Samir Sánchez, 2015. Se conservaba, para la fecha, ern El Rancho de Carlos [Carlos Alviárez Sarmiento], sitio de El Coconito, en las inmediaciones de Lobatera).



Valle de Lobatera. Óleo sobre lienzo del pintor del Ávila,  Manuel Cabré (1960).




Diurno y Nocturno de Lobatera, desde las alturas de la calle 5, de Miranda, antigua Calle del camino real de La Grita. Dos acrílicos sobre lienzo del pintor lobaterense Jerson Trejo (1995).





Esquina de la Casa grande de las Sandoval. En el cruce de la carrera 4, de Bolívar, antigua Calle Real con la calle 6, de Bermúdez, antigua Calle del camino del Páramo (Acrílico sobre lienzo del pintor lobaterense Jerson Trejo (1995).




Sección posterior (derecha de la imagen) de la Casa grande de las Sandoval y muros y bardas del solar junto a la Carrera 4, de Bolívar, antigua Calle Real de Lobatera. Óleo sobre lienzo del pintor merideño Francisco Lacruz Ruiz (1975).



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