jueves, 14 de septiembre de 2023

Memoria de un viejo oficio: La alquimia de la panela tachirense | The Panela of Táchira: Technical Heritage and Identity Rites in the Lobatera Valley.

 






Heredera de una tradición cuyas raíces se hunden en el siglo XVI, la manufactura artesanal de la panela tachirense trasciende la faena agrícola para erigirse en un rito de identidad. Tras la zafra y la molienda, el jugo de la caña, esa savia vital y telúrica, se somete a una metamorfosis térmica que da vida a la «ambrosía tachirense», apelativo ganado por la profundidad de su dulzor y sus generosas virtudes nutricionales. El escenario primigenio de esta transformación era «la molienda», donde los vetustos trapiches, otrora dotados de mazas de piedra, extraían el néctar mientras los hornos cobraban vida mediante la combustión del bagazo, residuo fibroso que se entrega al fuego para clausurar el ciclo productivo.



Antaño, la labor despuntaba bajo el cielo estrellado de las cuatro de la madrugada, en un esfuerzo por arrebatarle horas de frescura a una geografía inclemente. La molienda se iniciaba con el paso parsimonioso de una yunta de bueyes que, en su girar cíclico y eterno, accionaba las mazas de piedra encargadas de triturar la caña. Sin embargo, el esfuerzo se tornaba superior al alcanzar el mediodía; entonces, al calor endógeno de las hornillas se sumaba la resolana del valle de Lobatera, esa reverberación lumínica que se filtra incluso bajo la ramada. Era el tiempo del «sol hereje», sentencia vernácula de horneros y atizadores que resume la naturaleza extenuante de un oficio forjado entre el sudor y la brasa.


La técnica y el legado




En el registro visual de esta tradición, hoy amenazada por el proceso erosivo del olvido, se aprecia el instante preciso del trasiego: el operario trasvasa el «guarapo» desde la paila guarapera hacia el tanque de enfriamiento. En la periferia aguarda la «tacha» o batea de madera, receptáculo destinado a recibir la miel cuando esta alcanza su punto exacto tras abandonar la paila mermadora. A la diestra, el producto final reposa en las gaveras, moldes de madera que confieren a la panela su geometría definitiva y cuyo peso, en Lobatera, tenía la singularidad de ser de 1 kilo.

No se puede soslayar, al hablar de los derivados de la caña en tierras tachirenses, del miche cachimbo o callejonero. Este destilado emblemático, nacido de la fermentación de la panela, se purifica tras su paso por el alambique, pudiendo ser aromatizado con anís o eneldo. Así nace el célebre «miche aliñado», que aún persiste como baluarte inexpugnable de la licorería tradicional andina.




Nota Histórica: Imagen capturada por el lente fotográfico de Jacqueline González (1982) en el Trapiche de los Sandoval, caserío de Pueblo Chiquito, aldea La Molina (Municipio Lobatera, Estado Táchira). En ella, el pailero lobaterense José Pastor Rosales Suárez ejecuta con maestría el trasiego de la miel, perpetuando un saber hacer que define la historia técnica y emocional del Estado Táchira.


domingo, 3 de septiembre de 2023

Simón Bolívar en San Cristóbal y Lobatera: Rescate de una joya hemerográfica de 1913 | Simón Bolívar in San Cristóbal and Lobatera: Uncovering a 1913 Hemerographic Gem




Estatua pedestre de El Libertador en la Plaza Bolívar de Lobatera. Obra del artista ítalo-estadounidense Giovanni Turini en 1893 y pedestal obra del eximio arquitecto tachirense Fruto Vivas en 1956 (Foto: Darío Hurtado, 2015).



Nos complace compartir en nuestro espacio de divulgación y reflexión en Proyecto Experiencia Arte un documento de incuestionable valor para la memoria histórica y el patrimonio documental tachirense.


Presentamos la transcripción e imágenes originales del artículo dedicado a la memorable visita de El Libertador Simón Bolívar a la población de San Cristóbal y Lobatera durante la Campaña Admirable de 1813. Este valioso trabajo fue escrito por la pluma del destacado intelectual Dr. Samuel Eugenio Niño y publicado en marzo de 1913 —con motivo del centenario de la gesta emancipadora— en las páginas del recordado diario Horizontes de la ciudad de San Cristóbal.


A través de este texto, el Dr. Niño nos ofrece una mirada cercana y documentada, a partir de la memoria de los ancianos de la época, sobre el paso de Bolívar por tierras tachirenses, un hito crucial que marcó el aliento patriota en los Andes venezolanos durante el heroico periplo de 1813.


Reconocimiento y agradecimiento especial:

Proyecto Experienca Arte expresa su más profundo y respetuoso agradecimiento al Dr. Luis Hernández Contreras, insigne cronista de la ciudad de San Cristóbal e investigador, quien en su incansable labor de rescate histórico halló este tesoro hemerográfico y tuvo la noble deferencia de facilitarnos cortésmente tanto las imágenes del artículo original como su rigurosa transcripción para hacer posible esta publicación como medio de divulgación del conocimiento histórico.


Los invitamos a adentrarse en la lectura de este documento que conecta el heroísmo de 1813, la mirada analítica del centenario en 1913 y nuestro compromiso contemporáneo con la historia tachirense de ayer, de hoy y de siempre.







EL DR. SAMUEL EUGENIO NIÑO EXPONE DATOS HISTÓRICOS INÉDITOS Y CORRIGE ALGUNAS IMPRECISIONES (Tomado de “Horizontes”, 15 de abril de 1913)


SOBRE HISTORIA


Caracas: 29 de marzo de 1913

Señor D. Luis Eladio Contreras

San Cristóbal.


He visto en “Horizontes” las “Rectificaciones” que usted hace sobre algunos puntos de nuestra historia regional de independencia, y como se trata de fechas cuyo centenario en estos momentos están celebrando algunos de estos pueblos, permítome significarle que la acción de armas sucedida en la Angostura de La Grita no fue una batalla sino un combate, con resultados bien es cierto de batalla, pues a ese triunfo de los patriotas se debió la total destrucción de Correa, quien con su todavía formidable ejército se acampaba en La Grita. Dicho combate, que desgraciadamente mucho envaneció al coronel Castillo, se verificó precisamente el martes 13 de abril y no el 10, como erradamente lo hace comprender el documento que inserta O'Leary en la página 191 y vuelta, del tomo XIII. Aparece allí el parte del coronel Castillo con fecha 11, cuando debe ser con fecha 14, día exacto en que aquel jefe granadino dio cuenta, tanto al Congreso de Tunja como al brigadier Bolívar, de su triunfo de la tarde anterior. Pero todo se reduce a un simple error de imprenta, esto es, al cambio de un 4 por un 1, cosa muy común en tipografía, y, sobre todo, bastante frecuente en las páginas de la extensa obra de O'Leary.

La compaginación de los documentos que tenemos a la vista, y la confrontación de los hechos, comprueban que efectivamente fue el 13 y no otro día. Además, así lo dicen José Domingo Díaz, Torrente, Restrepo, Baralt y Díaz, Montenegro Colón, José Austria, Larrazábal, Azpúrua etc; y, sobre todo, el mismo O'Leary en sus “Narraciones”, en cuyo tomo I, a la página 121, dice: “Marchó al fin (Castillo) y encontró al enemigo situado en ventajosa posición, aunque en número inferior, y lo batió el 13 de abril”.

Bolívar hizo su primera entrada en la entonces villa de San Cristóbal el viernes 16 de abril a las 4 1/2 de la tarde en punto, y a las 5 estaba dictando el oficio en que comunicó al señor Presidente Camilo Torres la acción de la Angostura, insertando el referido parte de Castillo. Según viejas tradiciones, la casa adonde llegó Bolívar en esta primera ocasión fue la que hoy pertenece al doctor Lucio Oquendo, en las históricas “Cuatro Esquinas”, casa que entonces era de dos pisos. La entrada la hizo por la subida del “Filisco”, como que era el único acceso que por el norte tenía la citada villa. Bolívar, quien salió ese mismo día a las 5 de la mañana, llevaba 300 hombres, los cuales llegaron con él, habiendo estos salido de la misma población en la tarde del día anterior.

San Cristóbal, a pesar de los desagradables sucesos que acababa de dar lugar el coronel Antonio Nicolás Briceño, le hizo a Bolívar un entusiasta recibimiento, y todo el pueblo acudió a conocer y a admirar al caraqueño, como familiarmente le llamaban en esos días. La vista de aquel glorioso ejército de héroes, triunfadores desde Cartagena hasta San Antonio del Táchira, llenó de júbilo a nuestros moradores paisanos, quienes, con Bolívar y sus soldados, se entregaron a las alegrías ocasionadas por la noticia de la derrota de la Angostura. Bolívar durmió aquella noche en San Cristóbal.

Como el señor coronel Castillo decía en su parte que sabía que el brigadier Correa se encontraba muy fortificado en la ciudad de La Grita y que de allí sería bien difícil desalojarlo, Bolívar se apresuró a continuar la marcha en las primeras horas de la mañana del día sábado 17, pero al llegar a Las Vegas de Táriba recibió la noticia de que Correa, sin esperar a los republicanos, vergonzosamente había huido de La Grita. Entonces Bolívar, sospechando que aquella retirada fuera una estrategia de Correa para volver por Seboruco o los Llanos de San Juan, u otra vía, sobre los valles de Cúcuta, que tal vez los creía desamparados – y, en efecto, lo estaban, lo que con razón preocupaba a Bolívar-, sesgó hacia la izquierda su dirección, trepó el cerro de “Los Letreros” y bajó a la villa de Lobatera, adonde llegó a eso de las 5 de la tarde. Al presentarse Bolívar en Lobatera tan inesperadamente, los vecinos se apresuraron a hacerle una recepción digna de sus méritos. Entre los que ocurrieron se recuerda al cura del lugar, presbítero doctor Pedro José Casanova, uno de los más caracterizados de los pocos patriotas que había en aquella parroquia.

En la casa de este buen sacerdote fue alojado el ilustre huésped, junto con algunos oficiales de su séquito, y allí se vieron todos colmados de solícitas atenciones. Muchos supervivientes hasta el año 75 y aún hasta el 80, contaban haber conocido a Bolívar el año 13 en Lobatera. Don Custodio Niño, de entre ellos, hasta los últimos años de su larga vida, refería con orgullo patriótico que él había estrechado la mano de su Libertador Bolívar en el atrio del templo, en el momento en que el héroe entraba en Lobatera. Allí pasó éste la noche, y muy temprano del siguiente día salió hacia La Grita, trepando la empinada y extensa cuchilla de “Los Hornos”, que domina a derecha e izquierda todo un vasto panorama.

De manera que Bolívar hizo su entrada en Lobatera el sábado 17 de abril, a las 5 de la tarde, y el domingo siguió su ruta.

Sabido en el tránsito que Correa había huido hacia Bailadores, vía Mérida, aceleró entonces su marcha directamente sobre La Grita, adonde llegó el lunes 19 en la tarde, ya cuando Castillo se había ido para Cúcuta con parte de las tropas. Esto explica por qué Bolívar y Castillo no se encontraron en el camino.

A su regreso de La Grita, Bolívar volvió a pernoctar en San Cristóbal el sábado 24, y el domingo siguió a Cúcuta, adonde llegó el mismo día en la tarde y donde lo esperaban importantes asuntos que ventilar.

En un opúsculo que preparo, referente a la Campaña Admirable, desarrollo más ampliamente estos sucesos, en su mayor parte callados por los historiadores, pero que a nosotros toca sacarlos a la luz.

En otra carta referiré los demás hechos de armas sucedidos en ese Estado Táchira el mismo año 13, después que Bolívar se vino para el Centro.

En mi anhelo de que usted y yo concordemos en estos y otros puntos relacionados con la historia, aún inédita, de esa nuestra querida región natal, me permito dirigirle la presente, que espero merezca su benevolencia, si de ella la cree digna.

Aplaudo su labor y en ella trato de secundarlo.

Su amigo affmo.

Samuel E. Niño


viernes, 1 de septiembre de 2023

Guerra de Independencia en el Táchira 1811-1821: Crónicas e Historia (Separata) | Chronicles of the Independence War in Tachira 1811-1821 (Offprint)











La exigencia del rigor en la reconstrucción del pretérito

La publicación de la presente separata está tomada de nuestra obra Memoria de Lobatera (2011), y la misma no responde a un prurito de acumulación de efemérides ni a la complacencia de la anécdota local. Al contrario, este esfuerzo se origina en una profunda preocupación por el estado actual de la ciencia histórica en nuestros entornos académicos y de divulgación. En una época signada por la ligereza hermenéutica, la inmediatez del consumo cultural, y la tergiversación o errónea información sobre la historia tachirense en las redes sociales, sumado al preocupante repliegue de la razón crítica frente a la pulsión de la emotividad instrumentalizada, el examen del pasado exige un retorno perentorio a las fuentes primarias y al frío tamiz del método heurístico.

El volumen de documentos que hoy presentamos bajo el título Crónicas de la Guerra de Independencia en el Táchira 1811-1821 (Separata).pdf es el resultado de una pesquisa minuciosa, sistemática y obstinada en los repositorios que han logrado sortear las injurias del tiempo, el clima cambiante de nuestras montañas andinas y las turbulencias de nuestras guerras civiles. La metodología que ha guiado esta labor no es otra que la búsqueda implacable de la evidencia documentada y cronológica; una arqueología del dato que persigue reconstruir, allí donde la riqueza de las fuentes lo permite, el discurrir cotidiano, el latido diario y la microhistoria de un decenio (1811-1821) que redefinió de raíz la estructura geopolítica, social y mental del Táchira.

Bajo esta premisa, conviene advertir al lector que el presente corpus ha sido concebido primariamente como una obra de referencia y consulta casuística, una estructura de andamiaje documental dispuesta para el escrutinio puntual antes que para la asimilación lineal de una trama novelada, y sujeta a la crítica epistemológica tanto en sus fortalezas como en sus debilidades. No obstante, aquel investigador o lector que decida aventurarse en una lectura continua de sus crónicas descubrirá que la secuencia no carece de tensión dramática; al contrario, se erige en un sugerente viaje en el tiempo a través de las horas más aciagas de la emancipación en el Táchira. Esta lectura ininterrumpida revela el latido de una sociedad en vilo, permitiendo al lector transitar de manera vivencial por las vicisitudes de un decenio marcado por sacrificios, violencia y transformaciones políticas y sociales.

La metáfora del rompecabezas: el documento y sus relaciones circunstanciales

Para todo historiador riguroso, el pasado no se presenta como un discurso cohesionado, unívoco o de fácil lectura; antes bien, se manifiesta como una dispersión caótica de vestigios mudos. Reconstruir la andadura del Táchira en el contexto de la emancipación tachirense y venezolana equivale a enfrentarse a un inmenso y complejo rompecabezas cuyas piezas han sido arrojadas a los cuatro vientos. Muchas de ellas yacen perdidas para siempre; otras permanecen ocultas bajo el polvo de archivos parroquiales, protocolos civiles y expedientes de infidencia custodiados con desigual suerte.

Nuestra labor ha consistido en ensamblar pacientemente estas teselas dispersas. Este puzzle historiográfico no se resuelve mediante la mera yuxtaposición de papeles antiguos, sino a través del análisis de lo que denominamos las relaciones circunstanciales de los documentos. Cada partida de defunción asentada por el párroco bajo el fragor de la guerra (como aquella célebre nota marginal del Libro de Entierros que registra la ocupación realista de la Villa el 5 de junio de 1812), cada bando militar leído a son de cajas de guerra en la Plaza Mayor, y cada inventario de bienes confiscados debe ser interrogado en su contexto preciso.

Es en el cruce de estas variables, el parentesco de los implicados, sus intereses hacendísticos, la urgencia de las campañas climáticas, e incluso las rutas topográficas detalladas por los oficiales de ambos bandos, donde emerge una comprensión más cercana, veraz y descarnada de la realidad de los hechos. No pretendemos ofrecer una verdad absoluta e inmutable, aporía inalcanzable para la condición humana, pero sí una aproximación honesta y fundamentada que devuelva la palabra a quienes de verdad habitaron aquella época de transiciones traumáticas.

Contra la crónica superficial: superación del maniqueísmo de "héroes y villanos"

Uno de los mayores escollos que ha lastrado la historiografía patria tachirense y nacional ha sido su propensión al providencialismo y al relato moralizante. Se ha instrumentalizado el proceso de independencia para erigir un panteón de semidioses inmaculados frente a una hueste de tiranos desalmados. Esta división binaria y simplista entre "héroes y villanos" no solo despoja a la historia de su complejidad intrínseca, sino que deshumaniza a sus protagonistas, convirtiéndolos en rígidas estatuas de bronce desprovistas de contradicciones, miedos y ambiciones terrenales.

Las páginas de Crónicas de la Guerra de Independencia en el Táchira 1811-1821 (Separata).pdf proponen una ruptura radical con este reduccionismo superficial. Al adentrarse en el día a día de la guerra de Independencia en el Táchira, el lector descubrirá que las lealtades eran fluidas y a menudo dictadas por la pura necesidad de supervivencia. Hombres que juraban fidelidad a la Confederación de Venezuela en diciembre de 1811 bajo el influjo tricolor, se veían forzados a aclamar al soberano Fernando VII en junio de 1812 ante las bayonetas del Coronel Ramón Correa.

Verá también las sombras de la guerra: la dureza de un Libertador Simón Bolívar que, acosado por las intrigas de Manuel del Castillo y las reticencias de Francisco de Paula Santander, exigía pertrechos bajo amenaza de saqueo a los cabildos locales; o el drama anónimo de aquel anciano realista, el "Tío Cruz", fusilado en los corrales de La Teura por negarse a empuñar las armas republicanas. No hay aquí personajes planos. Al examinar el conflicto a ras de suelo, revelando los desmanes de tropas patriotas como el Batallón Rifles en Lobatera o los espionajes monárquicos de la familia Pérez a través de las trochas del Picacho de Angaraveca, la crónica recupera su textura humana, su trágica escala de grises y su profunda verdad existencial.

La trinchera de la razón en tiempos de superficialidad emocional

Vivimos en un tiempo donde el debate público y el análisis de la memoria colectiva parecen haber capitulado ante la tiranía de la emoción inmediata de un like. Se prefiere el mito reconfortante al rigor del archivo; se escoge la indignación o la apología simplista antes que el esfuerzo paciente del intelecto. Frente a esta deriva contemporánea, la investigación histórica rigurosa debe erigirse como una trinchera de la razón.

El trabajo volcado en esta separata es, por tanto, un acto de resistencia cultural. Es una invitación a la profundidad en una era de preocupantes superficialidades. Al rescatar los nombres de los aquellos actores, sus vidas y sus hechos, no hacemos otra cosa que reivindicar el imperio de la prueba empírica y del análisis paleográfico sobre la fantasía ideológica o la desmemoria interesada.

Que estas crónicas sirvan al lector de hoy, no como un combustible para avivar viejos rencores o mitologías estériles, sino como un mapa de navegación intelectual, el cual aspiramos sea continuado y enriquecido por los hallazgos de las nuevas generaciones. Un instrumento para comprender cómo la tierra tachirense vivió con valentía, dolor y asombrosa dignidad el nacimiento de la modernidad republicana.


Puede descarcar el trabajo en formato PDF, aquí:


El Táchira en dos tiempos históricos: espacio, mano de obra y memoria viva en la obra de la Dra. Inés Ferrero Kellerhoff │ Táchira in Two Historical Eras: Space, Labor, and Living Memory in the Work of Dr. Inés Ferrero Kellerhoff






Por Samir A. Sánchez (2026)



El magisterio historiográfico y la estirpe de los Ferrero Tamayo

Investigar y publicar con rigor metodológico en contextos de crisis constituye un logro excepcional. A través del académico José Antonio Pulido, tuve acceso a una de las novedades editoriales de la Academia de Historia del Táchira: El Táchira en dos tiempos históricos (2026), que leí «de la cruz a la firma», como rezaba la vieja fórmula. Tras una lectura exhaustiva, esta obra destaca por ofrecer una de las aproximaciones más rigurosas y esclarecedoras para entender la configuración histórica, fundacional y estructural del occidente venezolano.


Este volumen, fruto de la madurez investigativa de la Dra. Inés Cecilia Ferrero Kellerhoff, Doctora en Historia y destacada docente de la Universidad de Los Andes (ULA-Táchira), no solo llena un profundo vacío documental sobre el pasado colonial andino tachirense, sino que se inscribe en una tradición intelectual de primer orden. Es un texto que entusiasma a quienes nos especializamos en ese período de nuestra historia, tantas veces relegado de los estudios contemporáneos por una visión sesgada y dicotómica entre lo virtuoso (los períodos aborigen y republicano) y lo negativo (el período hispánico), olvidando que el proceso vital tachirense conforma una unidad indisociable: nuestro ADN cultural no admite fragmentaciones.


Conozco de cerca la obra, el pensamiento y la trayectoria de la Dra. Ferrero Kellerhoff; fue mi profesora universitaria. Es, además, heredera y continuadora del legado de la familia Ferrero Tamayo, estirpe civil que marcó de forma indeleble el siglo XX regional a través de la ingeniería, las letras y la investigación histórica. Dedicado con filial afecto a su padre, el Dr. Aurelio Ferrero Tamayo, figura cumbre de la historiografía regional, por igual nuestro maestro y defensor apasionado de los orígenes de San Cristóbal, el texto conjuga la disciplina metodológica que la caracteriza con el apego entrañable a la tierra tachirense. Nutrido por la influencia teórica de maestros como Ramón A. Tovar en el enfoque geohistórico y Federico Brito Figueroa en la historia social y económica, el libro trasciende la mera relación cronológica para interrogar al territorio como un producto social, dinámico y dialéctico.



Primer Tiempo: la articulación geohistórica y la conquista del espacio

El primer núcleo analítico de la obra examina el período comprendido entre 1550 y 1620, caracterizado como el proceso de «hacerse un lugar». La autora desmonta el mito del aislamiento regional al demostrar cómo el espacio colonial del suroeste venezolano estuvo orgánicamente integrado, como eslabón geográfico y humano, a la cuenca del Lago de Maracaibo y a las rutas del Nuevo Reino de Granada (Santa Fe de Bogotá, Tunja y Pamplona).


En este primer tiempo destacan tres hitos vertebrales:

La búsqueda de salidas fluviales y lacustres: Frente a las dificultades del transporte por el río Magdalena, la cuenca del Lago de Maracaibo y la arteria fluvial del río Zulia se erigieron en los ejes naturales del comercio neogranadino y tachirense. Los conquistadores no trazaron estos caminos desde la nada, sino que reutilizaron las ancestrales redes de comunicación aborigen.


La defensa de la autonomía fundacional: Se subraya el papel del capitán Juan Maldonado al fundar la Villa de San Cristóbal en 1561 y la subsiguiente disputa jurídica con Pamplona para consolidar sus términos propios y su libertad jurisdiccional. Paralelamente, se analiza la figura de Francisco de Cáceres y la efímera Gobernación del Espíritu Santo de La Grita (1576), concebida bajo un espíritu señorial y de avanzada territorial.


El terremoto de 1610 y la valorización minera: El sismo de San Blas, acaecido el 3 de febrero de 1610 y que asoló La Grita, dejó al descubierto ricos yacimientos de cobre y metales en el valle de San Bartolomé (germen de las actuales poblaciones de San Bartolomé de El Cobre y Seboruco). Este fenómeno natural transformó la economía de la comarca tachirense, impulsó solicitudes de mano de obra esclava a la Corona y estimuló la apertura de caminos hacia el puerto de Gibraltar y el río Zulia.



Segundo Tiempo: mano de obra, resistencia aborigen y resguardos indígenas

La segunda mitad del libro aborda las tensiones entre la Corona, del antiguo régimen de los Austrias menores, el clero doctrinero y las élites locales de encomenderos (los primeros criollos) por el control de la fuerza de trabajo indígena. Ante las visitas de oidores y corregidores de la Real Audiencia de Santa Fe (como Vásquez de Cisneros en 1620, Fernando de Saavedra en 1627 y Diego de Baños en 1657), los hacendados locales recurrieron a la resistencia pasiva: dilataron el cumplimiento de las ordenanzas, alegaron el alto costo del mantenimiento de los visitadores y prolongaron de facto el servicio personal frente a las tasaciones de tributo en especie o metálico.


Asimismo, la Dra. Ferrero Kellerhoff rescata el protagonismo de las comunidades originarias: Lejos de toda pasividad, etnias como los chinatos (trasladados forzosamente desde el sur de la Villa de San Cristóbal hacia las planicies lacustres del norte tachirense) y motilones mantuvieron una lucha secular por su espacio vital. Esta confrontación forzó fundaciones de carácter defensivo, como San Faustino de los Ríos (1662), erigida por Antonio de los Ríos Ximeno en términos jurisdiccionales de la Villa de San Cristóbal, hasta su posterior inserción activa en la economía cacaotera y en el oficio de bogas por el río Zulia.


El paradigma del Resguardo de Capacho: Mediante un exhaustivo seguimiento documental, la autora reconstruye la evolución del Resguardo Indígena de Capacho (actual Libertad-Capacho Viejo e Independencia-Capacho Nuevo). Desde su traza urbana y asignación formal entre 1602 y 1627 (bajo la norma de «una legua a los cuatro vientos») hasta las mensuras de 1808 y los títulos comunitarios salvaguardados por figuras como Ángel María Jaime en 1881, el estudio evidencia cómo la propiedad comunal indígena contuvo el avance latifundista. Al examinar los protocolos notariales de 1914, la obra prueba que la estructura agraria de Capacho devino en un minifundismo de pequeña propiedad y alfarería familiar, forjando la matriz cultural que evitó el despoblamiento y arraigó a la comunidad a sus laderas.



Importancia de la obra para el Táchira contemporáneo

La publicación de El Táchira en dos tiempos históricos posee una trascendencia indiscutible para la comprensión de nuestro presente:

Reafirmación de la identidad geohistórica y fronteriza: En una época marcada por el aislamiento y la incertidumbre en los pasos limítrofes, el libro recuerda que la vocación histórica del Táchira no es la clausura y el aislamiento contemporáneo impuesto por el centralismo, sino su condición de encrucijada natural y vital integradora entre los Andes venezolanos, el Norte de Santander y la cuenca del Lago de Maracaibo.


Reivindicación de las raíces originarias y campesinas: La investigación desmitifica las narrativas tradicionales que difuminaban la presencia indígena tras la conquista. Demuestra con solvencia interdisciplinaria (arqueológica, archivística y demográfica) que el campesinado tachirense desciende directamente de los colectivos que defendieron y cultivaron sus resguardos durante siglos, cuya impronta permanece viva en su identidad biológica y cultural, en sintonía con las investigaciones del Dr. Bernardo Zinguer (2023-2024).


Lección de autonomía y perseverancia civil: El análisis de los litigios sostenidos por los cabildos locales frente a los centros virreinales arroja luz sobre la génesis del carácter cívico, laborioso y celoso de su autonomía que define al gentilicio regional.


Metodología y rigor para las nuevas generaciones: La obra constituye un modelo insoslayable de investigación documental directa en repositorios de Sevilla, Bogotá y el Táchira, demostrando cómo articular metodológicamente la microhistoria con las dinámicas geopolíticas del continente americano.


Ad summam, ut Cicero aiebat

El Táchira en dos tiempos históricos no solo es una pieza historiográfica de primer orden, que invita a ser leída con la curiosidad de quien abre una ventana hacia sus propios orígenes, sino un homenaje vivo al magisterio y a la tradición intelectual de los Ferrero Tamayo. La Dra. Inés Ferrero Kellerhoff entrega a su tierra un instrumento de autoconocimiento indispensable: una obra que demuestra que el Táchira actual, con sus retos y fortalezas, es el resultado palpable de una prolongada lucha humana por domesticar la geografía, defender el derecho al suelo comunal y preservar la dignidad a través de los siglos.


Esta reseña fue publicada originalmente en la página web de digulgación histórica en Facebook, Retazos Históricos del Táchira, del Dr. Bernardo Zinguer, el 1 de septiembre de 2026.