En mis tiempos libres me dedico a recorrer el norte de España buscando viejas historias y raíces. En uno de esos viajes llegué a la villa de Escalante, a orillas del mar Cantábrico. Allí nació un apellido que no solo se extendió por la península ibérica, sino que en el siglo XVI cruzó el Atlántico para echar raíces muy profundas en nuestra América y, especialmente, en nuestra América tachirense.
Hoy quiero compartir con ustedes parte de estas investigaciones que nos llevan a la génesis misma de nuestra historia: ese convulso siglo XVI de encuentros y choques entre dos mundos que terminaron fusionándose para dar forma a la sociedad que somos hoy.
Investigar el origen de nuestros apellidos no es solo curiosidad genealógica. Es rescatar la historia de personas que desafiaron océanos y siglos antes de quedar grabadas en nuestro ADN. En el Táchira, los apellidos no llegaron como simples papeles burocráticos: fueron semillas que germinaron en nuestros valles y páramos, uniéndose a la milenaria herencia aborigen de estas tierras.
A diferencia de otros apellidos, el origen de Escalante no tiene ambigüedades: proviene únicamente de la villa y municipio de Escalante, en Cantabria (España).
Y un dato curioso que desmonta mitos populares: no viene del verbo "escalar". La lingüística y la toponimia nos muestran que su origen está en el euskera arcaico o protovasco (Aizkaloande), que combina:
Aiz = peña, piedra
Kalo = caliza
Ande = lugar de
Es decir: "lugar de las peñas calizas", una descripción exacta de esa tierra costera rodeada de montañas de piedra. Con el tiempo y la evolución del idioma castellano, el nombre pasó a ser Escalante.
De esa tierra de maestros canteros y constructores partieron los primeros expedicionarios. En nuestros Andes, el pionero del linaje fue el conquistador Francisco de Escalante, originario muy probablemente de esta misma villa cántabra.
Llegó a América en la segunda mitad del siglo XVI y ya para 1573 figuraba como un vecino destacado de la Villa de San Cristóbal. Más tarde, en abril de 1576, formó parte de la expedición de Francisco de Cáceres que fundó la ciudad del Espíritu Santo de La Grita.
Gracias a la revisión directa de documentos antiguos en el Archivo General de la Nación en Bogotá, hemos podido confirmar su presencia como regidor, encomendero y poblador temprano de San Cristóbal y La Grita, corrigiendo además algunos errores históricos de catalogación, que le asignaba otro nombre.
Un legado que nombró nuestra geografía
Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, la familia mantuvo su presencia en la región a través de varias generaciones. Los primogénitos en quienes recaía la antigua costumbre del mayorazgo castellano (Francisco de Escalante II, III, IV y V) mantuvieron encomiendas en Bailadores, los Yegüines e Iriguacas, asentando el apellido especialmente en los municipios de la alta montaña tachirense: Jáuregui, Vargas y Seboruco.
Aquella memoria de la Cantabria española cruzó el mar para impregnar nuestros propios paisajes:
Desde las mercedes de tierras en 1576 en La Grita.
El histórico "Montecillo de Escalante", cobijado entre los páramos de San Telmo y La Negra.
Hasta darle nombre al río Escalante, que nace en las entrañas de nuestras propias montañas.
Un hilo invisible que, a través de los siglos, conectó las peñas del mar Cantábrico con la fuerza y la tenacidad del alma tachirense.
